Conecte con nosotros

EDITORIAL

Editorial | ¡Se derrumban! ¡Se tienen que ir! ¡Tienen que pagar!

¡Es momento de golpear duramente a los explotadores! ¡Sólo por medio de la acción directa podremos conquistar nuestras reivindicaciones! ¡Ha llegado la hora de imponer nuestra salida frente a la crisis!

Publicado

el

El mantenimiento del actual régimen político se ha vuelto insostenible

Durante la semana pasada, dos menores de edad dependientes del Sename fueron baleados por carabineros en Talcahuano. El hecho -que tuvo una inmediata y combativa respuesta de masas- determinó la salida de Rozas y su recambio por el general Yáñez en la dirección de la criminal institución policial.

Es claro que por medio de esta maniobra el gobierno buscaba “descomprimir” la situación, instalando la idea de una “asunción de responsabilidad” por parte de la institución a través de la salida del director general. El estrepitoso fracaso de la maniobra quedó demostrado el mismo viernes en distintos puntos del país, y fundamentalmente, en el centro de Santiago, donde miles se congregaron en una combativa jornada al grito de ¡Fuera Piñera! ¡Juicio y castigo a los asesinos del pueblo! ¡Libertad a los presos y presas políticas de la Rebelión Popular! El objetivo de la acción: La Moneda.

Esta respuesta nos muestra que la revolución ha impuesto una conclusión categórica en la conciencia del Pueblo Trabajador: Ya no basta con las simples “remociones”; de nada sirven las maniobras ni las reformas cosméticas donde sale uno y entra otro igual.

Los responsables políticos de la brutalidad se tienen que ir y tienen que pagar por todos sus crímenes.

La descomposición de carabineros, las fuerzas armadas y el aparato represivo en general es una manifestación abierta de que la tendencia al derrumbe del actual régimen es imparable. Esta tendencia se expresa de igual forma en la crisis política que ha generado la discusión respecto del segundo retiro del 10% de las AFP. La maniobra de la presentación del proyecto de retiro del gobierno responde al afán de intentar un repliegue ordenado -que ya venían exigiendo los capitalistas desde hace semanas por medio de las editoriales de los grandes medios- ante una derrota inminente.

La disputa ejecutivo-parlamento que se intenta perfilar como la panacea de todos los males (por medio de eufemismos como el “parlamentarismo de facto” o la “constitución paralela”) no representa más que el extravío de un régimen que ha perdido toda capacidad de arbitrar el conflicto de clases, es decir, no constituye una disputa de poder real. Por esta razón, las precarias conspiraciones parlamentarias para acabar anticipadamente con el mandato de Piñera se estrellan siempre contra la propia debilidad de los conspiradores. Queda claro que ni el oficialismo ni la oposición tienen capacidad alguna de recomponer el arbitraje político que por esencia está llamado a desempeñar el Estado bajo la dictadura del capital. La reiterativa amenaza de recurrencia al Tribunal Constitucional por parte de Piñera representa un callejón sin salida: al pretender pugnar con las masas a través de este mecanismo, dejará inmediatamente expuesto al órgano -garante institucional último de la constitución pinochetista- como un tigre de papel, lo que contribuirá enormemente al desenvolvimiento mucho más abierto de la verdadera disputa de poder que subyace toda la crisis actual: Poder burgués contra el ascenso todo el pueblo trabajador. La lucha de clases actúa como factor decisivo de disolución de todo el orden social actual.

El Tribunal Constitucional, la «añeja» institución que tendrá que deliberar respecto al Segundo Retiro del 10% a petición del Ejecutivo. Foto: Agencia Uno.

Es claro que en este escenario de derrumbe ya no puede prosperar ningún “arbitraje” de la lucha de clases por medio de los mecanismos estatales. Por el contrario, lo que sí va tomando forma concreta es la caída de Piñera y de todo el régimen actual por medio de la fuerza incontenible de la presión popular y los métodos de la rebelión. En la situación actual, los explotadores temen por sobre todas las cosas un nuevo ascenso colosal de la lucha popular. El desenvolvimiento de la situación internacional ha contribuido a exacerbar hondamente dichos temores.

El alcance y colosal extensión de la crisis capitalista, catastróficamente profundizada con la llegada de la pandemia, ha colocado de manifiesto frente a millones de trabajadores y trabajadoras alrededor del mundo el absoluto agotamiento de todo el orden capitalista de dominación. Los recientes levantamientos en Perú y Guatemala constituyen síntomas irrefutables de la invencible tendencia mundial al fortalecimiento de la Rebelión Popular, y señalan la hoja de ruta más efectiva para los pueblos y las masas trabajadoras de América Latina:

¡Es momento de golpear duramente a los explotadores! ¡Sólo por medio de la acción directa podremos conquistar nuestras reivindicaciones! ¡Ha llegado la hora de imponer nuestra salida frente a la crisis!

La lucha por juicio y castigo contra los represores y todos los responsables políticos de la brutalidad contra el pueblo coloca en perspectiva el surgimiento de tribunales populares que se hagan cargo de decidir y ejecutar dichas resoluciones sobre los marcos de un nuevo poder. El derrumbe del saqueo institucionalizado contra las y los trabajadores que representa el sistema de las AFP coloca en perspectiva la lucha por la expropiación del capital y la nacionalización de la banca, los fondos de pensiones y todo el sistema financiero, en miras a la reorganización completa de la sociedad sobre las bases de un nuevo poder. Todo el trasfondo histórico de la crisis actual apunta hacia la destrucción del régimen actual y su reemplazo por un Gobierno de Las y Los Trabajadores, es decir, la imposición del poder real de la clase trabajadora sobre la base de sus propios órganos y todo el pueblo en armas, como única salida realista frente a la crisis actual.                                                       

                                                      

El Congreso ardiendo en Guatemala. Expresión concreta del sostenido ascenso de la Rebelión en distintos países de Latinoamérica. Foto: AP.

¡Fuera Piñera! ¡Abajo todo el régimen de represión e impunidad! ¡Huelga General! Por medio de la lucha concreta y la organización popular en miras de la conquista de todas nuestras demandas, impulsemos la construcción de un gran Frente del Pueblo y de Las y Los Trabajadores para imponer nuestra salida frente a la crisis.

Seguir Leyendo
Haga clic para comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

EDITORIAL

Recuperación de todo el territorio en Wallmapu, ¡Desmilitarización ahora! ¡Fuera las forestales de territorio mapuche!

Publicado

el

Ha pasado más de una semana de la muerte en combate del weichafe Pablo Marchant en Carahue. El compañero, destacado militante de la CAM y miembro del ORT Lavkenche-Leftraru, con su actuar consecuente marca el sendero de lucha no sólo para los sectores en resistencia del pueblo mapuche, sino para todas y todos quienes luchan por la emancipación de la clase trabajadora desde sus más diversas veredas.
La vía armada, la misma que tomó Pablo y siempre ha reivindicado la CAM y otras organizaciones en resistencia del Wallmapu, ha sido el canal al cual han sido empujadas comunidades y miembros del pueblo mapuche, por siglos de expoliación y explotación de sus recursos naturales por parte del Estado chileno y el gran capital, en los cuales la violencia estatal, e incluso el exterminio de comunidades, no ha estado ausente. Acá no estamos hablando de un enfrentamiento igualitario, con condiciones similares entre ambas partes, estamos hablando de la dignidad de un pueblo, con los medios que tienen a disposición, frente a la hegemonía de la violencia que ejercen día a día los sectores privados, amparados por las fuerzas del Estado.
Décadas de negociaciones e intentos de salidas pacíficas al conflicto no han sido fructíferos, sólo han consolidado la dominación colonial sobre los territorios y el pueblo mapuche en Wallmapu, dejando tras de sí un ínfimo reguero de tierras compradas por las instituciones encargadas de mediar esta problemática .

Por lo mismo, y en consideración de estos hechos, nos sorprende que ciertos sectores de la izquierda vacilante y la socialdemocracia pongan el grito en el cielo, condenando por todo lo ancho, el accionar bajo estructuras político militares de organizaciones como la CAM, WAM u otras, lo que implica, necesariamente, la utilización de armas para la autodefensa y el sabotaje.
Si las comunidades y organizaciones en resistencia tomaron, en algún momento, la decisión de alzar las armas, no fue por mero antojo o impulso de violencia sin sentido, es una decisión respaldada en función de la necesidad de resistir frente al despeñadero social y ecológico al cual los empujan día a día las forestales.
La negociación pacífica, el subordinamiento frente a las hojas de ruta planteadas por el gran capital, es una práctica propia de los sectores que tanto condenan la violencia “venga de donde venga”, descontextualizando las problemáticas y haciendo vista gorda a las fuerzas en disputa. Intentando observar el curso de los hechos en el país desde su óptica claudicante, desconocen que en el sur sí existe la convicción, por parte de muchas compañeras y compañeros, de resistir al capital en el plano concreto, no con meras declamaciones y palabras de buena crianza, como ellos y ellas suelen hacerlo.
La militarización a la cual ha sido sometido todo el Wallmapu no es más que la justificación concreta de dicho accionar, una expresión de cómo opera el brazo armado del Estado a disposición de los grandes capitales. Éstos últimos, no conformes con las más de 3,6 millones de hectáreas que poseen en territorio mapuche, buscan por todas las formas posibles acabar con las reivindicaciones ancestrales de dicho pueblo, que no es más que la defensa irrestricta de una forma de vida, de una manera de ver el mundo; alejada totalmente de la concepción capitalista y su depredación de la tierra. Si las forestales no han logrado dicho objetivo mediante la negociación y la subordinación de ciertos sectores, lo intentan hacer mediante otras tácticas, aún más cuestionables, como la militarización del territorio por parte de las fuerzas policiales, justificando esta ocupación en base a los falsos relatos del «narcoterrorismo» presente en la zona[1].


¿Cómo no habrían de resistir con todos los medios posibles, desde una visión integral, las organizaciones de vanguardia del pueblo mapuche?

Con palabras de buena crianza poco y nada se ha conseguido durante estos años, y mientras las comunidades intentaban destrabar sus demandas ancestrales por sus tierras, mediante la negociación y el diálogo, el avance de las forestales no detenía su paso, dejando tras de sí un preocupante reguero de desertificación y pérdida de flora y fauna nativa. Frente a un escenario de este tipo, que no ha cambiado sustancialmente con el paso de los años, todas y todos debemos vernos interpelados, mapuche y winka.

La muerte de Pablo Marchant ha tensionado, aún más, un escenario marcado por las diversas posturas en torno a la lucha del pueblo mapuche. La composición de este pueblo es heterogénea y representa una franja importante de la población del país, y mientras los sectores en resistencia llaman a no confiar en los meros “simbolismos” de la Convención Constitucional, desde su tarima, algunas y algunos convencionales, mapuche y no mapuche, intentan destrabar el conflicto mediante alocuciones e intervenciones varias.

Cierto es que las palabras de buena crianza, los simbolismos, las cartas o discursos rimbombantes no poseen la intrínseca capacidad de detener las balas que disparan las fuerzas policiales en Wallmapu o recuperar las tierras robadas por las forestales, por lo que se quedan cortas en el desenvolvimiento del actual escenario de la lucha de clases.

Con esto no queremos marcar, como Diario Venceremos, una postura que eche por la borda el trabajo de la Convención Constitucional, pero debemos ser consecuentes y expresar de la mejor forma posible nuestros planteamientos. En anteriores editoriales hemos dicho que aquel escenario es uno más de disputa, incapaz por sí mismo de acabar con el extractivismo o la militarización, por ejemplo; pero sí con la potencialidad de dinamizar, mediante su palestra pública y nacional, las contradicciones que en estos momentos atraviesa la clase dominante, las mismas que abren espacio a las luchas que el pueblo es capaz de desarrollar en las calles. Es un espacio sumamente limitado, que por sí solo no logrará ningún cambio sustancial o radical en el actual estado de cosas, pero no debe ser obviado por todo lo que expresa.

Todas y todos aquellos constituyentes que tomaron postura por el pueblo mapuche o chileno deben desarrollar las acciones debidas para que las consignas no queden solamente en palabras de buena crianza, sino que se reflejen directamente y con la mayor celeridad posible, en ganancias para ambos pueblos. Se debe ir configurando un escenario que permita la capacidad soberana de la Convención, sin necesidad de arrogar en los poderes del Estado decisiones tan importantes como la desmilitarización en Wallmapu o el fin al extractivismo de las grandes empresas forestales.

Esperar que este sistema, el actual régimen, avancen realmente hacia una solución del conflicto, no es más que ingenuidad política. Por lo mismo, nuestro llamado es a exigir las consignas mencionadas en nuestro título en las calles, mediante la solidaridad activa del pueblo chileno en las ciudades hacia los sectores en resistencia del pueblo mapuche, abandonar el rol de mero espectador y cumplir uno mucho más activo. Lo mismo esperamos de las y los constituyentes que representan los intereses de la clase trabajadora.

De lo contrario, de permanecer en la indecisión, en la inercia, no haremos más que entregar en bandeja la capacidad de dar el primer golpe a la burguesía, el cual siempre puede ser el más contundente. Tenemos que ser propositivos, se vuelve necesario revisar cuantas veces sea necesario el camino de nuestra lucha y no nublarnos frente a los cantos de sirenas que algunos sectores de la vieja política nos harán llegar, intentando vendernos, con prebendas y promesas vacías, las soluciones definitivas a un conflicto como el que se vive hoy en Wallmapu contra las forestales.

La única vía posible, en estos momentos, de resistir frente a dicho avance, es la que han trazado las organizaciones mapuche en resistencia. Es labor de todas y todos, desde nuestras tarimas – considerando también la Convención Constitucional – tender los puentes necesarios para apoyar a la misma y evitar su aislamiento frente al asedio del Estado. De lo contrario, las consignas por la desmilitarización, el fin al extractivismo forestal y la liberación de todas y todos los presos políticos – incluyendo a los PPM – no abandonarán el plano de simples “palabras de buena crianza”.


[1] Para más información respecto a esta idea del “narcoterrorismo”, visitar la opinión publicada en CIPER referente al tema: https://www.ciperchile.cl/2021/07/14/para-que-se-construyo-la-idea-del-narcoterrorismo-en-wallmapu/

Seguir Leyendo

EDITORIAL

¡A reagrupar la organización popular! ¡Enfrentemos juntas y juntos al régimen!

Publicado

el

La “sorpresiva” victoria de Claudio Orrego, candidato de la DC, por sobre Karina Oliva, candidata del Frente Amplio por la gobernación de la Región Metropolitana, nos recordó una situación ya antes vista en la historia de las elecciones en el país: cuando la derecha, los máximos defensores del régimen capitalista, se ven amenazados, aunque sea un ápice en su dominio ideológico y económico, no dudan en apoyar a otrora adversarios políticos, haciendo gala de una fenomenal flexibilidad táctica.

De todas formas, frente a la situación ocurrida el pasado domingo no debemos engañarnos: la DC jamás ha sido un partido de centro y su histórica naturaleza basculante los suele situar hacia el lado derecho de la balanza, mientras que la candidata del Frente Amplio hizo gala de una enorme incapacidad de plantear un programa acorde a los intereses políticos e inmediatos de la clase trabajadora.

No sirve plantear propuestas para la generación “millenial” o “centenial” sin apuntar hacia problemáticas de fondo, no sirve tampoco ir a disputar una candidatura por la Gobernación con un dinosaurio político como Claudio Orrego; a fin de cuentas, el desinterés del pueblo pasará la cuenta. Y lo pasó, reflejándose en el minoritario porcentaje del padrón electoral que acudió a votar el pasado fin de semana.

¿Es la “flojera” de la clase trabajadora empobrecida la causante de que no saliera electo el “mal menor”? ¿Qué han hecho los partidos políticos del régimen y la izquierda democratizante para revertir el desinterés hacia las elecciones suscitado durante este fin de semana?

Consideramos que la clase trabajadora poco tiene que arrogarse de responsabilidad en la elección de Orrego, sino al contrario, el resultado de estas elecciones no es más que la cristalización de la profunda crisis en que se encuentra el actual régimen. Crisis que los tienen reordenando sus fuerzas, intentando oxigenar, a como dé lugar, su capacidad de gobernabilidad.

En estos esfuerzos, el “campo de batalla” por excelencia será la Convención Constitucional. A pesar de sus limitancias, y de que por sí misma no anida la posibilidad de desarrollar cambios revolucionarios en la sociedad, dentro de ella se desenvolverán las expresiones concretas de las disputas propias y más agudas de la lucha de clases, y la capacidad de “correr” o no el cerco del actual estado de las cosas generará agudizados conatos entre las fuerzas en disputa.

Frente a los meses venideros las reestructuraciones de las fuerzas políticas cobrarán aún más fuerza. Mientras los sectores de la derecha “dura” y los partidos políticos de la ex concertación buscarán alianzas y disputa directa con los sectores más a la izquierda, intentando evitar el “tsunami rojo”, seguramente los sectores reformistas intentarán poner el punto de balance y contención, pensando, a su vez, en las elecciones presidenciales de noviembre próximo, en las que todo parece vaticinar que disputarán palmo a palmo el sillón presidencial con la derecha. Empero, no debemos olvidar que el proyecto histórico de la socialdemocracia se encuentra en estos momentos en la bancarrota, imposibilitado de desarrollar su programa en las actuales condiciones políticas, por lo que no apuntan a nada más que una “mejor gestión” del sistema capitalista si llegan a salir electos.  

Dicho escenario nos tensiona como izquierda. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras el enemigo nos pasa por encima e impone sus condiciones dentro de la convención y las calles. Se vuelve fundamental reagruparnos, reordenarnos y desarrollar las capacidades de asestar golpes en los momentos oportunos.

¿Cómo podemos ir construyendo la fuerza propia del pueblo? ¿Cómo podemos iniciar esta fase de “reagrupamiento”? Una apuesta inicial es que en cada territorio deben ir generándose las capacidades para levantar Asambleas del Pueblo, órganos que fortalezcan la organización popular en la calle y designen sus mandatos hacia la Convención Constituyente, en clave de lograr que dicha convención adquiera una naturaleza soberana y deliberativa.

Para lograr aquello, se vuelve fundamental levantar las consignas centrales de la Rebelión Popular en todos los escenarios de disputa, agitar el derrocamiento de Piñera, la libertad sin condiciones a las y los presos políticos y el juicio y castigo a los violadores y violadoras de DD.HH. Todas aquellas consignas deben ser disputadas como puntos centrales de la Convención Constitucional, y la única forma que tendremos, como clase trabajadora, de presionar por su cumplimiento, será la organización y la protesta en momentos concretos.

En el transcurso del año se volverá fundamental unirnos a dichas convocatorias, tensionar las discusiones de la Convención mediante la protesta callejera y el objetivo último de la Huelga General. Mientras los sectores reformistas están jugando todas sus cartas a la lucha por la presidencia e incidir con sus propuestas en la discusión constituyente; los partidos de la ex Concertación se reagrupan y apuntan a salvaguardar, en parte, todo lo perdido; y la derecha intenta fortalecerse en la lucha presidencial y constituyente, como izquierda debemos también jugar nuestras cartas. Convencer a los más amplios sectores de la clase trabajadora de que otra salida es posible, que el actual régimen económico puede y debe acabarse, y que la única forma de lograrlo será mediante la organización y la lucha concreta en las calles.

Seguir Leyendo

EDITORIAL

En pleno proceso constituyente, ¡A levantar asambleas del pueblo en todos los frentes y territorios!

Publicado

el

Más de dos semanas han transcurrido ya de las elecciones por constituyentes y municipales del año 2021, y sus consecuencias aún no logran dimensionarse a plenitud. Esta situación se explica por unas elecciones históricas, signadas por la baja participación y, sobre todo, por el fuerte golpe que recibieron los partidos del régimen en las urnas. A pesar de los millones invertidos, del lobby realizado y las amenazas inferidas por los más importantes gremios del empresariado nacional, la tendencia general de las personas que fueron a votar fue un importante viraje hacia “la izquierda”, dejando de lado a buena parte de los principales administradores de la miseria de los últimos 30 años.

La sensación de victoria en las elecciones aún abunda en las calles, cristalizándose, por un lado, en los enormes avances electores logrados por la izquierda democratizante, representada en el Partido Comunista y algunos sectores del Frente Amplio, a lo que se suma el sorpresivo golpe que dieron las y los integrantes de la Lista del Pueblo, que sin mayores medios y conformándose en torno a las experiencias de lucha desarrolladas desde octubre de 2019, logró posicionar más de 20 constituyentes en la convención que redactará la próxima carta magna.

Merced de lo auspicioso que puede parecer este escenario, con los partidos de derecha desbandándose, culpándose entre ellos y desmarcándose de la gestión del gobierno; junto a los sectores de la ex Concertación con la brújula absolutamente perdida, pareciera que todo ya está resuelto en el proceso desatado a partir del 18 de octubre de 2019, y basta con poner en las manos de las y los constituyentes el punto final de las demandas emanadas desde aquel día.

Como Diario Venceremos queremos “poner la pelota en el suelo”, y expresar fuerte y claro que confiarnos y desmovilizarnos, en función de la confianza en los procesos democráticos y la institucionalidad, sería un craso error. Las fuerzas del enemigo han demostrado, históricamente, la gran capacidad que tienen de reagruparse y encontrar salidas a momentos conflictivos, haciendo uso de la violencia política llegado el caso. Probablemente ya se están fraguando pactos espurios entre los sectores de derecha y la ex concertación para afrontar el proceso constituyente que se avecina, mientras intentan acercar a su feudo a todos aquellos independientes que salieron electos sin las suficientes claridades políticas y programáticas.

Dicho reordenamiento estará signado, también, por el aumento de la represión y la coerción estatal en las calles para facilitar el proceso, por lo que de una u otra manera intentarán encausar las aguas de la próxima constitución hacia sus más fértiles ganancias.

Su derrota, además, es aún breve, minúscula en el amplio espectro de la lucha de clases, ya que todavía cuentan con el enorme aparato represivo del Estado a su favor, además de los poderes de aquel estado encausados hacia sus designios, cohesionados al momento de juzgar y perseguir, por ejemplo, a todas y todos los presos de la rebelión.

Ante dicho escenario, que enfrentaremos en el corto plazo y mediano plazo, debemos generar la capacidad de adelantarnos a las jugadas del enemigo, y sobre todo construir puentes de unidad. Todos aquellos sectores que se encontraron en los meses previos a las elecciones, que levantaron candidaturas forjadas desde la acción y organización popular, y que recogieron un sinfín de aprendizajes hayan alcanzado o no la elección, deben continuar en las calles, dando la pelea y forjando los necesarios instrumentos para expresar en instancias concretas la tan ansiada unidad.

Las asambleas del pueblo pueden ser uno de estos instrumentos, en clave de apuntar hacia una gran Asamblea Popular y Soberana. Hoy más que nunca se vuelven una necesidad urgente, lo suficientemente robustas y representativas en cada territorio, para así captar a los más diversos sectores movilizados. Dichas asambleas deben acompañar el proceso constituyente, apoyando a todos aquellos candidatos y candidatas que, abiertamente, levanten y agiten en dicha instancia las principales demandas levantadas por el pueblo movilizado durante estos meses: ¡Fuera Piñera! ¡Fin a la gestión capitalista de la pandemia! ¡Libertad a todas y todos los presos políticos!

Muchas y muchos compañeros que fueron electos como constituyentes lo hicieron con estas claridades y estas consignas por delante, pero muchos otros aún están en la indefinición, buscando representar de la mejor manera posible al pueblo que decidió elegirlos. A esas compañeros y compañeros hay que acompañarlos, tensionarlos a que también tomen postura y levanten estas consignas, y que no se atrincheren en torno a demandas localistas y sectarias. Hoy más que nunca se vuelve necesario poner sobre la mesa, mediante todos los medios posibles y en todos los escenarios posibles, la necesidad última de liberar a nuestras y nuestros presos, viendo de paso caer el régimen que ha gestionado para su propia ganancia la pandemia y nos ha quitado cientos de vidas.

Debemos también ser conscientes de que el escenario institucional es sólo un ápice de los procesos desatados desde octubre hasta la fecha. Muchas retóricas triunfalistas querrán convencernos de ser la solución al problema, el punto final al neoliberalismo sin realmente derrotarlo, sino más bien gestionando la matriz capitalista del país desde un cariz más “humano”. Es necesario develar dichas posturas, tensionarlas, demostrar igualmente sus limitancias y disputar la consciencia popular en el plano de lo concreto, dejar las abstracciones academicistas de lado. Si no somos capaces de plantear abiertamente nuestras ideas nos encaminamos a un ineludible callejón sin salida.

La burguesía y sus representantes en las esferas de la institucionalidad se están reagrupando, buscando soluciones al terremoto institucional que enfrentaron, nosotras y nosotros debemos, más que nunca, unirnos y redoblar los esfuerzos por la movilización y la protesta, para acompañar desde las calles a todas y todos los compañeros que levantan las demandas del pueblo desde la convención constitucional y todas las formas de lucha.

Seguir Leyendo

Lo más visto