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Primero de mayo: un balance de lo que fue el primer año de pandemia para la clase

Se cumple más de un año desde el inicio de la crisis sanitaria en Chile, de un proceso arduo y difícil para la clase trabajadora y que aparenta no terminar nunca. Resulta especial este día para cuestionarse ¿En que condiciones nos deja la gestión capitalista de la pandemia como pueblo trabajador?

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Foto de portada: Agencia ATON.

Ahora que llevamos más de un año de esta nueva normalidad y que actualmente se cuenta con campañas de vacunación a lo largo del país, resulta casi lógico pensar que las condiciones de vida se hayan estabilizado con respecto a las que se tenían al inicio de esta crisis, pero no siempre lo que aparenta ser lógico tiene que necesariamente serlo. Es por eso que nos vemos en la necesidad, en este Primero de Mayo, de entregar un breve balance de lo que fue el primer año de pandemia para las y los trabajadores de este país.    

Comenzando por el área laboral, y según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), debemos tener en consideración que entre diciembre de 2020 y febrero de 2021 la tasa de desempleo alcanzó un 10,3%, siendo un alza importante en contraste con la registrada el trimestre 2019-2020, en la cual se registró un 7% en este aspecto.[1]

En el último trimestre (Enero-Marzo 2021), esta misma fuente nos reporta[2] que la tasa de desocupación avanzó hacia un 10,4%, donde el número total de ocupados descendió un 8,9%, mientras que el total de desocupados se incrementó un 17,4%.

Dichas estadísticas se traducen en que actualmente se encuentran alrededor de 941 mil personas cesantes, estimándose que entre febrero y marzo de este año se perdieron un total de 19 mil puestos de trabajo. Por otra parte, la Subsecretaría de protección social realizó un estudio[3] en formato de encuesta sobre el cómo vivieron los trabajadores esta crisis sanitaria, comprendiendo el período de diciembre del 2019 a diciembre del 2020. En dicha encuesta se registró que el 54% de los trabajadores y trabajadoras tuvieron una constante disminución de ingresos durante todo el período señalado, además de mencionar que el endeudamiento de los hogares aumentó un 39%. La explicación detrás de estos datos está dada por la tasa de desempleo que se menciona al comienzo.

Una de las medidas que permitió a la población sobrellevar esta situación fue el primer retiro de fondos de las AFP, y justamente el mismo estudio nos aporta importantes datos respecto al uso que se le dio a este primer retiro del 10%, evidenciándose que un 25,5% de las y los encuestados lo utilizó para pagar deudas y un 20% en compra de alimentos e insumos básicos, tal como indica la siguiente gráfica:

Fuente: Encuesta de Protección Social. Febrero de 2021.

Desde la otra cara de la moneda encontramos el ranking de las personas más ricas del mundo, realizado por la conocida revista Forbes[4]. En la última medición se reveló que las personas más ricas de Chile aumentaron hasta un 73% su fortuna durante el transcurso de este período, ubicándose en este rango multimillonarios chilenos tan conocidos Iris Fontbona y su familia, Horst Paulmann, Julio Ponce Lerou, Álvaro Saieh y, como no, el actual presidente Sebastián Piñera, quien hace muy poco intentaba detener el avance del tercer retiro del 10%.

Todos estos datos nos permiten concluir que, durante el transcurso de este primer año de pandemia, fue una vez más la clase trabajadora la más golpeada por la crisis social, económica y sanitaria; viendo sus condiciones de vida sumamente precarizadas, perdiendo puestos de trabajo y exponiéndose día a día a focos de contagio, lo que se refleja en los índices de mortalidad por Covid-19, contrastados entre las comunas más ricas y las más pobres de Chile. En contraposición la burguesía, amparada por las medidas del gobierno, continuó llenando sus bolsillos a costa del sufrimiento y miseria de todo un pueblo. En tiempos como estos, resulta vital mantener una organización que nos permita hacer frente a la gestión capitalista de la pandemia y al gobierno de Piñera, para acabar de una vez por todas con el verdadero virus: la miseria y la pobreza inherentes al capitalismo.


[1] https://www.ine.cl/prensa/detalle-prensa/2021/03/31/tasa-de-desocupaci%C3%B3n-nacional-alcanz%C3%B3-10-3-en-el-trimestre-diciembre-2020—febrero-2021

[2] https://www.ine.cl/docs/default-source/ocupacion-y-desocupacion/boletines/2021/pa%C3%ADs/bolet%C3%ADn-empleo-nacional-trimestre-m%C3%B3vil-enero-2021-febrero-2021-marzo-2021.pdf

[3]  https://www.cooperativa.cl/noticias/pais/trabajo/cesantia/mas-de-un-50-de-los-trabajadores-disminuyo-sus-ingresos-durante-la/2021-04-23/122442.html

[4] https://www.forbes.com/billionaires/

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La desidia patronal, argumento suficiente para impulsar la Huelga General

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Por Amaru.

En Chile, la clase trabajadora está pasando hambre. En Chile, a pesar de dos retiros seguidos del 10% de los fondos de pensiones, aún no alcanza para llegar a fin de mes. En este país, los puestos de trabajo formal disminuyen día a día, a medida que aumentan los trabajos informales. En esta angosta franja de tierra, la desconexión de la burguesía con el diario vivir del pueblo trabajador es tan grande, que se dan el lujo de rotearnos y tratarnos de flojos en medio de una de las peores crisis económicas que ha vivido el país.

Lo de la semana recién pasada parece pauteado, casi como una conflagración entre los máximos voceros de las principales centrales patronales del país para salir a defender, a como dé lugar, el modelo económico que tantos réditos les ha brindado, echando por tierra, desde su retórica, las iniciativas en torno al Tercer Retiro del 10% y las justas demandas de un pueblo que pasa hambre.

En lo concreto, los hechos respecto a sus declaraciones versan más o menos así:

Durante la semana pasada, tres representantes de las más grandes confederaciones empresariales que existen en Chile – Juan Sutil, presidente de la CPC; Ricardo Ariztía, presidente de la SNA; Antonio Errázuriz, presidente de la CChC – salieron a declarar, en distintos medios, sus dudas e interrogantes respecto al acontecer económico del país, agitado por la coyuntura abierta del debate en torno a un Tercer Retiro del 10% y otros asuntos.

Particularmente, Sutil esgrimió sus argumentos en contra de este retiro y el aumento de impuestos a los “súper ricos”, para lo cual echó mano de fórmulas del todo conocidas: el miedo y el “ninguneo”. Por un lado, expresó su preocupación respecto a cómo este retiro y un posible impuesto a los súper ricos podría alejar a inversionistas extranjeros del país, con la consabida “crisis” que esta situación podría generar. Expresó, en el mismo tono, que Chile aún no está preparado para establecer modificaciones tributarias de ese calibre.

En la misma línea, no hizo más que ningunear a cada trabajador y trabajadora que pisa esta angosta franja de tierra, expresando que la gente, durante la pandemia, no ha hecho más que tender a la informalidad para obtener beneficios del Estado sin perder una fuente de ingresos, casi como si naciera de una decisión fundada y no cómo la única opción que fue quedando frente a las pérdidas de puestos de trabajo y las consabidas problemáticas económicas que eso conlleva. Con estas palabras, el dueño de Empresas Sutil no hizo más que ejemplificar la enorme brecha que existe entre la concepción que tiene la burguesía de la clase trabajadora, y lo que realmente es la clase trabajadora.

Su homólogo en la Sociedad Nacional de Agricultura, Ricardo Ariztía, fue incluso más allá en sus declaraciones, estableciendo ciertas categorías sociológicas para “definir” la naturaleza de las y los trabajadores del país. En lo concreto, consultado respecto a la crisis y los bonos entregados progresivamente por el gobierno, el representante de la SNA espetó que “mucha gente no llega a trabajar porque recibe los bonos del gobierno”, continuando su alocución reflejando que, en base a su conocimiento de los trabajadores con los que comparte en sus empresas, esta es “la idiosincrasia del trabajador chileno y hay que respetarla”.

Discriminación, prejuicio y desprecio disfrazados de “análisis sociológico”, expresando que las y los trabajadores chilenos son lo suficientemente flojos para no querer ir a trabajar después de recibir un miserable bono.

            Por último, otro importante representante de los sectores empresariales, Antonio Errázuriz, cara visible de la Cámara Chilena de la Construcción y socio fundador de la empresa “Mas Errázuriz”, terminó por cerrar este ciclo de indignantes declaraciones en la misma tónica que Sutil y Ariztía, mostrándose en contra de un Tercer Retiro, argumentando, en su caso, que esta iniciativa disminuiría la mano de obra dispuesta a trabajar en la construcción, debido a las consiguientes presiones por aumentar los sueldos, y por lo mismo, obligándolos a “aumentar dichas remuneraciones”.

Todas estas declaraciones no reflejan sólo el abismo existente entra la gran burguesía y la clase trabajadora, a niveles tales que la mayoría de ellos piensa que una familia completa puede sobrevivir durante mucho tiempo con bono del gobierno. También reflejan el profundo desprecio de dicha clase hacia las y los trabajadores, observándolos en clave numérica y no como personas, gestionando la pandemia desde la óptica del capitalismo y no del bien común y la sobrevivencia de todas y todos, por lo que un Tercer Retiro de los fondos de pensiones no entra dentro de sus lógicas, a pesar de ser dineros que pertenecen a cada uno de los contribuyentes.

¿Y por qué se niegan de manera tan rotunda a esta iniciativa? Tanto el gobierno como ellos expresa su rechazo a dicho retiro desde un sentimiento “altruista”, de preocupación hacia los trabajadores y sus ahorros para la vejez, poniendo el grito en el cielo por aquellos que no tienen las facilidades económicas que ellos sí tienen. Si bien sabemos que esta iniciativa se queda absolutamente corta para responder a las necesidades de clase trabajadora, por ser un mero parche que no ataca la problemática de fondo, dicha preocupación del gobierno y la burguesía apunta hacia otro aspecto: sus propios intereses.

Es muy sabido que los fondos de pensiones son la bomba de liquidez de toda la estructura económica capitalista en Chile, una verdadera “mina de oro”, y por lo mismo, un Tercer Retiro no haría más que minar aún más dicho modelo. Incluso, los mismos economistas del capital lo han dejado bastante claro: de aprobarse esta iniciativa se estrecharía aún más el cerco para acabar definitivamente con el modelo impuesto por las AFP.

Por lo mismo, tenemos que ser claros al respecto: ningún escuálido bono del gobierno – que han llegado a un porcentaje ínfimo de la población y no cubren las necesidades de un pueblo donde más del 80% de las familias sobrevive con menos de 1.400.000 al mes[1] – ni un Tercer Retiro tendrá la capacidad de subsanar las profundas necesidades que atraviesa nuestra clase en medio de la pandemia, pero no por eso vamos a permitir que la burguesía, los artífices de esta profunda crisis, cuestione y bloquee estas iniciativas llegando incluso al TC.

Tal como dirían las compañeras de la Coordinadora 8M: “Esto amerita huelga”. La única vía para acabar definitivamente con la profunda crisis económica en la que nos encontramos sumidos es la expropiación de los grandes capitales y medios de producción, para someterlos a gestión obrera. Empero, este es evidentemente un objetivo a largo plazo, por lo que debemos ir construyendo las condiciones hacia su consecución.

Uno de los “puentes” para apuntar hacia dicha dirección es una Huelga General, que no sea cooptada por los sectores vacilantes y reformistas de siempre, sino que exprese las dinámicas de movilización de un pueblo en lucha, cargado de experiencia y vivencias por casi dos años. Ya sea en los territorios o en los puestos de trabajo, se deben ir agitando las consignas centrales de la lucha en contra de la desidia de la gran burguesía: “Huelga General Ya”; “Fuera Piñera” y “Tercer retiro ahora y sin condiciones”.

El gobierno y sus secuaces tambalean y se encuentran sin capacidad de pasar a la ofensiva, es momento de asestar un golpe maestro, y aunque se quieran mostrar fuertes, como un bloque granítico, a fin de cuentas, no son más que un tigre de papel. Declaraciones tan cargadas de odio, de desidia hacia nuestra clase, como las esgrimidas por Sutil, Ariztía y Errázuriz, no pueden pasar en banda, ser omitidas así nada más. Y así como en su momento la respuesta a frases como: “Quien madrugue puede ser ayudado a través de una tarifa más baja” – del ex Ministro de Economía de Piñera, Juan Andrés Fontaine, para justificar el alza del Metro que devino en el estallido de la Rebelión – o “Para los que quieran regalar flores este mes, las flores han caído un 3,6%” – del ex Ministro de Hacienda, Felipe Larraín, en modo irónico para responder a quienes reclamaban por el alza antes mencionada – terminó siendo la mayor rebelión en décadas dentro del país, así también deben ser respondidas este tipo de frases, en la calle y de forma contundente, preparando la Huelga General.


[1] Según datos proporcionados por Marco Kremerman en una entrevista a Radio U. de Chile.

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Opinión | La Gestión Capitalista de la Pandemia: Balance desde el feminismo de clase

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Por Teresa y Victoria, militantes de trabajadoras y trabajadores al poder

Desde octubre del 2019, Chile enfrenta la apertura de una profunda crisis política, social y económica, que además es atravesada por la crisis integral del capitalismo a escala global. La respuesta de los pueblos marca la apertura de un periodo revolucionario con características internacionalistas. En el caso chileno, se abre un proceso de rebelión popular el 18 de octubre, que viene a develar una acentuada precarización de la vida de la clase trabajadora y de las mujeres populares, levantando consignas desde el seno del pueblo como “no son 30 pesos, son 30 años” que denuncia la instauración un modelo económico durante la dictadura cívico-militar (1973-1989) y que fue fortaleciendo sus cimientos tras la vuelta a la democracia -pactada por los partidos del régimen- acomodando la institucionalidad política a la medida de los intereses de grupos económicos nacionales e internacionales. Es en este escenario de desarrollo de la rebelión popular y de avanzada del movimiento popular, enfrentados al gobierno de Piñera y una importante crisis institucional que atraviesa el Estado, que nos azota cruelmente la pandemia del covid-19.

La gestión del gobierno para enfrentar la crisis sanitaria  ha sido deficiente, y quienes más hemos sufrido las repercusiones de esta mala gestión ha sido la clase trabajadora, poniendo especial énfasis en un explosivo empeoramiento de la situación de la mujer trabajadora y popular. Entendiendo que el capitalismo en su esencia es inviable e incompatible con el buen vivir de los pueblos, el gobierno ha operado en concordancia al funcionamiento del modelo, anteponiendo la economía por sobre nuestras vidas.

Las medidas sanitarias impulsadas por el poder ejecutivo y legislativo liderados por el gobierno criminal de Sebastián Piñera, han sido ampliamente cuestionadas en cuanto al deficiente manejo para enfrentar la crisis desde el mundo popular y las masas trabajadoras se ha puesto en cuestión: el no cierre efectivo de los trabajos no esenciales; la apertura apresurada de fronteras para turistas durante el verano mientras el resto del globo comenzaba a abrir sus preocupaciones por el surgimiento de nuevas variantes del covid-19 mucho más potentes que las ya conocidas en nuestro país; y la insistencia del Ministro de Educación Raúl Figueroa por imponer el retorno a clases presenciales sin garantías sanitarias para las comunidades educativas, resultando insuficiente las vacunas a los y las trabajadoras de la educación. En este sentido, la implementación del calendario de vacunas durante el 2021 ha sido motivo de elogios sólo desde la institucionalidad política, sin embargo, expertos en salud a nivel mundial han puesto como ejemplo que la vacunación masiva  en Chile no asegura el control efectivo de la pandemia. Así lo hemos constatado desde los y las sujetas populares, viéndonos enfrentados a un segundo auge de la pandemia y un nuevo colapso en los centros de salud tanto públicos como privados, quedando nuevamente en manos del pueblo el cuidado de nuestras vidas.

Si bien el escenario se ha vuelto profundamente complejo para todo el campo popular, la situación de las mujeres populares enciende nuestra preocupación y nos invita a levantar y fortalecer la organización feminista en los territorios, pues las condiciones de las mujeres de la clase se ha encrudecido aún más con la crisis sanitaria.

Los casos de violencia doméstica contra la mujer comenzaron a aumentar drásticamente en mayo del 2020, disparándose las llamadas en fono familia en un 43,8% respecto al año anterior, sin embargo, las denuncias cayeron un 9%, lo que creemos que responde a 3 factores. Por una parte, la nula capacidad del Ministerio de la Mujer y la equidad de genero para abordar eficazmente  la erradicación y prevención de cualquier tipo de discriminación y violencia de género en contexto de confinamiento y aislamiento social. En segundo lugar, el poder legislativo no impulsó proyectos de ley que apuesten por ampliar la persecución penal del delito de femicidio contextualizandolo a la situación pandémica en que nos encontramos; y el tercer elemento a considerar, es el rol de las fuerzas armadas y de orden en colaboracion del poder judicial, quienes se ponen a disposición de proteger la propiedad privada y de implantar en la ciudadanía  el respeto por las medidas restrictivas de movilidad como el toque de queda, prevaleciendo esto, por sobre el cuidado de las mujeres en situación de vulnerabilidad, llegando a existir casos de detenciones a mujeres que se dirigían a realizar denuncias por violación y violencia intrafamiliar en toque de queda.

Creemos que esta triada de factores develan el carácter sistemático de las violencias patriarcales ejercidas por el Estado chileno sobre las mujeres y disidencias del pueblo. Esto nos lleva a terminar el 2020 con total de 151 femicidios frustrados según las cifras de SernamEG, alcanzando la cifra más alta en los últimos 8 años, en tanto, la atención del gobierno se centra en salvar los intereses de grupos económicos -incluido el presidente Piñera- los que alcanzaron un aumento del 73% de sus ganancias durante la pandemia. En esta misma línea, a los pocos meses de iniciado el 2021 la deficiente gestión del gobierno se ha manifestado atentando contra la salud sexual y reproductiva de miles de mujeres tras el ordenamiento del ISP para que las farmacias exijan intransigentemente receta médica en la compra de anticonceptivos orales y en medicamentos de receta simple en general, atentando contra nuestro derecho a decidir no ser madres.

El ordenamiento capitalista y patriarcal de la institucionalidad vigente carece de perspectiva de género y clase, poniendo en el centro de las políticas públicas a los hombres de poder, o en su defecto, a mujeres en situación de privilegio que ignoran deliberadamente  los problemas de las mujeres populares y del pueblo en su conjunto, por lo tanto el periodo nos exige el levantamiento de Comités de Emergencia territoriales con características feministas generadas desde el seno del mismo pueblo, acentuando nuestra preocupación en las mujeres y disidencias que se ven enfrentadas/es a embarazos no deseados y situación de violencia doméstica, poniendo al servicio de las comunidades los conocimientos y redes existentes desde la vereda popular.

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Opinión | ¿Estamos viviendo un periodo revolucionario?

La gran mayoría de los sectores planteaba que el “estallido” tendría temprana caducidad debido a la dispersión del campo revolucionario e inexistencia de una dirección política del proceso.

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Por célula 26 de Julio, Trabajadores y Trabajadoras al Poder

Hace varios años como organización venimos caracterizando la crisis integral capital, como manifestación de conjunto de la crisis civilizatoria del sistema de dominación existente a nivel mundial.  Afirmamos que tras la acción reciproca de factores objetivos y subjetivos en la lucha de clases, el 18 y 19 de octubre se abre un periodo revolucionario en Chile, el cual irrumpe con un ascenso insurreccional de masas a nivel nacional de proporciones históricas que pone en el centro de la lucha de clases la problemática del poder.  Durante los primeros días el debate con la izquierda revolucionaria versó entorno a la continuidad del proceso de rebelión y la posibilidad de llevar a cabo una caracterización más precisa del periodo abierto. La gran mayoría de los sectores planteaba que el “estallido” tendría temprana caducidad debido a la dispersión del campo revolucionario e inexistencia de una dirección política del proceso, lo que mecánicamente los llevaba a concluir que la situación no era revolucionaria, por lo cual el llamado era a esperar el desarrollo de los acontecimientos. Si Marx señalaba que la revolución es la locomotora de la historia, muchos sectores revolucionarios se transformaban dramáticamente en su freno.

Desde nuestra postura efectivamente concordamos que dos factores determinantes para una revolución victoriosa estuvieron ausentes en el levantamiento de octubre, en primer lugar, la ausencia de la fuerza material que transformó los episodios de octubre a pesar de su violenta irrupción en una verdadera insurrección desarmada que costó importantes vidas en la confrontación con las fuerzas armadas y de orden y en segundo lugar, la dirección política del proceso, es decir, la ausencia del partido revolucionario y el programa.  Pero este, desde nuestra concepción, difícilmente podría haber desarrollado dicha dirección revolucionaria sin la maduración de las condiciones objetivas y la irrupción de las masas en el paso de la acción parcial a la acción colectiva propio de un periodo revolucionario, cuya manifestación representa el desarrollo cualitativo de la conciencia de la clase trabajadora y el pueblo, materia prima fundamental para su construcción.

No nos referiremos respecto a la caducidad temprana de la rebelión, , ya que los hechos demostraron con creces la radicalidad y continuidad de la misma, por lo tanto, discrepamos y creemos que se caía en una relación mecánica cuando se señalaba que la situación no era revolucionaria, debido a la ausencia de estos factores, puesto que un periodo revolucionario está dado por factores fundamentalmente objetivos donde se hacen patente en la lucha de clases la exacerbación intolerable de las contradicciones de clase (entre las fuerzas productivas y las formas de propiedad) y no por la existencia de un partido o una dirección revolucionaria necesariamente.

En la misma línea, pero en un debate más reciente que se ha dado entre las organizaciones de izquierda, militantes, asambleas y espacios auto-organizados respecto a la continuidad de la rebelión popular y un “supuesto” reflujo de las movilizaciones, se omite de manera obtusa que un proceso de esta envergadura no es lineal y siempre está compuesto de avances y retrocesos. En este sentido se vuelve fundamental revisar algunos aspectos teóricos al respecto y relevar ciertos acontecimientos históricos como la reciente Rebelión en Panguipulli y su extensión en gran parte del territorio nacional en respuesta al actuar represivo, que nos permiten refutar el pesimismo latente en algunos sectores.

En términos teóricos, Lenin nos plantea en palabras simples que una situación revolucionaria está caracterizada por la imposibilidad de las clases dominantes de mantener su dominio inmutable, una agravación, fuera de lo común, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas  y una intensificación considerable, por estas causas, de la actividad de las masas, que en tiempos de “paz” se dejan expoliar tranquilamente, pero que épocas turbulentas son empujadas, tanto por toda la situación de crisis, como por los mismos de “arriba”, a una acción histórica independiente.

Crisis de régimen: la imposibilidad de las clases dominantes de mantener su dominio.

Respecto a la imposibilidad de las clases dominantes por mantener su dominio inmutable, son varios los acontecimientos que hemos podido ver presentes durante el último año, como por ejemplo la profundidad de la crisis en las fuerzas armadas y de orden que ha implicado casos de corrupción, montajes, detenciones, cambios del alto mando entre otras que han hecho insostenible la gobernabilidad, por otra parte la amplia desaprobación del Gobierno, el Congreso y los partidos políticos, la respuesta contundente de masas ante los hechos de represión y opresión, etc. Uno de los episodios más destacables durante este periodo que nos gustaría profundizar; fue la histórica huelga general del 12 de noviembre que representó desde nuestra opinión la condensación de los hechos que se habían venido desarrollando las semanas anteriores y el punto de inflexión de la Rebelión popular, que obliga finalmente a los partidos del régimen – tras la incapacidad de mantener su dominio inmutable – a abrirse a pactar entorno a la apertura de un proceso constituyente (acuerdo de paz y nueva constitución) donde se concreta la maniobra política para desviar el potencial insurreccional de la clase trabajadora y el pueblo hacia la institucionalidad burguesa, pero a su vez queda al descubierto la imposibilidad de las clases dominantes de mantener su dominio, es decir la debilidad e incapacidad de las instituciones y partidos del régimen de encausar la crisis en ciernes. 

En este sentido, consideramos importante abrir el debate con quienes creen que esta maniobra electoral del régimen (audaz y ofensiva para muchos), nos trasladará inevitablemente a un reflujo (sin retorno) de las históricas jornadas de movilización vividas los primeros meses de la rebelión, como han caracterizado algunos desde las trincheras del derrotismo, desde nuestra postura creemos que este escenario en primer lugar, pone de manifiesto las contradicciones del régimen e incapacidades ante la crisis, cuestión que representa más bien una respuesta defensiva del mismo, en segundo lugar devela antes nuestros ojos la necesidad ineludible de las clases dominantes de tener que modificar la composición del Estado burgués para enfrentar la crisis, cuestión que se expresa de forma concreta en la convocatoria del plebiscito y convención constitucional a pesar de semanas antes haberse negado rotundamente a esta posibilidad. Entonces es necesario preguntarnos:

¿El proceso constituyente viene a resolver las dificultades de las clases dominantes de establecer su dominio? O ¿Es un escenario abierto de disputa y de profundización de la crisis y disgregación del Estado Burgués?

Creemos que si bien es una maniobra clara del régimen para encauzar institucionalmente la rebelión, esta no logrará fácilmente resolver el establecimiento de la dominación de las clases dominantes, dado el contexto internacional y la crisis vigente; por esta razón es importante polemizar con quienes se han omitido, han asumido posiciones sectarias o han llamado abiertamente a no votar el 25 de octubre pasado y no apoyar las candidaturas revolucionarias y del pueblo, argumentando una “supuesta similitud” del proceso entre el plebiscito de fines de la década de los 80’ y el proceso constituyente actual. Creemos que muchas de estas posturas descansan sobre caracterizaciones equivocas sobre el periodo político que está abierto – allí la importancia de este debate-  que desde nuestro punto de vista tiene un carácter revolucionario.

Miremos un poco el contexto en que se desarrollan ambos eventos históricos, desde el punto de vista de las dificultades de las clases dominantes por mantener su dominio; el primero ocurre a inicios de la década de los 90’, con un régimen político sólido  y en un momento histórico de extensión a escala mundial de la contraofensiva burguesa en el mundo, con la incorporación de vastos sectores de Asia oriental al mercado Capitalista bajo un contexto de auge económico (globalización) y un imperialismo norteamericano hegemónico a nivel mundial y un reflujo considerable del movimiento de masas. Mientras que el plebiscito del 25 de octubre y el proceso constituyente en su conjunto, cuestión que omiten muchos (de forma consciente o inconsciente) se desarrolla  en medio de una situación de  crisis política de las clases dominantes, crisis integral del capital a escala mundial que se ha prolongado en el tiempo, fundamentalmente desde la crisis financiera del año 2008 en adelante con facciones de la burguesía mundial carentes de iniciativa estratégica y en plena confrontación inter-imperialista que ha madurado estos años a una intensa disputa comercial entre China y EEUU, el reciente proceso constituyente además se desarrolla  en medio de una pandemia que ha agudizado dramáticamente la crisis económica y la pauperización de las condiciones de vida de la clase trabajadora a nivel mundial, empujando a importantes sectores de masas a procesos de rebelión popular y crisis de los regímenes en distintas latitudes, destacando la crisis de régimen y levantamiento popular en el centro del Capitalismo mundial como EEUU.

Por esta razón la apertura del proceso constituyente y su desarrollo, no hará más que exacerbar el desarrollo de la tendencia a la disgregación de las fuerzas del régimen y su descomposición, debido en gran medida a que la condición histórica que vive el capitalismo mundial, limita toda posibilidad de mejora real de las condiciones de vida de la clase trabajadora y el pueblo bajo los estrechos márgenes de la democracia burguesa chilena, es decir por más independientes que salgan electos en el proceso en curso dicho órgano adquirirá un carácter fundamentalmente reaccionario y regresivo, que develará, tensionado por la lucha de las clases y la participación de los revolucionarios/as ante los ojos de las grandes mayorías (ilusionadas) la situación de decadencia del proceso, cuestión que nos planteará en nuevos términos la problemática del poder y la necesidad de la clase trabajadora de sobrepasar y dar por superada la convención, allí radica la importancia de nuestra intervención política en la presente etapa del proceso constituyente, es este elemento el que muchos sectores no quieren o se niegan a ver, fundada en principismos y una caracterización errada del periodo que tendrá como resultado apuestas tácticas que no les permitirá ver más allá de su propio ombligo.

Pauperización de las condiciones de vida: agravación, fuera de lo común, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas 

Una situación revolucionaria sólo se da cuando las condiciones económicas y sociales que permiten la revolución provocan cambios bruscos en la conciencia de la sociedad y de sus diferentes clases, cambios que son diferentes en la mentalidad de la clase capitalista, las capas medias y la clase trabajadora.

El escenario de crisis integral del capital descrito anteriormente, se ha profundizado drásticamente durante este último año a raíz de la pandemia, dejando al descubierto la decadencia de las relaciones sociales de capital a nivel mundial. La clase trabajadora y el pueblo, en este sentido conocemos y hemos palpado mejor que académico la gravedad de la crisis. La etapa actual que asistimos, no solo esta cruzada por la pandemia sino también una profunda recesión económica a nivel mundial que contrajo la economía en un 6,3% según estimaciones del FMI. Situación que ha estado marcada por la pauperización de las condiciones de vida de la clase trabajadora y las capas medias. El año nos deja dramáticas cifras; según datos del DEIS el covid19 terminó con la vida de más de 22 mil personas (confirmados y sospechosos) concentrándose los fallecidos fundamentalmente en los sectores más pobres del país[1] y hoy nos encontramos en medio de una segunda ola de la enfermedad. En el ámbito económico asistimos a una caída notable del crecimiento económico, la destrucción de más de 2 millones de empleos, las cifras de desempleados en dos dígitos, un aumento significativo en la brecha de participación laboral entre hombres y mujeres[2], un aumento significativo del trabajo informal[3] y el endeudamiento del Estado.

Paradójicamente las cifras de la fortuna de los súper ricos chilenos se dispararon un 25% durante la pandemia ¿Cómo es posible está situación?  Esta situación es posible debido a que el gobierno implementó con fuerza un programa de emergencia a favor del gran capital (empresariado), que nos ha mantenido con más de 300 noches bajo toque de queda como medida fundamentalmente represiva para sofocar cualquier levantamiento popular y ha facilitado créditos por más de 14 mil millones de dólares a cerca de 300 mil empresas dando liquidez a sus suculentos negocios, mientras tanto implementó cuarentenas dinámicas que exacerbaron los contagios poniendo el dinero por sobre miles de vidas humanas mientras la burocracia sindical en completa omisión se cruzaba de brazos para ver el espectáculo y los sectores auto organizados éramos incapaces de levantar un programa de emergencia que diera salida a la crisis a favor de nuestra clase.

En síntesis, podríamos decir con seguridad que lo ganado durante décadas de lucha parcial y reivindicativa por nuestro pueblo fueron borradas de un plumazo en solo cuestión de meses.

Acción histórica e independiente de la clase trabajadora.

Esta es la condición subjetiva más importante de una situación revolucionaria. La intensidad de los sentimientos revolucionarios de las ma­sas es uno de los índices más importantes de la madu­rez de la situación revolucionaria.

La insurrección desarmada del 18 y 19 de octubre demuestra  de forma concreta lo señalado por Trotsky respecto a la búsqueda de una salida de las clases oprimidas por fuera de los carriles de la vieja sociedad[4], a su vez la huelga general del 12 de noviembre logra colocarse por encima de todas las exigencias particulares y corporativas, extenderse (…) a travésde todos los compartimentos de profesiones y barrios, borra las fronteras entre los sindicatos y los partidos, entre la legalidad y la ilegalidad y moviliza a la mayoría del proletariado, oponiéndola activamente a la burguesía y al Estado,  mientras que las jornadas de julio en medio de la pandemia contra el abuso y las cuarentenas de hambre[5], el repudio generalizado frente a cualquier acción represiva del Estado como los episodios recientes en Panguipulli son demostración concreta de la acción histórica e independiente de la clase trabajadora en búsqueda de una salida por fuera de los márgenes de la democracia burguesa, es la resolución directa de los problemas de la lucha de clases mediante los métodos proletarios de deliberación y a su vez es germen del gobierno de las y los trabajadores único organismo capaz de expropiar al gran capital para enfrentar la crisis y avanzar hacia la  erradicación de la explotación y opresión de esta sociedad capitalista.

Otro factor importante a analizar sobre la maduración de la situación revolucionaria tiene relación con el comportamiento de las capas medias y su desafección hacia los partidos tradicionales, cuestión que le permite a la clase trabajadora imponerse como clase dominante. En este sentido ha sido importante la incorporación de las capas medias en la movilización en la huelga general feminista, las protestas por el retiro del 10%, las manifestaciones en repudio a los hechos represivos en Panguipulli, etc. La plaza Ñuñoa se ha transformado en un símbolo muy peculiar de este fenómeno, con niveles de radicalidad importantes en las movilizaciones.

 A su vez todas las encuestas representan una alta desafección hacia los partidos tradicionales y la reciente inscripción de más de 400 candidates independientes y el alto número de patrocinios alcanzados por la Lista del Pueblo y la de los Mov. Sociales (como ejemplo) refleja embrionariamente esa ruptura.

Mientras se desarrollan los cambios en las capas medias y el proletariado, en las clases dominantes paralelamente también se da un cambio en el estado de ánimo, al sentirse impotente de poder resolver la crisis a su favor, se respira en el ambiente una notoria pérdida de confianza en sí misma que va  acelerando su desintegración llevándolo a dividirse en fracciones y camarillas políticas, como lo hemos podido ver en los desgajamientos que han sufrido diferentes partidos políticos del régimen como por ejemplo miembros de la DC y de Revolución Democrática que han salido de sus respectivos partidos,  la reconfiguración de los pactos electorales, como por ejemplo la salida del partido liberal del frente amplio y la vinculación del FA con el PC, etc. A su vez se hace evidente la descomposición de las fuerzas del orden, cuya tendencia es a su inevitable disolución con ejemplos recientes como el asesinato del joven artista en Panguipulli y el allanamiento fallido de la PDI que han profundizado aún más la crisis.

Conclusiones

Podemos concluir que el análisis de la realidad sobre la base de estos fundamentos nos devela la manera en que debemos enfrentar el proceso político abierto tras el levantamiento popular del 18 y 19 de octubre, en este sentido, reafirmamos la continuidad del periodo revolucionario en curso, a su vez sostenemos a la luz de los irrefutables hechos ocurridos en Panguipulli y su posterior extensión a otros territorio que es un periodo políticamente en ascenso, no exentos de contradicciones, ilusiones, avances y retroceso y en su seno se hayan en potencia todas las condiciones que puedan desembocar en una crisis revolucionaria que signifique el colapso total del Estado Burgués y la posibilidad de ascenso al poder del proletariado como fuerza organizada e independiente mediante un gobierno de las y los trabajadores.

Una situación revolucionaria es la apertura de un periodo en el cual se plantea la lucha de la clase trabajadora por el poder y por lo tanto el problema de su organización revolucionaria. En este sentido, el rol de toda organización revolucionaria no puede descansar exclusivamente en la capacidad de analizar a tiempo las tendencias en desarrollo, sino que también tener la capacidad de intervenir certera y activamente en su desarrollo, de lo contrario la situación revolucionaria decantará inevitablemente en una situación contrarrevolucionaria.

En este sentido la huelga general del 12 de noviembre como experiencia previa y las futuras huelgas generales que se puedan desarrollar como paso previo a la insurrección armada adquieren importancia desde el punto de vista del análisis y la intervención política directa que podamos hacer. La huelga general, como señala Trostky, independiente de las consignas bajo las cuales haya sido convocada, tiene una tendencia interna a transformarse en conflicto revolucionario declarado, en la lucha directa por el poder. En otras palabras: la huelga general no es posible más que en condiciones de extrema tensión política y es por eso que siempre es expresión indiscutible del carácter revolucionario de la situación[6].

En este sentido sostener el discurso de la “enunciación de las reivindicaciones inmediatas únicamente” como por ejemplo mayores recursos a la salud pública, sueldo mínimo de 500 mil pesos, fortalecimiento de los sindicatos  es insuficiente, sino se plantea abiertamente el carácter que debe y puede tomar la lucha por estas reivindicaciones en las condiciones de la crisis política actual, es importante clarificar que por más que las clases dominantes ante la presión popular otorguen concesiones, no serán suficientes para revertir la pauperización de las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora y el pueblo en el contexto de la crisis actual, solo mediante una ofensiva revolucionaria, ofensiva  de una clase contra otra  que no puede darse cínicamente bajo consignas económicas parciales sino por consignas de poder es posible abrirse paso en la lucha de clases; en conclusión por más inmediata que sean las reivindicaciones la consigna debe señalar la expropiación de los capitalistas y la nacionalización (socialización) de los medios de producción y los recursos naturales.

La convención prontamente mostrará sus limitaciones, momento propicio para estar presentes e intervenir activamente en las desilusión generalizada que provocará el proceso, los y las candidatas revolucionarias, consecuentes y del pueblo deberán asumir el protagonismo de denunciar desde estas plataformas las trampas de la convención, la miseria que pretenderán cocinar los partidos del régimen a espaldas del pueblo y convocar a envestir  desde las calles la convención mediante mitting, intervenciones, protestas y convocatorias a huelga general que vayan socavando cada vez más al régimen político y el gobierno de Sebastián Piñera creando las condiciones para  insurrección popular victoriosa, el establecimiento de un gobierno de las y los trabajadores y el llamado abierto a una asamblea constituyente libre y soberana para todos, todas y todes.


[1] Según un estudio publicado por la revista científica The lancet, una mujer de una comuna vulnerable de Santiago vive en promedio 17,7 años menos que una mujer de una comuna acomodada.

La Pandemia agravó más esta desigualdad. En 2020 el exceso de muertes gatillado por el covid fue 48% en Alto Hospicio, 47% en San Ramón y 46% en la Pintana, en providencia, en cambio, fue solo 9% y en Vitacura 16%.

[2] Apenas 4 de cada 10 mujeres participan en el mercado laboral retrocediendo casi una década en esta materia, a lo que se ha sumado la sobrecarga en pandemia entorno a las tareas en el hogar, la crianza. Diario la Tercera.

[3] Cercana a un 30% en tiempos “normales” que es manifestación de mayor trabajo precario sin mayor protección social.

[4] Pero la situación revolucionaria se desa­rrolla sólo cuando el proletariado comienza a buscar una salida, no sobre los carriles de la vieja sociedad sino por el camino de la insurrección revolucionaria contra el orden existente. Esta es la condición subjetiva más importante de una situación revolucionaria. La intensidad de los sentimientos revolucionarios de las ma­sas es uno de los índices más importantes de la madu­rez de la situación revolucionaria.

[5] Las jornadas de Julio demostraron que los organismos de masas en su mayoría se lograron adecuar y surgieron otros nuevos para enfrentar la emergencia sanitaria y económica consolidándose y extendiéndose en vastos territorios y en algunos centros de trabajo, principalmente hospitales para responder integralmente a la emergencia.  Así lo demostraron las heroicas jornadas del 02 y 03 de Julio donde los sectores autoorganizados logran movilizarse y transformar la jornada en la antesala de las masivas movilizaciones que se darán posteriormente, una de ellas, serán las protestas del 14 y 15 de Julio por el retiro del 10% de los fondos de pensiones, donde además de las expresiones territoriales, se expresará el sector portuario que paralizará algunas faenas a nivel nacional. A estas ya masivas movilizaciones se sumarán las protestas en repudio a la decisión de tribunales que dejó en primera instancia libre al violador Martín Pradenas; las movilizaciones cerrarán el mes con la cuenta pública del 31 de Julio. Donde las expresiones de auto organización gestadas al calor de la rebelión y la emergencia (ollas comunes, comités de emergencia, brigadas de salud, comité de cesantes, asambleas, etc.) se han puesto a la cabeza de dichas convocatorias. https://diariovenceremos.cl/apuntes-de-situacion-politica-nacional-las-jornadas-de-julio-senalan-el-camino/

[6] https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1936/1936-francia/02.htm

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