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Opinion

¡Mujeres a la calle a luchar por dignidad!

Balances y proyecciones del movimiento feminista para el 2021.

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Por Célula 26 de Julio. Trabajadoras y Trabajadores al Poder.

A lo largo de la historia el movimiento de mujeres ha instalado y reivindicado distintas demandas para luchar contra la opresión del patriarcado (como el derecho a voto, acceso a estudios, derechos reproductivos, entre otros). En la actualidad, en Chile y en el mundo, en el marco de la crisis integral del capital en curso, desde hace algunos años hemos asistido a un proceso de ascenso sostenido en la lucha de la mujer que ha sido catalogada como una “nueva ola” feminista.

Movilizaciones multitudinarias se han dado en el mundo, como en España frente a la impunidad por el caso de “La Manada”, la marea verde en Argentina por la despenalización del aborto o los 2 millones de mujeres y disidencias sexuales que marcharon en Chile el 08 de marzo de 2020 en el marco de la apertura del periodo revolucionario abierto el 18 y 19 de octubre. Sin embargo, con la llegada de la pandemia y la profundización de la crisis, la pauperización de las condiciones de vida de la mujer se profundizó, esto debido a la sobrecarga a las labores de cuidado, sumado a ello la preocupación en términos laborales, de salud y peor aún el aumento de los índices de violencia intrafamiliar quien registra un alza hasta de un 500% en los teléfonos predispuestos por el gobierno para denuncia y asesoramientos en temas de violencia[1].

Por eso creemos importante detenernos a realizar un breve balance de la lucha feminista durante este año y las posibilidades que se abren con la realización del “3er Encuentro Plurinacional de Las y Les que luchan” convocado por distintas coordinadoras y organizaciones feministas a nivel nacional, pero en donde destaca un gran protagonismo de la Coordinadora 8 de Marzo[2]

Por lo tanto, partiendo por caracterizar el encuentro, pareciera ser (inicialmente) que se asocia solo a la Coordinadora 8m la responsabilidad de encabezar las demandas que instala sobre la mesa el movimiento feminista, esto se entiende debido al alcance nacional que tiene y a la identificación que para los distintos sectores sociales representa; sin embargo, son más organizaciones y con un carácter plurinacional quienes se suman activamente a estas jornadas (Red de Mujeres Mapuche, Red Chilena contra la Violencia, Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas, por nombrar algunas), dando cuenta de lo heterogéneo  de la convocatoria donde conviven, trabajan y se disputan diferentes posiciones al interior del movimiento feminista, lugar donde creemos debemos apostar mediante una propuesta clara y concreta para ganar a estos vastos sectores hacia  una política revolucionaria.

Red de Mujeres Mapuche y Red Chilena contra la Violencia hacia las mujeres, dos de las organizaciones que participaron en el encuentro.

Dicho esto, pasemos a revisar las características del encuentro de este año:

Lo primero a revisar fue su modalidad, que debido a las condiciones sanitarias fue de manera online y por medio de la plataforma Zoom. ¿Lo bueno? Permitía la posibilidad de que mujeres y disidencias de los sectores más alejados del país pudieran ser parte de dicho encuentro, pero, al mismo tiempo (lo malo), esta modalidad excluía a todes quienes no tienen acceso a buenas conexiones o a un buen equipo.

Si realizamos una comparación se parece al fenómeno de las clases online y la exclusión de algunos sectores de estudiantes que claramente no contaban con las condiciones necesarias para asistir. Sumado a ello, todas las dificultades técnicas que conlleva sacar un evento de estas características (salas de discusión donde no se pudo ingresar, por ejemplo).

Sin embargo, pese a dichas dificultades hubo un margen de 1.000 mujeres aproximadamente (no se conoce una cifra exacta) que asistieron a dicho encuentro, lo que representa 1/3 de la asistencia del encuentro anterior, esto nos puede llevar a concluir que fueron los sectores más avanzados quienes se hicieron parte de esta instancia.

Lo segundo tiene que ver con la discusión que se llevó a cabo: “Balance del momento político en Chile”, la discusión de 14 ejes sobre la precarización de la vida de las mujeres (por ejemplo, violencia, trabajo, derechos reproductivos, salud, entre otras), “Orientaciones para el programa feminista”,y finalmente Plan de Lucha, en sí no es una mala propuesta de discusión ya que es acorde al momento político al cual asistimos, sin embargo, su discusión en términos generales deja una sensación de poca proyección respecto a un plan de lucha de los sectores de mujeres y disidencias para enfrentar la profundización de la crisis y se traduce más en una coordinación para preparar la huelga del 8 de Marzo.

En este sentido creemos relevante detenernos en el balance del momento político en Chile. Durante el año pasado, en medio de la pandemia y la terrible profundización de la crisis política y económica, sentimos la ausencia de un programa de emergencia y un plan de lucha concreto que pusiera freno a la pauperización de las condiciones de vida de la mujer trabajadora y a la profundización de los niveles que alcanzó la violencia en nuestros hogares producto de la pandemia (sexual, física, económica, psicológica, entre otras) de la cual nosotres también somos autocríticas/os. Casi con completa omisión de los sectores de la burocracia sindical el gobierno implementó un programa de emergencia pro-empresarial en desmedro de las trabajadoras y trabajadores.

Según cifras del INE, el 2020 terminó con un total de 1.060.916 personas que perdieron sus empleos: 460.522 hombres y 600.394 mujeres (43% de empleos perdidos para hombres y un 56,6% corresponde a mujeres). Sumado a eso, desde el Observatorio de Género e interseccionalidades, aseguran que las mujeres de sectores socioeconómicos de menores ingresos han sido las más afectadas por la pandemia. Esto, debido a que son las que trabajan con mayor frecuencia en el comercio y servicio, la rama de actividad más afectada por la desocupación.

Evolución de la tasa de desocupación durante los últimos 4 años, observándose un claro aumento a partir de los primeros meses del 2020. Las mujeres se observan como las más afectadas hacia el último trimestre del año. Fuente: Boletín de Empleo Nacional, INE.

Esto es preocupante ya que, en Chile, de acuerdo a cifras de diciembre de 2020 del Registro Social de Hogares, un 54,5% de los hogares son monoparentales, es decir, más de la mitad de los hogares están liderados por una mujer.

Con esto se puede concluir que la pandemia afecta con mayor profundidad la condición de la mujer, pero más aún de la mujer proletaria por toda la carga política, económica y social que carga sobre ella.

Continuando con el balance del encuentro, su segundo punto a abordar se basó en la discusión de 14 ejes de precarización de la vida de las mujeres y las disidencias, en donde si bien el diagnóstico es en su mayoría correcto, queda en algunos casos solamente en la abstracción (como por ejemplo señalar la necesidad de implementar un nuevo modelo educacional no sexista ¿cómo se concreta eso?), sin embargo, por su modalidad fue complejo en tiempos y dificultades técnicas realizar una discusión mucho más profunda y agotada del proceso.

Esto va de la mano con un tema de debate importante titulado “Orientaciones para un programa feminista”, la definición más sencilla de programa es reconocerlo como una propuesta y método para conseguir objetivos, por tanto, este es un punto no menor considerando que dentro del balance en el eje de Trabajo y Seguridad social se llegaba a la síntesis de que a raíz de la pandemia las condiciones laborales manifestaron un retroceso de 10 años, considerando la implementación de leyes pro-empresariado como la suspensión laboral, los retiros de los fondos de pensiones, la sobre-explotación en algunos centros de trabajo, es decir, en 6 meses aprox se borraron desde sus cimientos todas las ganadas de los sectores laborales y fue con los propios fondos de las y los trabajadores con quien se costeó la crisis, un ejemplo recurrente en la discusión fue la situación laboral de las trabajadoras de Fruna a quienes se les instó a llevar a sus niñes a una salacuna clandestina, no respetando sus derechos maternales[3]. Es en esta discusión donde se detecta un problema, puesto que dicho programa se resume en una serie de demandas (aborto libre, legal y gratuito, educación no sexista, pensiones y acceso a la salud digna, etc), pero con poca profundidad en la propuesta de cómo obtenerlas ¿será posible resolver esto mediante reformas o es necesario avanzar en organizar la revolución?

Como última parte del encuentro se abre la discusión al respecto del “Plan de Lucha” para afrontar el periodo de este año, aquí hay avances importantes que son frutos de la lucha concreta y clara, como, por ejemplo, reconocer el derecho del pueblo a estar en Rebelión, esto no habría sido posible sin la muestra clara del pueblo en las calles en lo que llamamos “las jornadas de Julio” en donde hubo dos hechos importantes que marcaron la indignación de los sectores de mujeres como el caso de Antonia Barra, joven que se suicida producto de una violación por Martín Pradenas y el fatídico asesinato de Ámbar Cornejo, joven asesinada por su padrastro Hugo Bustamante y su madre Denisse Llanos, en ambos casos la presión popular del pueblo en las calles permitió tomar medidas importantes frente a la impunidad con la que viven agresores, quedando ambos responsables en prisión preventiva hasta la fecha. Por lo tanto, en este 8 de Marzo la consigna “todas las formas de lucha” efectivamente incluye aquella que siempre ha sido excluida en los hechos que tiene que ver con la violencia organizada del pueblo. Sin embargo, su proyección es corta, ya que no logra pensar en un escenario a desarrollar en un periodo de 6 meses y solo se entiende como plan de lucha la coordinación que se pueda gestar para el momento del llamado a huelga general, que no está mal, pero es insuficiente.

En síntesis, de los elementos buenos que deja este encuentro corresponde a los diagnósticos y balances del movimiento de mujeres y disidencias, hay un buen listado de demandas y reivindicaciones para marcar la pauta de lucha, sin embargo, su debilidad es en la elaboración de un programa concreto y claro de implementar, hoy vivimos un proceso abierto de disputa clara entre clases, por tanto, de no avanzar en discutir una proyección de trabajo concreta la condición de las mujeres (y con mayor énfasis en la mujer proletaria) se verá aún más azotada por la depredación capitalista y patriarcal.


[3] Las denuncias de las «Mamás Fruna»: Trabajadoras acusan que empresa de confites vulnera sus derechos maternales, puedes encontrar la noticia en el siguiente link https://www.eldesconcierto.cl/nacional/2020/06/30/las-denuncias-de-las-mamas-fruna-los-derechos-maternales-que-no-existen-en-empresa-de-confites.html


[2] Revista “La Primera”, pág 2. http://cf8m.cl/wp-content/uploads/2021/02/primera-febrero-2021-1.pdf


[1] Aquí es importante aclarar dos elementos: Por un lado, psicólogos plantean que estos hechos se enmarcan en que en los hogares que ya se vivía violencia (previo a la pandemia) aumentaron los niveles ejercidos, por otro lado, se señala que al tener hoy mayor acceso a la información las mujeres se han sentido con mayores condiciones para denunciar.     
FUENTES:

https://www.diarioconcepcion.cl/ciudad/2020/12/27/la-violencia-sicologica-y-moral-aumento-en-las-familias.html

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Opinión | La Gestión Capitalista de la Pandemia: Balance desde el feminismo de clase

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Por Teresa y Victoria, militantes de trabajadoras y trabajadores al poder

Desde octubre del 2019, Chile enfrenta la apertura de una profunda crisis política, social y económica, que además es atravesada por la crisis integral del capitalismo a escala global. La respuesta de los pueblos marca la apertura de un periodo revolucionario con características internacionalistas. En el caso chileno, se abre un proceso de rebelión popular el 18 de octubre, que viene a develar una acentuada precarización de la vida de la clase trabajadora y de las mujeres populares, levantando consignas desde el seno del pueblo como “no son 30 pesos, son 30 años” que denuncia la instauración un modelo económico durante la dictadura cívico-militar (1973-1989) y que fue fortaleciendo sus cimientos tras la vuelta a la democracia -pactada por los partidos del régimen- acomodando la institucionalidad política a la medida de los intereses de grupos económicos nacionales e internacionales. Es en este escenario de desarrollo de la rebelión popular y de avanzada del movimiento popular, enfrentados al gobierno de Piñera y una importante crisis institucional que atraviesa el Estado, que nos azota cruelmente la pandemia del covid-19.

La gestión del gobierno para enfrentar la crisis sanitaria  ha sido deficiente, y quienes más hemos sufrido las repercusiones de esta mala gestión ha sido la clase trabajadora, poniendo especial énfasis en un explosivo empeoramiento de la situación de la mujer trabajadora y popular. Entendiendo que el capitalismo en su esencia es inviable e incompatible con el buen vivir de los pueblos, el gobierno ha operado en concordancia al funcionamiento del modelo, anteponiendo la economía por sobre nuestras vidas.

Las medidas sanitarias impulsadas por el poder ejecutivo y legislativo liderados por el gobierno criminal de Sebastián Piñera, han sido ampliamente cuestionadas en cuanto al deficiente manejo para enfrentar la crisis desde el mundo popular y las masas trabajadoras se ha puesto en cuestión: el no cierre efectivo de los trabajos no esenciales; la apertura apresurada de fronteras para turistas durante el verano mientras el resto del globo comenzaba a abrir sus preocupaciones por el surgimiento de nuevas variantes del covid-19 mucho más potentes que las ya conocidas en nuestro país; y la insistencia del Ministro de Educación Raúl Figueroa por imponer el retorno a clases presenciales sin garantías sanitarias para las comunidades educativas, resultando insuficiente las vacunas a los y las trabajadoras de la educación. En este sentido, la implementación del calendario de vacunas durante el 2021 ha sido motivo de elogios sólo desde la institucionalidad política, sin embargo, expertos en salud a nivel mundial han puesto como ejemplo que la vacunación masiva  en Chile no asegura el control efectivo de la pandemia. Así lo hemos constatado desde los y las sujetas populares, viéndonos enfrentados a un segundo auge de la pandemia y un nuevo colapso en los centros de salud tanto públicos como privados, quedando nuevamente en manos del pueblo el cuidado de nuestras vidas.

Si bien el escenario se ha vuelto profundamente complejo para todo el campo popular, la situación de las mujeres populares enciende nuestra preocupación y nos invita a levantar y fortalecer la organización feminista en los territorios, pues las condiciones de las mujeres de la clase se ha encrudecido aún más con la crisis sanitaria.

Los casos de violencia doméstica contra la mujer comenzaron a aumentar drásticamente en mayo del 2020, disparándose las llamadas en fono familia en un 43,8% respecto al año anterior, sin embargo, las denuncias cayeron un 9%, lo que creemos que responde a 3 factores. Por una parte, la nula capacidad del Ministerio de la Mujer y la equidad de genero para abordar eficazmente  la erradicación y prevención de cualquier tipo de discriminación y violencia de género en contexto de confinamiento y aislamiento social. En segundo lugar, el poder legislativo no impulsó proyectos de ley que apuesten por ampliar la persecución penal del delito de femicidio contextualizandolo a la situación pandémica en que nos encontramos; y el tercer elemento a considerar, es el rol de las fuerzas armadas y de orden en colaboracion del poder judicial, quienes se ponen a disposición de proteger la propiedad privada y de implantar en la ciudadanía  el respeto por las medidas restrictivas de movilidad como el toque de queda, prevaleciendo esto, por sobre el cuidado de las mujeres en situación de vulnerabilidad, llegando a existir casos de detenciones a mujeres que se dirigían a realizar denuncias por violación y violencia intrafamiliar en toque de queda.

Creemos que esta triada de factores develan el carácter sistemático de las violencias patriarcales ejercidas por el Estado chileno sobre las mujeres y disidencias del pueblo. Esto nos lleva a terminar el 2020 con total de 151 femicidios frustrados según las cifras de SernamEG, alcanzando la cifra más alta en los últimos 8 años, en tanto, la atención del gobierno se centra en salvar los intereses de grupos económicos -incluido el presidente Piñera- los que alcanzaron un aumento del 73% de sus ganancias durante la pandemia. En esta misma línea, a los pocos meses de iniciado el 2021 la deficiente gestión del gobierno se ha manifestado atentando contra la salud sexual y reproductiva de miles de mujeres tras el ordenamiento del ISP para que las farmacias exijan intransigentemente receta médica en la compra de anticonceptivos orales y en medicamentos de receta simple en general, atentando contra nuestro derecho a decidir no ser madres.

El ordenamiento capitalista y patriarcal de la institucionalidad vigente carece de perspectiva de género y clase, poniendo en el centro de las políticas públicas a los hombres de poder, o en su defecto, a mujeres en situación de privilegio que ignoran deliberadamente  los problemas de las mujeres populares y del pueblo en su conjunto, por lo tanto el periodo nos exige el levantamiento de Comités de Emergencia territoriales con características feministas generadas desde el seno del mismo pueblo, acentuando nuestra preocupación en las mujeres y disidencias que se ven enfrentadas/es a embarazos no deseados y situación de violencia doméstica, poniendo al servicio de las comunidades los conocimientos y redes existentes desde la vereda popular.

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Opinión | ¿Estamos viviendo un periodo revolucionario?

La gran mayoría de los sectores planteaba que el “estallido” tendría temprana caducidad debido a la dispersión del campo revolucionario e inexistencia de una dirección política del proceso.

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Por célula 26 de Julio, Trabajadores y Trabajadoras al Poder

Hace varios años como organización venimos caracterizando la crisis integral capital, como manifestación de conjunto de la crisis civilizatoria del sistema de dominación existente a nivel mundial.  Afirmamos que tras la acción reciproca de factores objetivos y subjetivos en la lucha de clases, el 18 y 19 de octubre se abre un periodo revolucionario en Chile, el cual irrumpe con un ascenso insurreccional de masas a nivel nacional de proporciones históricas que pone en el centro de la lucha de clases la problemática del poder.  Durante los primeros días el debate con la izquierda revolucionaria versó entorno a la continuidad del proceso de rebelión y la posibilidad de llevar a cabo una caracterización más precisa del periodo abierto. La gran mayoría de los sectores planteaba que el “estallido” tendría temprana caducidad debido a la dispersión del campo revolucionario e inexistencia de una dirección política del proceso, lo que mecánicamente los llevaba a concluir que la situación no era revolucionaria, por lo cual el llamado era a esperar el desarrollo de los acontecimientos. Si Marx señalaba que la revolución es la locomotora de la historia, muchos sectores revolucionarios se transformaban dramáticamente en su freno.

Desde nuestra postura efectivamente concordamos que dos factores determinantes para una revolución victoriosa estuvieron ausentes en el levantamiento de octubre, en primer lugar, la ausencia de la fuerza material que transformó los episodios de octubre a pesar de su violenta irrupción en una verdadera insurrección desarmada que costó importantes vidas en la confrontación con las fuerzas armadas y de orden y en segundo lugar, la dirección política del proceso, es decir, la ausencia del partido revolucionario y el programa.  Pero este, desde nuestra concepción, difícilmente podría haber desarrollado dicha dirección revolucionaria sin la maduración de las condiciones objetivas y la irrupción de las masas en el paso de la acción parcial a la acción colectiva propio de un periodo revolucionario, cuya manifestación representa el desarrollo cualitativo de la conciencia de la clase trabajadora y el pueblo, materia prima fundamental para su construcción.

No nos referiremos respecto a la caducidad temprana de la rebelión, , ya que los hechos demostraron con creces la radicalidad y continuidad de la misma, por lo tanto, discrepamos y creemos que se caía en una relación mecánica cuando se señalaba que la situación no era revolucionaria, debido a la ausencia de estos factores, puesto que un periodo revolucionario está dado por factores fundamentalmente objetivos donde se hacen patente en la lucha de clases la exacerbación intolerable de las contradicciones de clase (entre las fuerzas productivas y las formas de propiedad) y no por la existencia de un partido o una dirección revolucionaria necesariamente.

En la misma línea, pero en un debate más reciente que se ha dado entre las organizaciones de izquierda, militantes, asambleas y espacios auto-organizados respecto a la continuidad de la rebelión popular y un “supuesto” reflujo de las movilizaciones, se omite de manera obtusa que un proceso de esta envergadura no es lineal y siempre está compuesto de avances y retrocesos. En este sentido se vuelve fundamental revisar algunos aspectos teóricos al respecto y relevar ciertos acontecimientos históricos como la reciente Rebelión en Panguipulli y su extensión en gran parte del territorio nacional en respuesta al actuar represivo, que nos permiten refutar el pesimismo latente en algunos sectores.

En términos teóricos, Lenin nos plantea en palabras simples que una situación revolucionaria está caracterizada por la imposibilidad de las clases dominantes de mantener su dominio inmutable, una agravación, fuera de lo común, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas  y una intensificación considerable, por estas causas, de la actividad de las masas, que en tiempos de “paz” se dejan expoliar tranquilamente, pero que épocas turbulentas son empujadas, tanto por toda la situación de crisis, como por los mismos de “arriba”, a una acción histórica independiente.

Crisis de régimen: la imposibilidad de las clases dominantes de mantener su dominio.

Respecto a la imposibilidad de las clases dominantes por mantener su dominio inmutable, son varios los acontecimientos que hemos podido ver presentes durante el último año, como por ejemplo la profundidad de la crisis en las fuerzas armadas y de orden que ha implicado casos de corrupción, montajes, detenciones, cambios del alto mando entre otras que han hecho insostenible la gobernabilidad, por otra parte la amplia desaprobación del Gobierno, el Congreso y los partidos políticos, la respuesta contundente de masas ante los hechos de represión y opresión, etc. Uno de los episodios más destacables durante este periodo que nos gustaría profundizar; fue la histórica huelga general del 12 de noviembre que representó desde nuestra opinión la condensación de los hechos que se habían venido desarrollando las semanas anteriores y el punto de inflexión de la Rebelión popular, que obliga finalmente a los partidos del régimen – tras la incapacidad de mantener su dominio inmutable – a abrirse a pactar entorno a la apertura de un proceso constituyente (acuerdo de paz y nueva constitución) donde se concreta la maniobra política para desviar el potencial insurreccional de la clase trabajadora y el pueblo hacia la institucionalidad burguesa, pero a su vez queda al descubierto la imposibilidad de las clases dominantes de mantener su dominio, es decir la debilidad e incapacidad de las instituciones y partidos del régimen de encausar la crisis en ciernes. 

En este sentido, consideramos importante abrir el debate con quienes creen que esta maniobra electoral del régimen (audaz y ofensiva para muchos), nos trasladará inevitablemente a un reflujo (sin retorno) de las históricas jornadas de movilización vividas los primeros meses de la rebelión, como han caracterizado algunos desde las trincheras del derrotismo, desde nuestra postura creemos que este escenario en primer lugar, pone de manifiesto las contradicciones del régimen e incapacidades ante la crisis, cuestión que representa más bien una respuesta defensiva del mismo, en segundo lugar devela antes nuestros ojos la necesidad ineludible de las clases dominantes de tener que modificar la composición del Estado burgués para enfrentar la crisis, cuestión que se expresa de forma concreta en la convocatoria del plebiscito y convención constitucional a pesar de semanas antes haberse negado rotundamente a esta posibilidad. Entonces es necesario preguntarnos:

¿El proceso constituyente viene a resolver las dificultades de las clases dominantes de establecer su dominio? O ¿Es un escenario abierto de disputa y de profundización de la crisis y disgregación del Estado Burgués?

Creemos que si bien es una maniobra clara del régimen para encauzar institucionalmente la rebelión, esta no logrará fácilmente resolver el establecimiento de la dominación de las clases dominantes, dado el contexto internacional y la crisis vigente; por esta razón es importante polemizar con quienes se han omitido, han asumido posiciones sectarias o han llamado abiertamente a no votar el 25 de octubre pasado y no apoyar las candidaturas revolucionarias y del pueblo, argumentando una “supuesta similitud” del proceso entre el plebiscito de fines de la década de los 80’ y el proceso constituyente actual. Creemos que muchas de estas posturas descansan sobre caracterizaciones equivocas sobre el periodo político que está abierto – allí la importancia de este debate-  que desde nuestro punto de vista tiene un carácter revolucionario.

Miremos un poco el contexto en que se desarrollan ambos eventos históricos, desde el punto de vista de las dificultades de las clases dominantes por mantener su dominio; el primero ocurre a inicios de la década de los 90’, con un régimen político sólido  y en un momento histórico de extensión a escala mundial de la contraofensiva burguesa en el mundo, con la incorporación de vastos sectores de Asia oriental al mercado Capitalista bajo un contexto de auge económico (globalización) y un imperialismo norteamericano hegemónico a nivel mundial y un reflujo considerable del movimiento de masas. Mientras que el plebiscito del 25 de octubre y el proceso constituyente en su conjunto, cuestión que omiten muchos (de forma consciente o inconsciente) se desarrolla  en medio de una situación de  crisis política de las clases dominantes, crisis integral del capital a escala mundial que se ha prolongado en el tiempo, fundamentalmente desde la crisis financiera del año 2008 en adelante con facciones de la burguesía mundial carentes de iniciativa estratégica y en plena confrontación inter-imperialista que ha madurado estos años a una intensa disputa comercial entre China y EEUU, el reciente proceso constituyente además se desarrolla  en medio de una pandemia que ha agudizado dramáticamente la crisis económica y la pauperización de las condiciones de vida de la clase trabajadora a nivel mundial, empujando a importantes sectores de masas a procesos de rebelión popular y crisis de los regímenes en distintas latitudes, destacando la crisis de régimen y levantamiento popular en el centro del Capitalismo mundial como EEUU.

Por esta razón la apertura del proceso constituyente y su desarrollo, no hará más que exacerbar el desarrollo de la tendencia a la disgregación de las fuerzas del régimen y su descomposición, debido en gran medida a que la condición histórica que vive el capitalismo mundial, limita toda posibilidad de mejora real de las condiciones de vida de la clase trabajadora y el pueblo bajo los estrechos márgenes de la democracia burguesa chilena, es decir por más independientes que salgan electos en el proceso en curso dicho órgano adquirirá un carácter fundamentalmente reaccionario y regresivo, que develará, tensionado por la lucha de las clases y la participación de los revolucionarios/as ante los ojos de las grandes mayorías (ilusionadas) la situación de decadencia del proceso, cuestión que nos planteará en nuevos términos la problemática del poder y la necesidad de la clase trabajadora de sobrepasar y dar por superada la convención, allí radica la importancia de nuestra intervención política en la presente etapa del proceso constituyente, es este elemento el que muchos sectores no quieren o se niegan a ver, fundada en principismos y una caracterización errada del periodo que tendrá como resultado apuestas tácticas que no les permitirá ver más allá de su propio ombligo.

Pauperización de las condiciones de vida: agravación, fuera de lo común, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas 

Una situación revolucionaria sólo se da cuando las condiciones económicas y sociales que permiten la revolución provocan cambios bruscos en la conciencia de la sociedad y de sus diferentes clases, cambios que son diferentes en la mentalidad de la clase capitalista, las capas medias y la clase trabajadora.

El escenario de crisis integral del capital descrito anteriormente, se ha profundizado drásticamente durante este último año a raíz de la pandemia, dejando al descubierto la decadencia de las relaciones sociales de capital a nivel mundial. La clase trabajadora y el pueblo, en este sentido conocemos y hemos palpado mejor que académico la gravedad de la crisis. La etapa actual que asistimos, no solo esta cruzada por la pandemia sino también una profunda recesión económica a nivel mundial que contrajo la economía en un 6,3% según estimaciones del FMI. Situación que ha estado marcada por la pauperización de las condiciones de vida de la clase trabajadora y las capas medias. El año nos deja dramáticas cifras; según datos del DEIS el covid19 terminó con la vida de más de 22 mil personas (confirmados y sospechosos) concentrándose los fallecidos fundamentalmente en los sectores más pobres del país[1] y hoy nos encontramos en medio de una segunda ola de la enfermedad. En el ámbito económico asistimos a una caída notable del crecimiento económico, la destrucción de más de 2 millones de empleos, las cifras de desempleados en dos dígitos, un aumento significativo en la brecha de participación laboral entre hombres y mujeres[2], un aumento significativo del trabajo informal[3] y el endeudamiento del Estado.

Paradójicamente las cifras de la fortuna de los súper ricos chilenos se dispararon un 25% durante la pandemia ¿Cómo es posible está situación?  Esta situación es posible debido a que el gobierno implementó con fuerza un programa de emergencia a favor del gran capital (empresariado), que nos ha mantenido con más de 300 noches bajo toque de queda como medida fundamentalmente represiva para sofocar cualquier levantamiento popular y ha facilitado créditos por más de 14 mil millones de dólares a cerca de 300 mil empresas dando liquidez a sus suculentos negocios, mientras tanto implementó cuarentenas dinámicas que exacerbaron los contagios poniendo el dinero por sobre miles de vidas humanas mientras la burocracia sindical en completa omisión se cruzaba de brazos para ver el espectáculo y los sectores auto organizados éramos incapaces de levantar un programa de emergencia que diera salida a la crisis a favor de nuestra clase.

En síntesis, podríamos decir con seguridad que lo ganado durante décadas de lucha parcial y reivindicativa por nuestro pueblo fueron borradas de un plumazo en solo cuestión de meses.

Acción histórica e independiente de la clase trabajadora.

Esta es la condición subjetiva más importante de una situación revolucionaria. La intensidad de los sentimientos revolucionarios de las ma­sas es uno de los índices más importantes de la madu­rez de la situación revolucionaria.

La insurrección desarmada del 18 y 19 de octubre demuestra  de forma concreta lo señalado por Trotsky respecto a la búsqueda de una salida de las clases oprimidas por fuera de los carriles de la vieja sociedad[4], a su vez la huelga general del 12 de noviembre logra colocarse por encima de todas las exigencias particulares y corporativas, extenderse (…) a travésde todos los compartimentos de profesiones y barrios, borra las fronteras entre los sindicatos y los partidos, entre la legalidad y la ilegalidad y moviliza a la mayoría del proletariado, oponiéndola activamente a la burguesía y al Estado,  mientras que las jornadas de julio en medio de la pandemia contra el abuso y las cuarentenas de hambre[5], el repudio generalizado frente a cualquier acción represiva del Estado como los episodios recientes en Panguipulli son demostración concreta de la acción histórica e independiente de la clase trabajadora en búsqueda de una salida por fuera de los márgenes de la democracia burguesa, es la resolución directa de los problemas de la lucha de clases mediante los métodos proletarios de deliberación y a su vez es germen del gobierno de las y los trabajadores único organismo capaz de expropiar al gran capital para enfrentar la crisis y avanzar hacia la  erradicación de la explotación y opresión de esta sociedad capitalista.

Otro factor importante a analizar sobre la maduración de la situación revolucionaria tiene relación con el comportamiento de las capas medias y su desafección hacia los partidos tradicionales, cuestión que le permite a la clase trabajadora imponerse como clase dominante. En este sentido ha sido importante la incorporación de las capas medias en la movilización en la huelga general feminista, las protestas por el retiro del 10%, las manifestaciones en repudio a los hechos represivos en Panguipulli, etc. La plaza Ñuñoa se ha transformado en un símbolo muy peculiar de este fenómeno, con niveles de radicalidad importantes en las movilizaciones.

 A su vez todas las encuestas representan una alta desafección hacia los partidos tradicionales y la reciente inscripción de más de 400 candidates independientes y el alto número de patrocinios alcanzados por la Lista del Pueblo y la de los Mov. Sociales (como ejemplo) refleja embrionariamente esa ruptura.

Mientras se desarrollan los cambios en las capas medias y el proletariado, en las clases dominantes paralelamente también se da un cambio en el estado de ánimo, al sentirse impotente de poder resolver la crisis a su favor, se respira en el ambiente una notoria pérdida de confianza en sí misma que va  acelerando su desintegración llevándolo a dividirse en fracciones y camarillas políticas, como lo hemos podido ver en los desgajamientos que han sufrido diferentes partidos políticos del régimen como por ejemplo miembros de la DC y de Revolución Democrática que han salido de sus respectivos partidos,  la reconfiguración de los pactos electorales, como por ejemplo la salida del partido liberal del frente amplio y la vinculación del FA con el PC, etc. A su vez se hace evidente la descomposición de las fuerzas del orden, cuya tendencia es a su inevitable disolución con ejemplos recientes como el asesinato del joven artista en Panguipulli y el allanamiento fallido de la PDI que han profundizado aún más la crisis.

Conclusiones

Podemos concluir que el análisis de la realidad sobre la base de estos fundamentos nos devela la manera en que debemos enfrentar el proceso político abierto tras el levantamiento popular del 18 y 19 de octubre, en este sentido, reafirmamos la continuidad del periodo revolucionario en curso, a su vez sostenemos a la luz de los irrefutables hechos ocurridos en Panguipulli y su posterior extensión a otros territorio que es un periodo políticamente en ascenso, no exentos de contradicciones, ilusiones, avances y retroceso y en su seno se hayan en potencia todas las condiciones que puedan desembocar en una crisis revolucionaria que signifique el colapso total del Estado Burgués y la posibilidad de ascenso al poder del proletariado como fuerza organizada e independiente mediante un gobierno de las y los trabajadores.

Una situación revolucionaria es la apertura de un periodo en el cual se plantea la lucha de la clase trabajadora por el poder y por lo tanto el problema de su organización revolucionaria. En este sentido, el rol de toda organización revolucionaria no puede descansar exclusivamente en la capacidad de analizar a tiempo las tendencias en desarrollo, sino que también tener la capacidad de intervenir certera y activamente en su desarrollo, de lo contrario la situación revolucionaria decantará inevitablemente en una situación contrarrevolucionaria.

En este sentido la huelga general del 12 de noviembre como experiencia previa y las futuras huelgas generales que se puedan desarrollar como paso previo a la insurrección armada adquieren importancia desde el punto de vista del análisis y la intervención política directa que podamos hacer. La huelga general, como señala Trostky, independiente de las consignas bajo las cuales haya sido convocada, tiene una tendencia interna a transformarse en conflicto revolucionario declarado, en la lucha directa por el poder. En otras palabras: la huelga general no es posible más que en condiciones de extrema tensión política y es por eso que siempre es expresión indiscutible del carácter revolucionario de la situación[6].

En este sentido sostener el discurso de la “enunciación de las reivindicaciones inmediatas únicamente” como por ejemplo mayores recursos a la salud pública, sueldo mínimo de 500 mil pesos, fortalecimiento de los sindicatos  es insuficiente, sino se plantea abiertamente el carácter que debe y puede tomar la lucha por estas reivindicaciones en las condiciones de la crisis política actual, es importante clarificar que por más que las clases dominantes ante la presión popular otorguen concesiones, no serán suficientes para revertir la pauperización de las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora y el pueblo en el contexto de la crisis actual, solo mediante una ofensiva revolucionaria, ofensiva  de una clase contra otra  que no puede darse cínicamente bajo consignas económicas parciales sino por consignas de poder es posible abrirse paso en la lucha de clases; en conclusión por más inmediata que sean las reivindicaciones la consigna debe señalar la expropiación de los capitalistas y la nacionalización (socialización) de los medios de producción y los recursos naturales.

La convención prontamente mostrará sus limitaciones, momento propicio para estar presentes e intervenir activamente en las desilusión generalizada que provocará el proceso, los y las candidatas revolucionarias, consecuentes y del pueblo deberán asumir el protagonismo de denunciar desde estas plataformas las trampas de la convención, la miseria que pretenderán cocinar los partidos del régimen a espaldas del pueblo y convocar a envestir  desde las calles la convención mediante mitting, intervenciones, protestas y convocatorias a huelga general que vayan socavando cada vez más al régimen político y el gobierno de Sebastián Piñera creando las condiciones para  insurrección popular victoriosa, el establecimiento de un gobierno de las y los trabajadores y el llamado abierto a una asamblea constituyente libre y soberana para todos, todas y todes.


[1] Según un estudio publicado por la revista científica The lancet, una mujer de una comuna vulnerable de Santiago vive en promedio 17,7 años menos que una mujer de una comuna acomodada.

La Pandemia agravó más esta desigualdad. En 2020 el exceso de muertes gatillado por el covid fue 48% en Alto Hospicio, 47% en San Ramón y 46% en la Pintana, en providencia, en cambio, fue solo 9% y en Vitacura 16%.

[2] Apenas 4 de cada 10 mujeres participan en el mercado laboral retrocediendo casi una década en esta materia, a lo que se ha sumado la sobrecarga en pandemia entorno a las tareas en el hogar, la crianza. Diario la Tercera.

[3] Cercana a un 30% en tiempos “normales” que es manifestación de mayor trabajo precario sin mayor protección social.

[4] Pero la situación revolucionaria se desa­rrolla sólo cuando el proletariado comienza a buscar una salida, no sobre los carriles de la vieja sociedad sino por el camino de la insurrección revolucionaria contra el orden existente. Esta es la condición subjetiva más importante de una situación revolucionaria. La intensidad de los sentimientos revolucionarios de las ma­sas es uno de los índices más importantes de la madu­rez de la situación revolucionaria.

[5] Las jornadas de Julio demostraron que los organismos de masas en su mayoría se lograron adecuar y surgieron otros nuevos para enfrentar la emergencia sanitaria y económica consolidándose y extendiéndose en vastos territorios y en algunos centros de trabajo, principalmente hospitales para responder integralmente a la emergencia.  Así lo demostraron las heroicas jornadas del 02 y 03 de Julio donde los sectores autoorganizados logran movilizarse y transformar la jornada en la antesala de las masivas movilizaciones que se darán posteriormente, una de ellas, serán las protestas del 14 y 15 de Julio por el retiro del 10% de los fondos de pensiones, donde además de las expresiones territoriales, se expresará el sector portuario que paralizará algunas faenas a nivel nacional. A estas ya masivas movilizaciones se sumarán las protestas en repudio a la decisión de tribunales que dejó en primera instancia libre al violador Martín Pradenas; las movilizaciones cerrarán el mes con la cuenta pública del 31 de Julio. Donde las expresiones de auto organización gestadas al calor de la rebelión y la emergencia (ollas comunes, comités de emergencia, brigadas de salud, comité de cesantes, asambleas, etc.) se han puesto a la cabeza de dichas convocatorias. https://diariovenceremos.cl/apuntes-de-situacion-politica-nacional-las-jornadas-de-julio-senalan-el-camino/

[6] https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1936/1936-francia/02.htm

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Opinion

Opinión | Reflexiones sobre el allanamiento de Temucuicui

El pasado 07 de enero, PDI entró a la comunidad Mapuche con 800 efectivos policiales que terminó con un fallecido.

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Por Célula 26 de Julio, Trabajadores y Trabajadoras al Poder

El allanamiento como reflejo de la crisis

Hace casi dos meses se realizó la intervención policial más descomunal de los últimos 30 años. La PDI era »políticamente» la institución que debía realizar este gran operativo, eso a pesar de sus baches técnicos. No podía ser de otra manera. Carabineros, a pesar de ser quienes tienen el conocimiento y la capacidad para operar en una zona rural, es una institución deshecha político- comunicacionalmente, y que está parcialmente anulada como actor de la »hegemonía» burguesa. Cualquier asomo de protagonismo en una acción de este tipo, por mas droga, armas y detenidos que hubiesen obtenido, tejería un manto de dudas sobre ellos rememorando la oscura Operación Huracán, generando un nuevo revés para si y el Gobierno.

Es curioso que desde el Estado deban tomar decisiones tan relevantes desde una posición tan contradictoria y tan frágil, lo que viene a graficar el momento de la crisis actual. En otro momento privilegiando lo militar por sobre lo político, tal como fue el Comando Jungla (que en sí no dejaba de ser una acción política), ahora privilegiando los efectos políticos de la acción militar, pero minusvalorando incluso técnicamente la parte militar de la acción política. El procedimiento del allanamiento tanto como sus efectos, no dejan de ser imágenes que reflejan el modo en que las clases dominantes de nuestro país asumen la lucha de clases: un actuar improvisado, sin muchas perspectivas en el largo plazo; un sobredimensionamiento de lo técnico y formal, por sobre lo político; iniciativas tácticas que no han sido capaces de sostenerse precisamente por el factor lucha de clases[1]; quizá lo más relevante, existe un problema de carácter estratégico para la burguesía chilena y su Estado cuya dimensión y complejidad cada día crecen.

La fragilidad de la situación política, de la crisis que vivimos en el país es tal, que hechos que en otro momento hubiesen chocado contra el muro del silencio, hoy son capaces de derribar todo tipo de barreras, sean ya de la censura, de la normalidad, de la legalidad o de la represión, hechos que gatillan nuevas jornadas salvajes de lucha, que hilvanan el proceso de la Rebelión abierto aquel 18 de Octubre y que tienden al desborde. Esa es la potencialidad del ciclo que vivimos actualmente y es el temor latente de los sectores dominantes, la incapacidad en perspectiva de imposibilidad de pacificar el descontento y la furia de las masas, las cuales en la dinámica de su movimiento espontáneo o no, actúan de manera independiente, creativa, brutal y genialmente. Lo acontecido en Panguipulli hace unos días es señal de ello.

El allanamiento como golpe de mano

Fuera de la formalidad burguesa de que había una »orden judicial» y que »no hay días vetados para hacer cumplir la ley», realizar el allanamiento ese día fue una acción política en todas sus letras. Si bien tenía por objetivo servir de golpe mediático contra la lucha Mapuche ligándola al narcotráfico y a una organización criminal incluso internacional, creando un símil con Colombia a fin de desacreditar los aspectos políticos del conflicto y demostrar que hay Estado e imperio del Derecho, serviría coyunturalmente como un golpe de mano para castigar y ocultar comunicacionalmente la condena contra los Carabineros responsables del asesinato de Catrillanca. Aunque la tesis inicial del Gobierno era que el cumplimiento de la ley tiene curso y tiempos propios y que por tanto la orden de allanamiento nada tenía que ver con los cursos y tiempos políticos, nadie se pudo comer tal bocadillo. Hacer silencio en la prensa de la condena judicial contra los agentes del Estado que ejecutaron a sangre fría a un comunero no es mal negocio en el marco de la grave crisis que vive la policía uniformada, tampoco para el Gobierno, quienes fueron responsables políticos de tal crimen. Para ello qué mejor que hacer coincidir en fecha y hora la ley con la fuerza. Señales no solo de la solidaridad entre el poder judicial con las Fuerzas de Orden, también de la solidaridad entre instituciones represivas en su resguardo del orden establecido.

A nivel más particular y técnico, derivado de lo anterior, realizar el operativo el mismo día de la lectura de sentencia implicaba que muchos de los habitantes de la comunidad y la atención estuvieran puestas en Angol, lugar donde se leía el fallo judicial, lo cual brindaría cierto »factor sorpresa» y posibilitaba una menor resistencia contra los efectivos policiales.

Lo cierto es que no hubo ninguna sorpresa, fueron detectados a penas salían de la zona urbana donde estaba acuartelado el contingente, tampoco la resistencia fue menor, aunque totalmente en desventaja numérica fue suficiente para repeler la agresión policial. Respecto a la ‘‘simple coincidencia’’, primero nadie lo creyó, luego fue descartado incluso por los mandos policiales.

El allanamiento como derrota Táctica

El Estado como aparato donde confluyen y se expresan los intereses de la burguesía, emprende una ofensiva Táctica contra los sectores en conflicto con un despliegue militar sin precedentes que busca al menos 2 objetivos generales: aplacar las críticas que desde los sectores empresariales y políticos llueven por la falta de Estado, de pantalones del Gobierno, de poner mano dura con los terroristas, conteniendo la sensación de resquebrajamiento del Estado de Derecho; también crear un escenario jurídico-comunicacional[2] que sirva como pavimento a la colombianización del conflicto, es decir, facilitar la persecución y la derrota del autonomismo Mapuche a través de la solidificación de un nuevo relato que desprestigie y aísle a los actores que luchan frontalmente contra el Estado y los intereses capitalistas en la zona.

Al fallido operativo le siguió una inmediata contraofensiva Mapuche: una multitud de atentados y enfrentamientos y una repuesta política contundente de proyección y diálogo entre diversos sectores Mapuche y también con organizaciones chilenas. En tanto el intento del Estado y los sectores empresariales de calar sustancialmente en la opinión pública contra el ‘‘narcoterrorismo indígena armado hasta los dientes’’ no logra su objetivo, por el contrario sufre un estrepitoso derrumbe. En este marco obviamente las críticas de los sectores afectados por el conflicto no han sido aplacadas, al contrario, obtuvieron bríos y se han transformado en nuevas amenazas de paralizaciones y en algunas demostraciones de fuerza de los camioneros.

La derrota militar del operativo se grafica en los siguientes hechos:

-A todas luces un planteamiento general totalmente equivocado.

-Entrada al lugar sin factor sorpresa y salida en desbandada.

-Claro desconocimiento del terreno, no aprovechando sus pro, y siendo presa indefensa de sus contra.

-1 policía muerto. Considerar que pertenecía a la sección de élite de la PDI: ERTA.

-11 policías heridos reconocidos, 2 de ellos de carácter grave.

-Múltiples impactos de bala en carros y helicópteros.

-Encajonamiento de una columna de 100 PDI que pudieron ser rescatados gracia a una viveza de Carabineros.

-Ingreso efectivo a menos de la mitad de los domicilios presupuestados.

-Ninguna detención de las personas requeridas.

-Magro botín obtenido.

-Retirada sin afianzamiento de los objetivos frente a fuerzas indeterminadas pero claramente inferiores en número y en armamento.

Empero, lo anterior no tiene parangón con la derrota política de aquella acción que sacrifica a la PDI frente a la opinión pública. Algunos aspectos destacables del fracaso político:

-Disensión, malestar y represión en las mismas filas de la PDI.

-Cuestionamientos del mundo político de oposición y la prensa por derroche de recursos, magros resultados, coincidencia con juicio caso Catrillanca, entre otros.

-Audio de amenaza de muerte a una menor de edad.

-Se comienza a hablar de responsabilidades de los mandos de la institución.

-Muestras de solidaridad entre Mapuche y familia de PDI muerto. Estos últimos ponen en cuestión las circunstancias de la muerte y la criminalización de la que son objeto los Mapuche.

-Comienza a ser una tónica que haya una respuesta política-militar inmediata de los Mapuche en conflicto en sus diferentes variantes, frente a actos represivos.

Fue tan grave el traspié generado por el mega operativo, que tras los primeros días de lloriqueos de la PDI y el Gobierno, seguido de los cuestionamientos hacia el operativo del mundo político y social, que el asunto se tapa en los medios de comunicación y no aparece más. Claramente eso no fue un hecho espontáneo, sino algo digitado a fin de desacelerar la deslegitimación de aquella policía en particular y del Gobierno en general.

La situación es aún más dramática en tanto la PDI desde inicios del actual Gobierno fue posicionada en un lugar distinto frente a los otros cuerpos represivos, sean Fuerzas Armadas o de Orden. No libres del pecado de la corrupción, la policía civil no tenía a su haber, al menos, casos tan escandalosos como el Megafraude de Carabineros o la malversación de fondos por parte de ex Generales del Ejército, solo por nombrar algunos. Es más, dentro de las mismas Fuerzas de Orden y Seguridad, la PDI pasó a ser el hijo bueno, sobre todo luego de la Operación Huracán y por sobre todo luego de la ejecución de Catrillanca. Inclusive a partir del estallido social, la imagen pública de los sujetos de chaqueta azul y letras amarillas no sufrió tanto como la de los que visten de verde. Investigaciones ha pasado a ocupar un rol político protagónico como sostén de la imagen de gobernabilidad y estabilidad que se intenta demostrar desde el Estado a partir de Octubre de 2019.

La ofensiva Táctica que abriría el procedimiento policial y que permitiría fortalecer la base social del Gobierno y golpear a la vez a los sectores autonomistas, fue rechazada integralmente. La iniciativa desde el Estado fue arrebatada una vez más por el Weychan[3].

El allanamiento como derrota moral

Si la imagen pública de la PDI ha sufrido una catástrofe, sus efectos internos no son menos interesantes. Terreno espinoso siempre es meterse en las dinámicas políticas internas de las instituciones policiales o armadas, al final las fuentes son escasas y muchas veces se recurre a la especulación. Un medio informativo, Interferencia, ha sido valiosísimo para obtener información fehaciente sobre la interna de la Policía de Investigaciones tras el operativo en el sur de Chile.

Hay impotencia, descontento, rabia y pena en parte de los efectivos que participaron en el allanamiento. Emociones que no solo provienen de la muerte de uno de sus colegas, si fuera solo eso no valdría la pena ni mencionarlo. Esos sentimientos van proyectados también hacia la interna de la institución, sus mandos, los objetivos de las acciones, las formas de los procedimientos. En una carta que circula entre los participantes de aquel fatídico día, se recoge el ánimo de frustración generalizada y se señalan negligencias y responsabilidades. La misiva es reveladora incluso de la desazón total que existía antes de iniciar la acción, cuando se les informó que el objetivo era Temucuicui, los rostros de los agentes cambiaron inmediatamente. Quien la escribió señala: llantos, pena, impotencia, ganas de insultar a los mandos, intenciones de abandonar la institución. Fue tan pérfida la lógica que funcionaba tras esta operación que empuja a que el mismo detective muestre solidaridad o al menos compasión con el luto de la familia Catrillanca.

Si se pudiera dudar de lo anterior, lo que muestra el video grabado por una cámara policial que se perdió en medio del allanamiento lo respalda, registro que publicó también el medio Interferencia: vacíos tácticos, contratiempos, errores, inexperiencia, problemas técnicos, olvidos, pérdidas, miedo, desbande, en fin, un descalabro total. Sorprende que tipos que se preparan exclusivamente en labores operativas durante años, que saben de riesgos y dificultades, hayan quedado completamente anulados, siendo una verdadera verguenza que haya tenido que salir arrancando un grupo de 30 detectives, incluidos su dotación de élite, ante 2 ó 3 tipos que usaban escopetas.

La carta y el video son tan relevantes y claros de la crisis que se ha generado que ameritan ser vistos:

https://interferencia.cl/articulos/malestar-en-la-filas-de-la-pdi-detectives-ponen-en-la-mira-su-director-general

https://interferencia.cl/articulos/exclusivo-video-de-comando-pdi-revela-serios-problemas-estrategicos-y-tacticos-en

Sintéticamente algunos elementos que abonaron el descalabro:

-Problemas graves en la planificación producto de tareas de ‘‘inteligencia’’ deficientes.

-Desconocimiento del terreno.

-Ilegitimidad frente al personal, de los objetivos del operativo.

-Ausencia de mandos en la acción.

-Personal no idóneo.

-Pérdida del factor sorpresa.

-Equipamiento técnico defectuoso o inservible para las condiciones requeridas.

Es tan grave lo acontecido que inmediatamente la institución obliga a los detectives a guardar silencio, se les amenaza y se les pincha celulares, sin embargo eso no impide una respuesta desde la base, algunos hacen caso omiso y buscan la forma de expresarse y manifestar un ánimo, llevando a que otros sigan el ejemplo. Aflora el descontento y ciertos grados insubordinación y no sabemos en qué irá a parar todo esto. Por sobre todo interesa constatar cómo la dinámica de la crisis tiende a fortalecer y articular al movimiento de masas en Chile y en Wallmapu, mientras que este mismo proceso afecta directa e indirectamente la cohesión de los cuerpo armados del Estado y abona el camino hacia su disolución.

Cuando las cosas andan mal, siempre pueden ponerse peor, así, la guinda de la torta fueron las declaraciones de familiares del detective fallecido atribuyendo responsabilidades a la institución, y las muestras de solidaridad entre estos y la Comunidad de Temucuicui, golpes categóricamente contundentes a la institución del funcionario fallecido y al poder.

El allanamiento como señal relevante

Que un miembro de las fuerzas represivas deba cumplir 15 ó 16 años por matar un Mapuche en si no importa mucho, el tema es que eso genera un precedente donde: 1.- En la disputa de intereses dentro del Estado y del »poder judicial», genera un contrapeso el carácter mediático de los hechos, es decir la situación política, en las resultantes del juicio, que puede ser leído también que la impunidad con que han actuado históricamente contra esta nacionalidad oprimida no seguirá siempre así. 2.- En las filas de la represión esto debe generar una tensión extrema, pues una vez mas queda demostrado que los superiores se salvan solos y dejan que el hilo se corte por lo más delgado, aportando un granito a la lucha de clases interna en este caso de Carabineros, y por otro lado genera que en nuevos operativos y enfrentamientos las policías estén con el freno puesto, lo que en combate es grave: mina la moral, menor disposición combativa, tensiona que su actuar sea menos brutal contra gente indefensa, que sus acciones sean menos ofensivas, quizá ya no por la orden del mando sino por deliberación propia.

¿Cuál es el momento psicológico que viven las fuerzas represivas en el país? ¿A qué nivel ha impactado institucionalmente la reprobación de sus actos? ¿Cómo opera a nivel individual la reprobación generalizada? ¿Qué tanto ha impactado la crisis en el despliegue y la capacidad militar de las fuerzas represivas? Preguntas serias que se debemos abordar.

El allanamiento como empantanamiento

El masivo ingreso de detectives, apoyados por Carabineros y militares, como venimos diciendo fue un completo fracaso, pero no fue un fracaso cualquiera, fue un fracaso dentro de uno más grande. La denominada zanahoria y el garrote, metáfora que en los territorios al sur del río Bío-Bío ha tenido más de garrote que de zanahoria, no ha pacificado la lucha centenaria de la gente de la tierra. Contrario a los deseos de la burguesía, la particular forma que ha adquirido en el sur la zanahoria y el garrote como estrategia del poder indistinta a todo conflicto, no ha servido más que para potenciar y masificar la insurgencia indígena, llegando a un momento definitorio, tal como lo fue la quema de camiones de Lumaco en 1997. En este caso ya no se trata de una pequeña acción audaz y novedosa, sino la emergencia de lo que podríamos llamar un nuevo proyecto de sociedad en gestación, con fuerza real de maniobrar y conseguir sus intereses en confrontación con un Sistema Internacional y un Estado que los mantienen ocupados política y militarmente.

El planteamiento de lucha de una resistencia ancestral, rudimentaria, irregular, dispersa, con escasa sangre y mucho fuego, ha ganado terreno físico y político. Ni el fortalecimiento de los aspectos represivos legales e ilegales, ni la inyección de recursos y efectivos policiales, tampoco las incursiones en el territorio en conflicto con el aumento de las agresiones a comunidades y de los prisioneros políticos, ni el cerco ecológico-económico, han significado un retroceso o al menos un estancamiento de la conflictividad: los atentados, los enfrentamientos o las recuperaciones de tierra, por el contrario, han aumentado sostenidamente. En tanto las posturas autonomistas van ganando cada vez más raigambre y prestigio entre las comunidades y las masas Mapuche, la dispersión orgánica de la diáspora CAM contradictoriamente, al parecer, ha significado un fortalecimiento de la unidad en la lucha de las diversas tendencias radicales y otras menos radicales, a la vez que durante los últimos años se ha solidificado de facto la solidaridad y unidad en la lucha entre el proletariado chileno y el pueblo Mapuche[4].

Aunque es claro que resta un enorme trecho para que este pueblo pueda alcanzar la independencia total respecto a las cadenas que lo atan, se debe reconocer que como integralidad, la forma en que el Estado ha afrontado el tema Mapuche hasta hoy ha fracasado. La tendencia parece indicar que habrá un reacomodo de índole estratégica en el tratamiento del conflicto, en tanto que tras los hechos de Temucuicui las policías pasarán momentáneamente a la defensiva, donde dejarán que baje un poco la marea, dándose un tiempo hasta la próxima presidencial para tantear cómo se reenfocará el abordaje del conflicto que hay en el sur del país. De parte del Gobierno no se pueden exponer a un nuevo Catrillanca y otro mini estallido, así que no habrán nuevas ordenes de acciones de estas características. De aquí al fin del mandato de Piñera no se emprenderán acciones de grandes volúmenes y es probable que decaigan notoriamente las pequeñas incursiones o agresiones, pues el riesgo de cometer nuevos ‘‘errores’’ es demasiado grande. Así, seguramente se fortalezcan aspectos preventivos y defensivos, así como también quizá se privilegie la acción represiva en zonas donde el conflicto no haya escalada aún hasta la fase armada, lo cual de menos flancos a la represión. Así y todo, la tendencia general seguirá siendo el deterioro acelerado del ‘‘Estado de Derecho» en la Macro Zona Sur.

Se ha llegado a un virtual bloqueo por parte del Estado para atajar el conflicto. Si esta reflexión fuera muy exagerada, al menos están bloqueadas las instituciones policiales en la zona y muchos de los accesos a las comunidades donde se gesta el poder Mapuche.

El allanamiento como fin de una etapa

Llegados a este punto se hace necesario resaltar 2 tendencias novedosas en el conflicto Mapuche que se vienen haciendo bien presentes desde el año pasado: por un lado la apariencia al menos de intentar escalar el conflicto hacia uno entre comillas mas regular por parte de sectores autonomistas expresado en la forma en que aparece la organización Resistencia Mapuche Lafkenche, la utilización de material explosivo pero también la forma en que ha sido empleado, incluso la declaración de crear una policía Mapuche. Por otro, la gran cantidad de muertes (con bajas para ambos lados) sucedidas en unos cuantos meses, cosa poco usual en mas de 20 años de conflicto. Estas son señales clara que indican para dónde va la cosa.

Lo acontecido a inicios de este año en Temucuicui condensa en un tiempo y lugar acotados, años de desarrollo de un conflicto en el que se muestra la debilidad del poder burgués y la emergencia del poder Mapuche. Sabemos que un fotograma no representa toda la película, pero esta escena marca el final de la primera parte de la saga: pareciera ser el cierre de la etapa de conflicto parcial y artesanal, de emergencia y arraigo de un proyecto autonomista, piso en el cual la burguesía y el Estado de Chile fueron derrotados, dando paso hacia una etapa de conflicto superior que estará marcado por la victoria en suelo chileno de la insurgencia Mapuche o por su derrota, por una Nueva Pacificación, que los devuelva a la marginalidad e impotencia de hace 25 años[5].

Perdida la gobernabilidad -o en camino a ello- de vastos sectores de la Macro Zona Sur, en este nuevo período el Estado y el Pacto de facto que levantarán entre los diferentes sectores burgueses, nacionales e internacionales, tenderá a que en un período de mediano plazo (5 años más o menos), la descomposición social y la inseguridad, incluso el deterioro del Estado de Derecho se sigan profundizando, inclusive dar pie a la creación de pequeños poderes locales, asegurando un período de inestabilidad tal que justifique legal, política y comunicacionalmente una intervención armada del Estado en conjunto con las fuerzas fascistas y lumpen locales, que inicie abiertamente el período contrarrevolucionario anti Mapuche.

Algunos aspectos que tomarán mucha fuerza en el nuevo período de transición:

-Habrá una aún mayor profesionalización de las fuerzas represivas, particularmente en 3 aspectos: Tratamiento político del conflicto militar; Conflictos asimétricos; Carácter rural de la lucha.

-Operarán más profesionalmente aspectos de guerra psicológica, desprestigio comunicacional más crudo, acciones de falsa bandera, como parte de la linea de la guerra sucia. Esta será una línea estratégica que se desarrollará y que abonará el camino, en un proceso de mediano plazo,  hacia la ofensiva estratégica del capital y el Estado, y les permitirá el tiempo necesario para la preparación de aquella ofensiva.

-A propósito de lo anterior, es muy probable que en la acción de inteligencia, tenga harta relevancia la gestación de intrigas y el fomento de la división entre las comunidades y orgánicas que son vanguardia del movimiento Mapuche de resistencia.

-Si bien el movimiento de masas derechista-racista-latifundista, viene expresándose hace un tiempo, hace poco dio un salto cualitativo con verdaderas acciones agitativas de masas como lo fueron los desalojos de comunidades o el paro de camioneros, quienes llegan a plantear incluso un Programa Represivo para el sur del país. Esta línea de masas será fundamental a la hora de confrontar en el corto y mediano plazo la insurgencia Mapuche.

-En el anterior sentido habrá un cesión coyuntural -de no poco tiempo- de la iniciativa militar más frontal, desde el Estado hacia los sectores latifundistas, racistas, mercenarios y yanaconas, en la perspectiva de un paramilitarismo que en última instancia será tolerado mediáticamente.[6]

-Cómo mecanismos de confrontación pasiva, serán relanzados los grandes proyectos de clientelismo y de emprendimiento indígena, los que serán de mayores volúmenes de recursos y seguirán disputando a la base Mapuche más retrasada. Lógicamente este clientelismo impondrá a las comunidades o sectores más allegados a la billetera fiscal o privada, un compromiso mayor y más abierto con el aislamiento y represión de los sectores radicales.

-Wallmapu junto con otros sectores de América Latina, son escenario de proyectos estratégicos del imperialismo y el capital mundial como TPP 11 o IIRSA. Que este territorio sea pacificado es condición indispensable para la buena fortuna de estos proyectos, por tanto la presión imperialista sobre el Estado chileno redoblará la presión sobre el pueblo Mapuche.


[1] Se entiende que el conflicto Mapuche en la actualidad, más allá de lo Nacional o étnico, tiene como base la división internacional del trabajo (imperialismo) y el modo de acumulación chileno implementado por la burguesía, no se reduce exclusivamente a la ‘‘Liberación Nacional’’.

[2] No porque sea mentira que haya droga o armas, sino destaco su sobredimensionamiento.

[3]Lucha o conflicto en mapudungún.

[4]Desconociendo vínculos orgánicos sólidos entre facciones más radicales de cada pueblo, la salvaje reacción en Chile por el asesinato de Camilo Catrillanca, la multitudinaria legitimidad de los símbolos Mapuche desde el inicio de la Rebelión del 18 de Octubre, hasta las muestras de solidaridad a raíz de la asonada racista contra los municipios ocupados a mediados del año pasado, entre otros, son muestras contundentes de estos vínculos de facto.

[5]Lugar común es plantear que las luchas de  los pueblos chileno y Mapuche vencerán conjuntamente o no lo harán, por tanto la contrarrevolución los aplastará de manera convergente, no separados (aunque esto no

[6] ¿Qué tan lejos estamos de que se le de piso político público a las expresiones operativas de las empresas capitalistas, de latifundistas o de yanaconas?

¿Es esperable que lo anterior tenga amparo en la legalidad como lo sucedido en Colombia a mediados de los años 90, donde se dio cabida a la creación de milicias privadas?

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