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La crisis en Bolivia se agudiza: protestas obreras e indígenas transcurren hace más de dos semanas

Las movilizaciones en el país hermano han plegado a diversos sectores de la población, que han encontrado en el derrocamiento del gobierno de Añez uno de sus principales objetivos.

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Imagen de portada: Agencia AFP.

Más de nueve meses han pasado ya desde la renuncia de Evo Morales durante el día 10 de noviembre de 2019.

El que había sido recientemente reelecto presidente por un cuarto período consecutivo, se vio en la obligación de abandonar su cargo frente la cristalización de un Golpe de Estado perpetrado por la burguesía blanca y los sectores reaccionarios y de derecha del país, quienes, aliados con las Fuerzas Armadas y grupos civiles paramilitares, generaron un clima de violencia e ingobernabilidad que transcurrió durante más de 21 días hasta volver la situación insostenible, obligando al líder del partido Movimiento al Socialismo (MAS) a renunciar y posteriormente escapar del país.

Durante aquellos días la resistencia al golpe de estado estuvo representada por sectores obreros e indígenas, ligados muchos de ellos al MAS, quienes en torno al eje conurbano de las ciudades de El Alto y La Paz intentaron plantar cara y detener la conflagración urdida en contra de Morales. Nada de ello resultó.

Las Fuerzas Armadas, en trabajo conjunto a numerosos grupos paramilitares financiados por los sectores más reaccionarios de diversas ciudades bolivianas, aplacaron y sofocaron los intentos de resistencia mediante el excesivo uso de la violencia, sólo días después de haber juramentado «que no iban a disparar ni atentar contra la vida de ningún boliviano». La respuesta represiva de estas fuerzas dejó como saldo decenas de bolivianos asesinados, siendo los casos más tristes las masacres de Senkata y Sacaba, que se saldaron con más de una treintena de fallecidos entre ambas.

Senkata

Féretros de fallecidos en la masacre de Senkata siendo trasladados en medio de la represión militar, una de las postales más icónicas y representativas que dejó el golpe de Estado en Bolivia. Fuente: El Ágora Digital. 

En aquel marco de acción llega Jeanine Añez al poder como presidenta subrogante. Su «gobierno de transición» se establece bajo la base de una descarnada represión hacia sus adversarios políticos, muchos de ellos representantes de los sectores populares de Bolivia. En aquellas acciones la presidenta de facto también jugó su parte, al emanar un polémico decreto que eximía de responsabilidades a los integrantes de las Fuerzas Armadas por sus acciones en dicho período, lo que les entregó un marco de acción fuera de toda regla.

Añez llegó al poder gracias a la conformación de un amplio bloque enemigo de Morales, compuesto por la burguesía santacruceña, sectores políticos opositores al MAS e incluso personajes ligados a grupos neonazis y de extrema derecha, como son los casos de Luis Fernando Camacho o el actual Ministro del Desarrollo Boliviano, Branko Marinkovic, uno de los principales protagonistas del golpe perpetrado en contra de Morales y las fuerzas del MAS.

Camacho

Luis Fernando Camacho – izquierda – y Branko Marinkovic, dos de los principales líderes del golpe de Estado perpetrado en contra de Evo Morales en noviembre del 2019. 

Este bloque, configurado sólo con el coyuntural objetivo de derrocar a Evo Morales y así acelerar medidas económicas neoliberales que les permitieran instaurar su propio dominio, desbancando a los sectores de la burguesía cocalera e indígena, comenzó a hacer agua prácticamente en el mismo instante que Añez asumió como presidenta subrogante.

Evidentes diferencias políticas, casos de corrupción, bajo apoyo popular y la sorpresiva candidatura de Añez a la presidencia de la República terminaron por minar la consistencia de un grupo que sólo encontraba puntos comunes en una sola cosa: iniciar una ofensiva hacia el proletariado boliviano para «neoliberalizar» el país y revertir las medidas asumidas en los años de gobierno de Morales. Pero, se encontraron con una problemática insalvable: el advenimiento de la pandemia.

A la fecha, Bolivia ha sido uno de los países más golpeados por la pandemia en el continente. Miles de muertos – algunos tirados por las calles -, un sistema de salud colapsado, escasez de insumos y una total incapacidad del gobierno para hacer frente a la crisis sanitaria terminaron por configurar un cuadro de absoluta incertidumbre para todo el pueblo boliviano.

Según cifras recogidas por CEPAL, hacia fines de año se estima que la pobreza extrema en Bolivia alcance porcentajes cercanos al 16,8 %, sumándose a una tremenda contracción del PIB cercana al 5,2%. Frente a este cuadro dantesco, el gobierno no ha hecho más que matizar la crisis mediante bonos y medidas sumamente coyunturales, con la expresa intención de no pasar a llevar a los círculos golpistas que fraguaron la salida de Morales de la presidencia. Su gran piedra de tope, empero, ha sido el propio carácter de «gobierno ilegítimo» con el cual pesan en gran parte del pueblo boliviano, quienes muy bien saben que Añez llegó al poder mediante el derramamiento de sangre de cientos de bolivianos y bolivianas.

Esta situación reactivó rápidamente las protestas en el país hermano, las que se agudizaron al conocerse un nuevo aplazamiento por parte del Tribunal Supremo Electoral de las elecciones presidenciales, desde el 6 de septiembre al 18 de octubre. De forma solapada, el constante aplazamiento de las elecciones mediante la excusa de la crisis sanitaria develaba la intención de Añez y los grupos golpistas de no dejar rápidamente el poder, sobretodo considerando que quien lidera las encuestas actualmente es Luis Arce, candidato presidencial del MAS.

Dicho aplazamiento fue el perfecto polvorín para detonar nuevamente las protestas en el país, las que a día de hoy suman más de dos semanas. Todo comenzó el día 28 de julio, cuando la Central Obrera Boliviana, tras una asamblea multi gremial en la ciudad del Alto, convocó a una movilización nacional en oposición al nuevo aplazamiento de las elecciones y el nefasto manejo de la pandemia por parte del gobierno. Rápidamente fueron sumándose organizaciones sindicales, estudiantiles e indígenas de diversas partes del país, las que decidieron radicalizar sus manifestaciones el día 3 de agosto coordinando una serie de cortes de ruta y caminos en las ciudades más importantes de Bolivia.

Corte de ruta

Masivo corte de ruta en la autopista que une las ciudades de El Alto con La Paz, el pasado 10 de agosto. Fuente: Reuters. 

El corolario de las jornadas de protesta con mayor masividad se saldó con más de cien cortes de ruta a lo largo del país, y la dinámica propia de la lucha de clases no sólo activó a los sectores movilizados, sino que también a la reacción. Tal como se pudo observar durante noviembre, grupos de civiles armados comenzaron a movilizarse por diversas ciudades del país con el fin de detener los cortes de ruta, iniciándose focalizados enfrentamientos en algunos sectores.

Frente a la agudización del conflicto, el ya mencionado «bloque de unidad golpista» terminó por desintegrarse definitivamente. Por un lado, sectores reaccionarios santacruceños representados por Luis Fernando Camacho – también candidato presidencial – llamaron abiertamente a solucionar el problema «mediante la movilización civil» si el gobierno no era capaz de darle solución. Por otro, el gobierno se ha mostrado impotente, incapaz de detener el digno levantamiento de miles de bolivianos y bolivianas contra el gobierno golpista, limitándose a ordenar a las F.F.A.A. a resguardar instituciones e infraestructura crítica.

Por el momento ningún intento de diálogo ha prosperado, y el actual escenario apunta a radicalizar aún más a las partes en disputa. Si bien los sectores de la derecha han denunciado la presencia del MAS detrás de todas estas movilizaciones, lo cierto es que las propias movilizaciones han sobrepasado la propia esfera de influencia del MAS.

Hace algunos días, por ejemplo, Evo Morales, desde su exilio en Argentina, llamaba a acelerar las elecciones presidenciales y deponer las movilizaciones violentas que apuntan a sacar a Jeanine Añez del poder para «resguarda la democracia en Bolivia», por lo cual, al menos de forma superficial, se denota que el MAS está jugando sus cartas a una salida institucional del conflicto.

Los sectores movilizados, agrupados en un «Frente de Unidad» y muchos de ellos no alineados con la influencia del MAS – como es el caso de la Central Obrera – son variopintos y apuntan a distintos objetivos, aunque uno que ha tomado fuerza durante los últimos días es el derrocamiento de Añez. Frente a este escenario, todo parece apuntar a que una salida pactada del conflicto sería el adelantamiento de las elecciones presidenciales, pero en aquel nuevo escenario la derecha golpista tiene mucho que perder si se cumplen las proyecciones que dan por ganador al candidato del MAS. 

Por lo tanto, un escenario que muchos analistas no descartan es la posibilidad de un «autogolpe», o por lo menos un retorno descarnado de la represión por parte de unas Fuerzas Armadas que han develado lo peor de su naturaleza durante estos últimos meses. Si aquel escenario no se ha desenvuelto aún es por diversos factores, entre los cuales se encuentran la propia incapacidad del bloque golpista en encontrar puntos estratégicos comunes, la mirada atenta del mundo a un gobierno catalogado por muchos países como «ilegítimo» y el propio contrapeso hecho por el pueblo boliviano, que en estos momentos está dispuesto a dar las batallas que sean necesarias para conseguir sus objetivos.

Todas estas condiciones se agudizan aún más debido al factor pandemia, ya que la incapacidad de los actores en disputa de resolver el conflicto termina por golpear a los más afectados por el avance de la enfermedad, ya que las escasas e insuficientes condiciones para afrontar la pandemia se tornan aún más deplorables en medio de la crisis política.

En suma, al parecer los caminos apuntan a una salida institucional mediante el adelantamiento de las elecciones en medio de la pandemia, pero lo cierto es que aún queda mucho paño que cortar en este conflicto; ya que, por una parte, comienzan a fraguarse objetivos mayores en ciertos sectores del pueblo boliviano que no apuntan sólo a una elección presidencial y, por otra, la derecha golpista no se quedará de brazos cruzados viendo como el MAS vuelve a ascender al poder menos de un año después del derrocamiento de Morales.

Seguramente se avecinan aún más batallas para el pueblo boliviano, y desde Chile, si bien tenemos las propias, debemos estar al pendiente de lo que suceda en nuestro vecino del nordeste, ya que el desenvolvimiento del conflicto en Bolivia puede marcar ciertas tendencias en el desarrollo de la lucha de clases dentro del continente. Y como siempre decimos, es ésta quien tendrá la última palabra.

 

 

 

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Manifestaciones populares en Guatemala terminan con el congreso incendiado

Miles de personas salieron a las calles de la Capital guatemalteca a protestar contra las medidas de hambre del presidente Alejandro Giammattei.

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Este sábado se han desarrollado enormes movilizaciones en Guatemala. Miles de personas han salido por la capital del caribeño país a demostrar su descontento contra el recién aprobado presupuesto 2021 que recorta fuertemente el gasto social y pone en signo de interrogación la forma de enfrentar las problemáticas sociales que vive el país.

En ese marco de protestas populares no se hicieron esperar, pues dicho paquete de medidas enfrentan hoy el total rechazo del pueblo guatemalteco puesto que estas medidas estaban dirigidas a infraestructura con empresarios y deja de lado el combate a la pobreza y desnutrición infantil que afecta a casi el 50% de los niños menores de cinco años.

Son estas medidas del gobierno burgués de Alejandro Giammattei, que los y las manifestantes ingresaron al congreso, y según informan los medios locales lanzaron antorchas en su interior, lo que produjo el incendio al interior del edificio parlamentario.

Como en un reflejo, las protestas siguen agudizándose. Una vez que los manifestantes entraron al congreso, el incendio creció y los destrozos se multiplicaron.

En Desarrollo.

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Cuba es elegida nuevamente como miembro del consejo de DDHH de la ONU

“A pesar de la campaña de desprestigio, los logros de Cuba no pueden ser opacados”, así afirmaba Bruno Rodríguez, canciller de la isla, luego del triunfo electoral.

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Por Diego Chacano

Durante la jornada del pasado martes 13 de octubre, Cuba volvió a ser elegida por quinta vez como parte del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas; un órgano compuesto por 47 estados miembros quienes deben procurar la protección de los derechos humanos en todo el mundo.

A pesar de las contracampañas de parte de EEUU y ONGs, tales como Human Right Watch, la isla fue elegida con un total de 170 votos a favor, lo que equivaldría al 88% de los países miembros de la ONU. Situación que para el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, honra “(…) la autodeterminación y resistencia del pueblo cubano frente los graves obstáculos y amenazas que provoca la política unilateral de hostilidad, agresiones y bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos.”
Ante el triunfo en las elecciones, la cancillería de Cuba comunicó: “Es también un reconocimiento a los avances significativos que los cubanos han alcanzado en el disfrute de todos sus derechos y al amplio historial en materia de cooperación internacional en la esfera de los derechos humanos, demostrando, a través de hecho concretos, su inequívoca disposición al diálogo respetuoso, franco y abierto”

Con esta elección vendría a ser la quinta vez en que la isla ocupa un escaño entre los ocho reservados para América Latina y el Caribe en el órgano.

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En plena pandemia los ricos se vuelven más ricos y los pobres se empobrecen aún más

Un estudio publicado en julio por la Universidad Nacional Autónoma de México ha develado como, en medio de una enorme pandemia y crisis económica global, algunas multinacionales han visto multiplicadas sus ganancias, mientras un amplio margen de trabajadores y trabajadoras alrededor del mundo han debido cargar con el peso de la crisis.

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Los cantos de sirena que constantemente hemos escuchado de parte del gobierno y otros sectores respecto a la enorme crisis que están atravesando las empresas parecen haber cumplido su objetivo, ya que en el imaginario colectivo la población parece entender que TODAS las empresas han entrado en recesión. Ésta, en realidad, es una idea parcial.

Tanto en Chile como en el extranjero las empresas más golpeadas por la enorme crisis económica que atraviesa el mundo han sido las PyMes, aquellas empresas que no poseen dominio monopólico de algún mercado y tampoco cuentan a miles de trabajadores y trabajadoras en su plantilla. Es cierto que se han visto tremendamente afectadas por la crisis, e incluso muchas han quebrado, pero si analizamos la vereda contraria, la de la gran empresa y las multinacionales, nos daremos cuenta que muchas, incluso, se han visto beneficiadas con esta crisis.

Esta situación ha sido expuesta detalladamente en un estudio publicado a mediados de julio por el Centro de Análisis Multidisciplinario – CAM – de la Universidad Nacional Autónoma de México, en el cual explican cómo los costos de la crisis mundial han sido cargados mayoritariamente por la clase trabajadora y la pequeña burguesía, dejando a la gran burguesía en su inamovible pedestal de privilegios, muchos de ellos, incluso, enriqueciéndose en medio de esta coyuntura.

Dicha situación se explica en base al «traslado de costos» que las grandes empresas con apoyo de los gobiernos de turno han hecho hacia la clase trabajadora para así mantener sus tasas de ganancias, en base a ciertos pilares fundamentales que han permitido hacer efectivo este plan, los cuales detallaremos, a continuación, de forma general:

  • En primer término, los investigadores indican que una de las formas para mantener los márgenes de ganancia de la gran empresa han sido la disminución de los salarios nominales. Esto quiere decir que muchos y muchas trabajadores y trabajadoras están percibiendo menor salario por el mismo o incluso más trabajo diario.
  • En segundo término, algunas empresas han cortado el flujo de prestaciones sociales, importantes bonificaciones que los empleadores debían pagar a sus trabajadores y trabajadoras para asegurar así su subsistencia.
  • En tercer lugar, la flexibilización de las contrataciones ha sido una estrategia ampliamente difundida por las grandes empresas alrededor del mundo. Frente a un enorme flujo de trabajadoras y trabajadores despedidos o con sus contratos suspendidos, sus empleadores optan por tercerizar y subcontratar un nuevo – y posiblemente menor – flujo de trabajadores a los cuales les pagarán menor remuneración. Esta estrategia ha sido común de ver en los grandes sectores del retail.
  • En cuarto y último lugar, el desempleo es la más rápida opción para reducir costos por parte de las grandes empresas. Acá en Chile, el gobierno optó por respaldar esta estrategia mediante una iniciativa parlamentaria conocida como «Ley de Protección al Empleo», que no es más que una mezcla entre el 3er y 4to puntos acá mencionados, ya que propicia el desempleo mediante la forma de una «suspensión temporal del contrato», atribuyendo a los fondos de cesantía el financiamiento de aquel trabajador o trabajadora que no percibe remuneraciones durante dicho tiempo. La gran empresa, por lo demás, no debe hacerse cargo de éstas remuneraciones en aquel período.

Volviendo al plano internacional, desde el Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM ahondan aún más en la tendencia descrita, entregando datos sumamente reveladores. Por ejemplo, Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, durante la pandemia ha llegado a niveles de ganancia absolutamente irrisorios, al bordear flujos de 11.000 dólares por segundo con su empresa Amazon. 

Esta ganancia, obviamente, posee su lado B, ya que para lograr amasar esa estratosférica cantidad de dinero durante el último tiempo debió recurrir a una mayor cantidad de trabajadores y trabajadoras que cubrieran el alza en la demanda de compras en línea desde su empresa, la mayoría de los cuales fueron subcontratados, sumiéndolos en una forma de trabajo sumamente precarizada.

Otras empresas de rubros que se vieron beneficiados con la pandemia también han amasado grandes ganancias durante el último período, como son los casos de Netflix, Zoom o Slack. 

La problemática de esta situación no radica, en este caso, en que algunas grandes multinacionales se vuelvan aún más ricas durante la pandemia por ser parte de sectores beneficiados por la actual coyuntura – como plataformas de entretención o compras en en línea -, sino que dichas ganancias pueden lograrse mediante un flujo cada vez mayor de trabajadores precarizados bajo su mandato. En el lado opuesto de la moneda, aquellos sectores que se han visto más perjudicados por la pandemia  – como el sector turístico, hotelero y aerolíneas – han sido apoyados por los gobiernos locales mediante préstamos millonarios o excensiones tributarias, mientras un enorme flujo de trabajadoras y trabajadores de aquel rubro queda desempleado, en muchos casos bajo gran desamparo.

Dicha situación ha significado que el mayor peso de la crisis económica, como decíamos al inicio de esta nota, recaiga en los hombros de miles de millones de trabajadores y trabajadoras, quienes han quedado desempleados o han ido precarizando su acceso al trabajo, con menores salarios, escasas medidas sanitarias en sus trayectos y lugares de trabajo o jornadas laborales más largas y agotadoras.

En contrapartida, como señalábamos anteriormente, la gran empresa ha enfrentado diversas problemáticas a tenor del área productiva que ocupa en la economía mundial y/o local, pero quienes se han visto más perjudicados de este sector han sido igualmente ayudados por los gobiernos locales, otros con dicha ayuda han podido mantener sus tasas de ganancia netas, mientras que unos pocos, incluso, han podido aumentar sus ganancias en medio de la mayor crisis económica de los últimos 80 años.

 

 

 

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