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OPINIÓN2

El peligroso triunfalismo del gobierno frente a la crisis: ¿Estamos tan bien preparados como nos dicen?

Durante las últimas semanas el gobierno ha intentado mostrar una imagen de absoluto manejo de la pandemia en el país, pero las cifras y las opiniones de expertos en el tema llaman a no creernos a la primera esta confianza excesiva.

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Por Amaru. 

Para ninguna persona que ha podido observar las declaraciones del presidente o los personeros de gobierno en el contexto abierto por la crisis de Covid-19 resultaría sorpresivo afirmar que en ellas puede observarse, por lo menos, gran confianza y seguridad respecto a la situación del país en medio de la pandemia y la gestión realizada por el gobierno.

Las cifras parecen acompañar positivamente esta seguridad, ya que si bien nuestro país posee actualmente 10.507 casos confirmados de Covid-19, se han registrado sólo 139 fallecidos. Números que a primera vista parecen esperanzadores pensando en el porvenir.

Ahora bien, ¿Realmente el gobierno y sus representantes deben «cantar victoria» como pareciera que lo están haciendo con las medidas adoptadas? ¿Hemos atravesado como país la peor fase de la crisis? Intentaremos en esta columna de opinión «auto respondernos» dicha interrogante.

Debemos partir señalando que la seguridad con la cual los personeros de gobierno se refieren a la gestión de la crisis ha mostrado expresiones totalmente evidentes durante los últimos días.

Jaime Mañalich, por ejemplo, señaló el día de ayer que el país debe prepararse para una «nueva normalidad», término acuñado bajo el cual los habitantes de este país deberíamos retornar paulatinamente a nuestras actividades cotidianas en medio de la pandemia, suponiendo que la misma estuviese totalmente controlada en fechas cercanas a la primavera.

 

Así por ejemplo, podríamos retornar a nuestros trabajos o «tomarnos un café con amigos», como lo expresó hoy 20 de abril la Subsecretaria de Salud Pública, Paula Daza.

Mañalich pensando

Jaime Mañalich en la conferencia donde presentó el concepto de la «nueva normalidad».

La estrategia actual del gobierno parece englobarse en este nuevo concepto de «normalidad», bajo el cual intentan implementar de forma progresiva un retorno masivo de las y los trabajadores del país hacia sus puestos de trabajo, confiando en controlar la pandemia y su expansión.

Esta estrategia se sustenta en diversos ejes, los cuales podríamos sintetizar de la siguiente manera:

  1. Retorno progresivo de los escolares a clases, pensado para el mes de mayo mediante un protocolo de acción ya difundido por el Ministerio de Educación.
  2. Retorno progresivo de los funcionarios públicos a sus puestos de trabajo, el cual comenzó hoy y pretende implementarse en su totalidad durante el mes de abril.
  3. Re apertura de centros comerciales, la cual si bien aún no tiene una fecha definida, todo parece indicar que podría ser pronto, considerando que el gobierno ya instruyó un protocolo para esta situación.
  4. Entrega de carnet Covid-19 para personas que ya hayan superado la enfermedad.
  5. Continuidad en la implementación de cuarentenas parciales y progresivas.

Mediante el trabajo mancomunado en torno a estas definiciones el gobierno se está preparando para construir aquella «nueva normalidad», confiado en las decisiones adoptadas hasta el momento para mantener a raya el avance de la pandemia.

Lo cierto es que la realidad dista muchas veces de las cifras entregadas, y son muchas las voces de expertos que advierten respecto a la peligrosidad inherente a un gobierno que asegura tener todos los aspectos de la pandemia controlados. 

Sólo el día de ayer el Consejo Asesor del Minsal para el Covid-19 y el Colmed publicaron sendos comunicados en los cuales advertían respecto a los peligros que pueden venir aparejados con la creación de una sensación de «falsa superación de la crisis», ya que llevan a las personas a exponerse más de la cuenta y relajar las medidas sanitarias para prevenir la propagación del virus. Por lo mismo, ambas entidades se mostraron contrarias a las últimas medidas adoptadas por el gobierno para comenzar a retomar la normalidad, llamando a «reconsiderarlas», definiéndolas incluso de «imprudentes y arriesgadas».

En la misma tónica, tanto la ANEF como el Colegio de Profesores se mostraron contrarios a la vuelta progresiva de escolares y funcionarios públicos a sus lugares de trabajo y estudios, por considerar que medidas de este tipo anteponen los intereses económicos por sobre la salud de las personas.

Concordamos con estas críticas, porque nos resulta evidente que la confianza excesiva del gobierno es sólo una mera ilusión, ya que el tramo existente entre los protocolos de implementación de las medidas antes mencionadas y su aplicación en la realidad es, por mucho, insalvable. 

Pensemos sólo en dos de estas medidas: la vuelta progresiva de los estudiantes durante el mes de mayo y la posible re apertura de los centros comerciales.

En el caso de la vuelta a clases, los protocolos elaborados por entes asesores del Mineduc indican que esta sólo puede hacerse efectiva si existe disponibilidad de insumos tan importantes como mascarillas, alcohol gel, desinfectantes, entre otros. Si consideramos que el universo de estudiantes en Chile bordea los 3 millones, y que además debe sumarse a la ecuación a todos los trabajadores y trabajadoras de la educación, por lejos afirmamos que muchos sectores se quedarán cortos de insumos, o simplemente no tendrán acceso a ellos.

La educación pública es quizás el caso más icónico, porque muchos colegios de este sector ni siquiera tenían jabón o papel higiénico antes del inicio de la pandemia, por lo cual resulta de perogrullo expresar que seguramente no tendrán acceso a implementos mínimos para resguardar la sanidad de todos los estudiantes.

¿Expondremos acaso a nuestros estudiantes más vulnerables a una vuelta a clases sin medidas sanitarias mínimas sólo porque el año escolar debe completarse sí o sí? 

En el caso de una posible re apertura de los centros comerciales, la situación navega por la misma lógica. Sólo a modo de ejemplo, durante el día sábado se llevó a cabo la re apertura del primer centro comercial tras el masivo cierre de éstos por el avance de la pandemia. Se trata del Mall Plaza del Sol en Quilpué, que no duró más de dos días abierto debido a la gran afluencia de público y la incapacidad para resguardar la salud de todos los asistentes mediante medidas como el distanciamiento social.

Distanciamiento social, control permanente y sanitización constante son medidas basales en el protocolo entregado por el gobierno para una posible re apertura de los centros comerciales, quedando a cargo de estos mismos el cumplimiento de ellas.

Si tomamos como ejemplo la situación acontecida en Quilpué, ¿podríamos considerar que las medidas se cumplirán a rajatabla? ¿Realizarán inversiones millonarias los grandes centros comerciales para tener los insumos y personal necesario para implementarlas? Hace poco las grandes tiendas del retail que regularmente encontramos al interior de grandes centros comerciales comenzaron a acogerse a la Ley de Protección al Empleo, ¿La plata para llevar a cabo esta inversión aparecerá por arte de magia o nuevamente será un salvataje por parte del Estado a los grandes capitales privados?

Aglomeración

Imágenes que demuestran la gran aglomeración de gente en los alrededor del Mall Plaza del Sol en Quilpué durante el fin de semana.

Todas estas preguntas nos hacen presumir que una re apertura segura de los centros comerciales es casi imposible en el actual contexto, y de hacerse ésta efectiva será un enorme foco de contagio para la población. Ya el Consejo Asesor de Covid-19 y la ODECU se refirieron al tema advirtiendo acerca de los riesgos que puede traer aparejados.

Y así sumamos y seguimos.

Recientemente comenzó a entrar en funcionamiento el tan bullado «Carnet Covid-19», documento al cual podrán optar todas las personas recuperadas de la enfermedad que comprueben mediante exámenes estar libres del virus. Se supone que el gobierno decidió su implementación para integrar a la «vida normal» a estas personas bajo la suposición de que pasarán a ser inmunes a la enfermedad, a pesar de que no existen los suficientes estudios que den a entender esta supuesta inmunidad en toda aquella persona que se ha recuperado.

Por lo mismo, las críticas a esta medida no se han hecho esperar, y si en el plano local el  Colegio Médico ha dado a entender que si bien la inmunidad puede ser cierta, los exámenes encargados de decretar qué pacientes ya están recuperados poseen un margen de error lo suficientemente grande como para despertar preocupación, pudiendo entregar «falsos negativos».

En el plano internacional la OMS también se refirió al tema, advirtiendo que la existencia de «falsos negativos» puede generar personas aún infectadas con carnet de inmunidad.

El gobierno de todas maneras comenzará a implementarlo, bajo la mentada seguridad que hemos expuesto en esta columna.

¿Es comprobable mediante cifras que exista un margen de control de la pandemia lo suficientemente fiable como para confiarse de tal manera? La verdad es que no.

Para confiarse de tal manera se necesita manejar en detalle el número de contagiados, sin perder de vista la famosa «curva de contagios». Según Miguel Kiwi y Rafael González, importantes exponentes del mundo científico, Chile ni siquiera posee en estos momentos certeza respecto a su curva de crecimientos, la cual pudo haberse perdido a fines de marzo o principios de abril.

En palabras de los investigadores, como en el país no existe la suficiente capacidad para realizar test PCR a todos los posibles contagiados, un importante número de éstos no se expresa en las cifras oficiales, pudiendo generar un colapso en los servicios de urgencia debido a llegadas masivas de contagiados que no estaban contabilizados en las cifras oficiales.

No es que el gobierno esté mintiendo deliberadamente en este aspecto, ya que esta problemática se presenta en todos los países del mundo al no tener las capacidades para testear a toda la población, pero mientras otros países toman con cautela la situación e implementan medidas acordes, en Chile nuestro gobierno se confía a tal nivel que mantiene la vista en una posible re apertura de centros comerciales, arriesgándose a aumentar de súbito la curva de contagios sin poder comprobarlo siquiera.

Ya lo advirtieron Durán Henao y Gregorio Moreno, matemáticos de la Universidad Católica que estiman un posible colapso de los servicios de salud en el mes de junio si la actual tasa de crecimiento del virus se sostiene. Actualmente estamos cercanos al 8,9%, y para evitar un posible colapso el país debe llegar a tasas cercanas al 7 o 6%.

Curva

Actual curva de contagios en Chile. Extraída de 24horas.cl.

Si a esta ecuación sumamos que el sistema de salud en Chile aún no tiene las suficientes camas de urgencia y respiradores mecánicos para hacer frente a un sorpresivo y violento aumento en el número de contagios la situación da para preocuparse, considerando además que los días más fríos del año aún no comienzan. El gobierno, lamentablemente, no lo entiende así, subestimando de plano los alcances del virus.

El propio Jefe de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, advirtió recientemente que lo peor del Covid-19 aún está por venir.

¿Por qué intenta entonces el gobierno vendernos una imagen de «nueva normalidad» a pesar de que las cifras y las autoridades sanitarias alrededor del mundo llaman a la cautela?

Consideramos que el gobierno se encuentra actualmente en medio de una apuesta, en la cual se ha alineado en el bando de la gran burguesía para sustentar así el «programa del gran capital». 

Este programa considera sustentar a como dé lugar la economía del país y mantener así con vida al régimen a pesar de los embates de una economía global en crisis, que sitúa a Chile como el quinto país más afectado por la crisis durante el año 2020 – según un informe del FMI – con una caída en su PIB del 4,5%.

Para evitar los embates de esta crisis que se cierne sobre Latinoamérica y el mundo, el gobierno ha implementado decisiones a la medida de la gran burguesía local. Entre ellas se encuentran las ya mencionadas y también otras, como la célebre «Ley de Protección al Empleo», que de protectora tiene muy poco.

La idea es clara: no detener el ciclo de producción de capital e intercambio de mercancías mediante la precarización al mundo del trabajo, teniendo que exponerse algunos a trabajar en medio de una pandemia mientras otros ven su contrato suspendido teniendo que acogerse al Seguro de Cesantía. 

Con esta idea en mente, se pretende que la crisis la pague la clase trabajadora, para así mitigar sus efectos y recuperarse rápidamente durante el 2021, según las proyecciones del propio FMI.

Por eso el gobierno pretende implementar esta idea de una «nueva normalidad» mediante las medidas mencionadas, porque con la normalidad viene aparejada también la re inserción de miles de trabajadores en el ciclo económico del capital. Algunos trabajando en condiciones de precarización, otros comprando.

En esta ecuación el gobierno apuesta a ganador suponiendo que el virus no avanzará de forma negativa durante los meses venideros, a pesar de que la evidencia llama a tomar con excesiva cautela dicha situación. Si la economía se mantiene poco valdrá que millones de habitantes se contagien.

No podemos dejar que el gobierno ni la gran burguesía jueguen de esta manera con la vida de nuestro pueblo. Por más que intenten mostrar su cara amable mediante la compra de gran cantidad de insumos como mascarillas o ventiladores mecánicos en decisiones de este tipo es donde muestran su verdadera cara.

Por lo mismo, hoy más que nunca debemos unirnos como clase trabajadora y prepararnos en miras al porvenir. Si el gobierno y los empleadores nos obligan a trabajar sin la debida seguridad para afrontar la pandemia estamos en todo el derecho a la legítima rebelión, y tanto los grandes gremios como los sindicatos deberían unirse en torno a la demanda de una gran Huelga General por la vida.

Nadie tiene que asistir a sus lugares de trabajo si las condiciones no son las propicias.

Hoy más que nunca deben fortalecerse los núcleos ya existentes de organización popular expresados en asambleas y comités de emergencia, la crisis seguramente avanzará y el Estado no tendrá la capacidad de responder a nuestras demandas más sentidas, por lo cual se hará absolutamente necesario tomar el devenir de nuestra clase en nuestras propias manos.

Ya existen iniciativas de este tipo en diversos territorios, deben multiplicarse y cualificarse para así preparar las condiciones para afrontar de la mejor manera posible una eventual crisis, y si el gobierno pretende vendernos una falsa normalidad le responderemos con la normalidad popular.

En suma, el llamado es a no creer en la confianza del gobierno, en ella se expresa la intención de vendernos una normalidad tal que les permita maniobrar a su antojo la crisis y hacernos pagar a nosotros como clase las más crudas consecuencias de la misma.

Medidas como las mencionadas en este artículo no harán otra cosa que llevarnos al despeñadero mediante la agudización de la pandemia, es nuestro rol histórico como clase hacerles frente y develar sus verdaderas intenciones, que no son otras que el beneficio del gran capital en base al sacrificio de la mayoría popular. 

 

 

 

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Opinion

Opinión | La alimentación como una pandemia invisibilizada y su disputa

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Por Diego Gutierrez

No, esto responde a que, en una sociedad fundada sobre la miseria, los productos más miserables tienen la prerrogativa fatal de servir para el uso de la inmensa mayoría. (Karl Marx. La miseria de la filosofía)

La actual pandemia que se instala ha puesto de manifiesto las brutales desigualdades a nivel global, como también ha venido a profundizar la crisis política y económica que se venía desarrollando con anterioridad, pero lo que queremos expresar en esta opinión consiste en evidenciar otras pandemias que se encuentran invisibilizadas y legitimadas por grandes corporaciones. Nos referimos a las problemáticas que se alojan en los actuales patrones de alimentación.

  1. El trastocamiento histórico neoliberal en la alimentación

Se suele profundizar la instalación del neoliberalismo a nivel global en términos de privatizaciones, anulación de derechos sociales, precarización laboral, la instauración del Estado subsidiario, etc. Pero también debemos entender la arremetida histórica del capital en otras dimensiones, dando cuenta de su complejidad en la mercantilización de las esferas de la vida y de su reproducción.

La alimentación constituyó una dimensión esencial que se vio brutalmente trastocada en este sentido. Si la ofensiva profundizó las dimensiones de las relaciones de explotación en expresiones de precariedad, la instalación de la “comida rápida” se volvió su complemento. Entre la vorágine de la sobrevivencia las grandes cadenas de comida rápida se posicionaron como una solución al tiempo acotado para almorzar, a un bajo costo. “De todos modos, en última instancia la función de la globalización neoliberal encabezada por Estados Unidos es destruir no solo las cocinas y las culturas, sino también las vidas y los medios de vida”[1].

En este trastocamiento histórico la dictadura cívico militar vino a materializar la ofensiva global del neoliberalismo. No es casual que desde “los años 1980 se experimentaron los primeros cambios en los patrones de consumo de la población chilena, lo que redundó en el aumento de la obesidad. Esto se debió al aumento de la comida procesada, alta en contenido de azúcar y grasas. De acuerdo con diversos estudios la ingesta de calorías pasó de 2.630 calorías en 1965 a 2.872 a comienzos de los años 2000”[2].

En esta destrucción de la vida y de los medios de vida, el trastocamiento de la alimentación es clave. Las privatizaciones de las semillas es justamente la profundización de la mercantilización de la vida en la tendencia de la desposesión que instaura la violencia del capital.

La destrucción de la vida en manos del capitalismo

El dogma que dominó la década de los 90, en torno a que las fuerzas del mercado autorregulado deben organizar la realidad política nacional y global hoy devela sus profundas fisuras a la luz de la crisis integral del capital a nivel mundial. Nos interesa posicionar las consecuencias en la esfera de la alimentación bajo los mandatos del libre mercado.

Marx nos proporciona una crítica profunda al modo de producción capitalista en cuanto se aleja de una dimensión moral. La dislocación social y política que constituye la irrupción del capitalismo implicó la centralidad en el principio de ganancia, generando todo tipo de deformaciones en el proceso productivo con tal de conseguir dicho objetivo. No estamos frente a un problema moral, estamos frente al comportamiento y desenvolvimiento de la naturaleza del capital. “En los talleres de mezcla, scribling [carmenado] y cardado, el polvo y la suciedad que se desprenden irritan todos los orificios de la cabeza, producen tos y dificultan la respiración. Como las fibras son muy cortas, se les agrega una gran cantidad de apresto, y precisamente todo tipo de sustituto en lugar de la harina, usada antes. De ahí las náuseas y la dispepsia de los tejedores. Debido al polvo, la bronquitis está generalizada, así como la inflamación de la garganta y también una enfermedad de la piel ocasionada por la irritación de ésta, a causa a su vez de la suciedad que el surat contiene.”[3]

Las formas de abaratar los costos en la dimensión productiva han llevado desde la alteración genética para acelerar procesos hasta el uso de hormonas. ¿Constituyen estas prácticas un problema moral, constituyen estas características una excepción? Evidentemente no, estamos frente a una constante histórica que es parte del modo de producción capitalista.

La adulteración y alteración de los procesos productivos en el área de la alimentación trae consecuencias en la salud de la clase trabajadora y el mundo popular que debe resignarse a la alimentación de bajo costo para reproducir su fuerza de trabajo. Los padecimientos se ven en una doble exposición, en primera instancia en la manipulación de sustancias tóxicas (pesticidas, exposición a gases, etc.) y luego en la esfera del consumo. La muerte se fabrica en la sociedad capitalista y la alimentación constituye una de sus expresiones.

 Monopolización en la industria alimentaria

El idealismo del libre mercado es defendido con una hipocresía histórica que se distancia de sus nefastas consecuencias. Lejos de un mundo armónico e idílico de libre competencia y de libertad individual, la industria alimenticia ha sido devorada por brutales monopolios. Dicha consumación histórica la podemos ver expresada específicamente en la privatización de semillas: “Tres empresas controlan más de la mitad (53 por ciento) del mercado mundial de semillas. Monsanto (26 por ciento), DuPont Pioneer (18,2) y Syngenta (9,2). Entre el cuarto y décimo lugar aparecen la compañía Vilmorin (del francés Grupo Limagrain), WinField, la alemana KWS, Bayer Cropscience, Dow AgroSciences y las japonesas Sakata y Takii. Entre las diez empresas dominan el 75 por ciento del mercado mundial de semillas”[4] ¡Sorprendente libre competencia!

¿Estamos frente a una nueva excepcionalidad? La concentración de la riqueza y el surgimiento de colosales monopolios deben ser leídos como consecuencia del desenvolvimiento del capital y la consumación histórica del capitalismo.

Ley de etiquetado y la continuidad del eufemismo de la libre elección

Tras la década de los ochenta los patrones de alimentación sufren evidentes transformaciones lo que ha tenido como resultado que el 74,2% de la población tiene exceso de peso y lo que es peor, el problema afecta a más de un 30% de los niños menores de 7 años. Las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que hoy Chile es el tercer país del continente con más personas con sobrepeso. Lo superan solo México y Estados Unidos[5]

En este sentido la ley de etiquetado de alimentos tuvo como propósito poder evidenciar los componentes de los productos bajo el sello “Alto en grasas saturadas, alto en azúcares, alto en calorías” respondiendo tímidamente a la alarmante realidad que evidencian las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud. Sentenciamos que esta medida constituye el respeto absoluto a las lógicas del libre mercado, dejando la alimentación a un asunto de elección del consumidor.

Así como en todos los ámbitos de nuestra vida en el marco del neoliberalismo, lo que termina imperando es una lógica de “libre elección individual”. Lejos se está de las medidas que posicionen restricciones y prohibiciones de ciertos productos, como por ejemplo la medida tomada el mes de agosto en el estado mexicano meridional de Oaxaca que prohibió la venta de comida basura y de bebidas azucaradas a niños menores de 18 años[6].

Si la “ley de etiquetado de alimentos” consuma el libre mercado, podemos evidenciar otro ejemplo en donde la respuesta del gobierno consiste en movilizar la precariedad, nos referimos a las “canastas de alimentación”.

En la continuidad de asumir la precariedad como política pública, frente al contexto de crisis económica que profundiza la pandemia y ante el estado de confinamiento, la propuesta del gobierno fue montar un espectáculo en torno a la entrega de canastas de “alimentación”. Lo que evidencia el contenido de las canastas es justamente la promoción de enfermedades mediante productos refinados y vacíos en su aporte nutricional. Además, podemos consignar que dichas propuestas han constituido oportunidades para continuar beneficiando a las grandes cadenas de proveedores y supermercados.

  1. Experiencias históricas en torno a la alimentación y su actualidad como propuestas

La dimensión de la alimentación en su núcleo constituye nuevos lazos para afrontar la crisis integral del capital, su reapropiación desde el protagonismo popular significa un impulso político que abre la disputa en cuanto autonomía para resolver la vida. No es casualidad que desde los cerros se levanten Panaderías populares, Ollas comunes y experiencias de abastecimiento bajo la consigna “El pueblo cuida al pueblo”. Dichas experiencias son señales que la alimentación es protagónica al momento de subvertir el orden social existente.

Desde una lectura histórica las Ollas Comunes se han constituido en una respuesta genuina del pueblo frente a procesos de crisis económicas cuyas consecuencias se afrontan desde la solidaridad de clase.  Desde ese lugar se reestablecen lazos comunitarios y de resistencia que permiten no tan sólo responder a una necesidad concreta, sino también impulsar la agitación política. Dichas manifestaciones las podemos ver graficadas en los “mítines del hambre” organizado por la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional (Argentina) o su pliego de peticiones que podía resumirse en siete grandes puntos: supresión del impuesto al ganado argentino; limitación a la exportación de los cereales; liberación de aranceles a los alimentos importados; abaratamiento de los medios de transporte; colonización de tierras baldías y fomento de la agricultura; abolición de las concesiones pesqueras; y fijación del tipo de cambio a 18 peniques de libra esterlina[7].

Por otro lado, podemos referenciar el levantamiento del Primer Congreso Popular realizado en Valparaíso 1931, movilizado e intencionado por la sociedad médica con el fin de avanzar en la política pública en materia de alimentación. Nos interesa rescatar alguna de sus conclusiones, debido a su evidente actualidad en el debate político en la construcción de organización popular.

  • Recomendar la sindicalización obligatoria de las industrias extractivas, agrícolas y manufactureras.
  • Que se hagan efectivas las franquicias que las leyes vigentes acuerdan a las diversas clases de cooperativas, por ser éstas la mejor organización y defensa contra el encarecimiento de la vida.
  • La formación del mayor número posible de Restaurantes económicos cooperativos.
  • Estimular la enseñanza escolar, la difusión del sistema cooperativo, como el mejor medio de satisfacer las necesidades sociales[8].

En estas experiencias que se han desarrollado históricamente, podemos precisar la irrupción de las JAP (Juntas de Abastecimiento y control de precios) durante la Unidad Popular, que pueden ser leídas como una experiencia en donde el mundo popular organizado responde a los problemas políticos alojados en la dimensión de la alimentación. Una política impulsada desde el Gobierno, pero resignificada desde abajo en clave de control popular desde el protagonismo de mujeres pobladoras.

El elemento central en la evaluación de las JAP es que no logran constituirse en organismos de lucha eficaz frente a la amplitud de la especulación y del acaparamiento cuando su acción es débil en una amplia gama de productos esenciales para las capas populares. Sin embargo, ellas siembran los gérmenes de una interesante movilización de los barrios populares en torno al problema del abastecimiento, tema que no tardará en resurgir con fuerza a mediados de 1972[9]

Este breve recuento de experiencias históricas en torno a la alimentación desde el protagonismo popular nos hace evidenciar que, frente a los períodos de crisis económica y política, la clase trabajadora y el mundo popular asume el protagonismo en transformar la realidad existente asumiendo prácticas que posicionan la solidaridad y el control de las dimensiones más vitales de la vida en conjunto con el despliegue de la protesta, en definitiva, asume la construcción de poder.

El período actual también se ve caracterizado por una profunda crisis política evidenciada en la desorientación y ausencia de proyecto de las clases dominantes, como también una sostenida crisis económica que se ve agudizada por la arremetida de la pandemia. Desde ese contexto el protagonismo popular asumido en la rebelión de octubre se ha ido materializando en diversas experiencias que tienen como centralidad la alimentación: ollas comunes, redes de abastecimiento, huertos comunitarios.

Si la alimentación implica asumir la construcción de poder desde los territorios en cuanto control, organización y respuesta, es necesario abrir este debate asumiendo las diversas aristas a considerar desde la relación existente con la problemática del agua en cuanto a su saqueo hasta la especulación, la alteración de los procesos productivos a través de la utilización de agrotóxicos y el desarrollo de la movilización y la protesta frente al encarecimiento de la vida.

Respecto a las experiencias que hoy se despliegan creemos que tanto las ollas comunes, redes de abastecimiento, huertos comunitarios son portadoras de la revitalización del ejercicio político comunitario y de plantear alternativas al agónico capitalismo.

Frente al período revolucionario que enfrentamos, la centralidad radica en la construcción de poder mediante experiencias que nos lleven a la defensa de los territorios, pero también a su organización desde principios comunistas. Si la irrupción del capitalismo en términos históricos significó la escisión de las dimensiones económicas, políticas y sociales, dejando a la primera prevalecer en sus intereses particulares y mezquinos quedando como centralidad el principio de ganancia, en las experiencias colectivas que surgen vemos que esta fractura de la sociedad se contrapone concibiendo que toda la dimensión de la vida es un problema político y en cuanto reapropiación colectiva violenta constituye ejercicio revolucionario. Nuestros sueños y anhelos de vivir en una sociedad digna no se entienden bajo las fuerzas irracionales y desenfrenadas de los intereses capitalistas que han llevado al mundo a un proceso de colapso.


[1]Fernández. Belén. Obesidad neoliberal y coronavirus en México. 2020.

[2] Yáñez Andrade, Juan Carlos. Gobernar es alimentar. Discursos, legislación y políticas de Alimentación Popular. Chile, 1900 – 1950. América en Movimiento. Valparaíso, 2018.

[3] Marx. Karl. El Capital. El proceso de producción del capital. Tomo I Vol II. Editorial siglo XXI. Buenos Aires. 2012.

[4] olca.cl/articulo/nota.php?id=105516

[5] https://www.ciperchile.cl/2018/06/28/ley-de-etiquetado-lobby-de-industria-alimentaria-se-confronta-con-estudio-que-revela-alta-confianza-en-sellos/

[6] https://rebelion.org/obesidad-neoliberal-y-coronavirus-en-mexico/

[7] Grez Soto, Sergio. Historia del comunismo en Chile. LOM. 2011. Santiago.

[8] Yáñez Andrade, Juan Carlos. Gobernar es alimentar. Discursos, legislación y políticas de Alimentación Popular. Chile, 1900 – 1950. América en Movimiento. 2018. Valparaíso.

[9] Gaudichaud, Franck. Chile 1970 – 1973. Mil días que estremecieron al mundo. LOM. 2016. Santiago.

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Opinion

Las fuerzas del régimen a las puertas del 18 de octubre: con más dudas que certezas

El régimen enfrenta los días cruciales del 18 y el 25 de octubre con la legitimidad por el suelo en la mayoría de sus instituciones, carente de brújula política e impotente ante la reactivación de la protesta popular. ¿Cuáles son sus dudas y certezas frente al período que se avecina?

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Se viven días vertiginosos en el país. Nos encontramos a las puertas del primer aniversario del inicio de la Rebelión Popular, y a menos de dos semanas de la realización del Plebiscito para una nueva constitución. En este marco de acciones, el curso de los hechos ha ido decantando y tensionando las posturas y apuestas políticas de los distintos sectores políticos, refrendándose muchas de estas en las calles y la protesta popular.

En medio de esta reactivación de la protesta callejera, y por consiguiente de la masividad de distintas manifestaciones, las fuerzas del régimen observan impotentes el peor escenario al cual esperaban enfrentarse: el reposicionamiento de la “violencia” como herramienta válida en el desarrollo de las reivindaciones políticas y sociales. Ni la pandemia, ni el aparataje mediático de los medios del régimen para desprestigiar la protesta popular ni los llamados eunucos a “guardarse” en miras al plebiscito han detenido el creciente empuje de las masas, que comienzan a desbordar con furia el espacio público de cara a días cruciales para el devenir del país.

¿En qué estado enfrentan las fuerzas del régimen este escenario? ¿Qué sostiene aún al gobierno de Piñera si perdió la brújula hace mucho tiempo? Preguntas todas que trataremos de responder en esta breve nota, a modo de “constatación de hechos” que permitan explicar las principales dudas formuladas.

Debemos señalar, en primera instancia, que comprendemos como “fuerzas del régimen” a todos aquellos sectores sociales, instituciones, organizaciones, sectores empresariales y partidos políticos que se constituyen como un conjunto unificado, atravesado por diferencias importantes pero alineados respecto al objetivo común que persiguen, que no es otro que la preservación del estado actual de cosas, la prevalencia de la burguesía como clase dominante.

Por lo mismo, nuestras diferenciaciones conceptuales respecto a las categorías de “oposición” y sectores oficialistas no serán más que representaciones formales, ya que de fondo los consideraremos como partes integrantes de un mismo régimen.

Hecha esta aclaración, se vuelve necesario caracterizar mediante hechos y cifras la actual composición del régimen comandado por Piñera, para así fundamentar nuestras aseveraciones.

Posicionándonos temporalmente en las últimas dos semanas, para el gobierno de Piñera estos días no han hecho más que refrendar el total rechazo que existe hacia su gestión. La llama de descontento que se encendió por todo lo alto con el inicio de la rebelión en el país no hizo más que alimentarse con el pésimo manejo de la pandemia, y lo que fueron protestas localizadas en los meses de mayo y julio por reivindaciones concretas – como las protestas del hambre o las protestas por el retiro del 10% – terminaron masificándose con nuevos bríos una vez las medidas sanitarias comenzaron a flexibilizarse. El pueblo volvió a tomarse las calles.

Con Plaza de la Dignidad como mayor baluarte, pero esparcidas en un sinfín de territorios a lo largo de Chile, las protestas y manifestaciones populares han ido acrecentándose durante el último mes, alcanzando niveles de movilización similares a los existentes en los días previos al inicio de la pandemia. Estas movilizaciones han levantado consignas centrales que vienen repitiéndose desde hace meses. A la ya sabida exigencia para que Piñera sea derrocado y abandone el gobierno, se han sumado también consignas por el Apruebo y el fin de Carabineros como la institución que actualmente conocemos, a tenor de los gravísimos hechos de uso desmedido de la violencia que han protagonizado durante los últimos días – y que ha encontrado su punto más álgido con el criminal accionar en contra de Anthony Araya el pasado 2 de octubre –. Consignas todas que superan aspectos meramente reivindicativos, ya que apuntan en algunos de los casos hacia elementos centrales de la estructura actual del régimen político chileno, por lo que no son absorbibles dentro del actual estado de cosas.

El gobierno y las fuerzas que lo respaldan saben muy bien esto, y saben muy bien que la apuesta por el plebiscito como herramienta de descomprensión de la rabia popular es una de sus últimas bazas de cara al porvenir, a la espera de calmar las aguas frente a una más que segura reactivación de la Rebelión Popular.

Los hechos antes mencionados son refrendados también en las encuestas, las que muchas veces suelen ser modificadas a favor de quienes se ven en entredicho, pero que no poseen la capacidad de desmentir lo que salta evidentemente a la vista. Según los resultados de la última encuesta Cadem[1] la aprobación a la gestión de Piñera continúa en picada, y sólo un 18% de los encuestados respalda la gestión piñerista. En dicha encuesta también se expresa la aprobación hacia las labores de Carabineros de Chile, con un escuálido 36% de aprobación a nivel nacional, el más bajo desde los días posteriores al 18 de octubre pasado.

En otra encuesta, específicamente en la encuesta Criteria publicada hace algunos días[2], se dejó entrever que 7 de cada 10 chilenos, un 71% expresado en términos porcentuales, cree que las protestas se reactivarán con la misma o más fuerza que los primeros días de Rebelión Popular, mientras que prácticamente la mitad de los encuestados ve “con entusiasmo” esta reactivación de las movilizaciones.  En consideración de las últimas movilizaciones y la creciente masividad que han ido adoptando las concentraciones en Plaza de la Dignidad y otros territorios, los resultados de esta encuesta parecen confirmarse con creces.

Si el régimen se ve cuestionado desde su gobierno hasta sus instituciones, si tanto en las calles como en las encuestas existe un tremendo rechazo al actual estado de cosas, si todo parece indicar que el Apruebo será la opción ganadora en el plebiscito por condensar grandes ilusiones de cambio para el pueblo, ¿Qué lo sostiene entonces? ¿Por qué el gobierno de Piñera permanece aún de pie a pesar de los diversos embates?

Creemos que muchos elementos pueden reseñarse para explicar su resistencia a pesar de la crisis integral, pero nos enfocaremos en dos: el apoyo de los partidos políticos “tradicionales” y el poder coercitivo del Estado, reflejado sobre todo en la figura de una institución como Carabineros.

En nuestra primera afirmación sólo cabe hacer un poco de memoria para recordar cómo los partidos del régimen, independiente de su posicionamiento como “oposición” u “oficialismo”, han sido el mayor garante institucional del gobierno de Piñera desde el inicio de la Rebelión.

Desde el “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución”, firmado por la mayoría de partidos de oposición el 15 de noviembre para descomprimir la lucha de clases en el país y así llevar la protesta callejera sobre los canales institucionales, pasando por la tristemente célebre “Ley Anti Barricadas” aceptada incluso por integrantes del Frente Amplio y de Oposición en las distintas cámaras, con el claro fin de perseguir y encarcelar la protesta callejera; hasta el reciente fracaso de la Oposición por no lograr acusar constitucionalmente a Mañalich por desavenencias dentro de sus propios partidos, logra evidenciarse que existe un acuerdo tácito entre la mayoría de partidos del Régimen por permitir a Piñera terminar con su mandato.

Las recientes palabras de Heraldo Muñoz, presidente del PPD, y Gabriel Boric, diputado de Convergencia Social, no hacen más que reafirmar esta tesis, al llamar a cacerolear en lo que será la conmemoración del 18 de octubre. Nefasto, por donde se le mire, ya que intentan aislar y desmontar las apuestas de aquellos sectores que buscan reposicionar la protesta popular con un enfoque integral, posicionándolos en la vereda de los “irresponsables” en medio de una brutal pandemia.

 Su preocupación por los posibles casos de contagios – que de todas maneras no han aumentado tras la reactivación de las protestas en Chile – no se condice con su mutismo frente al habitual hacinamiento en el que viajan millones de chilenos y chilenas todos los días en el transporte público, absolutamente expuestos a un posible contagio.

Desviar la atención hacia el Plebiscito y una salida “institucional” a la enorme fisura que existe actualmente en el régimen es la mejor apuesta de los partidos de oposición, quienes intentan desmarcarse de la violencia y la protesta popular, catalogándola incluso de elementos nocivos para la salud de la democracia. Mientras, las fuerzas de la ultraderecha se reactivan y organizan con total impunidad, tanto en la capital como entre los sectores más reaccionarios de la Araucanía.

Hablando de fuerzas reaccionarias, en nuestra segunda tesis sostenemos que uno de los principales bastiones que mantiene a flote al régimen de Piñera es el poder coercitivo del Estado, del cual ellos poseen total dominio. La hegemonía de la violencia y todo su aparataje está en manos exclusivas de las FF.AA., quienes, tensionadas por el período de lucha abierto en la Rebelión Popular no han hecho más que tomar postura en defensa del régimen, como históricamente ha pasado en el país. La ilusoria consigna de la “imparcialidad” de las Fuerzas Armadas se presenta como un tigre de papel, absolutamente frágil, probada por hechos tan concretos como la intervención de militares y policías en retiro dentro de la franja del Rechazo.

Si bien las distintas Fuerzas Armadas han re oxigenado la capacidad de gobernabilidad del régimen con su presencia en las calles gracias al Estado de Excepción, hay una en particular que ha develado toda la desintegración a la cual se ve enfrentada desde el 18 de octubre pasado: esa es Carabineros de Chile. Asesinatos, mutilaciones, torturas, encubrimientos, mentiras, desfalcos y montajes han sido parte del repertorio que ha dejado ver esta institución en el transcurso de los últimos meses, y que hoy los tiene como una de las instituciones peor evaluadas por las chilenas y chilenos.

La descomposición a la cual se ve enfrentada Carabineros se explica por razones históricas, pero actualmente se ha visto agudizada en todas las divisiones de la institución, que ha perdido capacidad de mando y control debido a la salida de más de 30 generales y planas mayores a causa de los conocidos casos de corrupción del “Pacogate”, y que explotaron hace ya dos años. En esta situación enfrentaron el estallido de la Rebelión Popular, y frente a los cuestionamientos generalizados de la sociedad por su actuar represivo optaron por cohesionarse como un conjunto unitario, casi como una cerrada banda criminal, amparados por el general director Mario Rozas y la venia silente del gobierno de Piñera.

Desde el momento en que Mario Rozas afirmó que “a nadie daría de baja por procedimiento policial… aunque lo obliguen”[3], Carabineros comenzó a actuar de forma desatada con la seguridad de quien está impune por sus actos. Todo terminó por decantar en una excesiva violencia que no ha tenido parangón, y que a pesar de la pandemia ha vuelto a reactivarse a la par de las protestas masivas. En estos momentos podemos afirmar, sin vacilaciones, que Carabineros actúa como la banda criminal más grande de Chile, desapegados de cualquier respeto a los procedimientos y las leyes, en total descomposición de sus estructuras, lo que ha sido identificado por el grueso de la población que comienza a levantar las consignas en torno a su disolución.

La condena hacia el actuar represivo de Carabineros ha sido constante en distintas ONG internaciones, entre las que se puede contar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos[4], Amnistía Internacional[5] y Humans Right Watch[6], por lo que el gobierno se ha visto en la obligación de tomar cartas en el asunto y prometer una profunda reforma a la institución, sin especificar en detalle respecto a qué y cómo será implementada dicha reforma, la que evidentemente no modificará un ápice su actuar, ya que es este mismo el que ha permitido que su mandato continúe a flote.

El régimen, por lo tanto, enfrenta el primer aniversario del 18 de octubre en un profundo estado de descomposición que linda elementos integrales, ya que ninguna de sus fuerzas logra salir del pantano. El gobierno totalmente desprestigiado y sin brújula política ni capacidad de gobernabilidad, las Fuerzas Armadas sosteniéndolo mediante la violencia pero sumamente cuestionadas por su actuar en medio de la Rebelión, los partidos políticos tradicionales cuestionados, desprestigiados y faltos de apoyo – a los que se suma el Frente Amplio, que ha dejado caer su verdadera careta por el peso de los hechos – y los sectores empresariales apostando por el Plebiscito como principal bastión para dar cierre a la Rebelión abierta en octubre pasado.

El oportunismo de estos sectores empresariales no posee límites, ya que, cual camaleones, apuestan por la opción que mejor represente la posibilidad de mantener intactos sus intereses, sin soslayar en tal o cual posición política mientras esta permita mantener oxigenado al régimen. Las declaraciones de Andrónico Luksic jugando sus cartas por una participación masiva de la gente en el Plebiscito o la editorial lanzada por La Tercera, diario que es propiedad de Álvaro Saieh, llamando a votar Apruebo, no son más que expresiones concretas de la desesperación a la cual se han visto enfrentados debido a la rebelión en ciernes. Para su desgracia, y la de todas las fuerzas de este régimen que se desmorona, no tienen otra manera de reposicionarse políticamente en el actual estado de la lucha de clases, debido a la profunda desconfianza de las masas hacia su gestión y un contexto internacional de absoluta incertidumbre económica y política.

Mientras, el pueblo ha vuelto a salir a las calles con la misma fuerza que en los tiempos más álgidos de la Rebelión, manteniendo un sentido de totalidad apuntalado por la crisis económica que devela todas las falencias del sistema.

El Plebiscito encapsula muchas de estas demandas parciales dotándolas de un falso sentido de totalidad, ya que la respuesta a dichas demandas no se encuentra dentro de los márgenes del régimen, y por lo tanto no se encontrará simplemente con el cambio de constitución. Pero aun así el pueblo, con desconfianzas de por medio, cree en esta posibilidad, lo que se ha revalidado con las masivas movilizaciones a favor del Apruebo y la Convención Constitucional, por lo cual las fuerzas del régimen intentarán jugar sus cartas en la cancha “constitucional” para así cooptar dichas demandas dentro de un plano definido, a sabiendas de la legitimidad perdida hace ya mucho tiempo.

Nuestro deber es develar dichas intentonas, trabajar concienzudamente junto al pueblo por lograr la victoria del Apruebo este 25 de octubre y perspectivar la lucha que se avecina en los meses venideros, develando las limitantes del proceso constituyente y su incapacidad de resolver por sí mismo las demandas enarboladas por las masas en pie de lucha. Debemos construirnos, como fuerzas vivas de la Rebelión, en un referente para los más amplios sectores de masas, ocupar el espacio que ya no logran llenar ninguna de las fuerzas de la política tradicional, quienes han develado su carácter servil al régimen, por más que se vistan de “oposición” mediante declaraciones y acusaciones constitucionales totalmente truncas.

Este espacio desborda todos los planos de la institucionalidad, nuestro objetivo no persigue como fin último el posicionar tal o cual candidato para la constituyente, el buen estado de salud de la Rebelión no depende solamente de aquel proceso, ya que puede complementarse y agudizarse gracias a este y no terminar con éste.

 Por lo tanto, el llamado es a aprovechar las dudas del régimen, develar su falta de capacidad y brújula política, y la peligrosa necesidad que tienen de preservarse mediante el desproporcionado uso de la violencia. Como Diario Venceremos iremos a votar Apruebo, nos la jugaremos por acompañar al pueblo en este histórico proceso y no soltaremos un ápice de las calles, ya que en el desenvolvimiento de las fuerzas vivas de la Rebelión se ciernen las capacidades concretas para ir asestando golpes precisos con el fin último de derribar este régimen, que demostró hace mucho tiempo que ya no da para más.


[1] Gallegos, Patricio. (12 de octubre de 2020). “Encuesta Cadem: Aprobación del Presidente Piñera baja a un 18% en tanto Carabineros alcanzó un 36%”. Diario La Tribuna. https://www.latribuna.cl/noticias/2020/10/12/encuesta-cadem-aprobacion-del-presidente-pinera-baja-a-un-18-en-tanto-carabineros-alcanzo-un-36.html

[2] Primera Nota. (13 de octubre de 2020). “Criteria: 7 de cada 10 personas creen que las protestas seguirán con la misma o más fuerza”. Primera Nota. http://www.primeranota.cl/web/pais/criteria-7-de-cada-10-personas-creen-que-las-protestas-seguiran-con-la-misma-o-mas-fuerza/

[3] Herrera, César. (13 de noviembre de 2019). “Aunque me obliguen”: General Rozas afirma que no dará de baja a ningún carabinero. Diario Concepción. https://www.diarioconcepcion.cl/pais/2019/11/13/aunque-me-obliguen-general-rozas-afirma-que-no-dara-de-baja-a-ningun-carabinero.html#:~:text=El%20general%20director%20de%20Carabineros,respaldo%2C%20de%20este%20general%20director.

[4] Nash, Claudio. 12 de diciembre de 2019).  “Informe CIDH condena las violaciones graves, masivas y repetitivas de derechos humanos en Chile”. CIPER Chile. https://www.ciperchile.cl/2019/12/10/informe-cidh-condena-las-violaciones-graves-masivas-y-repetitivas-de-derechos-humanos-en-chile/

[5] El Mostrador. (14 de octubre de 2020). “Rozas y la plana mayor de Carabineros en la mira: Amnistía Internacional pide investigar a altos mandos policiales por violaciones a DD.HH.”. El Mostrador. https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2020/10/14/rozas-y-la-plana-mayor-de-carabineros-en-la-mira-amnistia-internacional-pide-investigar-a-altos-mandos-policiales-por-violaciones-a-dd-hh/

[6] El Mostrador. (6 de octubre de 2020). Director para las Américas de Human Rights Watch: “Hay un doble estándar en la conducta de Carabineros”. El Mostrador. https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2020/10/06/director-para-las-americas-de-human-rights-watch-hay-un-doble-estandar-en-la-conducta-de-carabineros/

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Opinion

Opinión | ¿Distanciamiento social como medida de excepción sanitaria o condición histórica del capitalismo?

Se nos presenta el distanciamiento social como una medida para afrontar la crisis sanitaria, se nos dice que debemos estar al menos a un metro y medio de distancia para disminuir las probabilidades de contagio y, por último, el mandato de quedarnos en casa, confinarnos. La supuesta excepcionalidad con la cual se expresa la pandemia, no es más que el rostro más explícito de la constante histórica del capitalismo en su desorden social sustentado en el dislocamiento y fractura de la sociedad.

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Por Diego Gutierrez

Se nos presenta el distanciamiento social como una medida para afrontar la crisis sanitaria, se nos dice que debemos estar al menos a un metro y medio de distancia para disminuir las probabilidades de contagio y, por último, el mandato de quedarnos en casa, confinarnos. La supuesta excepcionalidad con la cual se expresa la pandemia, no es más que el rostro más explícito de la constante histórica del capitalismo en su desorden social sustentado en el dislocamiento y fractura de la sociedad.

Lo que queda de manifiesto en las respuestas emanadas desde el gobierno para enfrentar la pandemia es el aislamiento de los individuos que no es más que la consumación del ideal del libre mercado, es decir, resolvernos en la individualidad de la indiferencia y la competencia.

La obra Robinson Crusoe de Daniel Defoe (1719) fue asumida por Marx para elaborar exquisitas metáforas que dan cuenta del advenimiento de la sociedad burguesa, justamente en la proyección de resolvernos en la ruptura de los lazos sociales y en el desenvolvimiento del espíritu de la libertad individual y la libertad de empresa que domina la naturaleza, la cual ya no se presenta como un obstáculo o barrera histórica.

La instauración del capitalismo como proceso histórico despliega un ejercicio violento de desposesión constante que desarticula el ejercicio político de resolvernos colectivamente, trastoca la experiencia comunitaria y toda práctica histórica alejada de los principios tiránicos de la propiedad privada y la primacía de la ganancia. Tal como devela Karl Polanyi “a pesar del coro de encantamientos académicos tan persistentes en el siglo XIX, la ganancia y el beneficio obtenidos en el intercambio no desempeñaron jamás una parte tan importante en la economía humana. Aunque la institución del mercado era bastante común desde finales de la Edad de piedra, su papel era sólo incidental en la vida económica”[1].

Primero debemos consignar que el mercado no constituyó una expresión angular o fundamental en la organización de la sociedad, sino más bien una expresión marginal, que no resolvía la reproducción de la vida propiamente tal. Por lo tanto, su advenimiento es desde una expresión estructural una distorsión y dislocamiento de las lógicas comunitarias de organización y reproducción de la vida, generando una sociedad atomizada de individuos aislados resolviéndose en la precariedad frente a la omnipotencia del mercado.

Las medidas sanitarias promulgadas se han presentado en la apariencia como excepción, pero constituyen la condición histórica del capitalismo, en cuanto fortalece el aislamiento como principio del libre mercado. No podemos sorprendernos por la agudización de la realidad capitalista que implica el contexto de pandemia, ésta viene a agudizar e intensificar no tan sólo la crisis integral del capital, sino también sus principios y directrices[2].

La realidad dominante en su apariencia se presenta como excepción, recordemos la tan referenciada tesis VIII de Walter Benjamin “la tradición de los oprimidos nos enseña que el ‘estado de excepción’ en el cual vivimos es la regla. Debemos llegar a una concepción de la Historia que corresponda a ese estado”[3]. En esa línea la pandemia no inaugura un estado de excepción sanitario, sino más bien evidencia las irracionalidades del modo de producción capitalista. El distanciamiento social o el confinamiento no es más que la realidad distópica que asumimos cotidianamente. De este modo, pensar radicalmente el desconfinamiento no es augurar por el retorno de la normalidad, ya que esa normalidad tiene una expresión material, que son las relaciones de explotación capitalista. Pensar y proponer desde la noción de desconfinarnos es asumir la vigencia y urgencia del comunismo como el ejercicio de superación que constituye la apropiación radical de resolvernos comunitariamente y no por las dinámicas desenfrenadas del capital a la cual nos sometemos.


[1] Polanyi, Karl. La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo. Fondo de Cultura Económica. México, 2008.

[2] Es relevante posicionar como respuesta la acción subversiva de la solidaridad de clase organizada en ollas comunes y Comités de resistencia, las cuales constituyen experiencias que se anteponen a las lógicas de la dominación centradas en el aislamiento y las pautas de comportamiento que dan forma al libre mercado.

[3] Lowy, Michael. Walter Benjamin: aviso de incendio. Una lectura “Sobre el concepto de historia”. Fondo de cultura económica. Buenos Aires. 2012

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