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Opinion

El gobierno sembró tormentas, y está cosechando tempestades

El actual manejo del gobierno chileno parece «apostar a ganador» en medio de una cuerda sumamente floja, obviando y omitiendo la rabia popular frente a las desiguales condiciones para afrontar la crisis en el país.

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Por: Amaru.  Imagen de portada extraída de la página Prensa Presidencia.


«Sembrar tormentas para cosechar tempestades». Este antiguo refrán, conocido prácticamente en todo el mundo, suele ser utilizado cuando una persona quiere hacer referencias a las posibles consecuencias de un acto ajeno, como si estuviera avisando que todo lo hecho puede devolverse como si de un péndulo se tratase.

Por lo general esta frase es utilizada en situaciones de la vida cotidiana, que no atañen a demasiadas personas, pero su riqueza radica en que la podemos ajustar a un sinfín de actos y situaciones.

Para nosotros, por ejemplo, el gobierno es quién cosechó tormentas, y al parecer éstas están dando sus primeros frutos en forma de tempestades.

¿Por qué lo afirmamos? Acá algunas apreciaciones al respecto. 

La pandemia recién comenzaba a expandirse por el país cuando Sebastián Piñera anunciaba para toda la nación que «Chile estaba mejor preparado que Italia», comparando nuestra situación con el país alpino, que en su momento fue tan azotado por las consecuencias del Covid-19.

Al alero de Sebastián Piñera fueron cuadrándose uno a uno sus ministros, quienes en reiteradas alocuciones aseguraban el total control de la situación, con un peligroso aire de triunfalismo que no se cuadraba necesariamente con la realidad.

Desde «el virus buena persona» de Mañalich hasta los «cafés con amigos» de la subsecretaria Daza el gobierno intentaba constantemente implantar una imagen granítica, férrea, que inspirara la seguridad necesaria para que todos y todas nos creyéramos que efectivamente existía un control de la situación y así volver seguros a nuestros lugares de trabajo.

Paula Daza

La Ministra Paula Daza en un reporte del 20 de abril, momento en que afirmó que en la «nueva normalidad» podríamos salir a «tomarnos un café con amigos». 

Lamentablemente para ellos, en el camino se enfrentaron a dos problemáticas que miradas en retrospectiva parecen aún insalvables. Por una parte, su retórica de seguridad y control jamás se ajustó con hechos concretos y comprobables. Solían incurrir en fallas discursivas e informativas, apelando al «misterio» disfrazado de improvisación y falta de control. Quizás las noticias que más reflejaron esta situación fueron los «más de 1.000 ventiladores» donados por el gobierno chino que mutaron en 500 ventiladores donados por la CPC; o el bullado arriendo de Espacio Riesco para instalar camas de urgencia en circunstancias que dicho espacio podría haberse conseguido sin mediar pago alguno.

En hechos de esta naturaleza el gobierno develó el cariz de clase que lo acompaña, brindando preferencia a los negocios del gran empresariado incluso en medio de una brutal e histórica pandemia.

Para qué negociar una cesión gratuita de parte de aquel recinto si el dueño puede igualmente verse beneficiado y hacer negocios. Iría a contrapelo del modelo que este gobierno administra. La gran burguesía trazó el plan y todas y todos en el bloque de gobernabilidad se cuadraron a su alero.

El carácter de clase que el gobierno develó prontamente en el manejo de esta pandemia se entronca justamente con la segunda problemática que aún no han podido salvar: la Rebelión Popular sigue vigente, y a medida que los días fueron pasando y las soluciones no tocaban la puerta de los más pobres la rabia y la desconfianza hacia el gobierno fueron aumentando.

Poco les ayudó que el peak de esta pandemia estallara en sus caras, ya que no hizo más que develar lo escasamente preparados que estaban para enfrentar tal situación. Los colapsos en algunos servicios de urgencia – siendo el Hospital San José el caso más icónico -, la seguidilla de aumentos exponenciales en el número de infectados y muertos, y las denuncias públicas que de estas situaciones se hicieron obligaron al gobierno a dejar la retórica triunfalista de lado y asumir su cruda realidad: NO ESTABAN PREPARADOS. El domingo 17 de mayo Piñera lo asumió públicamente en Cadena Nacional.

Atrás quedaron los constantes llamados a retomar «una nueva normalidad» con reapertura del comercio y centros educativos incluidos, el avance de la pandemia ha ido dejando consecuencias tan nefastas que se han visto obligados a recular y deshacerse de sus dichos.

De las cuarentenas transitorias en algunos territorios pasamos a cuarentenas totales, y entre todos comenzamos a preguntarnos: ¿Podrían haberse implementado antes estas medidas? Pues claro que sí, el propio Colegio Médico hace más de un mes recomendaba cerrar la Región Metropolitana mediante un cordón sanitario y una cuarentena total, pero el peso del programa impuesto por la gran burguesía pudo más, y esperaron hasta llegar a un punto crítico, con la fútil esperanza de que el virus efectivamente se volviera «buena persona».

En el transcurso de esos días muchas personas murieron y muchas otras se infectaron, y si bien Chile parece no enfrentar un escenario tan crítico como sí lo enfrentaron España o Italia, nadie devolverá esas pérdidas humanas a sus familiares.

Hace unos días publicamos una entrevista realizada a Olfert Landt, dueño de un Laboratorio Alemán que elabora tests PCR, quien caracterizaba a los gobiernos en dos tipos en función de los manejos que han realizado de la pandemia: aquellos que apostaron por la vida, y aquellos que apostaron por los negocios. A estas alturas parece evidente que el gobierno chileno se la jugó por la última opción.

Para cerrar el marco que amenaza con convertirse en una verdadera tempestad en camino, personeros tan importantes como el Ministro de Salud, Jaime Mañalich, ni siquiera fueron capaces de asumir los propios errores, arguyendo que el comportamiento de muchas personas en la Región Metropolitana «no fue el esperado» al violar las cuarentenas locales.

¿Qué más iban a esperar si la imagen triunfalista que reflejaban y los llamados a retomar esta «nueva normalidad» eran verdaderas invitaciones a salir a la calle? Mucha gente lo hizo, y las consecuencias quedaron rápidamente a la vista. 

Algunos y algunas de los que fueron interpelados por el líder del Ministerio de Salud no violaron – en su mayoría – cuarentenas por el mero gusto de hacerlo, por querer estar «fuera de la ley». Lo hicieron porque en Chile millones de personas deben trabajar para poder comer, y un solo día sin trabajar significa no poder llevar el pan a sus hogares.

Dentro de esta pandemia se develaron todas y cada una de las debilidades del modelo neoliberal chileno, y aquel país que parecía ser el modelo a seguir dentro de la región de un momento a otro demostró que más del 50% de sus habitantes tiene dificultades para poder sobrevivir en medio de una crisis de este tipo.

Las políticas sociales hasta el momento son insatisfactorias, ni escuálidas canastas familiares ni bonos que exigen mil y un requisitos para poder ser cobrados de forma íntegra han otorgado soluciones reales a las y los más desposeídos de este país. Quienes terminaron por salir a las calles a exigir medidas concretas para poder afrontar esta situación motivados por la dignidad de quien no quiere pagar los platos rotos de la crisis.

Pasó en El Bosque, en San Ramón, en Villa Francia, San Antonio, Antofagasta y en muchos otros territorios; quienes motivados por la rabia de esta desigualdad endémica volvieron a la protesta y a la calle. El gobierno respondió como mejor lo sabe hacer: con represión y coerción.

Están apostando a ganador en medio de una cuerda sumamente floja. Los índices de infectados y muertes no paran de subir día tras día y aún así muchos personeros de gobierno, como el Intendente Felipe Guevara, tienen el descaro de cuestionar las legítimas protestas de los sectores que salieron a la calle el lunes 18 de mayo.

Gráfico bio bio

Gráfico que refleja el aumento exponencial en el número de infectados durante los últimos días. Extraído de Bíobio.cl

La militarización, los toques de queda y el control en las calles durante las noches parece ser una medida que mira de reojo una posible reactivación de las protestas a lo largo del país, a sabiendas que la rabia popular permanece contenida pero cada vez más presente. Aún así, el pueblo dio muestras de ingenio y audacia para luchar a pesar de la adversidad y el poder coercitivo de las Fuerzas Armadas en los días más álgidos de la Rebelión Popular, y estamos seguros que movidos por el hambre, la injusticia y la desigualdad no bastaría mucho para que escenarios como los de octubre vuelvan a repetirse.

Es por esto que afirmamos las tempestades que pueden avecinarse para el gobierno y el bloque en el poder en su conjunto si mantienen este manejo de la pandemia. Están jugando sus cartas, sin duda alguna, pero olvidan algo: el pueblo también lo está haciendo. Y ni el coronavirus ni la represión pueden ser capaces de detener la rabia de quien poco tiene que perder.

 

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Opinion

Quien se olvida de las y los presos, ¡Se olvida de la lucha!

Algunas propuestas para reforzar la lucha por la liberación de todas y todos nuestros compañeros.

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Por célula 26 de julio, parte de Trabajadoras y Trabajadores al poder.

Desde iniciada la Rebelión se dio pie a una serie de medidas que atentaron contra el pueblo, entre ellas el recrudecimiento de la prisión política. Esta ha dejado desde el 18 de octubre a la fecha, más de 2.000 jóvenes encarceladas/os en prisión preventiva, arresto domiciliario, cautelares nocturnas entre otras. Por tanto, hoy es posible decir que en Chile se sigue encarcelando a las y los que luchan.

Al calor de ello, son distintas las coordinadoras, agrupaciones de familiares y amigos/as, y otras instancias auto-organizadas de la clase trabajadora y el pueblo que surgen para atender la situación de las y los PP y sus necesidades más básicas (visitas, encomiendas, etc.) logrando mediante estas acciones de solidaridad constituirse en espacios de contención, articulación y lucha.

Sin embargo, es a partir de fines de octubre del año 2020 que se han logrado conjugar diversos factores; como por ejemplo la victoria abrumadora del Apruebo, las primeras condenas, absoluciones de casos emblemáticos, etc. que han transformado la demanda por la libertad de las y los PP, en un elemento transversal y fundamental de la rebelión en curso. Es en este marco que diversos colectivos, sindicatos, asambleas y ollas comunes toman “la exigencia de libertad de las y los PP” como bandera de lucha, mientras que algunos partidos del régimen, de manera oportunista, han comenzado a hablar de la prisión política y se ponen en disposición de transformar el trabajo (que ya venían desarrollando diversas familias) en un proyecto de ley que permita otorgar una salida política al tema de la prisión por luchar.

Un hecho simbólico del fenómeno descrito anteriormente, fue el punto de prensa donde participaron el Senador Navarro, la diputada Camila Vallejos, entre otros; en conjunto con familiares de presos/as políticos/as (Agrupación de Familiares y amigos/as de PP de La Granja y OFAPP) en donde se presenta un borrador del proyecto de ley bajo la figura jurídica de la Amnistía, sumado a eso, se comienzan a llevar adelante reuniones (mesa técnica) en conjunto con familiares y amigos/as de PP para ir recogiendo las opiniones y así hacer ajustes al proyecto.

Conscientes del escenario en ciernes en las convocatorias a Plaza Dignidad se vuelve un elemento central la prisión política, mientras que paralelamente asistíamos a la reactivación de las movilizaciones en los centros de las grandes capitales, cuya consigna central será ¡Exigir la libertad de las y los PP y Fuera Piñera!, empujado por las rebeliones populares en Perú y Guatemala y los disparos perpetrados por carabineros a niños del Sename. Se configura durante este tiempo un escenario propicio, en el cual se puede graficar un salto importante de los sectores más avanzados del pueblo, que esta vez se proponen avanzar directamente hacia los símbolos de poder del régimen, un ejemplo de ello comienza a ser las convocatorias hacia la Moneda. De esta forma, se va configurando un escenario favorable para preparar las jornadas del 26 de noviembre y el 10 de diciembre a nivel nacional.

Lienzo desplegado en una de las convocatorias a Plaza Dignidad a fines de 2020, exigiendo la liberación de las y los presos políticos.

Aquí nos encontramos con los primeros obstáculos, pues si bien, OFAPP y algunas agrupaciones dan el vamos a la iniciativa de proyecto, desde otras organizaciones políticas, sociales y de apoyo a presos/as políticos/as tardan en marcar posición sobre la amnistía, atrapados en posturas cerradas y sectarias a la posibilidad de una salida política al tema. En este escenario se sufre el primer freno, puesto que el viernes 13 de noviembre (fecha crucial) no se logra instalar en las calles la consigna de “Amnistía sin condiciones», a lo quese suma la hospitalización de Navarro (impulsor del proyecto de ley de la amnistía). Hechos que derivaron en que el sábado 14 de noviembre, en una nueva reunión con los parlamentarios, donde asume la conducción el senador Latorre y los abogados de los diputados que apoyan la iniciativa, se cambia la figura de la Amnistía y se instala finalmente la figura del Indulto General.

Bajo esas condiciones comienzan a producirse las primeras tensiones entre familias, amigos/as, agrupaciones y coordinadoras; entre las que apostaban a la iniciativa de proyecto de ley v/s las que no. Sin embargo, es importante señalar que finalmente, mediante la presión ejercida tanto en reuniones y en las calles, es que el proyecto de indulto general logra incorporar los tres elementos fundamentales que la diferenciaban de la amnistía, haciendo extensivo el indulto tanto para imputados/as y condenados/as, dejando fuera la posibilidad de que agentes del estado (policías, FF.AA.) pudieran acogerse a éste, y finalmente incorporando la totalidad de los delitos por los cuales se inculpa a las y los presos de la rebelión.

Entre todo ese proceso, es que se levantan dos fechas de llamado a movilización: una para el 26 de noviembre, como una jornada de protesta para la liberación de las y los PP, y, por otro lado, un llamado a Huelga General para el 10 de Diciembre que coincidía con el día internacional por los DDHH.

 El día 10 de diciembre se enmarcó finalmente en una Jornada de Protesta y Agitación política por la liberación de las y los PP, marcada por la participación activa de coordinadoras, agrupaciones, asambleas, etc., distintos espacios auto-organizados del pueblo se hicieron parte durante el día con intervenciones diversas (cortes de ruta, colocaciones de lienzos, intervenciones en centros de trabajo como, por ejemplo: el mall, mitting en estaciones de metro, etc).

 Los grandes ausentes dentro de la jornada fueron los grandes gremios, quienes mediante algunos de sus dirigentes habían señalado de palabra que se sumarían a la jornada, pero que en los hechos concretos participaron sólo de forma nominal, no logrando convocar ni movilizar a sus bases; gremios y sindicatos entre los que destacan el Colegio de Profesores, los sectores portuarios, los trabajadores de la salud, entre otros; haciendo imposible materializar una jornada de paralización nacional. Si bien la jornada instala en el debate la situación de los/as presos/as de la rebelión, la misma no logra tener la fuerza de poner en jaque al régimen en su conjunto y lograr la liberación de las y los PP, única forma posible de crear las condiciones para su libertad.

En este sentido se hace fundamental proyectar los pasos a seguir, es importante considerar que durante este año estaremos cruzados por diversas elecciones, destacándose entre ellas la elección de constituyentes para la convención. Por lo mismo, hay que instalar desde ya, que ningún plebiscito o posibilidad de cambio constitucional hubiera sido posible sin la determinación de miles que se volcaron a las calles a exigir una vida digna, y que muchos de ellos/as hoy se encuentran en las cárceles en condiciones paupérrimas de vida.

Creemos por tanto que, hay que continuar multiplicando las acciones que hasta ahora se han venido realizando en favor de las y los presos, sin embargo estas no son suficientes, las agrupaciones de familiares de PP y coordinadoras deben debatir las diferencias y poner en el centro los puntos en común para ponerse a trabajar en la convocatoria de una nueva jornada de carácter nacional para exigir la libertad de las y los presos políticos, una huelga general donde los/as trabajadores/as y fundamentalmente los grandes gremios, se hagan realmente participes de la convocatoria a sus bases, estableciendo también sus reivindicaciones directas entorno a la precarización que ha sufrido el trabajo tras la pandemia, sumando a sectores de mujeres, asambleas y coordinadoras y sus respectivas demandas para ejercer una presión efectiva al régimen político.

En el camino hacia la libertad de nuestros presos/as políticos/as, que sabemos muy bien solo lograremos con presión desde las calles, debemos exigir además a los candidatos  al órgano constituyente un pronunciamiento público respecto al reconocimiento de la prisión política en Chile, debemos también impulsar una campaña para exigir mejoras reales de las condiciones carcelarias y preparar una jornada de huelga general como antesala a la elección de constituyentes para exigir la libertad de todos y todas las presas políticas de la rebelión, instalando nuevamente las demandas por las cuales como trabajadores/as y pueblo nos levantamos el 18 y 19 de octubre del 2019 en todos los rincones de Chile.

Por esta razón exigimos:

1.-Libertad sin condiciones para las y los PP de la Rebelión, subversivos/as y Mapuche, como objetivo último.

2.- Reconocimiento de estatuto jurídico de Preso Político (Paso previo al  Indulto General) que contemple:

a) Módulos especiales, alejados de la población común (como en el caso de los presos Mapuche). Fin al hacinamiento, y mejoramiento de condiciones de encierro, celdas, etc.

b) Acceso a bibliotecas, información, cultura, esparcimiento, recreación.

c) Restablecer el régimen de visitas integralmente.

d) Fin a los aislamientos; intervención de Organismos de DD.HH y justicia en determinación de castigos y sanciones (no solo al arbitrio de Gendarmería).

e) Misión permanente de DD.HH. (nacional, internacional) en cárceles y centros de reclusión.

f) Acabar con brutalidad y hostigamientos (Relación con Gendarmes): Penalidad más alta por agresiones, intervención de DD.HH., mecanismos de supervisión y control de otros entes.

g) Huelga de hambre hasta el fin como Derecho Humano, sin intervención de gendarmes ni médica (prohibición de alimentación forzosa).

h) No traslado a zonas lejanas (permanencia donde vive, donde está la familia), que eso no sea a voluntad de Gendarmería. No a la dispersión.

i) Garantías para la buena salud de los presos y presas, contemplando tanto la prevención frente al Covid como la salud mental de los compañeros, situación que se vuelve urgente de resolver ante distintos casos de intentos de suicidio. Una propuesta para prevenir los contagios por coronavirus sería contemplar módulos más separados, considerando el hacinamiento propio de las cárceles, como medida de prevenir y frenar los contagios. 

j) También considerando que son las y los presos de la rebelión, puede instalarse la demanda de la no marginación del proceso constituyente, para tensionar al Estado a considerarles como votantes y como posibles candidatos.

k) Un teléfono por preso, que garantice el contacto con su familia, en la actualidad (acá en la zona) es uno por módulo manejado por el gendarme (en los hechos manejado por el más alzado) y otro teléfono en el patio, el que depende de las monedas de la encomienda y del acceso al patio (en situación de aislamiento, castigo o protocolo covid se ve impedido).

 3. Fiscalización a la acción del Ministerio Público, considerando:

a) Existencia de una entidad revisora de los procesos judiciales de las y los detenidos, apresados y condenados de la rebelión, con participación de organismos de DD.HH.

b) Limitación a la desproporcionalidad de la aplicación de la medida cautelar de prisión preventiva

c) Creación de unidad especializada en la defensoría penal pública con recursos financieros y profesionales para responder a la totalidad de casos perseguidos por la justicia desde el 18 de octubre, con seguimiento de organismos de DD.HH.

Estas exigencias sientan la base de un plan de lucha claro, el cual debe ser agitado en las calles, con objetivos en el corto, mediano y largo plazo hasta alcanzar la libertad de las y los presos políticos en Chile. Por lo mismo, es importante señalar que dicha propuesta será alcanzada en la unidad de los distintos sectores que trabajan como eje la prisión política en conjunto con los espacios auto-organizados, de trabajadores/as, entre otros. Lo importante es generar tal nivel de presión que coloque en jaque a quienes hoy se encuentran en el poder, tal como se hizo desde el 18 de Octubre hasta el 12 de Noviembre de 2019.

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Opinion

El izquierdismo como obstáculo para una propuesta y práctica revolucionaria

Abrir el debate sobre la actualidad del texto “El Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo” escrito por Lenin con un increíble carácter político – educativo para la clase obrera se vuelve una imperiosa necesidad, en cuanto reconocimiento sincero de prácticas obstaculizadoras en la actual construcción política y en la abertura de ejes de discusión que vienen a remecer, tales como: la construcción del partido, parlamentarismo, alianzas y la construcción táctica. A la luz de la Rebelión Popular las formas del “Izquierdismo” quedan en evidencia en cuanto incapacidad política de constituir respuestas concretas para derrocar al capitalismo.

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Abrir el debate sobre la actualidad del texto “El Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo” escrito por Lenin con un increíble carácter político – educativo para la clase obrera se vuelve una imperiosa necesidad, en cuanto reconocimiento sincero de prácticas obstaculizadoras en la actual construcción política y en la abertura de ejes de discusión que vienen a remecer, tales como: la construcción del partido, parlamentarismo, alianzas y la construcción táctica.  A la luz de la Rebelión Popular las formas del “Izquierdismo” quedan en evidencia en cuanto incapacidad política de constituir respuestas concretas para derrocar al capitalismo.

  1. El izquierdismo en la consigna “Yo no voto me organizo”

La explosión de la Rebelión Popular y su desenvolvimiento constituye una experiencia vital en la lucha de clases, dejando innumerables aprendizajes que nos permiten abrir críticas hacia posiciones que expresan lo que Lenin precisó como “izquierdismo”. Entendemos por “Izquierdismo” a aquellas posiciones y prácticas que se transforman en leyes generales y universales para toda época y situación histórica concreta, siendo complaciente con principios abstractos de una supuesta radicalidad.

“Yo no voto me organizo” se transformó en una posición que asumió una franja de la izquierda para encarar el proceso plebiscitario que emergió del Acuerdo de Paz y Nueva Constitución. Lejos de abrir una lectura sobre las particularidades del proceso, se refugia en una mecánica consigna que contrapone el ejercicio de votar y el de organizarse, negando propuestas y construyendo una abstracción que se reproduce una y otra vez frente a todo proceso electoral.

En este aspecto, Lenin nos abre la experiencia de la Revolución Rusa precisando dos hitos históricos que evidencian que la reproducción de fórmulas trae consecuencias perjudiciales para el avance de la clase trabajadora. Al respecto, Lenin es enfático en ver la apuesta del boicot en 1905 como un acierto, pero dicha posición de boicot a la Duma en 1906 constituyó un error.

“Cuando en agosto de 1905 el Zar anunció la convocatoria a un “parlamento” consultivo, los bolcheviques le declararon el boicot, contra todos los partidos de oposición y de los mencheviques, y el “parlamento” fue barrido, en realidad, por la revolución de octubre de 1905. El boicot era correcto en ese momento, no porque sea correcta en general la no participación en los parlamentos reaccionarios, sino porque valoramos acertadamente la situación objetiva, que conducía a la rápida transformación de las huelgas de masas, primero, en huelga política, luego, en huelga revolucionaria, y, por último, en insurrección”[1].

Valorar acertadamente la situación objetiva constituye la dificultad de todo ejercicio político revolucionario, no podemos homologar experiencias de lucha, la extrapolación mecánica nos lleva a la marginalidad y a constituirnos en espectadores del escenario político. En este sentido la consigna “Yo no voto me organizo” no logra precisar las particularidades del proceso que se abre en torno al Apruebo, se niega a la disputa, abrazando el pánico a la discusión política abierta.

La condena y la crítica al Acuerdo de Paz y Nueva Constitución entendido como un pacto que protege y blinda al gobierno de Piñera y la institucionalidad dominante en su conjunto es acertada, pero insuficiente si nos quedamos en la comodidad de la crítica sin propuesta que invite a la disputa. Evidentemente no construimos bajo condiciones ideales sino bajo condiciones políticas impuestas y es en ese marco donde nos desenvolvemos. En este sentido Lenin es certero en precisar que la apuesta táctica no se constituye desde el estado de ánimo revolucionario.

“Es muy fácil demostrar espíritu revolucionario sólo lanzando improperios contra el oportunismo parlamentario o sólo repudiando la participación en los parlamentos; su misma facilidad, precisamente no puede hacer de esto la solución de un problema difícil, muy difícil”[2].

La abertura de un período histórico revolucionario que se abre a nivel global y a nivel nacional se precisa en que la Rebelión Popular sobrepasa con creces las posiciones puristas y sectarias, evidenciando su insuficiencia de cara a las necesidades históricas que se abren para la construcción de proyecto revolucionario.

2. El “Izquierdismo” en el antipartidismo

Otra expresión del “Izquierdismo” que se nos presenta con fuerza en el actual período histórico tiene relación con el rechazo a toda forma de construcción partidaria, una negación por principio y una sospecha totalizante. En este sentido el “Izquierdismo” estaría manifestado en que dicha crítica es una generalización basada en una abstracción que no concibe y no precisa el carácter de clase de los partidos políticos, ni sus diversas formas que pueden asumir, reduciéndose a una ecuación moralista monolítica.

La confusión existente precisa una crítica a los Partidos políticos que han perpetuado y profundizado el legado de la dictadura cívico – militar, transformándose en verdaderos clubes electorales sin proyecto político. Este proceso de descomposición es visto de forma precisa por Tomas Moulián.

Como consecuencia de este fenómeno los partidos políticos se han transformado en partidos de camarillas, con agrupamientos internos sin consistencia ideológica y con un altísimo grado de antropofagia. Los partidos parecen haber perdido la dimensión comunitaria y los lazos de afectividad primaria suscitada por la común pertenencia a una causa, para convertirse en estresantes lugares de competencia por el poder, para lo cual se generan relaciones instrumentales con un grupo[3].

De este modo pasar de esta constatación a una generalización vulgar que niega la construcción de Partido, como si este fuese una forma preestablecida, constituye un error político fruto del “Izquierdismo”. La construcción del Partido debe ser síntesis del período histórico, debe responder a los requerimientos de un momento determinado.

Por otro lado, el antipartidismo es funcional al triunfo ideológico neoliberal que viene a reducir el ejercicio político a un asunto de mera gestión y administración, diluyendo los antagonismos políticos. En este sentido la posición antipartidista se refugia en formas laxas e inorgánicas reproduciendo una fragmentación insostenible.

Negación del principio de partido y de la disciplina de partido: a esto ha llegado la oposición. Y esto equivale a desarmar por completo al proletariado en interés de la burguesía. Todo se suma a esa dispersión e inestabilidad pequeñoburguesas, a esa incapacidad de realizar esfuerzos sostenidos, de actuar en forma unida y coordinada que, si se estimulan, destruirán inevitablemente todo movimiento revolucionario del proletariado[4].

En el reverso de la posición antipartidista encontramos formas rígidas y mecánicas de construcción Partidaria que niegan todo ejercicio problematizador que implique abordar la pregunta ¿Qué Partido revolucionario necesitamos construir para enfrentar el período histórico que se abre? En el nombre de la estrategia se defiende una forma monolítica incapaz de abrirse a los requerimientos históricos que posiciona la lucha de clases.

La paradoja que abre la Rebelión Popular constituye la posibilidad de evidenciar la necesidad de la construcción de Partido revolucionario para dar forma orgánica a la profundización de la crisis integral del capital. Lo desafiante está en que debemos construir formas orgánicas auténticas y genuinas en la respuesta de un período histórico revolucionario que supere las expresiones actuales de fragmentación.

3. El «Izquierdismo» en el aislamiento o la marca de la derrota

Seremos enfáticos en sostener que las prácticas políticas que pueden caracterizarse bajo el “Izquierdismo” son fruto de la derrota político – histórica e ideológica que instaló un capitalismo totalizante en todas las esferas de la vida.

Las consecuencias de la derrota tienen forma de dispersión, atomización y parcialidad del ejercicio político, rehuyendo del debate, de la disputa y posicionamiento ante coyunturas nacionales e internacionales. La experiencia política pasa a concebirse en una dimensión paralela, en una especie de burbuja que propicia una práctica incesante pero impotente de vocación de poder.

Respecto de los “seductores discursos ultra radicales” a los que hacíamos referencia, creemos que su principal déficit – insistimos: reconociendo que estas limitaciones tienen lugar en el marco de una serie de propuestas de lo más lúcidas y originales – consiste en considerar el “micropoder”, el “poder local”, el “antipoder”, el “contrapoder”, o la situación concreta con potencial revolucionario como un fin; perdiendo de vista la totalidad, el horizonte de la conexión dialéctica; diluyendo el proceso de emancipación en actos individuales, conquistas aisladas y placeres solitarios[5].

De forma mecánica se establece una escisión del ejercicio político que claudica en las posibilidades de concebir la disputa como práctica totalizadora, quedando recluido a lo local, a la inmediatez que impide pensarnos en una dimensión táctica y estratégica.

Los actuales pensadores de la dominación les dejan con gusto a las organizaciones de las clases subalternas el terreno de lo micro, de lo estrictamente local o sectorial, cuanto más pequeño y localizado mejor; de la pequeña política que sólo disputa sobre cuestiones parciales y cotidianas. De esa forma se encubre eficazmente el monopolio que se conserva de la gran política, la que se abandona con exclusividad a las clases dominantes[6].

Remontándonos a lo vivido recientemente en torno al proceso plebiscitario y las futuras elecciones de convencionalistas, se expresa justamente las limitantes de un amplio sector de la izquierda revolucionaria, que hace omisión y retrocede hacia lugares seguros. Reestablecer un ejercicio político que vaya desde la disputa y reapropiación de las esferas de la vida hasta marcar posiciones en la escena política general nos permitirá concebir que el ejercicio revolucionario no se constituye desde el miedo a la disputa. Sacudirnos de la inercia de la derrota político histórica constituyó el gran gesto de la Rebelión Popular que interpela profundamente a nuestras insuficiencias.

Enfrentamos una bella posibilidad histórica para el avance de los espacios autoorganizados del pueblo protagonizando la escena política en el debate y en la propuesta. La Rebelión popular remece nuestros quehaceres, constituye una síntesis histórica de las diversas movilizaciones expresadas en nuestra historia reciente y visibiliza las tareas más urgentes a resolver. El estado de desorientación de las clases dominantes, la crisis profunda de legitimidad de la democracia liberal a nivel mundial, el colapso civilizatorio abre innumerables esperanzas para el campo popular revolucionario.


[1] Lenin, Vladimir Illich. Obras selectas/ Vladimir Illich Lenin; compilado por Cecilia Feijoo y Demian Paredes. 1ª ed. Buenos Aires: Ediciones IPS, 2013.

[2] Ibid. p. 469.

[3] Moulian Tomás. Chile actual anatomía de un mito. LOM ediciones. Santiago. 2002.

[4] Op cit. p. 454.

[5] Mazzeo, Miguel. ¿Qué (no) hacer? Quimantú. Santiago. 2016.

[6] Mazzeo, Miguel; Acha Omar. Reflexiones sobre el Poder Popular. Tiempo Robado. Santiago. 2014.

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Opinion

Por la libertad de nuestras y nuestros presos políticos: ¡A derribar a Piñera y todo el régimen!

El llamado para la jornada del 10 de diciembre es a organizarse y articularse en los territorios, para golpear como un solo puño al régimen con una sola finalidad: arrebatarles la libertad de nuestras y nuestros presos políticos.

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Por Célula 26 de Julio de Trabajadoras y Trabajadores al Poder

Asistimos a un período revolucionario, caracterizado por una profunda crisis integral del capital, agudizada por la pandemia y una etapa de ascenso de la rebelión popular en el mundo. En este marco los levantamientos populares en Guatemala y Perú, que pusieron en el centro de sus reivindicaciones al poder ejecutivo y legislativo de sus respectivos países, se han transformado en factores dinamizadores de la situación política en nuestro país.
De esta forma, durante estas semanas hemos asistido a una serie de huelgas reivindicativas, donde destacan los trabajadores/as del retail, la salud, portuarios, vendedores ambulantes, etc. A esto se suman las jornadas de agitación y manifestación de estas últimas semanas por la libertad de los presos/as políticos de la rebelión.

En este marco hemos visto como, tras los recientes acontecimientos internacionales y el actuar represivo contra niños del Sename en Concepción por parte de Carabineros de Chile, se ha provocado un ascenso de las movilizaciones en los sectores más avanzados del pueblo, que se han volcado con radicalidad a las calles proponiéndose avanzar hacia los símbolos del poder; levantándose en clara ruptura con el régimen político, sosteniendo las consignas por la libertad de los preso/as políticos de la rebelión, de juicio y castigo, fuera Piñera y la disolución de las fuerzas de orden.
Es importante señalar cómo estos escenarios se dan en un contexto de recesión económica y evidente pauperización de las condiciones materiales de vida a escala global.

En nuestro país en particular, la situación no es distinta ni menos aislada del acontecer global. Sólo a modo de ejemplo, y según datos entregados por la última encuesta de la Universidad Católica, tras el leve mejoramiento de las condiciones sanitarias del país, estos últimos meses se han creado nuevos empleos, no obstante, la cifra actual está muy lejos de representar un avance significativo, ya que se estiman a la fecha más de 1.660.0000 puestos de trabajo menos que hace un año. La encuesta, además, señala que la normalización ha sido muy lenta y se requerirá hasta el 2022 para restablecerla, todo esto en medio de una inminente segunda ola del Covid19 y el reciente anuncio de que todas las comunas de la RM retrocederán a Fase 2.

A tenor con lo anteriormente señalado, el desempleo en el país durante el tercer trimestre móvil – agosto, septiembre y octubre – se volvió a situar sobre los dos dígitos con un 12,7%, sin mayor horizonte que seguir deteriorándose, al igual que todos los otros índices económicos. Por ejemplo, el Imacec nuevamente sufrió una caída, esta vez del 1,2% en relación con igual mes del año anterior.

En consecuencia, se avecinan escenarios complejos para nuestra clase, el propio Banco Mundial ha anunciado que la crisis seguirá agudizándose y ha indicado que la pobreza en Chile aumentará de 8,1 % (proyección 2019) hasta un 12,3% en el próximo año. Mientras tanto el Estado sigue protegiendo al gran empresariado y se ha propuesto extender el Estado de catástrofe, para seguir utilizándolo como una herramienta de control social en el contexto de pandemia y rebelión popular que asistimos.

Mientras tanto es el pueblo quien costea la crisis con trabajos precarios y sueldos indignos o dedicándose al negocio por cuenta propia improvisando variados negocios. Un ejemplo de cómo asumimos los costos de esta crisis, es que debamos apelar a nuestros fondos de pensiones para sobrevivir, pero a su vez esta situación se expresa como una abierta crítica a todo el sistema de pensiones nefasto que tenemos. Frente a este escenario y a la inminente respuesta popular que podría haber provocado negar un nuevo retiro del 10%, el Gobierno se ha visto obligado a enviar un proyecto de ley, que en concreto se asemeja bastante a la reforma constitucional de retiro de los fondos, logrando evitar un nuevo enfrentamiento con las masas populares.

De esta forma, la demanda que ha adquirido transversalidad en los sectores auto organizados durante estas semanas ha sido la exigencia de libertad de todos y todos los presos políticos, caracterizado por factores tan diversos como la victoria del Apruebo, la venida de una serie de juicios emblemáticos, la absolución de compañeros y compañeras por ausencia de pruebas y montajes. Estas situaciones han abierto una posibilidad clara de arrebatar al Estado mediante la presión popular la libertad de nuestros compañeros/as que viven actualmente la prisión política.

Este escenario de lucha por la libertad de los PP, en perspectiva, da cuenta de una clara tendencia hacia la articulación, que se ha expresado estos últimos días en una serie de encuentros e instancias de articulación comunal, sectorial y/o zonal con el objetivo de preparar la jornada del 10 de Diciembre. en este contexto hemos visto como siguen ausentes o con pronunciamientos ambiguos y tibios las dirigencias sindicales presentes en Unidad Social y la CUT, por ejemplo, por lo cual la herramienta que se torna fundamental para dotar de fuerza real la jornada ha sido en distintos lugares convocar a encuentros de base, comunales o zonales de trabajadores/as, pobladores/as y estudiantes para preparar la huelga general del 10 de diciembre.

De esta forma, el llamado de esta jornada es a dejar las mezquindades y diferencias de lado para golpear unidos y unidas al régimen, con la finalidad última de arrebatarles la libertad de nuestras y nuestros presos.

Tras esta jornada, no cabe duda que las instancias auto organizadas del pueblo debemos seguir apostando hacia la articulación nacional como un objetivo central, para lograr levantar un programa de lucha que dé una salida a la crisis a favor de nuestra clase. A su vez lograr articularla con las reivindicaciones inmediatas en nuestro pueblo, con la finalidad de ir transformándolas en una lucha permanente e ininterrumpida hasta derribar a Piñera y todo el régimen.

Por la disolución de las FF.AA de orden
¡A fortalecer la primera línea! ¡a derrotar el toque de queda en las calles!

Por la Libertad inmediata de los/as presos políticos mapuche y de la rebelión popular
¡Amnistía sin condiciones ya!

Por un Gobierno de las y los trabajadores
Fuera Piñera y todo el parlamento corrupto
¡Cárcel para los asesinos, violadores y torturadores del pueblo!

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