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EDITORIAL

Editorial |Que el 10% sea solo el primer paso, ¡Nosotros y nosotras vamos por todo!

La actual crisis se expresa de tres maneras distintas, aunque indivisibles una de la otra al momento de comprender el por qué del actual estado de la lucha de clases en el territorio.

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Durante el transcurso de la crisis abierta por el avance de la pandemia en el país hemos sostenido, como Diario Venceremos, que esta crisis se expresa de tres maneras distintas, aunque indivisibles una de la otra al momento de comprender el por qué del actual estado de la lucha de clases en el territorio.

En primer lugar, afirmamos que la crisis se expresa como crisis política, ya que durante los últimos años el régimen político venía cargando con el amplio peso de la falta de legitimidad frente a las masas, situación que se profundizó aún más tras el estallido de la Rebelión en octubre pasado, cuando derechamente dicha crisis de legitimidad devino en una profunda crisis de gobernabilidad.

A pesar del paso del tiempo y la llegada de la pandemia a Chile, el régimen, y en específico el gobierno de Piñera, jamás fueron capaces de reponerse del todo del enorme remezón que el pueblo chileno venía dando en las calles desde hace meses, basando sus posibilidades de gobernabilidad en el poder coercitivo ejercido por las FF.AA. y las alianzas establecidas con aquellos partidos que otrora ejercían la “oposición”.

Como la pandemia y el pésimo manejo del gobierno no hicieron más que profundizar esta crisis, podemos afirmar que el reciente debate parlamentario respecto al Retiro del 10% de los fondos de pensiones y las enormes fisuras y contradicciones que abrió en el seno de los partidos oficialistas, no son más que una expresión de ella, demostrando además el actual estado de la lucha de clases, en el cual el gobierno de Piñera parece encontrarse sin salidas y los partidos oficialistas sin capacidad para operar a su favor en el campo legislativo.

Al presentárseles en todo su alcance el poder del pueblo movilizado durante las jornadas del 14 y 15 de julio, muchos parlamentarios – tanto de “oposición” como del oficialismo – votaron a favor de legislar no por un verdadero convencimiento en acabar con las AFP, sino más bien por temor a las consecuencias que su postura negativa podrían provocar en la rabia popular. Ejemplos de esta situación son las declaraciones de Mario Desbordes, presidente de Renovación Nacional que constantemente ha brindado alocuciones a los medios de prensa calificando a algunos militantes de su partido como “faltos de calle”, al no querer escuchar la “voz popular” y, sobre todo, culpándolos de no conocer las capacidades de la clase trabajadora a la hora de protestar por lo que le pertenece.

Rodolfo Carter, alcalde perteneciente a la bancada UDI, emitió durante la semana declaraciones que van en el mismo tono de Desbordes, al expresar que “el próximo lunes se acabará Chile” si los parlamentarios no eran capaces de votar a favor de legislar el retiro de los fondos de pensiones.

Miedo, por donde se le mire. Este miedo proveniente de las esferas más conservadoras del espectro político institucional, que incluso tiene a fascistas de tomo y lomo como Iván Moreira planteando soluciones intermedias, no es más que la expresión misma del actual desenvolvimiento de la lucha de clases y la deriva política a la cual se encuentra sometido el régimen.

De todas maneras, si el problema fuese sólo político encontrarían de alguna u otra manera la salida a sus problemas, pero como hemos afirmado en párrafos anteriores, asistimos actualmente a una concatenación estructural de tres crisis a la vez, y es tanto política como sanitaria y económica.

El debate parlamentario respecto al Retiro de los Fondos de las AFP remeció también las bases económicas en las cuales está sostenido el país, y develó consigo el pilar fundamental en los que descansa el modelo capitalista chileno. En el mismísimo instante que el debate sobre el retiro de estos fondos comenzó a asomarse en los medios y a tomar fuerza aparecieron también los empresarios, quienes desesperados no tardaron en hacerse notar públicamente mediante una Carta al Director publicada en el diario El Mercurio, bastión informativo de la burguesía desde sus inicios como medio escrito.

En dicha misiva, 15 representantes de los más grandes gremios empresariales del país expresan su preocupación ante lo que califican “el principio del fin” en caso de aprobarse el retiro de fondos de pensiones, dejando, según ellos, como principales afectados a la clase trabajadora y la estabilidad económica y política del país.

Resulta paradójico, por decir lo menos, que los grandes empresarios se muestren ahora preocupados por la deriva a la cual puede quedar sometida la clase trabajadora, mientras esos mismos trabajadores y trabajadoras deben movilizarse por millones hacia sus puestos de trabajo sin mayores regalías para evitar el contagio en el transporte público. Jamás los escuchamos hablar de horarios diferenciados de ingreso a las empresas, de apoyos en concreto a las familias más afectadas; sino más bien los vimos aplaudir una ley que endosa el cuidado de las y los trabajadores desempleados en fondos creados por ellos mismos, mientras intentaban reabrir los centros comerciales para “echar a andar la economía”.

Esta preocupación por la institucionalidad de larga data y la familia chilena no es más que un ardid de lo más bajo, una falacia alarmista que sólo pretende generar caos y preocupación en torno al posible retiro de un porcentaje de nuestros fondos de pensiones. Frente a un modelo de pensiones absolutamente deslegitimado por el pueblo en su conjunto, los argumentos políticos van desapareciendo y no queda más que echar mano a añejas fórmulas económicas y la tan manoseada “institucionalidad”.

No es menor su preocupación, tienen razones para hacerlo. Sólo un 10% del fondo total de pensiones representa más de 3.4 billones de dólares en activos, la mayoría de los cuales termina invirtiéndose en sus propias empresas.

Las AFP son el molino de agua que otorga activos frescos a las inversiones del gran empresariado local, la “gallina de los huevos de oro” que les permite echar a andar la máquina de sus miles de empresas, bajo la promesa de multiplicar dichos activos para así mejorar el fondo global de pensiones. Un eventual retiro de un miserable 10% de nuestros fondos de pensiones pone en jaque gran parte de su negocio. Es evidente que saldrán a respaldarlo a como dé lugar.

El vergonzoso lobby empresarial realizado durante los últimos días en el Parlamento es un claro ejemplo de la defensa a rajatabla que pretenden hacer del modelo que tantos réditos les ha otorgado.

Por último, toda esta problemática se ve agudizada por la actual situación de la pandemia, que está absolutamente lejos de acabarse. A día de hoy son más de 8.000 los fallecidos por Covid-19 en el país, sumándose a una larga lista de más de 300.000 contagiados.

Aunque el Ministerio de Salud afirme que existe una leve mejoría, y por lo mismo comiencen a preparar las condiciones para el desconfinamiento, lo cierto es que en las regiones donde se está intentando esa medida – Los Ríos y Aysén – rápidamente se reactivaron los casos. Esto quiere decir que la pandemia “va para largo”, la experiencia de otros países así lo demuestra, por lo que sus implicancias en la profundización de la crisis económica y política seguramente continuarán presentes.

Frente a este escenario de crisis integral del régimen, que se expresa con especial claridad durante esta semana con el debate por el retiro de los fondos de pensiones,

¿QUÉ ANALIZAMOS Y PROPONEMOS NOSOTROS Y NOSOTRAS COMO DIARIO VENCEREMOS?

En primer término, consideramos relevante posicionar dicho debate en un marco de análisis más amplio, que para nosotros es la Rebelión Popular y la apertura de un periodo revolucionario a nivel mundial. Consideramos que el avance de la discusión parlamentaria respecto al retiro de los fondos y su aprobación en la Cámara de Diputados y Diputadas, es una victoria popular, como decíamos más arriba, el miedo a un «nuevo estallido social» pone nerviosos a quienes hoy buscan sostener, en plena crisis, el sistema. Pero además, la fuerza con la que el pueblo salió estos últimos días, los levantamientos populares que se desarrollaron a nivel nacional, apuntalaron la votación y lo seguirán haciendo en las discusiones que vienen. Así lo han dicho Portuarios y Mineros, así se preparan hoy los organismos territoriales para expresar con movilización que van por todo.

Debemos ser claros en este punto, no sólo la pandemia empuja a diversos sectores parlamentarios a tomar postura respecto al retiro de fondos, lo hace también la Rebelión Popular. Estamos totalmente seguros que, de no mediar la enorme movilización popular de octubre hasta la fecha, seguramente una propuesta de este estilo hubiera muerto rápidamente en las cámaras parlamentarias, a pesar de la crisis abierta por la pandemia.

De todas maneras, y si bien la propuesta no surge directamente de un proceso de movilización constante del pueblo, evidentemente es un producto derivado de la larga lucha que viene desarrollándose desde el 2016 hasta la fecha por acabar con el actual sistema de pensiones y las AFP. Por lo mismo es que, apenas la propuesta fue aprobada en una primera instancia en la Cámara de Diputados, el pueblo salió a las calles a levantar barricadas y desarrollar la violencia de masas, situación que se vio corroborada con la espontánea celebración en las calles de Chile al momento de aprobarse la propuesta en específico.

Es necesario, eso sí, “poner la pelota contra el piso”. Retirar el 10% de nuestros fondos de pensiones no representa, en lo concreto, una tremenda solución. La mayor parte de las y los cotizantes poseen muy pocos fondos en sus pensiones, merced de la enorme especulación que durante décadas han hecho con ellos los grandes grupos económicos del país, por lo que la solución sería meramente coyuntural y transitoria. Aún así, creemos legítimo el retiro de esta parte de las pensiones, que representa parte de la fuerza de trabajo que es quitada forzozamente todos lo meses por las AFP, más aún cuando el gobierno desarrolla una serie de propuestas que no son más que deudas, miseria, hambre y represión.

Creemos que se debe analizar esta coyuntura desde un marco aún más amplio, separándola de la discusión económica a la cual intentan sumergirnos la gran empresa y el gobierno y llevándola al campo desde el cual cobra sentido: el campo político.

En aspectos políticos, como decíamos anteriormente, el avance de una medida de este tipo no representa más que la deriva política y cultural en la cual se encuentran sumergidos los defensores de las AFP, y eso como clase trabajadora debemos aprovecharlo. Hoy más que nunca se escucha fuerte y claro la necesidad de acabar de una vez por todas con este sistema productor de miseria, y el 10% debe ser considerado sólo como una medida transitoria, para avanzar en un mediano plazo hacia un sistema de pensiones controlado a favor del pueblo y no de la burguesía.

Para lograr aquello, evidentemente el gobierno criminal de Piñera debe caer, ya que son la principal piedra de tope que impide dar “el golpe de gracia” a este sistema. Tanto el gobierno como el actual sistema de pensiones son partes constituyentes del mismo régimen, por lo cual deben ser derribados por igual.

Avanzar hacia el fin del régimen criminal de Piñera y de las AFP no será tarea fácil, sin duda, y puede que nuestros esfuerzos “choquen en roca” en algún momento. De todas maneras, desde octubre hasta la fecha el pueblo movilizado ha demostrado con creces su capacidad para sortear cualquier obstáculo, y ni siquiera la pandemia, la fuerza represiva de pacos y milicos , el miedo y criminalización que intentan instaurar los medios masivos de comunicación fueron capaces de detener a las y los miles que salieron a las calles durante las jornadas del 14 y 15 de julio.

Esta fuerza que incuba nuestro pueblo día a día por la rabia acumulada en años de desigualdad que se han develado en su más cruda realidad durante la pandemia necesita objetivos claros. En el horizonte se observa el fin de las AFP, pero dicho fin debe ir apuntalado con propuestas concretas para hacer frente a la crisis unidos como clase trabajadora.

Entre nuestras propuestas, y tal como hemos afirmado en otras editoriales, como Diario Venceremos considerados absolutamente relevante avanzar hacia la construcción de un Frente Único. Éstos, que pueden ser llamados como se quiera, deben ser la síntesis organizativa de amplios sectores de masas, que en estos momentos hacen frente a la pandemia de forma parcializada. Ya sea desde el sector de la salud, o del retail, de la educación, de organizaciones territoriales o del más amplio espectro de la clase trabajadora, deben buscar converger hacia plataformas que aúnen objetivos estratégicos, con capacidad de movilización real y la posibilidad de hacer frente al gobierno de Piñera para avanzar hacia un gobierno de las y los trabajadores, echando abajo el actual gobierno. Creemos que sobre la base de los organismos que el pueblo se ha dotado en estos meses, articulados en un Frente Único, debemos no solo sacar al gobierno de Piñera, si no que construir un Gobierno de Trabajadores y Trabajadoras que lleve adelante el programa que ha levantado el pueblo en estos meses.

Dicho Frente será sin duda el fruto de un arduo trabajo, y evidentemente no se construirá de un día para otro, pero ya comienzan a aflorar experiencias concretas de unidad en la movilización, como lo son las Asambleas Territoriales, los Comités de Emergencia Territoriales y de Salud, las Ollas Comunes o los Centros de Acopio, muchas de estas experiencias coordinadas unas con otras. En momentos como éste nuestro deber como sectores movilizados y revolucionarios es poner los puntos en común por delante de nuestras diferencias, las mismas que durante años han impedido la unidad en el seno del pueblo.

¿Y una vez conformado un Frente Único de Emergencia hacia dónde debemos apuntar?

Hacia el fin de todo aquello que está mal, y que ha provocado que nuestras y nuestros hermanos de clase mueran por miles durante esta pandemia; y muchos otros mutilados, encarcelados y asesinados durante los meses más álgidos de la Rebelión. El sistema capitalista en Chile evidentemente posee fecha de caducidad, ya no aguantamos vivir como lo hacíamos antes de octubre, pero sólo con el fin del neoliberalismo no alcanza, el capitalismo como sistema debe acabarse en nuestro territorio y en el mundo si realmente queremos una vida digna para nuestro pueblo. Pero como dijimos más arriba, debemos desde este Frente Único de Emergencia instalar un gobierno de trabajadores y trabajadoras.

Para dicho fin, hemos establecido ciertas tareas fundamentales, como puente a una transformación revolucionaria del sistema chileno, bases estructurales que apunten a desmantelar  el sistema capitalista en el país, las cuales podríamos resumir en:

  • Creación de un sistema de salud único, que apunte a la expropiación y control estatal de toda la infraestructura e insumos de las grandes empresas de la salud privada en Chile, las mismas que han lucrado con la salud de miles de personas durante la pandemia.
  • Expropiación del gran capital junto a las AFP y las industrias estratégicas, para otorgar liquidez y financiamiento a planes estatales destinados a hacer frente a la crisis sanitaria, sin mediar la voluntad de la gran empresa de por medio.
  • Expropiación de la banca y el comercio exterior, para asegurar así la cadena de pagos y evitar, de paso, el aprovechamiento desmesurado que los bancos privados pretenden hacer de la crisis en complicidad con el gobierno, entregando créditos para subsanar las necesidades económicas de millones de personas en medio de la pandemia.
  • Profundización y multiplicación de los Comités de Emergencia en centros de salud, trabajo y territorios, con el fin último de avanzar hacia la conformación de un Frente Único.

Estas medidas, que hemos mencionados en anteriores editoriales, pero consideramos siguen totalmente vigentes como solución a la crisis, sólo podrán lograrse mediante la fuerza del pueblo movilizado y organizado, sin mediar ni esperar que desde los poderes del Estado se realice un primer paso que probablemente jamás llegará.

Por lo mismo, nuestro llamado es a no conformarnos con un 10% ni con las escuálidas medidas del gobierno, sino que, a posicionar la totalidad de nuestra lucha como elemento central, con la caída de Piñera y de las AFP como tarea más urgente y necesaria para avanzar hacia un gobierno de las y los trabajadores.

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Editorial | ¡Organizar la Huelga General, Derrocar al Gobierno Criminal!

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La crisis del régimen se encuentra en un punto de ebullición, su decisión de enviar al TC el tercer retiro ha sumido al gobierno en un ahogo en el que está perdiendo cada vez más oxígeno. La dispersión de las fuerzas del gobierno, han dejado en una soledad inaudita a Sebastián Piñera en el que ni siquiera su sector ha prestado su apoyo en las maniobras que ha buscado para volver a tomar el timón, en un escenario de dispersión y debilidad.

La clase trabajadora, como una tremenda marea, azota fuertemente a la Moneda que busca de todas las formas para destrabar la crisis, puesto que la posibilidad de la continuidad del actual gobierno está cada vez más en duda. Es tal el desbarrancamiento, que hasta los sectores que se hacen llamar de oposición, con Yasna Provoste a la cabeza, han buscado darle un nuevo respiro a Piñera y construir un nuevo acuerdo para salvar otra vez el deteriorado gobierno.

No obstante, estas maniobras políticas son de una tremenda dificultad y se basan en la debilidad del gobierno y como una táctica profundamente defensiva ante la arremetida de la Clase Trabajadora que condiciona la situación política y al régimen. El gobierno de Sebastián Piñera se cae, desde los medios tradicionales llevan días señalando la soledad que enfrenta el mandatario como expresión de la profunda crisis política que enfrenta, mientras que nos encontramos ad portad de nuevas jornadas de movilización, con un llamado a Huelga General y con la Unión Portuaria empujando la radicalidad de los y las trabajadoras.

De esta manera, el contexto de esta última semana ha mostrado claramente, una razón conocida históricamente, que las dos clases fundamentales de la sociedad capitalista tienen hoy intereses completamente distintos. Mientras los capitalistas despachaban comentarios contrarios al tercer retiro, señalando que “nos falta más gente, que no llega a trabajar porque reciben los bonos del Gobierno”, o que “si el gobierno me está poniendo los bonos, para qué voy a salir a trabajar, o lo señalado por Juan Sutil, el presidente de la CPC, que le dijo a la prensa que “hay unos que prefieren o deciden buscar la informalidad para no perder beneficios”, es muestra no de indolencia, si no que de sus propias aspiraciones. Sebastián Piñera, como un burgués más, se ha cuadrado con su clase social.

Pero no hay que sorprenderse, mientras los y las trabajadoras paleaban la crisis con sus mismos recursos, mientras los campamentos crecían exponencialmente y la cesantía aumentaba, la burguesía chilena hacia acrecentar sus riquezas a costa de nuestra precariedad. La gestión capitalista de la pandemia es demostración de que la crisis la están pagando los y las trabajadoras.

No obstante, la respuesta popular fue estruendosa, las cacerolas y las barricadas se encendieron en todo el país y no han parado de dar gala de la tremenda radicalidad y de todos los aprendizajes tomados desde el 18 de octubre en adelante. Esta tremenda marea, que pone sobre las cuerdas al gobierno, tendrá la semana que comienza importantes desafíos y nuevas jornadas de movilización.

Desde el momento en que Piñera se refirió que enviaría el requerimiento al TC, las cacerolas y el descontento se tomaron las calles, no solo bajo la bandera de un nuevo tercer retiro si no que también ante el hastío de la gestión capitalista de la pandemia y tomando cuerpo nuevamente las consignas del Fuera Piñera.

En este mismo escenario, la aparición de la Unión Portuaria cumplió un rol dinamizador de la protesta, más, empuja y radicaliza las movilizaciones y abre el camino al desarrollo de una Huelga General, es decir, la tendencia a la Huelga General que se iba mostrando hoy día va tomando, no solamente forma si no que además suma cada vez más adhesiones desde las organizaciones de la clase trabajadora, ya sean sindicales como territoriales. Impulsar la Huelga General, así como sumarse a las movilizaciones, es una tarea fundamental, también superar con creces las ambiciones de la burocracia sindical que ante la arremetida popular titubean y contienen.

Ahí quedaron las previsiones de quienes sostienen que un nuevo “pacto de dominación” es posible sobre la base de las maniobras del régimen, como el acuerdo de paz de noviembre de 2019. El régimen se encuentra hoy dividido, disperso y abandonando el barco del gobierno de Piñera para salvarse así mismo en este año de elecciones, sus acuerdos son espurios y chocan drásticamente con la radicalidad del pueblo.

Este escenario actual, es tremendo y entrega grandes oportunidades a la clase trabajadora, el llamado a la Huelga General y la organización de esta es una tarea primordial. Ante todo, debemos recalcar lo siguientes tres ejes:

En primer lugar, es importante denunciar abierta y públicamente las maniobras del régimen de salvar el gobierno criminal de Sebastián Piñera buscando un acuerdo que le salve el pellejo nuevamente. Yasna Provoste a la cabeza, ha buscado cuadrar a la oposición para dar apoyo a esta maniobra sobre la base de una modificación tributaria ayudas inmediatas, y un proyecto de gobierno para un retiro de pensiones. No obstante, este acuerdo camina en una delgada línea, es un movimiento defensivo del gobierno y cualquier acuerdo será débil y cortoplacista.

En segundo lugar, La Huelga General toma cada vez más fuerza y como decíamos, su fisonomía comienza hacerse carne. En este sentido, sumarse y organizar la Huelga General en nuestros lugares de trabajo y territorios es una tarea del momento, más aún conociendo las maniobras de la burocracia sindical que frenan todo tipo de avance para sentarse a negociar, recordemos la actitud de Unidad Social que tras la histórica Huelga de 12 de noviembre de 2019 se sentó a negociar con los asesinos y culpables de la represión, dando posibilidad, en acción u omisión, al pacto de paz. La única posibilidad de echar abajo el gobierno es a partir de la radicalidad y la lucha de la clase trabajadora.

Sin embargo, el escenario está para más. La Unión Portuaria ya ha anunciado protestas para este lunes, el 27 de abril (Día de Carabineros) también es una jornada de manifestaciones importantes. No debemos soltar las calles, debemos ocupar cada momento e instancias para agitar, organizar: ¡Fuera Piñera! ¡Disolución de las Fuerzas de Orden! ¡Huelga General Ya!

En tercer lugar, debemos trazar el camino a los próximos escenarios de la lucha de clases e impulsar una gran Asamblea del Pueblo de todos los organismos en lucha, sin sectarismos, de todos y todas las que luchan que permita aplacar la dispersión actual, sobre ponerse a la espontaneidad y trazar un camino para derrocar al régimen completo.

¡A Derrocar a Piñera!

¡Huelga General Ya!

¡A derrotar la gestión capitalista de la pandemia en las calles!

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Editorial | ¡Abajo la gestión Capitalista de la Pandemia! Organización y lucha para derrocar a Piñera

El gobierno de Piñera ya no puede seguir un día más en el poder, el pueblo y sus organismos de avanzada deben tomar sobre sus manos la gestión de la pandemia.

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Una nueva fase de la crisis pandémica se ha posado sobre la humanidad, la gestión capitalista de la pandemia ha provocado a nivel mundial una tremenda catástrofe que no ha permitido recomponer la profunda crisis que afecta al mundo, provocando que los contagios y muertes suban drásticamente en las economías occidentales.  No obstante, esta característica se muestra claramente, la actual fase de la crisis pandémica no es más que la crisis de la gestión capitalista del Covid-19 que ha puesto sobre la mesa la acumulación capitalista por sobre la vida de los y las trabajadoras.

Esta situación, tiene su carácter y tendencia Mundial. La situación pandémica se ha profundizado en distintas partes del mundo, Francia en estos últimos días ha superado los 45.000 mil contagios diarios[1], así como Brasil cuenta más de 3000 muertos diarios[2] y atraviesa una profunda crisis política, donde incluso Bolsonaro ha tenido que enfrentar la renuncia de dos de sus Ministros[3] y ha tenido que cambiar a 6 ministros para enfrentar la crisis política que vive como consecuencia de su gestión en la Pandemia[4], y así sucesivamente, se expresa la actual situación mundial, caracterizada y motorizada por la actual situación pandémica.

Como hemos dicho anteriormente, la Pandemia ha dinamizado y profundizado la crisis integral del Capitalismo. Las consecuencias a un año de la pandemia han sido catastróficas, y han tenido una tremenda consecuencia en la clase trabajadora, provocando que millones de personas hayan perdido sus trabajos, negocios y han visto afectados sus ingresos; al contrario, la burguesía ha recibo grandes paquetes de salvataje económico e inyecciones de los bancos centrales, así es que “en el año de la pandemia, la riqueza de los multimillonarios se disparó en un 27,5 por ciento, mientras que 131 millones de personas cayeron en la pobreza debido al COVID-19”[5]. Por lo tanto, la pandemia ha afectado principalmente a la clase trabajadora a nivel global.

En la Región latinoamericana, la Crisis pandémica también se ha expresado como un factor de precarización y pobreza, afectando principalmente a los más pobres de la región. El informe de la Cepal ha planteado que “los barrios marginales urbanos en los márgenes de muchas de las ciudades de la región a menudo carecen de acceso a servicios básicos, lo que significa que muchos ciudadanos no pueden acceder a los alimentos, el agua y la atención médica necesarios para hacer frente a la crisis”[6].

De esta forma, la “nueva normalidad” del capital desarrolla las contradicciones sociales e históricas de una forma más impetuosa que lo que hemos visto hasta ahora. En Chile, esta situación también se muestra de manera crítica, peor que el año pasado y como directa consecuencia de la gestión capitalista que ha encabezado el gobierno de Piñera.

Esta nueva explosión de contagios, se desarrolló en un contexto de máxima presión desde el gobierno por el retorno a la presencialidad en los colegios, la reanudación de las actividades productivas, de control social y represión para aminorar las consecuencias de convulsión social que trae aparejado el escenario actual. La gestión capitalista de Piñera, a un año de la pandemia, ha conllevado una profunda pauperización de la vida del pueblo, además de crisis económica, desempleo, crisis habitacional, etc. Ante esta situación, la respuesta a la catastrófica situación ha sido hambre, muerte y represión por parte del gobierno y los representantes del gran capital.

De esta forma, la actual situación tiene a nuestro país en cuarentenas totales para el 80% de la población, repartida en 198 comunas. A la vez, ante un colapso de los centros de Salud que tiene a la región de Valparaíso con solo dos camas críticas y una crítica situación de colapso en las camas UCI a nivel nacional. Esto en el marco de una elevación constante de los contagios, mientras que se desarrolla el plan de vacunación impulsada por el gobierno, que, aunque intenta posicionar el proceso como uno de los cuatro mejores, no logra control del explosivo contagio de la pandemia.

Toda esta situación, ha puesto al gobierno en una tremenda encrucijada, que lo ha obligado correr las elecciones que estaban fechadas para el 10 y 11 de abril. Estos aspectos mencionados, ponen al gobierno y al régimen político en un inmovilismo frente al desastre sanitario y la crisis de régimen, es decir, en un callejón sin salida que no le permite concretar de manera exitosa todas sus iniciativas.

El gobierno y los partidos del régimen no tienen de ninguna manera una salida a la actual situación. Por un lado, el gobierno ha puesto en marcha el salvataje a las grandes empresas mientras condena a la clase trabajadora a pagar la crisis con sus propios y escasos recursos; del mismo modo, los partidos del régimen no han presentado un programa para enfrentar la actual situación pandémica, y han guardado silencio ante la gestión capitalista del actual gobierno.

De esta forma, la única salida posible es la gestión socialista de la pandemia con la clase trabajadora y sus organismos a la cabeza. Es momento de reactivar toda la solidaridad popular, que ya tiene un año de experiencia en la pandemia y de lucha contra este régimen, para enfrentar de manera seria la situación pandémica. Comités de emergencias y del pueblo para controlar la pandemia en nuestros territorios, ollas comunes y redes de abastecimiento para enfrentar la precarización; sobre la base de estos, organizar una huelga general para derrocar al gobierno de Piñera que nos ha sumido a esta situación y luchar por el establecimiento de un programa de emergencia que permita resolver las condiciones concretas de los y las trabajadoras.

La Huelga General hoy cobra más fuerza que nunca como único método para derrocar al gobierno de Piñera y enfrentar la gestión capitalista de la pandemia y frenar los impulsos e intentos criminales del empresariado de sumirnos en una nueva normalidad que les permita asegurar sus ganancias en desmedro de las vidas del pueblo. Este proceso debe desarrollarse de forma ascendente y radical, contemplando todas las formas de lucha y organización.

El gobierno de Piñera ya no puede seguir un día más en el poder, el pueblo y sus organismos de avanzada deben tomar sobre sus manos la gestión de la pandemia e instalar, con los métodos de la lucha de clases, un programa de emergencia que resuelva la crisis. Las medidas de control, gestión y planificación central para enfrentar las condiciones de nuestro país sólo pueden implantarse de forma revolucionaria, a través de la acción histórica e independiente de la única fuerza social que puede tomar en sus manos las medidas para enfrentar a los capitalistas, la Clase Trabajadora.


[1] https://www.latercera.com/mundo/noticia/francia-suma-mas-de-45000-nuevos-casos-de-coronavirus-en-las-ultimas-24-horas/ICLKSJ2OLNCGXHUSKBEFXPS6KA/

[2] https://www.france24.com/es/europa/20210323-confinamiento-semana-santa-covid19-coronavirus

[3] https://www.latercera.com/mundo/noticia/bolsonaro-enfrenta-crisis-politica-renuncia-ministro-de-defensa-de-brasil-horas-despues-de-salida-de-canciller/NIVJ5UCIUNBHDBK7DDPKNXQMOU/

[4] https://www.france24.com/es/am%C3%A9rica-latina/20210329-brasil-renuncias-canciller-araujo-ministro-defensa-azevedo-bolsonaro

[5] https://www.sinpermiso.info/textos/el-ano-de-la-pandemia

[6]https://www.cepal.org/sites/default/files/presentation/files/version_final_panorama_social_para_sala_prebisch-403-2021.pdf?fbclid=IwAR29Bel-1wVqB1ocM4XOdj7APTiREEqwOXCM7Vu4RJWM6NVHS_zArHVFDU4

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Editorial | ¡Se derrumban! ¡Se tienen que ir! ¡Tienen que pagar!

¡Es momento de golpear duramente a los explotadores! ¡Sólo por medio de la acción directa podremos conquistar nuestras reivindicaciones! ¡Ha llegado la hora de imponer nuestra salida frente a la crisis!

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El mantenimiento del actual régimen político se ha vuelto insostenible

Durante la semana pasada, dos menores de edad dependientes del Sename fueron baleados por carabineros en Talcahuano. El hecho -que tuvo una inmediata y combativa respuesta de masas- determinó la salida de Rozas y su recambio por el general Yáñez en la dirección de la criminal institución policial.

Es claro que por medio de esta maniobra el gobierno buscaba “descomprimir” la situación, instalando la idea de una “asunción de responsabilidad” por parte de la institución a través de la salida del director general. El estrepitoso fracaso de la maniobra quedó demostrado el mismo viernes en distintos puntos del país, y fundamentalmente, en el centro de Santiago, donde miles se congregaron en una combativa jornada al grito de ¡Fuera Piñera! ¡Juicio y castigo a los asesinos del pueblo! ¡Libertad a los presos y presas políticas de la Rebelión Popular! El objetivo de la acción: La Moneda.

Esta respuesta nos muestra que la revolución ha impuesto una conclusión categórica en la conciencia del Pueblo Trabajador: Ya no basta con las simples “remociones”; de nada sirven las maniobras ni las reformas cosméticas donde sale uno y entra otro igual.

Los responsables políticos de la brutalidad se tienen que ir y tienen que pagar por todos sus crímenes.

La descomposición de carabineros, las fuerzas armadas y el aparato represivo en general es una manifestación abierta de que la tendencia al derrumbe del actual régimen es imparable. Esta tendencia se expresa de igual forma en la crisis política que ha generado la discusión respecto del segundo retiro del 10% de las AFP. La maniobra de la presentación del proyecto de retiro del gobierno responde al afán de intentar un repliegue ordenado -que ya venían exigiendo los capitalistas desde hace semanas por medio de las editoriales de los grandes medios- ante una derrota inminente.

La disputa ejecutivo-parlamento que se intenta perfilar como la panacea de todos los males (por medio de eufemismos como el “parlamentarismo de facto” o la “constitución paralela”) no representa más que el extravío de un régimen que ha perdido toda capacidad de arbitrar el conflicto de clases, es decir, no constituye una disputa de poder real. Por esta razón, las precarias conspiraciones parlamentarias para acabar anticipadamente con el mandato de Piñera se estrellan siempre contra la propia debilidad de los conspiradores. Queda claro que ni el oficialismo ni la oposición tienen capacidad alguna de recomponer el arbitraje político que por esencia está llamado a desempeñar el Estado bajo la dictadura del capital. La reiterativa amenaza de recurrencia al Tribunal Constitucional por parte de Piñera representa un callejón sin salida: al pretender pugnar con las masas a través de este mecanismo, dejará inmediatamente expuesto al órgano -garante institucional último de la constitución pinochetista- como un tigre de papel, lo que contribuirá enormemente al desenvolvimiento mucho más abierto de la verdadera disputa de poder que subyace toda la crisis actual: Poder burgués contra el ascenso todo el pueblo trabajador. La lucha de clases actúa como factor decisivo de disolución de todo el orden social actual.

El Tribunal Constitucional, la «añeja» institución que tendrá que deliberar respecto al Segundo Retiro del 10% a petición del Ejecutivo. Foto: Agencia Uno.

Es claro que en este escenario de derrumbe ya no puede prosperar ningún “arbitraje” de la lucha de clases por medio de los mecanismos estatales. Por el contrario, lo que sí va tomando forma concreta es la caída de Piñera y de todo el régimen actual por medio de la fuerza incontenible de la presión popular y los métodos de la rebelión. En la situación actual, los explotadores temen por sobre todas las cosas un nuevo ascenso colosal de la lucha popular. El desenvolvimiento de la situación internacional ha contribuido a exacerbar hondamente dichos temores.

El alcance y colosal extensión de la crisis capitalista, catastróficamente profundizada con la llegada de la pandemia, ha colocado de manifiesto frente a millones de trabajadores y trabajadoras alrededor del mundo el absoluto agotamiento de todo el orden capitalista de dominación. Los recientes levantamientos en Perú y Guatemala constituyen síntomas irrefutables de la invencible tendencia mundial al fortalecimiento de la Rebelión Popular, y señalan la hoja de ruta más efectiva para los pueblos y las masas trabajadoras de América Latina:

¡Es momento de golpear duramente a los explotadores! ¡Sólo por medio de la acción directa podremos conquistar nuestras reivindicaciones! ¡Ha llegado la hora de imponer nuestra salida frente a la crisis!

La lucha por juicio y castigo contra los represores y todos los responsables políticos de la brutalidad contra el pueblo coloca en perspectiva el surgimiento de tribunales populares que se hagan cargo de decidir y ejecutar dichas resoluciones sobre los marcos de un nuevo poder. El derrumbe del saqueo institucionalizado contra las y los trabajadores que representa el sistema de las AFP coloca en perspectiva la lucha por la expropiación del capital y la nacionalización de la banca, los fondos de pensiones y todo el sistema financiero, en miras a la reorganización completa de la sociedad sobre las bases de un nuevo poder. Todo el trasfondo histórico de la crisis actual apunta hacia la destrucción del régimen actual y su reemplazo por un Gobierno de Las y Los Trabajadores, es decir, la imposición del poder real de la clase trabajadora sobre la base de sus propios órganos y todo el pueblo en armas, como única salida realista frente a la crisis actual.                                                       

                                                      

El Congreso ardiendo en Guatemala. Expresión concreta del sostenido ascenso de la Rebelión en distintos países de Latinoamérica. Foto: AP.

¡Fuera Piñera! ¡Abajo todo el régimen de represión e impunidad! ¡Huelga General! Por medio de la lucha concreta y la organización popular en miras de la conquista de todas nuestras demandas, impulsemos la construcción de un gran Frente del Pueblo y de Las y Los Trabajadores para imponer nuestra salida frente a la crisis.

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