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Editorial | ¡Disolución de la policía bajo un Gobierno de la Clase Trabajadora!

En las actuales condiciones de decadencia mundial del capitalismo, el problema de la brutalidad policial no constituye un fenómeno aislado, es decir, determinado por factores puramente nacionales. La crisis mundial empuja a los capitalistas al fortalecimiento de sus organismos represivos.

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Durante la tarde de ayer miércoles tuvimos noticia de nuevos casos de brutalidad policial y estatal: Desde la madrugada se conoció el fallecimiento en prisión de Keysi Vigoroux, interna que padecía un cáncer en etapa terminal, tras meses de luchar por un indulto presidencial que jamás llegó. Durante la tarde se difundió ampliamente un video que muestra a funcionarios de carabineros disparando contra un grupo de menores residentes de un hogar del Sename en Talcahuano, hechos que acabaron con dos menores baleados por los funcionarios. Hasta el momento, estos hechos han determinado una enérgica respuesta de masas, la salida del director de carabineros y el adelantamiento del toque de queda en todo el gran Concepción como forma de evitar un levantamiento popular.

Lamentablemente, esta clase de hechos vienen repitiéndose con una frecuencia cada vez mayor. Hace sólo un par de semanas, carabineros intentó asesinar a un joven manifestante lanzándolo por un puente al río Mapocho en Santiago, lo que sumado a las sistemáticas violaciones a los derechos humanos desde hace un año, la brutalidad policial en Wallmapu, los conocidos casos de corrupción que involucran a la institución, la cantidad de funcionarios y oficiales procesados (incluidos altos mandos y ex directores), han colocado a la orden del día la discusión respecto de qué hacer con este órgano policial. Desde los sectores reformistas y democratizantes (PC, FA), se apunta hacia la necesidad de una “reforma”, una “refundación” o una “democratización” de la policía en los marcos del actual estado burgués. ¿Es esto posible? ¿Deben los trabajadores y trabajadoras prestar atención a las propuestas de quienes se presentan como sus auténticos “aliados” y “representantes”?

En primer lugar, debemos considerar que, dado el carácter de la presente revolución, la clase trabajadora no cuenta con “aliados” genuinos entre las clases poseedoras y explotadoras. Este hecho determina que todo problema político fundamental (como la reforma de la policía) conduzca hacia el problema del poder, es decir, quién tiene el poder para implementar esta clase de decisiones. Por esta razón, el único programa viable para la resolución de la crisis actual es el de la concentración de todo el poder en manos de la clase proletaria. De nada nos sirven los cantos de sirena de las propuestas de “reformar” carabineros, de “democratizar” la institución o de someterla al imperio de un inexistente poder de la “sociedad civil”.

En las actuales condiciones de decadencia mundial del capitalismo, el problema de la brutalidad policial no constituye un fenómeno aislado, es decir, determinado por factores puramente nacionales. La crisis mundial empuja a los capitalistas al fortalecimiento de sus organismos represivos, como último recurso para imponer frente a las masas todo el programa de saqueo y superexplotación a la que la propia situación objetiva les arrastra. Todas las rebeliones populares en curso alrededor del globo dan cuenta de esta realidad, colocando transversalmente en cuestión el rol de todos los aparatos armados de defensa del orden capitalista, y poniendo en perspectiva histórica el armamento concreto de las masas populares (EE.UU., México, Perú, Colombia, Chile, por nombrar algunos ejemplos recientes).

Por otra parte, la inviabilidad histórica de todas las propuestas de reformas democratizantes ha quedado de manifiesto en el hecho de que los mismos que hoy se llenan la boca hablando de la “refundación” de carabineros (PC, Frente Amplio), han apoyado la legislación represiva y de súper explotación durante todo el último año (anti capuchas, anti saqueo, anti barricadas, protección del empleo).

Seamos realistas: no hay ni reforma ni refundación posibles de una policía cuya función es servir como brazo armado para la defensa de los mezquinos intereses de una clase lumpenezca, criminal, corrupta, parasitaria e improductiva: la actual burguesía. Debemos abocarnos a preparar sistemáticamente una intervención histórica de la clase trabajadora que destruya el actual régimen hasta sus cimientos, y que lo reemplace por un régimen de nuevo tipo: Un Gobierno de Las y Los Trabajadores, que disuelva a carabineros y todas las actuales fuerzas armadas, y cuya defensa esté puesta en manos de todo el pueblo en armas.

Afiche de Trabajadores y Trabajadoras al Poder

La intensificación de la brutalidad policial constituye un llamado urgente a la acción. Las tareas del momento se encuentran determinadas por la organización y la movilización de pueblo. Concretamente, se debe trabajar arduamente en la construcción y el fortalecimiento de las asambleas populares junto al impulso de comités de acción en los centros laborales, cuya orientación esté puesta en organizar la lucha por la libertad de las y los presos políticos de la rebelión y del pueblo mapuche (exigiendo la amnistía general de las y los luchadores como primer paso), en preparar de inmediato las acciones de protesta en contra de los crímenes de carabineros y el Estado (movilización fuera de las comisarías, centros penitenciarios y del sename y edificios gubernamentales. ¡Derrotar en las calles el toque de queda, como hicimos el año pasado!), en organizar grupos y equipos de autodefensa territoriales y en los centros de trabajo, que constituyan la primera línea de enfrentamiento contra la represión, y en colocar toda esta perspectiva en función de desarrollar la convocatoria del 10 de diciembre hacia la Huelga General por Amnistía total a las y los luchadores, juicio y castigo a los represores, ¡Fuera Piñera y todo el régimen actual!.
¡Hoy más que nunca debemos impulsar con fuerza el Frente Único contra la brutalidad policial, los crímenes del Estado y por ¡Fuera Piñera! a través de la acción y la lucha en las calles!.

¡Amnistía Total! ¡Huelga General! ¡Fuera Piñera!
¡Juicio y castigo para los represores y asesinos del Pueblo!
¡Gobierno de Las y Los Trabajadores que disuelva las actuales FF.AA. y de orden!

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Editorial | ¡Organizar la Huelga General, Derrocar al Gobierno Criminal!

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La crisis del régimen se encuentra en un punto de ebullición, su decisión de enviar al TC el tercer retiro ha sumido al gobierno en un ahogo en el que está perdiendo cada vez más oxígeno. La dispersión de las fuerzas del gobierno, han dejado en una soledad inaudita a Sebastián Piñera en el que ni siquiera su sector ha prestado su apoyo en las maniobras que ha buscado para volver a tomar el timón, en un escenario de dispersión y debilidad.

La clase trabajadora, como una tremenda marea, azota fuertemente a la Moneda que busca de todas las formas para destrabar la crisis, puesto que la posibilidad de la continuidad del actual gobierno está cada vez más en duda. Es tal el desbarrancamiento, que hasta los sectores que se hacen llamar de oposición, con Yasna Provoste a la cabeza, han buscado darle un nuevo respiro a Piñera y construir un nuevo acuerdo para salvar otra vez el deteriorado gobierno.

No obstante, estas maniobras políticas son de una tremenda dificultad y se basan en la debilidad del gobierno y como una táctica profundamente defensiva ante la arremetida de la Clase Trabajadora que condiciona la situación política y al régimen. El gobierno de Sebastián Piñera se cae, desde los medios tradicionales llevan días señalando la soledad que enfrenta el mandatario como expresión de la profunda crisis política que enfrenta, mientras que nos encontramos ad portad de nuevas jornadas de movilización, con un llamado a Huelga General y con la Unión Portuaria empujando la radicalidad de los y las trabajadoras.

De esta manera, el contexto de esta última semana ha mostrado claramente, una razón conocida históricamente, que las dos clases fundamentales de la sociedad capitalista tienen hoy intereses completamente distintos. Mientras los capitalistas despachaban comentarios contrarios al tercer retiro, señalando que “nos falta más gente, que no llega a trabajar porque reciben los bonos del Gobierno”, o que “si el gobierno me está poniendo los bonos, para qué voy a salir a trabajar, o lo señalado por Juan Sutil, el presidente de la CPC, que le dijo a la prensa que “hay unos que prefieren o deciden buscar la informalidad para no perder beneficios”, es muestra no de indolencia, si no que de sus propias aspiraciones. Sebastián Piñera, como un burgués más, se ha cuadrado con su clase social.

Pero no hay que sorprenderse, mientras los y las trabajadoras paleaban la crisis con sus mismos recursos, mientras los campamentos crecían exponencialmente y la cesantía aumentaba, la burguesía chilena hacia acrecentar sus riquezas a costa de nuestra precariedad. La gestión capitalista de la pandemia es demostración de que la crisis la están pagando los y las trabajadoras.

No obstante, la respuesta popular fue estruendosa, las cacerolas y las barricadas se encendieron en todo el país y no han parado de dar gala de la tremenda radicalidad y de todos los aprendizajes tomados desde el 18 de octubre en adelante. Esta tremenda marea, que pone sobre las cuerdas al gobierno, tendrá la semana que comienza importantes desafíos y nuevas jornadas de movilización.

Desde el momento en que Piñera se refirió que enviaría el requerimiento al TC, las cacerolas y el descontento se tomaron las calles, no solo bajo la bandera de un nuevo tercer retiro si no que también ante el hastío de la gestión capitalista de la pandemia y tomando cuerpo nuevamente las consignas del Fuera Piñera.

En este mismo escenario, la aparición de la Unión Portuaria cumplió un rol dinamizador de la protesta, más, empuja y radicaliza las movilizaciones y abre el camino al desarrollo de una Huelga General, es decir, la tendencia a la Huelga General que se iba mostrando hoy día va tomando, no solamente forma si no que además suma cada vez más adhesiones desde las organizaciones de la clase trabajadora, ya sean sindicales como territoriales. Impulsar la Huelga General, así como sumarse a las movilizaciones, es una tarea fundamental, también superar con creces las ambiciones de la burocracia sindical que ante la arremetida popular titubean y contienen.

Ahí quedaron las previsiones de quienes sostienen que un nuevo “pacto de dominación” es posible sobre la base de las maniobras del régimen, como el acuerdo de paz de noviembre de 2019. El régimen se encuentra hoy dividido, disperso y abandonando el barco del gobierno de Piñera para salvarse así mismo en este año de elecciones, sus acuerdos son espurios y chocan drásticamente con la radicalidad del pueblo.

Este escenario actual, es tremendo y entrega grandes oportunidades a la clase trabajadora, el llamado a la Huelga General y la organización de esta es una tarea primordial. Ante todo, debemos recalcar lo siguientes tres ejes:

En primer lugar, es importante denunciar abierta y públicamente las maniobras del régimen de salvar el gobierno criminal de Sebastián Piñera buscando un acuerdo que le salve el pellejo nuevamente. Yasna Provoste a la cabeza, ha buscado cuadrar a la oposición para dar apoyo a esta maniobra sobre la base de una modificación tributaria ayudas inmediatas, y un proyecto de gobierno para un retiro de pensiones. No obstante, este acuerdo camina en una delgada línea, es un movimiento defensivo del gobierno y cualquier acuerdo será débil y cortoplacista.

En segundo lugar, La Huelga General toma cada vez más fuerza y como decíamos, su fisonomía comienza hacerse carne. En este sentido, sumarse y organizar la Huelga General en nuestros lugares de trabajo y territorios es una tarea del momento, más aún conociendo las maniobras de la burocracia sindical que frenan todo tipo de avance para sentarse a negociar, recordemos la actitud de Unidad Social que tras la histórica Huelga de 12 de noviembre de 2019 se sentó a negociar con los asesinos y culpables de la represión, dando posibilidad, en acción u omisión, al pacto de paz. La única posibilidad de echar abajo el gobierno es a partir de la radicalidad y la lucha de la clase trabajadora.

Sin embargo, el escenario está para más. La Unión Portuaria ya ha anunciado protestas para este lunes, el 27 de abril (Día de Carabineros) también es una jornada de manifestaciones importantes. No debemos soltar las calles, debemos ocupar cada momento e instancias para agitar, organizar: ¡Fuera Piñera! ¡Disolución de las Fuerzas de Orden! ¡Huelga General Ya!

En tercer lugar, debemos trazar el camino a los próximos escenarios de la lucha de clases e impulsar una gran Asamblea del Pueblo de todos los organismos en lucha, sin sectarismos, de todos y todas las que luchan que permita aplacar la dispersión actual, sobre ponerse a la espontaneidad y trazar un camino para derrocar al régimen completo.

¡A Derrocar a Piñera!

¡Huelga General Ya!

¡A derrotar la gestión capitalista de la pandemia en las calles!

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Editorial | ¡Abajo la gestión Capitalista de la Pandemia! Organización y lucha para derrocar a Piñera

El gobierno de Piñera ya no puede seguir un día más en el poder, el pueblo y sus organismos de avanzada deben tomar sobre sus manos la gestión de la pandemia.

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Una nueva fase de la crisis pandémica se ha posado sobre la humanidad, la gestión capitalista de la pandemia ha provocado a nivel mundial una tremenda catástrofe que no ha permitido recomponer la profunda crisis que afecta al mundo, provocando que los contagios y muertes suban drásticamente en las economías occidentales.  No obstante, esta característica se muestra claramente, la actual fase de la crisis pandémica no es más que la crisis de la gestión capitalista del Covid-19 que ha puesto sobre la mesa la acumulación capitalista por sobre la vida de los y las trabajadoras.

Esta situación, tiene su carácter y tendencia Mundial. La situación pandémica se ha profundizado en distintas partes del mundo, Francia en estos últimos días ha superado los 45.000 mil contagios diarios[1], así como Brasil cuenta más de 3000 muertos diarios[2] y atraviesa una profunda crisis política, donde incluso Bolsonaro ha tenido que enfrentar la renuncia de dos de sus Ministros[3] y ha tenido que cambiar a 6 ministros para enfrentar la crisis política que vive como consecuencia de su gestión en la Pandemia[4], y así sucesivamente, se expresa la actual situación mundial, caracterizada y motorizada por la actual situación pandémica.

Como hemos dicho anteriormente, la Pandemia ha dinamizado y profundizado la crisis integral del Capitalismo. Las consecuencias a un año de la pandemia han sido catastróficas, y han tenido una tremenda consecuencia en la clase trabajadora, provocando que millones de personas hayan perdido sus trabajos, negocios y han visto afectados sus ingresos; al contrario, la burguesía ha recibo grandes paquetes de salvataje económico e inyecciones de los bancos centrales, así es que “en el año de la pandemia, la riqueza de los multimillonarios se disparó en un 27,5 por ciento, mientras que 131 millones de personas cayeron en la pobreza debido al COVID-19”[5]. Por lo tanto, la pandemia ha afectado principalmente a la clase trabajadora a nivel global.

En la Región latinoamericana, la Crisis pandémica también se ha expresado como un factor de precarización y pobreza, afectando principalmente a los más pobres de la región. El informe de la Cepal ha planteado que “los barrios marginales urbanos en los márgenes de muchas de las ciudades de la región a menudo carecen de acceso a servicios básicos, lo que significa que muchos ciudadanos no pueden acceder a los alimentos, el agua y la atención médica necesarios para hacer frente a la crisis”[6].

De esta forma, la “nueva normalidad” del capital desarrolla las contradicciones sociales e históricas de una forma más impetuosa que lo que hemos visto hasta ahora. En Chile, esta situación también se muestra de manera crítica, peor que el año pasado y como directa consecuencia de la gestión capitalista que ha encabezado el gobierno de Piñera.

Esta nueva explosión de contagios, se desarrolló en un contexto de máxima presión desde el gobierno por el retorno a la presencialidad en los colegios, la reanudación de las actividades productivas, de control social y represión para aminorar las consecuencias de convulsión social que trae aparejado el escenario actual. La gestión capitalista de Piñera, a un año de la pandemia, ha conllevado una profunda pauperización de la vida del pueblo, además de crisis económica, desempleo, crisis habitacional, etc. Ante esta situación, la respuesta a la catastrófica situación ha sido hambre, muerte y represión por parte del gobierno y los representantes del gran capital.

De esta forma, la actual situación tiene a nuestro país en cuarentenas totales para el 80% de la población, repartida en 198 comunas. A la vez, ante un colapso de los centros de Salud que tiene a la región de Valparaíso con solo dos camas críticas y una crítica situación de colapso en las camas UCI a nivel nacional. Esto en el marco de una elevación constante de los contagios, mientras que se desarrolla el plan de vacunación impulsada por el gobierno, que, aunque intenta posicionar el proceso como uno de los cuatro mejores, no logra control del explosivo contagio de la pandemia.

Toda esta situación, ha puesto al gobierno en una tremenda encrucijada, que lo ha obligado correr las elecciones que estaban fechadas para el 10 y 11 de abril. Estos aspectos mencionados, ponen al gobierno y al régimen político en un inmovilismo frente al desastre sanitario y la crisis de régimen, es decir, en un callejón sin salida que no le permite concretar de manera exitosa todas sus iniciativas.

El gobierno y los partidos del régimen no tienen de ninguna manera una salida a la actual situación. Por un lado, el gobierno ha puesto en marcha el salvataje a las grandes empresas mientras condena a la clase trabajadora a pagar la crisis con sus propios y escasos recursos; del mismo modo, los partidos del régimen no han presentado un programa para enfrentar la actual situación pandémica, y han guardado silencio ante la gestión capitalista del actual gobierno.

De esta forma, la única salida posible es la gestión socialista de la pandemia con la clase trabajadora y sus organismos a la cabeza. Es momento de reactivar toda la solidaridad popular, que ya tiene un año de experiencia en la pandemia y de lucha contra este régimen, para enfrentar de manera seria la situación pandémica. Comités de emergencias y del pueblo para controlar la pandemia en nuestros territorios, ollas comunes y redes de abastecimiento para enfrentar la precarización; sobre la base de estos, organizar una huelga general para derrocar al gobierno de Piñera que nos ha sumido a esta situación y luchar por el establecimiento de un programa de emergencia que permita resolver las condiciones concretas de los y las trabajadoras.

La Huelga General hoy cobra más fuerza que nunca como único método para derrocar al gobierno de Piñera y enfrentar la gestión capitalista de la pandemia y frenar los impulsos e intentos criminales del empresariado de sumirnos en una nueva normalidad que les permita asegurar sus ganancias en desmedro de las vidas del pueblo. Este proceso debe desarrollarse de forma ascendente y radical, contemplando todas las formas de lucha y organización.

El gobierno de Piñera ya no puede seguir un día más en el poder, el pueblo y sus organismos de avanzada deben tomar sobre sus manos la gestión de la pandemia e instalar, con los métodos de la lucha de clases, un programa de emergencia que resuelva la crisis. Las medidas de control, gestión y planificación central para enfrentar las condiciones de nuestro país sólo pueden implantarse de forma revolucionaria, a través de la acción histórica e independiente de la única fuerza social que puede tomar en sus manos las medidas para enfrentar a los capitalistas, la Clase Trabajadora.


[1] https://www.latercera.com/mundo/noticia/francia-suma-mas-de-45000-nuevos-casos-de-coronavirus-en-las-ultimas-24-horas/ICLKSJ2OLNCGXHUSKBEFXPS6KA/

[2] https://www.france24.com/es/europa/20210323-confinamiento-semana-santa-covid19-coronavirus

[3] https://www.latercera.com/mundo/noticia/bolsonaro-enfrenta-crisis-politica-renuncia-ministro-de-defensa-de-brasil-horas-despues-de-salida-de-canciller/NIVJ5UCIUNBHDBK7DDPKNXQMOU/

[4] https://www.france24.com/es/am%C3%A9rica-latina/20210329-brasil-renuncias-canciller-araujo-ministro-defensa-azevedo-bolsonaro

[5] https://www.sinpermiso.info/textos/el-ano-de-la-pandemia

[6]https://www.cepal.org/sites/default/files/presentation/files/version_final_panorama_social_para_sala_prebisch-403-2021.pdf?fbclid=IwAR29Bel-1wVqB1ocM4XOdj7APTiREEqwOXCM7Vu4RJWM6NVHS_zArHVFDU4

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Editorial | ¡Se derrumban! ¡Se tienen que ir! ¡Tienen que pagar!

¡Es momento de golpear duramente a los explotadores! ¡Sólo por medio de la acción directa podremos conquistar nuestras reivindicaciones! ¡Ha llegado la hora de imponer nuestra salida frente a la crisis!

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El mantenimiento del actual régimen político se ha vuelto insostenible

Durante la semana pasada, dos menores de edad dependientes del Sename fueron baleados por carabineros en Talcahuano. El hecho -que tuvo una inmediata y combativa respuesta de masas- determinó la salida de Rozas y su recambio por el general Yáñez en la dirección de la criminal institución policial.

Es claro que por medio de esta maniobra el gobierno buscaba “descomprimir” la situación, instalando la idea de una “asunción de responsabilidad” por parte de la institución a través de la salida del director general. El estrepitoso fracaso de la maniobra quedó demostrado el mismo viernes en distintos puntos del país, y fundamentalmente, en el centro de Santiago, donde miles se congregaron en una combativa jornada al grito de ¡Fuera Piñera! ¡Juicio y castigo a los asesinos del pueblo! ¡Libertad a los presos y presas políticas de la Rebelión Popular! El objetivo de la acción: La Moneda.

Esta respuesta nos muestra que la revolución ha impuesto una conclusión categórica en la conciencia del Pueblo Trabajador: Ya no basta con las simples “remociones”; de nada sirven las maniobras ni las reformas cosméticas donde sale uno y entra otro igual.

Los responsables políticos de la brutalidad se tienen que ir y tienen que pagar por todos sus crímenes.

La descomposición de carabineros, las fuerzas armadas y el aparato represivo en general es una manifestación abierta de que la tendencia al derrumbe del actual régimen es imparable. Esta tendencia se expresa de igual forma en la crisis política que ha generado la discusión respecto del segundo retiro del 10% de las AFP. La maniobra de la presentación del proyecto de retiro del gobierno responde al afán de intentar un repliegue ordenado -que ya venían exigiendo los capitalistas desde hace semanas por medio de las editoriales de los grandes medios- ante una derrota inminente.

La disputa ejecutivo-parlamento que se intenta perfilar como la panacea de todos los males (por medio de eufemismos como el “parlamentarismo de facto” o la “constitución paralela”) no representa más que el extravío de un régimen que ha perdido toda capacidad de arbitrar el conflicto de clases, es decir, no constituye una disputa de poder real. Por esta razón, las precarias conspiraciones parlamentarias para acabar anticipadamente con el mandato de Piñera se estrellan siempre contra la propia debilidad de los conspiradores. Queda claro que ni el oficialismo ni la oposición tienen capacidad alguna de recomponer el arbitraje político que por esencia está llamado a desempeñar el Estado bajo la dictadura del capital. La reiterativa amenaza de recurrencia al Tribunal Constitucional por parte de Piñera representa un callejón sin salida: al pretender pugnar con las masas a través de este mecanismo, dejará inmediatamente expuesto al órgano -garante institucional último de la constitución pinochetista- como un tigre de papel, lo que contribuirá enormemente al desenvolvimiento mucho más abierto de la verdadera disputa de poder que subyace toda la crisis actual: Poder burgués contra el ascenso todo el pueblo trabajador. La lucha de clases actúa como factor decisivo de disolución de todo el orden social actual.

El Tribunal Constitucional, la «añeja» institución que tendrá que deliberar respecto al Segundo Retiro del 10% a petición del Ejecutivo. Foto: Agencia Uno.

Es claro que en este escenario de derrumbe ya no puede prosperar ningún “arbitraje” de la lucha de clases por medio de los mecanismos estatales. Por el contrario, lo que sí va tomando forma concreta es la caída de Piñera y de todo el régimen actual por medio de la fuerza incontenible de la presión popular y los métodos de la rebelión. En la situación actual, los explotadores temen por sobre todas las cosas un nuevo ascenso colosal de la lucha popular. El desenvolvimiento de la situación internacional ha contribuido a exacerbar hondamente dichos temores.

El alcance y colosal extensión de la crisis capitalista, catastróficamente profundizada con la llegada de la pandemia, ha colocado de manifiesto frente a millones de trabajadores y trabajadoras alrededor del mundo el absoluto agotamiento de todo el orden capitalista de dominación. Los recientes levantamientos en Perú y Guatemala constituyen síntomas irrefutables de la invencible tendencia mundial al fortalecimiento de la Rebelión Popular, y señalan la hoja de ruta más efectiva para los pueblos y las masas trabajadoras de América Latina:

¡Es momento de golpear duramente a los explotadores! ¡Sólo por medio de la acción directa podremos conquistar nuestras reivindicaciones! ¡Ha llegado la hora de imponer nuestra salida frente a la crisis!

La lucha por juicio y castigo contra los represores y todos los responsables políticos de la brutalidad contra el pueblo coloca en perspectiva el surgimiento de tribunales populares que se hagan cargo de decidir y ejecutar dichas resoluciones sobre los marcos de un nuevo poder. El derrumbe del saqueo institucionalizado contra las y los trabajadores que representa el sistema de las AFP coloca en perspectiva la lucha por la expropiación del capital y la nacionalización de la banca, los fondos de pensiones y todo el sistema financiero, en miras a la reorganización completa de la sociedad sobre las bases de un nuevo poder. Todo el trasfondo histórico de la crisis actual apunta hacia la destrucción del régimen actual y su reemplazo por un Gobierno de Las y Los Trabajadores, es decir, la imposición del poder real de la clase trabajadora sobre la base de sus propios órganos y todo el pueblo en armas, como única salida realista frente a la crisis actual.                                                       

                                                      

El Congreso ardiendo en Guatemala. Expresión concreta del sostenido ascenso de la Rebelión en distintos países de Latinoamérica. Foto: AP.

¡Fuera Piñera! ¡Abajo todo el régimen de represión e impunidad! ¡Huelga General! Por medio de la lucha concreta y la organización popular en miras de la conquista de todas nuestras demandas, impulsemos la construcción de un gran Frente del Pueblo y de Las y Los Trabajadores para imponer nuestra salida frente a la crisis.

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