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Editorial | ¡Disolución de la policía bajo un Gobierno de la Clase Trabajadora!

En las actuales condiciones de decadencia mundial del capitalismo, el problema de la brutalidad policial no constituye un fenómeno aislado, es decir, determinado por factores puramente nacionales. La crisis mundial empuja a los capitalistas al fortalecimiento de sus organismos represivos.

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Durante la tarde de ayer miércoles tuvimos noticia de nuevos casos de brutalidad policial y estatal: Desde la madrugada se conoció el fallecimiento en prisión de Keysi Vigoroux, interna que padecía un cáncer en etapa terminal, tras meses de luchar por un indulto presidencial que jamás llegó. Durante la tarde se difundió ampliamente un video que muestra a funcionarios de carabineros disparando contra un grupo de menores residentes de un hogar del Sename en Talcahuano, hechos que acabaron con dos menores baleados por los funcionarios. Hasta el momento, estos hechos han determinado una enérgica respuesta de masas, la salida del director de carabineros y el adelantamiento del toque de queda en todo el gran Concepción como forma de evitar un levantamiento popular.

Lamentablemente, esta clase de hechos vienen repitiéndose con una frecuencia cada vez mayor. Hace sólo un par de semanas, carabineros intentó asesinar a un joven manifestante lanzándolo por un puente al río Mapocho en Santiago, lo que sumado a las sistemáticas violaciones a los derechos humanos desde hace un año, la brutalidad policial en Wallmapu, los conocidos casos de corrupción que involucran a la institución, la cantidad de funcionarios y oficiales procesados (incluidos altos mandos y ex directores), han colocado a la orden del día la discusión respecto de qué hacer con este órgano policial. Desde los sectores reformistas y democratizantes (PC, FA), se apunta hacia la necesidad de una “reforma”, una “refundación” o una “democratización” de la policía en los marcos del actual estado burgués. ¿Es esto posible? ¿Deben los trabajadores y trabajadoras prestar atención a las propuestas de quienes se presentan como sus auténticos “aliados” y “representantes”?

En primer lugar, debemos considerar que, dado el carácter de la presente revolución, la clase trabajadora no cuenta con “aliados” genuinos entre las clases poseedoras y explotadoras. Este hecho determina que todo problema político fundamental (como la reforma de la policía) conduzca hacia el problema del poder, es decir, quién tiene el poder para implementar esta clase de decisiones. Por esta razón, el único programa viable para la resolución de la crisis actual es el de la concentración de todo el poder en manos de la clase proletaria. De nada nos sirven los cantos de sirena de las propuestas de “reformar” carabineros, de “democratizar” la institución o de someterla al imperio de un inexistente poder de la “sociedad civil”.

En las actuales condiciones de decadencia mundial del capitalismo, el problema de la brutalidad policial no constituye un fenómeno aislado, es decir, determinado por factores puramente nacionales. La crisis mundial empuja a los capitalistas al fortalecimiento de sus organismos represivos, como último recurso para imponer frente a las masas todo el programa de saqueo y superexplotación a la que la propia situación objetiva les arrastra. Todas las rebeliones populares en curso alrededor del globo dan cuenta de esta realidad, colocando transversalmente en cuestión el rol de todos los aparatos armados de defensa del orden capitalista, y poniendo en perspectiva histórica el armamento concreto de las masas populares (EE.UU., México, Perú, Colombia, Chile, por nombrar algunos ejemplos recientes).

Por otra parte, la inviabilidad histórica de todas las propuestas de reformas democratizantes ha quedado de manifiesto en el hecho de que los mismos que hoy se llenan la boca hablando de la “refundación” de carabineros (PC, Frente Amplio), han apoyado la legislación represiva y de súper explotación durante todo el último año (anti capuchas, anti saqueo, anti barricadas, protección del empleo).

Seamos realistas: no hay ni reforma ni refundación posibles de una policía cuya función es servir como brazo armado para la defensa de los mezquinos intereses de una clase lumpenezca, criminal, corrupta, parasitaria e improductiva: la actual burguesía. Debemos abocarnos a preparar sistemáticamente una intervención histórica de la clase trabajadora que destruya el actual régimen hasta sus cimientos, y que lo reemplace por un régimen de nuevo tipo: Un Gobierno de Las y Los Trabajadores, que disuelva a carabineros y todas las actuales fuerzas armadas, y cuya defensa esté puesta en manos de todo el pueblo en armas.

Afiche de Trabajadores y Trabajadoras al Poder

La intensificación de la brutalidad policial constituye un llamado urgente a la acción. Las tareas del momento se encuentran determinadas por la organización y la movilización de pueblo. Concretamente, se debe trabajar arduamente en la construcción y el fortalecimiento de las asambleas populares junto al impulso de comités de acción en los centros laborales, cuya orientación esté puesta en organizar la lucha por la libertad de las y los presos políticos de la rebelión y del pueblo mapuche (exigiendo la amnistía general de las y los luchadores como primer paso), en preparar de inmediato las acciones de protesta en contra de los crímenes de carabineros y el Estado (movilización fuera de las comisarías, centros penitenciarios y del sename y edificios gubernamentales. ¡Derrotar en las calles el toque de queda, como hicimos el año pasado!), en organizar grupos y equipos de autodefensa territoriales y en los centros de trabajo, que constituyan la primera línea de enfrentamiento contra la represión, y en colocar toda esta perspectiva en función de desarrollar la convocatoria del 10 de diciembre hacia la Huelga General por Amnistía total a las y los luchadores, juicio y castigo a los represores, ¡Fuera Piñera y todo el régimen actual!.
¡Hoy más que nunca debemos impulsar con fuerza el Frente Único contra la brutalidad policial, los crímenes del Estado y por ¡Fuera Piñera! a través de la acción y la lucha en las calles!.

¡Amnistía Total! ¡Huelga General! ¡Fuera Piñera!
¡Juicio y castigo para los represores y asesinos del Pueblo!
¡Gobierno de Las y Los Trabajadores que disuelva las actuales FF.AA. y de orden!

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Recuperación de todo el territorio en Wallmapu, ¡Desmilitarización ahora! ¡Fuera las forestales de territorio mapuche!

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Ha pasado más de una semana de la muerte en combate del weichafe Pablo Marchant en Carahue. El compañero, destacado militante de la CAM y miembro del ORT Lavkenche-Leftraru, con su actuar consecuente marca el sendero de lucha no sólo para los sectores en resistencia del pueblo mapuche, sino para todas y todos quienes luchan por la emancipación de la clase trabajadora desde sus más diversas veredas.
La vía armada, la misma que tomó Pablo y siempre ha reivindicado la CAM y otras organizaciones en resistencia del Wallmapu, ha sido el canal al cual han sido empujadas comunidades y miembros del pueblo mapuche, por siglos de expoliación y explotación de sus recursos naturales por parte del Estado chileno y el gran capital, en los cuales la violencia estatal, e incluso el exterminio de comunidades, no ha estado ausente. Acá no estamos hablando de un enfrentamiento igualitario, con condiciones similares entre ambas partes, estamos hablando de la dignidad de un pueblo, con los medios que tienen a disposición, frente a la hegemonía de la violencia que ejercen día a día los sectores privados, amparados por las fuerzas del Estado.
Décadas de negociaciones e intentos de salidas pacíficas al conflicto no han sido fructíferos, sólo han consolidado la dominación colonial sobre los territorios y el pueblo mapuche en Wallmapu, dejando tras de sí un ínfimo reguero de tierras compradas por las instituciones encargadas de mediar esta problemática .

Por lo mismo, y en consideración de estos hechos, nos sorprende que ciertos sectores de la izquierda vacilante y la socialdemocracia pongan el grito en el cielo, condenando por todo lo ancho, el accionar bajo estructuras político militares de organizaciones como la CAM, WAM u otras, lo que implica, necesariamente, la utilización de armas para la autodefensa y el sabotaje.
Si las comunidades y organizaciones en resistencia tomaron, en algún momento, la decisión de alzar las armas, no fue por mero antojo o impulso de violencia sin sentido, es una decisión respaldada en función de la necesidad de resistir frente al despeñadero social y ecológico al cual los empujan día a día las forestales.
La negociación pacífica, el subordinamiento frente a las hojas de ruta planteadas por el gran capital, es una práctica propia de los sectores que tanto condenan la violencia “venga de donde venga”, descontextualizando las problemáticas y haciendo vista gorda a las fuerzas en disputa. Intentando observar el curso de los hechos en el país desde su óptica claudicante, desconocen que en el sur sí existe la convicción, por parte de muchas compañeras y compañeros, de resistir al capital en el plano concreto, no con meras declamaciones y palabras de buena crianza, como ellos y ellas suelen hacerlo.
La militarización a la cual ha sido sometido todo el Wallmapu no es más que la justificación concreta de dicho accionar, una expresión de cómo opera el brazo armado del Estado a disposición de los grandes capitales. Éstos últimos, no conformes con las más de 3,6 millones de hectáreas que poseen en territorio mapuche, buscan por todas las formas posibles acabar con las reivindicaciones ancestrales de dicho pueblo, que no es más que la defensa irrestricta de una forma de vida, de una manera de ver el mundo; alejada totalmente de la concepción capitalista y su depredación de la tierra. Si las forestales no han logrado dicho objetivo mediante la negociación y la subordinación de ciertos sectores, lo intentan hacer mediante otras tácticas, aún más cuestionables, como la militarización del territorio por parte de las fuerzas policiales, justificando esta ocupación en base a los falsos relatos del «narcoterrorismo» presente en la zona[1].


¿Cómo no habrían de resistir con todos los medios posibles, desde una visión integral, las organizaciones de vanguardia del pueblo mapuche?

Con palabras de buena crianza poco y nada se ha conseguido durante estos años, y mientras las comunidades intentaban destrabar sus demandas ancestrales por sus tierras, mediante la negociación y el diálogo, el avance de las forestales no detenía su paso, dejando tras de sí un preocupante reguero de desertificación y pérdida de flora y fauna nativa. Frente a un escenario de este tipo, que no ha cambiado sustancialmente con el paso de los años, todas y todos debemos vernos interpelados, mapuche y winka.

La muerte de Pablo Marchant ha tensionado, aún más, un escenario marcado por las diversas posturas en torno a la lucha del pueblo mapuche. La composición de este pueblo es heterogénea y representa una franja importante de la población del país, y mientras los sectores en resistencia llaman a no confiar en los meros “simbolismos” de la Convención Constitucional, desde su tarima, algunas y algunos convencionales, mapuche y no mapuche, intentan destrabar el conflicto mediante alocuciones e intervenciones varias.

Cierto es que las palabras de buena crianza, los simbolismos, las cartas o discursos rimbombantes no poseen la intrínseca capacidad de detener las balas que disparan las fuerzas policiales en Wallmapu o recuperar las tierras robadas por las forestales, por lo que se quedan cortas en el desenvolvimiento del actual escenario de la lucha de clases.

Con esto no queremos marcar, como Diario Venceremos, una postura que eche por la borda el trabajo de la Convención Constitucional, pero debemos ser consecuentes y expresar de la mejor forma posible nuestros planteamientos. En anteriores editoriales hemos dicho que aquel escenario es uno más de disputa, incapaz por sí mismo de acabar con el extractivismo o la militarización, por ejemplo; pero sí con la potencialidad de dinamizar, mediante su palestra pública y nacional, las contradicciones que en estos momentos atraviesa la clase dominante, las mismas que abren espacio a las luchas que el pueblo es capaz de desarrollar en las calles. Es un espacio sumamente limitado, que por sí solo no logrará ningún cambio sustancial o radical en el actual estado de cosas, pero no debe ser obviado por todo lo que expresa.

Todas y todos aquellos constituyentes que tomaron postura por el pueblo mapuche o chileno deben desarrollar las acciones debidas para que las consignas no queden solamente en palabras de buena crianza, sino que se reflejen directamente y con la mayor celeridad posible, en ganancias para ambos pueblos. Se debe ir configurando un escenario que permita la capacidad soberana de la Convención, sin necesidad de arrogar en los poderes del Estado decisiones tan importantes como la desmilitarización en Wallmapu o el fin al extractivismo de las grandes empresas forestales.

Esperar que este sistema, el actual régimen, avancen realmente hacia una solución del conflicto, no es más que ingenuidad política. Por lo mismo, nuestro llamado es a exigir las consignas mencionadas en nuestro título en las calles, mediante la solidaridad activa del pueblo chileno en las ciudades hacia los sectores en resistencia del pueblo mapuche, abandonar el rol de mero espectador y cumplir uno mucho más activo. Lo mismo esperamos de las y los constituyentes que representan los intereses de la clase trabajadora.

De lo contrario, de permanecer en la indecisión, en la inercia, no haremos más que entregar en bandeja la capacidad de dar el primer golpe a la burguesía, el cual siempre puede ser el más contundente. Tenemos que ser propositivos, se vuelve necesario revisar cuantas veces sea necesario el camino de nuestra lucha y no nublarnos frente a los cantos de sirenas que algunos sectores de la vieja política nos harán llegar, intentando vendernos, con prebendas y promesas vacías, las soluciones definitivas a un conflicto como el que se vive hoy en Wallmapu contra las forestales.

La única vía posible, en estos momentos, de resistir frente a dicho avance, es la que han trazado las organizaciones mapuche en resistencia. Es labor de todas y todos, desde nuestras tarimas – considerando también la Convención Constitucional – tender los puentes necesarios para apoyar a la misma y evitar su aislamiento frente al asedio del Estado. De lo contrario, las consignas por la desmilitarización, el fin al extractivismo forestal y la liberación de todas y todos los presos políticos – incluyendo a los PPM – no abandonarán el plano de simples “palabras de buena crianza”.


[1] Para más información respecto a esta idea del “narcoterrorismo”, visitar la opinión publicada en CIPER referente al tema: https://www.ciperchile.cl/2021/07/14/para-que-se-construyo-la-idea-del-narcoterrorismo-en-wallmapu/

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¡A reagrupar la organización popular! ¡Enfrentemos juntas y juntos al régimen!

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La “sorpresiva” victoria de Claudio Orrego, candidato de la DC, por sobre Karina Oliva, candidata del Frente Amplio por la gobernación de la Región Metropolitana, nos recordó una situación ya antes vista en la historia de las elecciones en el país: cuando la derecha, los máximos defensores del régimen capitalista, se ven amenazados, aunque sea un ápice en su dominio ideológico y económico, no dudan en apoyar a otrora adversarios políticos, haciendo gala de una fenomenal flexibilidad táctica.

De todas formas, frente a la situación ocurrida el pasado domingo no debemos engañarnos: la DC jamás ha sido un partido de centro y su histórica naturaleza basculante los suele situar hacia el lado derecho de la balanza, mientras que la candidata del Frente Amplio hizo gala de una enorme incapacidad de plantear un programa acorde a los intereses políticos e inmediatos de la clase trabajadora.

No sirve plantear propuestas para la generación “millenial” o “centenial” sin apuntar hacia problemáticas de fondo, no sirve tampoco ir a disputar una candidatura por la Gobernación con un dinosaurio político como Claudio Orrego; a fin de cuentas, el desinterés del pueblo pasará la cuenta. Y lo pasó, reflejándose en el minoritario porcentaje del padrón electoral que acudió a votar el pasado fin de semana.

¿Es la “flojera” de la clase trabajadora empobrecida la causante de que no saliera electo el “mal menor”? ¿Qué han hecho los partidos políticos del régimen y la izquierda democratizante para revertir el desinterés hacia las elecciones suscitado durante este fin de semana?

Consideramos que la clase trabajadora poco tiene que arrogarse de responsabilidad en la elección de Orrego, sino al contrario, el resultado de estas elecciones no es más que la cristalización de la profunda crisis en que se encuentra el actual régimen. Crisis que los tienen reordenando sus fuerzas, intentando oxigenar, a como dé lugar, su capacidad de gobernabilidad.

En estos esfuerzos, el “campo de batalla” por excelencia será la Convención Constitucional. A pesar de sus limitancias, y de que por sí misma no anida la posibilidad de desarrollar cambios revolucionarios en la sociedad, dentro de ella se desenvolverán las expresiones concretas de las disputas propias y más agudas de la lucha de clases, y la capacidad de “correr” o no el cerco del actual estado de las cosas generará agudizados conatos entre las fuerzas en disputa.

Frente a los meses venideros las reestructuraciones de las fuerzas políticas cobrarán aún más fuerza. Mientras los sectores de la derecha “dura” y los partidos políticos de la ex concertación buscarán alianzas y disputa directa con los sectores más a la izquierda, intentando evitar el “tsunami rojo”, seguramente los sectores reformistas intentarán poner el punto de balance y contención, pensando, a su vez, en las elecciones presidenciales de noviembre próximo, en las que todo parece vaticinar que disputarán palmo a palmo el sillón presidencial con la derecha. Empero, no debemos olvidar que el proyecto histórico de la socialdemocracia se encuentra en estos momentos en la bancarrota, imposibilitado de desarrollar su programa en las actuales condiciones políticas, por lo que no apuntan a nada más que una “mejor gestión” del sistema capitalista si llegan a salir electos.  

Dicho escenario nos tensiona como izquierda. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras el enemigo nos pasa por encima e impone sus condiciones dentro de la convención y las calles. Se vuelve fundamental reagruparnos, reordenarnos y desarrollar las capacidades de asestar golpes en los momentos oportunos.

¿Cómo podemos ir construyendo la fuerza propia del pueblo? ¿Cómo podemos iniciar esta fase de “reagrupamiento”? Una apuesta inicial es que en cada territorio deben ir generándose las capacidades para levantar Asambleas del Pueblo, órganos que fortalezcan la organización popular en la calle y designen sus mandatos hacia la Convención Constituyente, en clave de lograr que dicha convención adquiera una naturaleza soberana y deliberativa.

Para lograr aquello, se vuelve fundamental levantar las consignas centrales de la Rebelión Popular en todos los escenarios de disputa, agitar el derrocamiento de Piñera, la libertad sin condiciones a las y los presos políticos y el juicio y castigo a los violadores y violadoras de DD.HH. Todas aquellas consignas deben ser disputadas como puntos centrales de la Convención Constitucional, y la única forma que tendremos, como clase trabajadora, de presionar por su cumplimiento, será la organización y la protesta en momentos concretos.

En el transcurso del año se volverá fundamental unirnos a dichas convocatorias, tensionar las discusiones de la Convención mediante la protesta callejera y el objetivo último de la Huelga General. Mientras los sectores reformistas están jugando todas sus cartas a la lucha por la presidencia e incidir con sus propuestas en la discusión constituyente; los partidos de la ex Concertación se reagrupan y apuntan a salvaguardar, en parte, todo lo perdido; y la derecha intenta fortalecerse en la lucha presidencial y constituyente, como izquierda debemos también jugar nuestras cartas. Convencer a los más amplios sectores de la clase trabajadora de que otra salida es posible, que el actual régimen económico puede y debe acabarse, y que la única forma de lograrlo será mediante la organización y la lucha concreta en las calles.

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En pleno proceso constituyente, ¡A levantar asambleas del pueblo en todos los frentes y territorios!

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Más de dos semanas han transcurrido ya de las elecciones por constituyentes y municipales del año 2021, y sus consecuencias aún no logran dimensionarse a plenitud. Esta situación se explica por unas elecciones históricas, signadas por la baja participación y, sobre todo, por el fuerte golpe que recibieron los partidos del régimen en las urnas. A pesar de los millones invertidos, del lobby realizado y las amenazas inferidas por los más importantes gremios del empresariado nacional, la tendencia general de las personas que fueron a votar fue un importante viraje hacia “la izquierda”, dejando de lado a buena parte de los principales administradores de la miseria de los últimos 30 años.

La sensación de victoria en las elecciones aún abunda en las calles, cristalizándose, por un lado, en los enormes avances electores logrados por la izquierda democratizante, representada en el Partido Comunista y algunos sectores del Frente Amplio, a lo que se suma el sorpresivo golpe que dieron las y los integrantes de la Lista del Pueblo, que sin mayores medios y conformándose en torno a las experiencias de lucha desarrolladas desde octubre de 2019, logró posicionar más de 20 constituyentes en la convención que redactará la próxima carta magna.

Merced de lo auspicioso que puede parecer este escenario, con los partidos de derecha desbandándose, culpándose entre ellos y desmarcándose de la gestión del gobierno; junto a los sectores de la ex Concertación con la brújula absolutamente perdida, pareciera que todo ya está resuelto en el proceso desatado a partir del 18 de octubre de 2019, y basta con poner en las manos de las y los constituyentes el punto final de las demandas emanadas desde aquel día.

Como Diario Venceremos queremos “poner la pelota en el suelo”, y expresar fuerte y claro que confiarnos y desmovilizarnos, en función de la confianza en los procesos democráticos y la institucionalidad, sería un craso error. Las fuerzas del enemigo han demostrado, históricamente, la gran capacidad que tienen de reagruparse y encontrar salidas a momentos conflictivos, haciendo uso de la violencia política llegado el caso. Probablemente ya se están fraguando pactos espurios entre los sectores de derecha y la ex concertación para afrontar el proceso constituyente que se avecina, mientras intentan acercar a su feudo a todos aquellos independientes que salieron electos sin las suficientes claridades políticas y programáticas.

Dicho reordenamiento estará signado, también, por el aumento de la represión y la coerción estatal en las calles para facilitar el proceso, por lo que de una u otra manera intentarán encausar las aguas de la próxima constitución hacia sus más fértiles ganancias.

Su derrota, además, es aún breve, minúscula en el amplio espectro de la lucha de clases, ya que todavía cuentan con el enorme aparato represivo del Estado a su favor, además de los poderes de aquel estado encausados hacia sus designios, cohesionados al momento de juzgar y perseguir, por ejemplo, a todas y todos los presos de la rebelión.

Ante dicho escenario, que enfrentaremos en el corto plazo y mediano plazo, debemos generar la capacidad de adelantarnos a las jugadas del enemigo, y sobre todo construir puentes de unidad. Todos aquellos sectores que se encontraron en los meses previos a las elecciones, que levantaron candidaturas forjadas desde la acción y organización popular, y que recogieron un sinfín de aprendizajes hayan alcanzado o no la elección, deben continuar en las calles, dando la pelea y forjando los necesarios instrumentos para expresar en instancias concretas la tan ansiada unidad.

Las asambleas del pueblo pueden ser uno de estos instrumentos, en clave de apuntar hacia una gran Asamblea Popular y Soberana. Hoy más que nunca se vuelven una necesidad urgente, lo suficientemente robustas y representativas en cada territorio, para así captar a los más diversos sectores movilizados. Dichas asambleas deben acompañar el proceso constituyente, apoyando a todos aquellos candidatos y candidatas que, abiertamente, levanten y agiten en dicha instancia las principales demandas levantadas por el pueblo movilizado durante estos meses: ¡Fuera Piñera! ¡Fin a la gestión capitalista de la pandemia! ¡Libertad a todas y todos los presos políticos!

Muchas y muchos compañeros que fueron electos como constituyentes lo hicieron con estas claridades y estas consignas por delante, pero muchos otros aún están en la indefinición, buscando representar de la mejor manera posible al pueblo que decidió elegirlos. A esas compañeros y compañeros hay que acompañarlos, tensionarlos a que también tomen postura y levanten estas consignas, y que no se atrincheren en torno a demandas localistas y sectarias. Hoy más que nunca se vuelve necesario poner sobre la mesa, mediante todos los medios posibles y en todos los escenarios posibles, la necesidad última de liberar a nuestras y nuestros presos, viendo de paso caer el régimen que ha gestionado para su propia ganancia la pandemia y nos ha quitado cientos de vidas.

Debemos también ser conscientes de que el escenario institucional es sólo un ápice de los procesos desatados desde octubre hasta la fecha. Muchas retóricas triunfalistas querrán convencernos de ser la solución al problema, el punto final al neoliberalismo sin realmente derrotarlo, sino más bien gestionando la matriz capitalista del país desde un cariz más “humano”. Es necesario develar dichas posturas, tensionarlas, demostrar igualmente sus limitancias y disputar la consciencia popular en el plano de lo concreto, dejar las abstracciones academicistas de lado. Si no somos capaces de plantear abiertamente nuestras ideas nos encaminamos a un ineludible callejón sin salida.

La burguesía y sus representantes en las esferas de la institucionalidad se están reagrupando, buscando soluciones al terremoto institucional que enfrentaron, nosotras y nosotros debemos, más que nunca, unirnos y redoblar los esfuerzos por la movilización y la protesta, para acompañar desde las calles a todas y todos los compañeros que levantan las demandas del pueblo desde la convención constitucional y todas las formas de lucha.

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