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Debate | El poder global estadounidense: una evaluación al periodo de Trump

Los creyentes en el dominio perdurable del poder global de los EEUU imaginaron un siglo de dominación imperial. No obstante, se trató de una visión miope en realidad.

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Por James Petras

El poder global estadounidense durante el periodo de gobierno de Donald Trump refleja las continuidades y los cambios que se están desplegando de manera rápida y profunda en todo el mundo y que están afectando la posición de Washington.

Evaluar la dinámica del poder global estadounidense es un problema complejo que requiere examinar múltiples dimensiones. Una manera de proceder a ello es:

1) Conceptualizar los principios que dictan la construcción del imperio, específicamente las bases de poder y los cambios dinámicos en las relaciones y estructuras que dan forma a la posición presente y futura de los EEUU.

2) Identificar las esferas de influencia y poder, junto con su crecimiento y declive.

3) Examinar las regiones en conflicto y disputa.

4) Ubicar las rivalidades principales y secundarias.

5) Delimitar tanto las relaciones estables como las cambiantes entre los centros de poder existentes y en ascenso.

6) Localizar las dinámicas internas que configuran la fuerza relativa de los distintos centros de poder global que compiten.

7) Ubicar la inestabilidad que provocan los regímenes y Estados que buscan mantener y expandir su poder global.

La conceptualización del poder global

El poder global estadounidense se fundamenta en diversos hechos importantes como son: el triunfo de los EEUU en la Segunda Guerra Mundial, así como su subsecuente desarrollo económico y su dominio militar alrededor de los cinco continentes.

Los EEUU avanzaron en su dominio global a través de una serie de alianzas: en Europa por vía de la OTAN; en Asia a través de su relación hegemónica con Japón, Corea del Sur, Filipinas y Taiwán; en Oceanía por medio de su relación con Australia y Nueva Zelanda; en América Latina por la vía de los regímenes satélite;* en África a través de gobernantes neocoloniales impuestos posteriormente de la independencia de los países.

El poder global de los EEUU se construyó a base de cercar a la URSS y a China, minando sus economías y derrotando a sus aliados militares por medio de guerras regionales.

En la posguerra, la superioridad militar y económica a nivel mundial produjeron aliados subordinados y establecieron a los EEUU como la potencia global, pero también crearon las bases para cambios graduales en las relaciones de dominación.

El poder global estadounidense fue formidable, pero estuvo también sujeto a los cambios económicos y militares ocurridos a través del tiempo y el espacio.

Las esferas de poder de los EEUU: entonces y ahora

El poder global estadounidense explotó las oportunidades, pero también sufrió derrotas desde un principio, particularmente en Corea, Indochina y Cuba. Las esferas de poder de los EEUU estaban claramente en orden en Europa Occidental y América Latina, pero fueron impugnadas en Europa del Este y Asia.

El avance más significativo de este poder tuvo lugar con la caída y desintegración de la URSS y sus Estados satélite en Europa del Este, así como la transición de China e Indochina al capitalismo durante los años ochenta.

Los ideólogos de los EEUU declararon el advenimiento de un imperio unipolar, libre de restricciones y desafíos a su poder global y regional. Los EEUU se dirigieron entonces a conquistar a sus adversarios periféricos. Washington destruyó a Yugoslavia y después a Irak –los fragmentó en diminutos Estados–. Wall Street incitó a una multitud de corporaciones multinacionales a invadir China e Indochina, las cuales cosecharon miles de millones en ganancias explotando fuerza de trabajo barata.

Los creyentes en el dominio perdurable del poder global de los EEUU, imaginaron un siglo de dominación imperial. No obstante, se trató de una visión miope en realidad, pues sólo duró un periodo de tiempo breve.

El fin de la unipolaridad: nuevas rivalidades y centros de poder global y regional. Un panorama general

El poder global de los EEUU condujo a que Washington cometiera “errores por extralimitarse” en varias áreas cruciales. Se emprendieron una serie de guerras costosas y prolongadas, específicamente en Irak y Afganistán, la cuales tuvieron tres consecuencias negativas. En primer lugar, la destrucción tanto de las fuerzas armadas de Irak como de su economía condujo al ascenso del Estado Islámico que tomó el control de casi todo el país. En segundo lugar, la ocupación de Afganistán provocó la emergencia de los talibanes y una guerra de veinte años que todavía continúa y ha costado cientos de miles de millones de dólares y varios miles de soldados estadounidenses heridos y muertos. Por último, como resultado de esto la percepción de la mayoría de los estadounidenses se tornó negativa en relación a las guerras y a la construcción del imperio.

Cuando Vladimir Putin sustituyó a Borís Yeltsin en la presidencia de Rusia, terminó el saqueo y el dominio de los EEUU sobre este país, así como también llegó a su fin el Estado vasallo de Yeltsin. Rusia reconstruyó su industria, ciencia, tecnología y poder militar. Asimismo, la población rusa recuperó su nivel de vida.

Con la independencia de Rusia y el armamento militar avanzado que desarrolló este país, los EEUU perdieron su poder militar unipolar. A pesar de esto, Washington financió un golpe de Estado con el que se anexó virtualmente dos tercios de Ucrania. Asimismo, los EEUU incorporaron a los “pequeños estados” ex yugoslavos a la OTAN. Ante esto, Rusia contestó anexándose Crimea y obteniendo un pequeño estado adyacente a Georgia.

Por su parte, China convirtió la invasión económica de las multinacionales estadounidenses en experiencias de aprendizaje para construir tanto su economía nacional como plataformas de exportación que contribuyeran a ello. Esto condujo a China a convertirse en un competidor y rival económico de los EEUU.

Como resultado del llamado Consenso de Washington, la construcción del poder global estadounidense sufrió derrotas importantes en América Latina. Las políticas neoliberales impuestas privatizaron y expoliaron las economías de la región, empobrecieron a los trabajadores y a las clases medias, así como también provocaron una serie de revueltas populares, el ascenso de movimientos sociales radicales y la llegada de gobiernos de centro-izquierda.

El imperio estadounidense perdió esferas de influencia en algunas regiones como China, Rusia, América Latina y Medio Oriente. Sin embargo, mantuvo su influencia entre las élites de las regiones en disputa. Incluso, emprendió nuevas guerras imperialistas en territorios contendidos. Sobre todo, llaman la atención los ataques realizados por los EEUU a regímenes independientes como Libia, Siria, Venezuela, Somalia y Sudán a través de grupos armados locales. *

La transición de un mundo unipolar a uno multipolar y la emergencia gradual de rivales en las distintas regiones condujeron a los estrategas globales de los EEUU a repensar su táctica. Las políticas agresivas del régimen de Trump establecieron el escenario para una división política al interior del propio régimen y entre los aliados.

Convergencias y divergencias en la construcción del impero entre Obama y Trump

Para la segunda década del siglo XXI, emergieron diversos y nuevos alineamientos de poderes globales. China se convirtió en el principal competidor económico para la potencia mundial y, a nivel regional, Rusia fue el mayor reto para la supremacía militar estadounidense. Los EEUU remplazaron al antiguo imperio colonial europeo en África. La esfera de influencia de Washington se extendió especialmente en el Norte de África y en la región subsahariana: Kenia, Libia, Somalia y Etiopia. Trump ganó influencia en el Oriente medio, especialmente en Egipto, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Jordania.

Israel mantuvo su papel peculiar, y convirtió a los EEUU en su esfera de influencia.

Sin embargo, la disputa por la esfera de poder en Líbano, Siria, Irán, Iraq y Argelia llevó a los EEUU a enfrentarse con rivales de la región.

En el Sur de Asia, los EEUU enfrentaron una competencia por las esferas de influencia de China, India, Afganistán y Pakistán.

En América Latina, los cambios bruscos y abruptos en las esferas de poder fueron la norma. Entre 2000 y 2015 ocurrió un declive en la influencia estadounidense en la región, la cual han recuperado desde este último año a la fecha.

Los alineamientos del poder imperial bajo la presidencia de Trump

El presidente Trump enfrentó retos políticos y económicos complejos a nivel global, regional y local.

Trump continuó y profundizó muchas de las políticas emprendidas por Barack Obama y Hilary Clinton respecto a otros países y regiones. Sin embargo, también radicalizó y/o revocó políticas de sus predecesores. Asimismo, combinó la adulación y la agresión al mismo tiempo.

En ningún momento Trump reconoció los límites del poder global estadounidense. Al igual que los tres presidentes previos, mantuvo la creencia en poder volver a imponer el periodo transitorio de un imperio global unipolar.

Respecto a Rusia, un competidor global, Trump adoptó una política de “retroceso”.* Impuso sanciones económicas con la estratégica “esperanza” de empobrecer a Rusia a través de degradar sus sectores financiero e industrial, con lo cual Trump podría forzar un cambio de régimen que pudiera convertir a Moscú en un Estado vasallo.

Al inicio de su campaña presidencial, Trump coqueteó con la idea de negociar un acuerdo con el presidente Putin. No obstante, las designaciones ultra beligerantes de Trump y la oposición interna pronto lo hicieron virar a una estrategia extremadamente militarizada, por lo que rechazó acuerdos militares –incluyendo los nucleares– en favor de una escalada militar.

En cuanto a China, Trump enfrentó a un competidor tecnológicamente dinámico y avanzado. El polémico presidente recurrió a una “guerra comercial” que fue más allá del “comercio” para incluir una guerra en contra de la estructura económica de Beijing y sus relaciones sociales. El régimen de Trump impuso sanciones y amenazó con boicotear por completo las exportaciones chinas.

Trump y su equipo económico demandaron a China privatizar y desnacionalizar toda su industria respaldada por el Estado. Demandaron el poder de decidir unilateralmente cuando ocurrían violaciones a las reglas de los EEUU y tener la capacidad de reintroducir sanciones sin consulta alguna. Trump demandó que todos los acuerdos tecnológicos, los sectores económicos y las innovaciones de China estuvieran sujetos y abiertos a los intereses comerciales estadounidenses. En otras palabras, Trump demandaba el fin de la soberanía china y el retorno a la base estructural de su poder global. Los EEUU no tenían un mero interés “comercial” –deseaban regresar a su dominio imperial sobre una China colonizada–.

El régimen de Trump rechazó negociaciones, así como el reconocimiento de una relación de poder compartida: consideraba a sus rivales globales como satélites potenciales.

De manera inevitable, el régimen de Trump no alcanzaría ningún acuerdo perdurable sobre los asuntos bajo negociones. China tiene una estrategia exitosa de poder global construida sobre la política de desarrollo de la Franja y la Ruta (IFR, Iniciativa de la Franja y la Ruta) de 6 billones de dólares para todo el mundo, la cual articula a 60 países y numerosas regiones. Uniendo el sector financiero con las industrias, que son financiadas por bancos de desarrollo, la IFR está construyendo puertos marítimos y sistemas ferroviarios y aéreos.

En cambio, los bancos estadounidenses explotan a la industria, especulan y operan dentro de circuitos financieros cerrados. Asimismo, los EEUU gastan billones de dólares en guerras, golpes de Estado, sanciones y otras actividades parasitarias que no guardan relación alguna con la competitividad económica.

Los “aliados” del régimen de Trump en el Oriente Medio, especialmente Arabia Saudita e Israel, son aliados parasitarios que compran protección y provocan guerras costosas.

Por su parte, Europa se queja del incremento de China en las exportaciones industriales y pasa por alto las importaciones de bienes de consumo. Incluso, la Unión Europea planea resistirse a las sanciones de Trump que lleven a un callejón sin salida de estancamiento.

Conclusiones

El periodo más reciente en que el poder global de los EEUU llegó a su punto más alto, la década de 1989-1999, ya contenía las semillas de su declive y de los recursos hoy utilizados de guerras comerciales, sanciones y amenazas nucleares.

La estructura del poder global estadounidense se ha transformado a través de las pasadas siete décadas. La construcción del imperio global comenzó cuando los EEUU tomaron el control de la reconstrucción de las economías de Europa Occidental y ocurrió el desplazamiento de Inglaterra, Francia, Portugal y Bélgica de los territorios de Asia y África.

El imperio se extendió y penetró en América del Sur por la vía de las corporaciones multinacionales. Sin embargo, la construcción imperial estadounidense no fue un proceso lineal, esto lo atestiguan sus confrontaciones fallidas con los movimientos de liberación nacional en Corea, Indochina, África del Sur (Congo, Angola, etc.), y el Caribe (Cuba). Asimismo, para inicios de los sesenta los EEUU habían desplazado a sus rivales europeos y los habían incorporado exitosamente como aliados subordinados.

Los principales competidores de Washington por esferas de poder fueron la China comunista y la URSS con sus aliados, entre los que se encontraban estados satélites y movimientos revolucionarios en distintas partes del mundo.

Los éxitos obtenidos por los constructores del imperio estadounidense condujeron a la transformación de sus rivales comunistas y nacionalistas en competidores capitalistas emergentes. En pocas palabras, el ejercicio de la dominación de los EEUU llevó a la propia construcción de rivales capitalistas, especialmente China y Rusia.

Posteriormente, a raíz de las derrotas militares estadounidenses y las guerras prolongadas, poderes regionales proliferaron en el Oriente Medio, el Norte y Sur de África y América Latina. Bloques regionales compitieron con satélites de los EEUU por poder.

La diversificación de los centros de poder condujo a nuevas y costosas guerras. Washington perdió el control exclusivo de los mercados, recursos y alianzas. En este sentido, la competencia redujo las esferas de poder estadounidenses.

Frente a estas restricciones de su poder global, el régimen de Trump previó una estrategia para recobrar el dominio de su país –ignorando la capacidad limitada, así como la estructura política, económica y de relaciones de clase de los EEUU–.

China absorbió la tecnología estadounidense y continuó creando nuevos avances sin seguir cada etapa previa.

Rusia se recuperó tanto de sus pérdidas como de sus sanciones y logró obtener relaciones comerciales alternativas para combatir los nuevos desafíos del imperio global estadounidense. Ante ello, el régimen de Trump emprendió una “guerra comercial permanente” sin aliados estables. Más aún, Trump falló en socavar la red de infraestructuras globales de China; así como Europa demandó y obtuvo autonomía para establecer acuerdos comerciales con China, Irán y Rusia.

Trump ha presionado a numerosos poderes regionales que han ignorado sus amenazas.

Los EEUU aún mantienen un poder global; sin embargo, a diferencia del pasado, carecen la base industrial para “hacer una América fuerte” (make strong America).* La industria está subordinada a las finanzas, así como las innovaciones tecnológicas tampoco están ligadas con la mano de obra calificada para incrementar la productividad.

Trump depende de las sanciones, aunque éstas han fallado en socavar las influencias regionales. Las sanciones pueden reducir temporalmente el acceso a los mercados estadounidenses, pero se ha observado que nuevos socios comerciales toman su lugar.

Trump ha ganado regímenes satélites en América Latina, empero las ganancias son precarias y sujetas a ser anuladas.

Bajo el régimen de Trump, las grandes empresas y bancos han incrementado sus precios en la bolsa de valores e, incluso, ha aumentado la tasa de crecimiento del PIB; sin embargo, el presidente Trump enfrenta una severa inestabilidad política interna y elevados niveles de incertidumbre entre las ramas de gobierno. Por privilegiar la lealtad sobre la competencia, los nombramientos de Trump han conducido a la creciente influencia de los funcionarios del gabinete, quienes buscan ejercer de manera unilateral el poder que los EEUU ya no tienen.

Elliot Abrams puede masacrar de manera impune a un cuarto de millón de centroamericanos, pero ha fracasado en imponer el poder estadounidense sobre Venezuela y Cuba. (Mike) Pompeo puede amenazar a Corea del Norte, Irán y China, pero estos países refuerzan sus alianzas con rivales y competidores de los EEUU. (John) Bolton puede promover los intereses de Israel, pero sus conversaciones tienen lugar en una cabina telefónica –carecen de resonancia entre cualquiera de las principales potencias–.

Por su parte, Trump ha ganado una elección presidencial, ha obtenido concesiones de algunos países, pero ha enajenado aliados regionales y diplomáticos. Afirma que está haciendo fuerte a los EEUU, pero ha socavado acuerdos comerciales multilaterales que son estratégicos y lucrativos.

El poder global estadounidense no ha prosperado con las tácticas intimidatorias. Los pronósticos sobre un solo poder han fracasado –requieren reconocer las limitaciones económicas reales y las pérdidas causadas por las guerras en las regiones–.

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El artículo origina se encuentra en: https://petras.lahaine.org/us-global-power-the-trump-period/, 5-1-2019. Traducción de Gabino Javier Ángeles Calderón para La Haine.

Notas

* N. del T. En otros textos traducidos de James Petras, se ha utilizado el término de “régimen cliente” para la noción de client regime con el sentido de un régimen que está bajo la tutela de algún Estado imperialista. Sin embargo, el significado de cliente en español no cubre la noción de dependencia o ejercicio de una influencia sobre, que sí posee en inglés. Por tal motivo, se ha optado aquí por utilizar el término “régimen satélite”.

* N. del T. Aquí se tradujo el término armed proxies como “grupos armados locales”. Estos consisten en grupos que son formados y/o financiados o apoyados por un Estado extranjero dentro de otro Estado o región en disputa. Generalmente estos grupos están conformados por gente nativa, pero funcionan como agentes o representantes (proxies) de los intereses del Estado extranjero.

* N. del T. El término de policy rollback se tradujo aquí como “política de retroceso”. Esta noción se refiere a la estrategia seguida por diversos presidentes de los EEUU (Reagan, Obama y Trump) que consiste en el intento de hacer retroceder la influencia o poder de sus contendientes políticos y económicos en el mundo a través de diversas acciones –militares, económicas, políticas, etc.–. La traducción realizada por Beatriz Morales y Loles Oliván del artículo de James Petras “La estrategia de retroceso de Obama. Honduras, Irán, Pakistán, Afganistán (y el efecto boomerang)” es muy esclarecedora al respecto. Cfr. https://www.lahaine.org/mundo.php/la-estrategia-de-retroceso-de-obama-hond

* N. T. Las frases como Make strong America Make America Great Again han sido algunos lemas o eslóganes publicitarios utilizados por Donald Trump, los cuáles han tenido cierta eficacia entre los estadounidenses que lo apoyan. Ambas apuntan a la ilusión de devolver la grandeza o la fortaleza a los EEUU de Norteamérica. Algunas de sus traducciones serían: Hagamos fuerte a América o Hagamos grande a América de nuevo.

Opinion

Opinión | La alimentación como una pandemia invisibilizada y su disputa

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Por Diego Gutierrez

No, esto responde a que, en una sociedad fundada sobre la miseria, los productos más miserables tienen la prerrogativa fatal de servir para el uso de la inmensa mayoría. (Karl Marx. La miseria de la filosofía)

La actual pandemia que se instala ha puesto de manifiesto las brutales desigualdades a nivel global, como también ha venido a profundizar la crisis política y económica que se venía desarrollando con anterioridad, pero lo que queremos expresar en esta opinión consiste en evidenciar otras pandemias que se encuentran invisibilizadas y legitimadas por grandes corporaciones. Nos referimos a las problemáticas que se alojan en los actuales patrones de alimentación.

  1. El trastocamiento histórico neoliberal en la alimentación

Se suele profundizar la instalación del neoliberalismo a nivel global en términos de privatizaciones, anulación de derechos sociales, precarización laboral, la instauración del Estado subsidiario, etc. Pero también debemos entender la arremetida histórica del capital en otras dimensiones, dando cuenta de su complejidad en la mercantilización de las esferas de la vida y de su reproducción.

La alimentación constituyó una dimensión esencial que se vio brutalmente trastocada en este sentido. Si la ofensiva profundizó las dimensiones de las relaciones de explotación en expresiones de precariedad, la instalación de la “comida rápida” se volvió su complemento. Entre la vorágine de la sobrevivencia las grandes cadenas de comida rápida se posicionaron como una solución al tiempo acotado para almorzar, a un bajo costo. “De todos modos, en última instancia la función de la globalización neoliberal encabezada por Estados Unidos es destruir no solo las cocinas y las culturas, sino también las vidas y los medios de vida”[1].

En este trastocamiento histórico la dictadura cívico militar vino a materializar la ofensiva global del neoliberalismo. No es casual que desde “los años 1980 se experimentaron los primeros cambios en los patrones de consumo de la población chilena, lo que redundó en el aumento de la obesidad. Esto se debió al aumento de la comida procesada, alta en contenido de azúcar y grasas. De acuerdo con diversos estudios la ingesta de calorías pasó de 2.630 calorías en 1965 a 2.872 a comienzos de los años 2000”[2].

En esta destrucción de la vida y de los medios de vida, el trastocamiento de la alimentación es clave. Las privatizaciones de las semillas es justamente la profundización de la mercantilización de la vida en la tendencia de la desposesión que instaura la violencia del capital.

La destrucción de la vida en manos del capitalismo

El dogma que dominó la década de los 90, en torno a que las fuerzas del mercado autorregulado deben organizar la realidad política nacional y global hoy devela sus profundas fisuras a la luz de la crisis integral del capital a nivel mundial. Nos interesa posicionar las consecuencias en la esfera de la alimentación bajo los mandatos del libre mercado.

Marx nos proporciona una crítica profunda al modo de producción capitalista en cuanto se aleja de una dimensión moral. La dislocación social y política que constituye la irrupción del capitalismo implicó la centralidad en el principio de ganancia, generando todo tipo de deformaciones en el proceso productivo con tal de conseguir dicho objetivo. No estamos frente a un problema moral, estamos frente al comportamiento y desenvolvimiento de la naturaleza del capital. “En los talleres de mezcla, scribling [carmenado] y cardado, el polvo y la suciedad que se desprenden irritan todos los orificios de la cabeza, producen tos y dificultan la respiración. Como las fibras son muy cortas, se les agrega una gran cantidad de apresto, y precisamente todo tipo de sustituto en lugar de la harina, usada antes. De ahí las náuseas y la dispepsia de los tejedores. Debido al polvo, la bronquitis está generalizada, así como la inflamación de la garganta y también una enfermedad de la piel ocasionada por la irritación de ésta, a causa a su vez de la suciedad que el surat contiene.”[3]

Las formas de abaratar los costos en la dimensión productiva han llevado desde la alteración genética para acelerar procesos hasta el uso de hormonas. ¿Constituyen estas prácticas un problema moral, constituyen estas características una excepción? Evidentemente no, estamos frente a una constante histórica que es parte del modo de producción capitalista.

La adulteración y alteración de los procesos productivos en el área de la alimentación trae consecuencias en la salud de la clase trabajadora y el mundo popular que debe resignarse a la alimentación de bajo costo para reproducir su fuerza de trabajo. Los padecimientos se ven en una doble exposición, en primera instancia en la manipulación de sustancias tóxicas (pesticidas, exposición a gases, etc.) y luego en la esfera del consumo. La muerte se fabrica en la sociedad capitalista y la alimentación constituye una de sus expresiones.

 Monopolización en la industria alimentaria

El idealismo del libre mercado es defendido con una hipocresía histórica que se distancia de sus nefastas consecuencias. Lejos de un mundo armónico e idílico de libre competencia y de libertad individual, la industria alimenticia ha sido devorada por brutales monopolios. Dicha consumación histórica la podemos ver expresada específicamente en la privatización de semillas: “Tres empresas controlan más de la mitad (53 por ciento) del mercado mundial de semillas. Monsanto (26 por ciento), DuPont Pioneer (18,2) y Syngenta (9,2). Entre el cuarto y décimo lugar aparecen la compañía Vilmorin (del francés Grupo Limagrain), WinField, la alemana KWS, Bayer Cropscience, Dow AgroSciences y las japonesas Sakata y Takii. Entre las diez empresas dominan el 75 por ciento del mercado mundial de semillas”[4] ¡Sorprendente libre competencia!

¿Estamos frente a una nueva excepcionalidad? La concentración de la riqueza y el surgimiento de colosales monopolios deben ser leídos como consecuencia del desenvolvimiento del capital y la consumación histórica del capitalismo.

Ley de etiquetado y la continuidad del eufemismo de la libre elección

Tras la década de los ochenta los patrones de alimentación sufren evidentes transformaciones lo que ha tenido como resultado que el 74,2% de la población tiene exceso de peso y lo que es peor, el problema afecta a más de un 30% de los niños menores de 7 años. Las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que hoy Chile es el tercer país del continente con más personas con sobrepeso. Lo superan solo México y Estados Unidos[5]

En este sentido la ley de etiquetado de alimentos tuvo como propósito poder evidenciar los componentes de los productos bajo el sello “Alto en grasas saturadas, alto en azúcares, alto en calorías” respondiendo tímidamente a la alarmante realidad que evidencian las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud. Sentenciamos que esta medida constituye el respeto absoluto a las lógicas del libre mercado, dejando la alimentación a un asunto de elección del consumidor.

Así como en todos los ámbitos de nuestra vida en el marco del neoliberalismo, lo que termina imperando es una lógica de “libre elección individual”. Lejos se está de las medidas que posicionen restricciones y prohibiciones de ciertos productos, como por ejemplo la medida tomada el mes de agosto en el estado mexicano meridional de Oaxaca que prohibió la venta de comida basura y de bebidas azucaradas a niños menores de 18 años[6].

Si la “ley de etiquetado de alimentos” consuma el libre mercado, podemos evidenciar otro ejemplo en donde la respuesta del gobierno consiste en movilizar la precariedad, nos referimos a las “canastas de alimentación”.

En la continuidad de asumir la precariedad como política pública, frente al contexto de crisis económica que profundiza la pandemia y ante el estado de confinamiento, la propuesta del gobierno fue montar un espectáculo en torno a la entrega de canastas de “alimentación”. Lo que evidencia el contenido de las canastas es justamente la promoción de enfermedades mediante productos refinados y vacíos en su aporte nutricional. Además, podemos consignar que dichas propuestas han constituido oportunidades para continuar beneficiando a las grandes cadenas de proveedores y supermercados.

  1. Experiencias históricas en torno a la alimentación y su actualidad como propuestas

La dimensión de la alimentación en su núcleo constituye nuevos lazos para afrontar la crisis integral del capital, su reapropiación desde el protagonismo popular significa un impulso político que abre la disputa en cuanto autonomía para resolver la vida. No es casualidad que desde los cerros se levanten Panaderías populares, Ollas comunes y experiencias de abastecimiento bajo la consigna “El pueblo cuida al pueblo”. Dichas experiencias son señales que la alimentación es protagónica al momento de subvertir el orden social existente.

Desde una lectura histórica las Ollas Comunes se han constituido en una respuesta genuina del pueblo frente a procesos de crisis económicas cuyas consecuencias se afrontan desde la solidaridad de clase.  Desde ese lugar se reestablecen lazos comunitarios y de resistencia que permiten no tan sólo responder a una necesidad concreta, sino también impulsar la agitación política. Dichas manifestaciones las podemos ver graficadas en los “mítines del hambre” organizado por la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional (Argentina) o su pliego de peticiones que podía resumirse en siete grandes puntos: supresión del impuesto al ganado argentino; limitación a la exportación de los cereales; liberación de aranceles a los alimentos importados; abaratamiento de los medios de transporte; colonización de tierras baldías y fomento de la agricultura; abolición de las concesiones pesqueras; y fijación del tipo de cambio a 18 peniques de libra esterlina[7].

Por otro lado, podemos referenciar el levantamiento del Primer Congreso Popular realizado en Valparaíso 1931, movilizado e intencionado por la sociedad médica con el fin de avanzar en la política pública en materia de alimentación. Nos interesa rescatar alguna de sus conclusiones, debido a su evidente actualidad en el debate político en la construcción de organización popular.

  • Recomendar la sindicalización obligatoria de las industrias extractivas, agrícolas y manufactureras.
  • Que se hagan efectivas las franquicias que las leyes vigentes acuerdan a las diversas clases de cooperativas, por ser éstas la mejor organización y defensa contra el encarecimiento de la vida.
  • La formación del mayor número posible de Restaurantes económicos cooperativos.
  • Estimular la enseñanza escolar, la difusión del sistema cooperativo, como el mejor medio de satisfacer las necesidades sociales[8].

En estas experiencias que se han desarrollado históricamente, podemos precisar la irrupción de las JAP (Juntas de Abastecimiento y control de precios) durante la Unidad Popular, que pueden ser leídas como una experiencia en donde el mundo popular organizado responde a los problemas políticos alojados en la dimensión de la alimentación. Una política impulsada desde el Gobierno, pero resignificada desde abajo en clave de control popular desde el protagonismo de mujeres pobladoras.

El elemento central en la evaluación de las JAP es que no logran constituirse en organismos de lucha eficaz frente a la amplitud de la especulación y del acaparamiento cuando su acción es débil en una amplia gama de productos esenciales para las capas populares. Sin embargo, ellas siembran los gérmenes de una interesante movilización de los barrios populares en torno al problema del abastecimiento, tema que no tardará en resurgir con fuerza a mediados de 1972[9]

Este breve recuento de experiencias históricas en torno a la alimentación desde el protagonismo popular nos hace evidenciar que, frente a los períodos de crisis económica y política, la clase trabajadora y el mundo popular asume el protagonismo en transformar la realidad existente asumiendo prácticas que posicionan la solidaridad y el control de las dimensiones más vitales de la vida en conjunto con el despliegue de la protesta, en definitiva, asume la construcción de poder.

El período actual también se ve caracterizado por una profunda crisis política evidenciada en la desorientación y ausencia de proyecto de las clases dominantes, como también una sostenida crisis económica que se ve agudizada por la arremetida de la pandemia. Desde ese contexto el protagonismo popular asumido en la rebelión de octubre se ha ido materializando en diversas experiencias que tienen como centralidad la alimentación: ollas comunes, redes de abastecimiento, huertos comunitarios.

Si la alimentación implica asumir la construcción de poder desde los territorios en cuanto control, organización y respuesta, es necesario abrir este debate asumiendo las diversas aristas a considerar desde la relación existente con la problemática del agua en cuanto a su saqueo hasta la especulación, la alteración de los procesos productivos a través de la utilización de agrotóxicos y el desarrollo de la movilización y la protesta frente al encarecimiento de la vida.

Respecto a las experiencias que hoy se despliegan creemos que tanto las ollas comunes, redes de abastecimiento, huertos comunitarios son portadoras de la revitalización del ejercicio político comunitario y de plantear alternativas al agónico capitalismo.

Frente al período revolucionario que enfrentamos, la centralidad radica en la construcción de poder mediante experiencias que nos lleven a la defensa de los territorios, pero también a su organización desde principios comunistas. Si la irrupción del capitalismo en términos históricos significó la escisión de las dimensiones económicas, políticas y sociales, dejando a la primera prevalecer en sus intereses particulares y mezquinos quedando como centralidad el principio de ganancia, en las experiencias colectivas que surgen vemos que esta fractura de la sociedad se contrapone concibiendo que toda la dimensión de la vida es un problema político y en cuanto reapropiación colectiva violenta constituye ejercicio revolucionario. Nuestros sueños y anhelos de vivir en una sociedad digna no se entienden bajo las fuerzas irracionales y desenfrenadas de los intereses capitalistas que han llevado al mundo a un proceso de colapso.


[1]Fernández. Belén. Obesidad neoliberal y coronavirus en México. 2020.

[2] Yáñez Andrade, Juan Carlos. Gobernar es alimentar. Discursos, legislación y políticas de Alimentación Popular. Chile, 1900 – 1950. América en Movimiento. Valparaíso, 2018.

[3] Marx. Karl. El Capital. El proceso de producción del capital. Tomo I Vol II. Editorial siglo XXI. Buenos Aires. 2012.

[4] olca.cl/articulo/nota.php?id=105516

[5] https://www.ciperchile.cl/2018/06/28/ley-de-etiquetado-lobby-de-industria-alimentaria-se-confronta-con-estudio-que-revela-alta-confianza-en-sellos/

[6] https://rebelion.org/obesidad-neoliberal-y-coronavirus-en-mexico/

[7] Grez Soto, Sergio. Historia del comunismo en Chile. LOM. 2011. Santiago.

[8] Yáñez Andrade, Juan Carlos. Gobernar es alimentar. Discursos, legislación y políticas de Alimentación Popular. Chile, 1900 – 1950. América en Movimiento. 2018. Valparaíso.

[9] Gaudichaud, Franck. Chile 1970 – 1973. Mil días que estremecieron al mundo. LOM. 2016. Santiago.

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Opinion

Las fuerzas del régimen a las puertas del 18 de octubre: con más dudas que certezas

El régimen enfrenta los días cruciales del 18 y el 25 de octubre con la legitimidad por el suelo en la mayoría de sus instituciones, carente de brújula política e impotente ante la reactivación de la protesta popular. ¿Cuáles son sus dudas y certezas frente al período que se avecina?

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Se viven días vertiginosos en el país. Nos encontramos a las puertas del primer aniversario del inicio de la Rebelión Popular, y a menos de dos semanas de la realización del Plebiscito para una nueva constitución. En este marco de acciones, el curso de los hechos ha ido decantando y tensionando las posturas y apuestas políticas de los distintos sectores políticos, refrendándose muchas de estas en las calles y la protesta popular.

En medio de esta reactivación de la protesta callejera, y por consiguiente de la masividad de distintas manifestaciones, las fuerzas del régimen observan impotentes el peor escenario al cual esperaban enfrentarse: el reposicionamiento de la “violencia” como herramienta válida en el desarrollo de las reivindaciones políticas y sociales. Ni la pandemia, ni el aparataje mediático de los medios del régimen para desprestigiar la protesta popular ni los llamados eunucos a “guardarse” en miras al plebiscito han detenido el creciente empuje de las masas, que comienzan a desbordar con furia el espacio público de cara a días cruciales para el devenir del país.

¿En qué estado enfrentan las fuerzas del régimen este escenario? ¿Qué sostiene aún al gobierno de Piñera si perdió la brújula hace mucho tiempo? Preguntas todas que trataremos de responder en esta breve nota, a modo de “constatación de hechos” que permitan explicar las principales dudas formuladas.

Debemos señalar, en primera instancia, que comprendemos como “fuerzas del régimen” a todos aquellos sectores sociales, instituciones, organizaciones, sectores empresariales y partidos políticos que se constituyen como un conjunto unificado, atravesado por diferencias importantes pero alineados respecto al objetivo común que persiguen, que no es otro que la preservación del estado actual de cosas, la prevalencia de la burguesía como clase dominante.

Por lo mismo, nuestras diferenciaciones conceptuales respecto a las categorías de “oposición” y sectores oficialistas no serán más que representaciones formales, ya que de fondo los consideraremos como partes integrantes de un mismo régimen.

Hecha esta aclaración, se vuelve necesario caracterizar mediante hechos y cifras la actual composición del régimen comandado por Piñera, para así fundamentar nuestras aseveraciones.

Posicionándonos temporalmente en las últimas dos semanas, para el gobierno de Piñera estos días no han hecho más que refrendar el total rechazo que existe hacia su gestión. La llama de descontento que se encendió por todo lo alto con el inicio de la rebelión en el país no hizo más que alimentarse con el pésimo manejo de la pandemia, y lo que fueron protestas localizadas en los meses de mayo y julio por reivindaciones concretas – como las protestas del hambre o las protestas por el retiro del 10% – terminaron masificándose con nuevos bríos una vez las medidas sanitarias comenzaron a flexibilizarse. El pueblo volvió a tomarse las calles.

Con Plaza de la Dignidad como mayor baluarte, pero esparcidas en un sinfín de territorios a lo largo de Chile, las protestas y manifestaciones populares han ido acrecentándose durante el último mes, alcanzando niveles de movilización similares a los existentes en los días previos al inicio de la pandemia. Estas movilizaciones han levantado consignas centrales que vienen repitiéndose desde hace meses. A la ya sabida exigencia para que Piñera sea derrocado y abandone el gobierno, se han sumado también consignas por el Apruebo y el fin de Carabineros como la institución que actualmente conocemos, a tenor de los gravísimos hechos de uso desmedido de la violencia que han protagonizado durante los últimos días – y que ha encontrado su punto más álgido con el criminal accionar en contra de Anthony Araya el pasado 2 de octubre –. Consignas todas que superan aspectos meramente reivindicativos, ya que apuntan en algunos de los casos hacia elementos centrales de la estructura actual del régimen político chileno, por lo que no son absorbibles dentro del actual estado de cosas.

El gobierno y las fuerzas que lo respaldan saben muy bien esto, y saben muy bien que la apuesta por el plebiscito como herramienta de descomprensión de la rabia popular es una de sus últimas bazas de cara al porvenir, a la espera de calmar las aguas frente a una más que segura reactivación de la Rebelión Popular.

Los hechos antes mencionados son refrendados también en las encuestas, las que muchas veces suelen ser modificadas a favor de quienes se ven en entredicho, pero que no poseen la capacidad de desmentir lo que salta evidentemente a la vista. Según los resultados de la última encuesta Cadem[1] la aprobación a la gestión de Piñera continúa en picada, y sólo un 18% de los encuestados respalda la gestión piñerista. En dicha encuesta también se expresa la aprobación hacia las labores de Carabineros de Chile, con un escuálido 36% de aprobación a nivel nacional, el más bajo desde los días posteriores al 18 de octubre pasado.

En otra encuesta, específicamente en la encuesta Criteria publicada hace algunos días[2], se dejó entrever que 7 de cada 10 chilenos, un 71% expresado en términos porcentuales, cree que las protestas se reactivarán con la misma o más fuerza que los primeros días de Rebelión Popular, mientras que prácticamente la mitad de los encuestados ve “con entusiasmo” esta reactivación de las movilizaciones.  En consideración de las últimas movilizaciones y la creciente masividad que han ido adoptando las concentraciones en Plaza de la Dignidad y otros territorios, los resultados de esta encuesta parecen confirmarse con creces.

Si el régimen se ve cuestionado desde su gobierno hasta sus instituciones, si tanto en las calles como en las encuestas existe un tremendo rechazo al actual estado de cosas, si todo parece indicar que el Apruebo será la opción ganadora en el plebiscito por condensar grandes ilusiones de cambio para el pueblo, ¿Qué lo sostiene entonces? ¿Por qué el gobierno de Piñera permanece aún de pie a pesar de los diversos embates?

Creemos que muchos elementos pueden reseñarse para explicar su resistencia a pesar de la crisis integral, pero nos enfocaremos en dos: el apoyo de los partidos políticos “tradicionales” y el poder coercitivo del Estado, reflejado sobre todo en la figura de una institución como Carabineros.

En nuestra primera afirmación sólo cabe hacer un poco de memoria para recordar cómo los partidos del régimen, independiente de su posicionamiento como “oposición” u “oficialismo”, han sido el mayor garante institucional del gobierno de Piñera desde el inicio de la Rebelión.

Desde el “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución”, firmado por la mayoría de partidos de oposición el 15 de noviembre para descomprimir la lucha de clases en el país y así llevar la protesta callejera sobre los canales institucionales, pasando por la tristemente célebre “Ley Anti Barricadas” aceptada incluso por integrantes del Frente Amplio y de Oposición en las distintas cámaras, con el claro fin de perseguir y encarcelar la protesta callejera; hasta el reciente fracaso de la Oposición por no lograr acusar constitucionalmente a Mañalich por desavenencias dentro de sus propios partidos, logra evidenciarse que existe un acuerdo tácito entre la mayoría de partidos del Régimen por permitir a Piñera terminar con su mandato.

Las recientes palabras de Heraldo Muñoz, presidente del PPD, y Gabriel Boric, diputado de Convergencia Social, no hacen más que reafirmar esta tesis, al llamar a cacerolear en lo que será la conmemoración del 18 de octubre. Nefasto, por donde se le mire, ya que intentan aislar y desmontar las apuestas de aquellos sectores que buscan reposicionar la protesta popular con un enfoque integral, posicionándolos en la vereda de los “irresponsables” en medio de una brutal pandemia.

 Su preocupación por los posibles casos de contagios – que de todas maneras no han aumentado tras la reactivación de las protestas en Chile – no se condice con su mutismo frente al habitual hacinamiento en el que viajan millones de chilenos y chilenas todos los días en el transporte público, absolutamente expuestos a un posible contagio.

Desviar la atención hacia el Plebiscito y una salida “institucional” a la enorme fisura que existe actualmente en el régimen es la mejor apuesta de los partidos de oposición, quienes intentan desmarcarse de la violencia y la protesta popular, catalogándola incluso de elementos nocivos para la salud de la democracia. Mientras, las fuerzas de la ultraderecha se reactivan y organizan con total impunidad, tanto en la capital como entre los sectores más reaccionarios de la Araucanía.

Hablando de fuerzas reaccionarias, en nuestra segunda tesis sostenemos que uno de los principales bastiones que mantiene a flote al régimen de Piñera es el poder coercitivo del Estado, del cual ellos poseen total dominio. La hegemonía de la violencia y todo su aparataje está en manos exclusivas de las FF.AA., quienes, tensionadas por el período de lucha abierto en la Rebelión Popular no han hecho más que tomar postura en defensa del régimen, como históricamente ha pasado en el país. La ilusoria consigna de la “imparcialidad” de las Fuerzas Armadas se presenta como un tigre de papel, absolutamente frágil, probada por hechos tan concretos como la intervención de militares y policías en retiro dentro de la franja del Rechazo.

Si bien las distintas Fuerzas Armadas han re oxigenado la capacidad de gobernabilidad del régimen con su presencia en las calles gracias al Estado de Excepción, hay una en particular que ha develado toda la desintegración a la cual se ve enfrentada desde el 18 de octubre pasado: esa es Carabineros de Chile. Asesinatos, mutilaciones, torturas, encubrimientos, mentiras, desfalcos y montajes han sido parte del repertorio que ha dejado ver esta institución en el transcurso de los últimos meses, y que hoy los tiene como una de las instituciones peor evaluadas por las chilenas y chilenos.

La descomposición a la cual se ve enfrentada Carabineros se explica por razones históricas, pero actualmente se ha visto agudizada en todas las divisiones de la institución, que ha perdido capacidad de mando y control debido a la salida de más de 30 generales y planas mayores a causa de los conocidos casos de corrupción del “Pacogate”, y que explotaron hace ya dos años. En esta situación enfrentaron el estallido de la Rebelión Popular, y frente a los cuestionamientos generalizados de la sociedad por su actuar represivo optaron por cohesionarse como un conjunto unitario, casi como una cerrada banda criminal, amparados por el general director Mario Rozas y la venia silente del gobierno de Piñera.

Desde el momento en que Mario Rozas afirmó que “a nadie daría de baja por procedimiento policial… aunque lo obliguen”[3], Carabineros comenzó a actuar de forma desatada con la seguridad de quien está impune por sus actos. Todo terminó por decantar en una excesiva violencia que no ha tenido parangón, y que a pesar de la pandemia ha vuelto a reactivarse a la par de las protestas masivas. En estos momentos podemos afirmar, sin vacilaciones, que Carabineros actúa como la banda criminal más grande de Chile, desapegados de cualquier respeto a los procedimientos y las leyes, en total descomposición de sus estructuras, lo que ha sido identificado por el grueso de la población que comienza a levantar las consignas en torno a su disolución.

La condena hacia el actuar represivo de Carabineros ha sido constante en distintas ONG internaciones, entre las que se puede contar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos[4], Amnistía Internacional[5] y Humans Right Watch[6], por lo que el gobierno se ha visto en la obligación de tomar cartas en el asunto y prometer una profunda reforma a la institución, sin especificar en detalle respecto a qué y cómo será implementada dicha reforma, la que evidentemente no modificará un ápice su actuar, ya que es este mismo el que ha permitido que su mandato continúe a flote.

El régimen, por lo tanto, enfrenta el primer aniversario del 18 de octubre en un profundo estado de descomposición que linda elementos integrales, ya que ninguna de sus fuerzas logra salir del pantano. El gobierno totalmente desprestigiado y sin brújula política ni capacidad de gobernabilidad, las Fuerzas Armadas sosteniéndolo mediante la violencia pero sumamente cuestionadas por su actuar en medio de la Rebelión, los partidos políticos tradicionales cuestionados, desprestigiados y faltos de apoyo – a los que se suma el Frente Amplio, que ha dejado caer su verdadera careta por el peso de los hechos – y los sectores empresariales apostando por el Plebiscito como principal bastión para dar cierre a la Rebelión abierta en octubre pasado.

El oportunismo de estos sectores empresariales no posee límites, ya que, cual camaleones, apuestan por la opción que mejor represente la posibilidad de mantener intactos sus intereses, sin soslayar en tal o cual posición política mientras esta permita mantener oxigenado al régimen. Las declaraciones de Andrónico Luksic jugando sus cartas por una participación masiva de la gente en el Plebiscito o la editorial lanzada por La Tercera, diario que es propiedad de Álvaro Saieh, llamando a votar Apruebo, no son más que expresiones concretas de la desesperación a la cual se han visto enfrentados debido a la rebelión en ciernes. Para su desgracia, y la de todas las fuerzas de este régimen que se desmorona, no tienen otra manera de reposicionarse políticamente en el actual estado de la lucha de clases, debido a la profunda desconfianza de las masas hacia su gestión y un contexto internacional de absoluta incertidumbre económica y política.

Mientras, el pueblo ha vuelto a salir a las calles con la misma fuerza que en los tiempos más álgidos de la Rebelión, manteniendo un sentido de totalidad apuntalado por la crisis económica que devela todas las falencias del sistema.

El Plebiscito encapsula muchas de estas demandas parciales dotándolas de un falso sentido de totalidad, ya que la respuesta a dichas demandas no se encuentra dentro de los márgenes del régimen, y por lo tanto no se encontrará simplemente con el cambio de constitución. Pero aun así el pueblo, con desconfianzas de por medio, cree en esta posibilidad, lo que se ha revalidado con las masivas movilizaciones a favor del Apruebo y la Convención Constitucional, por lo cual las fuerzas del régimen intentarán jugar sus cartas en la cancha “constitucional” para así cooptar dichas demandas dentro de un plano definido, a sabiendas de la legitimidad perdida hace ya mucho tiempo.

Nuestro deber es develar dichas intentonas, trabajar concienzudamente junto al pueblo por lograr la victoria del Apruebo este 25 de octubre y perspectivar la lucha que se avecina en los meses venideros, develando las limitantes del proceso constituyente y su incapacidad de resolver por sí mismo las demandas enarboladas por las masas en pie de lucha. Debemos construirnos, como fuerzas vivas de la Rebelión, en un referente para los más amplios sectores de masas, ocupar el espacio que ya no logran llenar ninguna de las fuerzas de la política tradicional, quienes han develado su carácter servil al régimen, por más que se vistan de “oposición” mediante declaraciones y acusaciones constitucionales totalmente truncas.

Este espacio desborda todos los planos de la institucionalidad, nuestro objetivo no persigue como fin último el posicionar tal o cual candidato para la constituyente, el buen estado de salud de la Rebelión no depende solamente de aquel proceso, ya que puede complementarse y agudizarse gracias a este y no terminar con éste.

 Por lo tanto, el llamado es a aprovechar las dudas del régimen, develar su falta de capacidad y brújula política, y la peligrosa necesidad que tienen de preservarse mediante el desproporcionado uso de la violencia. Como Diario Venceremos iremos a votar Apruebo, nos la jugaremos por acompañar al pueblo en este histórico proceso y no soltaremos un ápice de las calles, ya que en el desenvolvimiento de las fuerzas vivas de la Rebelión se ciernen las capacidades concretas para ir asestando golpes precisos con el fin último de derribar este régimen, que demostró hace mucho tiempo que ya no da para más.


[1] Gallegos, Patricio. (12 de octubre de 2020). “Encuesta Cadem: Aprobación del Presidente Piñera baja a un 18% en tanto Carabineros alcanzó un 36%”. Diario La Tribuna. https://www.latribuna.cl/noticias/2020/10/12/encuesta-cadem-aprobacion-del-presidente-pinera-baja-a-un-18-en-tanto-carabineros-alcanzo-un-36.html

[2] Primera Nota. (13 de octubre de 2020). “Criteria: 7 de cada 10 personas creen que las protestas seguirán con la misma o más fuerza”. Primera Nota. http://www.primeranota.cl/web/pais/criteria-7-de-cada-10-personas-creen-que-las-protestas-seguiran-con-la-misma-o-mas-fuerza/

[3] Herrera, César. (13 de noviembre de 2019). “Aunque me obliguen”: General Rozas afirma que no dará de baja a ningún carabinero. Diario Concepción. https://www.diarioconcepcion.cl/pais/2019/11/13/aunque-me-obliguen-general-rozas-afirma-que-no-dara-de-baja-a-ningun-carabinero.html#:~:text=El%20general%20director%20de%20Carabineros,respaldo%2C%20de%20este%20general%20director.

[4] Nash, Claudio. 12 de diciembre de 2019).  “Informe CIDH condena las violaciones graves, masivas y repetitivas de derechos humanos en Chile”. CIPER Chile. https://www.ciperchile.cl/2019/12/10/informe-cidh-condena-las-violaciones-graves-masivas-y-repetitivas-de-derechos-humanos-en-chile/

[5] El Mostrador. (14 de octubre de 2020). “Rozas y la plana mayor de Carabineros en la mira: Amnistía Internacional pide investigar a altos mandos policiales por violaciones a DD.HH.”. El Mostrador. https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2020/10/14/rozas-y-la-plana-mayor-de-carabineros-en-la-mira-amnistia-internacional-pide-investigar-a-altos-mandos-policiales-por-violaciones-a-dd-hh/

[6] El Mostrador. (6 de octubre de 2020). Director para las Américas de Human Rights Watch: “Hay un doble estándar en la conducta de Carabineros”. El Mostrador. https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2020/10/06/director-para-las-americas-de-human-rights-watch-hay-un-doble-estandar-en-la-conducta-de-carabineros/

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Opinion

Opinión | ¿Distanciamiento social como medida de excepción sanitaria o condición histórica del capitalismo?

Se nos presenta el distanciamiento social como una medida para afrontar la crisis sanitaria, se nos dice que debemos estar al menos a un metro y medio de distancia para disminuir las probabilidades de contagio y, por último, el mandato de quedarnos en casa, confinarnos. La supuesta excepcionalidad con la cual se expresa la pandemia, no es más que el rostro más explícito de la constante histórica del capitalismo en su desorden social sustentado en el dislocamiento y fractura de la sociedad.

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Por Diego Gutierrez

Se nos presenta el distanciamiento social como una medida para afrontar la crisis sanitaria, se nos dice que debemos estar al menos a un metro y medio de distancia para disminuir las probabilidades de contagio y, por último, el mandato de quedarnos en casa, confinarnos. La supuesta excepcionalidad con la cual se expresa la pandemia, no es más que el rostro más explícito de la constante histórica del capitalismo en su desorden social sustentado en el dislocamiento y fractura de la sociedad.

Lo que queda de manifiesto en las respuestas emanadas desde el gobierno para enfrentar la pandemia es el aislamiento de los individuos que no es más que la consumación del ideal del libre mercado, es decir, resolvernos en la individualidad de la indiferencia y la competencia.

La obra Robinson Crusoe de Daniel Defoe (1719) fue asumida por Marx para elaborar exquisitas metáforas que dan cuenta del advenimiento de la sociedad burguesa, justamente en la proyección de resolvernos en la ruptura de los lazos sociales y en el desenvolvimiento del espíritu de la libertad individual y la libertad de empresa que domina la naturaleza, la cual ya no se presenta como un obstáculo o barrera histórica.

La instauración del capitalismo como proceso histórico despliega un ejercicio violento de desposesión constante que desarticula el ejercicio político de resolvernos colectivamente, trastoca la experiencia comunitaria y toda práctica histórica alejada de los principios tiránicos de la propiedad privada y la primacía de la ganancia. Tal como devela Karl Polanyi “a pesar del coro de encantamientos académicos tan persistentes en el siglo XIX, la ganancia y el beneficio obtenidos en el intercambio no desempeñaron jamás una parte tan importante en la economía humana. Aunque la institución del mercado era bastante común desde finales de la Edad de piedra, su papel era sólo incidental en la vida económica”[1].

Primero debemos consignar que el mercado no constituyó una expresión angular o fundamental en la organización de la sociedad, sino más bien una expresión marginal, que no resolvía la reproducción de la vida propiamente tal. Por lo tanto, su advenimiento es desde una expresión estructural una distorsión y dislocamiento de las lógicas comunitarias de organización y reproducción de la vida, generando una sociedad atomizada de individuos aislados resolviéndose en la precariedad frente a la omnipotencia del mercado.

Las medidas sanitarias promulgadas se han presentado en la apariencia como excepción, pero constituyen la condición histórica del capitalismo, en cuanto fortalece el aislamiento como principio del libre mercado. No podemos sorprendernos por la agudización de la realidad capitalista que implica el contexto de pandemia, ésta viene a agudizar e intensificar no tan sólo la crisis integral del capital, sino también sus principios y directrices[2].

La realidad dominante en su apariencia se presenta como excepción, recordemos la tan referenciada tesis VIII de Walter Benjamin “la tradición de los oprimidos nos enseña que el ‘estado de excepción’ en el cual vivimos es la regla. Debemos llegar a una concepción de la Historia que corresponda a ese estado”[3]. En esa línea la pandemia no inaugura un estado de excepción sanitario, sino más bien evidencia las irracionalidades del modo de producción capitalista. El distanciamiento social o el confinamiento no es más que la realidad distópica que asumimos cotidianamente. De este modo, pensar radicalmente el desconfinamiento no es augurar por el retorno de la normalidad, ya que esa normalidad tiene una expresión material, que son las relaciones de explotación capitalista. Pensar y proponer desde la noción de desconfinarnos es asumir la vigencia y urgencia del comunismo como el ejercicio de superación que constituye la apropiación radical de resolvernos comunitariamente y no por las dinámicas desenfrenadas del capital a la cual nos sometemos.


[1] Polanyi, Karl. La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo. Fondo de Cultura Económica. México, 2008.

[2] Es relevante posicionar como respuesta la acción subversiva de la solidaridad de clase organizada en ollas comunes y Comités de resistencia, las cuales constituyen experiencias que se anteponen a las lógicas de la dominación centradas en el aislamiento y las pautas de comportamiento que dan forma al libre mercado.

[3] Lowy, Michael. Walter Benjamin: aviso de incendio. Una lectura “Sobre el concepto de historia”. Fondo de cultura económica. Buenos Aires. 2012

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