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Opinion

Cambio de gabinete: otro intento de salvavidas para un gobierno a la deriva

El reciente cambio de gabinete representa un evidente «viraje hacia la derecha» del gobierno, con el objetivo de recuperar la gobernabilidad perdida hace meses por el régimen.

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Por Amaru. 

Los pasillos del palacio presidencial estuvieron sumamente agitados el día martes 28 de julio, ya que desde tempranas horas del día los principales medios de comunicación comenzaron a hacer eco de una noticia que, a esas alturas, parecía ya un secreto a voces: habría cambio de gabinete en el gobierno.

La noticia, sin duda, cobraba sentido, a tenor de la deriva política a la cual se había expuesto el gobierno y el oficialismo durante las últimas semanas tras la histórica derrota parlamentaria frente al proyecto de Retiro de Fondos Previsionales que comenzará a operar hoy. Por lo mismo, poco tiempo bastó para que se anunciara oficialmente desde La Moneda un cambio de gabinete que según los medios masivos corresponde a «una cirugía mayor», pero que para nosotros y nosotras, no es más que un par de enroques y el desesperado intento del gobierno por salir de su deriva, alineando a Chile Vamos mediante el refuerzo de algunas carteras estratégicas.

Poniéndonos en contexto, el cambio de gabinete quedó configurado de la siguiente manera:

  • En el que, seguramente, fue el anuncio más importante, Gonzalo Blumel abandonó el Ministerio del Interior para ser reemplazado por Víctor Pérez, militante UDI y ex senador, representante de los sectores más conservadores de la derecha chilena.
  • Jaime Bellolio (UDI) reemplazará a Karla Rubilar en la Segegob, ejerciendo el rol de nuevo vocero del gobierno
  • Cristián Monckeberg (RN) reemplazará a Claudio Alvarado en Segpres
  • Karla Rubilar reemplazará a Cristián Monckeberg en Desarrollo Social
  • Andrés Allamand (RN) reemplazará a Teodoro Ribera en la Cancillería
  • Mario Desbordes (RN) reemplazará a Alberto Espina en Defensa

De este cambio de gabinete pueden emanar diversas lecturas políticas, más allá de la superficialidad de uno u otro personaje que entra o sale, sino mediadas por el análisis de lo que significa un movimiento de este tipo en el actual momento político del gobierno.

Es por ello que quisiera compartir algunas apreciaciones de manera sintética, que como fin último entreguen la debida contextualización a un cambio de este tipo, acompañado de los escenarios que puede abrir.

En primer lugar, no debemos asumir este cambio de gabinete como un avance ofensivo del gobierno, como una manera rápida de salir de la deriva política a la cual venían expuestos desde hace meses. Este cambio de gabinete no refleja fortaleza del gobierno, sino que al contrario, refleja el estado de crisis en el que se encuentran y la debilidad del presidente para poder imponer orden dentro de su propio grupo de apoyo – partidos oficialistas -.

La enorme derrota sufrida en el poder legislativo al verse incapaces de frenar el proyecto de retiro del 10% en los fondos de pensiones dinamitó la táctica que habían asumido para el período, misma táctica que debieron asumir empujados por el peak de la pandemia y las «protestas del hambre» en Chile.

Esta táctica, que se sustentaba en un frágil bloque de unidad entre oficialismo y algunos partidos de la oposición, buscaba entregar una cara «social» del gobierno frente a las masas, para justificar así el avance de planes y reformas a cuenta gotas que no han solucionado ninguno de los grandes problemas develados y agudizados por la pandemia.

Por ello es que personajes como Gonzalo Blumel o Karla Rubilar ocupaban posiciones estratégicas dentro de la cartera de ministros, pero la incapacidad de frenar el rápido avance de la pandemia y, con ello, la profundización de la crisis, echaron por la borda esta apuesta.

Como si de un disparo al aire se tratase, rápidamente los sectores de la oposición se desbandaron bajo la lógica del «sálvese quien pueda», acompañados incluso por algunos personajes del oficialismo, quienes temerosos de las posibles consecuencias de sus acciones en el seno de la clase trabajadora se pusieron a legislar como nunca antes lo habían hecho, apenas conocieron el Proyecto de Retiro del 10%.

El avance de este proyecto y su posterior promulgación aisló políticamente al gobierno, lo dejó solo, socavando de plano la frágil unidad establecida con ciertos sectores de la oposición y amenazó, además, la unidad dentro del propio conglomerado oficialista.

Por ello es que Piñera decide este cambio de gabinete, no es para nada un movimiento «ofensivo», sino todo lo contrario, se pone a la «defensiva» y echa mano a los sectores más conservadores y «duros» de la derecha en el velado intento de mantener el apoyo de su propia bancada, además de esperar que estos sectores sean quienes le otorguen la perdida gobernabilidad.

Dicha gobernabilidad no era sinónimo de Gonzalo Blumel, la apuesta táctica por una cara más amable del gobierno fracasó rotundamente y la presión de los propios sectores de la derecha, quienes lo consideraban «demasiado blando», terminó por cortar nuevamente el problema por el hilo del Ministerio del Interior.

No es casualidad que en el gobierno de Piñera hayan existido, hasta el momento, tres Ministros del Interior, ya que cada uno ha representado una línea táctica asumida para ciertos períodos. La línea «dura», cercana al presidente y justificadora de la represión, que representaba Andrés Chadwick, cayó por el peso de la Rebelión Popular; la línea más «blanda» y comprensiva que intentó implementarse con Gonzalo Blumel cayó por los elementos ya mencionados, y toca esperar que línea táctica intentará implementar el gobierno con Víctor Pérez de Ministro del Interior.

Curioso, por decir lo menos, que en un período menor a nueve meses se haya cambiado dos veces al Ministro del Interior, expresión concreta de la deriva política a la cual se viene enfrentando el régimen de Piñera desde octubre hasta la fecha.

En segundo lugar, resulta casi lógico mencionar que la designación de Andrés Allamand como Canciller y Víctor Pérez como Ministro del Interior no son para nada designaciones azarosas, sino que obedecen a factores diversos. En el caso del primero, podría interpretarse esta designación como un «premio» a su labor política durante las discusiones del retiro de fondos de las AFP y su peso en Chile Vamos, designado para apuntalar a un gobierno que parecía caerse a pedazos.

En el caso de Víctor Pérez, el análisis puede complejizarse aún más. El perfil del ex senador de la región de Ñuble es el de un integrante de la derecha más anquilosada en puestos de gobierno, colaboracionista de la Dictadura Militar y cercano al rol de las FF.AA., lo que lo ha llevado a justificar el accionar de estas fuerzas en diversos períodos, siendo el último la Rebelión Popular abierta en octubre, cuando negó las acusaciones hacia dichas fuerzas por violaciones a los derechos humanos.

En el último período se venía mostrando muy activo y preocupado por la situación en Wallmapu, llamando a agilizar las gestiones del gobierno en dicho territorio y entregar mayores facultades a Carabineros para combatir a «los violentistas», por lo cual no resultó sorpresivo escuchar en su primera alocución como Ministro del Interior su preocupación para «entregar paz a la Araucanía».

Es de esperar que el rol de Pérez al mando del Ministerio del Interior enfoque denodados esfuerzos en controlar el avance de las protestas y la lucha armada del pueblo mapuche dentro de Wallmapu durante los últimos meses, que en estos momentos los sitúa en un proceso de unidad en torno a causas tan urgentes como la situación de los Presos Políticos Mapuche o el avance del Estado dentro de la zona.

De todas maneras, por más que un fanático de derecha como Pérez asuma la cartera del interior y enfoque sus esfuerzos en sofocar las dignas demandas del pueblo mapuche, la lucha de clases tendrá la última palabra, y esta misma ha expresado la incapacidad de diversos gobiernos por detener el avance y cualificación de esta lucha, que a día de hoy se encuentra en un importante período de ofensiva.

En tercer lugar, otro movimiento no menor a considerar fue la designación de Mario Desbordes como Ministro de Defensa. Para mucho esta designación obedece a un «cese al fuego» con el ex presidente de Renovación Nacional, quien se venía erigiendo como uno de los principales críticos de las formas de hacer adoptadas por el oficialismo.

Al designarlo como Ministro de Defensa, Piñera intenta anular el peso de su figura dentro de su propio partido, pero a la vez demuestra la incapacidad que tuvo para anular su corriente política en el seno del oficialismo.

Todos los elementos de análisis entregados en esta opinión respecto al nuevo «gabinete del rechazo» – como algunos sectores de la oposición lo catalogaron – buscan, en síntesis, evidenciar que una decisión de este tipo no es más que la expresión concreta de la crisis que atraviesa el gobierno, y que intenta superar con el posicionamiento de rostros curtidos de la derecha más tradicional. Intentando, por un lado, apagar el «incendio político» dentro de los sectores oficialistas, y por el otro, conformar un gabinete capaz de retomar la gobernabilidad perdida hace muchos meses.

Como hemos expresado en este documento, la última palabra la posee la lucha de clases, y un cambio de gabinete, sobre todo en las actuales condiciones, no representa una solución mágica que acabará con los problemas del régimen. Ya antes fueron reemplazados ministros tan rutilantes como Andrés Chadwick o Jaime Mañalich, y ninguno de estos cambios significó una gran mejoría para los objetivos de Piñera.

Es más, podríamos, incluso, afirmar que el régimen de Piñera se ubica en una posición aún más crítica, ya que la legitimidad perdida frente a las masas ni siquiera puede ser recuperada con ayuda de una oposición que intenta escapar por sus propios medios de la crisis.

Hoy más que nunca debe señalarse la posibilidad de echar abajo al régimen de Piñera, no como delirios utópicos, sino como una posibilidad real, tan real que, incluso, muchos representantes del actual gobierno dudan sobre si Piñera terminará su mandato. El pueblo organizado ya demostró sus capacidades para desequilibrar la balanza en los días previos a la votación del retiro del 10%, hizo recular y temer a muchos y muchas, mostró impotente a un presidente y toda su bancada.

Las posibilidades existen y tenemos que jugar nuestras cartas, el devenir de la lucha de clases definirá las condiciones que construirá este nuevo gabinete, uno que no representa la ofensiva de un gobierno en crisis, sino todo lo contrario, los manotazos desorientados de un contendiente que parece ir perdiendo la pelea.

 

 

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Opinion

Quien se olvida de las y los presos, ¡Se olvida de la lucha!

Algunas propuestas para reforzar la lucha por la liberación de todas y todos nuestros compañeros.

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Por célula 26 de julio, parte de Trabajadoras y Trabajadores al poder.

Desde iniciada la Rebelión se dio pie a una serie de medidas que atentaron contra el pueblo, entre ellas el recrudecimiento de la prisión política. Esta ha dejado desde el 18 de octubre a la fecha, más de 2.000 jóvenes encarceladas/os en prisión preventiva, arresto domiciliario, cautelares nocturnas entre otras. Por tanto, hoy es posible decir que en Chile se sigue encarcelando a las y los que luchan.

Al calor de ello, son distintas las coordinadoras, agrupaciones de familiares y amigos/as, y otras instancias auto-organizadas de la clase trabajadora y el pueblo que surgen para atender la situación de las y los PP y sus necesidades más básicas (visitas, encomiendas, etc.) logrando mediante estas acciones de solidaridad constituirse en espacios de contención, articulación y lucha.

Sin embargo, es a partir de fines de octubre del año 2020 que se han logrado conjugar diversos factores; como por ejemplo la victoria abrumadora del Apruebo, las primeras condenas, absoluciones de casos emblemáticos, etc. que han transformado la demanda por la libertad de las y los PP, en un elemento transversal y fundamental de la rebelión en curso. Es en este marco que diversos colectivos, sindicatos, asambleas y ollas comunes toman “la exigencia de libertad de las y los PP” como bandera de lucha, mientras que algunos partidos del régimen, de manera oportunista, han comenzado a hablar de la prisión política y se ponen en disposición de transformar el trabajo (que ya venían desarrollando diversas familias) en un proyecto de ley que permita otorgar una salida política al tema de la prisión por luchar.

Un hecho simbólico del fenómeno descrito anteriormente, fue el punto de prensa donde participaron el Senador Navarro, la diputada Camila Vallejos, entre otros; en conjunto con familiares de presos/as políticos/as (Agrupación de Familiares y amigos/as de PP de La Granja y OFAPP) en donde se presenta un borrador del proyecto de ley bajo la figura jurídica de la Amnistía, sumado a eso, se comienzan a llevar adelante reuniones (mesa técnica) en conjunto con familiares y amigos/as de PP para ir recogiendo las opiniones y así hacer ajustes al proyecto.

Conscientes del escenario en ciernes en las convocatorias a Plaza Dignidad se vuelve un elemento central la prisión política, mientras que paralelamente asistíamos a la reactivación de las movilizaciones en los centros de las grandes capitales, cuya consigna central será ¡Exigir la libertad de las y los PP y Fuera Piñera!, empujado por las rebeliones populares en Perú y Guatemala y los disparos perpetrados por carabineros a niños del Sename. Se configura durante este tiempo un escenario propicio, en el cual se puede graficar un salto importante de los sectores más avanzados del pueblo, que esta vez se proponen avanzar directamente hacia los símbolos de poder del régimen, un ejemplo de ello comienza a ser las convocatorias hacia la Moneda. De esta forma, se va configurando un escenario favorable para preparar las jornadas del 26 de noviembre y el 10 de diciembre a nivel nacional.

Lienzo desplegado en una de las convocatorias a Plaza Dignidad a fines de 2020, exigiendo la liberación de las y los presos políticos.

Aquí nos encontramos con los primeros obstáculos, pues si bien, OFAPP y algunas agrupaciones dan el vamos a la iniciativa de proyecto, desde otras organizaciones políticas, sociales y de apoyo a presos/as políticos/as tardan en marcar posición sobre la amnistía, atrapados en posturas cerradas y sectarias a la posibilidad de una salida política al tema. En este escenario se sufre el primer freno, puesto que el viernes 13 de noviembre (fecha crucial) no se logra instalar en las calles la consigna de “Amnistía sin condiciones», a lo quese suma la hospitalización de Navarro (impulsor del proyecto de ley de la amnistía). Hechos que derivaron en que el sábado 14 de noviembre, en una nueva reunión con los parlamentarios, donde asume la conducción el senador Latorre y los abogados de los diputados que apoyan la iniciativa, se cambia la figura de la Amnistía y se instala finalmente la figura del Indulto General.

Bajo esas condiciones comienzan a producirse las primeras tensiones entre familias, amigos/as, agrupaciones y coordinadoras; entre las que apostaban a la iniciativa de proyecto de ley v/s las que no. Sin embargo, es importante señalar que finalmente, mediante la presión ejercida tanto en reuniones y en las calles, es que el proyecto de indulto general logra incorporar los tres elementos fundamentales que la diferenciaban de la amnistía, haciendo extensivo el indulto tanto para imputados/as y condenados/as, dejando fuera la posibilidad de que agentes del estado (policías, FF.AA.) pudieran acogerse a éste, y finalmente incorporando la totalidad de los delitos por los cuales se inculpa a las y los presos de la rebelión.

Entre todo ese proceso, es que se levantan dos fechas de llamado a movilización: una para el 26 de noviembre, como una jornada de protesta para la liberación de las y los PP, y, por otro lado, un llamado a Huelga General para el 10 de Diciembre que coincidía con el día internacional por los DDHH.

 El día 10 de diciembre se enmarcó finalmente en una Jornada de Protesta y Agitación política por la liberación de las y los PP, marcada por la participación activa de coordinadoras, agrupaciones, asambleas, etc., distintos espacios auto-organizados del pueblo se hicieron parte durante el día con intervenciones diversas (cortes de ruta, colocaciones de lienzos, intervenciones en centros de trabajo como, por ejemplo: el mall, mitting en estaciones de metro, etc).

 Los grandes ausentes dentro de la jornada fueron los grandes gremios, quienes mediante algunos de sus dirigentes habían señalado de palabra que se sumarían a la jornada, pero que en los hechos concretos participaron sólo de forma nominal, no logrando convocar ni movilizar a sus bases; gremios y sindicatos entre los que destacan el Colegio de Profesores, los sectores portuarios, los trabajadores de la salud, entre otros; haciendo imposible materializar una jornada de paralización nacional. Si bien la jornada instala en el debate la situación de los/as presos/as de la rebelión, la misma no logra tener la fuerza de poner en jaque al régimen en su conjunto y lograr la liberación de las y los PP, única forma posible de crear las condiciones para su libertad.

En este sentido se hace fundamental proyectar los pasos a seguir, es importante considerar que durante este año estaremos cruzados por diversas elecciones, destacándose entre ellas la elección de constituyentes para la convención. Por lo mismo, hay que instalar desde ya, que ningún plebiscito o posibilidad de cambio constitucional hubiera sido posible sin la determinación de miles que se volcaron a las calles a exigir una vida digna, y que muchos de ellos/as hoy se encuentran en las cárceles en condiciones paupérrimas de vida.

Creemos por tanto que, hay que continuar multiplicando las acciones que hasta ahora se han venido realizando en favor de las y los presos, sin embargo estas no son suficientes, las agrupaciones de familiares de PP y coordinadoras deben debatir las diferencias y poner en el centro los puntos en común para ponerse a trabajar en la convocatoria de una nueva jornada de carácter nacional para exigir la libertad de las y los presos políticos, una huelga general donde los/as trabajadores/as y fundamentalmente los grandes gremios, se hagan realmente participes de la convocatoria a sus bases, estableciendo también sus reivindicaciones directas entorno a la precarización que ha sufrido el trabajo tras la pandemia, sumando a sectores de mujeres, asambleas y coordinadoras y sus respectivas demandas para ejercer una presión efectiva al régimen político.

En el camino hacia la libertad de nuestros presos/as políticos/as, que sabemos muy bien solo lograremos con presión desde las calles, debemos exigir además a los candidatos  al órgano constituyente un pronunciamiento público respecto al reconocimiento de la prisión política en Chile, debemos también impulsar una campaña para exigir mejoras reales de las condiciones carcelarias y preparar una jornada de huelga general como antesala a la elección de constituyentes para exigir la libertad de todos y todas las presas políticas de la rebelión, instalando nuevamente las demandas por las cuales como trabajadores/as y pueblo nos levantamos el 18 y 19 de octubre del 2019 en todos los rincones de Chile.

Por esta razón exigimos:

1.-Libertad sin condiciones para las y los PP de la Rebelión, subversivos/as y Mapuche, como objetivo último.

2.- Reconocimiento de estatuto jurídico de Preso Político (Paso previo al  Indulto General) que contemple:

a) Módulos especiales, alejados de la población común (como en el caso de los presos Mapuche). Fin al hacinamiento, y mejoramiento de condiciones de encierro, celdas, etc.

b) Acceso a bibliotecas, información, cultura, esparcimiento, recreación.

c) Restablecer el régimen de visitas integralmente.

d) Fin a los aislamientos; intervención de Organismos de DD.HH y justicia en determinación de castigos y sanciones (no solo al arbitrio de Gendarmería).

e) Misión permanente de DD.HH. (nacional, internacional) en cárceles y centros de reclusión.

f) Acabar con brutalidad y hostigamientos (Relación con Gendarmes): Penalidad más alta por agresiones, intervención de DD.HH., mecanismos de supervisión y control de otros entes.

g) Huelga de hambre hasta el fin como Derecho Humano, sin intervención de gendarmes ni médica (prohibición de alimentación forzosa).

h) No traslado a zonas lejanas (permanencia donde vive, donde está la familia), que eso no sea a voluntad de Gendarmería. No a la dispersión.

i) Garantías para la buena salud de los presos y presas, contemplando tanto la prevención frente al Covid como la salud mental de los compañeros, situación que se vuelve urgente de resolver ante distintos casos de intentos de suicidio. Una propuesta para prevenir los contagios por coronavirus sería contemplar módulos más separados, considerando el hacinamiento propio de las cárceles, como medida de prevenir y frenar los contagios. 

j) También considerando que son las y los presos de la rebelión, puede instalarse la demanda de la no marginación del proceso constituyente, para tensionar al Estado a considerarles como votantes y como posibles candidatos.

k) Un teléfono por preso, que garantice el contacto con su familia, en la actualidad (acá en la zona) es uno por módulo manejado por el gendarme (en los hechos manejado por el más alzado) y otro teléfono en el patio, el que depende de las monedas de la encomienda y del acceso al patio (en situación de aislamiento, castigo o protocolo covid se ve impedido).

 3. Fiscalización a la acción del Ministerio Público, considerando:

a) Existencia de una entidad revisora de los procesos judiciales de las y los detenidos, apresados y condenados de la rebelión, con participación de organismos de DD.HH.

b) Limitación a la desproporcionalidad de la aplicación de la medida cautelar de prisión preventiva

c) Creación de unidad especializada en la defensoría penal pública con recursos financieros y profesionales para responder a la totalidad de casos perseguidos por la justicia desde el 18 de octubre, con seguimiento de organismos de DD.HH.

Estas exigencias sientan la base de un plan de lucha claro, el cual debe ser agitado en las calles, con objetivos en el corto, mediano y largo plazo hasta alcanzar la libertad de las y los presos políticos en Chile. Por lo mismo, es importante señalar que dicha propuesta será alcanzada en la unidad de los distintos sectores que trabajan como eje la prisión política en conjunto con los espacios auto-organizados, de trabajadores/as, entre otros. Lo importante es generar tal nivel de presión que coloque en jaque a quienes hoy se encuentran en el poder, tal como se hizo desde el 18 de Octubre hasta el 12 de Noviembre de 2019.

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Opinion

El izquierdismo como obstáculo para una propuesta y práctica revolucionaria

Abrir el debate sobre la actualidad del texto “El Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo” escrito por Lenin con un increíble carácter político – educativo para la clase obrera se vuelve una imperiosa necesidad, en cuanto reconocimiento sincero de prácticas obstaculizadoras en la actual construcción política y en la abertura de ejes de discusión que vienen a remecer, tales como: la construcción del partido, parlamentarismo, alianzas y la construcción táctica. A la luz de la Rebelión Popular las formas del “Izquierdismo” quedan en evidencia en cuanto incapacidad política de constituir respuestas concretas para derrocar al capitalismo.

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Abrir el debate sobre la actualidad del texto “El Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo” escrito por Lenin con un increíble carácter político – educativo para la clase obrera se vuelve una imperiosa necesidad, en cuanto reconocimiento sincero de prácticas obstaculizadoras en la actual construcción política y en la abertura de ejes de discusión que vienen a remecer, tales como: la construcción del partido, parlamentarismo, alianzas y la construcción táctica.  A la luz de la Rebelión Popular las formas del “Izquierdismo” quedan en evidencia en cuanto incapacidad política de constituir respuestas concretas para derrocar al capitalismo.

  1. El izquierdismo en la consigna “Yo no voto me organizo”

La explosión de la Rebelión Popular y su desenvolvimiento constituye una experiencia vital en la lucha de clases, dejando innumerables aprendizajes que nos permiten abrir críticas hacia posiciones que expresan lo que Lenin precisó como “izquierdismo”. Entendemos por “Izquierdismo” a aquellas posiciones y prácticas que se transforman en leyes generales y universales para toda época y situación histórica concreta, siendo complaciente con principios abstractos de una supuesta radicalidad.

“Yo no voto me organizo” se transformó en una posición que asumió una franja de la izquierda para encarar el proceso plebiscitario que emergió del Acuerdo de Paz y Nueva Constitución. Lejos de abrir una lectura sobre las particularidades del proceso, se refugia en una mecánica consigna que contrapone el ejercicio de votar y el de organizarse, negando propuestas y construyendo una abstracción que se reproduce una y otra vez frente a todo proceso electoral.

En este aspecto, Lenin nos abre la experiencia de la Revolución Rusa precisando dos hitos históricos que evidencian que la reproducción de fórmulas trae consecuencias perjudiciales para el avance de la clase trabajadora. Al respecto, Lenin es enfático en ver la apuesta del boicot en 1905 como un acierto, pero dicha posición de boicot a la Duma en 1906 constituyó un error.

“Cuando en agosto de 1905 el Zar anunció la convocatoria a un “parlamento” consultivo, los bolcheviques le declararon el boicot, contra todos los partidos de oposición y de los mencheviques, y el “parlamento” fue barrido, en realidad, por la revolución de octubre de 1905. El boicot era correcto en ese momento, no porque sea correcta en general la no participación en los parlamentos reaccionarios, sino porque valoramos acertadamente la situación objetiva, que conducía a la rápida transformación de las huelgas de masas, primero, en huelga política, luego, en huelga revolucionaria, y, por último, en insurrección”[1].

Valorar acertadamente la situación objetiva constituye la dificultad de todo ejercicio político revolucionario, no podemos homologar experiencias de lucha, la extrapolación mecánica nos lleva a la marginalidad y a constituirnos en espectadores del escenario político. En este sentido la consigna “Yo no voto me organizo” no logra precisar las particularidades del proceso que se abre en torno al Apruebo, se niega a la disputa, abrazando el pánico a la discusión política abierta.

La condena y la crítica al Acuerdo de Paz y Nueva Constitución entendido como un pacto que protege y blinda al gobierno de Piñera y la institucionalidad dominante en su conjunto es acertada, pero insuficiente si nos quedamos en la comodidad de la crítica sin propuesta que invite a la disputa. Evidentemente no construimos bajo condiciones ideales sino bajo condiciones políticas impuestas y es en ese marco donde nos desenvolvemos. En este sentido Lenin es certero en precisar que la apuesta táctica no se constituye desde el estado de ánimo revolucionario.

“Es muy fácil demostrar espíritu revolucionario sólo lanzando improperios contra el oportunismo parlamentario o sólo repudiando la participación en los parlamentos; su misma facilidad, precisamente no puede hacer de esto la solución de un problema difícil, muy difícil”[2].

La abertura de un período histórico revolucionario que se abre a nivel global y a nivel nacional se precisa en que la Rebelión Popular sobrepasa con creces las posiciones puristas y sectarias, evidenciando su insuficiencia de cara a las necesidades históricas que se abren para la construcción de proyecto revolucionario.

2. El “Izquierdismo” en el antipartidismo

Otra expresión del “Izquierdismo” que se nos presenta con fuerza en el actual período histórico tiene relación con el rechazo a toda forma de construcción partidaria, una negación por principio y una sospecha totalizante. En este sentido el “Izquierdismo” estaría manifestado en que dicha crítica es una generalización basada en una abstracción que no concibe y no precisa el carácter de clase de los partidos políticos, ni sus diversas formas que pueden asumir, reduciéndose a una ecuación moralista monolítica.

La confusión existente precisa una crítica a los Partidos políticos que han perpetuado y profundizado el legado de la dictadura cívico – militar, transformándose en verdaderos clubes electorales sin proyecto político. Este proceso de descomposición es visto de forma precisa por Tomas Moulián.

Como consecuencia de este fenómeno los partidos políticos se han transformado en partidos de camarillas, con agrupamientos internos sin consistencia ideológica y con un altísimo grado de antropofagia. Los partidos parecen haber perdido la dimensión comunitaria y los lazos de afectividad primaria suscitada por la común pertenencia a una causa, para convertirse en estresantes lugares de competencia por el poder, para lo cual se generan relaciones instrumentales con un grupo[3].

De este modo pasar de esta constatación a una generalización vulgar que niega la construcción de Partido, como si este fuese una forma preestablecida, constituye un error político fruto del “Izquierdismo”. La construcción del Partido debe ser síntesis del período histórico, debe responder a los requerimientos de un momento determinado.

Por otro lado, el antipartidismo es funcional al triunfo ideológico neoliberal que viene a reducir el ejercicio político a un asunto de mera gestión y administración, diluyendo los antagonismos políticos. En este sentido la posición antipartidista se refugia en formas laxas e inorgánicas reproduciendo una fragmentación insostenible.

Negación del principio de partido y de la disciplina de partido: a esto ha llegado la oposición. Y esto equivale a desarmar por completo al proletariado en interés de la burguesía. Todo se suma a esa dispersión e inestabilidad pequeñoburguesas, a esa incapacidad de realizar esfuerzos sostenidos, de actuar en forma unida y coordinada que, si se estimulan, destruirán inevitablemente todo movimiento revolucionario del proletariado[4].

En el reverso de la posición antipartidista encontramos formas rígidas y mecánicas de construcción Partidaria que niegan todo ejercicio problematizador que implique abordar la pregunta ¿Qué Partido revolucionario necesitamos construir para enfrentar el período histórico que se abre? En el nombre de la estrategia se defiende una forma monolítica incapaz de abrirse a los requerimientos históricos que posiciona la lucha de clases.

La paradoja que abre la Rebelión Popular constituye la posibilidad de evidenciar la necesidad de la construcción de Partido revolucionario para dar forma orgánica a la profundización de la crisis integral del capital. Lo desafiante está en que debemos construir formas orgánicas auténticas y genuinas en la respuesta de un período histórico revolucionario que supere las expresiones actuales de fragmentación.

3. El «Izquierdismo» en el aislamiento o la marca de la derrota

Seremos enfáticos en sostener que las prácticas políticas que pueden caracterizarse bajo el “Izquierdismo” son fruto de la derrota político – histórica e ideológica que instaló un capitalismo totalizante en todas las esferas de la vida.

Las consecuencias de la derrota tienen forma de dispersión, atomización y parcialidad del ejercicio político, rehuyendo del debate, de la disputa y posicionamiento ante coyunturas nacionales e internacionales. La experiencia política pasa a concebirse en una dimensión paralela, en una especie de burbuja que propicia una práctica incesante pero impotente de vocación de poder.

Respecto de los “seductores discursos ultra radicales” a los que hacíamos referencia, creemos que su principal déficit – insistimos: reconociendo que estas limitaciones tienen lugar en el marco de una serie de propuestas de lo más lúcidas y originales – consiste en considerar el “micropoder”, el “poder local”, el “antipoder”, el “contrapoder”, o la situación concreta con potencial revolucionario como un fin; perdiendo de vista la totalidad, el horizonte de la conexión dialéctica; diluyendo el proceso de emancipación en actos individuales, conquistas aisladas y placeres solitarios[5].

De forma mecánica se establece una escisión del ejercicio político que claudica en las posibilidades de concebir la disputa como práctica totalizadora, quedando recluido a lo local, a la inmediatez que impide pensarnos en una dimensión táctica y estratégica.

Los actuales pensadores de la dominación les dejan con gusto a las organizaciones de las clases subalternas el terreno de lo micro, de lo estrictamente local o sectorial, cuanto más pequeño y localizado mejor; de la pequeña política que sólo disputa sobre cuestiones parciales y cotidianas. De esa forma se encubre eficazmente el monopolio que se conserva de la gran política, la que se abandona con exclusividad a las clases dominantes[6].

Remontándonos a lo vivido recientemente en torno al proceso plebiscitario y las futuras elecciones de convencionalistas, se expresa justamente las limitantes de un amplio sector de la izquierda revolucionaria, que hace omisión y retrocede hacia lugares seguros. Reestablecer un ejercicio político que vaya desde la disputa y reapropiación de las esferas de la vida hasta marcar posiciones en la escena política general nos permitirá concebir que el ejercicio revolucionario no se constituye desde el miedo a la disputa. Sacudirnos de la inercia de la derrota político histórica constituyó el gran gesto de la Rebelión Popular que interpela profundamente a nuestras insuficiencias.

Enfrentamos una bella posibilidad histórica para el avance de los espacios autoorganizados del pueblo protagonizando la escena política en el debate y en la propuesta. La Rebelión popular remece nuestros quehaceres, constituye una síntesis histórica de las diversas movilizaciones expresadas en nuestra historia reciente y visibiliza las tareas más urgentes a resolver. El estado de desorientación de las clases dominantes, la crisis profunda de legitimidad de la democracia liberal a nivel mundial, el colapso civilizatorio abre innumerables esperanzas para el campo popular revolucionario.


[1] Lenin, Vladimir Illich. Obras selectas/ Vladimir Illich Lenin; compilado por Cecilia Feijoo y Demian Paredes. 1ª ed. Buenos Aires: Ediciones IPS, 2013.

[2] Ibid. p. 469.

[3] Moulian Tomás. Chile actual anatomía de un mito. LOM ediciones. Santiago. 2002.

[4] Op cit. p. 454.

[5] Mazzeo, Miguel. ¿Qué (no) hacer? Quimantú. Santiago. 2016.

[6] Mazzeo, Miguel; Acha Omar. Reflexiones sobre el Poder Popular. Tiempo Robado. Santiago. 2014.

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Opinion

Por la libertad de nuestras y nuestros presos políticos: ¡A derribar a Piñera y todo el régimen!

El llamado para la jornada del 10 de diciembre es a organizarse y articularse en los territorios, para golpear como un solo puño al régimen con una sola finalidad: arrebatarles la libertad de nuestras y nuestros presos políticos.

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Por Célula 26 de Julio de Trabajadoras y Trabajadores al Poder

Asistimos a un período revolucionario, caracterizado por una profunda crisis integral del capital, agudizada por la pandemia y una etapa de ascenso de la rebelión popular en el mundo. En este marco los levantamientos populares en Guatemala y Perú, que pusieron en el centro de sus reivindicaciones al poder ejecutivo y legislativo de sus respectivos países, se han transformado en factores dinamizadores de la situación política en nuestro país.
De esta forma, durante estas semanas hemos asistido a una serie de huelgas reivindicativas, donde destacan los trabajadores/as del retail, la salud, portuarios, vendedores ambulantes, etc. A esto se suman las jornadas de agitación y manifestación de estas últimas semanas por la libertad de los presos/as políticos de la rebelión.

En este marco hemos visto como, tras los recientes acontecimientos internacionales y el actuar represivo contra niños del Sename en Concepción por parte de Carabineros de Chile, se ha provocado un ascenso de las movilizaciones en los sectores más avanzados del pueblo, que se han volcado con radicalidad a las calles proponiéndose avanzar hacia los símbolos del poder; levantándose en clara ruptura con el régimen político, sosteniendo las consignas por la libertad de los preso/as políticos de la rebelión, de juicio y castigo, fuera Piñera y la disolución de las fuerzas de orden.
Es importante señalar cómo estos escenarios se dan en un contexto de recesión económica y evidente pauperización de las condiciones materiales de vida a escala global.

En nuestro país en particular, la situación no es distinta ni menos aislada del acontecer global. Sólo a modo de ejemplo, y según datos entregados por la última encuesta de la Universidad Católica, tras el leve mejoramiento de las condiciones sanitarias del país, estos últimos meses se han creado nuevos empleos, no obstante, la cifra actual está muy lejos de representar un avance significativo, ya que se estiman a la fecha más de 1.660.0000 puestos de trabajo menos que hace un año. La encuesta, además, señala que la normalización ha sido muy lenta y se requerirá hasta el 2022 para restablecerla, todo esto en medio de una inminente segunda ola del Covid19 y el reciente anuncio de que todas las comunas de la RM retrocederán a Fase 2.

A tenor con lo anteriormente señalado, el desempleo en el país durante el tercer trimestre móvil – agosto, septiembre y octubre – se volvió a situar sobre los dos dígitos con un 12,7%, sin mayor horizonte que seguir deteriorándose, al igual que todos los otros índices económicos. Por ejemplo, el Imacec nuevamente sufrió una caída, esta vez del 1,2% en relación con igual mes del año anterior.

En consecuencia, se avecinan escenarios complejos para nuestra clase, el propio Banco Mundial ha anunciado que la crisis seguirá agudizándose y ha indicado que la pobreza en Chile aumentará de 8,1 % (proyección 2019) hasta un 12,3% en el próximo año. Mientras tanto el Estado sigue protegiendo al gran empresariado y se ha propuesto extender el Estado de catástrofe, para seguir utilizándolo como una herramienta de control social en el contexto de pandemia y rebelión popular que asistimos.

Mientras tanto es el pueblo quien costea la crisis con trabajos precarios y sueldos indignos o dedicándose al negocio por cuenta propia improvisando variados negocios. Un ejemplo de cómo asumimos los costos de esta crisis, es que debamos apelar a nuestros fondos de pensiones para sobrevivir, pero a su vez esta situación se expresa como una abierta crítica a todo el sistema de pensiones nefasto que tenemos. Frente a este escenario y a la inminente respuesta popular que podría haber provocado negar un nuevo retiro del 10%, el Gobierno se ha visto obligado a enviar un proyecto de ley, que en concreto se asemeja bastante a la reforma constitucional de retiro de los fondos, logrando evitar un nuevo enfrentamiento con las masas populares.

De esta forma, la demanda que ha adquirido transversalidad en los sectores auto organizados durante estas semanas ha sido la exigencia de libertad de todos y todos los presos políticos, caracterizado por factores tan diversos como la victoria del Apruebo, la venida de una serie de juicios emblemáticos, la absolución de compañeros y compañeras por ausencia de pruebas y montajes. Estas situaciones han abierto una posibilidad clara de arrebatar al Estado mediante la presión popular la libertad de nuestros compañeros/as que viven actualmente la prisión política.

Este escenario de lucha por la libertad de los PP, en perspectiva, da cuenta de una clara tendencia hacia la articulación, que se ha expresado estos últimos días en una serie de encuentros e instancias de articulación comunal, sectorial y/o zonal con el objetivo de preparar la jornada del 10 de Diciembre. en este contexto hemos visto como siguen ausentes o con pronunciamientos ambiguos y tibios las dirigencias sindicales presentes en Unidad Social y la CUT, por ejemplo, por lo cual la herramienta que se torna fundamental para dotar de fuerza real la jornada ha sido en distintos lugares convocar a encuentros de base, comunales o zonales de trabajadores/as, pobladores/as y estudiantes para preparar la huelga general del 10 de diciembre.

De esta forma, el llamado de esta jornada es a dejar las mezquindades y diferencias de lado para golpear unidos y unidas al régimen, con la finalidad última de arrebatarles la libertad de nuestras y nuestros presos.

Tras esta jornada, no cabe duda que las instancias auto organizadas del pueblo debemos seguir apostando hacia la articulación nacional como un objetivo central, para lograr levantar un programa de lucha que dé una salida a la crisis a favor de nuestra clase. A su vez lograr articularla con las reivindicaciones inmediatas en nuestro pueblo, con la finalidad de ir transformándolas en una lucha permanente e ininterrumpida hasta derribar a Piñera y todo el régimen.

Por la disolución de las FF.AA de orden
¡A fortalecer la primera línea! ¡a derrotar el toque de queda en las calles!

Por la Libertad inmediata de los/as presos políticos mapuche y de la rebelión popular
¡Amnistía sin condiciones ya!

Por un Gobierno de las y los trabajadores
Fuera Piñera y todo el parlamento corrupto
¡Cárcel para los asesinos, violadores y torturadores del pueblo!

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