OPINIÓN

Opinión | ¿Distanciamiento social como medida de excepción sanitaria o condición histórica del capitalismo?

Se nos presenta el distanciamiento social como una medida para afrontar la crisis sanitaria, se nos dice que debemos estar al menos a un metro y medio de distancia para disminuir las probabilidades de contagio y, por último, el mandato de quedarnos en casa, confinarnos. La supuesta excepcionalidad con la cual se expresa la pandemia, no es más que el rostro más explícito de la constante histórica del capitalismo en su desorden social sustentado en el dislocamiento y fractura de la sociedad.

Por Diego Gutierrez

Se nos presenta el distanciamiento social como una medida para afrontar la crisis sanitaria, se nos dice que debemos estar al menos a un metro y medio de distancia para disminuir las probabilidades de contagio y, por último, el mandato de quedarnos en casa, confinarnos. La supuesta excepcionalidad con la cual se expresa la pandemia, no es más que el rostro más explícito de la constante histórica del capitalismo en su desorden social sustentado en el dislocamiento y fractura de la sociedad.

Lo que queda de manifiesto en las respuestas emanadas desde el gobierno para enfrentar la pandemia es el aislamiento de los individuos que no es más que la consumación del ideal del libre mercado, es decir, resolvernos en la individualidad de la indiferencia y la competencia.

La obra Robinson Crusoe de Daniel Defoe (1719) fue asumida por Marx para elaborar exquisitas metáforas que dan cuenta del advenimiento de la sociedad burguesa, justamente en la proyección de resolvernos en la ruptura de los lazos sociales y en el desenvolvimiento del espíritu de la libertad individual y la libertad de empresa que domina la naturaleza, la cual ya no se presenta como un obstáculo o barrera histórica.

La instauración del capitalismo como proceso histórico despliega un ejercicio violento de desposesión constante que desarticula el ejercicio político de resolvernos colectivamente, trastoca la experiencia comunitaria y toda práctica histórica alejada de los principios tiránicos de la propiedad privada y la primacía de la ganancia. Tal como devela Karl Polanyi “a pesar del coro de encantamientos académicos tan persistentes en el siglo XIX, la ganancia y el beneficio obtenidos en el intercambio no desempeñaron jamás una parte tan importante en la economía humana. Aunque la institución del mercado era bastante común desde finales de la Edad de piedra, su papel era sólo incidental en la vida económica”[1].

Primero debemos consignar que el mercado no constituyó una expresión angular o fundamental en la organización de la sociedad, sino más bien una expresión marginal, que no resolvía la reproducción de la vida propiamente tal. Por lo tanto, su advenimiento es desde una expresión estructural una distorsión y dislocamiento de las lógicas comunitarias de organización y reproducción de la vida, generando una sociedad atomizada de individuos aislados resolviéndose en la precariedad frente a la omnipotencia del mercado.

Las medidas sanitarias promulgadas se han presentado en la apariencia como excepción, pero constituyen la condición histórica del capitalismo, en cuanto fortalece el aislamiento como principio del libre mercado. No podemos sorprendernos por la agudización de la realidad capitalista que implica el contexto de pandemia, ésta viene a agudizar e intensificar no tan sólo la crisis integral del capital, sino también sus principios y directrices[2].

La realidad dominante en su apariencia se presenta como excepción, recordemos la tan referenciada tesis VIII de Walter Benjamin “la tradición de los oprimidos nos enseña que el ‘estado de excepción’ en el cual vivimos es la regla. Debemos llegar a una concepción de la Historia que corresponda a ese estado”[3]. En esa línea la pandemia no inaugura un estado de excepción sanitario, sino más bien evidencia las irracionalidades del modo de producción capitalista. El distanciamiento social o el confinamiento no es más que la realidad distópica que asumimos cotidianamente. De este modo, pensar radicalmente el desconfinamiento no es augurar por el retorno de la normalidad, ya que esa normalidad tiene una expresión material, que son las relaciones de explotación capitalista. Pensar y proponer desde la noción de desconfinarnos es asumir la vigencia y urgencia del comunismo como el ejercicio de superación que constituye la apropiación radical de resolvernos comunitariamente y no por las dinámicas desenfrenadas del capital a la cual nos sometemos.


[1] Polanyi, Karl. La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo. Fondo de Cultura Económica. México, 2008.

[2] Es relevante posicionar como respuesta la acción subversiva de la solidaridad de clase organizada en ollas comunes y Comités de resistencia, las cuales constituyen experiencias que se anteponen a las lógicas de la dominación centradas en el aislamiento y las pautas de comportamiento que dan forma al libre mercado.

[3] Lowy, Michael. Walter Benjamin: aviso de incendio. Una lectura “Sobre el concepto de historia”. Fondo de cultura económica. Buenos Aires. 2012

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