OPINIÓN

La situación política en Wallmapu es un polvorín: ¡Adelante con todas las fuerzas de la historia; no pasarán! ¡Ante la intentona de latifundistas, burgueses y fascistas! ¡Solidaridad absoluta con el Pueblo Mapuche!

Sabemos perfectamente que, en momentos de crisis integral, no solo los pueblos avanzan y se cualifican en la disputa abierta por el poder, sino que también, evidenciamos que la burguesía y sus lacayos emplean un ejercicio combinado de impulsos represivos, desde sus Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad, grupos mercenarios y movimientos fascistas, vale decir, son capaces de quebrantar su propia institucionalidad para no vulnerar la vida del gran capital

Por Gabriel, Militante de Trabajadores y Trabajadoras al Poder

La intentona racista y reaccionaria expresada en facciones de terratenientes, burgueses y fascistas que ataco distintos Municipios de Curacautín, Traiguén y Ercilla tomados por comuneros Mapuche la noche del primer sábado de agosto en Wallmapu en solidaridad por la liberación de los 27 presos políticos en huelga de hambre de las cárceles de Lebú, Nueva Imperial, Angol, Temuco y las reivindicaciones más sentidas como pueblo; han de representar las contradicciones más irreconciliables en el actual escenario de la prolongada crisis integral del capital.  De esta forma, debemos analizar las jornadas de violencia hacia el pueblo hermano dentro del marco global que asistimos donde la lucha de clases se torna más compleja, dinámica, y como tal, empuja a tomar decisiones mucho más determinantes en la lucha revolucionaria y limpia de polvo y paja a los sectores claudicantes, vacilantes o serviles a los intereses del enemigo de clase.

Asimismo, y como hemos venido señalando en caracterizaciones anteriores, el tablero de ajedrez de la situación política internacional tiene tendencias fundamentales expresadas en la crisis integral del capital, que concretamente se vincula al colapso y militarización de los regímenes burgueses, la elocuente depresión económica que avanzó más rápida que la propia propagación del virus, y, el desarrollo de la crisis sanitaria global a raíz del coronavirus, por mencionar algunos ejes; por otro lado, la disputa interburguesa entre distintas facciones, predispone un enfrentamiento colosal y más abierto por las fuerzas productivas y los medios naturales en el camino sin descanso de la guerra imperialista; asimismo, frente a los embates de las burguesías mundiales a través de la ofensiva del capital, los pueblos del mundo han mostrado señales decisivas de determinación para frenar y derrotar políticamente las apuestas del gran capital; ha sido y será la protesta popular y la inagotable fuerza de la rebelión que ha recorrido distintas latitudes la bomba inyectora del nuevo motor de la lucha clases. Las masas explotadas y precarizadas a su máxima expresión han decidido jugar un rol más protagónico en el momento actual, lo que desencadena la apertura de un periodo revolucionario donde el proletariado mundial y pueblos del mundo ponen todas sus fuerzas por derribar el régimen de dominación.

Todo este corolario global, tiene su analogía en la situación política nacional. El régimen putrefacto y en permanente descomposición devela sus limitaciones para enfrentar la crisis política, económica y sanitaria; no tiene ni tendrá la forma de poder absorber las demandas centrales del movimiento de masas amplificadas y defendidas desde octubre del año pasado, por lo que, su respuesta natural ante la crisis es sostener, proyectar y cualificar niveles más elevados de superexplotación, reagrupamiento de fuerzas a través del “Partido del Orden”, vínculos con el gran empresariado y el Parlamento corrupto, evolución en los métodos represivos existentes, tanto desde elementos propios del Estado, así como grupos y bandas fascistas, racistas y profundamente reaccionarias como las que actúan con completa impunidad en el sur, o, también, las medidas de salvataje a la banca y el gran capital en desmedro de las amplias masas empobrecidas, enfermas, contagiadas, y, que ya no tienen nada más que perder.

Sabemos perfectamente que, en momentos de crisis integral, no solo los pueblos avanzan y se cualifican en la disputa abierta por el poder, sino que también, evidenciamos que la burguesía y sus lacayos emplean un ejercicio combinado de impulsos represivos, desde sus Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad, grupos mercenarios y movimientos fascistas, vale decir, son capaces de quebrantar su propia institucionalidad para no vulnerar la vida del gran capital. Lo que en consecuencia histórica se traduce en una abierta y preparativa situación de polarización de clase, que, para estas alturas, se encuentra en pleno desarrollo. La aparición de estos sectores en territorio Mapuche es promovida directamente por el régimen de dominación y sus vínculos con el latifundio histórico colonial, el gran empresariado forestal, agrícola, o de fuentes de energías como Termoeléctricas e Hidroeléctricas, gremios de camioneros o comerciantes, y, expresiones reaccionarias facistoides como el APRA (Asociación para la paz y la reconciliación).

En la reciente incorporación del nuevo Ministro del Interior Víctor Pérez, que por lo demás está vinculado a violaciones a los derechos humanos en colonia dignidad durante el periodo de la dictadura y fue alcalde designado por el tirano en los 80´ en la Araucanía; desprendió en sus primeras declaraciones a minutos de haber asumida, dardos directos al proceso abierto de liberación nacional que distintos sectores de comunidades Mapuche y organizaciones político militares llevan en curso en los últimos veinte años, en donde, se refirió en que no escatimarían esfuerzos en devolver el Estado de Derecho en los territorios en disputa, alimentando así garantías plenas para que a ciencia cierta, el bloque de terratenientes, burgueses y fascistas alistaran acciones hacia el pueblo Mapuche, y, que se consolidó con su visita hace un par de días a la Araucanía donde también enunció que en facciones del pueblo hermano hay alto poderío militar, resguardo logístico y financiamiento. Por otro lado, el nefasto presidente, en su salomónica cuenta pública ante el asesino y corrupto Parlamento, señalaba que los intereses de convertir a Chile en una potencia agroalimentaria debían desarrollarse a como diera lugar, así la explotación a los campos, bosques, ríos, lagos y glaciares son fundamentales para el proyecto de la burguesía autóctona, que por consiguiente, necesita encimismadamente de la aprobación de nuevas leyes represivas, en especial de la nueva ley de inteligencia para sostener y dar rienda a la materialización de sus intereses.

No obstante, más allá de la situación coyuntural que atravesamos, no puede convertirse en un fin sí mismo o disociado de su temporalidad histórica. La intentona de latifundistas, burgueses y fascistas constituye un epistolario más en el desarrollo de una continuidad histórica de explotación y sometimiento hacia el pueblo Mapuche, y en especial a la precarización, terciarización y flexibilización de su fuerza de trabajo, la explotación indiscriminada de la naturaleza, la cooptación de dirigentes de comunidades más afines a la institucionalidad burguesa, a la dominación y apropiación cultural, a la promoción del racismo como forma elocuente del dominio de la ideología burguesa, etc. Así como la dictadura decretó que las tierras Mapuche pasaran como pan caliente a sectores agrícolas y forestales, o como la Concertación se encargó de incentivar el extractivismo en la región con proyectos emblemáticos como la central Hidroeléctrica Ralco en el río Biobío; luego vino “el nuevo trato de Ricardo Lagos” que en la práctica es la legitimidad del uso de la política del garrote y de la zanahoria, en donde la Operación Paciencia (2002) cobró la vida del joven Alex Lemún; asimismo, las concesiones económicas de Bachelet a la CMPC en sus dos gobiernos, o el fallido Plan Impulsa Araucanía de Piñera estos años; por mencionar algunos ejemplos, son muestra real y concreta de este predominio de dominación.

Ahora bien, esto no quiere decir que la violencia histórica del Estado de Chile al pueblo Mapuche haya sido unilateral. El proceso de liberación nacional Mapuche que se cristaliza en diciembre del año 97 al calor del fuego de los tres camiones forestales en Lumaco, ha de sembrar una táctica distinta para esos años dentro del movimiento Mapuche, pero que genéticamente llevan incorporadas hace siglos. Con esto nos estamos refiriendo a la vuelta en escena del “Malón”, como la táctica del mejor empleo del uso de la fuerza para la realización de acciones sorpresivas y eficientes, de propaganda militar y de alta preparación técnica. Concretamente, la ola de acciones de sabotaje en esos años dentro de organizaciones político-militares, particularmente de la Coordinadora Arauco Malleco, permitió dinamizar la lucha política y sumar sectores de masas que respaldaban y alimentaban a la naciente CAM. Desde ese momento a la fecha, ha sido largo el trecho recorrido, con limitaciones, contradicciones y nuevas fuerzas que han asumido integralmente su lucha como pueblo. En Wallpamu existente actualmente distintas visiones, facciones, corrientes, líneas políticas que conviven entre sí. Son diferentes expresiones que apuntan a un proceso de liberación nacional, con matices más o matices menos, pero que se constituyen en instancias abiertas de confrontación a las formas de dominación del régimen. En suma, ante la continuidad histórica de violencia por parte del Estado, el pueblo Mapuche ha respondido de múltiples formas, con acciones político-militares variadas y respuestas de masas en el ejercicio efectivo del control territorial, vale decir, lejos de jugar un papel de víctimas, han asumido un protagonismo activo, que les ha costado la persecución, encarcelamiento, muerte a distintos hombres y mujeres que abrazan con fervor la liberación del “territorio ancestral”. Ante la proliferación de la crisis integral, abiertamente sabemos que han actuado y lo seguirán haciendo.

Con todo lo anterior, debemos hacer hincapié que la orquestación del ataque a las y los comuneros Mapuche que llevaban casi una semana las tomas de las Municipalidades como medida de presión para la liberación y aplicación del Convenio 169 de la OIT a los 27 presos políticos en huelga de hambre de las cárceles de Lebú, Nueva Imperial, Temuco y Angol; es parte de la continuidad histórica que relatábamos con anterioridad, y que tuvo la venia del Estado a través de la visita del Ministro Pérez que propició a que las bandas paramilitares, racistas y fascistas al servicio del gran empresario latifundista, agrícola y forestal actuarán a diestra y siniestra en la Araucanía, aun cuando existían medidas implementadas por el régimen como el toque de queda o la prohibición de reunión de más de 50 personas. Es evidente que estos sectores se constituyen como grupos funcionales a los intereses de la defensa del gran capital en la zona, y, por consiguiente, fueron respaldados y asistidos por las propias fuerzas represivas de militares y Carabineros.

Es arriesgado indicar que asistimos a una ofensiva abierta y desatada de estas bandas paramilitares, racistas, ultraderechistas y fascistas, pero sí, a que han adquirido grados de maduración importantes dentro de los últimos años, más aún en la región de la Araucanía, donde las contradicciones de clase son diarias. Tampoco, hay que desestimar el alcance que tiene las acciones que realizaron contra las y los comuneros Mapuche. Debemos dar cuenta de que son una respuesta histórica ante la profundidad de la crisis integral que arrastra al régimen de dominación a un callejón sin salida, y como tal, van a tener puntos de inflexión o de repliegue, pero que no van a desaparecer y su tendencia está hacia su proliferación. Por consiguiente, el pueblo de chile y el conjunto de sus organizaciones, en especial las que se construyen al alero de la rebelión popular de octubre, deben rechazar y condenar categóricamente la cobardía reaccionaria y solidarizar y abrazar con mayor fervor la justa la lucha del pueblo Mapuche.

Sin embargo, la inexorable Rebelión Popular de octubre, que oportunistas, claudicantes y fatalistas se atreven arriesgadamente a cerrar por el desarrollo de la pandemia, y que no analizan sus potencialidades en cuanto al desarrollo de la conciencia expresada en la cualificación del proceso de autoorganización de masas o la puesta en escena de los Comités de Emergencia Territorial; ha de concentrar muchas de las respuestas que se necesitan.

Cada particularidad de la situación política ha tenido la capacidad de romper sus barreras y de mirarse en su perspectiva de totalidad, donde las masas han respondido abiertamente con jornadas de protestas que nos hacen ratificar que la Rebelión está más viva que nunca. Es así como el debate del 10% de las AFP, la impunidad que se le había otorgado al violador Martín Pradenas, o en este último elemento, la intentona latifundista, burguesa y fascista sobre el pueblo Mapuche, ha de tener un correlato transversal en el movimiento de masas, lo que en síntoma de los enormes aprendizajes que ha desarrollado y de sus potencialidades en curso. Hoy más que nunca, cada coyuntura está siendo un polvorín, esa pequeña chispa que está haciendo arder la pradera. Por lo cual, la situación política tiene una manifestación súbita y generalizada, donde la polarización de clases avanza más rápido de lo que muchas veces podemos ver a simple vista.

Todas las unidades de autoorganización del pueblo de Chile, desde una olla común hasta los Comités de emergencia territorial, lograron convocar a ejercicios directos de solidaridad con el pueblo Mapuche, lo que refleja que la única “solidaridad” que sirve es la de compromiso total, disciplinado y profundamente humano con los pueblos hermanos en lucha del mundo. Por su parte, hemos visto que, desde los hechos del fin de semana, las muestras efectivas de solidaridad han sido decenas, desde distintas ciudades del país, pero concentrándose en las principales urbes de la zona sur, a su vez, las acciones de la franja de la resistencia Mapuche han golpeado directamente a las fuerzas enemigas, ya sea a través de los ataques a personal del GOPE o del Ejército, quema de camiones o destrucción de maquinaria forestal. Inclusive, las organizaciones Mapuche más integradas a la institucionalidad se ven tensionadas y fijan posición, develando sus propias contradicciones, pero sumándose de forma directa clara en la lucha en el campo y la ciudad. La situación política en Wallmapu empuja a las diversas franjas a asumir integralmente su proceso de liberación.

La maniobra de fascistas, burgueses y racistas fue una respuesta ante el avance de la lucha del pueblo Mapuche que se proliferó y agudizó desde el propio inicio de la rebelión, dado que ante la ofensiva del campo popular el régimen debió descomprimir un tanto la represión en Wallmapu, pero obviamente, jamás detenerla; lo que concretamente significó mayores avances de la lucha de masas y las acciones político-militar, que sumadas al ímpetu de las jornadas de protestas en Chile están colando al régimen político en su conjunto antes las cuerdas en el cuadrilátero de la lucha de clases. Pero, para dejar K.O a fascistas, burgueses y racistas, ambos pueblos deben entender que la liberación de uno necesariamente implica la liberación del otro, por tanto, desde los sectores en lucha de la rebelión deben abrazar con mayor convicción y determinación, tomando como ejemplo, la digna lucha del pueblo Mapuche y el aprendizaje dado por nuestro pueblo desde aquél mítico octubre.

La crisis integral da pie para la proliferación de este sector facistoides, racista, ultraderechista y reaccionario al servicio de los intereses de la burguesía autóctona y clases patronales en Wallmapu, pero no constituyen bajo ningún sentido o razón, una forma de quebrantar la lucha del pueblo Mapuche acumulada en más de dos décadas y al avance importante que desarrolla el pueblo de Chile. En las filas que combaten al régimen de dominación hemos de ser muchos y muchas más, y como tal, debemos ser coherentes con el periodo revolucionario en curso. Ni la institucionalidad burguesa, ni su consenso, puede contra el avance de la lucha popular y la lucha de los sectores de vanguardia del pueblo Mapuche.

¡Ante la intentona latifundista, burguesa y fascista contra el pueblo Mapuche, Solidaridad absoluta del pueblo de Chile!

¡Libertad a los Presos Políticos Mapuches y l*s pres*s polític*s de la Rebelión!

¡Cada lucha es un polvorín contra el mismo enemigo!

¡Fuera Piñera, Pérez y el Parlamento Corrupto!

¡Viva la Liberación Nacional Mapuche!

¡Por un Gobierno de las y los Trabajadores!

¡Adelante con todas las fuerzas de la historia: No pasarán!

 

 

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