OPINIÓN

Cambio de gabinete: otro intento de salvavidas para un gobierno a la deriva

El reciente cambio de gabinete representa un evidente "viraje hacia la derecha" del gobierno, con el objetivo de recuperar la gobernabilidad perdida hace meses por el régimen.

Por Amaru. 

Los pasillos del palacio presidencial estuvieron sumamente agitados el día martes 28 de julio, ya que desde tempranas horas del día los principales medios de comunicación comenzaron a hacer eco de una noticia que, a esas alturas, parecía ya un secreto a voces: habría cambio de gabinete en el gobierno.

La noticia, sin duda, cobraba sentido, a tenor de la deriva política a la cual se había expuesto el gobierno y el oficialismo durante las últimas semanas tras la histórica derrota parlamentaria frente al proyecto de Retiro de Fondos Previsionales que comenzará a operar hoy. Por lo mismo, poco tiempo bastó para que se anunciara oficialmente desde La Moneda un cambio de gabinete que según los medios masivos corresponde a “una cirugía mayor”, pero que para nosotros y nosotras, no es más que un par de enroques y el desesperado intento del gobierno por salir de su deriva, alineando a Chile Vamos mediante el refuerzo de algunas carteras estratégicas.

Poniéndonos en contexto, el cambio de gabinete quedó configurado de la siguiente manera:

  • En el que, seguramente, fue el anuncio más importante, Gonzalo Blumel abandonó el Ministerio del Interior para ser reemplazado por Víctor Pérez, militante UDI y ex senador, representante de los sectores más conservadores de la derecha chilena.
  • Jaime Bellolio (UDI) reemplazará a Karla Rubilar en la Segegob, ejerciendo el rol de nuevo vocero del gobierno
  • Cristián Monckeberg (RN) reemplazará a Claudio Alvarado en Segpres
  • Karla Rubilar reemplazará a Cristián Monckeberg en Desarrollo Social
  • Andrés Allamand (RN) reemplazará a Teodoro Ribera en la Cancillería
  • Mario Desbordes (RN) reemplazará a Alberto Espina en Defensa

De este cambio de gabinete pueden emanar diversas lecturas políticas, más allá de la superficialidad de uno u otro personaje que entra o sale, sino mediadas por el análisis de lo que significa un movimiento de este tipo en el actual momento político del gobierno.

Es por ello que quisiera compartir algunas apreciaciones de manera sintética, que como fin último entreguen la debida contextualización a un cambio de este tipo, acompañado de los escenarios que puede abrir.

En primer lugar, no debemos asumir este cambio de gabinete como un avance ofensivo del gobierno, como una manera rápida de salir de la deriva política a la cual venían expuestos desde hace meses. Este cambio de gabinete no refleja fortaleza del gobierno, sino que al contrario, refleja el estado de crisis en el que se encuentran y la debilidad del presidente para poder imponer orden dentro de su propio grupo de apoyo – partidos oficialistas -.

La enorme derrota sufrida en el poder legislativo al verse incapaces de frenar el proyecto de retiro del 10% en los fondos de pensiones dinamitó la táctica que habían asumido para el período, misma táctica que debieron asumir empujados por el peak de la pandemia y las “protestas del hambre” en Chile.

Esta táctica, que se sustentaba en un frágil bloque de unidad entre oficialismo y algunos partidos de la oposición, buscaba entregar una cara “social” del gobierno frente a las masas, para justificar así el avance de planes y reformas a cuenta gotas que no han solucionado ninguno de los grandes problemas develados y agudizados por la pandemia.

Por ello es que personajes como Gonzalo Blumel o Karla Rubilar ocupaban posiciones estratégicas dentro de la cartera de ministros, pero la incapacidad de frenar el rápido avance de la pandemia y, con ello, la profundización de la crisis, echaron por la borda esta apuesta.

Como si de un disparo al aire se tratase, rápidamente los sectores de la oposición se desbandaron bajo la lógica del “sálvese quien pueda”, acompañados incluso por algunos personajes del oficialismo, quienes temerosos de las posibles consecuencias de sus acciones en el seno de la clase trabajadora se pusieron a legislar como nunca antes lo habían hecho, apenas conocieron el Proyecto de Retiro del 10%.

El avance de este proyecto y su posterior promulgación aisló políticamente al gobierno, lo dejó solo, socavando de plano la frágil unidad establecida con ciertos sectores de la oposición y amenazó, además, la unidad dentro del propio conglomerado oficialista.

Por ello es que Piñera decide este cambio de gabinete, no es para nada un movimiento “ofensivo”, sino todo lo contrario, se pone a la “defensiva” y echa mano a los sectores más conservadores y “duros” de la derecha en el velado intento de mantener el apoyo de su propia bancada, además de esperar que estos sectores sean quienes le otorguen la perdida gobernabilidad.

Dicha gobernabilidad no era sinónimo de Gonzalo Blumel, la apuesta táctica por una cara más amable del gobierno fracasó rotundamente y la presión de los propios sectores de la derecha, quienes lo consideraban “demasiado blando”, terminó por cortar nuevamente el problema por el hilo del Ministerio del Interior.

No es casualidad que en el gobierno de Piñera hayan existido, hasta el momento, tres Ministros del Interior, ya que cada uno ha representado una línea táctica asumida para ciertos períodos. La línea “dura”, cercana al presidente y justificadora de la represión, que representaba Andrés Chadwick, cayó por el peso de la Rebelión Popular; la línea más “blanda” y comprensiva que intentó implementarse con Gonzalo Blumel cayó por los elementos ya mencionados, y toca esperar que línea táctica intentará implementar el gobierno con Víctor Pérez de Ministro del Interior.

Curioso, por decir lo menos, que en un período menor a nueve meses se haya cambiado dos veces al Ministro del Interior, expresión concreta de la deriva política a la cual se viene enfrentando el régimen de Piñera desde octubre hasta la fecha.

En segundo lugar, resulta casi lógico mencionar que la designación de Andrés Allamand como Canciller y Víctor Pérez como Ministro del Interior no son para nada designaciones azarosas, sino que obedecen a factores diversos. En el caso del primero, podría interpretarse esta designación como un “premio” a su labor política durante las discusiones del retiro de fondos de las AFP y su peso en Chile Vamos, designado para apuntalar a un gobierno que parecía caerse a pedazos.

En el caso de Víctor Pérez, el análisis puede complejizarse aún más. El perfil del ex senador de la región de Ñuble es el de un integrante de la derecha más anquilosada en puestos de gobierno, colaboracionista de la Dictadura Militar y cercano al rol de las FF.AA., lo que lo ha llevado a justificar el accionar de estas fuerzas en diversos períodos, siendo el último la Rebelión Popular abierta en octubre, cuando negó las acusaciones hacia dichas fuerzas por violaciones a los derechos humanos.

En el último período se venía mostrando muy activo y preocupado por la situación en Wallmapu, llamando a agilizar las gestiones del gobierno en dicho territorio y entregar mayores facultades a Carabineros para combatir a “los violentistas”, por lo cual no resultó sorpresivo escuchar en su primera alocución como Ministro del Interior su preocupación para “entregar paz a la Araucanía”.

Es de esperar que el rol de Pérez al mando del Ministerio del Interior enfoque denodados esfuerzos en controlar el avance de las protestas y la lucha armada del pueblo mapuche dentro de Wallmapu durante los últimos meses, que en estos momentos los sitúa en un proceso de unidad en torno a causas tan urgentes como la situación de los Presos Políticos Mapuche o el avance del Estado dentro de la zona.

De todas maneras, por más que un fanático de derecha como Pérez asuma la cartera del interior y enfoque sus esfuerzos en sofocar las dignas demandas del pueblo mapuche, la lucha de clases tendrá la última palabra, y esta misma ha expresado la incapacidad de diversos gobiernos por detener el avance y cualificación de esta lucha, que a día de hoy se encuentra en un importante período de ofensiva.

En tercer lugar, otro movimiento no menor a considerar fue la designación de Mario Desbordes como Ministro de Defensa. Para mucho esta designación obedece a un “cese al fuego” con el ex presidente de Renovación Nacional, quien se venía erigiendo como uno de los principales críticos de las formas de hacer adoptadas por el oficialismo.

Al designarlo como Ministro de Defensa, Piñera intenta anular el peso de su figura dentro de su propio partido, pero a la vez demuestra la incapacidad que tuvo para anular su corriente política en el seno del oficialismo.

Todos los elementos de análisis entregados en esta opinión respecto al nuevo “gabinete del rechazo” – como algunos sectores de la oposición lo catalogaron – buscan, en síntesis, evidenciar que una decisión de este tipo no es más que la expresión concreta de la crisis que atraviesa el gobierno, y que intenta superar con el posicionamiento de rostros curtidos de la derecha más tradicional. Intentando, por un lado, apagar el “incendio político” dentro de los sectores oficialistas, y por el otro, conformar un gabinete capaz de retomar la gobernabilidad perdida hace muchos meses.

Como hemos expresado en este documento, la última palabra la posee la lucha de clases, y un cambio de gabinete, sobre todo en las actuales condiciones, no representa una solución mágica que acabará con los problemas del régimen. Ya antes fueron reemplazados ministros tan rutilantes como Andrés Chadwick o Jaime Mañalich, y ninguno de estos cambios significó una gran mejoría para los objetivos de Piñera.

Es más, podríamos, incluso, afirmar que el régimen de Piñera se ubica en una posición aún más crítica, ya que la legitimidad perdida frente a las masas ni siquiera puede ser recuperada con ayuda de una oposición que intenta escapar por sus propios medios de la crisis.

Hoy más que nunca debe señalarse la posibilidad de echar abajo al régimen de Piñera, no como delirios utópicos, sino como una posibilidad real, tan real que, incluso, muchos representantes del actual gobierno dudan sobre si Piñera terminará su mandato. El pueblo organizado ya demostró sus capacidades para desequilibrar la balanza en los días previos a la votación del retiro del 10%, hizo recular y temer a muchos y muchas, mostró impotente a un presidente y toda su bancada.

Las posibilidades existen y tenemos que jugar nuestras cartas, el devenir de la lucha de clases definirá las condiciones que construirá este nuevo gabinete, uno que no representa la ofensiva de un gobierno en crisis, sino todo lo contrario, los manotazos desorientados de un contendiente que parece ir perdiendo la pelea.

 

 

Agregar un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: