INTERNACIONAL

Estados Unidos: el impensado epicentro de las protestas a nivel global

Las protestas en Estados Unidos han alcanzado ribetes históricos, planteando un escenario que puede extenderse por un largo tiempo, capaz de repercutir en las movilizaciones a nivel global.

Por Amaru. 

Imagen principal extraída de diario El País de España. 

A estas alturas de los hechos, no deberían existir muchas personas en el mundo que no se vean sorprendidas por el curso de las protestas que han acontecido durante los últimos días en Estados Unidos. 

Si bien como Diario Venceremos señalábamos en algunas de nuestras notas que el escenario abierto por la pandemia de coronavirus en el mundo podría reactivar el ciclo de protestas iniciado durante el 2019 – como efectivamente pasó en algunos países, como El Líbano o Colombia -, pocos se hubieran atrevido a decir que el epicentro de estas protestas se situaría en Estados Unidos, que no es otra cosa que el mayor baluarte del imperialismo a nivel global. Pero pasó, y seguramente las protestas iniciadas por la muerte de George Floyd abrirán un proceso de largo aliento en el país norteamericano. 

Minneapolis Police Death Protest Atlanta
Auto de la Policía estadounidense incendiándose, uno de los íconos de las protestas en el país. Fuente: CNN.

A pesar de lo señalado previamente, de todas maneras existían bastantes atisbos de crisis que para el observador detallista podían significar a futuro un gran “estallido” como el que actualmente se vive en Norteamérica. Nos gustaría, por lo mismo, señalar algunos de dichos “atisbos”.

En primer término, debe recordarse que la economía capitalista a nivel global venía de un largo proceso de recuperación tras el advenimiento de la gran crisis financiera del año 2008. Dicha crisis, iniciada justamente en Estados Unidos, obligó a una serie de medidas gubernamentales y reajustes en las estrategias de la burguesía a nivel global para paliar paulatinamente sus efectos, reflejándose en la iniciación de una ofensiva del capital sobre el trabajo para paliar la evidente disminución en las tasas de ganancia dentro de muchos sectores del gran empresariado transnacional. 

Dicha ofensiva suscitó el estallido de diversas respuestas populares mediante grandes movilizaciones en diversas partes del orbe durante el año 2019, volviéndose ejemplos icónicos de la protesta y la rebelión países como Chile, Francia, Ecuador o El Líbano. Si bien en Estados Unidos no venían sucediéndose hechos de este tipo, evidentemente la respuesta de las masas explotadas para intentar detener el avance de la ofensiva empresarial durante el año pasado se presenta como un antecedente a considerar dentro de un escenario global.

En contraparte, durante el largo período de recuperación económica en muchos países surgieron opciones bonapartistas para enfrentar los efectos de la crisis, varias de ellas teniendo éxito al momento de presentarse a la presidencia como son los casos de Jair Bolsonaro o Donald Trump. Este último, bajo el eslogan de “Make America great again”, logró hacerse con la presidencia durante el año 2016 mediante la promesa de reverdecer laureles en su país, instalando nuevamente a Estados Unidos como el gran centro de la economía global.

Dichas promesas iban en consonancia a la evidente pérdida de terreno en el plano económico que venía sufriendo Estados Unidos frente al avance del bloque chino-ruso, países que si bien aún no pueden equilibrar totalmente la balanza a su favor frente al poderío norteamericano, de todas maneras han dado grandes pasos a nivel global durante los últimos años, posicionándose como grandes contendores en el plano económico y geopolítico. 

A todos estos antecedentes se suma el que termina por cerrar el cuadro: el terremoto económico, político y social generado por el avance de la pandemia de Covid-19 en Estados Unidos, sumergiéndolo en una de las mayores crisis de toda su historia. Cerca de 2 millones de infectados, 105.000 muertes y decenas de millones de estadounidenses desempleados parecían prever el escenario que actualmente se abre en dicho país.

Queens
En medio de la pandemia, nna gran fila de personas esperan recibir alimentos en el barrio de Queens, Nueva York. Fuente: Agencia AFP.

La actitud altanera y pusilánime de su presidente para enfrentar la pandemia no aportaba demasiado a mejorar la situación, y sólo parecía faltar “la chispa que encendiera la pradera” en el pueblo estadounidense. Esta llegó, como muchas otras veces, en la figura de un asesinato racial perpetrado por la policía en contra de un ciudadano negro, y de ahí en más las protestas comenzaron a extenderse como reguero de pólvora.

Estados Unidos posee en su matriz histórica la discriminación racial hacia la gente de color negro desde los tiempos de la esclavitud, la cual se ha ido construyendo como un fuerte elemento ideológico dentro de aquel estado-nación. Por lo mismo, los hechos que actualmente están sucediendo en aquel país sólo tienen punto de comparación con otras grandes asonadas que se iniciaron justamente por situaciones que involucraron crímenes y abusos de poder hacia ciudadanos negros.

Las más violentas de estas protestas, y que a la postre se convertirían en hechos que marcaron la historia del país norteamericano, fueron dos: la serie de protestas violentas sucedidas en diversas partes del país tras el asesinato de Martin Luther King – líder político y espiritual de la comunidad negra en Estados Unidos – durante 1969; además de los “disturbios de Los Ángeles”, una enorme escalada de violencia popular iniciada en dicha ciudad durante 1992 debido al abuso de poder perpetrado por cuatro policías en contra de Rodney King, un taxista negro. 

ciclista
Ciclista frente a un edificio incendiado en medio de los “disturbios de Los Ángeles” durante 1992.

Como vemos, los hechos que actualmente ocurren en aquel país no son nuevos, pero poseen una particularidad histórica que los sitúa a la par de los mencionados previamente, con consecuencias aún inciertas.

Sólo para dimensionar el alcance de las protestas es necesario mencionar que actualmente 25 ciudades del país han instaurado toque de queda con el fin de frenar lo que denominan “hechos vandálicos”, estas se han extendido como nunca antes por todo el país, los diversos estados involucrados han tenido que echar mano de la Guardia Nacional – especie de ejército de voluntarios invocado por los gobernadores para enfrentar momentos de “amenaza al orden público”, quienes están equipados con armamento similar al Ejército Federal – que actualmente patrulla con más de 5.000 efectivos las calles de Estados Unidos, y a pesar de ello las manifestaciones siguen, a tal nivel que llegaron a las cercanías de la Casa Blanca y en el momento que se escribe esta nota se registran graves incidentes en Washington D.C. y Nueva York. 

manifestaciones frente a la casa blanca
Manifestaciones frente a la Casa Blanca ocurridas el día de ayer. Fuente: Agencia Reuters.

Un escenario totalmente impensado, pero ahí está, con la rabia anti racista como el principal motor de la movilización popular, situando a Estados Unidos como el epicentro de las protestas a nivel global.

En vez de ofrecer soluciones concretas y apaciguar los ánimos de un pueblo que comienza a sufrir las más duras consecuencias de la crisis económica, el presidente Donald Trump, muy en su estilo, no ha hecho más que echar leña al fuego. El día de hoy invocó la “Ley de Insurrección”, un documento jurídico que data de 1807 que permite movilizar al Ejército Federal y los recursos federales que sean necesarios para imponer el orden mediante la fuerza en casos de levantamientos populares como el que se vive actualmente.

Trump anunció que “si una ciudad o estado se niega a tomar las medidas necesarias para defender la vida y la propiedad de sus residentes, entonces desplegaré al Ejército de EE.UU. y resolveré rápidamente el problema por ellos”, amenazando directamente a los gobernadores para tomar cartas en el asunto y, de paso, poniéndose encima de su jurisdicción con el fin de resolver lo antes posible la situación con el grueso de sus fuerzas armadas.

Guardia Nacional en Minnesotta Prensa Latina
Miembros de la Guardia Nacional patrullando las calles en Minnesota. Fuente: Prensa Latina.

De todas maneras, en un escenario político tan crítico como el que atraviesa actualmente el mundo, el gobierno estadounidense se enfrente a una gran encrucijada al momento de decidir cómo sofocar la rebelión en curso. Si opta por la solución represiva que seguramente significará la muerte de muchos ciudadanos estadounidenses los ojos del mundo se posarán en la administración Trump, tal como ya lo deslizó el día de hoy la vocera del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, María Zajarova, quien señaló la imposibilidad de Estados Unidos para hablar sobre Derechos Humanos considerando la situación que actualmente vive aquel país.

Si las protestas llegan a ser reprimidas con un nivel de violencia incapaz de ocultarse a los ojos del mundo, seguramente las críticas e impugnaciones de los principales adversarios políticos de Estados Unidos no se harán esperar, abriendo un flanco que seguramente no desean atravesar en la Casa Blanca.

Sumado a esto, una respuesta represiva puede incendiar aún más los ánimos dentro del pueblo estadounidense, abriendo un período de enfrentamiento todavía más violento. Por lo mismo, la administración de Trump se posiciona frente a un dilema del cual no les será fácil salir considerando la forma de actuar de su propio presidente, un hombre que no posee la capacidad de dialogar con actores políticos disímiles a su pensamiento, prefiriendo optar por la que él mismo mencionó como “salida rápida”. De todas maneras, la crisis económica y la pandemia siguen su curso, y un pueblo hambriento no bajará los brazos tan fácilmente.

Es por esta situación que podríamos afirmar que asistimos seguramente a un proceso de ribetes históricos y al fin de un período de largo aliento, en el que el sistema capitalista tal cual como lo conocemos tendrá que optar por escuetas alternativas: o re significarse sobre los escombros de su propia debacle, u observar su fin definitivo en manos de las clases trabajadoras, mediante la protesta y la rebelión como principales armas para echarlo abajo e iniciar un nuevo período en la historia. 

De todas maneras, las protestas en el corazón del “imperio” se presentan como un enorme ejemplo para las fuerzas de izquierda, populares y revolucionarias alrededor del orbe, ya que éstas no se dan en un país sumamente depreciado por las crisis políticas y expoliado por los grandes bloques económicos, se dan nada menos que en el centro del sistema capitalista global, y el ejemplo que presenta para los pueblos del mundo es tremendo.

Podemos afirmar entonces que las rebeliones iniciadas durante el 2019 sólo se “tomaron un descanso” con el inicio de la pandemia, pero el período de alza sostenida en las luchas de masas continúa su rápido curso, situando como nunca antes a Estados Unidos en el epicentro de las protestas.

 

 

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