OPINIÓN

El gobierno sembró tormentas, y está cosechando tempestades

El actual manejo del gobierno chileno parece "apostar a ganador" en medio de una cuerda sumamente floja, obviando y omitiendo la rabia popular frente a las desiguales condiciones para afrontar la crisis en el país.

Por: Amaru.  Imagen de portada extraída de la página Prensa Presidencia.


“Sembrar tormentas para cosechar tempestades”. Este antiguo refrán, conocido prácticamente en todo el mundo, suele ser utilizado cuando una persona quiere hacer referencias a las posibles consecuencias de un acto ajeno, como si estuviera avisando que todo lo hecho puede devolverse como si de un péndulo se tratase.

Por lo general esta frase es utilizada en situaciones de la vida cotidiana, que no atañen a demasiadas personas, pero su riqueza radica en que la podemos ajustar a un sinfín de actos y situaciones.

Para nosotros, por ejemplo, el gobierno es quién cosechó tormentas, y al parecer éstas están dando sus primeros frutos en forma de tempestades.

¿Por qué lo afirmamos? Acá algunas apreciaciones al respecto. 

La pandemia recién comenzaba a expandirse por el país cuando Sebastián Piñera anunciaba para toda la nación que “Chile estaba mejor preparado que Italia”, comparando nuestra situación con el país alpino, que en su momento fue tan azotado por las consecuencias del Covid-19.

Al alero de Sebastián Piñera fueron cuadrándose uno a uno sus ministros, quienes en reiteradas alocuciones aseguraban el total control de la situación, con un peligroso aire de triunfalismo que no se cuadraba necesariamente con la realidad.

Desde “el virus buena persona” de Mañalich hasta los “cafés con amigos” de la subsecretaria Daza el gobierno intentaba constantemente implantar una imagen granítica, férrea, que inspirara la seguridad necesaria para que todos y todas nos creyéramos que efectivamente existía un control de la situación y así volver seguros a nuestros lugares de trabajo.

Paula Daza
La Ministra Paula Daza en un reporte del 20 de abril, momento en que afirmó que en la “nueva normalidad” podríamos salir a “tomarnos un café con amigos”. 

Lamentablemente para ellos, en el camino se enfrentaron a dos problemáticas que miradas en retrospectiva parecen aún insalvables. Por una parte, su retórica de seguridad y control jamás se ajustó con hechos concretos y comprobables. Solían incurrir en fallas discursivas e informativas, apelando al “misterio” disfrazado de improvisación y falta de control. Quizás las noticias que más reflejaron esta situación fueron los “más de 1.000 ventiladores” donados por el gobierno chino que mutaron en 500 ventiladores donados por la CPC; o el bullado arriendo de Espacio Riesco para instalar camas de urgencia en circunstancias que dicho espacio podría haberse conseguido sin mediar pago alguno.

En hechos de esta naturaleza el gobierno develó el cariz de clase que lo acompaña, brindando preferencia a los negocios del gran empresariado incluso en medio de una brutal e histórica pandemia.

Para qué negociar una cesión gratuita de parte de aquel recinto si el dueño puede igualmente verse beneficiado y hacer negocios. Iría a contrapelo del modelo que este gobierno administra. La gran burguesía trazó el plan y todas y todos en el bloque de gobernabilidad se cuadraron a su alero.

El carácter de clase que el gobierno develó prontamente en el manejo de esta pandemia se entronca justamente con la segunda problemática que aún no han podido salvar: la Rebelión Popular sigue vigente, y a medida que los días fueron pasando y las soluciones no tocaban la puerta de los más pobres la rabia y la desconfianza hacia el gobierno fueron aumentando.

Poco les ayudó que el peak de esta pandemia estallara en sus caras, ya que no hizo más que develar lo escasamente preparados que estaban para enfrentar tal situación. Los colapsos en algunos servicios de urgencia – siendo el Hospital San José el caso más icónico -, la seguidilla de aumentos exponenciales en el número de infectados y muertos, y las denuncias públicas que de estas situaciones se hicieron obligaron al gobierno a dejar la retórica triunfalista de lado y asumir su cruda realidad: NO ESTABAN PREPARADOS. El domingo 17 de mayo Piñera lo asumió públicamente en Cadena Nacional.

Atrás quedaron los constantes llamados a retomar “una nueva normalidad” con reapertura del comercio y centros educativos incluidos, el avance de la pandemia ha ido dejando consecuencias tan nefastas que se han visto obligados a recular y deshacerse de sus dichos.

De las cuarentenas transitorias en algunos territorios pasamos a cuarentenas totales, y entre todos comenzamos a preguntarnos: ¿Podrían haberse implementado antes estas medidas? Pues claro que sí, el propio Colegio Médico hace más de un mes recomendaba cerrar la Región Metropolitana mediante un cordón sanitario y una cuarentena total, pero el peso del programa impuesto por la gran burguesía pudo más, y esperaron hasta llegar a un punto crítico, con la fútil esperanza de que el virus efectivamente se volviera “buena persona”.

En el transcurso de esos días muchas personas murieron y muchas otras se infectaron, y si bien Chile parece no enfrentar un escenario tan crítico como sí lo enfrentaron España o Italia, nadie devolverá esas pérdidas humanas a sus familiares.

Hace unos días publicamos una entrevista realizada a Olfert Landt, dueño de un Laboratorio Alemán que elabora tests PCR, quien caracterizaba a los gobiernos en dos tipos en función de los manejos que han realizado de la pandemia: aquellos que apostaron por la vida, y aquellos que apostaron por los negocios. A estas alturas parece evidente que el gobierno chileno se la jugó por la última opción.

Para cerrar el marco que amenaza con convertirse en una verdadera tempestad en camino, personeros tan importantes como el Ministro de Salud, Jaime Mañalich, ni siquiera fueron capaces de asumir los propios errores, arguyendo que el comportamiento de muchas personas en la Región Metropolitana “no fue el esperado” al violar las cuarentenas locales.

¿Qué más iban a esperar si la imagen triunfalista que reflejaban y los llamados a retomar esta “nueva normalidad” eran verdaderas invitaciones a salir a la calle? Mucha gente lo hizo, y las consecuencias quedaron rápidamente a la vista. 

Algunos y algunas de los que fueron interpelados por el líder del Ministerio de Salud no violaron – en su mayoría – cuarentenas por el mero gusto de hacerlo, por querer estar “fuera de la ley”. Lo hicieron porque en Chile millones de personas deben trabajar para poder comer, y un solo día sin trabajar significa no poder llevar el pan a sus hogares.

Dentro de esta pandemia se develaron todas y cada una de las debilidades del modelo neoliberal chileno, y aquel país que parecía ser el modelo a seguir dentro de la región de un momento a otro demostró que más del 50% de sus habitantes tiene dificultades para poder sobrevivir en medio de una crisis de este tipo.

Las políticas sociales hasta el momento son insatisfactorias, ni escuálidas canastas familiares ni bonos que exigen mil y un requisitos para poder ser cobrados de forma íntegra han otorgado soluciones reales a las y los más desposeídos de este país. Quienes terminaron por salir a las calles a exigir medidas concretas para poder afrontar esta situación motivados por la dignidad de quien no quiere pagar los platos rotos de la crisis.

Pasó en El Bosque, en San Ramón, en Villa Francia, San Antonio, Antofagasta y en muchos otros territorios; quienes motivados por la rabia de esta desigualdad endémica volvieron a la protesta y a la calle. El gobierno respondió como mejor lo sabe hacer: con represión y coerción.

Están apostando a ganador en medio de una cuerda sumamente floja. Los índices de infectados y muertes no paran de subir día tras día y aún así muchos personeros de gobierno, como el Intendente Felipe Guevara, tienen el descaro de cuestionar las legítimas protestas de los sectores que salieron a la calle el lunes 18 de mayo.

Gráfico bio bio
Gráfico que refleja el aumento exponencial en el número de infectados durante los últimos días. Extraído de Bíobio.cl

La militarización, los toques de queda y el control en las calles durante las noches parece ser una medida que mira de reojo una posible reactivación de las protestas a lo largo del país, a sabiendas que la rabia popular permanece contenida pero cada vez más presente. Aún así, el pueblo dio muestras de ingenio y audacia para luchar a pesar de la adversidad y el poder coercitivo de las Fuerzas Armadas en los días más álgidos de la Rebelión Popular, y estamos seguros que movidos por el hambre, la injusticia y la desigualdad no bastaría mucho para que escenarios como los de octubre vuelvan a repetirse.

Es por esto que afirmamos las tempestades que pueden avecinarse para el gobierno y el bloque en el poder en su conjunto si mantienen este manejo de la pandemia. Están jugando sus cartas, sin duda alguna, pero olvidan algo: el pueblo también lo está haciendo. Y ni el coronavirus ni la represión pueden ser capaces de detener la rabia de quien poco tiene que perder.

 

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