OPINIÓN

Opinión |La batalla de Santiago: Entre cuarentenas de hambre y represión

Estas semanas hemos visto como el gobierno ha seguido dando continuidad a la implementación del programa estratégico del gran empresariado, entre los discursos contradictorios de retorno seguro y el impulso de la batalla de Santiago hemos visto que luego de alcanzar la meseta en la curva como anunciaba el gobierno en los medios, nos aproximamos dramáticamente al abismo

Por Gastón

Estas semanas hemos visto como el gobierno ha seguido dando continuidad a la implementación del programa estratégico del gran empresariado, entre los discursos contradictorios de retorno seguro y el impulso de la batalla de Santiago hemos visto que luego de alcanzar la meseta en la curva como anunciaba el gobierno en los medios, nos aproximamos dramáticamente al abismo. En análisis anteriores, señalábamos como la crisis del régimen político (profundizada a partir del 18 de octubre) ha provocado una agudización y aceleración del deterioro de la economía del país avanzando sostenidamente a transformarse en crisis económica[1], hoy frente a una nueva coyuntura que ha paralizado la fuerza de trabajo a nivel mundial a raíz de la propagación de la pandemia, no hay duda alguna que esta crisis económica ha llegado para quedarse.

En este sentido es pertinente iniciar un proceso de caracterización en el marco de la crisis sanitaria y económica actual, en primer lugar buscar conectar la formación económica social del país en relación a los sectores que se levantaron en Rebelión y los que en perspectiva entraran en crisis prontamente. Por lo tanto,

debemos partir por afirmar que históricamente la economía chilena ha cumplido un rol específico en las cadenas mundiales de producción, estando sujeta principalmente a la exportación de materias primas, bajo condiciones de superexplotación y devastación de los recursos naturales[2] que han sido causa de luchas socio ambientales y de trabajadores/as estas últimas décadas. Por otra parte la economía chilena ha sido dependiente de la importación de bienes de consumo en gran medida transformándola a lo largo de su historia en una de las economías que se han visto más afectadas ante las crisis económicas mundiales.

Estas últimas décadas hemos sido testigos también de un pujante desarrollo del sector servicios, determinado por condiciones de extrema flexibilidad laboral que han barrido significativamente con los derechos laborales conquistados por la clase obrera durante el S. XX. Actualmente, a groso modo podemos señalar que el sector primario es quien reúne el mayor aporte al PIB nacional. En estos días vivimos una caída sostenida de los precios de las materias primas a nivel mundial a diferencia de lo que ocurrió durante la crisis de 2008.

En este sentido, la gran masa asalariada se concentra en el sector terciario, mayoritariamente empleados en medianas y pequeñas empresas[3] que en la actual coyuntura se han visto enormemente afectadas por la crisis, cuyos trabajos se desarrollan en condiciones de extrema precariedad laboral y en su gran mayoría son trabajadores /as no sindicalizados[1]. Además, tenemos un amplio sector de cuenta propia (trabajadores/as independientes, vendedores/as ambulantes, etc.) la mayoría no bancarizados que se han visto profundamente afectados por la pandemia y amenazan con seguir engrosando sus filas producto de la cesantía que avanza rápidamente a los dos dígitos[4].

En este marco, el régimen político en crisis, bajo consenso prácticamente unánime de las clases dominantes (a excepción de algunas contradicciones secundarias que se han presentado) ha llevado adelante un contundente programa sanitario y económico de emergencia asociado a un régimen de cuarentenas parciales, que busca proteger la economía capitalista por sobre la salud de las personas y traspasar la crisis económica a la clase trabajadora en su conjunto, implementando leyes pro empresariales y haciendo uso de la superexplotación para mantener sus tasas de ganancia, como hemos podido ver estas últimos meses expresado en iniciativas como los despedidos, la suspensión y reducción de jornada como también la profundización e instalación de un viejo anhelo, el teletrabajo.

En esta línea iban dirigidos los fracasados anuncios de “nueva normalidad” y “retorno seguro” anunciados por el Gobierno hace algunas semanas, que se contradicen con el aumento exponencial del virus que ha encontrado un nicho favorable para propagarse entre los sectores populares que sufren el hacinamiento y la imposibilidad de llevar adelante las privilegiadas cuarentenas preventivas, es en este marco en donde la situación de la Región Metropolitana se ha vuelto insostenible concentrando más del 85% de los contagiados lo que ha obligado al Gobierno a implementar una cuarentena prácticamente total que aumenta a 25 las comunas con esta medida de confinamiento. De esta forma, pasan a un segundo plano las diferencias de los alcaldes con el gobierno, quedando debelada su nula propuesta política frente a la emergencia, quedando su posición totalmente subordinada al programa del gran capital, de esta forma se transforman en cómplices de la implementación de las cuarentenas represivas y de hambre impulsadas por este ilegitimo gobierno, que no plantea soluciones concretas  en el plano sanitario y económica que atenúe la curva de contagiados y resuelva la situación de forma contundente para el alto número de pymes a exportas de la quiebra, cesantes, suspendidos, y trabajadores/as informales afectados por la crisis; de esta forma se explica la alianza estratégica zanjada entre alcaldes, gobierno y fuerzas armadas que como ellos mismos definen servirá para disponer de un enlace directo entre los jefes comunales y el jefe de la Defensa de la Región Metropolitana, general Carlos Ricotti, con el objetivo de apoyar el trabajo de control y fiscalización de las FFAA y de orden a raíz de la contingencia por la pandemia de Covid-19. Que sabemos responderá únicamente para aplacar posibles movilizaciones surgidas por la desesperación del pueblo por sobrevivir a la crisis.

En conclusión, la batalla de Santiago como fue denominada por el gobierno disipó la bruma de contradicciones y diferencias con los municipios, sin embargo en el país se multiplican las experiencias de auto organización que buscan enfrentar la pandemia y derribar el gobierno, razón que nos tensiona a articularnos nacionalmente en un frente único de emergencia y proponer soluciones a la crisis sanitaria, política y económica en curso construyendo las condiciones para implementarlas por nuestras propias manos. En este sentido, debemos oponernos tajantemente a las cuarentenas de represión y hambre impuestas por el gobierno y luchar por la implemetancion de una respuesta integral a la crisis sanitaria, social y económica que contemple:

  • Asegurar la paralización total de las actividades no esenciales manteniendo íntegramente los salarios de los trabajadores/as, asegurando una renta básica para cesantes y trabajadores informales.
  • Prohibición de  cualquier despido en el contexto de crisis y eliminación de la ley de protección al empleo que beneficia al empresariado.
  • Se deben mejorar las condiciones laborales, de insumo y de higiene para los trabajos esenciales.
  • Se deben implementar medidas sanitarias reales en el contexto de cuarentena como sanitización de hogares y lugares de alta aglomeración, aislamiento en residencias sanitarias, testeo masivo, cordón sanitario efectivo para la región metropolitana.
  • Finalmente, las cuarentenas deben ser implementadas bajo control de los trabajadores/as y el pueblo en su conjunto, a través del levantamiento de comités de emergencia.

Mientras tanto, desde las cuarentenas pintorescas y decadentes de los paladines de la gran burguesía se habla de recesión económica y un eventual retorno a la activación de la economía, desde el campo revolucionario estamos convencidos que nos acercamos raudamente a una depresión económica mundial sin parangón alguno, que profundiza dramáticamente la crisis integral del capitalismo y sus tendencias principales, resuenan de esta forma con fuerza los campanazos de la lucha de clases que hacen el llamado a la clase trabajadora a armarse ideológica, política y materialmente para los históricos combates que se avecinan.

A Levantar comités de emergencia para combatir la pandemia y echar abajo el gobierno de Piñera

 

[1] http://revistazimut.cl/a-sostener-la-lucha-y-consolidar-las-fuerzas-elementales-de-la-rebelion-popular-para-preparar-la-huelga-general/

[2]  Podemos ver que Chile desde la especificidad de su formación social (que no pretendemos profundizar en este análisis) desde los inicios como “república independiente” debió endeudarse sustentando su economía en la exportación de productos  alimenticios y mineros, es decir en la exportación de  materias primas, hacia los países industriales, aportando a que  el eje de  acumulación de esos países se concentrara en el aumento de la capacidad productiva de bienes (industrialización) dando origen lo que Ruy Mauro Marini denomina como intercambio desigual – en el cual unos países producen bienes que los demás no producen o que no lo pueden hacer con la misma facilidad –  de esta forma a medida que el mercado internacional alcanzaba formas más desarrolladas, la reproducción de las relaciones económicas van perpetuando y amplificando el atraso y debilidad de otras naciones[1] respecto a las potencias imperialistas obligándolas a ceder desfavorablemente en el intercambio comercial. En este marco las burguesías autóctonas Latino Americanas buscaron contrarrestar la competencia bajo condiciones desfavorables, procurando no intervenir en el precio y valor de sus mercancías exportadas, por lo tanto, compensaron la pérdida de ingresos generados por el comercio internacional, a través del recurso de una mayor explotación del trabajo. En este sentido, la economía Chilena impotente de poder compensar la pérdida al nivel de las relaciones de mercado desde sus inicios busco compensarla a nivel de producción interna aumentando  la intensidad del trabajo, como un aumento de plusvalía, logrado principalmente a través de una mayor explotación del trabajador y no necesariamente en un aumento de la capacidad productiva[2]De esta manera Latinoamérica (y  con ella Chile)  ha desarrollado su economía en función del mercado mundial,  reproduciéndose en su seno las relaciones de producción que se encuentran en el origen de ese mercado, es decir ha debido hacerlo mediante una acumulación fundada en la superexplotación de la clase trabajadora

ttps://diariovenceremos.cl/2018/12/06/opinion-desarrollo-economico-capitalista-o-agudizacion-de-la-lucha-de-clases-2/

[3] https://www.df.cl/noticias/opinion/columnistas/pymes-las-grandes-empleadoras/2018-07-20/191617.html

[4] https://www.ine.cl/prensa/detalle-prensa/2020/04/30/ine-publica-resultados-de-la-encuesta-nacional-de-empleo-del-trimestre-enero-marzo-2020

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