EDITORIAL

Este 1° de mayo, ¡A definir los objetivos de la clase trabajadora frente al momento histórico!

La conmemoración de este 1°de Mayo ha sido distinta no sólo en Chile, sino que en todo el mundo. Un día que frecuentemente se caracteriza por marchas, combatividad y actividades políticas ha dado paso a un pequeño puñado de actividades debido a los efectos de la pandemia y el temor de muchas y muchos a salir a las calles.

A pesar del nuevo escenario que enfrentamos, aún así la clase trabajadora comienza de forma paulatina a salir nuevamente a las calles, organizándose en los territorios y desarrollando instancias y métodos que permitan afrontar en unidad el escenario de crisis que se avecina.

En dicho proceso se enmarcan las distintas convocatorias a manifestarse este 1° de mayo frente a un gobierno que nos ha dejado a la deriva, siendo nuevamente reprimidas  por la fuerza policial con la brutalidad que los caracteriza, recordándonos un hecho que para nosotros no ofrece motivos de discusión: El escenario y la coyuntura han cambiado radicalmente debido a la pandemia, pero el marco histórico de ascenso en las luchas de masas que caracterizó el 2019 alrededor del mundo continúa presente.

Detención 1°de mayo
Momento de la detención de un manifestante en Plaza de la Dignidad, en medio de una convocatoria a manifestarse este 1° de Mayo. 

Para muchos el derrotismo ha sido la mejor válvula de escape en sus análisis para explicar la des movilización que vive actualmente el pueblo chileno en retrospectiva de los acontecimientos de la Rebelión de Octubre, casi asegurando que la pandemia abre un período en el cual los principales derrotados nuevamente seremos los trabajadores y trabajadoras.

Consideramos que dicho análisis se queda corto y no comprende las dinámicas propias de la lucha de clases para cada territorio, sino más bien toma en cuenta elementos super estructurales, sin dotar de poder catalizador del período histórico a la clase trabajadora.

Resulta evidente que el momento al cual asistimos es histórico, como pocas veces la humanidad hoy puede observar como el sistema capitalista en su conjunto afronta una crisis de proporciones aún incalculables, en la cual han logrado concatenarse tres expresiones de una misma problemática: la crisis sanitaria, la crisis económica y la crisis política. Cada una de ellas indivisible de la otra desde una comprensión dialéctica de la realidad, ya que comprender el período actual sólo desde una de estas perspectivas haría perder ostensiblemente la capacidad de analizar la problemática desde una posición global.

De todas maneras, por más agudizada que se estructure la actual crisis capitalista en el mundo no significa que el capitalismo y su sistema de relaciones caerá de forma irremediable “por su propio peso”, sin considerar las acciones y objetivos que se tracen una y otra clase en el camino. Porque mientras algunos sectores focalizados de la clase trabajadora han comenzado a levantarse lentamente del obligado letargo en el cual nos ha sumido la pandemia y el confinamiento – con las protestas en El Líbano como ejemplo más evidente –, los grandes bloques imperialistas y representantes de la burguesía a nivel global comienzan también a trazar sus respectivas apuestas.

Manifestante contra soldado
Manifestante increpa a un militar en medio de las protestas sucedidas en El Líbano durante esta semana. 

Independiente de las evidentes desavenencias y acusaciones cruzadas libradas entre los grandes bloques imperialistas por ver quién sale “mejor parado” de esta crisis, sabemos muy bien que el plan de los grandes capitales, ya sean chinos, rusos o estadounidenses, es hacer pagar a la clase trabajadora las consecuencias de la crisis, mediante la profundización de una ofensiva que se había visto interrumpida en muchos territorios por grandes rebeliones y movilizaciones de masas.

Grandes analistas y economistas defensores del modelo de libre mercado han comenzado a reconocer que una rápida recuperación mundial de la actual crisis económica – en forma de V – es un escenario muy poco probable, por lo cual se vuelve necesaria la tarea de comenzar a trazar un plan lo suficientemente efectivo para mantener con vida al modelo de relaciones capitalistas.

Esta planificación ha visto sus primeras expresiones en la decisión de muchos países de preservar la economía mediante paquetes de leyes y salvatajes a la gran empresa, dejando a su paso un amplio sector de la clase trabajadora expuesto al desempleo y la precarización de sus labores.

Ha sido el caso de Estados Unidos, que a la fecha cuenta con más de 30 millones de desempleados como consecuencia de la crisis que azota a dicho país, y es también el caso de Chile, en donde la Ley de Protección al Empleo ha reflejado en su máxima expresión la puesta en marcha de un plan estratégico de la gran burguesía para mantener a salvo sus propios negocios.

Esta Ley, que permite a grandes empresas finalizar de forma unilateral relaciones laborales con sus trabajadores, ha dejado a su paso a miles de trabajadores y trabajadoras desempleados, quienes sólo cuentan con el Seguro de Cesantía como máximo sustento, totalmente insuficiente debido a su carácter decreciente en el tiempo.

Si a leyes de este tipo sumamos la decisión irrenunciable del gobierno por no declarar cuarentena total exponiendo a millones de trabajadores y trabajadoras a un posible contagio, nos permitirá apreciar en su plenitud el cuadro de acción con el cual la gran burguesía ha comenzado a echar andar su ofensiva.

En la consecución del que podríamos denominar “su plan estratégico” el gran capital cuenta con el apoyo de un amplio sector, compuesto por sectores medios y pequeños de la burguesía, además de la mayoría de sectores políticos presentes en el poder legislativo y judicial.

La puesta en marcha de este plan ha develado sus más ruines y vergonzosas expresiones, como lo han sido la omisión de datos por parte del Minsal, la reapertura de algunos centros comerciales exponiendo a sectores de la población a nuevos brotes de contagio, los llamados de grandes empresarios a no parar la economía a pesar de la posible muerte de personas, entre otras. Dejándonos en claro que si la pandemia fuese una gran amenaza que obligara al gobierno a decidir entre el dinero y la vida, apostaría sin vacilar por el dinero.

De todas maneras, mientras el gobierno y grandes sectores empresariales exponen sin tapujos la salud de nuestra clase en medio de una pandemia, el pueblo chileno también ha tenido algo que decir.

Como afirmábamos al principio, la coyuntura a la cual nos enfrentamos cambió absolutamente con la pandemia de Covid-19, pero la Rebelión y el ascenso en las luchas de masas no han sido doblegados ni aplacados por la misma. Sólo estamos reajustando nuestras piezas, reacomodándonos al tiempo presente intentando salvaguardar la vida de nuestros pares en los territorios, sin perder la capacidad de trazar nuestros objetivos futuros como clase trabajadora.

Mientras la pandemia avanza y se agudiza, en los más diversos territorios vuelve a fortalecerse también la capacidad de auto organización de un pueblo que se unió más que nunca con la Rebelión de octubre. Es así como puede observarse de forma paulatina, incipiente, el posicionamiento de respuestas populares para afrontar la crisis, con el levantamiento de Comités de Emergencia, Centros de Acopio y ayuda, brigadas sanitarias, etc.; que nacen al calor de las mismas asambleas auto convocadas que surgieron en octubre.

Dichas iniciativas, esparcidas a lo largo y ancho del territorio, surgen bajo la comprensión de una premisa elocuente, que no da lugar a medias tintas: la labor del pueblo chileno en esta nueva coyuntura no es profundizar una crisis que de todas maneras avanzará sin contención, sino trazar las tareas del tiempo presente y el porvenir, visualizando la forma de crear una síntesis superadora del período actual en clave revolucionaria, para dejar atrás al mismo sistema que nos tiene sumidos en esta problemática de ribetes históricos.

brigadistas
Brigadas sanitarias en la comuna de La Granja, en medio de un operativo. 

Aquella tarea, titánica y de ribetes mayores, exige los esfuerzos del conjunto de la clase trabajadora, amplificando las incipientes expresiones de poder popular acontecidas en diversos territorios a los más variados lugares, considerando no sólo poblaciones o barrios, sino que también sindicatos, escuelas y todo aquel lugar o institución donde los trabajadores puedan organizarse para afrontar la crisis sin perjuicio a sus propios intereses.

Trazar nuestros objetivos en este momento histórico es fundamental, ya que se vuelve absolutamente necesario superar la “encrucijada” en la cual aún nos vemos sumidos como clase sin poder acomodar nuestras fuerzas a la nueva situación política, para así retomar nuevamente la iniciativa popular a lo largo y ancho del territorio.

Como Diario Venceremos, en virtud de ser un aporte a la superación de esta encrucijada y abrir, a la vez, paso a la discusión fraterna con el fin último de actuar como un solo puño, consideramos que el pueblo debe apostar en plenitud por fortalecer los organismos ya instaurados de auto organización, al amparo de un plan estratégico que les otorgue soporte y sentido, tal como la burguesía también ha optado por su propio plan.

Dicho plan, en este período debe considerar tres fases de desarrollo:

  1. Puesta en marcha
  2. Articulación en miras a la construcción de un Frente Único
  3. Período de transición

Con puesta en marcha nos referimos a las iniciativas que de forma incipiente ya están poniéndose en marcha, como son los organismos de auto organización previamente mencionados. A medida que la crisis continúe su curso nuestra labor revolucionaria deberá considerar el fortalecimiento de aquellas expresiones como núcleos de poder territorial, dotados de capacidad para dar respuesta a la ofensiva capitalista.

Estas expresiones deben ir necesariamente articulándose, mediante una visión global que permita ir estructurándolas en un Frente Único de Emergencia capacitado de poner en centralidad el programa del pueblo por sobre la ofensiva del capital, mediante propuestas e iniciativas que calen y hagan sentido en los más amplios sectores de la clase trabajadora.

Este programa debiese considerar aspectos de toda índole, que permitan la superación de la crisis en beneficio del pueblo y no de la burguesía. Nosotros apostamos por los siguientes:

  • Debemos asegurar el trabajo en medio de la cuarentena sin perjuicio monetario para aquellos que no puedan asistir a sus lugares, con mantención de los sueldos y cese de actividades no esenciales. Derogar también las leyes patronales como la Ley de Protección al Empleo.
  • Salud asegurada mediante la expropiación y control estatal de las grandes empresas de salud, como clínicas o isapres. Este nuevo sistema debiese ser controlado por representantes de comités de emergencia.
  • Expropiación del gran capital, las AFP y las industrias estratégicas para hacer frente a la crisis en ascenso que enfrentamos. Esta redistribución de ganancias debería ir en ayuda directa a la salud del pueblo, con la construcción de hospitales, compra de insumos, aseguramiento de pensiones dignas, entre otros objetivos.
  • Expropiación de la banca privada para la construcción de una banca única nacional bajo control estatal, para así asegurar la continuidad de la cadena de pagos evitando el cese de actividades productivas.
  • Desarrollo de comités de emergencia en centros de trabajo, empresas y territorios, bajo el control de las y los trabajadores y no de dirigencias anquilosadas y desmovilizadoras.

Liberación de las y los presos políticos chilenos y mapuche, partiendo por el inmediato cambio de medidas cautelares en medio de la pandemia.

Finalmente, el programa del pueblo debe ser defendido en el período de transición, en el cual la lucha de clases debería alcanzar nuevos estadios de confrontación debido a la respuesta del gran capital y sus mecanismos afincados en el estado, con la clase trabajadora lo suficientemente preparada para afrontar aquel escenario.

Sabemos muy bien que el actual momento histórico abre un importante abanico de posibilidades en el cual pueden sucederse escenarios sumamente dispares alrededor del mundo, que van desde un fortalecimiento a largo plazo del sistema capitalista al advenimiento de grandes procesos revolucionarios. De algo, eso sí, estamos seguros: las medidas adoptadas por la burguesía alrededor del mundo generarán una irremediable respuesta de amplios sectores de masas, que saldrán a luchar aún con más bríos que el 2019 frente a una crisis que amenazará directamente su subsistencia. Como muchos economistas ya lo prevén, sólo estamos observando la punta del iceberg de esta crisis.

Acá en Chile la burguesía ha optado por su plan y jugado sus cartas, y al amparo del gran capital se ha conformado un amplio bloque de unidad. Este bloque, empero, es frágil, posee contradicciones que en momentos de mayor algidez y crisis pueden generar fisuras irreconciliables.

Para aquel momento debemos estar preparados como clase trabajadora y tener nuestros objetivos más que clarificados, y salir a luchar, una vez más, como en algún momento lo hicieron los mártires de Chicago.

 

¡Por una cuarentena con gestión territorial y control obrero!

¡Sólo el pueblo cuida al pueblo!

¡A levantar el programa del pueblo para hacer frente a la ofensiva patronal!

One comment

  1. Les propongo un plan alternativo.

    1. Fase 1
    2. Fase 2
    3. Fase 3.

    es bastante mejor que el de ustedes, y bueno hay que aclarar que la fase 1 va primero, la 2 en segundo y la 3 en tercer lugar.

    más allá de las bromas, pregunta en serio:

    a) ¿y que dice TP respecto de este plan? es raro que el periodico plantee el programa de la revolución (por la gran abstracción de lo propuesto)

    b) ¿etapa de transición? ¿están proponiendo algo vinculado al programa de transición de trotksy?

    Este programa señala en su primera oración lo siguiente: “La situación política mundial del momento, se caracteriza, ante todo, por la crisis histórica de la dirección del proletariado.” ¿quieren decir que de alguna forma estamos en una situación equivalente, parecida de la dirección del proletariado? ¿donde estaría dicha dirección, equivalente a la dirección de la unión soviética y el partido comunista a fines de la década del 30 del siglo anterior?

    bueno es bien rara la propuesta,

    javier

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