OPINIÓN

El peligroso triunfalismo del gobierno frente a la crisis: ¿Estamos tan bien preparados como nos dicen?

Durante las últimas semanas el gobierno ha intentado mostrar una imagen de absoluto manejo de la pandemia en el país, pero las cifras y las opiniones de expertos en el tema llaman a no creernos a la primera esta confianza excesiva.

Por Amaru. 

Para ninguna persona que ha podido observar las declaraciones del presidente o los personeros de gobierno en el contexto abierto por la crisis de Covid-19 resultaría sorpresivo afirmar que en ellas puede observarse, por lo menos, gran confianza y seguridad respecto a la situación del país en medio de la pandemia y la gestión realizada por el gobierno.

Las cifras parecen acompañar positivamente esta seguridad, ya que si bien nuestro país posee actualmente 10.507 casos confirmados de Covid-19, se han registrado sólo 139 fallecidos. Números que a primera vista parecen esperanzadores pensando en el porvenir.

Ahora bien, ¿Realmente el gobierno y sus representantes deben “cantar victoria” como pareciera que lo están haciendo con las medidas adoptadas? ¿Hemos atravesado como país la peor fase de la crisis? Intentaremos en esta columna de opinión “auto respondernos” dicha interrogante.

Debemos partir señalando que la seguridad con la cual los personeros de gobierno se refieren a la gestión de la crisis ha mostrado expresiones totalmente evidentes durante los últimos días.

Jaime Mañalich, por ejemplo, señaló el día de ayer que el país debe prepararse para una “nueva normalidad”, término acuñado bajo el cual los habitantes de este país deberíamos retornar paulatinamente a nuestras actividades cotidianas en medio de la pandemia, suponiendo que la misma estuviese totalmente controlada en fechas cercanas a la primavera.

 

Así por ejemplo, podríamos retornar a nuestros trabajos o “tomarnos un café con amigos”, como lo expresó hoy 20 de abril la Subsecretaria de Salud Pública, Paula Daza.

Mañalich pensando
Jaime Mañalich en la conferencia donde presentó el concepto de la “nueva normalidad”.

La estrategia actual del gobierno parece englobarse en este nuevo concepto de “normalidad”, bajo el cual intentan implementar de forma progresiva un retorno masivo de las y los trabajadores del país hacia sus puestos de trabajo, confiando en controlar la pandemia y su expansión.

Esta estrategia se sustenta en diversos ejes, los cuales podríamos sintetizar de la siguiente manera:

  1. Retorno progresivo de los escolares a clases, pensado para el mes de mayo mediante un protocolo de acción ya difundido por el Ministerio de Educación.
  2. Retorno progresivo de los funcionarios públicos a sus puestos de trabajo, el cual comenzó hoy y pretende implementarse en su totalidad durante el mes de abril.
  3. Re apertura de centros comerciales, la cual si bien aún no tiene una fecha definida, todo parece indicar que podría ser pronto, considerando que el gobierno ya instruyó un protocolo para esta situación.
  4. Entrega de carnet Covid-19 para personas que ya hayan superado la enfermedad.
  5. Continuidad en la implementación de cuarentenas parciales y progresivas.

Mediante el trabajo mancomunado en torno a estas definiciones el gobierno se está preparando para construir aquella “nueva normalidad”, confiado en las decisiones adoptadas hasta el momento para mantener a raya el avance de la pandemia.

Lo cierto es que la realidad dista muchas veces de las cifras entregadas, y son muchas las voces de expertos que advierten respecto a la peligrosidad inherente a un gobierno que asegura tener todos los aspectos de la pandemia controlados. 

Sólo el día de ayer el Consejo Asesor del Minsal para el Covid-19 y el Colmed publicaron sendos comunicados en los cuales advertían respecto a los peligros que pueden venir aparejados con la creación de una sensación de “falsa superación de la crisis”, ya que llevan a las personas a exponerse más de la cuenta y relajar las medidas sanitarias para prevenir la propagación del virus. Por lo mismo, ambas entidades se mostraron contrarias a las últimas medidas adoptadas por el gobierno para comenzar a retomar la normalidad, llamando a “reconsiderarlas”, definiéndolas incluso de “imprudentes y arriesgadas”.

En la misma tónica, tanto la ANEF como el Colegio de Profesores se mostraron contrarios a la vuelta progresiva de escolares y funcionarios públicos a sus lugares de trabajo y estudios, por considerar que medidas de este tipo anteponen los intereses económicos por sobre la salud de las personas.

Concordamos con estas críticas, porque nos resulta evidente que la confianza excesiva del gobierno es sólo una mera ilusión, ya que el tramo existente entre los protocolos de implementación de las medidas antes mencionadas y su aplicación en la realidad es, por mucho, insalvable. 

Pensemos sólo en dos de estas medidas: la vuelta progresiva de los estudiantes durante el mes de mayo y la posible re apertura de los centros comerciales.

En el caso de la vuelta a clases, los protocolos elaborados por entes asesores del Mineduc indican que esta sólo puede hacerse efectiva si existe disponibilidad de insumos tan importantes como mascarillas, alcohol gel, desinfectantes, entre otros. Si consideramos que el universo de estudiantes en Chile bordea los 3 millones, y que además debe sumarse a la ecuación a todos los trabajadores y trabajadoras de la educación, por lejos afirmamos que muchos sectores se quedarán cortos de insumos, o simplemente no tendrán acceso a ellos.

La educación pública es quizás el caso más icónico, porque muchos colegios de este sector ni siquiera tenían jabón o papel higiénico antes del inicio de la pandemia, por lo cual resulta de perogrullo expresar que seguramente no tendrán acceso a implementos mínimos para resguardar la sanidad de todos los estudiantes.

¿Expondremos acaso a nuestros estudiantes más vulnerables a una vuelta a clases sin medidas sanitarias mínimas sólo porque el año escolar debe completarse sí o sí? 

En el caso de una posible re apertura de los centros comerciales, la situación navega por la misma lógica. Sólo a modo de ejemplo, durante el día sábado se llevó a cabo la re apertura del primer centro comercial tras el masivo cierre de éstos por el avance de la pandemia. Se trata del Mall Plaza del Sol en Quilpué, que no duró más de dos días abierto debido a la gran afluencia de público y la incapacidad para resguardar la salud de todos los asistentes mediante medidas como el distanciamiento social.

Distanciamiento social, control permanente y sanitización constante son medidas basales en el protocolo entregado por el gobierno para una posible re apertura de los centros comerciales, quedando a cargo de estos mismos el cumplimiento de ellas.

Si tomamos como ejemplo la situación acontecida en Quilpué, ¿podríamos considerar que las medidas se cumplirán a rajatabla? ¿Realizarán inversiones millonarias los grandes centros comerciales para tener los insumos y personal necesario para implementarlas? Hace poco las grandes tiendas del retail que regularmente encontramos al interior de grandes centros comerciales comenzaron a acogerse a la Ley de Protección al Empleo, ¿La plata para llevar a cabo esta inversión aparecerá por arte de magia o nuevamente será un salvataje por parte del Estado a los grandes capitales privados?

Aglomeración
Imágenes que demuestran la gran aglomeración de gente en los alrededor del Mall Plaza del Sol en Quilpué durante el fin de semana.

Todas estas preguntas nos hacen presumir que una re apertura segura de los centros comerciales es casi imposible en el actual contexto, y de hacerse ésta efectiva será un enorme foco de contagio para la población. Ya el Consejo Asesor de Covid-19 y la ODECU se refirieron al tema advirtiendo acerca de los riesgos que puede traer aparejados.

Y así sumamos y seguimos.

Recientemente comenzó a entrar en funcionamiento el tan bullado “Carnet Covid-19”, documento al cual podrán optar todas las personas recuperadas de la enfermedad que comprueben mediante exámenes estar libres del virus. Se supone que el gobierno decidió su implementación para integrar a la “vida normal” a estas personas bajo la suposición de que pasarán a ser inmunes a la enfermedad, a pesar de que no existen los suficientes estudios que den a entender esta supuesta inmunidad en toda aquella persona que se ha recuperado.

Por lo mismo, las críticas a esta medida no se han hecho esperar, y si en el plano local el  Colegio Médico ha dado a entender que si bien la inmunidad puede ser cierta, los exámenes encargados de decretar qué pacientes ya están recuperados poseen un margen de error lo suficientemente grande como para despertar preocupación, pudiendo entregar “falsos negativos”.

En el plano internacional la OMS también se refirió al tema, advirtiendo que la existencia de “falsos negativos” puede generar personas aún infectadas con carnet de inmunidad.

El gobierno de todas maneras comenzará a implementarlo, bajo la mentada seguridad que hemos expuesto en esta columna.

¿Es comprobable mediante cifras que exista un margen de control de la pandemia lo suficientemente fiable como para confiarse de tal manera? La verdad es que no.

Para confiarse de tal manera se necesita manejar en detalle el número de contagiados, sin perder de vista la famosa “curva de contagios”. Según Miguel Kiwi y Rafael González, importantes exponentes del mundo científico, Chile ni siquiera posee en estos momentos certeza respecto a su curva de crecimientos, la cual pudo haberse perdido a fines de marzo o principios de abril.

En palabras de los investigadores, como en el país no existe la suficiente capacidad para realizar test PCR a todos los posibles contagiados, un importante número de éstos no se expresa en las cifras oficiales, pudiendo generar un colapso en los servicios de urgencia debido a llegadas masivas de contagiados que no estaban contabilizados en las cifras oficiales.

No es que el gobierno esté mintiendo deliberadamente en este aspecto, ya que esta problemática se presenta en todos los países del mundo al no tener las capacidades para testear a toda la población, pero mientras otros países toman con cautela la situación e implementan medidas acordes, en Chile nuestro gobierno se confía a tal nivel que mantiene la vista en una posible re apertura de centros comerciales, arriesgándose a aumentar de súbito la curva de contagios sin poder comprobarlo siquiera.

Ya lo advirtieron Durán Henao y Gregorio Moreno, matemáticos de la Universidad Católica que estiman un posible colapso de los servicios de salud en el mes de junio si la actual tasa de crecimiento del virus se sostiene. Actualmente estamos cercanos al 8,9%, y para evitar un posible colapso el país debe llegar a tasas cercanas al 7 o 6%.

Curva
Actual curva de contagios en Chile. Extraída de 24horas.cl.

Si a esta ecuación sumamos que el sistema de salud en Chile aún no tiene las suficientes camas de urgencia y respiradores mecánicos para hacer frente a un sorpresivo y violento aumento en el número de contagios la situación da para preocuparse, considerando además que los días más fríos del año aún no comienzan. El gobierno, lamentablemente, no lo entiende así, subestimando de plano los alcances del virus.

El propio Jefe de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, advirtió recientemente que lo peor del Covid-19 aún está por venir.

¿Por qué intenta entonces el gobierno vendernos una imagen de “nueva normalidad” a pesar de que las cifras y las autoridades sanitarias alrededor del mundo llaman a la cautela?

Consideramos que el gobierno se encuentra actualmente en medio de una apuesta, en la cual se ha alineado en el bando de la gran burguesía para sustentar así el “programa del gran capital”. 

Este programa considera sustentar a como dé lugar la economía del país y mantener así con vida al régimen a pesar de los embates de una economía global en crisis, que sitúa a Chile como el quinto país más afectado por la crisis durante el año 2020 – según un informe del FMI – con una caída en su PIB del 4,5%.

Para evitar los embates de esta crisis que se cierne sobre Latinoamérica y el mundo, el gobierno ha implementado decisiones a la medida de la gran burguesía local. Entre ellas se encuentran las ya mencionadas y también otras, como la célebre “Ley de Protección al Empleo”, que de protectora tiene muy poco.

La idea es clara: no detener el ciclo de producción de capital e intercambio de mercancías mediante la precarización al mundo del trabajo, teniendo que exponerse algunos a trabajar en medio de una pandemia mientras otros ven su contrato suspendido teniendo que acogerse al Seguro de Cesantía. 

Con esta idea en mente, se pretende que la crisis la pague la clase trabajadora, para así mitigar sus efectos y recuperarse rápidamente durante el 2021, según las proyecciones del propio FMI.

Por eso el gobierno pretende implementar esta idea de una “nueva normalidad” mediante las medidas mencionadas, porque con la normalidad viene aparejada también la re inserción de miles de trabajadores en el ciclo económico del capital. Algunos trabajando en condiciones de precarización, otros comprando.

En esta ecuación el gobierno apuesta a ganador suponiendo que el virus no avanzará de forma negativa durante los meses venideros, a pesar de que la evidencia llama a tomar con excesiva cautela dicha situación. Si la economía se mantiene poco valdrá que millones de habitantes se contagien.

No podemos dejar que el gobierno ni la gran burguesía jueguen de esta manera con la vida de nuestro pueblo. Por más que intenten mostrar su cara amable mediante la compra de gran cantidad de insumos como mascarillas o ventiladores mecánicos en decisiones de este tipo es donde muestran su verdadera cara.

Por lo mismo, hoy más que nunca debemos unirnos como clase trabajadora y prepararnos en miras al porvenir. Si el gobierno y los empleadores nos obligan a trabajar sin la debida seguridad para afrontar la pandemia estamos en todo el derecho a la legítima rebelión, y tanto los grandes gremios como los sindicatos deberían unirse en torno a la demanda de una gran Huelga General por la vida.

Nadie tiene que asistir a sus lugares de trabajo si las condiciones no son las propicias.

Hoy más que nunca deben fortalecerse los núcleos ya existentes de organización popular expresados en asambleas y comités de emergencia, la crisis seguramente avanzará y el Estado no tendrá la capacidad de responder a nuestras demandas más sentidas, por lo cual se hará absolutamente necesario tomar el devenir de nuestra clase en nuestras propias manos.

Ya existen iniciativas de este tipo en diversos territorios, deben multiplicarse y cualificarse para así preparar las condiciones para afrontar de la mejor manera posible una eventual crisis, y si el gobierno pretende vendernos una falsa normalidad le responderemos con la normalidad popular.

En suma, el llamado es a no creer en la confianza del gobierno, en ella se expresa la intención de vendernos una normalidad tal que les permita maniobrar a su antojo la crisis y hacernos pagar a nosotros como clase las más crudas consecuencias de la misma.

Medidas como las mencionadas en este artículo no harán otra cosa que llevarnos al despeñadero mediante la agudización de la pandemia, es nuestro rol histórico como clase hacerles frente y develar sus verdaderas intenciones, que no son otras que el beneficio del gran capital en base al sacrificio de la mayoría popular. 

 

 

 

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