NACIONAL

Opinión |La insuficiencia de la retórica antineoliberal expresada en la Alcaldía Ciudadana

La Dictadura cívico-militar no solamente se centró en el ejercicio represivo para su imposición, también constituyó un proyecto de refundación que configuró nuevas relaciones sociales y políticas funcionales a desmantelar la capacidad organizativa del pueblo.

Por Diego Gutiérrez Aguilera / Carlos Vergara Constela

Aspectos generales: vehiculizar la despolitización a través de los municipios

Los matinales apetecen la presencia de los alcaldes y las encuestas los posicionan con altos grados de aprobación. Joaquín Lavín, Daniel Jadue, Kathy Barriga y Jorge Sharp, se transforman en rostros recurrentes de nuestra cotidianidad. Cabe preguntarnos ¿A qué se debe este protagonismo despampanante en la escena política y comunicacional de las figuras alcaldicias? ¿Qué consecuencias trae la centralidad que adquieren los municipios?

Las escenas recurrentes que evidencian el protagonismo político de los alcaldes tienen su explicación más cercana en la reestructuración política institucional construida durante la dictadura cívico-militar sostenida en la franca intención de despolitizar e insertarse en el mundo popular, como también la frenética búsqueda de derrotar al marxismo. En este contexto los municipios constituyeron un rol fundamental para disciplinar al mundo popular desde una expresión clientelar, como también lograba consumar la descentralización neoliberal que fundaría un Estado subsidiario.

La Dictadura cívico-militar no solamente se centró en el ejercicio represivo para su imposición, también constituyó un proyecto de refundación que configuró nuevas relaciones sociales y políticas funcionales a desmantelar la capacidad organizativa del pueblo.

El ejercicio político quedaba reducido a un plano acotado vinculado y controlado por el municipio, las organizaciones intermedias no eran más que la extensión de las políticas sociales centrales con el fin de legitimar al régimen dictatorial. Tal como lo plantea Verónica Valdivia “era la comuna – lo local – donde la nación podría reencontrarse, alejada de la guerrilla política, unida en torno a problemas e inquietudes comunes, alcanzándose la cohesión social tan ansiada y, supuestamente, rota por la influencia malsana de los partidos, la demagogia y el marxismo”[1].

Es así como la dimensión proyectual de la Dictadura cívico-militar diseñó una apuesta planificada para reeducar a la clase trabajadora y al mundo popular desde una noción de las relaciones políticas circunscritas a lo cotidiano. Al parecer, el dilema ya no estaba en la disputa por proyectos globales, más bien acatar y sobrevivir al interior de la experimentación neoliberal constituyó la norma.

En otra referencia textual al trabajo realizado por Verónica Valdivia, queda en evidencia que la imposición neoliberal encontró su expresión en la municipalización. “La municipalización y el neoliberalismo remitieron la vida ciudadana al día a día, perdiendo la perspectiva global. Si bien los partidos recuperaron protagonismo y representatividad en los años ochenta, tal vez ello fue solo coyuntural, pues la ruptura con la base social ya había sido lograda, espacio dejado por la nueva institucionalidad a los alcaldes y el poder clientelar del municipio”[2].

El desfile por los matinales y el protagonismo en la escena política por parte de los alcaldes responde a estos vestigios de la reestructuración política institucional impulsada en la dictadura cívico-militar. Los problemas estructurales son invisibilizados y se impone una expresión técnica del ejercicio político, los alcaldes se transforman en una figura paternal que coapta y reduce profundos debates a asuntos de mera gestión y administración.

Debemos converger hacia el protagonismo de la organización popular auténtica y genuina surgida al calor de la movilización para hacer frente a la expresión clientelar, burocrática y asistencialista de los municipios. La vehiculización de la despolitización se plasma en el protagonismo de los municipios que suplantan la capacidad organizativa del pueblo por trámites, fichas, solicitudes, mapeos colectivos y priorizaciones de intervención pública.

La reducción del ejercicio político al problema de la gestión

La arremetida histórica neoliberal significó en lo evidente la desprotección y violenta precarización de la clase trabajadora, quedando desposeída de las conquistas históricas en materia de protección social. El totalitarismo del mercado como regulador de nuestras vidas, las privatizaciones voraces constituyeron la ofensiva histórica del capital. Pero la complejidad neoliberal opera en terrenos subjetivos, en definitiva, produce un sujeto.

La subjetivación neoliberal también arremete en la tecnificación del ejercicio político, asumiendo los códigos y lenguaje que le son propios a la actividad empresarial. Desde este lugar se habla de gestión territorial o se asume al emprendimiento como una inofensiva iniciativa municipal. La masificación de categorías como “gestión”, capital humano o emprendimiento no es más que la arremetida histórica neoliberal traduciéndose en despolitización, en el vaciamiento de carga política, en entendernos desde la mera administración de recursos. En la asimilación neoliberal por parte de instituciones locales como lo es el Municipio se consuma la hegemonía capitalista neoliberal.

“El profundo conservadurismo, existencial y político, asociado a la era neoliberal, ha significado una verdadera terapia lingüística. Así, ya no se usa decir ‘pueblo’, hay que decir ‘la gente’. No se dice ‘la burguesía’, hay que decir ‘los empresarios’ o, incluso los ‘emprendedores’”[3].

Desde el bien intencionado e insípido proyecto de la Alcaldía Ciudadana hasta la Municipalidad de Las Condes tienen un acuerdo tácito en la reproducción y amplificación de la terapia lingüística neoliberal. En este sentido la reestructuración política institucional construida en la Dictadura cívico-militar que posicionó a los Municipios como los vehículos para despolitizar y generar disciplinamiento en los sectores populares, también amplificó el proyecto de refundación neoliberal. ¿Qué lógicas anti neoliberales tiene el municipio de nuestra ciudad?

Revisión crítica de la experiencia de la Alcaldía Ciudadana

Lo que la Alcaldía Ciudadana ha planteado es una forma de gobernanza donde Municipio, Sociedad Civil y Empresa Privada pueden convivir con reglas claras, límites establecidos y marcos de acción definidos ¿resulta plausible este idilio liberal? Como veíamos anteriormente, la participación promovida desde los municipios ha resultado excesivamente restringida. Más aún, la forma en cómo se ha desplegado la realización de estos puntos, está lejos de las prioridades populares.

Pongamos un ejemplo cercano. En las jornadas de planificación participativa realizadas por el municipio porteño en un ya lejano 2017, la comunidad de los cerros Los Placeres y Esperanza señalaba que uno de los asuntos más prioritarios para Los Placeres era otorgar una salida peatonal pública para la Villa San Jorge, encerrada entre Frankfurt y el Auditorio Benito Parraguez (María Eilers). Tres años después, han comenzado obras viales para el cerro (reparación de Avenida Matta), sin embargo Villa San Jorge continúa esperando. Entonces ¿cuál es el sentido de priorizar y planificar participativamente? ¿Es algo más que la ficción de hacernos creer que nuestra opinión está siendo considerada? ¿En qué se diferencia a otras administraciones?

Ahora bien, si miramos cómo se ha comportado la Alcaldía en los conflictos que implican disputas con los grandes capitalistas, podemos obtener mayores claridades. Si el clamor inicial fueron las manos limpias y la lucha por los bienes comunes de la ciudad (tomando como bandera la tributación portuaria), lo que vemos es una claudicación ante este horizonte. Veamos tres puntos clave, el primero de contexto, los dos siguientes de acción política.

La publicidad. La legitimidad de la Alcaldía Ciudadana está soportada en gran medida por una máquina publicitaria anclada en la Dirección de Comunicaciones. Desde la familia Barrios, pasando por el movimiento virtual No + Parquímetros y el famoso Valposting, hasta el sin número de videos donde se muestran las acciones realizadas, casi siempre organizadas desde su cabeza. Sin la intención de entrar a discutir la legitimidad de la propaganda -algo que no tendría mayor efecto-, sí resulta interesante pensar quiénes la articulan. Sin lugar a dudas acá estamos en presencia de conocimiento experto. Tal como ha sido expuesto por otros medios[4], Paulo Gómez, el director de comunicaciones ha sido persona de confianza en algunas de las empresas que se dedican al extractivismo y que se dedican a establecer corrupción entre el gran empresariado y la clase política. Cabe preguntarse entonces, si podemos entender a la Alcaldía más allá de una excelente marca, con un afinado aparato comunicacional, que sabe explotar perfectamente la imagen de un líder carismático.

Los conflictos inmobiliarios. Por un lado tenemos la modificación parcial del plan regulador, la cual se ha mostrado como una victoria lograda entre municipio y sociedad civil organizada. Resulta innegable que la disminución de alturas significa un desincentivo al interés inmobiliario posado en varios cerros de Valparaíso. Pero el conflicto no ha cesado con la aprobación de una norma. Al contrario, permite develar una trama más extensa. El 27 de Julio del 2018, el alcalde twitteaba efusivamente: ¡se acabaron las torres en los cerros![5]. Un año y medio antes decía que comenzaría un proceso de invalidación de un permiso de obra sobre el ex Consultorio Mena, hasta ese momento, un inmueble okupado ¿Qué ha pasado? Ni lo uno, ni lo otro. El ex Consultorio Mena fue demolido (de hecho no quiso ser incorporado como Inmueble de Conservación Histórica en la modificación parcial) y el proyecto inmobiliario sigue en curso ¿Se acabaron las torres en los cerros? Por lo menos Los Placeres y San Roque, las zonas más críticas y densificadas, muestran su usual dinamismo inmobiliario: grúas, camiones, cascos blancos y obreros de la construcción siguen poblando el paisaje de estos cerros.

Quizás el caso más emblemático lo encontramos en la Villa Berlín. Con un edificio posado sobre el Acueducto Las Vegas, con informes que hablan de su riesgo inminente ante movimiento telúrico, con sucesivas fisuras del mismo y con un reclamo de invalidación presentado por la comunidad, el proyecto se mantiene en su fase final ¿Qué sucedió? Básicamente la alcaldía se demoró más de un año en responder un reclamo fundamentado en infracciones al derecho urbanístico, desconoció la estrategia asumida entre los actores barriales y el gabinete del alcalde y le dio vuelta la espalda a la comunidad ¿Por qué la Alcaldía habrá tomado la opción de ensuciarse las manos? Esto no es una excepción, más bien es la regla ¿Por qué en el caso de Mirador Barón no se invalidó teniendo TODO para hacerlo? ¿Alguna vez el Municipio develará el autogol que se hizo con sus aliados políticos? ¿Y qué se ha hecho con el Informe 1.047/2018 de la Contraloría General de la República[6], el cual detectaba más de 20 edificios con infracciones al derecho urbanístico en Valparaíso? ¿Cuál es la racionalidad del municipio en estos casos? Probablemente se escudarán diciendo que en Parque Pumpín sí se ha luchado contra Nicolás Ibáñez Pero ¿por qué en los otros casos no?

Los cruceros. De un tiempo a esta parte, la recalada de cruceros en Valparaíso ha sido materia de discusión pública. Se plantea que el aumento de recaladas tiene una consecuencia directa en el consumo de turistas dentro de la ciudad. Hasta ahí es posible discutir sobre qué tanto turismo requiere la ciudad, hasta qué punto el avance del turismo puede entrar en contradicción con la expansión portuaria o bien cuáles son los efectos negativos del aumento de turismo en Valparaíso. Se plantea que la ciudad debe tomar esta vocación y desarrollarla (en consonancia con la denominación UNESCO y las exigencias para mantener dicho estatus) pero ¿hasta qué punto hablamos sobre la propiedad del espacio del borde costero, las tasas de ganancia de los grupos que controlan el turismo de cruceros y la tributación en la ciudad? Evidentemente son materias que deben estar insertas en la carta de navegación de la administración del aparato municipal. Pero ¿por qué el Alcalde se comporta como vocero del Grupo Urenda ante las autoridades ministeriales? ¿Cuál es el sentido de solicitar un muelle exclusivo de cruceros sin tener injerencia sobre la tributación del espacio? ¿Cuál sería el sentido de convertirnos en la capital sudamericana de cruceros?[7] ¿Debemos pensar que esa es la política turística de Valparaíso? Llama la atención que la retórica sobre los bienes comunes no aplique en esta dimensión económica de la ciudad.

Para cerrar

El espíritu con el que se refundaron los municipios en Chile continúa perpetuándose. No develamos la existencia de lógicas que rompan con el espíritu neoliberal. Ni siquiera la denominada Red de Salud Popular de Valparaíso logra generar fisuras eficaces. Ante la instalación discursiva de la salud como derecho en nuestra comuna, lo único que logramos observar es una alternativa de consumo ante el retail de las farmacias y ópticas. Incluso, los esfuerzos realizados de manera colaborativa entre municipio y vecindad para administrar una farmacia en el cerro, encuentran su límite práctico en la gestión deficiente del municipio y su límite político en el establecimiento de una alternativa más barata a otras en el mercado ¿Qué esto ha significado ahorrar dinero para los hogares? Sin duda que lo ha sido. Pero, ¿resulta una expresión que vaya más allá del rostro humano del capital? ¿En qué medida esta red de salud popular logra articularse políticamente con movimientos como Salud Digna? O ¿qué ocurre que municipios administrados por los defensores del modelo también adopten estas políticas? Basta con mirar a la vecina Viña del Mar.

Por ahora, ni el progresismo más engalanado ha logrado dar señales políticas concretas que indiquen un camino que realmente fisure por completo el legado dictatorial emplazado en la administración comunal ¿Por qué seguir esperando algo más de ellos?

[1] Valdivia V; Álvarez R; Donoso K. La alcaldización de la política, los municipios en la dictadura pinochetista. LOM, Santiago. 2012.

[2] Ibid. p. 94

[3] Pérez Soto, Carlos. Sobre la condición social de la psicología. LOM, Santiago, 2009.

[4] https://interferencia.cl/articulos/jefe-de-prensa-de-jorge-sharp-fue-lobbista-de-sqm-puerto-ventanas-y-mall-baron

[5] https://www.eldesconcierto.cl/2018/07/27/jorge-sharp-celebra-historico-cambio-al-plan-regulador-de-valparaiso-se-acabaron-las-torres-en-los-cerros/

[6] http://www.elmartutino.cl/noticia/sociedad/opinion-que-se-esconde-en-la-direccion-de-obras-de-valparaiso-antecedentes-sobre-un

[7] https://www.cooperativa.cl/noticias/pais/ciudades/valparaiso/valparaiso-prepara-proyecto-para-construir-muelle-de-cruceros/2018-05-05/161220.html

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