EDITORIAL

En tiempos de pandemia: ¡la salud primero!

En tiempos donde la pandemia de Covid-19 amenaza gravemente la situación sanitaria del país, se vuelve necesaria la organización del pueblo para enfrentar la crisis.

Ayer 7 de abril se conmemoró el Día Internacional de la Salud, fecha en la cual se fundó la Organización Mundial de la Salud en el año 1.948. Independiente de los homenajes varios y la grandilocuencia con que los distintos gobiernos suelen referirse a la salud durante este día, para nadie debería resultar extraño comprender que las y los trabajadores de la salud alrededor del mundo han vivido una conmemoración absolutamente distinta.

La pandemia de Covid-19 que se extiende como reguero de pólvora por el mundo ha posicionado en el límite de sus capacidades a un montón de sistemas de salud en distintos países, comprometiendo también a los millones de trabajadores y trabajadoras de esta área.

No estamos diciendo acá que su labor no fuera igual de importante antes de esta crisis, pero quizás ahora las sociedades le toman el peso a la importancia de resguardar la salud de todas y todos.

Por lo mismo, no resulta para nada fácil ser trabajador o trabajadora de la salud en este país, donde hace más de 30 años el sistema sanitario fue vendido al mejor postor, llenándose las grandes ciudades de clínicas privadas donde sólo algunos pueden atenderse, mientras una buena parte del pueblo trabajador debe optar por el saturado sistema público.

Allí, en los contextos más críticos, en las urgencias atestadas de gente que espera por horas ser atendidos, suelen aflorar pulsiones que llevan al trabajador o la trabajadora de nuestra clase a culpar al médico o la enfermera de turno por una atención poco eficiente, cuando la problemática subyace en lo más profundo de este sistema. Uno que sólo entrega atención de calidad a quién está dispuesto a desembolsar por ella.

Sólo debemos hacer un poco de memoria. Recordar, por ejemplo, cuando las Isapres decidieron aumentar el precio de sus planes de forma unilateral en medio de la crisis por el Covid-19; o cuando el gobierno de Piñera prefirió arrendar espacios privados para tratar a los enfermos por coronavirus existiendo espacios públicos para utilizar; o quizás recordar también a Francis Zamora, trabajador puentealtino de 34 años que se convirtió en la persona más joven en fallecer por Covid-19, tras ser desestimados sus síntomas en dos centros asistenciales hasta llegar en muy mal estado al hospital Sótero del Río.

Estos acontecimientos no sucedieron hace un año, o dos, o diez. Pasaron en medio de la crisis por coronavirus, hace menos de un mes.

¿Cómo no pensar que la problemática de una salud pública en crisis radica en quienes la han expoliado durante décadas para su propio beneficio y no en el trabajador o trabajadora que da lo mejor de sí para entregar una buena atención?

Actualmente en Chile existen 286 funcionarios del área de la salud infectados por Covid-19, 256 de ellos pertenecientes al sistema público y 30 al sistema privado. Mientras el ministro Mañalich se llena la boca con grandilocuentes palabras haciendo alusión a la “primera línea” de la salud, diciendo que los establecimientos de salud están  bien abastecidos para enfrentar la crisis, el Colegio Médico publica una encuesta en la cual afirman que el 75,11% de los trabajadores del sector afirma no tener los suficientes insumos para combatir en óptimas condiciones al Covid-19 dentro de sus establecimientos. 

Los casos más dramáticos de esta falta de insumos se presentan en dos aristas: por una parte, los reactivos para realizar el examen PCR a los posibles contagiados por Covid-19 cada vez se vuelven más escasos debido a la ausencia de stock por parte de los grandes proveedores extranjeros; y por otra, en Chile aún no superamos la barrera de los 2 mil respiradores mecánicos, los que seguramente no darán abasto cuando la crisis sanitaria llegue a su peak.

Aún así las autoridades llaman a la calma, argumentando que más stock viene en camino, sin especificar días concretos mientras las y los trabajadores de la salud deben batirse con lo que tienen.

Situaciones de este tipo develan cómo en este contexto de pandemia se han evidenciado todas y cada una de las problemáticas inherentes al sistema capitalista en el tratamiento de crisis de este tipo, y si Chile es un caso medianamente preocupante existen otros países en los cuales el problema sanitario se presenta crítico. Sólo a modo de dato estadístico, en Ecuador el 20% de los infectados por coronavirus son trabajadores de la salud, muriendo muchos de ellos; mientras que en Estados Unidos fallecieron casi 2.000 personas por este virus en las últimas 24 horas. 

Ambos países subsidiarios de la economía capitalista, siendo uno de ellos el bastión del capital a nivel mundial. Y aún así han demostrado falencias evidentes para manejar de buena manera esta crisis.

¿Por qué existen estos casos en el mundo? ¿Por qué en algunos países el número de infectados aumenta de forma exponencial?

Creemos que la mayor problemática radica en posicionar la salud del sistema económico por sobre la salud del pueblo en su conjunto. Cualquier país que privilegie el bienestar de su economía por sobre el bienestar de las trabajadoras y trabajadores se expondrá a grandes crisis sanitarias.

Consideramos que Chile es uno de esos países, de otra manera resulta difícil comprender el por qué de unas cuarentenas de risa, a medias tintas, que no demuestran hasta el momento una disminución significativa del número de infectados en el país.

“El país debe continuar funcionando” nos dicen, mientras mandan al pueblo a un transporte público atestado de gente donde el riesgo de contagio se maximiza y dejan carta abierta a las grandes empresas para cesar el contrato de sus trabajadores de forma generalmente unilateral.

Si esta pandemia no se ha cobrado más víctimas en este país es por la propia voluntad de un pueblo responsable y solidario, siendo muchos los que han tratado de realizar cuarentenas en sus casas si las posibilidades se lo permiten; es por el arrojo de trabajadores de la salud que lo han dado todo estos días arriesgándose ellos mismos a posibles contagios, sin contar en todas las ocasiones con los insumos necesarios.

El gobierno de Chile juega con fuego, por momentos pareciera que apuesta a un mágico mejoramiento de la situación en el futuro cercano sin ponerse en los peores escenarios, sin considerar que el alto nivel de contagios en el país puede devenir en cualquier momento en mayor número de muertes si la situación empeora por factores climáticos y/o materiales.

Por lo mismo, como Diario Venceremos consideramos que se vuelve imprescindible adelantarse a estos escenarios, no esperar demasiado de las autoridades y tomar la responsabilidad de nuestras vidas en manos propias. Creemos que se deben considerar dos elementos centrales en dicho proceso:

En primer término, debemos apostar a una huelga general preventiva si la situación empeora. Si el número de contagios adquiere una curva exponencial y las muertes comienzan también a aumentar no podemos esperar la buena voluntad de un gobierno que se ha negado a la adopción de medidas integrales para enfrentar la crisis, como pueblo trabajador tenemos que actuar y paralizar el país de ser necesario para evitar el contagio. Porque mientras los dueños y jefes de las grandes empresas trabajan cómodamente desde sus casas nuestros hijos, hermanas, padres y madres deben salir a la calle a ganarse el pan con todo el peligro que ello conlleva.

Bien sabemos que la muerte de un trabajador poco importará a los grandes empresarios. No podemos permitir aquello, está en nuestras manos evitar consecuencias de ese tipo.

Además, creemos necesario ir forjando control de la situación sanitaria en los territorios donde el Estado no tenga la capacidad de actuar con rapidez. Ya se han levantado algunos Comités de Emergencia Territorial por parte de asambleas populares y auto organizadas, por lo consideramos que el camino debe apuntar hacia dicho aspecto.

Si es necesario que las vecinas y vecinos, en trabajo conjunto con sectores como el Movimiento Salud en Resistencia u otros, generen las condiciones para al menos prevenir el contagio entre los sectores más expuestos como son nuestros adultos mayores, se debe salir a la calle. Obviamente con las medidas de seguridad necesarias, pero con la convicción a tope.

No podemos fiarnos de la capacidad de este gobierno, si ya ha demostrado falencias con un virus aún en alza, es difícil imaginar cuál será su capacidad de reacción en momentos críticos. Como pueblo debemos auto organizarnos sin esperar nada de ellos ni menos del gran empresariado, porque siempre defenderán su propio interés.

Hoy más que nunca, ¡La salud primero!

¡Apoyar a nuestras trabajadoras y trabajadores de la salud!

¡A enfrentar la crisis como pueblo organizado!

¡La salud es más importante que cualquier negocio!

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