OPINIÓN

Opinión | Brigadas de Salud en el Día del Joven Combatiente

Las brigadas de salud han sido un organismo popular que se fueron constituyendo al alero del 18 de octubre y la Rebelión en curso.

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Por Flora Sanhueza

29 de marzo de 2020

Día 163 de la Revuelta Chilena

Día 18 de la Declaración Mundial de Pandemia

Un día como hoy, hace 35 años, los Carabineros de la Dictadura Militar Chilena ejecutaban a Rafael Vergara Toledo, de 18 años, estando ya herido y en poder de sus asesinos. También era ejecutado por los esbirros Eduardo, de 20 años y hermano de Rafael, y degollados José Manuel Parada, Santiago Nattino y Manuel Guerrero. Los mismos Carabineros que en las décadas siguientes asesinarían a Raúl Pellegrin y Cecilia Magni, a Daniel Menco, Claudia López, Alex Lemún, Rodrigo Cisternas, Matías Catrileo, Manuel Gutiérrez (16 años), Jaime Mendoza, José Huenante (16 años, desaparecido), Camilo Catrillanca. Quienes en los últimos cinco meses han matado a Alex Núñez, César Mallea, Jorge Mora, Mauricio Fredes, Abel Acuña, Ariel Moreno. Que le han robado los ojos a Gustavo Gatica, Fabiola Campillay y medio millar de mujeres y hombres en esta digna matria.

Miles de chilenas y chilenos han pasado, desde Patricio Manzano, por las mazmorras policiales, siendo torturadas, sometidas a tratos crueles y degradantes, y violencia sexual. Sobre varones y mujeres, menores de edad y mayores. Al menos dos mil, siguen secuestrados en los calabozos del Estado.

Luego de meses de enfrentamiento directo contra el Partido del Orden (desde el pinochetismo hasta el frente amplio, pasando por los liberales y la concertación), de impugnación radical a ese pacto oligárquico que se repartió el país en cinco o siete parcelas, haciendo sus leyes a conveniencia y apoderándose de todos los recursos, con sus
habitantes/manodeobra/consumidores incluidos en el paquete del negocio. Luego de muertos, mutilados y torturados, habiendo ganado mucho en lo simbólico pero muy poco en lo concreto, nos enfrentamos a un escenario inédito, a nivel
planetario.

La pandemia de COVID-19 re-configura el teatro de operaciones donde hoy se desarrolla la lucha de quienes habitamos esta tierra, en contra de quienes la poseen. Si la primera mitad del año que nace el 18 de octubre fue de castigo a los símbolos del modelo, de combate directo contra las fuerzas represivas, de re-conocernos en calles, plazas y asambleas, y escribir y reescribir las paredes de las ciudades, la segunda mitad se aprecia (al menos) incierta.

La apuesta del Régimen es clara:
• Aprovechar la oportunidad de negocios que significa la pandemia (enriqueciendo a farmacias y clínicas privadas, pero también al negocio del “aislamiento” ligado a la hotelería)
• Borrar cualquier vestigio del Estallido de Octubre (pintando las murallas, destruyendo estatuas populares, vetando
descaradamente el tema en la prensa)
• Ocultar información epidemiológica de carácter estratégico, para manejarla según sus intereses, en una franca operación psicológica masiva de control.
• Descargar todo el peso sanitario/económico sobre nosotras y nosotros (infraestructura sanitaria insuficiente que genera y generará aumento en la mortalidad y colapso del sistema; desprotección absoluta de la población penal; autorización a empresas para no pagar salarios;
fuga masiva de capitales de las AFP; pago diferido sin condonación de servicios básicos; aglomeraciones y otras situaciones de riesgo, las cuales sólo sufre la gente de trabajo).
• Volver a la normalidad que añoran. Normalidad de ley, orden, tristeza y resignación. De miedo.

Nosotras, la fuerza social, cocinada a fuego lento por 30 años, que hierve indetenible desde octubre, debemos enfrentar la situación con resolución y audacia:

• No dejarnos paralizar.
• Denunciar las medidas criminales tomadas por la Dictadura, que sólo empeorarán la crisis.
• Agitar la necesidad de medidas sanitarias oportunas y adecuadas, llevándolas a cabo por la vía de los hechos (Paro que asegure Cuarentena Efectiva, testeo masivo con seguimiento domiciliario, expropiación de la capacidad instalada en el sector privado farmacéutico/hospitalario).
• Tomar medidas activas de protección, dirigidas a los mismos millones que desbordamos las calles, las miles que hicieron frente a la violencia Estatal, en la lucha por un Chile Digno.
• Adaptar las brigadas de primeros auxilios que se multiplicaron alrededor de la Plaza Dignidad, las periferias combativas y las ciudades rebeldes. Convertirlas en brigadas de despliegue territorial, que acompañen en labores de educación, pesquisaje y acompañamiento de nuestras comunidades. Debemos combatir a Carabineros y Coronavirus (al mismo tiempo) con la misma valentía e inteligencia que nos ha caracterizado.
• Coordinar sistemas de información con asambleas y territorios organizados, que permitan mejor diálogo de la población con las instancias sanitarias, y horizontalización del conocimiento.
• Confeccionar elementos de protección y artículos de higiene para la Primera Línea (personas presas, personal de sanidad y aseo, territorial y/o institucional, personas en situación de calle).
• Desarrollar líneas de abastecimiento solidario, en alimentación, medicamentos, artículos de aseo e higiene personal, servicios básicos y cuidados.
• Luchar decididamente contra el patriarcado, abordando el aumento de violencia en el hogar en contexto de cuarentena como un problema de salud pública y control territorial, generando equipos de contención en la acción, así como apoyo médico, psico-emocional y jurídico.

Este tiempo excepcional no es una pausa, no hay un “cuando esto termine, nos vemos en la Plaza”. La lucha sigue, con otro paisaje. Winter is coming. El enemigo poderoso, que no respeta a nada ni a nadie, el que nos declaró la guerra el 18 de octubre, lo sabe. No hay un “nuevo enemigo” contra el que tenemos que unirnos todos, como sugiere insistentemente la concertación, el frente amplio y el colegio médico, en sus patéticos guiños al gobierno y el empresariado. El enemigo es el mismo, el neoliberalismo chileno que todo lo abarca, todo lo fagocita y luego vomita sus restos, descargando su violencia cotidiana sobre nuestras cuerpas.

Que resuene más fuerte que nunca por nuestras calles, casas, redes. En los ríos privatizados y las montañas horadadas. En el mar licitado. En sus empresas y centros de explotación. En toda nuestra geografía de precipicio.

NO TENEMOS MIEDO

LA DICTADURA CAERÁ

LOS CUERVOS SERÁN JUZGADOS Y CASTIGADOS

TENDREMOS ASAMBLEA CONSTITUYENTE, POPULAR Y SOBERANA

PAZ, DIGNIDAD Y JUSTICIA, ADORNARÁN NUESTROS ESCUDOS

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