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Precarización con patrocinio estatal: ser paramédico del Hospital San José

Fue en el año 2005 cuando Gloria Pinto llegó al Servicio de Urgencia del Hospital San José para vivir, junto a sus compañeros de trabajo, la crisis de la red de salud pública en Chile. Jornadas extenuantes, falta de insumos y sobrecarga de pacientes conforman una precarización histórica no sólo para las personas que se atienden en ese centro de salud capitalino, sino para sus propios trabajadores, quienes recurren con cada vez más frecuencia a movilizaciones contra la negligencia estatal.

Por Sebastián Robles y Polet Herrera

Gloria Pinto se sirve un café para pasar el frío y una gripe que la aqueja hace unos días. “Perdón, no puedo hablar mucho”, dice entre risas. Las paredes de su casa están plagadas de fotografías familiares de ella, su pareja y sus tres hijos, quienes corren y juegan por el pasillo que conecta una pequeña cocina con el dormitorio principal. Tose para despejar su garganta y comienza a contar una historia sobre ella y sus compañeros: la precarización que viven a diario en el capitalino Hospital San José.

El relato se convierte en un flujo de emociones. Aún recuerda cuando comenzó a trabajar en la unidad de urgencia del hospital en el año 2005, en medio de una crisis aún silenciosa para los medios y las autoridades, pero resonante entre el blanco opaco de los pasillos del recinto, cada vez más colmados por pacientes que esperan ser atendidos. Era el inicio de una situación insostenible. Para los pacientes. Para los trabajadores del Hospital San José.

“Cuando llegué ya estaba colapsado. De hecho, hay registros de youtube que muestran a compañeras y compañeros míos en el año 2006 que ya estaban movilizándose para denunciar la falta de recursos, que la infraestructura quedó pequeña y todo eso. Sin duda la situación hoy es súper distinta (…) no se puede trabajar muchas veces en las condiciones en las que estamos”, afirma. 

Pinto comenzó a acumular una frustración que la movilizó a participar en las huelgas junto a otros trabajadores del centro médico. Su espíritu combatiente, sin embargo, es innato: participó de otros movimientos, como el de “No + AFP”, en tanto se movía en otras orgánicas de la zona norte de Santiago. El paso del tiempo, sin embargo, es evidente: Gloria luce cansada tras trabajar casi 15 años en rondas de dos turnos consecutivos de 12 horas. Entre cada ronda, apenas un día de descanso. Ese contrato también rige a sus otros compañeros del servicio de urgencia.

Sin embargo, esa rutina tampoco es suficiente. “Esta precarización te lleva a hacer turnos extras: ganamos menos de la mitad de lo que gana un enfermero, afirma Pinto. Según el sitio mifuturo.cl, un enfermero renta, en promedio, poco más de un millón de pesos al cuarto año de egreso. La remuneración de Gloria, por todas las horas que trabaja, no es suficiente para igualar esa cantidad.

La creciente precarización de los trabajadores del Hospital San José ha sido causa suficiente para sus repetidas movilizaciones, cuyo principal objetivo es reclamar al Estado las deficientes condiciones laborales en las que se encuentran. En mayo del año 2010, el servicio de urgencias se paralizó para visibilizar la falta de recursos al interior de la unidad: escasez de camillas y medicamentos, entre otros insumos, impedían al personal atender dignamente a los pacientes que concurrían al centro de salud, según consignó Cooperativa.

Años después, la situación no es muy distinta. “Nos están faltando medicamentos importantes para el rescate de pacientes. Hoy, en urgencias se te puede morir alguien porque no tienes el medicamento (…) gente que efectivamente pudo estar en un recinto con más condiciones, que pudo haberse salvado, pero llegó al San José y no teníamos recursos para salvarlo”. Sus lágrimas le interrumpen antes de continuar. “Muchas veces han fallecido pacientes de mi mano. Esa es tu gente: la que sientes propia, de tu clase”, concluye.

Un informe elaborado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos en el año 2018 sostiene que un 80% de la población en Chile recurre al sistema de salud público, mientras que sólo un 15% lo hace en el sistema privado. Además, el Hospital San José es uno de los centros de salud más saturados del país: el único establecimiento que existe para atender las necesidades de ocho comunas del norte de Santiago, según CNN. La persistente precarización laboral ha comenzó a afectar psíquica y físicamente a Gloria Pinto y sus demás compañeros.

La precarización laboral se paga con licencias médicas

Trece de junio del año 2019. Un par de miradas se cruzan entre el ministro de Salud, Jaime Mañalich, y los trabajadores del Hospital San José, ante la mesa redonda en la que están sentados y la prensa vigilante que les rodea. Es la primera manifestación que Mañalich debe enfrentar a menos de 24 horas de asumir el mando de la cartera. Pinto, vocera de la unidad de urgencia del hospital, está decidida a exigir mayores recursos para el agobiado San José; el caótico San José, cuyas condiciones ya desgastan a sus propios trabajadores.

Leonardo Alringo fue parte de esa movilización y ha trabajado 22 años en la Unidad de Urgencia del Hospital San José. Para él, la crisis que vive el recinto es histórica, a causa de las pocas o inexistentes voluntades políticas. “Lo más terrible es cuando uno necesita tener ciertos elementos y no están a la mano. Por ejemplo, cuando te piden un medicamento que no está, ¿cómo enfrenta uno a un paciente que lleva dos o tres horas esperando una atención?, cuenta. La conversación es interrumpida constantemente por pacientes o funcionarias que requieren ayuda en urgencias.

Con el tiempo, Leonardo Alringo y Gloria Pinto, así como sus demás compañeros, han desarrollado varias patologías físicas y psíquicas a causa de la extenuante situación laboral, lo que se suma al sufrimiento diario de sus pacientes en el que se envuelven. “Esta situación provoca angustia, rabia, tristeza. Muchos colegas caen en cuadros depresivos agudos”, dice Alringo, quien ya sufrió la ruptura de un tendón de aquiles, posteriormente descartado como patología laboral. Hasta hoy, él insiste que la dolencia fue causada por su ajetreada rutina en el hospital. 

Asumen que tu vida es la que te genera este desgaste y no el trabajo”, plantea Gloria Pinto, quien sufrió una de sus primeras crisis durante el terremoto del año 2010, en medio de la oscuridad, el pánico y el flujo constante de damnificados que llegaron al recinto hospitalario. “Fue como atender en una guerra (…) tuve una crisis de pánico bajo la cual tuve que ser contenida”, recuerda. En el transcurso de estos años, Pinto ha presentado licencias médicas no sólo por problemas psicológicos, sino también por dolencias físicas.

“Lo más habitual ha sido un síndrome facetario que tuve en la columna, un síndrome del túnel carpiano (…) y tendinitis de un brazo: en eso se enfocan principalmente las licencias que presentan las y los trabajadores”, sostiene Pinto, quien además revela  que, por la acumulación de años de trabajo bajo las mismas condiciones, sus compañeros también han desarrollado enfermedades similares: artritis y osteoporosis son algunas de ellas. Así como a Alringo, a Pinto también le dijeron que sus dolencias no eran patologías laborales.

El síndrome facetario también es conocido como dolor lumbar y se localiza en la columna de la persona afectada. Según un documento de la Clínica Las Condes, esta afección “es la segunda causa más frecuente de ausentismo laboral”, mientras que la tendinitis, o inflamación de los tendones, también figura como una de las dolencias laborales más frecuentes en Chile, según la revista HSEC. 

Alringo se despide casi involuntariamente cuando una paciente ingresa aquejada por una fractura en uno de sus brazos. Se cayó en la ducha de su casa. Le pide al personal, entre sollozos, que por favor se comuniquen con su hijo: asume que no saldrá pronto del hospital. Los paramédicos intentan calmarla entre risas nerviosas. “Señora, no se preocupe, si usted va a salir al tiro”, se escucha desde afuera.

Hospital San José: cuestión de políticas públicas

Según archivos del Ministerio de Salud, el Hospital San José actual es el resultado de una serie de ampliaciones construidas en las cercanías de su versión más antigua en el año 1999, durante el gobierno de Eduardo Frei- Tagle: el segundo gobierno de la Concertación tras el retorno de Chile a la democracia. El documento cita que la idea era que el establecimiento asuma “la función de Hospital Base del área Metropolitana Norte”.

Ante la aglomeración de ocho comunas para un solo centro médico, las paralizaciones y movimientos sociales de los trabajadores del Hospital San José comenzaron a exigir la construcción de un nuevo establecimiento para la zona norte de Santiago, con el objetivo de descongestionar el sistema de salud en ese eje de la ciudad. Según el censo del año 2017, más de medio millón de personas vive en la zona norte de Santiago. Sin embargo, los gritos no han sido escuchados, dice Pinto, quien mantiene su lucha tras más de una década al servicio de la salud.

“Este gobierno y todos los anteriores han fortalecido el negocio en la salud pública. No teníamos ninguna esperanza de que en esta segunda pasada (la administración de Piñera) hiciera algo por cambiar esta situación, entendiendo que es un gobierno de empresarios y la salud de hoy día es un negocio. Les conviene no resolver ni inyectar recursos”, afirma.

Para Pinto, la falta de políticas públicas ha significado, en la práctica, una precarización creciente no sólo para los pacientes que recurren al Hospital San José, sino para ella y sus propios compañeros. “Yo culpo al gobierno si ellos no nos proporcionan los recursos, los insumos y las condiciones para trabajar. Nuestra vida también se pone en riesgo por la misma precarización que tenemos: se precariza nuestro trabajo y nuestra vida; se vulneran nuestros derechos como trabajadores”, enfatiza.

En septiembre del año 2015, durante el segundo mandato de Michelle Bachelet, los trabajadores impulsaron otra huelga que duró cerca de 10 días. En esa ocasión, el Ministerio de Salud se comprometió a aportar mayores recursos para destrabar el mal funcionamiento y saturación del centro de salud, según consignó Radio Bio-Bio. Pero las precariedades no se detuvieron. Sólo cuatro años después, en el 2019, Sebastián Piñera anunciaría la construcción del nuevo hospital para la zona norte de la ciudad: “una inversión de más de 10 mil millones de dólares”, citó T13.

Gloria Pinto enciende un cigarro antes de continuar la conversación. Afuera, una llovizna parece dar respiro a un cada vez más desértico Santiago. Contempla una vez más el café que dejó enfriar mientras relataba su historia como mujer precarizada, realidad que no ajena a otros hospitales que conforman la red de salud pública en Chile. Observa una vez más. Afirma, entre decepción y lágrimas secas: “En dictadura mataban al pueblo con armas (…) hoy día nos matan con un sistema de salud que no responde a nuestras necesidades”.

Esta crónica fue realizada en el mes de septiembre, previo a la revuelta de octubre

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