NACIONAL

Mónica Echeverría: El arte como la resistencia del pueblo

A los 99 años fallece la profesora, escritora, actriz, feminista y férrea defensora de los Derechos Humanos, Mónica Echeverría Yáñez, dejando un importante legado a las generaciones futuras: las artes -en general- como un estandarte de lucha para el pueblo.

Definiéndose como feminista, incluso desde antes que se hablase de feminismo, Mónica participó activamente contra la dictadura militar. Fue parte de la colectiva “Mujeres por la vida”, creada en 1983 luego de la inmolación de Sebastián Acevedo en la plaza de Concepción en protesta por la desaparición de dos de sus hijos.

La agrupación tenía como finalidad denunciar los atropellos y las violaciones a los DD.HH. durante el régimen militar a través de la valentía, la rebeldía y, de cierta manera, el humor, destacando por ello la “Operación Chancho”.

Fue en calle Ahumada, Santiago, donde las participantes liberaron un cerdo vestido como Pinochet y lo echaron a correr. El resultado: la ridiculización del tirano y la persecución por parte de Carabineros al animal.

En 1988 y 1994 es parte de la fundación del movimiento Independientes por el Consenso Democrático y del Centro Cultural Estación Mapocho, respectivamente, lugar dónde dramatiza tres ensayos. Sin embargo, su acercamiento con la narrativa se da en 1993, con la publicación de “Antihistoria de un luchador”, biografía del sindicalista Clotario Blest.

Desde allí en adelante se centra en escribir sobre la vida de distintos personajes, entre ellos Violeta Parra, Agustín Edwards y Augusto Pinochet, así como también una novela autobiográfica (Háganme callar, 2016) envuelta en polémica tras abordar el drástico cambio político de ocho jóvenes idealistas de fines de los 60, amigos suyos por aquel tiempo.

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Echeverría y la Rebelión Popular

Siempre informada y actualizada, la escritora se mantuvo al tanto de todos los movimientos sociales previos al alzamiento popular del pasado 18 de octubre. Es por ello que, antes de morir, su última petición fue consecuente con sus ideales: ser enterrada homenajeando a los más de 300 heridos oculares -a la fecha- desde que el estallido social comenzó.

Tras su fallecimiento las palabras de condolencia y admiración no se hicieron esperar, pues la literata es considerada como una de las referentes en cuanto a lo que la lucha social se refiere.

Desde el área artística y, a través de varias disciplinas de ésta, hizo frente a la represión vivida después del golpe militar dentro de los diferentes movimientos a los que perteneció, algo que hoy más que nunca se ve en las calles: la manifestación y difusión del arte como una expresión de lucha, descontento y, por sobre todo, resistencia, dónde calles y paredes se han transformado en galerías gratuitas que reverberan mensajes para quien guste animarse a leerles.

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