REPOST

Hitos políticos de la semana.

Trece días han pasado ya desde el inicio de la Revuelta Popular en Chile. Días agitados, de aprendizajes políticos vertiginosos, de lucha sin medias tintas del pueblo en las calles.

Frente a todos estos hechos, desde el viernes 25 de octubre la estrategia del gobierno ha estribado en torno a dos ejes: por un lado, recuperar la “normalidad perdida” por el “bien de Chile y su nación”; por el otro, dividir a la población en torno al binomio “pacifismo – violentistas”, argumentando todo el daño que estos últimos han hecho ya a la nación completa. No les ha resultado el plan, han pasado en banda.

El día D para el gobierno en sus intentos de recuperar la normalidad burguesa a como diera lugar fue el pasado lunes 28 de octubre, para ello echaron mano de medidas tan diversas como cuestionadas posteriormente: levantamiento del Estado de Emergencia en todo el país, cambio de gabinete, intervención directa en los medios de comunicación, cambio en el discurso oficial. Todas estas medidas, pero por sobre todo el cambio de gabinete, demostraron que desde hace ya un buen tiempo el gobierno viene dando pasos en la oscuridad. Sin más personeros políticos a los cuales echar mano, los cupos de los Ministerios salientes fueron llenados por personajes cuestionados rápidamente por sus malas prácticas como Julio Isamit, o simplemente por vergonzosos enroques en algunas carteras.

Cambian las piezas pero el juego sigue siendo igual de fome y desigual. De entre los ministros más cuestionados sólo Juan Andrés Fontaine y Andrés Chadwick abandonaron sus puestos, pero Gloria Hutt, Jaime Mañalich y Marcela Cubillos se mantuvieron en el gabinete.

Frente a las medidas espurias del gobierno para superar una crisis que parece profundizarse cada día más frente a sus narices, el pueblo respondió de la manera en que mejor ha sabido hacerlo durante todos estos días de revuelta: en las calles, mediante la protesta.

Los hechos sucedidos entre el día de ayer y hoy miércoles 30 han desactivado completamente el discurso de la normalidad que intentaba desesperadamente implementar el gobierno. Sin ir más lejos, Santiago y otras regiones del país cerraban la jornada del lunes 28 entre cacerolazos y protesta callejera, marcando uno de los días más violentos de la última semana.

Frente a esta constatación de hechos, la búsqueda de dicotomías evidentes entre la “manifestación pacífica” y la “protesta de violentistas” sigue siendo bandera de lucha para el discurso oficialista. La palabra delincuente aflora nuevamente en el lenguaje y la búsqueda de paz social se transforma en el objetivo que “todos los chilenos” debemos conseguir. Casi como una Teletón, como una cruzada solidaria.

Los debates en torno a las diversas formas de lucha que ha ido adquiriendo el movimiento de masas siguen aún abiertos y difícilmente podrán superarse a corto plazo. Es en las Asambleas Populares y auto convocadas, en la calle,en la lucha concreta de pobladores, vecinos y vecinas; donde deberán encontrar cauce estas discusiones. Las mismas, de todas maneras, deben enriquecen al movimiento y no debilitarlo.

Una constatación de hechos fundamental en torno a este discurso es la validez que amplios sectores de la población han ido otorgando a la protesta callejera y los métodos denominados “violentos” – como auto defensa o sabotaje, entre otros –, a tenor de la experiencia histórica reciente, ya que sin ellos muy probablemente no hubiera estallado esta revuelta popular.

Las distintas formas de protesta durante los últimos días han enfocado sus dardos hacia elementos simbólicos del modelo capitalista en Chile y la tremenda desigualdad generada por éste: el Congreso plagado de corruptos, el palacio de La Moneda, las farmacias coludidas, la “perdonada” tienda Johnsons e incluso estatuas icónicas de ciudades como Temuco o Santiago. Con esta constatación de hechos acontecidos durante las últimas tres jornadas parece evidenciarse una cualificación de la lucha callejera, enfocada ahora en atacar símbolos evidentes de todo aquello que quiere ser derrumbado.

Las consecuencias de la digna lucha del pueblo chileno dieron a primeras horas de hoy uno de sus más importantes frutos hasta ahora: debido a la inestabilidad política presente en el país, el gobierno de Piñera se vio en la obligación de suspender la realización de APEC y COP25, uno de sus proyectos más preciados por representar instancias decisivas en las puestas de acuerdo entre las principales potencias capitalistas del mundo, en torno a temas tan diversos como cambio climático, participación de la mujer en el trabajo, sociedad tecnológica, etc.

No debemos olvidar esta importante victoria, debe servirnos para retomar la iniciativa popular y no mandar al tacho de la basura todo lo conseguido hasta ahora, no puede aceptarse a ningún claudicante que se siente con los asesinos del pueblo a negociar una salida en representación del mismo, lo conseguido hasta ahora se ha conseguido en las calles, organizándonos y luchando.

Ya pudimos plantar cara y forzar la suspensión de las cumbres APEC y COP25 en el país, asestamos un gran golpe al sistema, ahora debemos ir por más.

A pesar de la iniciativa, de la ofensiva popular en todas las calles de Chile, del ímpetu de lucha, no debemos cegarnos por el optimismo: el Estado guarda aún muchas cartas para reprimir y debilitar nuestro movimiento. Así lo ha demostrado hoy, con la prisión preventiva decretada a Roberto Campos, profesor de matemáticas que es culpado por destruir instalaciones públicas en el metro San Joaquín bajo el alero de la Ley de Seguridad Interior del Estado.

Debemos arrojarnos a la lucha, más no regalarnos. Se hace necesaria la cualificación de todos los métodos de seguridad posibles, ya que la justicia está del lado de la burguesía, y no dudarán en reforzar las condenas a todo aquel que proteste fuera de los campos definidos por ellos como “aceptables”, levantando montajes de ser necesario, como le está pasando a Roberto o los compañeros del Movimiento Juvenil Lautaro detenidos en la mañana de este día, también en prisión preventiva, acusados – sin mayores pruebas – de levantar barricadas en la línea férrea.

Para finalizar este recuento de hechos debemos ser enfáticos: el discurso de la normalidad ha sido echado abajo por el propio pueblo, la muestra más evidente de aquello es la cancelación de APEC y COP25, las que no podían realizarse al no poder asegurarse la normalidad en el país durante dichas fechas. Mientras el gobierno intenta escapar a como dé lugar de la crisis en la cual se encuentra sumido, el pueblo de Chile vuelve a recordarle esta semana que acá nada ha terminado, la lucha sigue y ya nos entrega importantes victorias.

A copar las calles de todo Chile durante estos días, a no bajar los brazos ni por Halloween ni por el Feriado Evangélico, a articular los pliegos de demandas elaborados por las Asambleas Populares en una sola gran lucha, a extender el impulso combativo por toda la semana.

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