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Opinión |Aborto Socioambietal: Lo que nos obliga hacer el Estado Empresario

Ser madre ya no es una decisión, sino un riesgo para la futura población. Es traer gente a morir de sed.

Por Camila Cáceres Fuentes

Llega julio, mes de la despenalización del aborto libre, y la población chilena se divide entre proaborto y profetos. No me atrevo a hablar de provida, porque estar a favor de la vida significa estar a favor de la dignidad de los seres vivos y no sólo de su respiración. Llega julio y empiezan los argumentos morales, valóricos y jurídicos sobre la autonomía del útero, los cuales, en su gran mayoría provienen de personas que nunca han criado o de aquellos que no conocen las náuseas y pies hinchados por gestar. Llevamos varios añitos detenidas en esta discusión casi espiritual, alimentando el circo de los partidos políticos y diferentes iglesias que aprovechan estas instancias para ganar adeptos con la autonomía de nuestro útero.

Si, digo autonomía del útero porque, legal o no, las mujeres hemos tenido esa autonomía desde siempre, en todo el mundo. En el pasado conseguíamos borraja y ruda, ahora misoprostol y mifepristona. Lo único que frena esa autonomía es el miedo a la ilegalidad, la moral y, por supuesto, la falta de redes seguras que permita abortar sin morir. Es decir, legal o no, las mujeres vamos a seguir abortado igual haciendo valer esta autonomía que poseen nuestros cuerpos.

Pero no vengo a re-validar esta autonomía una vez más. Es un hecho y seguirá siéndolo hasta el fin de los tiempos o hasta que el meteorito nos destruya. Vengo a darles otro punto de vista, uno que es completamente nuevo y que surge ante este contexto de destrucción de los territorios rurales, sequías y crisis socioambiental, pero también porque me encuentro en pleno “llamado de la selva” a ser madre. Les planteo: despenalizar el aborto libre es un aporte a la sustentabilidad territorial y también es un acto de amor de las no-madres para sus no-hijes.

Mientras la población se deshace en debates valóricos sobre si abortar o no en libertad, Osorno muere de sed al tener sus aguas contaminadas. El 24 de julio, aguas servidas contaminaron un humedal en Concepción y además muchos otros pueblos de nuestro país se secan gracias a mineras y forestales que, por medio de tubos subterráneos, usurpan el agua de ríos y napas dejando a su merced a muchos habitantes de las zonas rurales. ¿Cómo puedo cumplir mi deseo de ser madre si voy a traer a mis descendientes a morir de sed y enfermedades de todo tipo? ¿Con qué sistema de salud voy a tratar de salvarlos? ¿El mismo que naturaliza las negligencias como hace el Ministro de Salud?

Pienso en todas las mujeres que son mamá en Osorno. Ahí existe un comité de vivienda de mamás solteras de UCCA (Unión Comunal de Comités de Allegados) que además de negarles las casas a ellas y al movimiento, ahora no tienen agua ni siquiera para mudar a sus bebés. Pienso en las mujeres de Chiloé que junto a sus familias han tenido que construir humedales artificiales en Ancud para enfrentar la sequía. Pienso en mí, que con mis ganas de ser mamá no puedo porque, me vaya donde me vaya, mis crías están destinadas a luchar aún más de lo que yo llevo luchando para subsistir en Chile. Pienso en todas las mujeres que están resistiendo la sed junto a sus crías, el desabastecimiento para las siembras y animales, y que, con todo el esfuerzo del mundo tratan de hacer sustentable la tierra que las vio nacer y evitar a toda costa la migración a la ciudad. Con este contexto, ser madre ya no es una decisión, sino un riesgo para la futura población. Es traer gente a morir de sed. Prefiero ser yo quien muera de sed y hambre antes que mis hijes.

Si el Estado Empresario permite que las mineras roben el agua de sus pueblos con grandes tubos como sucede en el norte, destinándolos a secarse, entonces que nos legalicen el aborto y la vasectomía para que la matanza sea menor. Si el Estado se escuda en el “bien común” entonces que reprima con la misma fuerza con la que reprime a su pueblo, a las empresas que nos están matando y que no nos permiten tener una maternidad digna, con hijos sanos y libres que puedan disfrutar de un vaso de agua o un pan con tomate que no produzca cáncer.

Ya no podemos seguir aguantando el abuso: explotan nuestros territorios hasta dejarlos secos, intervienen la sustentabilidad de nuestras regiones con especies foráneas, los alimentos nos enferman y la salud es carísima, el transporte es caro y malo, la cesantía aumenta despiadadamente, aun las mujeres seguimos el doble y/o triple de explotadas que los varones y más encima nos obligan a parir seres humanos que habitarán un mundo que ya está destruido y donde nos hacen creer que todo puede mejorar. A juntar agua mamitas, que mientras el aborto y la vasectomía sean lucha nuestros hijes tendrán que esforzarse el doble de lo que hicimos nosotras.

A resistir compañeras .

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