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Editorial | ¡Adelante con todas las fuerzas de la historia!

En Chile y el mundo asistimos a una profunda crisis que corroe fuertemente al sistema capitalista y que se ha traducido en una serie de guerras por el dominio de los mercados, ajustes económicos, pero también a una fuerte resistencia de los y las trabajadoras en todos los lugares del mundo, desde la India a Haití, Francia y por toda América Latina el pueblo ha salido a enfrentarse a esta ofensiva global que trae precariedad, guerra y hambre. Esto pone el acento en la necesidad que nos trae el momento político histórico por el cual atravesamos, de construir una fuerza social y revolucionaria que busque transformar realmente las relaciones sociales en las que vivimos, pues la lucha de clases es y seguirá siendo el motor de la historia.

En editoriales anteriores, hemos sostenido que vivimos hoy  una crisis de legitimidad del Estado y los aparatos de dominación y que por lo tanto la táctica correcta para las fuerzas revolucionarias y populares no es luchar por entrar a las instancias institucionales y al parlamento burgués sino, por el contrario, profundizar la crisis y las grietas de la dominación enfrentando con todas las formas de lucha, principalmente con acciones directas de masas, develando en el camino que la única alternativa real para alcanzar las reivindicaciones más sentidas del pueblo es la revolución socialista.

Hace un par de años, la burguesía a través de sus operadores en las distintas instancias nacionales e internacionales, han desatado una fuerte ofensiva para profundizar la explotación y sus mecanismos de dominación. Ocultos tras un enjambre de letras, siglas y pomposos nombres, tratan de superar su crisis y sus propias contradicciones intentando establecer a como dé lugar sus nuevas reglas y proyectos: APEC, TPP11, IRSA, AULA SEGURA, entre otras reformas, entre ellas la de aumentar los años para la jubilación de las y los trabajadores. Esta es la línea central de la burguesía: una verdadera ofensiva para contener la lucha de las y los trabajadores, estudiantes, mapuche, pobladores y al mismo tiempo incrementar los niveles de explotación y aumentar sus tasas de ganancias.

En este escenario, han sido las fuerzas sociales las que han salido a enfrentar esta verdadera ofensiva desplegándose a lo largo y ancho del país. Desde las masivas y creativas formas de lucha de los profesores que vencen vacilaciones y continúan su paro, pasando por la enérgica resistencia mapuche, las luchas por el agua y en defensa del medio ambiente en distintos territorios, de sectores de trabajadores de la salud, de pobladores, estudiantes y últimamente huelgas contra empresas internacionales como las de Waltmart y la resistencia heroica en los techos de su sindicato de los portuarios en diciembre del año pasado.

Mas de alguien pensará erróneamente que estas luchas reivindicativas no conducen a nada y critican porque no son luchas políticas, no llevan el mote de clasistas o son muy transversales, ni se plantean la transformación revolucionaria de la sociedad. Otros intentan aprovecharlas para acumular fuerzas hacia el plano electoral y no pocos se niegan a salir del reducido espacio de su territorio o sector social sin asomar la nariz a las otras luchas. Todo esto no es más que la herencia de las derrotas pasadas y la negativa a mirar la totalidad, las enormes fuerzas sociales que se están desplegando, despertando, articulándose para avanzar, fuerzas que no van a esperar a tal o cual grupo, colectivo u organización auto declarada vanguardia revolucionaria, para seguir luchando por sus intereses. Es la lucha de clases, es el motor de la historia, es la dinámica de la lucha real que está planteando las tareas urgentes para todas y para todos: luchar desde todos y cada uno de los espacios, unir las luchas, solidarizar y apoyar no solo con declaraciones sino con actos concretos.

No es la hora de pelear por si tal o cual bandera la lleva o es la más clarita. Es la hora de unir, de converger, de solidarizar, de sumarse. Pero no a cualquiera unidad ni frente ni mesa de iluminados, sino a aquellas luchas concretas porque es la lucha, la movilización, la acción de resistir, la que permite desarrollar la conciencia política al entender que, luchando por las migajas, que luchando por la pequeña reivindicación no logramos romper las cadenas de la dominación.

Es la lucha la que nos permite develar el entramado del sistema de dominación, el rol que juegan las distintas instituciones y finalmente entender que se trata de una clase explotadora que tiene unidad, a pesar de sus contradicciones, que está a la ofensiva y que nosotros seguimos divididos, fragmentados, aunque luchemos con todas nuestras fuerzas.

Esta es  pues la tarea principal: seguir enfrentando la ofensiva de los dueños del poder y la riqueza, pero avanzar en unir las luchas, en usar todas las formas de luchas, en dejar rencillas y peleas intestinas para pararle la mano a la ofensiva de la patronal.

Y parafraseando a un grande, a avanzar con todas las fuerzas de la historia.

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