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Opinión |Eco o la condena tras la derrota histórica de la Izquierda

En la riqueza del mundo mitológico griego encontramos a Eco quien fue una oréade que creció entre ninfas y musas, entre sus cualidades se expresaba una delicada y hermosa voz en donde danzaban armónicamente las palabras. Pero la bella Eco sufrió el castigo por parte de Hera, quien abrumada por los celos decide condenar a Eco a tener la última palabra, pero no la primera, de esta manera Eco queda privada de toda iniciativa, alejándose y aislándose.

Actualmente el peso de la derrota histórica del proyecto revolucionario de la izquierda transita en la realidad de la oréade Eco, privado de iniciativa, marginado, siendo mero testimonio y por último acostumbrándose a la reacción tardía para enfrentar diversas problemáticas dejando como consecuencia la nula capacidad de anticipación y sorpresa.

Para salir de la condición histórica que supone el peso de la derrota, necesitamos incentivar la discusión colectiva para confrontar los grados de confusión, pesimismo y tránsito pantanoso. En la dirección de salir y sacudirnos proponemos tres problemáticas que necesitan ser atendidas por los proyectos políticos que se posicionan desde la continuidad histórica de superar el capitalismo, estos son:

  1. Lo históricamente irresuelto: la brecha entre táctica-estrategia.
  2. El disciplinamiento de la protesta.
  3. La dictadura de la reivindicación o la incapacidad de anticipación.

Lo históricamente irresuelto. La brecha entre táctica – estrategia

Escrito por Marx entre diciembre de 1851 y marzo de 1852 “El 18 brumario de Luis Bonaparte” texto brillante para explicar el dinamismo de las clases sociales y las fuerzas políticas, como también buscar respuestas para el ascenso de figuras políticas tan nauseabundas como Luis Bonaparte. Además de lo mencionado, Marx hace alusión a la disputa existente entre orleanistas y legitimistas que en el fondo estaban separados por intereses económicos: unos ligados a la propiedad de la tierra y otros al Capital, más que la apariencia de la lealtad a sus respectivas dinastías. Marx expresaría esta expresión política de la siguiente manera:

“Y así como en la vida privada se distingue entre los que un hombre piensa y dice de sí mismo y lo que realmente es y hace, en las luchas históricas hay que distinguir todavía más entre las frases y las figuraciones de los partidos y su organismo efectivo y sus intereses efectivos, entre lo que se imaginan ser y lo que en realidad son”[1].

Justamente entre “lo que se imaginan ser y lo que en realidad son” radica la contradicción históricamente irresuelta por la izquierda revolucionaria, quedando reducida su apuesta estratégica a mera enunciación testimonial, ya que en su despliegue táctico se evidencia la insuficiencia y la precariedad que vuelve insostenible su sueño estratégico.

La historia del movimiento obrero y popular a lo largo del siglo XX construye una experiencia política que alcanza sus grados de mayor madurez, algidez e intensidad de la lucha de clases en la década de los 70 bajo el gobierno de la Unidad Popular. El golpe militar de 1973 vino a truncar este camino recorrido, lo vino a sepultar y con ello a instalar racionalmente mecanismos de brutal represión.  Dicho momento histórico nos vuelve a la misma pregunta ¿existió una coherencia entre lo que los proyectos políticos de izquierda se imaginaban ser y en lo que en realidad eran?

La hipótesis que deja abierta el texto de Mario Garcés “El golpe en La Legua” va justamente en esta dirección.

“Esta incapacidad militar de la izquierda llama especialmente la atención en el caso del PS y del MIR, los cuales, teóricamente, tenían una mayor capacidad orgánica para preparar una fuerza de choque (especialmente el PS) y una internalización del tema militar (fundamentalmente el MIR), considerando que ambos no solo se planteaban la defensa militar del proceso, sino que además su disposición a radicalizarlo, lo que necesariamente implicaba la incorporación del factor militar”[2].

El golpe militar con las características y la fuerza que se expresó sorprendió a las fuerzas políticas existentes, develando la precariedad que existía para asumir de manera integral la apuesta estratégica y de esta manera responder acorde a los lineamientos políticos trazados.

Por lo tanto, a modo de síntesis de este primer punto para afrontar el peso de la derrota, se vuelve vital ajustar la coherencia de los proyectos políticos revolucionarios, ya que, al parecer la brecha entre táctica y estrategia constituye un peso histórico irresuelto. En la medida que nuestras apuestas superan los grados artesanales asumimos de manera seria la necesidad de superar el capitalismo.

  1. El disciplinamiento de la protesta.

“Una masa enorme de gente, atropellando a la guardia se dirigió a las oficinas de la SudAmericana de Vapores, donde rompió las puertas, despedazó los libros y prendió fuego al edificio”[3]. Transcurría 1903 y se iniciaba la huelga de la clase trabajadora asociada a las faenas portuarias, la cual logró posicionar la legitimidad de la protesta popular y la acción directa. Dicho período contextualizado en la denominada “Cuestión Social” lograba niveles de radicalidad que se expresaban en huelgas a nivel país, tales como Santiago 1905, Antofagasta 1906, Iquique 1907. La solidaridad de clases cruzaba fronteras, y en cada movilización el apoyo se amplificaba no sólo en la escena nacional. 1907 marca un trágico fin de este ciclo huelguístico con la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique.

¿En qué momento la protesta se transformó en una pasarela de selfies? La arremetida ciudadanista tiene como correlato el disciplinamiento de la manifestación, una expresión política en los marcos legales permitidos previa autorización de la Intendencia. Lo que queda de fondo es una manifestación pacífica inofensiva que refuerza un carácter pasivo del ejercicio político, que se reduce a mera petición.

La experiencia de las últimas huelgas da cuenta de la intransigencia empresarial como repuesta, en donde la mayoría de estas ha terminado en derrotas, ante este cerco de prepotencia que erigen los dueños del capital debemos preguntarnos ¿qué nos queda como clase trabajadora? Pensar en 1903 Huelga marítima, es también volver a posicionar el ejercicio de la violencia de masas como una herramienta efectiva que logra correr el cerco de la intransigencia y prepotencia empresarial.

El agotamiento de la marcha por la marcha como mecanismo para posicionar los intereses de la clase trabajadora y de otros sectores en lucha demuestra de manera incipiente un evidente desgaste e insuficiencia. Debemos avanzar hacia expresiones de movilización que atenten de manera real con los intereses capitalistas. Recordemos que incluso marchar está garantizado dentro de un Estado liberal, que reconoce la libertad de expresión como uno de sus pilares que sostiene la sociedad abierta. Esta hipocresía estalla por los aires cuando los intereses de la burguesía se ven amenazados y saca a relucir la más feroz represión.

En un período histórico caracterizado por la ofensiva del capital sobre el trabajo, que aumenta los niveles de explotación y precariedad, que continúa perpetuando la desprotección en materia laboral y social, es necesario posicionar el ejercicio de la acción directa como una expresión históricamente legítima de la clase obrera.

  1. La dictadura de la reivindicación o la nula capacidad de anticipación.

Una derrota histórica como la que sufrió la izquierda, la termina dejando en un terreno de profunda desorientación y totalmente desarmada en su propuesta política. En ese tránsito que significa sacudirse y volver a configurar una propuesta que sintetice las necesidades históricas de la clase trabajadora ha ido prevaleciendo respuestas inmediatas o francamente tardías.

De esta manera la mera negación o desaprobación a ciertas reformas o proyectos de impacto ambiental a totalizado los movimientos de la izquierda, dejando como gran ausente su propuesta que trascienda las reivindicaciones.

La algidez del momento político que asistimos genera diversos estallidos que cruzan múltiples esferas, dejando en evidencia la incapacidad de la izquierda para responder, de esta manera la capacidad de anticipación se ve mermada posicionándose la sorpresa e improvisación constante.

En materia medioambiental más allá de la evidente catástrofe que ha generado el modo de producción capitalista devastando y saqueando históricamente territorios de América Latina.  Dejando como gran interrogante “al pensar este cambio, es imprescindible, sin embargo, considerar de manera dialéctica, a la vez, la dimensión material y la dimensión social del nuevo metabolismo al cual aspiramos”[4].

Estos tres elementos compartidos apuntan a abrir la discusión en torno a las falencias y debilidades que se encuentran presentes en los proyectos políticos cuya porfía se encuentra en la superación del capitalismo. La condena a la oréade Eco se transforma en un aprendizaje a asumir, ya que la izquierda debe recuperar su voz, su discurso que remece y recorre como fantasma el mundo.

por Ricardo

[1] Marx Karl. Antología. Selección e introducción de Horacio Tarcus. Siglo XXI editores. Buenos Aires. 2015.   p. 488

[2] Garcés Mario. El golpe en La Legua. Los caminos de la historia y la memoria. LOM ediciones, Santiago de Chile. 2005 p. 126

[3] El chileno de Santiago, 13 de mayo 1903. En: Garcés Mario. Crisis social y motines populares en el 1900. LOM ediciones. Santiago. 2003. p. 153.

[4] Sacher William. La “fractura metabólica” de John Bellamy Foster: ¿Qué aportes para una teoría ecomarxista? Actuel Marx intervenciones N°19, Santiago de Chile. 2015. p 33-61.

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