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Opinión |Julian Assange y la ilusión de la libertad de prensa o una crítica al Estado liberal burgués

Fundador de Wikileaks que develó y denunció los movimientos del capital transnacional, Jullian Assange tras siete años refugiado en la embajada de Ecuador ubicada en Londres es detenido hace unas semanas por la policía británica. En una breve opinión de Giorgio Agamben en torno a la detención da cuenta de uno de los tantos motivos por el cual Assange fue arrestado: “me dijo que estaba investigando el uso que Google estaba preparando para hacer con la inmensa cantidad de información que tenía a su disposición. Según Assange, se trataba de vender a las aseguradoras y al Servicio Secreto datos sobre intereses, deseos, consumo, salud, lecturas, en definitiva, sobre la vida en todos sus aspectos de millones de personas”[1].

Dicho acontecimiento nos invita no sólo a solidarizar con quien de manera temprana había visualizado la relevancia geopolítica que tiene el TPP; también nos invita a cuestionar la hipocresía como característica fundante del orden/desorden social capitalista, como también de comprender que todo aquel que se enfrenta y se opone de manera peligrosa a los intereses de la burguesía es violentado por los instrumentos jurídicos que esta clase social tiene a su servicio, que en el fondo la tan defendida libertad de expresión o libertad de prensa por los inofensivos liberales no es más que una máscara de hipocresía que oculta la violencia estructural del capital.

La crítica que presenta Karl Marx a lo largo de su obra es una crítica que escapa a cualquier reduccionismo economicista, es, ante todo, una crítica integral que devela las apariencias con la cual se erige la sociedad moderna capitalista. En 1843 Karl Marx escribía “Sobre la Cuestión judía” como respuesta a Bruno Bauer, dicho debate dejaría en evidencia la apariencia presente en la configuración del Estado moderno basándose en la distinción entre la emancipación política y la radicalidad de la emancipación humana. La problematización de esta obra a la luz de lo acontecido con Julian Assange, permite justamente comprender que:

El límite de la emancipación política se manifiesta inmediatamente en el hecho de que el Estado puede liberarse de un límite sin que el hombre se libere realmente de él, en que el Estado pueda ser un Estado libre sin que el hombre sea un hombre libre[2].

Siguiendo en la propuesta del texto, mientras en el mundo celestial anclado en el Estado se decreta la libertad de prensa, libertad de expresión, libertad de creencia; en el plano terrenal sigue existiendo la represión, la violencia, la injusticia y el atropello. Por lo tanto, se constituye una apariencia e ilusión en donde existiría una supuesta “sociedad abierta” democrática donde impera el reino de la libertad. Julian Assange y la historia del movimiento obrero y el recorrido biográfico de múltiples intelectuales comprometidos con la construcción del proyecto revolucionario han sufrido el exilio, la tortura o la prisión como consecuencia de sus posiciones coherentes amenazadoras para los intereses de la burguesía.

Dicha apariencia se va construyendo de manera efectiva acompañada de artificios, como, por ejemplo, la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano”, que nos hacen terminar asumiendo falsamente que vivimos en democracia y podemos participar en la actividad político institucional, y al aparecer los casos de asesinato a comuneros mapuches, asesinatos a dirigentes medioambientales a lo largo de Latinoamérica y el encarcelamiento político de Julian Assange no son más que excepciones. Excepciones que tal como lo plantearía Walter Benjamin constituyen la constante en la historia de los oprimidos[3].

Otro de los elementos que entra en escena en esta problemática, es el carácter de clase que presenta el Estado, en su configuración como un instrumento de represión. Tal como lo expresa Lenin “El Estado es el producto de la manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse”[4]. El Estado se manifiesta no abstractamente, sino ante todo para resguardar y defender los intereses de una clase social, en este caso de la burguesía.

Una de las piedras angulares en donde se sostiene el Estado burgués liberal es en la defensa acérrima de la propiedad privada, se transforma en un verdadero mandamiento que la burguesía hace cumplir sagradamente. Tal como lo devela Marx: “La aplicación práctica del derecho humano de la libertad es el derecho humano de la propiedad privada”[5]. Por lo tanto, al momento de poner en amenaza la propiedad privada los mecanismos disciplinares y represivos no tardan en llegar y es así como llegaron a la embajada de Ecuador en Londres.

En un momento histórico donde proliferan las críticas inofensivas y las posiciones claudicantes disfrazadas bajo lo “post”, no queda más que recordar que cualquier alternativa/ posicionamiento auténticamente revolucionario debe prepararse para sortear y superar la represión, ya que tomar partido, tomar posición política no es una pose o un mero juego, se realiza siendo conscientes de las consecuencias que trae la necedad y la porfía de luchar por otro mundo posible. Así como Gramsci le escribía a su madre el 24 de agosto de 1931:

Yo no hablo nunca del aspecto negativo de mi vida, en primer lugar, porque no quiero ser compadecido. Fui un combatiente que no ha tenido suerte en la lucha inmediata y los combatientes no pueden ni deben ser compadecidos cuando han luchado no por obligación, sino porque lo han querido conscientemente.

Más que compadecernos por el arresto de Julian Assange, es la interpelación para volvernos colectivamente en un proyecto político peligroso, a sacudirnos de las intenciones políticas temerosas de derrotas camufladas, hoy y siempre la revolución comunista ha sido y es necesaria.

Por Ricardo

[1] https://ficciondelarazon.org/2019/04/16/giorgio-agamben-sobre-el-arresto-de-julian-assange/?fbclid=IwAR1q1-8F1WO1m6v0h_jURdUqXjfmaK8Bc0GC8WUV9GeAj8SXFiNtnYXjpn8

[2]Marx, Karl. Sobre la cuestión judía (Antología Karl Marx. Selección e introducción Horacio Tarcus). Editorial siglo XXI editores, Buenos Aires. 2015.

[3] Lowy, Michael. Walter Benjamin: aviso de incendio. Una lectura de las tesis “Sobre el concepto de historia”. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires2012.

[4] Lenin, Vladimir. El Estado y la revolución. Editorial Alianza, Madrid, 2006.

[5]  Marx, Karl. Sobre la cuestión judía (Antología Karl Marx. Selección e introducción Horacio Tarcus). Editorial siglo XXI editores, Buenos Aires. 2015.

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