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Opinión | Balance de la movilización de Sindicato Forus Retail

En diciembre del año pasado, se desarrolló una huelga de carácter histórico en el mundo del retail. Dicha huelga fue llevada adelante por el Sindicato Forus Retail, dejamos a nuestros lectores los aciertos, errores y críticas respecto a esta histórica movilización en este balance de la movilización que queremos compartir.

La herencia que superar: legado dictatorial y Concertacionista.

Las huellas profundas de la dictadura cívico-militar no sólo se evidencian en la represión, la tortura y detenidos desaparecidos, sino que también deja un país integrado globalmente asumiendo una nueva estructura jurídica-económica que se sustenta en el Plan Laboral. Dicho legado constituye un verdadero pacto de dominación que fue resguardado, reproducido y profundizado por la Concertación en los años posteriores y que de manera reciente comienza a resquebrajarse profundamente.

La década de los 80 responde a la mundialización neoliberal, el momento histórico en donde las clases dominantes con la intención económica-política de reestablecer sus tasas de ganancias arremeten violentamente sobre los derechos sociales y laborales conquistados durante largos años de lucha, en otras palabras, se trata de una ofensiva histórica del capital sobre el trabajo, dejando como consecuencia una clase trabajadora precarizada y mutilada organizativamente. Así como lo plantea Gaudichaud: “El verdadero pilar del modelo económico, social y político instaurado desde mitad de los 70 fue lograr niveles extremadamente intensos de explotación del trabajo con una tasa de plusvalía al alza, en particular desde fines de los 90”. (Gaudichaud, 2015)

Concretamente el Plan Laboral deja una clase obrera atada, desarticulada y con pocas capacidades de movilización, con el objetivo de que la paralización de la producción sea imposible. Por otro lado, busca constituir un dirigente patronal acorde a los intereses de la empresa. En nuestro pasado reciente la reforma laboral promulgada por la Ex Nueva Mayoría no cuestiona los cimientos o la profundidad estructural del Plan Laboral, sino todo lo contrario, se evidencia una obsesión por conseguir aún más paz social y un contrato social entre las clases para implementar lo que denomina colaboración estratégica que permitirá a las empresas apoyarse en los sindicatos para poner en práctica una gestión satisfactoria de los recursos humanos. (Gaudichaud, 2015)

Como lo evidenciamos el legado dictatorial en materia laboral sigue intacto, salvo algunas pequeñas modificaciones en donde los sindicatos aún se encuentran desprotegidos ante las arremetidas empresariales. Esta intención de evitar a toda costa el conflicto o el estallido de demandas laborales viene acompañada por prácticas sindicales nocivas, tales como, ausencia de democracia interna, caudillismo, faltar a los acuerdos colectivos, anular la discusión. Todas estas prácticas fueron haciendo del sindicato un espacio viciado y corrupto alejado de los intereses de la clase trabajadora.

Los partidos de la Concertación-Nueva Mayoría tienen una responsabilidad política al respecto, por haber consagrado en primer término el Plan laboral y, en segundo término, por reproducir prácticas sindicales que su único objetivo fue la neutralización del conflicto y el alejamiento de la clase trabajadora del espacio político que históricamente ha sido uno de sus instrumentos de lucha: el sindicato.

Sin embargo, el Plan de modernización instaurado en dictadura comenzó a agrietarse evidenciando su fracaso, la Transición con su intención de adormecer las luchas y profundizar la despolitización fue insuficiente. Estallidos en diversas áreas comenzaron a suceder (AFP, educación, medioambiente) y con ello, un pacto de dominación en agonía hace presagiar la entrada a un nuevo momento histórico.

Caracterización del sector del Retail

El retail y el comercio se enmarcan en lo que corresponde al sector terciario de la economía, precisamente servicios y comercio. Este sector comienza a tomar relevancia hacía la década de los 90’ en el país, en el periodo de la “transición a la democracia”, periodo marcado por el miedo hacia la organización en sus diferentes niveles, por un paulatino aumento de la participación de la mujer en el mundo laboral, la progresiva aparición de formas de trabajo flexibles como el “part-time”, etc.

Actualmente existen más de 60 Mall a nivel nacional, distribuidos prácticamente a nivel comunal y considerados una señal de “progreso”. Por otro lado, el Mall es el templo del consumismo y el endeudamiento que hoy somete a gran parte de la población, quienes gozan de su capacidad de consumo en base a las 6 cuotas precio contado. Cabe destacar que, en la actualidad, el Mall se ha hecho parte de las actividades “sociales” y es visto como un lugar de reunión, lugar del paseo familiar del domingo, siendo estas características que el siglo pasado correspondían quizás a las plazas públicas, y en ese rol social se diluyen aparentemente las diferencias de clase, pues en el mall conviven desde los trabajadores/as  hasta diferentes sectores de la burguesía, cuyo elemento en común es saciar sus ansias de consumo.

El retail tiene condiciones bastante particulares respecto a otros sectores de la economía, por ejemplo, los llamados sectores estratégicos, las caracterizaciones habituales quedan cortas a la hora de describir al retail. Estas particularidades tienen que ver fundamentalmente con aspectos como: una gran rotación de trabajadores/as, composición marcadamente femenina, funcionamiento todos los días del año (salvo los feriados irrenunciables), la presión permanente del mercado y sus ritmos, escasos pero crecientes niveles de sindicalización, no tiene carácter de oficio y es visto como un trabajo temporal o de paso hacia otro mejor, un marcado desprecio por los sindicatos y las organizaciones de trabajadoras/es lo que es acompañado de sutiles pero efectivas prácticas antisindicales constantes de parte de las diferentes empresas. Lo anterior se traduce en que el retail otorgue puestos de trabajo cuya letra chica implica altos grados de explotación y de estrés, atente contra el rol social de cada sujeto coartando sus posibilidades de relacionarse y en que el organizarse sea prácticamente una utopía alocada reservada solo para quienes tienen poco que perder, ni pensar en organizarse siendo sostén de familia o el estar endeudado.

Características de la movilización de los trabajadores y trabajadoras

Las Formas democráticas de participación

La forma en que se sostienen las instancias de participación a la interna de una organización político-social y en específico de trabajadores es fundamental a la hora de propiciar el quehacer. En la medida en que las decisiones son tomadas por el conjunto de los compañeros y compañeras existe cierta responsabilidad, hay tensiones entre compañeras/os para cumplir con las responsabilidades asumidas, las decisiones se toman colectivamente y los costos de ellas se asumen de la misma forma. Aquello permite que sea el espacio de asamblea quien delibere y el que decide cuándo y cómo proceder, hasta dónde llegar, lo que posibilita disipar el distanciamiento entre dirigente y dirigidos pues el dirigente se diluye como uno más, sin desentenderse de su responsabilidad, compromiso ni renegando de impulsar propuestas.

La experiencia de la huelga del sindicato justamente se erigió desde ese sentido democrático de la participación, dejando de lado conducciones burocráticas y temerosas de lo que pudiesen realizar o no realizar compañeros y compañeras de trabajo. Desde la franqueza, la sinceridad y dar cuenta de las posibilidades existentes en cada momento nos permitió avanzar colectivamente dándonos cuenta de nuestras capacidades para hacer frente a la prepotencia e indiferencia patronal.

Ante las formas viciadas existentes en la vida sindical que se cultivaron durante la transición y hasta la actualidad, es necesario construir formas auténticas del ejercicio político, que respeten los acuerdos colectivos de base, que se incentive la discusión, en general que transforme a la clase trabajadora protagonista y forjadora de su camino.

El Dinamismo de la conciencia

A partir de la caracterización anterior se puede dar cuenta de que el retail es un sector relativamente nuevo, que no cuenta con grandes experiencias políticas ni organizacionales previas. En ese sentido, el grueso de los trabajadores y trabajadoras que allí venden su fuerza de trabajo carecen de conciencia de clase y corresponden más bien a las denominadas franjas retrasadas del pueblo, es decir, a aquellas que no están en lucha por reivindicaciones sentidas y difícilmente se reconocen como trabajadores sino más bien son persuadidos por diferentes epítetos como “colaboradores”.

Es por ello por lo que la experiencia vivida por el Sindicato Forus Retail, se alza contra aquel diagnóstico generalizado y demuestra una vez más lo que planteó en el siglo pasado un gran militante bolchevique: el dinamismo de la conciencia. La huelga es un ejemplo esclarecedor pues apenas una semana antes de su comienzo, el grueso de los trabajadores y trabajadoras que adhieren al sindicato rehuían de aquel método y planteaban abiertamente su deseo por no llegar a dicha instancia, lo cual es sumamente comprensible debido a las dificultades que implica no percibir sueldo, más aún con la incertidumbre respecto al resultado del conflicto.

Sin embargo, la situación cambió diametralmente una vez comenzada la huelga: había convencimiento de que era la única manera de tener posibilidad de ganarle a la empresa. En la primera semana de la huelga se contó con los mayores niveles de participación a nivel nacional, pero existía una polarización respecto a los métodos de movilización, que se puede simplificar en métodos pacíficos contra métodos radicales.

Adentrándonos a la tercera semana de la huelga se produce un quiebre importante que grafica el avance de la consciencia al calor de la lucha por mejores condiciones materiales de vida.  Específicamente el día 16 de la huelga, quienes se mantenían activos y activas deciden radicalizar la movilización en base a la discusión en la asamblea (espacio de permanente debate) y se comienzan a realizar acciones de pequeña envergadura y poca complejidad, desde el sabotaje a las tiendas hasta la acción directa contra el edificio de la empresa. Ahora bien, no hay que idealizar el proceso, así como hubo compañeros y compañeras que acrecentaron su conciencia, hubo quienes durante el proceso decidieron restarse de la huelga. De la misma manera, alguno que otro compañero muy activo en la huelga, hoy a no más de 3 meses de aquella experiencia han tomado la decisión de abandonar el sindicato.

Por un lado, esto demuestra que la conciencia no es estática, sino que es dialéctica, y, por otro lado, la importancia de que los espacios de bases tengan vida y las conducciones sean democráticas y activas, en ningún caso sirven los y las dirigentes de escritorio.

Consideraciones finales

Por su parte, a raíz de la experiencia que constituyó la movilización queda en evidencia la mezquindad de los sectores de izquierda donde su colaboración se sostiene sobre cálculos políticos, generando de este modo esfuerzos parciales que no se sostienen en el tiempo. Podemos caracterizar las respuestas de solidaridad en dos grandes tipos de acciones: las que se mueven entre el mero discurso por un lado y una segunda respuesta centrada en acciones tardías que se expresan como formalismo, esto nos lleva a preguntarnos por las capacidades reales que tienen las organizaciones de izquierda para responder a momentos de algidez, la relación prácticamente clientelar y calculadora que se disfraza de “solidaridad”, como también posibles escenarios de convergencia o unidad.

Pasada la coyuntura y el momento más álgido, vemos un espacio sindical carente de una línea política o de reivindicaciones a sostener, lo que constituye un tremendo desafío para pensar nuevos sectores productivos que se suman a la lucha política, constituyendo propuestas que respondan a las características actuales del modo de producción capitalista.

Por: Daniel Parraguez, Dirigente de Sindicato Forus Retail

Categorías

OPINIÓN, Sindical

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