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Opinión | Cuando la barbarie se expresa en el suicidio

 La desvalorización del mundo del hombre crece en proporción directa a la valorización del mundo de las cosas.

(Karl Marx).

Hace unas semanas atrás se constataban dos suicidios en el metro en menos de 12 horas[1], a esto debemos añadir los actuales casos de suicidios en el Ejército, como también casos anteriores en donde el emblemático Costanera Center también ha sido escenario de suicidios. ¿Qué esconden la reiteración de estas situaciones? ¿Basta con la legislación en torno a la salud mental? Cuando la barbarie se expresa en el suicidio y en las altas cifras relacionadas con enfermedades del ámbito de la salud mental, lo que creemos que se evidencia es la inviabilidad del capitalismo, es el levantamiento de la denuncia política que ponga en cuestión tanto el atraso legislativo en materia de salud mental, como también que nos demos cuenta de que vivimos bajo un modo de producción que nos mutila y destruye como seres humanos.

Más allá del atrasado legislativo, una crítica estructural.

Nuestro objetivo es dar cuenta de la profundidad estructural de la salud mental. Para aquello partimos de la siguiente premisa, el sistema capitalista no responde a las necesidades humanas ni menos promueve su desarrollo integral, muy por el contrario, el único objetivo que persigue dicho modo de producción es la acumulación de capital por la acumulación de capital, dejando a su paso una humanidad enajenada y un medio ambiente destruido. Esto quiere decir, que debemos cuestionar la utopía progresista de humanizar el capitalismo, de humanizar la explotación a partir de avances legislativos. Evitando caer en una lectura binaria reforma/revolución creemos que la catástrofe existente en salud mental se debe a una matriz estructural, más allá de la necesidad de avanzar legislativamente, es necesario evidenciar y construir una propuesta política revolucionaria que supere la barbarie impuesta por el capitalismo.

La respuesta contundente de Marx en los Manuscritos económicos-filosóficos de 1844 es el grito por la pauperización de la clase trabajadora, es la denuncia política por la deshumanización, la transformación en mercancía del proletariado, su deformación espiritual y deterioro físico, es, por lo tanto, la argumentación sólida para encaminar la superación necesaria del capitalismo.  Tal como se pregunta Marx:

“¿En qué consiste la enajenación del trabajo? En primer lugar, en que el trabajo es externo al trabajador, es decir: no pertenece a su esencia; consiste, por ende, en que el trabajador no se afirma en su trabajo, sino que se niega; en que no se siente bien, sino desdichado; no desarrolla ninguna energía física y espiritual libre, sino que maltrata su ser físico y arruina su espíritu. El trabajador solo siente, por ello, que está junto a sí mismo [bei sich] fuera del trabajo, y que en el trabajo está fuera de sí. Está en casa cuando no trabaja, y cuando lo hace, no está en casa. Su trabajo no es, pues, voluntario, sino impuesto, es un trabajo forzado. Por ello, no es la satisfacción de una necesidad, sino solo un medio para satisfacer necesidades externas al trabajo”[2].

Pensar el comunismo como una posibilidad política real y no utópica, es también pensar una respuesta colectiva y organizada a la pauperización y deshumanización actual, a la barbarie que tiene como trasfondo el endeudamiento, la precarización y la explotación de la clase trabajadora.  Como sostiene Eric Fromm: “Para Marx, el comunismo es la abolición positiva de la propiedad privada, de la autoenajenación humana y, por tanto, la apropiación real de la naturaleza humana a través del hombre y para el hombre”[3].

Dar una respuesta a la salud mental sin anclarla a una crítica estructural del modo de producción capitalista, es miopía, es parcialidad que sigue justificando el sostenimiento de relaciones de explotación que degradan mental y físicamente al ser humano.  Aún más es perpetuar el fetiche de la legislación como respuesta a problemas estructurales ya que “Según las cifras vinculadas al suicidio, homicidio y alcoholismo los países de Europa más democráticos, pacíficos y prósperos, y los Estados Unidos, el país más próspero del mundo, presentan los síntomas más graves de perturbación mental”[4].

El experimento neoliberal en Chile y sus daños en la salud mental

Chile constituye ese experimento radical de privatizaciones de todas las esferas de la vida, sumado al desmantelamiento de los derechos sociales y laborales conquistados en base a la lucha, dejando una clase trabajadora desprotegida, precarizada y brutalmente explotada.

Cuando la ostentación y el éxito se vuelven obligación o condición de existir “la encrucijada es esta: agobio por el endeudamiento, cansancio y precariedad laboral, tensión y disgregación familiar, individualismo extremo, versus la necesidad imperiosa de exhibir ciertos estándares de consumo, de visibilidad, de éxito, de satisfacción. O, también ¿cómo se las arreglan para sufrir los que deben mostrarse exitosos a toda costa?”[5]

Las consecuencias son nefastas en materia de salud mental, ya que dicha condición de existir y sentirse realizado conlleva asumir que los problemas estructurales que enfrentamos (desempleo, endeudamiento, inexistencia de derechos sociales; etc.) se asumen individualmente, no los reconocemos como problemas que afectan a una misma clase social, sino que la lucha es por distinguirse, por buscar ascender socialmente a toda costa.

Dichos procesos de subjetivación que vienen aparejados con la irrupción de una filosofía burda, como la “autoayuda” que impone la tiranía de la felicidad, de atrocidades como: “querer es poder”. Genera aún mayor presión, porque al parecer fracasar o estar endeudado o estar bajo algún cuadro depresivo es una excepción, una anomalía, que la regla es triunfar, es ser un winner.

Por último, las frases que se suelen escuchar cuando una persona decide suicidarse en el metro, van desde: “Otro hueón más se tiro al metro en hora punta” o “se tiró en la peor hora”. Dichas expresiones evidencian la fractura social, que estamos totalmente atomizados encerrados en nuestro egoísmo.

A modo de concluir reiteramos nuestra propuesta, no solamente necesitamos avanzar en materia legislativa para abordar la catástrofe existente en la salud mental, sino que necesitamos ante todo, evidenciar que debemos anteponer una propuesta y alternativa revolucionaria a la barbarie capitalista, y que con ello, construir organización es también sanarnos, contenernos, humanizarnos para hacer frente a lo que nos violenta cotidianamente.

Ricardo, Trabajadores al Poder

[1] https://www.eldesconcierto.cl/2019/03/18/redes-y-para-cuando-una-politica-de-salud-mental-preocupacion-por-2-suicidios-en-el-metro-en-menos-de-12-horas-y-la-falta-de-politicas-publicas-para-el-acceso-a-la-salud/

[2] Marx, Karl. Manuscritos económicos filosóficos de 1844. Ediciones Colihue, 2015. Buenos Aires.

[3] Fromm, Eric. La naturaleza del hombre en Marx. Fondo de Cultura Económica, 1962, México.

[4] Fromm, Eric. Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. Fondo de Cultura Económica, 1956, México.

[5]Pérez Soto, Carlos. Marxismo aquí y ahora. Editorial Triángulo, 2014. Santiago

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