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Internacional |El acercamiento entre París y Berlín

El asunto es extremadamente grave. Simulando que unen sus esfuerzos en favor de ‎la paz, París y Berlín coordinan sus acciones en política exterior y planean hacer ‎lo mismo en el plano militar. En realidad, esto se ha decidido en las altas esferas del ‎poder, sin consultarlo con los pueblos de Francia y Alemania, y va en contra de las ‎conquistas democráticas en ambos países. ‎

Uno de los principios básicos de la ONU es que cada Estado y cada pueblos son libres, iguales e ‎independientes. Esa es la gran diferencia entre la Organización de las Naciones Unidas y su ‎predecesora, la Sociedad de Naciones (SDN). Esta última siempre se negó a reconocer la igualdad ‎entre los pueblos, para permitir que perdurase el sistema de la colonización. ‎

Cada Estado miembro de la ONU dispone de un voto único y con el mismo valor que el de los ‎demás Estados miembros. Por consiguiente, Estados Unidos no pudo incluir en la ONU a los ‎‎50 Estados que componen la Unión norteamericana y la URSS tampoco pudo incluir a las ‎‎15 Républicas soviéticas. Habría sido injusto que Estados Unidos tuviese en la ONU 50 votos y ‎que la URSS tuviese 15 votos mientras que los demás Estados miembros tenían cada uno un solo ‎voto. ‎

Pero Francia y Alemania, países que deben asumir la presidencia rotatoria del Consejo ‎de Seguridad de la ONU en marzo y abril respectivamente, acaban de anunciar que ejercerán esa ‎presidencia de manera conjunta. Aunque no fue precisado, eso parece indicar que las ‎delegaciones de Francia y de Alemania defenderán las mismas posiciones sobre todos los temas ‎que han de discutirse en el Consejo de Seguridad. Por consiguiente, la política exterior de estos ‎dos Estados ya no será libre ni independiente en relación con el otro. ‎

Ninguna organización basada en la igualdad entre sus miembros puede sobrevivir a este tipo de ‎coalición. ‎

Esta cuestión ya se ha planteado, desde 1949 y la creación de la OTAN. Los Estados miembros de ‎la alianza atlántica están comprometidos a responder de manera colectiva ante toda agresión ‎contra cualquiera de ellos. Para garantizar ese tipo de respuesta, los países miembros de la OTAN ‎aceptaron una forma de organización que de hecho los somete a la autoridad de ‎Estados Unidos, país que ejerce sistemáticamente todas las funciones fundamentales en el seno ‎de la alianza, comenzando por el cargo de Comandante Supremo Aliado en Europa [1]. ‎

Al surgir la OTAN, la Unión Soviética denunció la creación de un bloque cuyos miembros no eran ‎libres ni independientes. Posteriormente, en 1968, la URSS invadió Checoslovaquia ‎argumentando que los países miembros del Pacto de Varsovia no podían alejarse de la doctrina ‎comunista común de ese bloque militar. Hoy en día ya no existe el totalitarismo soviético, pero ‎sigue presente el totalitarismo estadounidense. ‎

Aunque la mantuvo en la alianza atlántica, el presidente francés Charles De Gaulle retiró ‎a Francia del Mando Integrado de la OTAN, a mediados de los años 1960, precisamente porque ‎no quería que las fuerzas armadas francesas estuviesen bajo las órdenes de Estados Unidos. ‎Esa sabia decisión de De Gaulle fue abrogada por el presidente Nicolas Sarkozy y Francia volvió al ‎Mando Integrado de la OTAN en 2009. ‎

El gobierno de Francia afirma que ejercer la presidencia del Consejo de Seguridad conjuntamente ‎con Alemania no significa que ambos países vayan a fusionar sus escaños en la ONU. ‎Sin embargo, a partir del mandato presidencial de Nicolas Sarkozy, los ministerios de Relaciones ‎Exteriores de Francia y Alemania comenzaron a reducir su personal y a encargar sus embajadas de ‎iniciar un proceso de repartición de funciones. ‎

Ese acercamiento franco-alemán se interrumpió bajo la presidencia de Francois Hollande y ‎durante el primer año del mandato presidencial de Emmanuel Macron, debido a alianza militar con ‎el Reino Unido planteada por el ya ex presidente Jacques Chirac. Pero se reinició a raíz del ‎Brexit, cuando Londres comenzó a prepararse para iniciar otras alianzas. ‎

La posible fusión de las políticas exteriores de Francia y Alemania plantea varios problemas. ‎En primer lugar, sólo es posible si también se produce una fusión entre sus fuerzas armadas, ‎sin lo cual no sería creíble, idea ya planteada en 1995 por el entonces primer ministro francés ‎Alain Juppé. Eso pondría a Alemania en situación de tomar decisiones sobre el uso del ‎armamento nuclear de Francia. Fue precisamente eso lo que planteó el Parlamento alemán ‎en 2017 y esa es actualmente la posición del director de la Conferencia de Seguridad de Munich, ‎Wolfgang Ischinger [2]. Es por esa ‎razón que el presidente francés Emmanuel Macron ha hablado de un ejército europeo en términos ‎diferentes a los que plantea el proyecto de Comunidad Europea de Defensa de 1954, para ‎propiciar in fineuna fusión de las fuerzas armadas de Francia y Alemania. En segundo lugar, ‎adoptar la misma política exterior y en materia de defensa supone que ambos países persigan los ‎mismos objetivos e intereses. Eso es lo que están tratando de hacer París y Berlín con el ‎despliegue de fuerzas conjuntas en el Sahel –de manera legal– y en Siria –ilegalmente. ‎

En vez de dar lugar al surgimiento de un nuevo Estado, el acercamiento entre Francia y Alemania ‎consagraría su dependencia de Washington: actualmente, las fuerzas armadas de Francia ‎y Alemania son miembros del Mando Integrado de la OTAN, donde obedecen al mismo ‎Comandante Supremo, designado por el presidente de Estados Unidos. Por cierto, es este amo ‎común quien ha mantenido la paz entre Francia y Alemania. No hace mucho, las fuerzas ‎especiales de estos dos países luchaban secretamente una contra la otra en la ex Yugoslavia, ‎donde los franceses estaban del lado de los serbios mientras que los alemanes apoyaban a los ‎croatas. Sólo dejaron de luchar entre sí cuando Washington impuso su propio enfoque. ‎

Con su intento de fusionar Alemania y Francia, los dirigentes de ambos países ignoran las ‎realidades humanas de sus naciones. Confunden además la reconciliación entre los pueblos, ya ‎concretada por sus predecesores, con el acercamiento de sus intereses y de su manera de pensar, ‎pretenden crear un nuevo sistema político sin someterse al control democrático. En el fondo, ‎‎¿por qué molestarse en hacerlo si, en definitiva, ninguno de los dos países es soberano? ‎

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