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El mito de la meritocracia

Por Tomás Opazo

“Cualquier persona que quiera surgir, con el debido esfuerzo, puede lograrlo”.

¿Alguna vez ha escuchado usted esta declaración? (o alguna estructuración diferente de la frase, con el mismo mensaje). Suena super bonito, ¿cierto?, hasta el niño más pobre de chilito lindo, esforzándose, quemándose las pestañas, consiguiendo becas, trabajando y estudiando al mismo tiempo, endeudándose con el CAE, abandonando la flojera y la mediocridad del roto chileno, puede llegar a ser gerente. Y un cabro del Verbo divino puede lograr lo mismo sin necesidad de ese esfuerzo, pero oye, el tema es que los 2 pueden, así que, todo bien.

Meritocracia. Una de las grandes “chivas” que se ha comido la sociedad chilena, y muchas otras.

Shamus Khan, sociólogo estadounidense invitado a Chile recientemente por el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), dice que todo esto es un mito. Y por supuesto que lo es, ¿quién en su sano juicio se traga que el “brocacochi” de La Pintana tiene las mismas oportunidades de surgir que el “zorrón” del SIEB?, perdonen lo soez, pero quien crea que esto es o un cínico, o derechamente un estúpido.

Y es que el argumento de la meritocracia es el expuesto en el párrafo inicial. Y dar por verídico este argumento es lo mismo que asegurar a pies juntos que en la sociedad chilena y su mundo laboral; el único ámbito a tomar en cuenta es los grados académicos del postulante al trabajo. Volviendo al mismo práctico ejemplo, ¿a quién contratan, al “brocacochi” del liceo municipal, o al del Verbo divino, egresado de la PUC, cuyo padre es amigo del dueño de la empresa? Ahora suena feo, ¿cierto?

La gente de altos estratos sociales tiende a creer en la meritocracia, y en que sus privilegiados puestos laborales son frutos únicamente de su esfuerzo. No se oye decir, por ejemplo: “Me ha ido bien porque nací en una familia con recursos y redes. Eso me permitió estudiar en el Verbo Divino y luego en la Universidad Católica, de donde egresé sin deudas y lleno de proyectos. Esa experiencia me brindó una gran cantidad de oportunidades para desplegar mi talento y mi esfuerzo; y me facilitó salir adelante cuando me equivoqué”.

Seth Zimmerman, economista de Yale, en su investigación “Making Top Managers: The Role of Elite Universities and Elite Peers” (2013), afirma que el 50% de los cargos más altos en las empresas chilenas lo ocupan ex alumnos de solo nueve colegios de élite. O sea, que la movilidad intergeneracional en Chile es prácticamente nula. Así también lo refleja el estudio “Movilidad intergeneracional del ingreso en Chile” de Javier Núñez y Cristina Risco, el cual afirma que el hijo del rico chileno tiene una probabilidad del 56% de seguir perteneciendo al 10 % de mayor ingreso.

Las familias pobres: necesitan seis generaciones para que uno de sus descendientes llegue a la clase media, según un reciente estudio de la OECD. A quienes se cuestionan la meritocracia se les califica rápidamente como “zurdos”, “resentidos” y/o “envidiosos” entre otros. Siendo que son datos duros los que desmienten esta suposición.

Khan vivió durante un año en el internado Saint Paul, uno de los colegios secundarios donde se forma la élite estadounidense. Basándose en esa experiencia escribe el libro “Privilegio, la construcción de un adolescente de élite”. Sobre los estudiantes escribe:

“Pocas veces se los encuentra con libros en las manos y cuando los tienen, están cerrados… Rara vez hacen sus tareas o trabajan las lecturas; en cambio, recurren a sumarios online como Wikipedia”

Khan afirma que los estudiantes que dicen abrazar las ideas de esfuerzo y meritocracia son los mismos que observaba haciendo vida social antes de ir a la biblioteca. Y, es más, afirma que quienes no sostienen esta actitud se les margina socialmente. Y podríamos decir que eso es algo muy de los gringos, como los de American Pie. Pero, es mi idea o ¿Colegios como el Verbo divino o El Villa María, donde se forma gran parte de la Élite Chilena son los mismos colegios que se utilizan para hacer carretes masivos entre adolescentes?, la dejó boteando.

Aunque ojo, tampoco creamos que todos los alumnos de estos colegios son zorrones clasistas y piscoleros. Pero entonces, ¿cómo es que esta gente es la que llega a los altos grupos laborales del país? ¿Es acaso por la desigualdad en la calidad de educación comparada con instituciones públicas?, no realmente, porque hasta cierto punto, algo cierto, es que hoy gran parte de la población, por no decir todos, tiene acceso a los saberes “duros y teóricos” mediante internet, porque en muchos casos hasta ese “brocacochi” de La Pintana tiene un iPhone con internet, pero ese es otro tema.

Para Khan, esto se debe a un fenómeno llamado “Círculo escondido”. Y es que lo que no está disponible en el internet son las experiencias vividas, cosas que no se memorizan, sino que se corporizan, como gustos, sensibilidades, códigos de conducta, rituales. Lo que permiten los colegios de élite es “corporizar el privilegio”, lo que implica sentirse cómodo con esos gustos y sensibilidades.

Al mirar actos aparentemente mundanos de la vida diaria, desde las cenas a los bailes y las citas, vemos cómo el privilegio se encarna en los cuerpos de los estudiantes y cómo los estudiantes son capaces de desplegar sus privilegios en sus interacciones, formas de hablar, modo de vestir, pautas de consumo, maneras de comer. “Cuando un tipo ha estado en ciertos colegios, esos códigos están incorporados” dice.

Y esta teoría del “Círculo escondido” opera en nuestro país, por ejemplo, el estudio de 2004 “Clasismo, Discriminación y Meritocracia en el Mercado Laboral chileno” de los economistas Javier Núñez y Roberto Gutiérrez., afirma que lo que hoy llamamos “zorrón”, es decir, un alumno “de mediocre desempeño académico proveniente de una comuna y colegio de origen socio económico alto y dotado de una ascendencia de origen socio económico superior”, recibirá solo por virtud de su origen “un ingreso estadísticamente mayor que un estudiante de alto rendimiento académico proveniente de una comuna pobre y colegio público, sin ascendencia vinculada al estrato socio económico alto”.

A este “zorrón” no solo le irá siempre mejor que al “alumno pobre y brillante”, sino también mejor que “a una amplia variedad de estudiantes de excelencia formados en ambientes socio económicos promedio” (ver revista Economía y Administración de la Universidad de Chile, N 147 de 2004).

Benito Baranda afirma que para poder lograr surgir y alcanzar el éxito, se necesitan fundamentalmente 3 cosas; buena alimentación, buena calidad educacional y acceso a la educación superior. Y si lo pensamos, ¿todos los niños de Chile tienen estas facilidades?, es decir ¿todos los niños de Chile tienen las mismas oportunidades de surgir? Porque claramente factores como la alimentación, un ambiente confortable y seguro, contactos con padres de amigos a la hora de buscar trabajo, son todas cosas muy influyentes a la hora de hablar de igualdad de oportunidades.

Es sumamente triste, y no alocado, pensar que ideas de emprendimiento, la cura para el cáncer o energías alternativas, se pueden haber perdido por tener que dejar el colegio para trabajar y sostener a una familia.

Y finalmente, el problema de fondo y más grave alrededor de la meritocracia, es que los jóvenes quienes la consideran sienten que merecen completamente lo que tienen, pero junto con esto- y de manera sumamente negativa- sienten que quienes son pobres también merecen su pobreza y sufrimiento.

Hay que desafiar esa idea, dado que existe demasiado azar en el juego, recordar que las cosas serían sumamente diferentes si hubieran nacido en otra familia, con otros padres, eso es un azar. Para que la meritocracia fuese real, todos deberíamos partir del mismo punto, con el mismo acceso a toda cantidad de servicios y cosas, y eso es una sociedad utópica inexistente, menos en Chile. Así que nunca más pensemos que la auxiliar que limpia el colegio o universidad donde estudias o estudiaste, luego de trabajar de manera constante por 40 años, va a morir pobre y con una jubilación indigna; porque no se esforzó lo suficiente.

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