Ir al contenido

128 años del nacimiento de Antonio Gramsci. Reflexiones político-estratégicas en torno al Movimiento de Masas y el Partido Revolucionario. (Primera Parte)

antonio-gramsci

Hoy, 22 de Enero se cumplen 128 años del nacimiento del revolucionario italiano Antonio Gramsci, uno de los fundadores del Partido Comunista de Italia (PCdI), activo militante de la Tercera Internacional (Comunista) en tiempos de Lenin, encarcelado por el régimen Fascista de Mussolini y ampliamente conocido por sus reflexiones realizadas en prisión, los célebres Cuadernos de la Cárcel.

El objetivo de este artículo, es analizar la reflexión político estratégica de Gramsci durante los años 1922 y 1926, época en que emprende una lucha en el seno del naciente Partido Comunista contra la tendencia de extrema izquierda representada por Amadeo Bordiga, el principal conductor del partido hasta el congreso de Lyon (1926) (instancia en que acaba por imponerse la línea política de Gramsci, 10 meses antes de ser detenido por el régimen fascista) y las tendencias derechistas agrupadas en torno al dirigente Angelo Tasca. En este intento buscamos diferenciarnos de la reflexión “oficial” (académica) de la obra de Gramsci, exclusivamente centrada en la problemática de los Cuadernos de la Cárcel1. Dicha producción academicista abunda en interpretaciones unilaterales; nos presentan un Gramsci “descontextualizado”, ajeno a la lucha revolucionaria desde la cual forjó sus concepciones y que lo condenó al odioso cautiverio a que le sometieron sus enemigos de clase. Nuestro intento es muy diferente. Nos proponemos reivindicar las armas del militante revolucionario, del internacionalista tenaz, del luchador incansable que puso toda su inteligencia, todo su entusiasmo y toda su fuerza al servicio de la revolución proletaria internacional. Respecto a la reflexión carcelaria, profundizaremos en ella en artículos posteriores.

En esta primera parte, abordaremos la problemática del Partido Revolucionario, específicamente en lo referente a su forma de organización y su “opción de clase”. En una segunda parte, analizaremos el problema de su ideología, su vinculación con las masas y los temas de estrategia y táctica.

La vida de Gramsci lleva el signo de su época, una época de guerras, crisis y revoluciones. La revolución de Octubre y la proyección revolucionaria mundial del ejemplo del proletariado ruso impactan fuertemente al joven socialista sardo, quien por esos días comienza a profundizar sus conocimientos sobre marxismo. Entre los libros de Lenin, los periódicos rusos y una activa militancia revolucionaria, el joven Gramsci comienza a precisar las concepciones que guiarán su actividad política durante los años posteriores hasta su encarcelamiento. Son algunos de dichos principios, reflexiones y categorías las que nos interesa abordar, (principalmente en lo referente a la problemática del partido revolucionario y los movimientos de masas) en su calidad de ejercicios preparativos para la acción. Es sobre éste material teórico que Gramsci volverá en los Cuadernos de la Cárcel, y que al profundizarlo le servirá de base para la construcción de su concepto de Hegemonía. Pero como señalábamos mas arriba, por ahora nos limitaremosa analizar algunos de susescritos producidos entre los años 1922 y 1926 y que marcarán el camino de su praxis revolucionaria durante esteperíodo.

El Partido Revolucionario y la Lucha de Masas

En 1921, en el XVII congreso del Partido Socialista italiano celebrado en la ciudad de Livorno, se produce la escisión de los comunistas, hito que marca el nacimiento del Partido Comunista de Italia2. Este hecho es relevante debido a que la problemática sobre la construcción del Partido Revolucionario es uno de los puntos centrales de la reflexión gramsciana. Para Gramsci, el Partido es un elemento de carácter estratégico, fundamental para la clase obrera a la hora de enfrentar la lucha por el derrocamiento del régimen capitalista. Al momento de analizar el surgimiento del partido en Italia, los revolucionarios3 llegaron a la conclusión de que su constitución fue tardía: Durante los años 1919 y 1920 (el llamado bienio rojo), en el marco de una profunda crisis que existía en el país luego del fin de la Primera Guerra Mundial y tomando el ejemplo revolucionario de los trabajadores rusos se desarrolló en Italia un importante movimiento espontáneo de masas con carácter revolucionario: El movimiento de los consejos de fábrica (organismos de autoorganización de la clase obrera), que se expandió por los centros industriales del país, tomando un carácter insurreccional en las principales ciudades y desencadenando una situación pre-revolucionaria. Dicha situación puso a la orden del día para la clase trabajadora y su organización política el problema del poder, pero debido a la ausencia de un auténtico partido revolucionario que fuese capaz de dar conducción al movimiento espontáneo de las masas obreras éstas fueron derrotadas por el poder burgués, desatándose una oleada de reacción por todo el país que derivó en el surgimiento del fascismo como punta de lanza de una fuerte contraofensiva del capital sobre el trabajo. Es en estas condiciones en las que se funda el Partido Comunista, las de una gran retirada del movimiento proletario. Dicha retirada, sin embargo, no era absoluta. El proletariado en aquella época aún estaba animado por un gran espíritu de lucha y supo todavía en 1921 oponer al avance del enemigo heroicos episodios de resistencia.4 Era justamente en esta resistencia en donde el naciente partido tendría su prueba de fuego: la de ser capaz de organizar y reagrupar alrededor suyo a los elementos proletarios dispuestos a resistir, para convertirse de esta forma en el verdadero partido dirigente de la clase obrera. Sin embargo, la línea política impulsada en el partido por Amadeo Bordiga5 derivaría en graves errores tácticos, limitando su capacidad de maniobrar en un escenario de defensiva, lo que acabó alejando al partido de las masas. En palabras de Gramsci: “nos mantuvimos en las posiciones avanzadas, solos y con la fracción de masas inmediatamente más cercanas al partido, pero no hicimos cuanto era necesario para mantener en nuestras posiciones al proletariado en su conjunto, el cual, sin embargo, estaba todavía animado por un gran espíritu de lucha, como lo demuestran tantos episodios heroicos de la resistencia opuesta al avance enemigo.”.6 Volveremos sobre este punto mas adelante. Por el momento, nos interesa resaltar el hecho de que desde estas experiencias de la lucha de masas y un profundo análisis de la estructura social italiana, de los factores de la revolución y sus perspectivas, Gramsci desarrolla su concepción del Partido Revolucionario.

El Partido Revolucionario en Gramsci

Nos plantea Gramsci que un Partido Revolucionario, para considerarse apto para conducir la lucha de masas hacia la revolución socialista y por ende, a la conclusión histórica de la dictadura del proletariado en las condiciones de la situación italiana, debe previamente resolver algunos problemas fundamentales que le permitirán realizar sus objetivos: El problema de la “opción de clase” y la forma organizativa adecuada a ella; el problema del programa del partido y su vinculación con las masas; el problema de su ideología; los problemas de estrategia y táctica, cuya resolución debe conducir a reagrupar alrededor del proletariado a las fuerzas que son sus aliadas naturales en la lucha contra el estado y a guiar a aquel a la conquista del poder.7 Lógicamente, cada uno de los puntos anteriores está estrechamente ligado con los demás y no puede resolverse ninguno de ellos unilateralmente. Las soluciones se interfieren e implican recíprocamente. Pasemos a revisar someramente la concepción gramsciana de los problemas anteriormente esbozados.

1) La Base de Organización del Partido: La Clase Trabajadora. Para Gramsci, todos los problemas de organización son problemas políticos.8 Por ende, el primer problema político que debe resolver el partido es el de la elección a propósito de en qué clase se apoya. Para el revolucionario italiano, la respuesta sólo podía ser una: El proletariado, protagonista consciente e inteligente de la revolución. En este principio se expresa una de las diferencias fundamentales de la línea política de Gramsci con la tendencia de extrema izquierda representada por Bordiga. Para Gramsci, dado que el proletariado representa la base organizativa del partido, éste último debe dotarse de una organización tal que le permita mantener en todo momento la más amplia vinculación con las masas trabajadoras. En este sentido, impulsó la forma de organización sobre la base de la producción9 como fundamento de la estructura orgánica del partido. Dicha forma orgánica buscaba que el partido revolucionario se organizara principalmente a través de células en el lugar de trabajo, con el objetivo de propiciar la participación de las masas en la actividad y en la vida interna del propio partido. Bajo esta concepción, el partido no es más que el resultado de un proceso dialéctico en el cual convergen el movimiento espontáneo de las masas revolucionarias y la voluntad organizativa y conductora de su dirección. Por el contrario, en las tesis de Bordiga10 encontramos una concepción mucho más instrumental del partido, el cual es concebido como un “órgano” de la clase obrera, subestimando o pasando por alto su contenido social. Esta concepción instrumental condujo a los revolucionarios a volcarse prioritariamente a la tarea absorbente de organizar el partido en sí y para sí. El objetivo era construir un pequeño partido de cuadros, sólidamente organizados y con férrea disciplina que se encargarían de conducir a las masas cuando éstas se acercaran al partido y abrazaran las posiciones programáticas y de principio fijadas por él. Bordiga sostenía que serían las propias masas las que se acercarían al partido en cuanto la crisis se agudizara y adquiriera un carácter pre-revolucionario. Por esta razón, el partido debía mantener inalterado su programa, que en opinión de Bordiga, se encuentra claramente delimitado en la obra de Marx. Respecto a la táctica, sus concepciones llevaron al principio de que ésta no debe estar determinada por la situación objetiva y la posición de las masas, sino que debía definirse en base a preocupaciones formalistas, imponiéndole límites rígidos y formales de carácter exterior.11 Dicha posición condujo al partido a la pasividad. Su actividad se limitaba muchas veces a una labor de propaganda general y abstracta mas que a una verdadera acción política en el seno del movimiento de masas. Como señala Grasmci en una carta a Togliatti y Terracini en 1924 “El error del partido ha consistido en poner en primer plano y abstractamente el problema de la organización, lo cual, además, ha significado sólo la creación de un aparato de funcionarios ortodoxos para con la concepción oficial. Se creía y se sigue creyendo que la revolución depende sólo de la existencia de un aparato así, y se llega incluso a creer que esa existencia puede determinar la revolución”.12 Para Gramsci, por el contrario, al ser el partido la expresión material de organización política de la vanguardia proletaria éste no puede definirse como un “órgano” de la clase, sino como una parte de ella. Es decir, el vínculo que les une (partido y clase) no es sólo un vínculo de naturaleza ideológica, sino que también “física” o material.13 Esta distinción es muy importante, ya que al concebir el partido como una parte de la clase trabajadora, Gramsci otorga centralidad a la problemática de la relación entre la naturaleza del partido (Proletariado) y los órganos que lo dirigen (Dirección Revolucionaria). Para Gramsci, era fundamental que desde el partido surgiera todo un amplio estrato de elementos dirigentes, que fueran parte de la masa y que se mantuvieran en ella al mismo tiempo que realizaban funciones directivas en el partido. Éste era una de los principales objetivos que se buscaba a través de la forma de organización por células sobre la base de la producción.14 De esta forma, se aseguraría la preeminencia de elementos proletarios en la dirección política de la organización, los que se constituirían además como el más importante instrumento de vinculación con el movimiento masas. Para Gramsci, la línea política de la extrema izquierda había llevado al partido a a una situación de completa separación entre los dirigentes y las masas. A la concepción sintética, instrumental, idealista del partido subyacente a la línea política de Bordiga, la línea de Gramsci confrontó una concepción histórico-política, clasista y materialista. El partido es también un producto de la lucha de clases. No puede ser analizado desde una perspectiva meramente formalista, abstracta o “intelectual” del leninismo. En palabras de Gramsci: “La verdad es que el partido no está nunca ni estará nunca definido definitivamente. Sólo estará definido cuando sea la totalidad de la población, o sea, cuando el partido haya desaparecido. Hasta su desaparición por haber conseguido los objetivos máximos del comunismo, atravesará toda una serie de fases transitorias y absorberá sucesivamente elementos nuevos en las dos formas históricamente posibles: por adhesión individual o por adhesión de grupos más o menos grandes”15.

Como vemos, dicha concepción de las relaciones entre los revolucionarios y la clase trabajadora está implícita en las tesis de los principales exponentes del marxismo revolucionario clásico (Lenin, Gramsci, Luxemburgo, etc.). Lenin y la Tercera Internacional fueron partidarios de las tesis de Gramsci para la situación italiana, y se opusieron enérgicamente a las desviaciones de Bordiga y la extrema izquierda. Parte de este debate se encuentra en la obra “El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo” de Lenin y en el desarrollo de la polémica respecto a la táctica en que se enfrentó el extremismo bordiguiano y la Internacional (Lenin a la cabeza) desde el momento mismo de la formación del PCdI. Es pertinente aclarar este punto debido a que aún hoy, y desde hace muchos años, hordas de “iluminados” teóricos post-marxistas (muchos de ellos “post-revolucionarios” también) agitan ruidosamente sus “conclusiones” respecto a que el carácter eminentemente instrumental del leninismo, con sus insoportables “vanguardias partidarias” y su inevitable “rigidez sectariaserían el terrible pecado original que habría impedido una y otra vez a los revolucionarios comprender, entre otras cosas, el hecho de que la relación entre un partido revolucionario y la clase trabajadora debe ser tomada como la de una parte con un todo mas general”, o la originalísima concepción de que el partido es un movimiento y una continua transformación”16.

Toño

Militante de Trabajaderes/as al Poder

1 Reflexión que ha producido obras ampliamente difundidas desde los años 70 hasta la fecha, como el clásico Las Antinomias de Antonio Gramsci (del historiador marxista británico Perry Anderson), o la reflexión “post-marxista” de Ernesto Laclau y Chantall Mouffe (base teórica de las experiencias populistas de las que se nutren, por ejemplo, sectores del Frente Amplio en nuestro país) o el ampliamente difundido entre organizaciones de izquierda revolucionaria Gramsci y el Bloque Histórico (del ex senador derechista francés Hugues Portelli), por nombrar sólo algunas obras.

2Gramsci es uno de los militantes socialistas que rompen con el PSI y fundan el PCdI. El Congreso de fundación del PCdI se realizó en la misma ciudad de Livorno inmediatamente después de producida la separación.

3Dicha conclusión la podemos encontrar tanto en los análisis de Bordiga como en las tesis de Gramsci.

4Gramsci realiza una evaluación de esta situación en su Informe sobre el III Congreso del PCdI (Lyon) pulicado en L’Unitá el 24 de febrero de 1926.

5Amadeo Bordiga fue el lider del ala de izquierda del PSI, fundador del PCdI y su máximo dirigente hasta 1926, en que sus tesis son derrotadas por las tesis de Gramsci en el congreso de Lyon. Debido a que desde el seno del PSI había mantenido una consecuente postura contraria a la intervención de Italia en la guerra, gozaba de enorme prestigio entre la militancia del naciente PCdI.

6Informe sobre el III Congreso del PCdI (Lyon) pulicado en L’Unitá el 24 de febrero de 1926.

7Tesis de Lyon. Tesis 3, Tesis 24.

8Tesis de Lyon. Tesis 29.

9Hasta el momento en que se imponen las tesis de Gramsci en el congreso de Lyon, el PCdI se organizó sobre la base de secciones territoriales. Ésta era la forma organizativa defendida por Bordiga, en el intento de superar el “estrecho límite del interés corporativo de la clase obrera”. La organización sobre la base de secciones territoriales tendía a separar a los elementos dirigentes (secretarios de sección) de la masa, ya que eran constantemente separados de su medio natural y puestos al servicio de tareas generalmente de carácter orgánico.

10Amadeo Bordiga, Tesis de Roma. 1922.

11Tesis de Lyon. Tesis 27.

12Carta a Togliatti, Tasca, Terracini y otros. 9 de Febrero de 1924.

13Esta idea la expone Gramsci en su “Intervención en la comisión preparatoria del III Congreso del Partido Comunista de Italia”.

14Tesis de Lyon. Tesis 30. “Desde cualquier punto que se mire, la transformación de la estructura sobre la base de la producción es el objetivo fundamental del partido en el momento actual y la única manera de resolver sus problemas más importantes.”.

15Carta a Togliatti, Tasca, Terracini y otros. 9 de Febrero de 1924. Una expresión concreta del formalismo de la concepción bordiguiana era el de la adhesión individual. La tendencia de extrema izquierda se oponía formalmente a la adhesión de grupos al partido o la fusión con otras organizaciones. Como esto era considerado una cuestión de principios, sólo era admitida la adhesión individual. Éste es uno de los muchos puntos en que Bordiga entró en conflicto con las posiciones de Lenin, quien recomendó insistentemente al PCdI la tendencia a la unidad y la fusión con el ala izquierda del PSI.

16Citas tomadas de SALAZAR, Gabriel. “El Tranco del Pueblo. Alternativas Políticas de la Izquierda Revolucionaria”. En dicha obra, Salazar retoma algunos de estos conceptos de la problemática gramsciana en su polémica contra la militarización del MIR a fines de los 70’. Sin embargo, al dirigir sus dardos contra la idea de “partido”, la “rigidez leninista” y la estrategia revolucionaria en general, los unilateraliza y los contrapone a cualquier tipo de reivindicación estratégica del marxismo revolucionario.

Agregar un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Cambiar )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Cambiar )

Connecting to %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: