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[Opinión] La Izquierda y las comunicaciones

Sin lugar a dudas, las comunicaciones son un aspecto esencial de la vida humana. Sin esta no podríamos comunicarnos ni desarrollarnos integralmente. Mismo caso sucede en la lucha de clases, pero que pareciera no importar para la Izquierda Revolucionaria y a otros grupos en esa misma línea.

Tal como los cavernícolas al conocer un instrumento nuevo, a pesar de servirles, lo aportillaban por el miedo que encierra conocer este desconocido objeto, se comporta la IR. Ve a estas con miedo, miedo a perder secretismo y marginalidad. Pero las comunicaciones no son un enemigo natural.

La burguesía con el pasar del tiempo ha comprendido el valor inmenso que contiene la comunicación. Es por ello, que controla gran parte de los medios de comunicación masivos. Con estos logra instaurar una visión de las cosas, sus ideales y agenda. Lo que ha facilitado demasiado su trabajo de coerción.

Sin embargo, como mencioné más arriba, la franja revolucionaria no ha logrado ver esto. En cierto modo, producto de que la burguesía le ha hecho creer que las comunicaciones son un enemigo, pero estas se vuelven en esto cuando están al servicio de esta clase y sus intereses. Y es que, aún que parezca caricaturesco, un arma de fuego no mata ni es un peligro por si sola, esta se convierte en ello cuando alguien la toma con estos fines.

La IR producto del miedo en la dictadura a las delaciones y persecución, continuada en la “transición”, obligaron a qué está franja se auto exiliara de las masas, manteniéndose en la completa marginalidad, que desaparece de vez en cuando con alguna coyuntura, para luego volver a ese sitio que, pareciera, disfrutar. Es tal el punto de marginalidad que han llevado esta actitud a las redes, “modernizando” su secretismo.

Otro elemento que ha mutado al mundo nuevo y social es la atomización. Habiendo más grupos o páginas de Facebook, Twitter o Instagram, que organizaciones reales con trabajo real. Y es que basta con entrar a nuestra red social favorita y poner alguna frase revolucionaria acompañada de “colectivo, frente, partido, etc.” Para dar con una infinidad de estas.

En el último tiempo, hemos podido observar como, peligrosamente, van en aumento las llamadas Fake News. Principalmente provenientes de intereses políticos. En el caso de Latinoamérica y Chile ha sido la derecha y extrema derecha quienes han divulgado estas falsedades con el fin de generar adeptos. A esto se le suman miles de perfiles falsos que, al igual que las Fake News, generan y distribuyen contenido engañoso con el fin de posicionar una mirada de las cosas a la sociedad.

También en el último año, pudimos observar como grupos neo nazis como los “Social Patriotas” saltaron a la palestra producto de sus mensajes de odio. Pero, esto no podría haber resultado sin una adecuada política de comunicaciones. Porque estos grupos existen hace bastante, pero se mantenían, al igual que la IR, en la marginalidad.

Este grupo neo nazi adoptó la posición de ser abierto, en cuanto a lo que pensaban, con la prensa. Dejando ser entrevistados sin resquemor por TVN y The Clinic. Lo que más allá de exponerlos, les sirvió y sirve para expandir su mensaje. Disputando abiertamente la conciencia de las masas.

Frente a esto me pregunto ¿Cuántas veces la IR ha hablado en TV? ¿Cuánta repercusión tienen las ideas de esta franja en las masas? ¿La comunicación no es importante para la revolución? Pues bien, la respuesta pareciera ser la misma – ninguna. Dejando a merced de la burguesía, la derecha y el fascismo esta arma.

En este sentido, un amigo me comentó “ no necesitamos más Matamala” refiriéndose con ello que no eran necesario los periodistas con cierta actitud critica, y es que, para cambiar las cosas y “despeinar al poder” estaba la organización revolucionaria. Lamentablemente, quienes más han generado golpes al poder han sido los mismos periodistas con reportajes de investigación que han develado casos de corrupción que, en algunos casos, han logrado hacer caer a gobiernos completos. Pero que estás “organizaciones revolucionarias” no han sabido aprovechar.

De aquella conversación no discrepo del todo. Más bien tengo mis matices. Y es que comparto la idea que las masas en conjunto a la organización revolucionaria deben golpear al poder. Siendo las únicas capaces de generar los grandes cambios necesarios. Pero no concuerdo con que no necesitamos a más Matamala, Matus, González, etc. Si no que por el contrario, debemos agradecer que sigan habiendo este tipo de periodistas. Y, más aún, debemos aprovechar sus trabajos para generar trabajo real, concientizar, agitar y golpear.

¿La propuesta? Difícil de responder. Y es que se han intentado tantas cosas. Ejemplo de ello es Telesur, referente que aspiraba a combatir en su terreno a CNN. Pero que en palabras de su mismo director y fundador “en lugar de ser un canal latinoamericano, como tenía que ser, terminó siendo un canal exterior de Venezuela”. Producto también de la incapacidad de gobiernos de “izquierda” y “progresistas” para entender la importancia de las comunicaciones.

Sin embargo, hay algunas ideas a proponer. Primero, que todas aquellas páginas de comunicación, contra información, prensa, fotografía, etc. Generemos un abierto encuentro para hablar y señalar esta problemática. Además de generar un trabajo conjunto y coordinado, replicando en el mejor de los casos “La Haine”. Para así ir avanzando en la profesionalización de estos mismos para finalmente transformarnos en el medio de la izquierda revolucionaria, pero ya no desde la marginalidad, sino que con seriedad, abierta y, por sobre todo, que muestre la verdad.

Pero este medio no puede ni debe convertirse en lo que ahora son los medios de la IR. Es decir: denunciologos. Y es que, nuevamente en palabras de Aram Aharonian “La izquierda se ha quedado en la denunciología y el lloriqueo. Hace 500 años que resistimos y hemos confundido resistencia con denuncia y lloriqueo”. Llevando esto al ambito de las comunicaciones que “no tenemos agenda propia. Somos reactivos a la agenda del enemigo y decimos ‘El Mercurio miente’, pero no decimos lo que queremos decir ni visibilizamos a los actores que queremos visibilizar”.

Estos errores son necesarios de superar. Y es que, de lo contrario, seguiremos informando para los convencidos y convencidas. Marginándonos nuevamente y no abriendo nuestras ideas a las masas.

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