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[Opinión] Cambios en el tablero

Frente a un Chile cada vez más polarizado, en donde la derecha y ultraderecha empuja y la izquierda resiste, variadas son las personalidades que van tomando posiciones en esta nueva era política.

Variadas son las fuerzas que exigen un cambio en las reglas del juego y, algunas veces, hasta del juego mismo. En este sentido, se han posicionado en la escena política discursos cada vez más directos. Pero, a diferencia de lo que muchos podríamos imaginar, los aires de cambio no provienen solamente desde la izquierda.

La ultraderecha en el ultimo tiempo ha estado empujando hacia nuevas leyes restrictivas y que, en su fondo, generen un nuevo marco normativo de la sociedad. Discurso que no se veía desde la vuelta a la “democracia”. Producto de lo mal parado que se encontraba la derecha en país, luego de las atrocidades cometidas por la dictadura, amparada en su totalidad por este sector político.

Frente a ello, cualquier persona con el mínimo sentido común imaginaria jamás que la derecha volvería al poder. No obstante, la historia ha demostrado lo contrario. Llegando en 2010 al poder no tan solo un derechista, sino que también un empresario.

En aquella oportunidad todos los análisis daban cuenta de un voto de castigo a la concertación y su nulo esfuerzo en cambiar las cosas de raíz. Y es que, a pesar de encontrarnos en democracia, las leyes económicas y sociales, que había instaurado la dictadura a sangre y fuego, se mantenían.

A pesar del triunfo de la derecha en las elecciones, su pasar por el gobierno no estuvo exento de polémicas y grandes enfrentamientos. Siendo los principales protagonistas los estudiantes en contra del mercado en la educación. Mismo mercado mantenido por la concertación.

Luego de esta arremetida social, y de varios enfrentamientos, varios fueron los que aprovecharon los movimientos sociales para catapultarse hacia el parlamento. Echando con ello por la borda toda la fuerza social acumulada. Frente a esta maniobra, muchos y muchas fueron las que se decepcionaron de sus anteriores dirigentes. Tildándolos de oportunistas y amarillos. Aun así, hubo quienes confiaron en la lucha parlamentaria como solución y respuesta a sus demandas.

Estos y estas que confiaron en la solución demócrata, finalmente engrosaron las filas del PC y otros grupitos políticos, siendo el más fuerte Revolución Democrática. El cual lograría empujar para aglutinar a varios de esos colectivos y organizaciones, nacidos al alero de los movimientos sociales, para conformar un nuevo referente político: Frente Amplio.

Luego de la paupérrima administración de Michelle Bachelet y los múltiples casos de corrupción al interior del poder y de TODOS los sectores políticos, fueron generando un ambiente de desconfianza y apatía que inundó al común de las personas. El fracaso, nuevamente, de la “izquierda” en el parlamento era evidente. Plasmado en una reforma estudiantil que no aseguraba gratuidad universal, con una reforma laboral rechazada por los mismos trabajadores y trabajadoras y una nula acción en torno a las pensiones.

Nuevamente, en el horizonte asomaba la derecha. Ahora cada vez más directa y con hambre de poder. Orquestando, al igual que en los 50’ y 60’, una campaña del terror contra la izquierda, sumergida en casos de corrupción y mala administración. Nace así la llamada “Chilezuela”. La cual hace referencia a como se iría convirtiendo Chile en una nueva Venezuela.

Esta maniobra comunicacional sumada al desinterés político, a consecuencia de los pocos cambios que se hicieron desde el interior del poder, permitieron que Piñera volviera al poder luego de cuatro años. Ahora con mayor fuerza y determinación. Pero, a pesar de estar en el poder, la derecha más recalcitrante empuja para conseguir mayores puestos de poder. En ese contexto y, empujado por las últimas elecciones, es que ultra derechista José Antonio Kast, se sitúa como una alternativa para la derecha más tradicional y conservadora.

Con la elección en Brasil del ex militar y ultra derechista, Jair Bolsonaro, estas posiciones han ido tomando mayor fuerza y confianza en si mismo. A tal punto, que no ha debido ocultar sus ideas, claramente fascistas, a la opinión publica. Sumando además a detractores de la derecha más liberal y decepcionados de la UDI. Esto ultimo se puede evidenciar con la renuncia del diputado Ignacio Urrutia a su partido. Esto demuestra claramente un cambio en el tablero.

Por otra parte, se han asomado peligrosamente grupos nazis como el Movimiento Social Patriota, Acción Identitaria, entre otros. Que demuestran como la ultra derecha y, el fascismo en general, se han volcado a sumar masa y movimiento sociales. Una táctica que hasta el momento solo había desplegado la izquierda.

Frente a esto, es evidente la necesidad de un movimiento aglutinador que permita ponerle freno a este ascenso de la ultra derecha. Un movimiento que tenga una claridad política e ideológica que permita la disputa de la conciencia de las masas, en estos momentos tan cruciales. Porque a pesar de contar con fuerza social en momentos determinados de la coyuntura política, sigue siendo una fuerza separada.

La lucha que se desató luego del asesinato de Camilo Catrillanca demostró, a los más negativos, que el pueblo chileno no es fascista y que aún hay esperanza. La inmensa demostración de fuerza que mostró campo popular logró desvanecer el aire fascistoide que se intentaba instalar en el país. No obstante, esta fuerza tiende a diluirse con el tiempo, permitiendo que las fuerzas reaccionarias se reagrupen y vuelvan al ataque, aun cuando sean con simples cartelitos.

La organización de un frente, partido, movimiento de lucha es imperante. Y es que, a diferencia nuestra, la derecha se organiza. Mantienen sus estructuras y logran posicionar su discurso. Tienen los recursos para emprender ofensivas en todo ámbito. Es por ello, que no podemos esperar a que estos enemigos, por muy insipientes que parezcan, logren fortalecerse. Sus consecuencias serían atroces, tal como lo ha demostrado el para militarismo de derecha en Colombia.

No podemos seguir viendo el espectro político y social con los ojos del pasado. Debemos adecuar nuestros análisis a la realidad concreta. Estando atentos al mínimo cambio, puesto que ello y, solamente ello, nos permitirá producir una política acertada en todos los ámbitos. Pero este análisis no lo podemos hacer en frío, sino que a la par de las luchas que van surgiendo en el seno del pueblo.

Por Bryan Galvez

Bryan Galvez Ver todas

Estudiante de Periodismo.

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