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TP | Reforma laboral de Piñera: ¡De la resistencia corporativa a la resistencia política del pueblo!

Para iniciar debemos saludar la heroica lucha que llevan adelante cientos de trabajadores y trabajadoras a lo largo de nuestro país. Lo trabajadores eventuales del puerto de Valparaíso, de las trabajadoras de Integra, los trabajadores/as a honorarios, la primera huelga del Sindicato Forus Retail, de CIC y a todos y todas quienes han llevado adelante largas semanas de lucha frontal contra la patronal y el Estado Capitalista. Sumamente importante es en estos momentos las movilizaciones que se llevan adelante pues vivimos una terrible ofensiva burguesa contra la clase obrera, no sólo socavando aún más los derechos laborales, a la vez, en su intento continuo, debilitar las propias organizaciones de la clase trabajadora. Los revolucionarios tenemos ante nuestros ojos una gran tarea y debemos ponernos a disposición de construir  decididamente las condiciones para resistir, para darle unidad a las luchas y avanzar hacia la revolución.

Dejamos además este documento para el debate y la crítica.

¡De la resistencia corporativa a la resistencia política del Pueblo!

“Piñera tiene la oportunidad de promulgar grandes reformas. Ésta no durará mucho (…) La ventana para promulgar políticas audaces, no permanecerá abierta por mucho tiempo. Las crecientes tasas de interés mundiales y la guerra comercial entre Estados Unidos y China aún no han perjudicado a la economía, gracias a las finanzas relativamente sólidas de Chile y a un tipo de cambio flotante, lo que ha permitido que el peso se deprecie. Pero el ambiente económico se está volviendo hostil justo cuando la luna de miel de Piñera está llegando a su fin.”[1]

De esta forma caracterizaba el imperialista The Economist el pasado 27 de Septiembre la coyuntura política por la que atraviesa el gobierno, en lo referente a la implementación del “plan de reformas” que se viene anunciando desde la campaña. Reforma tributaria, reforma de pensiones, reforma laboral y la mentada “modernización” del estado (ajuste fiscal) representan la punta de lanza del programa que los grandes capitalistas pretenden materializar a través del actual gobierno, programa cuya lenta implementación empieza a generar “nerviosismo” entre los representantes y portavoces de la clase explotadora[2].

La mención a la inestabilidad de la situación económica internacional por parte del semanario británico no es casual. El plan de reformas que pretenden implementar desde el gobierno responde a los requerimientos del capital y está determinado por su proceso de crisis integral. Frente a la tendencia a la caída de la tasa de ganancia[3], “fuerza compulsora de la producción capitalista”, la burguesía echa mano a las leyes de la lucha de clases para imponer su plan de incremento del dominio del capital sobre el trabajo y los recursos naturales. La revolución tecnológica (como medio de abaratamiento de los elementos de capital constante), el aumento de la intensidad de la explotación del trabajo, la depresión de los salarios más abajo de su valor y la sobrepoblación relativa son algunas de las causas contrarrestantes de la caída de la tasa de ganancia.[4] Dichas causas son el contenido fundamental de los diversos “planes de ajuste” que se implementan en la actualidad en todo el globo, arrancando a la clase trabajadora mundial conquistas conseguidas mediante décadas de lucha y lanzando a millones de seres humanos a la arena de la lucha de clases.

Pero por otra parte, plantea el semanario que “la ventana para las reformas audaces no permanecerá abierta por mucho tiempo” debido al fin de la luna de miel de Piñera; es decir (sutilezas aparte), el escenario interno de constante agudización de la lucha de clases a que asistimos durante este año (acentuado desde fines de Agosto), que se manifiesta en un ascendente estado de agitación y movilización de masas en amplias zonas y sectores de nuestro país y que ha complicado de sobremanera al gobierno, obligándole a cambiar los ritmos previstos en un comienzo y a improvisar salidas que no han resultado del todo bien.

Como mencionábamos más arriba, una de las principales medidas que pretende implementar el gobierno es la reforma a la legislación laboral vigente. Esta reforma laboral empresarial (de “modernización” le llaman ellos) de Piñera ha recorrido un contradictorio derrotero, determinado por los bruscos cambios en la situación política que hemos conocido durante estos 9 meses de “tiempos mejores”. En un principio, Piñera se mostraba confiado, deslizando incluso la idea de que dichos cambios se implementarían casi exclusivamente por vía administrativa. Posteriormente, señalaba que sería a través de iniciativas legales que se presentarían durante Agosto; luego, un supuesto proyecto de ley “que ya estaba listo”[5] para mediados de Septiembre. Vencidos todos los plazos, se planteó que el proyecto se postergaría para “fin de año”, con avances en diálogo, “comisiones de expertos” y una “mesa social con los actores involucrados”, (fundamentalmente la CUT) en el intertanto,[6] generando roces al interior del propio oficialismo[7]. La mencionada vía administrativa, que consiste en la implementación de parte de estas modificaciones a través de dictámenes de la Dirección del Trabajo ha devenido en una creciente judicialización, proceso mediante el cual los tribunales ya han declarado la inaplicabilidad de algunos de los más importantes dictámenes implementados por el gobierno hasta ahora.

¿Reforma a la reforma?

¿Cuál es verdadero carácter de esta reforma? Si nos posicionamos desde la perspectiva de la lucha de clases, podemos ver que la actual reforma es un momento más, un nuevo episodio del largo proceso de continuidad de la ofensiva del capital sobre la clase trabajadora en nuestro país, proceso iniciado el 11 de septiembre de 1973 y que se extiende y profundiza hasta nuestros días. La mencionada reforma es la materialización de dicha continuidad, en la actual coyuntura de agudización de las contradicciones propias del desarrollo capitalista y acción de las fuerzas objetivas de la acumulación del capital; es el perfeccionamiento por parte de la clase dominante de una herramienta que les ha resultado bastante útil: La reforma laboral de Bachelet, que a su vez, significó una nueva actualización y perpetuación del nefasto Plan Laboral impuesto en dictadura.

Como señalábamos en Mayo, el gobierno de Piñera debe ser leído como la continuidad del proceso (iniciado con Bachelet)[8] mediante el cual la clase dominante persigue restablecer su hegemonía en crisis en el marco de la profundización mundial del modo de producción capitalista (que busca incesantemente nuevos espacios para desenvolverse, derribando fronteras nacionales y aumentando la intensidad de la explotación de la clase asalariada). Señalamos lo anterior para denunciar la charlatanería de quienes pretenden engañar a las masas, declarando que la actual reforma se propondría “impedir o bloquear” las supuestas “conquistas” de la reforma de la Nueva Mayoría.[9] Dicha posición es la que defiende demagógicamente la burocracia sindical de la CUT y el PC. ¿Se proponen la lucha activa y frontal contra esta nueva ofensiva del capital contra los trabajadores y trabajadoras? De ninguna manera. Sus verdaderas intenciones son otras: buscan contener y cooptar el movimiento de masas, recomponer sus fuerzas para llegar de mejor forma a las próximas elecciones. Hoy vociferan y rasgan vestiduras, pero en el fondo sueñan con volver a sus exiguas cuotas de participación en un régimen político que se desmorona día a día. El año 2015, en plena discusión de la reforma de Bachelet señalábamos: existe una concatenación histórica de los protagonistas y legitimadores de la profundización de la explotación del proletariado chileno, de los pueblos originarios y del medio ambiente; que se desarrolló a fines de los ’80, con respecto a quienes intentan hoy contener y someter al movimiento popular en alza, a la rebelión mapuche y sobre todo a la vanguardia proletaria.”[10] Hoy mantenemos dicha posición, seguimos denunciando tal concatenación y nos disponemos a combatir tales intentos de desviar a la clase trabajadora de sus objetivos más urgentes y realistas.

Objetivos de la reforma

¿Cuáles son los objetivos específicos de esta reforma?

Por una parte, como continuidad de la reforma anterior, se propone destrabar algunos problemas que ha generado a los patrones la implementación de dicha normativa y avanzar en la profundización de los principios fundamentales que rigen las relaciones laborales en Chile desde la implementación del Plan Laboral en dictadura. Específicamente, se ha anunciado que las modificaciones tendrán su foco en la regularización de los grupos negociadores, fortalecimiento de los servicios mínimos, en la regulación de la negociación colectiva, y modificaciones a la normativa que regula la indemnización por años de servicio.

Uno de los principales argumentos de los apologistas de la reforma de Bachelet, es que ésta supuestamente “mejoraba” parcialmente la situación de los trabajadores (esto a condición, claro está, de abandonar cualquier intento de tocar los pilares del Plan Laboral impuesto en dictadura; además de criminalizar la huelga y todo tipo de manifestación que no se ciñera estrictamente a la legalidad burguesa, etc, etc.). Una de estas “mejoras concretas” estaba en el hecho de que la reforma supuestamente vendría a establecer el principio de la titularidad sindical, “fortaleciendo” de este modo a los sindicatos. A poco andar, las ilusiones se esfumaron cuando el Tribunal Constitucional declaró la inconstitucionalidad de dicha regulación (2016), abriendo la puerta de este modo a la existencia de grupos negociadores paralelos a los sindicatos, quedando la regulación de esta situación de hecho en manos de la Dirección del Trabajo.[11] Esta situación es la que el gobierno se propone regularizar en esta pasada, legalizando la existencia de grupos negociadores y reconociendo legalmente su derecho a la negociación colectiva, consagrando de esta forma un nuevo golpe a los derechos sindicales de los trabajadores en Chile y debilitando aún más a los sindicatos.

Otra de las grandes aberraciones consagradas en la reforma de Bachelet, es la noción de “servicios mínimos” que los trabajadores se encuentran obligados a prestar en caso de huelga a la empresa con el objeto de proteger el patrimonio de ésta del menoscabo que pueda sufrir… ¡por la propia huelga!. Este tipo de principios establecidos en la legislación vigente nos dan cuenta de hasta qué punto las leyes laborales de nuestro país se encuentran a la vanguardia mundial en lo que respecta a asegurar tasas de superexplotación de la mano de obra asalariada. Combatiendo la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, los capitalistas llevan a cabo su cruzada global por hacer caer los salarios. Mediante el impulso de amplias masas proletarias a la desocupación (con su corolario de crisis humanitarias, hambre, enfermedades y fuertes olas migratorias huyendo de la miseria, la crisis y la guerra) el capital busca depreciar los salarios dotándose de un fuerte “ejército de reserva”. En forma complementaria, el capital declara una guerra abierta a los sindicatos, los instrumentos más importantes con que los trabajadores procuran mantener o mejorar sus condiciones bajo la producción capitalista, principalmente a través de la huelga. En palabras de Nicolás Monckeberg los “Cambios a la reforma laboral apuntarán a evitar que una huelga se transforme en una paralización de la empresa”, es decir, el gobierno apuntará a fortalecer los servicios mínimos, aumentando las exigencias a los trabajadores que decidan iniciar una huelga para reducir completamente su carácter esencial de medida de fuerza, con la finalidad de acabar con este importante método de lucha de la clase proletaria. Dichas son las exigencias de los grandes bancos por ejemplo, que han sido pioneros, a través de la judicialización de esta problemática, en exigir mayor una regulación legal que les beneficie a ellos en desmedro de los sindicatos. Respecto de los grupos negociadores, Monckeberg no puede ser más claro: “personalmente creo que el trabajador debe ejercer ese derecho a través de un sindicato por distintas razones, pero si decide no hacerlo, tiene todo el derecho a ejercerlo a través de un grupo o convenio colectivo, porque tiene que ser reconocido con plena validez.”[12] También en lo referente a la negociación colectiva, la reforma apuntará a fortalecer aún más la posición de la empresa al momento de negociar, fortaleciendo sus atribuciones para realizar las denominadas “adecuaciones necesarias”, es decir, la posibilidad de adecuar las funciones y contratos de quienes no son parte del sindicato (que en caso de huelga continúan laborando) como forma de reducir el impacto de la huelga, y con esto, perjudicar la medida de presión de los trabajadores.

Según declaraciones emanadas por el propio gobierno el día 22 de Noviembre, la reforma incluiría además modificaciones a la indemnización por años de servicio.[13] Dicha normativa, instaurada en dictadura y consagrada en el art. 163 de Código del Trabajo restringió este derecho fundamental de los trabajadores, imponiendo un tope de 11 años a la indemnización (anterior a esto, las indemnizaciones no tenían tope de años). El objetivo del gobierno en esta pasada es reducir aún más dicho límite, entregando mayores facilidades a los empresarios para despedir trabajadores, con el objeto de reducir los costos de la mano de obra asalariada. La ofensiva del capital contra el trabajo no se detiene. En el terreno ideológico, los portavoces más serviles del gran capital ya comienzan a allanar el camino para esta iniciativa. Señala El Mercurio en su Editorial del 28 de Noviembre, que la indemnización por año de servicio es “perjudicial para el buen funcionamiento del mercado laboral[14]. Frente a la “rigidez” del sistema actual, el empresariado propone que puedan pactarse “libremente” modificaciones en la relación laboral entre trabajadores y empresa. ¿Libertad al servicio de quién?  En un escenario de combate sin tregua a la huelga y al sindicato; de represión brutal frente a cualquier atisbo de organización y resistencia por parte de la clase asalariada a la progresiva pulverización de sus organismos para la defensa corporativa, sólo cabe una libertad posible: La de los patrones para despedir libremente, despojándose de este modo de otro de los lastres con que se vieron obligados a cargar desde tiempos en que la lucha de clases ofrecía condiciones más auspiciosas para la resistencia corporativa de la clase trabajadora.

Por otra parte, la reforma de “modernización” busca adecuar las relaciones laborales vigentes en Chile a las nuevas necesidades que genera el proceso mundial de desarrollo del capitalismo, proceso que, como señalábamos más arriba, se ha caracterizado durante las últimas décadas por una renovación profunda de la base tecnológica (con su corolario de precarización laboral),[15] una tendencia creciente a la deslocalización y la automatización de los procesos productivos, la integración de flujos de mercancía globales y una colosal proletarización sin precedentes en la historia de la humanidad. Dichas tendencias exigen a la burguesía igualar las condiciones de explotación de la clase trabajadora mundial. Desde esta perspectiva, queda claro que la reforma de “modernización” laboral está lejos de representar una “iniciativa” particular del gobierno de turno o de algún grupo u organización empresarial específicos. Surge más bien de la correlación de fuerzas de la lucha de clases internacional, del proceso de “mundialización” capitalista que hoy tensiona las contradicciones de clases en cada rincón del globo. Es en esta línea que deben ser leídos los proyectos e iniciativas de Estatuto Laboral Juvenil, Regulación del Teletrabajo o trabajo a distancia, modificaciones en la legislación laboral para adultos mayores, proyecto de sala cuna universal, etc., iniciativas que están en sintonía con las exigencias de organizaciones al servicio del capital tales como el FMI, el Banco mundial y la OCDE.

¿Cómo enfrentamos esta nueva ofensiva?

Según indicadores del INE dados a conocer el 30 de Noviembre, la tasa de desocupación en nuestro país es de un 7,1% (trimestre Agosto-Octubre), muy lejos de las promesas de campaña y los ya tristemente célebres “tiempos mejores”. Sumado a esto, el gobierno ha demostrado que no sólo es incapaz de crear nuevos empleos para eliminar la cesantía, sino que incluso impulsa una oleada de desvinculaciones masivas en el sector público, existiendo hasta el momento mas de 2000 funcionarios y funcionarias públicos arbitrariamente despedidos.

De esta forma el Estado termina un año caracterizado por el cierre de numerosas empresas e industrias, situación que impactó fuertemente las condiciones de vida de miles de familias trabajadoras. Sumado a lo anterior, no podemos obviar el hecho de que la profundización de la contrainsurgencia es otra de las medidas con que el régimen materializa la ofensiva. Durante las últimas semanas hemos visto cómo la brutal represión se intensifica: Ya sea en los levantamientos de Quintero y Puchuncaví, en que resultara asesinado por oscuras fuerzas al servicio del gran capital nuestro hermano de clase Alejando Castro, dirigente social y sindical; o en la lucha de liberación del hermano pueblo Mapuche, en que resultara asesinado el joven Weichafe Camilo Catrillanca; o la dura represión a la justa lucha de los portuarios en Valparaíso, quienes junto con resistir firmemente el asedio de las fuerzas policiales, han debido enfrentar el intento de secuestro y amenazas de muerte a sus dirigentes. Esto sólo por nombrar algunas situaciones que han ocurrido durante el último tiempo.

Frente a este escenario de ofensiva mundial del capital contra el trabajo, es importante que como organizaciones de izquierda revolucionaria debatamos y reflexionemos respecto de la problemática de la organización de la clase trabajadora y sus perspectivas en la actualidad.

Históricamente, incluso en aquellas épocas de mayor dolor y represión, la clase trabajadora busca los cauces para desarrollar su tendencia hacia la unidad, hacia la homogeneidad organizativa. Las formas en que las masas han llevado a cabo dicha labor de unidad son variadas y responden a las características específicas con que cada coyuntura histórica ha desafiado la creatividad de los pueblos. La labor fundamental de las organizaciones revolucionarias ha consistido en descubrir dichas formas, identificar dichas tendencias, sobre la base del estrecho contacto con las grandes masas. Sólo desde allí es posible diseñar una táctica adecuada para cada período. La realidad histórica también nos muestra que en el proceso en que se desarrolla esta tendencia hacia la unidad organizativa, la clase trabajadora debe enfrentar una serie de trabas ideológicas que intentan desviarle de sus objetivos históricos. Una de estas ideologías es el sindicalismo. Para el sindicalismo, la lucha corporativa de la clase obrera, su lucha sindical, representa el centro de gravedad y el requisito fundamental para su constitución como fuerza política. Los sindicatos, las federaciones y las centrales sindicales son vistas como las necesidades principales, ya no para la resistencia corporativa y la defensa del nivel de vida de las grandes masas en las condiciones de la producción capitalista, sino para la lucha revolucionaria y para derribar el poder político de la burguesía. Dicho absurdo (producto del carácter idealista del sindicalismo) conduce precisamente a fortalecer el poder político de la burguesía, desde el momento en que promueve la falsa idea de que el terreno más importante para dirimir el conflicto de clases y construir el poder revolucionario del proletariado es el de la lucha sindical; terreno que, como señalábamos más arriba, se encuentra dominado por el enemigo en las actuales condiciones de ofensiva del capital contra el trabajo. Los sindicatos son organizaciones importantísimas; las y los revolucionarios no podemos restarnos de aprovechar su condición de plataforma útil para la organización de masas. Debemos intervenir en su seno, dotándoles de métodos clasistas y disputando nuestras posiciones al interior de éstos. Pero debemos comprender que se trata de organizaciones fuertemente limitadas, por su propio origen, como por sus condiciones de desarrollo. La realidad actual nos muestra que el capital ha decidido asestar nuevos golpes a la organización y derechos sindicales de la clase trabajadora. A través de la acción estatal, la burocracia sindical y la política de contrainsurgencia, la burguesía ha transformado en todo el mundo lo que ayer fueron importantes centrales sindicales en fantasmas inconsistentes. ¿Ha logrado detener de esta forma la lucha de clases del proletariado? De ninguna manera. El ejemplo de Francia en la actualidad es ilustrativo de dicha situación. Como ya ha ocurrido en otros períodos (como en los regímenes fascistas por ejemplo), la organización de la clase trabajadora se manifiesta, su conciencia se desarrolla, su tendencia a la unidad reaparece, pero éstas ya no se expresan en el sindicato. En estas condiciones, para la organización revolucionaria lo fundamental no está en crear nuevos sindicatos ni nuevas centrales sindicales, sino en lograr que dicho espíritu de clase se transforme en una fuerza política independiente, que se condense en el proceso de construcción y fortalecimiento del partido revolucionario de las y los trabajadores; proceso en que,  parafraseando a Gramsci, la pura resistencia corporativa, se vuelve pura resistencia política[16].

Como nuestra intención es abrir un debate, para finalizar quisiéramos dejar planteadas algunas interrogantes que serán desarrolladas en próximos documentos y que a la luz de éste análisis invitan a reflexionar.

¿Cómo nos proponemos estar en contacto con las grandes masas proletarias, para empaparnos de sus necesidades, para recoger y concretar su voluntad, para ayudar al proceso de desarrollo de su conciencia?

¿Cuáles son las tareas fundamentales para los/as revolucionarios/as en la actual coyuntura de profundización de la ofensiva del capital contra la organización y derechos sindicales?

¿De qué forma incorporamos nuevas formas de organización, que respondan a las necesidades de lucha de nuevos sectores excluidos del tradicional esquema de sindicatos/ federaciones/ centrales sindicales?

Dirección Nacional

Trabajadores al Poder

 

[1]          http://www.elmercurio.com/Inversiones/Noticias/Analisis/2018/09/27/The-Economist-como-sacar-a-Chile-de-la-trampa-de-ingresos-medios.aspx (Traducción).

[2]          http://impresa.elmercurio.com/pages/newsdetail.aspx?dt=2018-10-14&PaginaId=3&BodyID=1 Editorial “Medidas para potenciar el crecimiento” de el Mercurio, Domingo 14 de Octubre, da cuenta de una buena síntesis de esta posición y de la sensación de que “es el momento” de agilizar su implementación.

[3]          http://unicasolucionrevolucion.blogspot.com/2014/12/situacion-politica-nacional-e.html

[4]          Sweezy, Paul M. Teoría del desarrollo capitalista.

[5]          https://www.eldinamo.cl/nacional/2018/08/31/presidente-sebastian-pinera-anuncia-que-la-reforma-laboral-esta-lista/

[6]          https://ellibero.cl/actualidad/dialogo-con-academicos-e-instalacion-de-una-mesa-social-la-estrategia-del-gobierno-ad-portas-de-la-reforma-laboral/

[7]          https://www.latercera.com/politica/noticia/diputados-udi-cuestionan-demora-reforma-laboral/341222/

[8]          https://diariovenceremos.cl/2018/05/10/repost-tp-apuntes-para-la-caracterizacion-del-actual-gobierno/

[9]          http://www.elsiglo.cl/2018/09/02/gobierno-arquitectura-de-precarizacion-laboral/

[10]        http://unicasolucionrevolucion.blogspot.com/2015/02/la-reforma-laboral-de-luksic-y-bachelet_30.html

[11]        https://www.latercera.com/pulso/noticia/dt-reconoce-grupos-negociacion-colectiva/260955/ Luego del controvertido dictamen del Director del Trabajo que otorgaba a estos grupos negociadores la posibilidad de negociar colectivamente, el problema se judicializó y se está a la espera del pronunciamiento de la Corte Suprema luego de que la Corte de Apelaciones cuestionara la legalidad de dicho dictamen y lo dejara sin efecto. Esta situación es la que el gobierno busca superar, dándole rango legal a la existencia de dichos grupos.

[12]        https://www.latercera.com/pulso/noticia/nicolas-monckeberg-cambios-la-reforma-laboral-apuntaran-evitar-una-huelga-se-transforme-una-paralizacion/181144/

[13]            https://www.emol.com/noticias/Economia/2018/11/22/928333/Gobierno-confirma-que-trabaja-en-cambios-a-indemnizacion-por-anos-de-servicio.html

[14]            https://www.elmercurio.com/blogs/2018/11/28/65183/Propuestas-laborales-del-Gobierno.aspx Editorial: “Propuestas Laborales del Gobierno”.

[15]        https://diariovenceremos.cl/2018/08/29/tp-apuntes-sobre-situacion-politica-internacional-sipoin/

[16]           “El partido Comunista y los Sindicatos”. A. Gramsci.  Dicho documento da cuenta de una polémica desde el marxismo revolucionario contra el reformismo y el sindicalismo, en un período de gran dificultad para la organización de la clase obrera, como lo fue el ascenso del fascismo y los primeros años del régimen de Mussolini.

One thought on “TP | Reforma laboral de Piñera: ¡De la resistencia corporativa a la resistencia política del pueblo! Deje un comentario

  1. Contundente análisis, plantea grandes desafíos, y realiza profundos emplazamientos a la izquierda que sigue en las lógicas de los años 50 del siglo pasado.

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