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Editorial | Regional: Brasil, un espiral de decadencia

Una ola corrupta arrasa con Brasil, y la ultra derecha, reaccionaria (racista y machista) está a punto de gobernar. Así lo demuestran las recientes encuestas que señalan por primera vez a Haddad (candidato del Partido de los Trabajadores) con las mayores cifras de rechazo.   No obstante, la violencia criminal, la crisis económica, la pobreza, los femicidios, y una de las más alta tasas de violencia y desigualdad en la región es ayer y hoy una constante, la que indudablemente caracteriza la situación política del país más grande de la región.

Frente a lo anterior es necesario plantear, ¿Qué es Brasil hoy?  Una pregunta que pareciera simple, pero que cabe de una inmensa reflexión, y discusión desde nuestras filas, desde nuestro pueblo y de todo el continente.

Partamos por enumerar algunas de las contradicciones que ha tenido que vivir el país el último tiempo: Comencemos por preguntarnos ¿Cómo es posible que un ex presidente del Partido de los trabajadores, un destacado político sindicalista esté encarcelado?, ¿Cómo es posible que Dilma, quien fuera la gobernante siguiente del mismo partido, haya sido destituida de su cargo por denuncias de corrupción? Las respuestas son múltiples, sin embargo, la crisis integral del capitalismo que vivimos actualmente proporciona la mayor cantidad de elementos posibles a la hora de plantear la presente reflexión.

En la historia reciente del Brasil, por años gobernó el Partido de los Trabajadores, un partido de la llamada “Izquierda Progresista”, quien en sus primeros años de bonanza económica se vanaglorio con la disminución de las cifras de pobreza y las mayores oportunidades de vivienda y derechos sociales, mientras que, paralelamente se impulsaba y perfeccionaba el dominio del modelo Neoliberal, y, se le metía la mano en el bolsillo descaradamente al pueblo brasileño. Sin embargo, el remezón de la crisis, significo recortes sociales, fricciones al interior del bloque en el poder y la denuncia de múltiples casos de corrupción, que volvieron a instalar en las portadas de la prensa internacional la peor cara de Brasil.  En consecuencia, una vez instalada la crisis, la violencia, la delincuencia y el narcotráfico se multiplico en las favelas, mientras que la violencia machista, el desempleo y la miseria siguió en escalada, la corrupción golpeo transversalmente la política y a las grandes empresas acumulando una ola de descontento en todo el país en la antesala  del mundial que aglutino históricas y multitudinarias manifestaciones que perduraron logrando frenar la reforma laboral e instalaron a los militares en las calles. Vale decir, una manifestación de la crisis en distintos ejes y niveles, con dimensiones diferentes de violencia, pero siempre constante y en alza.

Ahora bien, actualmente gobierna Temer con cifras históricas de desaprobación y enlodado junto a miembros de su Gobierno por casos de corrupción, mientras la fuerza coercitiva del Estado se encuentra intacta, la crisis de legitimidad  de los partidos e instituciones nos parecieran mostrar una Democracia y un Estado burgués en completa descomposición, donde  nadie se salva, y la aprobación de los partidos tradicionales está por los suelos, en este sentido no es extraño observar el fenómeno Bolsonaro con su candidatura homofóbica, racista y machista erguirse con la victoria de la primera vuelta (con un 49% de los votos ) en las elecciones recientes, pues el candidato que ha desarrollado un discurso conservador, pese al intento desde la decadente izquierda progresista Latinoamérica y la convicción de miles de mujeres marchando por las calles de Brasil en más de 60 ciudades con la consigna “Él No(#ELENAO)”, el particular candidato no deja de bajar en las encuestas y todo pareciera que se transformará en el próximo presidente.

En este sentido, la realidad está sujeta a describir que en Brasil los gobernantes precedentes y sucesores del país “carnavalero”, del país más grande de la región hoy están repleto de contradicciones, a espejo y a semejanzas de los países fronterizos. La clase trabajadora y el pueblo en América Latina carga sobre sus hombros las consecuencias de la crisis Capitalista, siendo azotado por los recortes sociales, la baja del salario, el desempleo y el impulso de reformas laborales y de pensiones que apuntan a exacerbar la explotación.

En síntesis, Jair Bolsonaro imprime la imagen de la significación histórica de la profundidad de la crisis, en este sentido, pareciera ser que, como hemos dicho, la democracia y el desarrollo económico ya no son suficientes para aumentar la explotación (las tasas de ganancia), por tanto, es una necesidad histórica del capitalismo (del imperialismo) una radicalización “neofascista” de la sociedad, las instituciones y el poder para acrecentar las tasas de ganancia y acelerar la acumulación, es decir, mantener en una constante el desate de la crisis.

Esto traerá grandes consecuencias, porque, por otro lado, tenemos la profundización y ampliación de las fuerzas productivas, la implementación de la tecnología y la automatización, que darán –y está dando- como consecuencia mayor explotación y devastación de la naturaleza. Mientras que, por otra parte, el fenómeno de los nacionalismos, de los MSP, de los Bolsonaros, será coherente con el momento histórico de estancamiento de la tasa de ganancia, crisis inter-imperialista y la necesidad de dotar una salida para aumentar las condiciones de acumulación Capitalista que permitan a la burguesía mundial salir de la crisis. Parece ser que todo se enrumba hacia la salida reaccionaria, es decir, el desate de la guerra burguesa, no obstante, los revolucionarios/as debemos salir a plantear sin temor a la humanidad que la salida correcta a las condiciones históricas actuales hoy más que nunca es: Socialismo o Barbarie.

 

Editorial DV.

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