Editorial | Plan Araucanía: ¿Paz, identidad y desarrollo?

La realidad histórica dentro de la cual se ha establecido la relación del Estado de Chile y el pueblo Mapuche, ha oscilado en distintos ciclos de violencia, con intensidades profundas y no tan profundas, pero que ha sido constante desde la mal llamada -pacificación de la Araucanía-, hasta el anuncio con bombos y platillos del Plan Impulsa Araucanía del pasado lunes que no es más que una serie de pastillas que no controlan los síntomas de la crisis integral. Es a través de la guerra, asesinato, tortura y persecución política, y el despojo de las tierras, que el Estado de Chile se hizo del control de la tierra del pueblo Mapuche, colocándola de manera dócil a las grandes economías mundiales, ya que, para sobrevivir, el Estado de Chile debe a partir de las materias primas, entrar a competir en las cadenas productivas mundiales de exportación, para construir el falso relato de estabilidad económica que siempre ha acompañado a este país. Hoy opera la misma lógica de exportación de insumos básicos, pero en un abanico más amplio de productos, lo que suscita una explosión violenta de depredación sobre la naturaleza.

Lo anterior, nos lleva a plantear que, la relación comercial entre los países exportadores de materias primas y los países industriales ha estado fundada bajo un intercambio desigual, esto explica que las naciones desfavorecidas deban ceder gratuitamente parte del valor que producen, y que esta cesión o transferencia se acentúe en favor de aquel que le vende mercancías a un precio de producción más barato, en virtud de su mayor productividad. Por lo tanto, es la condición histórica de debilidad de las naciones dependientes, como la chilena, que ha permitido el abuso sobre ellas, y, por otra parte, es consecuencia del deterioro comercial vinculado a la crisis que hace que las economías dependientes se vean forzadas en producir en mayor escala, para contrarrestar un escenario de baja de las tasas de ganancia.

Para contrarrestar esta situación descrita anteriormente la burguesía autóctona debe necesariamente echar mano a una mayor explotación del trabajo, en efecto, más que en la industria fabril, donde un aumento de trabajo implica un mayor gasto de materias primas, en la industria extractiva y en la agricultura el efecto del aumento de trabajo sobre los elementos del capital constante son mucho menos sensibles, es decir, a través de la acción simple del ser humano sobre la naturaleza, se logra incrementar la riqueza sin un capital adicional. De esta manera podemos acercarnos a entender el violento proceso de profundización del capitalismo en Chile, que ha significado la expansión de la industria extractivista y sus respectivas consecuencias sobre los territorios y sus comunidades.

En este marco, la burguesía autóctona, no puede tolerar que la región de la Araucanía no esté en absoluta merced de sus intereses, es más, le preocupa significativamente el clima de ingobernabilidad que tiene como consecuencia ser la región con menor inversión del país. En este contexto, ha decidido agudizar la guerra contra el pueblo Mapuche, por medio de “Plan Impulsa Araucanía”, que tiene como objetivos generales: “Voluntad de diálogo, acuerdo y búsqueda de paz”, “Reconocimiento y valoración de nuestra diversidad” y “Desarrollo integral e inclusivo para la región”. Al margen de la verborrea descrita anteriormente, lo concreto, es que esta medida, por un lado propicia el interés de seguir dando continuidad a las iniciativas de los gobiernos anteriores relacionados con la ocupación militarizada del territorio, y, paralelamente, avivar una serie de medidas de cooptación de las reivindicaciones y necesidades del pueblo Mapuche, llevando adelante una reforma para reconocer constitucionalmente los pueblos originarios y que tendría como medidas la creación de un ministerio de pueblos indígenas, y, así, la posibilidad de reconocimiento constitucional, junto con elecciones de autoridades locales y parlamentarias del pueblo Mapuche, vale decir, haciendo extensivo el colonialismo en todos sus sentidos, ya que para el Estado de Chile, el pueblo Mapuche, siguen siendo los “indios del país”.

Durante esta semana dirigentes Mapuches y pescadores artesanales de la región de la Araucanía, congregados en Temuko, durante este miércoles, manifestaron su rechazo a la propuesta quemando de manera simbólica las hojas donde se explica el Plan Araucanía. Por otra parte, durante estos días, sectores Mapuche en lucha efectiva -Weicahn- han ejecutados acciones de resistencia contra camiones de la industria forestal, como lo sucedido en Contulmo en la madrugada del jueves.

Pero, más relevante aún, es el interés de transformar la Araucanía en potencia alimentaria, es decir, aumentar desde la zona exponencialmente la exportación de productos agrícolas, que se sumarían a las ya existentes industrias forestales y salmoneras. Colocando la guinda a la torta para un capitalismo violento y belicista en territorio Mapuche.

En la misma línea, se buscará fomentar las iniciativas productivas, incentivando la individualización de la tierra mediante títulos de dominio, el arriendo, sesiones de derecho y medianeras de uso de tierras que son propiedad del pueblo Mapuche por un tiempo de 25 años (entre ellas las otorgadas por la CONADI) y alianzas estratégicas con empresarios agrícolas de la zona. Se suma a estas medidas la posibilidad de instalar un puerto en Ninhue, que permita la exportación de los productos y que sirva como corredor bioceánico con Argentina, aprovechando las bajas alturas de la cordillera en la zona. También, la creación de liceos técnicos profesionales para el conjunto de medidas se estima la inversión de US$24 mil millones provenientes del Estado y el sector privado, a lo que se suma el aumento en un 35% del presupuesto anual para la región (que pasara de 600 millones a 940 millones de pesos).

Sin embargo, tenemos certeza, que el significado de inversión y desarrollo económico para las clases dominantes, significará para la clase trabajadora y el pueblo Mapuche mayor explotación, desarraigo y devastación del territorio. De lo anterior, si hay alguna duda, preguntemos a las comunidades de Freirina, Caimanes, Coronel, Petorca y al pueblo de Quintero. Por lo tanto, creemos que la lucha del pueblo Mapuche no logrará ser cooptada y el enfrentamiento seguirá agudizándose, prueba de aquello es la expansión del conflicto a nuevas zonas que abarcan desde Osorno a la provincia de Arauco y la intensificación de los ataques hacia las forestales, que preocupa al empresariado que ya ha comenzado a chillar por la lenta e ineficiente instalación del comando Jungla que fue preparado en Colombia y Estados unidos.

Reafirmamos la necesidad estratégica de luchar juntos como pueblos por suprimir las relaciones económicas basadas en la explotación Capitalista. No hay doble lectura, enfrentamos a un mismo enemigo que con su promesa de desarrollo solo trae explotación, devastación y miseria. En este sentido, creemos que el único camino posible es el asumido desde 1997 por las distintas Comunidades en Resistencia y las organizaciones de recuperación territorial como la Coordinadora Arauco Malleco (y sus Órganos de recuperación territorial), Weichan Aukan Mapu y Alianzas territorial, entre otras, que en palabras del libro “¡Xipamün Pu Ülka”  plantean, del Pu Lov y Comunidades de Lavkenche en Resistencia: ya que la apuesta política de nuestros Lov y Comunidades en Resistencia en este momento histórico es el Weichan (la lucha efectiva) pues hemos logrado pasar de la deslegitimización del Estado Capitalista en nuestros territorios, a una verdadera situación de ingobernabilidad de éste en algunos sectores del Wallmapu.[1]

A pocos días de saber qué pasará con los peñi José Tralcal, Luis Tralcal y José Peralino, siguen encarcelados el Machi Celestino Córdova, los hermanos Trangol Galindo y el Lonko Jones Huala, la izquierda revolucionaria debe asumir la responsabilidad histórica de verdaderamente ser un aliado para nuestro hermano pueblo Mapuche, de lo contrario, las condiciones se tornarán más adversas, pero siempre, manteniendo en el horizonte que la única necesidad del presente es cambiar todo lo que debe ser cambiado.

 

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