Crónica de Ruperto Concha|¿Seguimos a merced de políticos paleolíticos?

Por Ruperto Concha

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Estas últimas semanas llegaron cargadas de señales contradictorias que involucran a las más importantes figuras que supuestamente tienen el poder de controlar nuestro futuro, nuestro destino. Comenzó con la Cumbre del Grupo de los 7, en Canadá, a la que llegó el presidente Donald Trump “epatando a los burgueses”, con su propuesta de invitar a Rusia para reintegrarse al Grupo.

Los otros seis estaban tan irritados por las presiones económicas de Washington, que prefirieron empacarse en la rusofobia con tal de no darle en el gusto a Trump. Incluso el jefe de gobierno italiano, Giuseppe Conte, partidario de poner término a todas las sanciones contra Rusia, esta vez votó en contra de reinvitarla por obediencia sumisa a lo que quería Washington..

Bueno, la Cumbre de los 7 pasó con pena y sin gloria, y además sin haber tocado el tema esencial de la defensa del medio ambiente ante la polución, ante la explosión demográfica y ante el cambio climático.

Mucho más importante fue la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai, con participación de China, Rusia, la India, Paquistán y las naciones de Asia Central, además de Irán y Turquía en calidad de observadoras invitadas. Fuera de ello, participaron también como invitados representantes de las más grandes empresas industriales de Europa, incluyendo la giganta alemana Siemens, que ha cerrado tratos de inversiones y proyectos con más de un centenar de empresas chinas y rusas.

Allí, lo más interesante fue la interacción diplomática y estratégica de las dos naciones más grandes del planeta: China, con alrededor de 1.350 millones de habitantes, y la India con cerca de mil 100 millones… y ambas con larga historia de rivalidad por el predominio regional.

Realmente fue admirable y sorprendente el buen nivel de entendimiento mutuo y la búsqueda de resultados sin perdedores, que lograron esos dos gigantes.

En seguida vino el 12, en Singapur, la impredecible cumbre entre el jefe de gobierno de Corea del Norte, Kim Jong Un, y su colega estadounidense Donald Tump.

Es de no creer cómo los grandes políticos y estrategas de Estados Unidos no se dieron cuenta de que aquella cumbre, que culminó en una declaración de intenciones suscrita por ambos mandatarios, en realidad traía la fuerza de un compromiso internacional muy concreto, que ya el gobierno de Estados Unidos no puede desconocer: Se trata del punto tercero de la declaración que firmaron Kim y Trump, en que reafirman el compromiso suscrito el 27 de abril, por los presidentes Kim, de Corea del Norte, y Moon, de Corea del Sur, para la desnuclearización total de la Península de Corea. Tanto Corea del Norte como de Corea del Sur.

Al firmar esa declaración en Singapur, Washington reconoció la validez de la Declaración de Panmunjon, y, conforme a derecho, una vez que se ha reconocido algo, ya no se le puede desconocer después. O sea, Washington, al reconocer la Declaración del 27 de abril, aceptó que el documento firmado en Singapur es mucho más que una declaración de intenciones. Es, ni más ni menos que un acuerdo válido según el Derecho Internacional.

Y, oiga, esa Declaración de los gobiernos de las dos Coreas, junto con el tema de la desnuclearización y la desmilitarización de las dos Coreas, trae consigo la puesta en marcha del enlace ferroviario entre ambos estados, lo que, por supuesto, trae agregada la conexión de Corea del Sur con el Ferrocarril Transiberiano de Rusia, y con la Ruta de la Seda de China. O sea, deja a Corea del Sur con acceso directo a Europa y todos los mercados adyacentes. ¿Qué tal?

Así, pues, lo que está ocurriendo en Asia ya comenzó a repercutir en todo el resto del mundo. Por lo pronto, en Washington, Estados Unidos volvió a lanzarse con todo contra China intentando obligarla a aumentar sus compras de productos estadounidenses hasta equilibrar la balanza comercial entre ambos países.

El ataque de Washington comenzó con imponer impuestos a las importaciones chinas, llegando inicialmente a unos 50 mil millones de dólares, y anunciando que luego duplicará esas sanciones.

Pero esta vez China no está dispuesta a ceder. Por lo pronto, respondió con gravámenes a las importaciones desde Estados Unidos, por un monto también de 50 mil millones, centrándose en vehículos, productos agrícolas e insumos industriales. Por lo pronto, la soya de Estados Unidos quedó fuera de competencia con los productores latinoamericanos.

En tanto, en Europa, el gobierno de Noruega anunció que pedirá a Estados Unidos que aumente el número de sus tropas estacionadas en el país hasta alcanzar un número del orden de los mil “marines”. Por su parte, los miembros de la OTAN acordaron implementar 30 batallones de infantería y tanques, 30 escuadrones de aviones de combate y 30 buques de guerra, para protegerse de una eventual invasión de Rusia.

También Israel, inesperadamente, decidió enviar una compañía de paracaidistas a participar en las maniobras militares de la OTAN junto a la frontera con Rusia. Y eso en circunstancias de que la OTAN había declarado un par de días antes que no intervendrá en apoyo de Israel en la eventualidad de una guerra con Irán.

¿De dónde ha surgido ese pánico por un supuesto ataque militar de Rusia?… ¿Qué interés podría tener Rusia en invadir a Europa, en vez de hacer buenos negocios con ella?… Los hechos netos de este momento muestran la ridiculez y falsedad de tales anuncios. Las cifras netas, conocidas por la OTAN, muestran que esos temores no tienen base alguna. Fíjese Ud., el total de las fuerzas militares activas de Rusia es de 800 mil hombres. El de la OTAN es de 3 millones 600 mil hombres. Rusia dispone de 2.750 tanques. La OTAN dispone de 7.500 tanques. Rusia cuenta con 1.571 aviones de combate, la OTAN tiene 5.900. ¿Ve ud.?

De hecho, Rusia ha dejado perfectamente claro que no participará en ninguna acción militar que no sea en defensa propia o en defensa de sus aliados en términos de tratados militares de mutua defensa.

Asimismo, Rusia reiteró que ya tiene en función sus arsenales atómicos hipersónicos, capaces de aniquilar a cualquiera potencia que ataque al territorio ruso.

Realmente pareciera demencial la insistencia de inventar una posible invasión de Rusia contra Europa, en momentos en que hasta Suecia ya dio su conformidad para la puesta en marcha del ducto submarino Nord Stream 2, que duplicará la actual venta de gas natural de Rusia a Europa.

Pero, según analistas de estrategia, tanto de Occidente como de Rusia y China, hay dirigentes de la Unión Europea que temen el avance de importantes grupos políticos, incluyendo varios gobiernos, que están amenazando con la desintegración de la Unión Europea.

Así una intensa campaña del terror a una guerra inminente con Rusia, tendría el propósito de inducir a la población a apoyar a la OTAN, que, por otra parte, es sólo europea en un 20%. El 80% restante es de Estados Unidos.

Es decir, en esa perspectiva, los jefes políticos europeos, al igual que los de Estados Unidos y prácticamente todo el resto del mundo, en realidad están enfrentándose únicamente por ambición o necesidad de alcanzar posiciones de poder y control político y económico.

De hecho, al menos en el mundo occidental, las candidaturas y alianzas ya no se basan en propuestas programáticas o ideológicas. Se basan únicamente en movimientos estratégicos. En una aparente búsqueda del poder por el poder, como esos imaginarios jefazos armados de garrotes, del paleolítico prehistórico.

¿Pero, qué pasa con las bases ciudadanas? ¿Por qué la gente sigue eligiendo a esos paleolíticos?

Una respuesta harto deprimente la plantea un informe del Ragnar Risch Center de Investigación Económica, de Estados Unidos. Según ese informe, basado en tests de inteligencia, a partir de 1976 se viene detectando una disminución permanente del cociente intelectual de los jóvenes. Una disminución que es tan grave que sobrepasa el 7% en el cociente en cada generación.

Según ese informe, los jóvenes que en 1971 promediaban un cociente intelectual de 110, fueron reemplazados ahora por otros jóvenes que promediarían alrededor de 94. O sea, un nivel de lo que llamamos retraso mental leve.

Los investigadores enfatizan que no se ha detectado ninguna causa biológica de esa disminución de la inteligencia de los jóvenes. Más bien dicen que hay indicios de que la actividad mental de los jóvenes ha dejado de ser suficientemente entrenada y estimulada, en gran medida por el reemplazo de la lectura por la pasividad ante una pantalla de TV, o un computador o un teléfono celular.

Asimismo, los jóvenes se ven permanentemente sometidos a insistentes mensajes publicitarios que intentan inducirlos a asumir conductas infantiles, a portarse como niñitos, unos niñitos crecidos, pero, en fin, y para los que la alegría y la felicidad aparecen como simples estados de euforia estridentes, próximos a la histeria.

Así, sucesivas generaciones mostrarían un alto porcentaje de jóvenes notoriamente disminuidos y con baja capacidad de comprensión de los hechos más allá de límites casi infantiles.

En contraste, otros países como China y la India, donde la educación es fuertemente disciplinaria y basada en la lectura y el análisis, el crecimiento anual de jóvenes egresados de carreras científicas y de alta tecnología, está superando el 300% anual, mientras que en Estados Unidos y Europa llega apenas al 30%.

Y ese preocupante fenómeno está también siendo estudiado en otra perspectiva dramática. La del desastre del medio ambiente y el cambio climático.

El jueves pasado se dio a conocer un angustioso informe sobre el derretimiento de los hielos en la Antártica. Según observaciones de la NASA, el proceso de deshielo de la Antártica comenzó a acelerarse en los últimos cinco años, hasta triplicar los millones de toneladas de hielo que se desprenden y son arrastrados como enormes témpanos que terminan fundiéndose en el mar.

Hasta hace pocos años existía información errónea que negaba el derretimiento de los hielos antárticos, hasta que las nuevas observaciones satelitales mostraron que el deshielo antártico parece ser incluso más acelerado que el que está experimentando Groenlandia y el resto del Ártico.

El fenómeno está alterando el curso de las corrientes oceánicas y de los vientos, acentuando el cambio climático con zonas de mucho frío frente a otras de calores insoportables.

Asimismo, el cambio climático, unido a la polución ácida del agua de mar, a la repugnante acumulación de millones de toneladas de basuras de plástico, y a la abrumadora sobre-explotación de las pesquerías, están produciendo nuevas zonas muertas, completamente desprovistas de vida, y, en general, con una angustiosa falta de alimento para la fauna marina.

En España y en Tailandia han varado ballenas agonizantes por comer bolsas de plástico que podían confundirse con medusas y que los hambrientos cetáceos ingerían a falta de otra cosa.

Por otra parte, la muerte de insectos valiosos en la cadena de interrelaciones de la vida natural, ya se estima en 3 cuartas partes de la población. En Alemania, la masa de insectos censados el año pasado había disminuido en un 60%. Y las abejas, tanto domésticas como silvestres, han muerto ya en más de un 40%.

El análisis de los efectos de esta destrucción de los seres vivos y del medio ambiente que hace posible la vida, ha llevado a que más de 15 mil hombres de ciencia de todo el mundo estén lanzando un llamamiento, una alerta a la humanidad, ante una catástrofe cada vez más inminente, y que en pocos años más puede llevar a la muerte del 70% de la humanidad.

El documento se llama Advertencia a la Humanidad de los científicos del mundo. Ud puede encontrarlo en Internet.

Pero, ¿cómo es posible que tanta gente común, madres y padres de familia, hijas e hijos grandes, sigan como narcotizados, sin responder al llamado de defensa contra la catástrofe?

¿Cómo es posible que en Chile el Presidente de la República haya hecho un llamamiento a acelerar todavía más la explosión demográfica, y se haya atrevido a calificar la planificación familiar como si fuese una enfermedad social?

La respuesta, según ya numerosos médicos y psicólogos, se encuentra en que un sector enorme de la población está sumido en un estado mental ilusorio, que prefiere negar la realidad y empeñarse en creer que todo está bien. Y eso, porque desde la niñez los han venido impregnado de miedo, de culpa y de negación de la realidad tal como es.

El médico y filósofo francés Jean Rostand, dijo, con mucho sentido el humor, que la inteligencia parece ser el don de la naturaleza mejor distribuido, ya que no hay nadie que se queje de que le haya tocado muy poquita.

Hasta la próxima, gente amiga. Hay que cuidarse. Hay peligro y falta gente con inteligencia y coraje.

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