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La huelga de un millón de camioneros explota la ‘bomba’ brasileña y los estragos alcanzan a sus vecinos

Ha bastado una semana de huelga obrera de camioneros para poner a Brasil patas arriba e inmediatamente después le ha tocado el turno a sus vecinos latinoamericanos, que empiezan a lamentarse y hablan de cuantiosas pérdidas, exponiendo unas cifras millonarias que nadie es capaz de explicar de dónde salen (ni tampoco quién es el que pierde, naturalmente).

A la prensa latinoamericana se la nota rebotada, especialmente al infame BAE (Buenos Aires Económico) que recurren al tópico: los hospitales no pueden atender a los enfermos por culpa del desabastecimiento que causan los camioneros (*).

Ya ven: a los oligarcas argentinos les preocupa la atención de los enfermos en los hospitales brasileños. Naturalmente que también les preocupa el aumento de los precios en los alimentos de primera necesidad, como las patatas. “13 aeropuertos sin combustible para abastecer los aviones”, añade BAE. Las fábricas se paralizan porque los obreros no llegan a ocupar sus puestos de trabajo por falta de transporte.

La movilización se extiende como la gangrena: “En la mayor aduana del Mercosur –Uruguayana y Paso de los Libres– la situación es por demás preocupante: Tanto la llegada a la aduana de Brasil como la salida de ella, se encuentran bloqueadas, por lo que está interrumpido el flujo comercial entre Brasil y Argentina”, dice BAE.

Los accesos de los principales puertos de Brasil también están bloqueados, por lo que la carga que llega a los mismos se acumula en la zona primaria aduanera, generando importantes sobre costos para las empresas importadoras.

Siguen las lamentaciones: algunas ciudades, incluyendo San Pablo, decretaron estado de emergencia, y algunas otras, como Uruguayana, decreto estado de Calamidad Pública del Municipio. Ayer domingo Minas Gerais, entre otras ciudades capitales, suspendió el transporte para tener combustible y poder poner hoy en marcha los autobuses.

El portugués la palabra “bomba” designa al surtidor de gasolina pero, a pesar de que la huelga tuvo su origen en el precio del combustible, dice BAE, la verdadera “bomba” es la que se inicia en un gobierno y le explota al siguiente. Lo que quiere decir este medio infame es que la culpa de la huelga no está en el gobierno golpista de Temer, como parece a simple vista, sino en el anterior de Dilma Rousseff, al que califica como “populista”.

Durante 2013 y hasta el primer trimestre del año 2014, la economía brasileña se mostraba en franco crecimiento y se observaba un importante aumento en la demanda de transporte terrestre, merced de la expansión del consumo.

El gobierno de Rousseff había abrió líneas de crédito fácil y barato para el sector y tanto las empresas de transporte como los camioneros autónomos invirtieron como nunca en la renovación de la flota.

A mediados de 2014 los indicadores macroeconómicos comenzaron a mostrar otra realidad. La economía comenzó a detenerse y la demanda por transportes también.

Para frenar la inflación, el gobierno Dilma Rousseff adoptó dos medidas que están en el origen de la huelga: aumentó la tasa de interés de referencia y congeló el precio de los combustibles.

La población, sobre todo de bajos recursos, festejó la medida. Los derivados del petróleo que produce Petrobras, resultaban más baratos para los brasileños que cargaban nafta en las “bombas” de las estaciones de servicio. Lo mismo ocurría con el gasoil para los camioneros.

Petrobras, entonces, compraba combustible en el exterior a un precio mayor que el precio al que lo vendía localmente pero este cóctel populista debía durar por lo menos hasta después de las elecciones. La petrolera tuvo el primer año de pérdidas desde 1995.

Tras las elecciones aumentó el precio de la nafta y del gasoil, y con una economía que tuvo su primer año de caída de la actividad, el volumen de transporte se redujo. Los camioneros estaban endeudados y con poca actividad.

Pero en la etapa actual las crisis capitalistas nunca tienen fondo. Aumentó el precio del petróleo, aumentó el cambio con el dólar Petrobras aumentó le precio de los combustibles, que solo en el mes de mayo supero el 12 por ciento. “Explotó la bomba”, dice BAE.

Además los camioneros son insaciables. Aunque Petrobras bajó el precio del gasoil un 10 por ciento, a costa de pérdidas de 13.300 millones de dólares en un único día, la huelga continuó. Incluso continuó a pesar de que el jueves el gobierno y cuatro sindicatos de camioneros firmaron “una tregua”.

Los camioneros no hacen caso a nadie; ni siquiera a sus propios “representantes”. Siguen cortando las carreteras, impidiendo el abastecimiento y cerrando las entradas a los puertos y aeropuertos.

Lo peor de todo es que da igual lo que haga el gobierno de Temer, concluye BAE: hay otra bomba que explotará a partir del 1 de enero del 2019 cuando un nuevo presidente asuma las riendas de Brasil. “Las bombas hay que desarmarlas en el momento en que son detectadas porque al explotar, el daño siempre será mayor”.

FUENTE: Diario Octubre

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