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Opinión | Nacionalismo: el mito republicano de Chile

Estos últimos meses, semanas y días, hemos visto como a nivel nacional se han levantado las banderas del nacionalismo fuertemente, o bien, lo elementos que se encuentran ligado a ella. El nacionalismo chileno encuentra eco hoy en los sectores populares, además de las organizaciones “fascistas” que han aparecidos y que utilizan el nacionalismo como  discurso para instalar sus ideas, y en concreto la Élite chilena que utiliza el nacionalismo como discurso de unidad y consenso.

Es importante plantear la discusión, o abrir el debate entorno a estos temas, pues día a día son más la noticias que aparecen  hablando de actos xenofóbicos, racistas y los supuestos aires de superioridad ante la gran masa de migrantes en nuestro país que tiene una sector de la sociedad chilena. Este articulo de opinión, no busca ser una mera respuesta, sino que busca entender hasta que punto se encuentra afincado, y de qué forma, el nacionalismo en el ADN de los chilenos. No obstante, nos atrevemos a señalar que la base histórica se encuentra en la “Guerra del Salitre” que es más actual que nunca en sus consecuencias y en la conciencia de las masas.

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Pues resulta que por un lado, el conflicto actual con Bolivia y el Mar tiene elementos históricos que provocan unidad y una reacción inconsciente en las masas de su defensa de la patria y de quienes dieron la vida por ella. La guerra del Pacífico rememora una especie de pasado mitológico, que en realidad nunca ha sido tan entendido en su profundidad, pero que cataliza las “voluntades nacionales” cohesionado en un todo, la patria.

Ahora bien, el nacionalismo se sostienen siempre en la búsqueda de un pasado legendario que logre exaltar la noción de una identidad o entidad soberana, es la búsqueda del mito que pueda sostener la unidad y el consenso nacional en momentos de crisis y cambios. Así, en Europa, por ejemplo, este sentimiento se sustentó en el pasado medieval de las naciones, apoyado por el romanticismo, miraban y buscaban su pasado legendario desde la baja Edad Media. No obstante, ese mismo proceso estaba dado en Europa por las constantes transformaciones que se estaba llevando adelante el periodo histórico que impulsaba la burguesía en su condición de clase revolucionaria contra el absolutismo y el despotismo ilustrado, en concreto la lucha infatigable de la burguesía contra el Ancien Regime(1) que llevaron, en un proceso llamado como revoluciones burguesas, la conformación de Estados Nacionales apresados -o bien, liberados de las fauces del absolutismo-  por las ideas burguesas liberales.

Por su parte, con sus ciertas características propias, el nacionalismo chileno se nutre, busca ese pasado legendario, no en el proceso independentista si no que por el contrario, es la Guerra del Pacífico quien representa el consenso y la unidad que permite darle cuerpo al proyecto de clases de la oligarquía chilena. Lo que pocos saben, y que la historiografía actual ha logrado develar, es la importancia que tuvo para las clases dominantes la Guerra del Pacífico para salir de la profunda crisis en la cual se vio inmersa en la década del 70 del siglo XIX, crisis cíclica que vio a la economía británica perder, o ir perdiendo, su hegemonía mundial.

José Manuel Balmaceda planteaba que el estallido de la guerra ayudó in extremis la solución a los problemas que aquejaban a las clases dirigentes pues, desde sus palabras, “si no hubiese sobrevenido la guerra de 1879, aquella administración [la de Aníbal Pinto] habría concluido en el medio de los desastres que le preparaban los acontecimientos” esto porque Chile no sólo se vio ante el desfalcó económico que provocó la crisis, también el conflicto sobrevino hacia aspectos sociales y una mayor atención al bandidaje en el territorio que era casi “incontrolable”(2). Por lo tanto, ante la profunda crisis, el mito oligárquico que venía construyéndose desde 1830 se vio en una encrucijada que solo la guerra logró parar, pues desde 1879 la fortuna volvió hacia los empresarios y no había nada que les quitara las sonrisa de sus rostro, ya que la guerra introdujo un verdadero cambio en la evolución del país “relegó inmediatamente a un plano secundario las preocupaciones acerca de la delicada situación socioeconómica que se enfrentaba. No sólo aportó un factor de demanda y medidas fiscales que actuaron como reactivadoras del sistema económico; desde un punto de vista político-social, actuó como un catalizador que unió a la población en torno a un objetivo común”(3) fue así como Chile habiendo sido golpeado por una fuerte tensión política, social y económica se transformó en un todo cohesionado que “En el largo plazo, y dentro de la lógica de las concepciones económicas vigentes, la guerra ofreció la salida más deseable a los problemas nacionales. La anexión territorial, legitimada por las constantes agresiones que se creía habían debido tolerar los empresarios y trabajadores chilenos en el Perú y Bolivia, le permitió a la elite tomar el control de un producto con extraordinarias perspectivas de mercado, con lo que restauró su vínculo con la economía mundial”(4) , a la vez que abrió nuevos mercados y fundó nuevas fuentes de ingreso fiscal.

Finalmente, todo lo expuesto indica que, a pesar de la severidad de la crisis que enfrentó entre 1875 y 1879, la oligarquía chilena mantuvo su vigor y capacidad de recuperación, esto le permitió sortear con éxito la crisis más severa, hasta entonces, enfrentada por su proyecto nacional.

Para las clases populares, este proceso tuvo un significado distinto, al igual que legendario, este periodo constituyó la oportunidad de objetivar sus vínculos con la nación a través, especialmente, de su incorporación a las fuerzas armadas pues “Para la mayoría de los rotos enrolados de grado o por fuerza al ejército que combatió en Perú y Bolivia, la integración a la estructura militar y el sometimiento a jerarquías de mando cuya cabeza superior era el ‘Sr. Presidente’ que estaba en la Moneda fue, probablemente, su primer contacto orgánico con aparatos estatales”(5) a la vez que “El sentido de pertenencia a una nación de las masas de rotos chilenos surgió en estrecha relación con los éxitos del ejército nacional de rotos. Antes que sentirse identificada con el Estado, la masa peonal se sintió identificada con el Ejército, puesto que este corporizaba lo mejor de la grandeza de esa masa.”(6)

¿Qué fue entonces la Guerra del Pacífico? Fue la solución burguesa para restablecer el orden, el consenso, la unidad y el equilibrio económico(7) y poder así asegurar su proyecto nacional y legitimidad.

Por esta razón, el discurso nacionalista y patriota se sustentan en una serie de hechos que más que ser las clases populares las protagonistas, fueron las elites quienes la forjaron para mantener el orden. Este elemento no es nuevo, hasta el día de hoy las clases dominantes evocan este discurso de “orden, unidad y legitimidad” para mantener su poder, es más, si analizáramos en el largo plazo el discurso oligárquico y burgués nos daríamos cuenta de cómo éste ha transitado todos sus periodos históricos y más aún en crisis política evocando “una “nostalgia aristocrática”, que enaltece los períodos autoritarios como períodos de gloria, y los de mayor pluralismo o ruptura como de debilitamiento y fracaso”(8) cayendo, por tanto, el peso de la noche.

Finalmente, cabe destacar que existe un desafío enorme en la construcción de un mito que logre cohesionar no la voluntad de la nación, sino que la voluntad del pueblo ¿de qué forma? Pues hace un tiempo un compañero cercano dijo “creo que tenemos que darle cuerpo a ese mito en la acción misma, elevar una férrea moral de clase, es tarea difícil, nuestro pueblo no se siente pobre, no se siente proletario, se siente clase media, chileno y esas barbaridades propias del momento de crisis”(9), el periodo actual al que asistimos abre la puerta para romper con el discurso histórico de las clases dominantes que construyeron por el peso de la noche para construir uno basado principalmente en la lucha, en la acción misma, por una sociedad de hombres y mujeres realmente libres, por el Socialismo.

Leonidas Awkan

(1)Se refiere al antiguo régimen europeo caracterizado por el Absolutismo y despotismo ilustrado.
(2) Sagredo y Eduardo Devés: “discursos de José Manuel Balmaceda. Iconografía, vol. III”, p. 361-362
(3) Ortega, Luis: “Chile en ruta al Capitalismo: cambio, euforia y depresión 1850-1880”, p. 386
(4) Ídem, p. 386
(5) Gabriel Salazar, en “Chile en Ruta al Capitalismo (…)”p. 387
(6) Ídem p. 65
(7) Chile en ruta(…), p. 387
(8) Salazar, Gabriel; Pinto Julio: “Historia contemporánea de Chile: Actores, identidad y Movimiento Vol. II”, Editorial LOM, p. 17

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