De Sicilianos a Colombianos: Apuntes sobre la Consolidación del Narcotráfico en la Época de los 90 en Chile.

¡Shi, ahora que están todos locos, ahora se acuerdan de los locos!’.

Caluga o Menta

En estos últimos meses el tema del Narcotráfico se ha puesto en la palestra pública bajo distintos hechos noticiosos ocurridos desde finales del año pasado hasta las últimas semanas. En estos hechos tenemos importantes hitos como es el caso de desvinculación de dos funcionarios de Carabineros vinculados al narcotráfico en el mes de abril (sin embargo, ya en enero habían sido desvinculados 5 funcionarios), la guerra entre bandas enemigas en La Legua[i] el año pasado y la denuncia del alcalde de San Ramón que se encontraba vinculado a bandas de narcos[ii] organizando una especie de “Narco-Municipio”.

Estos hechos no son aislados, sino que se encuentran concatenados pues son parte gravitante de la realidad social que viven las periferias de nuestro país y la corruptela de las instituciones. Pero dada su gravedad no impresiona, puesto que para quienes sobreviven constantemente al mundo dominado por los narcotraficantes esto es pan de cada día y las historias que ligan al poder local con el del narco se multiplican, como también sus balaceras y muertos.

Muchas son las historias en la comuna de Renca en el cual la ex alcaldesa Vicky Barahona, militante UDI, contrataba a guardaespaldas ligados al narcotráfico o mandaba a golpear a quienes protestaban, otra de las historias era el del candidato UDI Marcelo Teuber, quien mandó a golpear a través de soldados de narcos a estudiantes que osaban de sacar sus palomas como candidato a alcalde. Las historias siguen por montones, y podemos ir particularizando cada vez más, pero no es esto la razón del presente documento.

No obstante, la realidad actual del narcotráfico, y la delincuencia que camina junto a ella, son parte de un proceso integral que se abre con las transformaciones estructurales que se desarrollan en dictadura militar y se van a consolidar en la llamada transición, por lo tanto es una parte del proyecto de clase que se instala y del pacto de dominación que conduce el proceso de ‘transición’. Lo anterior, dará un piso mínimo en el actuar de las bandas de narco que comienzan a aparecer desde el año 90 hacia adelante y que configurarán la realidad de poblaciones y villas de los sectores populares de nuestro país como una realidad nacional, que se multiplica y profundiza.

Las llamadas “transformaciones estructurales” que se realizaron en dictadura militar, representaron en la práctica una transformación total en el contexto de las personas, a largo plazo las consecuencias se revisten de frustración y de la derrota de quienes lucharon incansablemente, pero también en la pauperización de la vida que significó lo que algunos llaman “contrarrevolución neoliberal”. A 44 años del golpe de Estado, las tasas de sindicalización, las AFP, la Educación de mercado, los problemas de vivienda, etc., son las consecuencias que debió enfrentar muestro pueblo en desmedro de las ‘modernizaciones’ capitalistas en Chile

En este sentido, es muy importante particularizar dos puntos. Desde el año 1979 la dictadura inicia todo un proceso de erradicaciones con la “Política Nacional de Desarrollo Urbano” que buscaba liberalizar el mercado del suelo en nuestro país. El objetivo de los neoliberales era afirmar “que estas medidas estaban destinadas a disminuir el precio del suelo en tanto este actuase como una esponja que absorbiese las inversiones del sector inmobiliario”[iii], desde aquí se lleva adelante las erradicaciones (y radicaciones) de campamentos y tomas de terreno ubicadas en la Capital y que a largo plazo irá configurando toda la periferia de nuestro país. Este hecho se consolida bajo dos elementos, en primer lugar desarma los vínculos sociales que crean los campamentos y las tomas de terreno instalándoles otra forma de vinculación menos interpersonal; por otra parte, la política de viviendas de estas erradicaciones van a estar ligadas principalmente a la pauperización y abaratamientos de los costos de construcción. Todo este marco, si se analiza en un plano general, se consolida en la segregación socio-espacial de la población instalada en la periferia de la ciudad.

Finalmente, otro pilar elemental en esta construcción hegemónica de la burguesía chilena, tiene que ver con el Estado Contrainsurgente y lo que significó la instalación de la “Democracia Viable” en nuestro país. Así, el Estado Contrainsurgente entendida como las llamadas `Democracias Viables’ consiste principalmente en desarrollar, por parte de Estados Unidos como principal potencia capitalista a nivel mundial, una reorganización de manera concreta de los sistemas políticos en distintos países de Latinoamérica para darles una “estabilidad y contenido correcto a los régimen de reemplazo de las dictaduras militares”[iv]. Estas democracias viables debían asegurar una dirección política civil y estable para los gobiernos resultantes, y estos gobiernos debían tener fuerzas política con  apoyo social y presencia en los sectores más dinámicos: movimiento obrero, movimiento juvenil; Debe existir una garantía ante cualquier problema de radicalización de la protesta social. Conservar a las fuerzas armadas como un garante y guardián de esta democracia, manteniendo autonomía respecto del poder civil y resguardando la posición de sus altos mando y mandos medios, entendiendo que la amenaza interna de inestabilidad al Estado no había acabado[v].

Esta transformación radical del Estado, tendrá sin lugar a dudas grandes y graves consecuencias en el campo popular. La instalación forzosa del Neoliberalismo significará consecuencias como la precarización de la vida; la nueva política social de vivienda y la segregación social; la dispersión, atomización y debilitamiento de las organizaciones sindicales, sociales y políticas; la falta de proyecto histórico y referente para la juventud de la época; y el ensalzamiento del individualismo como pilar cultural del modelo.

Finalmente, estos cambios crean condiciones para la entrada y profundización del narcotráfico en Chile ya que si entendemos la droga como mercancía, existe un nuevo mercado y clientes a los cuales disputar. Por lo tanto, las formas cuadran perfectamente con las necesidades de la venta de la droga y permite su funcionamiento sin mayores problemas. Ahora, en la década de los 90 existieron dos etapas del narcotráfico, una etapa que denominamos como “Siciliano”, ligado al funcionamiento de las mafias, o padrinazgo, evocando a la imagen de “El Padrino”. Por otra parte, el desarrollo del modelo colombiano, poblacional y ligado a nuevas figuras y tipos de delincuencia como lo son los sicarios y soldados.

Los “Ciulla” y la red Siciliana en Chile

El rol que cumplen la familia Ciulla en esta red de narcotráfico en el país es clave a la hora de entender la lógica siciliana del narcotráfico en chile, esto pues, son el clan que conecta a toda la “Cosa Nostra” chilena, siendo escuela inclusive de muchos de sus cabecillas en cuanto a métodos y operaciones.

En 1986, en Italia comienza el proceso judicial llamado “maxiprocesso”, que buscaba llevar a la cárcel a todas las cabezas y soldados de la mafia siciliana. Así, el arribo a Chile de los Ciulla se produce en 1987, tras el asesinato del primogénito Antonino. El patriarca, Pietro Ciulla, y su esposa, Vicenza Salutte, junto a sus tres hijos vivos -Giuseppe, Cesare y Salvatore- huyen de la guerra que se libra en Sicilia entre la mafia y la persecución judicial de los magistrados de Palermo y Sudamérica aparece en este planificado escape cuando la chilena Elena Guerrero Espinal, alias “La Canalla”, esposa del hermano mayor, Giuseppe Ciulla, aporta a la logística y contactos de su país natal.

El aterrizaje es auspicioso. Según el libro “Conexiones Mafiosas, el crimen organizado a las puertas de Chile”, de Manuel Salazar, con los dineros provenientes del narcotráfico la familia compra propiedades en Santiago (La Reina y Las Condes) y en Viña del Mar. Incluso alcanza para varios caballos de carrera y un restaurante italiano en el Faro de Apoquindo llamado “Noi Due”. Su forma de operar en Chile es simple: contratar a locales para que transporten cocaína a Italia.

Pero la suerte del clan Ciulla cambia el 12 de agosto de 1990. En la esquina de calles Nataniel Cox y Tarapacá, Giuseppe muere en un accidente de tránsito. Dos años después, la Fiscalía Antimafia italiana envía a Cancillería chilena una orden de extradición para los hermanos Cesare y Salvatore Ciulla, por su responsabilidad en la internación de más de 600 kilos de heroína a Europa. La familia se dispersa, Cesare y Salvatore desaparecen ayudados por sus redes locales.

En esos momentos, los agentes policiales pensaban que los dos prófugos podían estar siendo protegidos por narcotraficantes chilenos y el alto mando policial señalaba que los nombres a quienes respondían los casi 150 burreros chilenos como patrones o financistas, eran recurrente. Entre ellos, Mario Silva Leiva, “El Cabro Carrera”; la ya nombrada Elena Guerrero Espinal, “La Canalla”; Luis Rodolfo Torres romero, “El Olfo”, hijastro de “El Cabro Carrera”; Luis Serafín Torres Moreno, padre de “El Olfo” y Manuel Eduardo Fuentes Cancino, alias “El Perilla”, líder del “Cartel de la Legua”, de quien hablaremos más adelante.

Lo interesante respecto a esta familia radica en este último dato, pues muestra claramente el patrón de acción que siguen al estilo de la misma mafia italiana, siendo los protectores y padrinos de muchos de los narcotraficantes que operaron en Chile a finales de los 80 y parte de la década de los 90, escuela que se vería modificada con el rol que cumplieron en chile “El Perilla” y el “Cartel de la Legua”.

El Padrinazgo del Cabro Carrera

La imagen de Carlos Mario Silva Leiva, es la fiel imagen del representante del modelo siciliano del tráfico de drogas, pues su forma de actuar siempre estuvo ligada a sus buenas relaciones con el poder político y judicial que le hacían favores. No andaba con armas de fuego y no existen episodios de violencia ligado a guerras de bandas enemigas. Fue todo lo contrario, evitaba la violencia, los detectives lo recuerdan como “un ‘buen cabro’, que nunca les causó grandes problemas… El cabro se entregaba ‘chanchito’ y cuando ya estaba en el calabozo se ponía a llorar. Esa era la característica de Silva –el ser llorón- era su marca de fábrica”[vi].

El “Cabro Carrera”, fue el  nombre de fantasía de Carlos Mario Silva Leiva, quien nació en 1924. Sus padres vivían en calle Sierra Bella, en pleno barrio Franklin de la capital. Mario, nunca fue al colegio y a los 8 años quedó huérfano y al cuidado de su abuela.  Creció vagabundeando, y en ese mundanal comenzó sus primeras actividades delictivas como lanza del matadero Franklin, donde los mismo carabineros “le pusieron el apodo de “Cabro Carrera” por lo rápido que arrancaba de la policía”[vii]. Para el año 1941, viaja a Buenos Aires a dedicarse al robo de joyas y billeteras que en 1948 lo hicieron volver a Chile para instalarse con algunas tienditas de telas y manteles importadas del país vecino. No obstante, una de las actividades lucrativas que más ayudaron al Cabro Carrera en los años 50 fue el de cartillero de la hípica, ubicándose cerca de las sucursales del hipódromo y recibía las apuestas de los rezagados, ahí comenzó a ganar mucho dinero.

No obstante, entrada la década los 60, el Cabro Carrera se mete al Narcotráfico, por consejo de Manuel Fuentes Cancino, apodado el ‘Perilla’. Las informaciones de la época de los 60, lo sindicaron como un “miembro del ‘sindicato del crimen’ de Valparaíso, por donde salían embarques de cocaína a Estados Unidos. Tras el golpe de 1973 y a pedido de la DEA, Silva Leiva fue extraditado a EEUU junto con otros traficantes chilenos. ‘El Cabro Carrera’ se declaró culpable y sólo pasó 3 años en la cárcel”[viii] .

De lo anterior se desprenden dos cosas importantísimas, pues el hecho de que el Perilla haya contactado al Cabro y haberlo adentrado al mundo del tráfico de drogas, va a marcar un antecedentes que más tarde vuelve a surgir, porque después que el Cabro carrera es llevado a Estados Unidos se irá a Europa y será ahí donde tejerá toda una red mafiosa, pero lo que es más importante obtendrá experiencia delictual de los capos italianos. Ahí “[…] fuentes policiales lo sindicaron como “gerente operacional” del cartel colombiano de Medellín para el abastecimiento de cocaína en Chile, Argentina y Brasil. Pero su principal negocio fue el contrabando de droga a Holanda e Italia, a través de Bolivia y Brasil, con lo cual acumuló una fortuna”[ix], vuelto a Chile, nuevamente tendrá contacto con el Perilla, pero ahora la relación será diferente pues será el Cabro Carrera quien cuide de sus negocios.

El Cabro Carrera, fue un traficante de drogas distinto, representó un modelo de ejercer su poder que no se volvió a repetir. Como dijimos anteriormente, siempre estuvo alejado de los hechos de violencia, no usaba armas y era muy querido, “una mujer, dijo que tras haber comenzado vendiendo conejos y pollos en un canasto había llegado a ser propietaria de una carnicería en el mercado Franklin, gracias a ‘Don Mario’, lo calificó de yerman, gentleman en el coa local y filántropo”[x] . El “cabro carrera” tenía una personalidad audaz y carismática, no vestía elegante pero sabía generar sus lealtades a través de su padrinazgo.  Además, otro hecho que caracteriza la audacia y sus ganas de figurar dentro del espectáculo público fue la donación de tres millones a la Teletón en el año 1996 y el clásico de la hípica de la Policía de Investigaciones que ganó su purasangre. De acuerdo a la donación de 3 millones a la Teletón, el Cabro carrera manifestó que “los doné porque tengo hijos y mañana o pasado tienen un accidente y les pasa los mismo que a esos niños. Yo soy padre, a pesar de ser analfabeto tengo corazón”, a la vez plantea más adelante que “ellos no fueron por la fama del padre no por lo que dicen de él, sino que como cualquier donante. Y a ella le preguntaron: ‘y este donamiento de quién es’. Contestó que de mi padre, que es el dueño del centro comercial Copacabana. Era la galería la que estaba dando, como podría haber sido los dueños de la Coca Cola, o los Yarur ¡Están Todos!” [xi] , por otro lado, el otro caso de escándalo del cabro Carrera fue el haber ganado el clásico de Policía de investigaciones, “(…) gané un clásico de los caballos y ahí fue mi ruina. ¡Qué culpa tengo que el caballo haya ganado si yo no soy jinete!”.

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Estos hechos reflejan la intención de Mario Silva Leiva de convertirse en alguien influyente en la sociedad chilena y la opinión pública, para transformarse realmente en alguien con influencia. Este aspecto, además de su forma de ser y su historia personal, determinan que “la organización del Cabro Carrera es una organización criminal que podríamos conceptualizar como histórica, que tiene que ver con los viejos traficantes […] que son más bien una estructura de delincuentes habituales emparentados entre ellos, que con los años se fueron organizando. Tienen todos temporadas en el extranjero lo  cual permite contactos de mayor calidad”[xii]. Esos años en el extranjero sin duda dieron al Cabro una gran experiencia que lo logró consolidar como el creador de una “organización medianamente grande dentro del espectro mundial. De hecho, ellos no miraban hacia el mercado interno, sino principalmente hacia el europeo, no le interesaba el mercado chileno, uno por su tamaño, y otra porque de esa forma se sentía a salvo de requerimientos de las autoridades”[xiii], el Cabro Carrera era una especie de patriarca de su organización y de quienes venían después de él, como el conocido traficante de la Legua, el Perilla.

Así, de lo anterior, se desprende la significación de la muerte y el funeral del capo para la cultura delictual de la época. A tal punto fue el funeral de Mario Silva, que la televisión lo tomó como un hecho nacional. El “cabro carrera” había fallecido el miércoles 21 de 1999, y murió en un mundo donde siempre buscó escalar “(…) Don Mario se salió con la suya y en vez de morirse en una celda como cualquier piojento, murió en la cama de una clínica de palos gruesos, como un caballero”[xiv], su muerte fue al estilo don Corleone, en su funeral hablaron comerciantes de Santiago Centro, del Matadero, la Vega Central y de Estación Central, para rendirle tributo a uno de los suyos. Así se fue el llamado “Padrino de los traficantes”.

El  “El Perilla” y el auge del narcotráfico colombiano

Hasta mediados de los 90, si bien La Legua Emergencia albergaba un gran número de delincuentes, esto no la diferenciaba de otras poblaciones de la Región Metropolitana. Hasta que llegó, luego de su paso por el extranjero, Manuel Fuentes Cancino, “El Perilla”, quien instaló allí su cuartel central de narcotráfico. “El Perilla” fue el primero que empezó a transitar por la población en buenos autos y siempre custodiado por tres o cuatro guardaespaldas armados.

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José Ormeño, dirigente de la Asociación Raíces de La Legua, conoció a Manuel Fuentes Cancino en sus dos facetas: lanza y narcotraficante: “El Perilla era un choro respetado y querido en toda la comuna. Cuando sabía de un vecino que lo estaba pasando mal, no dudaba en ayudarlo. Yo lo vi ayudar a mi vecina porque no tenía dinero para comprar útiles para el colegio de su hijo. En Navidad, repartía regalos para los niños más pobres de la población. Él llegó por seguridad para su negocio. En El pinar, donde vivía con su familia, no estaban las condiciones que se dan aquí”[xv].

Casas iguales, contiguas e interconectadas, pasajes cerrados, gente con necesidades extremas que él ayudaba y que le devolvían la mano con silencio. Un territorio ideal para su negocio. Fuentes Cancino comenzó comprando varias casas para ocuparlas como “oficina”. Ahí llegaba la droga y se distribuía para todo Santiago. También hacia el extranjero. Como las fachadas de las casas son todas iguales y no tenían número en la entrada, él mandó a pintar todas las casas del mismo color, un eficaz método de protección.

En esa época comenzaron a aparecer los primeros “soldados” y “sicarios”: hombres que aseguraban la protección de su negocio que fue en ascenso. Pero aun así las balaceras no eran parte de la rutina de los habitantes de la población, los habitantes de la Legua dicen que “hasta ese momento aquí uno convivía con delincuentes y choros, pero para nosotros la vida no era insegura porque nos respetaban. Y si algún choro tenía un problema con otro, se agarraban a combos, a lo sumo a cuchillazos, pero era muy raro ver un arma en una pelea vecinal”.[xvi]

La situación de “El Perilla” y el cartel de La Legua es el primer caso conocido y registrado por la prensa y la policía de un cambio en el modus operandi del narcotráfico en las poblaciones de la región metropolitana: es el narcotráfico al estilo colombiano el que comienza a instalarse a mediados de los 90 teniendo este caso como su punta de lanza.

El narcotráfico colombiano, lo identificamos como un fenómeno propio del avance del modelo neoliberal instalado a sangre y fuego en el país, donde la cosificación de la droga como mercancía es mucho más avanzada, y que frente, a la modernización del Estado y su política de drogas, deberá buscar nuevos métodos de seguir haciendo rentable su negocio. En este plano, el narcotráfico internacional perderá potencia por los riesgos que trae aparejado, y se pondrá el énfasis en un nuevo nicho a explotar: las mismas poblaciones donde los narcos residen.

El narcotraficante ya no vivirá en Las Condes o La Reina, al estilo Ciulla, aunque si tenía casas o departamentos en esos lugares, se radicará en una población con alguna fachada en forma de negocio y desde ahí operará sus redes e influencias. Desde ahí, construirá además su red de asistencialismo para con sus vecinos necesitados o con urgencias económicas.

La forma de operar al estilo del “Cabro Carrera” y los “Sicilianos” dejará entonces de ser efectiva en esta época: ya no hay tiempo para construir una organización durante cuarenta años, ni para hacer contactos con una policía cada vez más profesional y con controles internos cada vez más severos, además de una persecución por parte del Estado y vigilada por los medios de comunicación que la ponen en el tapete todos los días.

El nuevo narco, el que buscará desplazar a la antigua generación de narcotraficantes, responde a un perfil distinto: “Los nuevos capos son caudillos de menor edad, entre 20 y 38 años, que radicalizaron sus acciones y organizaron mejor el microtráfico, lo que ellos consideran su negocio, ya no les interesa tanto el control de una ciudad o el tráfico hacia otros países. Estas personas no poseen altos niveles de educación y la mayoría no supera el nivel básico”[xvii]. La conducta calmada y calculadora de los antiguos sicilianos ya no tiene cabida, ahora se necesita a “[…] un líder agresivo y violento, en lo que se refiere a la comercialización de su mercancía y a la relación con los propios clientes. Para ello cuentan con personal de protección que porta armas y otros elementos de apoyo, como celulares y radios para escuchar frecuencias policiales”[xviii].En la necesidad de contar con un guardia personal empezó a vislumbrar a cierto tipo de sujeto que no era conocido, el asesino a sueldo o “sicario”.

Sobre este tema, Guillermo Rodríguez nos cuenta: “Cuando estos tipos llegan a las poblaciones para hacer su negocio se marca un cambio al interior de los territorios donde estábamos. Ellos no llegaron disparando, llegaron portándose bien, siendo el vecino buena onda, el que ofrecía ayuda para todo, y reclutando de a poquito a soldados que lo cuidaran o cuidaran su negocio.”

Este proceso irá aparejado con la aparición de la PBC como una droga altamente rentable, por su costo de producción y el alto grado de adicción que provoca, cuestión que será aprovechada por los nuevos narcotraficantes para generar una red de consumidores a su alrededor en la población, y de nuevos soldados “angustiados” dispuestos a todo con tal de conseguir un “mono”.

La misma experiencia de La Legua cambiará con la caída del “Perilla” y el intento de “La Banda de los 40” por apropiarse del nicho vacío dejado por el otrora capo del narcotráfico en la población: “Cuando cayó el perilla quedó la escoba, los que quedaron libres a los pocos días ya se estaban disputando la droga que no había sido encautada por los ratis. Todo cambió. Aparecieron los “picaos a choros”, los que antes habían sido soldados o guardaespaldas, y los balazos iban y venían los fines de semana y hasta en la feria de los jueves o los domingos, ahí empezamos a tener los primeros muertos en la calle”.[xix]

Magda Becerra nos detalle sobre este fenómeno: “Ya no hay espacios donde la población donde no estén ellos, y fue muy rápido oye, un día estábamos nosotros tratando se levantar a nuestros vecinos de la decepción de la democracia con actividades y talleres, al día siguiente teníamos a los narcos metidos en nuestras actividades ofreciendo todo tipo de ayuda, y al siguiente ya nos habían quitado a toda nuestra gente”.

Podemos identificar entonces, diferencia con el antiguo modelo de narcotráfico siciliano primero en lo referente al poder: al no existir un deseo de poder a nivel de ciudad, nacional o internacional, la lucha se traslada al territorio, a la población, es una lucha por el micro poder que significa la hegemonía del narcotráfico en la población.

En segunda instancia en lo sanguinario de este proceso: los antiguos narcotraficantes sicilianos obrarán para influencia a sujetos claves del Estado y la policía, el narcotraficante colombiano en un comienzo se enfrentará a la policía, a otros narcos e inclusive a los mismos vecinos que se opongan a su control del territorio. Esto fomenta el reclutamiento de soldados y de sujetos especializados en seguridad. En esa búsqueda por seguridad y profesionalización de sus técnicas de guerra, se encontrarán en reiteradas ocasiones con ex militantes revolucionarios, que frente a la frustración que implicó por una parte la derrota de la transición a la democracia, y por otro la “quemada de arcas” que realizaron durante los 80, se refugian en el narco como una alternativa de poder solventar una vida solitaria y con sus principios e ideología destruida por el nuevo periodo político.

Guillermo Rodríguez, desde su condición de militante revolucionario nos cuenta: “Cuando llegan estos hueones, los grupos políticos y organizaciones sociales se ven incapacitadas de pelearle los espacios a grupos que tienen plata y armas, cuando tú no tienes justamente plata ni armas. No  había forma de confrontarse ahora a esta situación. Se vive desde ahí una descomposición ideológica en los militantes que venían de las poblaciones, y muchos terminan optando por arrendarse a los narcos para ser sus jefes de seguridad o quienes les enseñaran a sus soldados a disparar un fusil, y cuando ya la tecnología supera al ex militante por su rápido avance y actualización, varios de estos hueones se transformaron en los perros guardianes de los narcos”. Todos ellos son parte de una generación de revolucionarios que “[…] empieza a descomponerse, que no tiene claridad en el proyecto y tiene una militancia más individual, que por la negación al sistema y a la decepción, busca un reventón de felicidad, se copetea, se jalea y trafica –agrega Guillermo-”.

Para finalizar, es importante destacar que durante la década de los 90 se desarrolla, a nivel general, una “base mínima” de cómo irá actuando el narcotráfico en nuestro país, obviamente evolucionando constantemente y adentrándose a la vez a las esferas del poder, relacionándose con las instituciones y siendo parte activa de ellas. No obstante, el análisis y la reflexión entorno a estas características propias del narco actualmente son materia de otro documento.

 Awkan

[i] http://www.latercera.com/noticia/retorno-clan-narco-la-legua-origino-balacera-72-horas/

[ii] http://www.biobiochile.cl/noticias/nacional/chile/2017/10/20/alcalde-de-san-ramon-oficializa-renuncia-ante-acusaciones-de-vinculo-con-el-narcotrafico.shtml

[iii] Cornejo, Marcelo: “Acumulación de Capital en Chile”, p. 508

[iv] LABASTIDA, Julio; “Hegemonía y Alternativas Políticas en América Latina: Seminario de Morelia”; Editorial  Siglo XXI;1985; p. 242

[v] Idem

[vi] BRAVO, Rubén; VEGA, Manuel: “La vida del Padrino Chileno”, Las últimas Noticias, 22-07-1999, p. 14

[vii] LEIVA, Claudio: “El Cabro Carrea recibió un premio de manos del mismísimo Nelson Mery”, La Nación, 29-06-2012 http://www.lanacion.cl/noticias/pais/nacional/el-cabro-carrera-recibio-un-premio-de-manos-del-mismisimo-nelson-mery/2012-06-29/180144.html

[viii] Ídem

[ix] Ídem

[x] VEGA, Manuel: “La Despedida del Cabro Carrera”, Ultimas noticias, 24-07-1999, p. 9

[xi] RAMOS, Marcela: “Historia de cómo lanza amasó fortuna de $3.500 millones”, La Tercera, 26-07-1999, p. 10

[xii] Entrevistas reservadas a fuentes del CDE en  “Del padrinazgo a los sicarios de la muerte” de Pedro Fuentes, Tesis para optar al título de Periodismo de la Universidad de Santiago, Santiago, 2005; p. 88

[xiii] Op. Cit; p. 35

[xiv] VEGA, Manuel: “réquiem del Cabro Carrera”, Las Ultimas Noticias, 22-07-1999, p. 4

[xv] VILLARRUBIA Gustavo; “La dictadura de los narcos que se apoderaron de la Legua” en; CIPER Chile; 10-01-2011 http://ciperchile.cl/2011/01/10/la-dictadura-de-los-narcos-que-se-aduenaron-de-la-legua/

[xvi] Ídem

[xvii] LAZAETA, Pedro; “Perfil de quienes imponen ley de la droga” en; La Tercera, 13-11-1999; pág. 10

[xviii] Ídem

[xix] VILLARRUBIA; Ibídem

[xxi] http://radio.uchile.cl/2012/10/12/ex-funcionario-denuncia-red-de-narcotrafico-encubierta-al-interior-de-la-pdi/

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