[Mujeres] La Insurrección es una tela de araña que hay que tejer

Dora María Téllez
Comandante del Frente Sandinista de Liberación Nacional

COMANDANTE GUERRILLERA Y
DELEGADA DE LA III REGIÓN (MANAGUA) DEL
FRENTE SANDINISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL, FSLN.
En Nicaragua “se agotó la vieja tesis de que si se tira una insurrección y ésta fracasa las masas quedan planchadas” y los revolucionarios deben irse “a la clandestinidad por lo menos durante veinte años”, sostiene la comandante guerrillera Dora María Téllez, quien dirigió la insurrección de León, primera ciudad liberada por los sandinistas. En concreto, agrega, después de que la insurrección de septiembre de 1978 no logra alcanzar sus objetivos, las masas toman un breve receso, pero luego “vuelven con nuevo empuje a golpear al enemigo”.
Nuestra conversación con Dora María está encaminada a ver los éxitos de junio-julio de 1979 bajo el prisma del fracaso de septiembre de 1978. Creemos que así se logran rescatar para el movimiento revolucionario importantes lecciones sobre la lucha insurreccional. Temas como el papel de las masas en la insurrección, las tareas que deben cumplir las milicias y cómo estructurarlas para estimular su iniciativa creadora, los métodos que deben usarse para combatir el terror que sigue a una ofensiva fracasada, el problema del parque, de las comunicaciones y varios otros, son abordados con precisión, honradez y pasión por nuestra entrevistada, la heroína de la toma del Palacio Nacional en agosto de 1978, conocida también como Comandante Dos o comandante Claudia. Y que hoy, con sólo 25 años, ocupa el más alto cargo político femenino del Frente Sandinista: Responsable política de Managua, la capital nicaragüense, con toda la complejidad de tareas que ello implica.

LA INSURRECCIÓN Y LAS MASAS
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MH: Para empezar, podrías decirme ¿qué entienden ustedes por insurrección? Te pregunto estoporque me parece que esta forma de lucha armada tiene connotaciones muy precisas y no siempre lo ha entendido así el movimiento revolucionario…
Dora María Téllez: Lo que nosotros conceptuamos como insurrección —y de ahí las tesis insurreccionales— es el levantamiento de las masas. Es más o menos así como se dio en Nicaragua: un levantamiento de las masas armadas, claro, con conducción y todo…
MH: Sí, pero las masas se levantan porque creen que en ese momento se van a tomar el poder, ¿no es así?
Dora María Téllez: Así mismo es. Porque, mentira, las masas nunca se te van a levantar si
no creen que van a tomar el poder. No así la vanguardia, porque la vanguardia se tira para profundizar una coyuntura, para provocar una crisis, pero las masas tienen que creer que van a tomar el poder. Una insurrección se decide en las primeras 48 horas, ¿por qué? Porque tú sacas las fuerzas regulares tuyas a la calle y si después de 48 horas, de 72, para no ser muy esquemática en el serruche, no has logrado un mínimo control de la situación que le dé seguridad a las masas para salir a la calle, las masas no te salen, y eso significa que te dieron un golpe, aunque tengas muchas fuerzas en armas y hombres organizados. No así al revés. Las masas pueden salir a la calle aunque tengan menos armas, y salir con gran fuerza. Por la experiencia que yo tengo, las masas únicamente se tiran a la insurrección cuando ellas tienen un mínimo de seguridad de que existe una situación posible de ser controlada, de lo contrario no salen. Debe existir una gran confianza en la vanguardia… Por lo menos, eso fue lo que nosotros vivimos en varias oportunidades, y no solamente en León.
MH: Pero eso no se dio en Monimbó porque ahí las masas se sublevaron sin que existiera un llamado del FSLN…
Dora María Téllez: En Monimbó ocurre efectivamente algo diferente, fue una respuesta
espontánea del pueblo ante un determinado acto de represión. Pero una respuesta que está relacionada con una serie de acciones armadas anteriores de la vanguardia. Monimbó no hubiera podido existir nunca en el 76. Cuando se da, ya se ha dado octubre del 77; ya se han dado los combates de diciembre, enero y febrero, una serie de emboscadas en la montaña.
Ahora bien, Monimbó surge producto de la desesperación. La gente va a una misa, a un acto político por Sandino, el 21 de febrero, y la guardia llega, hiere y mata gente. Acuérdate que son comunidades indígenas. No es lo mismo que maten a una persona en otra parte, donde no existe el sentido solidario, comunitario, que tienen los indígenas. Eso fue lo que provocó en primera instancia el alzamiento de los jóvenes que fue lo que dio comienzo a la insurrección de Monimbó. Fue algo espontáneo.
Las cosas espontáneas tienen una ventaja, no tienes que estar midiendo el estado de ánimo de las masas. Pero cuando es la vanguardia la que convoca, tiene que medir bien porque se puede equivocar. Tiene que ser suficientemente hábil como para poder interpretar si el estado de ánimo de las masas corresponde, en ese momento, a un ánimo ya insurreccional, dispuesto a barrer con las estructuras de poder que existen. Eso es lo difícil de determinar. El problema es el momento, y eso ya lo señala Lenin cuando se discute la fecha de la insurrección en la dirección del Partido  Bolchevique.
MH: ¿Qué lecciones sacaron ustedes de la experiencia insurreccional de septiembre del 78 en León?
Dora María Téllez: Desde el punto de vista político la experiencia de septiembre es una experiencia positiva. Desde el punto de vista organizativo entendimos una cosa: la insurrección es una telaraña que hay que tejer. Es una gran pieza que tienes que tejer. Nos dimos cuenta de que, objetivamente, no era suficiente la fuerza que nosotros habíamos organizado. Ni tampoco las armas. En el aspecto organizativo sacamos una importante lección: había que organizar más. Para la insurrección de junio del 79 en León, habíamos logrado hacerlo.
En septiembre organizamos sólo cuatro ataques. No llegamos a planificar el papel que debía jugar hasta la última escuadra de milicianos en la situación. En ese momento las milicias no tenían todavía un gran desarrollo. Desde el punto de vista organizativo se debe lograr ubicar a cada quien en su lugar. Y cuando te digo esto es que se tiene que ubicar desde el médico que vive a cuadra y media de aquí, debe determinarse dónde se va a meter, cómo se va a ir, a qué hora, qué tipo de médico es; organizar los hospitales, organizar los correos, las comunicaciones. Todo eso lo teníamos organizado en septiembre.
La comunicación con el mando central no existía en septiembre, de manera que en cada lugar se da una dinámica propia. Nadie sabía qué estaba pasando en el resto del país, teníamos que adivinar. El problema de las comunicaciones es fundamental. También la organización del mando, la organización de las masas, porque las masas no van a la insurrección en desbandada. La insurrección es, sin duda, un fenómeno bastante anárquico, pero no de desbandada. Es una anarquía que uno organiza… Todo eso faltaba.
Ahora, en el aspecto militar faltaban elementos técnicos y militares. En septiembre se demostró que las armas que más impacto tuvieron sobre las masas, y sobre nuestras propias fuerzas, fueron las tanquetas. No había con qué quebrarlas. Lo que hacía la gente era agarrar un tanquecito con gasolina, le ponía una candela y lo tiraba, o dinamita con una bomba de contacto, y cuando pasaba la tanqueta explotaba si acaso. Si no explotaba estaban listos. Pero no se puede hacer así la guerra, porque las tanquetas son medios técnicos desarrollados y en una ciudad son temibles.
Faltaba un elemento que fue lo que nosotros usamos después: los RPG-2, que nos permitieron paralizar a una fuerza importante del enemigo y elevar la moral de nuestros combatientes y de las masas. Nos faltaban armas de infantería más potentes, armas de guerra. Otra cosa que aprendimos, desde el punto de vista militar, fue la importancia de los francotiradores. Los francotiradores fueron otra de las grandes armas de la Guardia Nacional en septiembre. Esta tomó primero que nosotros los edificios altos de la ciudad: la catedral, las torres, los edificios, el comando, el cuartel. Todo eso tomó. Son posiciones importantes; es casi cercar el lugar y hacer imposible el paso.
Se aprendió también a organizar mejor a la población, cosa que es importante. Por ejemplo, ya para la insurrección en junio del 79 en León, todas las casas estaban conectadas entre sí, todas tienen un hueco. Entre la pared de esta casa y la pared de la otra casa había un hueco con una puertecita.
MH: ¿Cuándo, después de septiembre…?
Dora María Téllez: Después de septiembre del 78 se saca como experiencia la necesidad de abrir huecos entre las casas de manera de facilitar el avance de nuestras fuerzas en la ciudad, para poder llegar donde se encuentra el enemigo. Estos huequitos eran además un elemento de incalculable valor para el combate clandestino. ¿Por qué? Porque si te iban siguiendo tú te metías en una casa, y de esa casa te pasabas a otra casa. Así podías aparecer a dos cuadras de distancia. De ahí saltabas a otro lado y era mucho más fácil escapar del enemigo y esconderse.
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UNA DERROTA QUE GENERA NUEVAS FUERZAS
MH: ¿Y qué pasa con esas masas cuando la insurrección de septiembre fracasa? ¿No quedan con el estado de ánimo por el suelo?
Dora María Téllez: Nosotros no consideramos nunca la insurrección de septiembre como
una derrota. Ningún ejército cuando pierde una batalla gana fuerzas, gana méritos y gana prestigio…, ningún ejército en el mundo. Eso fue lo que nos ocurrió a nosotros después de la insurrección de septiembre. Las masas tampoco la consideraron como una derrota a pesar del genocidio que vino después de ella. Una operación limpieza bastante horrorizante. En la carretera a la salida de León, la guardia asesinó a sangre fría a treinta y cinco campesinos que venían huyendo y que nada habían hecho. Allí quedaron los treinta y cinco cadáveres. Cosas así de terror duro, de masacre brutal. Me preguntas cuál fue la reacción de la gente. El pueblo entendió inmediatamente que uno de los problemas de septiembre había sido la falta de organización de las masas. La gente entendió también que debía buscarse un palo, cualquier cosa con qué pelear contra el enemigo, que hay que tener todo listo. Realmente ahí empieza una nueva mentalidad entre la gente. Un auge organizativo, un auge político. Claro que esto ocurre después del período de receso, que era un período de descanso de las masas. Las masas no se van a la calle al día siguiente, tienen su receso, pero después vuelven con nuevo empuje a golpear al enemigo. No se puede negar que mucha gente se aterrorizó, pero la única manera de que ese terror no paralice es que las fuerzas de la vanguardia sigan golpeando. Te pueden estar matando, pero estás golpeando, estás liquidando, liquidando… Esa fue una de las cosas que hicimos. Nos podían estar matando, pero dentro de eso íbamos y les tirábamos tres tiros, les poníamos dinamita, candela, etcétera. Entonces el enemigo también se descontrola.
MH: Según me explicaba Joaquín [Cuadra] en la entrevista que tú conoces, el Frente planteó realizar una serie de acciones milicianas con el objetivo de producir un gran descalabro de la guardia en todo el país. De esto se deduce que lo que mantuvo el ánimo de las masas fue más bien una acción de las mismas masas…
Dora María Téllez: Es que mira, las fuerzas militares enemigas son grandes, tienen de todo, recursos, logística, todo. Tus fuerzas militares nunca van a poder tener los mismos recursos. ¿Cómo puede uno hacer un asalto y que no te agarren gente? Haciendo ochenta asaltos a la misma vez. ¿Cómo van a agarrarlos a todos?
MH: ¿Cómo se organiza el trabajo de las milicias?
Dora María Téllez: Lo peor que se puede hacer es sujetar una unidad miliciana a las normas estrictas a las que tiene que estar sujeta una unidad militar de tipo regular. El día en que una unidad miliciana tenga que esperar que los canales oficiales determinen y den paso a la acción que deba hacer, esa unidad miliciana está perdida. La unidad miliciana es una organización militar de las masas, claro, con una condición: la presencia en ella de la vanguardia. ¿Quiénes eran los jefes de las milicias? Eran militantes del Frente.
En relación con el problema de las normas que te planteaba, te pondré algunos ejemplos. Esa gente veía un guardia mal parqueado, al que podía quitarle el arma, por supuesto que no pedía permiso a nadie para hacerlo. Si ves un banco y te das cuenta de que te puedes meter, no pides permiso, te metes y sacas los reales [el dinero] y luego lo envías… Si sabes de un “oreja” [soplón] que se descuidó y lo puedes ajusticiar, lo ajusticias. Hay que dar plena libertad de iniciativa. Por supuesto que se puede también conducir una milicia organizándola para hacer determinadas acciones, pero ella mientras tanto va haciendo acciones que nacen de su iniciativa: están en movimiento, recuperan sus propias armas, consiguen sus propios fusiles, cuando consiguen armas de guerra pasan a ser escuadras regulares, mientras tanto siguen siendo milicias. Se hacen sus propias bombas, sus propios cocteles. No te piden dinero, no tienes que mantenerlas. Nada. Viven porque son del pueblo.
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NICARAGUA ROMPE UNA VIEJA TESIS INSURRECCIONAL
MH: En septiembre del 78 tengo entendido que se logró tomar todo León, salvo el cuartel central de la Guardia Nacional. ¿Es así?
Dora María Téllez: Sí, así fue.
MH: Y cuando aparece el ejército somocista, que viene concentrado desde Managua, ¿qué hace la gente? ¿Resistió?
Dora María Téllez: Una gente resistió, otra se retiró. Lo que pasa es que había una ventaja: toda la gente había ido con pañuelos que le cubrían la cara, entonces podía tranquilamente volver a sus casas o irse a atacar a otros pueblos. Hubo incluso una columna de compañeros que salieron para El Sauce y fueron asesinados… En el retiro se manifiesta el problema no resuelto de la unidad del mando entre las tendencias
MH: ¿No había unidad de mando?
Dora María Téllez: Había una coordinación, pero una coordinación deficiente, porque tres mandos no pueden servir en ninguna parte. Si el mando único puede tener problemas, ¡imagínate dos o tres, o cuatro mandos! Una gente resiste, otra se retira. Pero es que hay gente que nunca comprende…
MH: Que nunca comprenden que llega un momento en que es necesario retirarse.
Dora María Téllez: Sí, que nunca llegan a comprender el sentido de la retirada. Eso pasó
con el repliegue en Managua. Costó convencerlos. Hubo compañeros que no comprendieron y allí murieron. Es sin duda difícil retirarse con centenares, miles de gentes, como se retiró Rubén de Estelí: con ancianos, mujeres y niños. Parece una locura retirarse con tanta gente, pero ¿cómo van a dejar a la gente botada? Hay que tomar una decisión que es muy difícil. Rubén optó por retirarse con la mitad de Estelí para la montaña. Yo no sé si será la mejor solución. Ahí por lo menos resolvió, pero, para otras experiencias quién sabe si sea lo mejor, porque eso tiene una desventaja y es que esa gente va desarmada y tienes que alimentarla. Pero existe una gran ventaja y es que el pueblo no pierde confianza en su vanguardia, porque no se le deja morir sólo.
MH: ¿Qué sentido tiene que la vanguardia lance estas insurrecciones para ir preparando a la insurrección final, sin que en ese momento se pretenda lograr un triunfo definitivo? ¿Acaso con ello no se consigue sólo atraer la represión sobre las masas indefensas?
Dora María Téllez: A eso no hay que tenerle tanto miedo. Nosotros tiramos la insurrección de septiembre para profundizar una coyuntura, para profundizar la crisis…
MH: Pero si ni siquiera pensaron en un plan de repliegue…
Dora María Téllez: Mira, nosotros discutimos el problema que te preocupa. Teníamos temor de tirar la insurrección y que después viniera la gran represión y se bajara el ánimo de las masas, porque existía la vieja tesis de que tú tiras una insurrección y si fracasa, ¡olvídate que vas a agarrar otra! Ese era el miedo que teníamos nosotros. Nosotros lanzamos la insurrección en septiembre, porque, si no la tirábamos, las masas se lanzaban solas. Y ya cuando la cosa está en marcha ¿qué se puede hacer? Tomar la decisión de ir hasta el final, no queda otra alternativa. ¿Tú crees que nosotros no sabíamos que no teníamos suficientes armas y suficientes hombres? Pero cuando uno decide: “vamos a la insurrección”, ahí sí hay que decir: “vamos por el poder”. Porque si no te planteas: “vamos por el poder”, no llegas ni a los primeros días de la insurrección. Partes con ánimo de derrota. En septiembre todos estábamos claros de que existían enormes dificultades para vencer, pero la historia es sabia, se agotó la vieja tesis de que si se tira una insurrección y ésta fracasa, las masas quedan planchadas. En Nicaragua se demostró que esto no es cierto. La tesis que existía hasta entonces era que si una insurrección fracasa debías irte a la clandestinidad por lo menos durante veinte años. Eso ya no es cierto. En Nicaragua se dan dos insurrecciones, hasta tres en Estelí. ¡Increíble que un pueblo aguante tantas cosas!, porque las insurrecciones son, sin duda, un gran esfuerzo para las masas.
Está claro entonces que ya tomada la decisión tú dices: bueno, ahora vamos hasta el final, porque si no tomas la decisión de ir hasta el final en serio no haces nada. Ahora,tampoco uno es tan irresponsable como para tomar una decisión de tirar una insurrección como ensayo. Decir, por ejemplo, bueno, ahora vamos a ensayar pues, a ver: uno, dos, tres…, porque eso es irresponsabilidad con el pueblo.
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COMO EL PUEBLO VENCE EL TERROR
MH: ¿Y los bombardeos de septiembre no aterrorizaron a la población?
Dora María Téllez: Claro que sí, por eso la gente decía que había que tener mejores armas. Pero en junio del año siguiente ya no aterrorizaban tanto. Mira, en junio del 79 en León, sólo logramos que como tres gentes hicieran huecos, el resto a lo más que llegó fue a poner dos piedras ahí, un colchón y un poco de tablas encima y ahí se metían los chavales. Pero a veces los mismos chamacos seguían jugando en la calle, porque ya al ver venir el avión la gente decía: si la bomba la tira allá cae aquí y cuando la ve venir está tranquila; lo único que hace es cruzar a la otra acera.
Y volviendo sobre el problema del terror. Es el terror de un sólo lado el que es aterrorizante —y valga la redundancia. Sí, sólo el terror de ida es aterrorizante. Pero cuando hay terror de regreso, entonces, taco a taco, no se sabe quién aterroriza a quién. A lo mejor asesinan a un miliciano por haber sido denunciado por un “oreja”, pero ¿qué ocurre si al día siguiente aparece ese “oreja” muerto de una puñalada, con un martillazo en la cabeza, con un disparo, sea quien sea, aunque sea un anciano? Cuando hay terror de un sólo lado, o sea, cuando el terror sólo baja de la estructura, en este caso, del somocismo, y tú no respondes a eso, la gente no vuelve a creer en ti. A nosotros nos mataban cinco, pero nosotros matábamos otros cinco. La milicia era el terror de la guardia. La guardia tenía terror de registrar las casas, terror de registrar un vehículo, terror de parar un vehículo en plena calle…
MH: De hecho tengo entendido que los barrios populares de León se mantuvieron en manos de ustedes desde la primera insurrección en septiembre…
Dora María Téllez: Sí. Sin una presencia física abierta pero controlados. Hubo barrios donde la guardia no entraba de noche, porque si entraba de noche, aunque fuera a pedradas los mataban. A veces ni de día entraban. No entraban nunca. Cuando se querían meter salían muertos todos. ¿Quién los había matado? Nadie sabía, sólo se sabía que estaban muertos.
En Nicaragua no se quemaba un bus o dos buses, se quemaban diez, quince buses diariamente. Fuego, terror de las masas, porque si no, se aterroriza la gente…
¿Sabes lo que le hicieron a un teniente en Monimbó? Todos los días, a las cinco de la tarde, grupos de muchachos se paraban en las esquinas de Monimbó. Tú pasabas por ahí, te paraban y te decían: “Dame cinco pesos para comprar bombas”. Si les dabas los cinco pesos te dejaban pasar. Un día pasa un hombre con su familia en automóvil. Lo paran y le dicen: “Eh, dame cinco pesos para comprar bombas de contacto y eso”. El no les hace caso y se va. Entonces lo agarran en otro retén los muchachos, lo registran y le encuentran una tarjeta que comprueba que es agente de la seguridad de Somoza, y además teniente de la guardia. Entonces lo amarraron y lo hicieron andar por todo el barrio. La gente salía de sus casas a darle con las cazuelas, con las porras, con garrotes, con lo que la gente tuviera a mano. Luego encontraron su cadáver desbaratado. ¿Quién lo mató? Todo el pueblo de Monimbó participó. ¿Tú crees que eso no es terror? Sí, es terror de vuelta, de regreso. Entonces al enemigo también le da miedo.
Otro ejemplo: dejaban un carro botado en la calle. Los milicianos, sabiendo que la guardia lo iría a buscar, ponían una bomba de contacto en la puerta, puesta de tal manera que cuando la guardia venía y abría la puerta, el carro explotaba. Después podías dejar botado un carro de ésos y pasaban patrullas y patrullas, y lo único que hacían era avisar que había un carro botado y que vinieran a recogerlo. No se atrevían a acercarse a él. Eso es terror. Y no sólo limita la capacidad de combate del enemigo, le produce daños físicos. Bombas de contacto castraron a muchos guardias, los dejaron ciegos. Como el poder no era tan grande como para matar —aunque a veces mataba—, te cortaban un brazo, una pierna, te hacían cuatro cosas. Eso es terror.
Cuando las masas mandan esa señal de regreso, el enemigo la piensa dos veces. Eso influye indudablemente en su capacidad de combate, incluso físicamente, porque están todas las fuerzas de las masas desatadas.
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PREPARATIVOS PARA LA INSURRECCIÓN.
MH: Antes de la ofensiva final, ¿qué se va haciendo con las masas para prepararlas para la ofensiva?
Dora María Téllez: Diversas cosas. En el Frente tú ves una organización política organizada militarmente. Tú empiezas formando tus escuadras de combate. Hay varias formas de organización, pero te voy a explicar la general. Formas tus escuadras de combate con la gente más fogueada y más segura. Ellas forman a su vez grupos de milicia. Habitualmente alguien de la escuadra de combate es jefe de un grupo de milicia. Estos grupos van recuperando armas, se las van pasando a otra escuadra. Eso se hacía por barrios. Por ejemplo, en un barrio tenías diez escuadras de combate y tenías cuarenta escuadras de milicias. Diez escuadras armadas, o no todas armadas pero sí todas con entrenamiento militar. Las milicias no tenían entrenamiento. Así se integra la gente al combate. Mucho joven, mucho obrero, se integra a combatir. Viejos, mujeres ya mayores hacen otras tareas.
MH: ¿O sea que a los jóvenes que se ofrecían a combatir ustedes los organizaban en milicias?
Dora María Téllez: Todo el que quiera combatir es miliciano.
MH: ¿Aunque no tenga armas?
Dora María Téllez: Aunque no tenga nada ni sepa nada. Aunque nunca en su vida haya manejado un arma. Todo el que quiere combatir es miliciano. Luego, la gente ya mayor, que tiene dificultades para el combate, que tiene hijos y una serie de responsabilidades, se organiza por barrios, en organizaciones de cuadras, de manzanas. Esta es una experiencia recogida del viejo trabajo de barrio que el FSLN hacía. Esa gente tiene su historia de trabajo de barrio, y de organización comunal de barrio, organización de comités para distintas cosas. Así fue como se organizaron los Comités de Defensa Civil (CDC) —hoy transformados en Comités de Defensa Sandinistas (CDS)— por manzana. Después de septiembre del 78 se concretaron mucho más sus funciones: acumular agua, medicinas, prestar servicios a la población, ayudar a los enfermos, ayudar a la población en caso de bombardeos, evacuar a los niños.
MH: Tengo entendido que en aquella época participaron en estos comités incluso elementos somocistas, porque también ellos eran afectados por los bombardeos, etcétera. ¿Es así?
Dora María Téllez: Sí, así era.
MH: ¿Se trataba entonces de la defensa de la población contra la guerra?
Dora María Téllez: Sí, pero dentro de los CDC había sandinistas que pertenecían a escuadras de combate, milicianos y gente que colaboraba con nosotros. Abiertamente eran para lo que tú dices, pero clandestinamente cumplían la otra función, la de servir para la mayor operatividad de los combatientes sandinistas. En estos comités se organizaba al resto de la gente que no pertenecía a las milicias.
MH: Al parecer, ese antecedente que ustedes tienen de trabajo de masas en los barrios los ayuda bastante en el momento de la insurrección…
Dora María Téllez: Sí, ayuda mucho.
MH: Porque tú puedes tener grandes frentes sindicales bien organizados, pero si no tienes un trabajo de barrio en el momento de la insurrección, la organización se hace más difícil. ¿No crees?
Dora María Téllez: Para la insurrección sí, evidentemente.
MH: ¿Ustedes no trabajaron nunca la cosa de los cuarteles?
Dora María Téllez: Eso era impenetrable. Es que mira, en primer lugar la Guardia Nacional era demasiado corrupta; en segundo lugar estaban comprometidos en demasiados crímenes como para que encontraras uno limpio. Después de septiembre por allá te encontrabas un guardia, uno pues, pero no podías sentarte a pensar en eso como condición indispensable para hacer la insurrección, ¿no?
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LAS MILICIAS POPULARES: PRINCIPAL ARMA DE LA INSURRECCIÓN
MH: ¿Qué tareas tenían las milicias? ¿Actuaban sólo en sus barrios o salían fuera?
Dora María Téllez: Lo mismo podían hacer tareas en sus barrios que salir fuera de ellos. Eso dependía del lugar, de las necesidades y posibilidades. Podían hacerte desde una barricada hasta combates, emboscadas, todo. Trasladar armas para combatir en otro lugar. Podían tener diez hierros aquí y diez allá. Combatían, hoy en este barrio y mañana en otro. La milicia hace de todo: sirve de correo, ejecuta tareas de inteligencia, recupera armas y recursos materiales guerrilleros, sabotajes, todo.
MH:¿Y las armas, cómo las guardaban? Porque esos barrios eran cateados constantemente ¿no?
Dora María Téllez: Sí, requetecateados, casa por casa. Y hubo ocasiones en que la guardia las encontraba. Pero llegó un momento en que las armas ya no se guardaban; estaban ahí no más. Eso fue poco antes de la insurrección, semanas antes. Llegaba la guardia, se partía con las armas al otro lado del barrio; se iba, las armas volvían para el lugar inicial. La guardia no lograba dar con las armas. Para ello sirvieron mucho los corredores que se hicieron por dentro de las casas.
MH: Volviendo al tema de las milicias…
Dora María Téllez: Te insisto que en relación con las milicias hay que dejar a la gente hacer cosas y sólo tener un control mínimo. La milicia es una organización fundamental en la insurrección. Es algo muy sencillo y no debe ser confundida con la escuadra táctica de combate que es una organización militar formada por gente seleccionada, la gente más sana y la que tiene mayor conciencia y que ha recibido un cierto entrenamiento: en una escuelita de unas 48 horas, arme y desarme, lo más importante, algo de táctica y un poquito de cosa política. Pasada su escuela esa gente va a enseñar a los milicianos.
Lo más importante es que se tenga una estructura flexible, de mucha flexibilidad, muy dinámica, y que se tengan militantes en las jefaturas de las escuadras milicianas y se acabó. Nosotros no teníamos condiciones logísticas ni nada de eso.
EL PARQUE: PROBLEMA DE DIFÍCIL CONTROL
MH: Y cuando inician la insurrección con esas ciento sesenta armas de guerra de las que hablaste ¿tenían calculado el parque para todos esos días de combate? ¿Cómo se abastecen de parque?
Dora María Téllez: Nosotros teníamos unos doscientos tiros por arma, más o menos, como
promedio. Y teníamos pensado un operativo para que nos llegara más parque. Es decir, en cuanto se pudiera conectar la radio, nosotros íbamos a tomar una vieja pista que había en Poneloya, un balneario, y allí iba a aterrizar un avión con municiones. Efectivamente, cuando hicimos el llamado fuimos a capturar la pista, pero ahí tuvimos problemas: la pista estaba llena de piedras y sólo habíamos enviado seis hombres a limpiarla y esperar el avión. La pista debía estar preparada antes de dos horas. Con esos hombres era imposible terminar el trabajo a tiempo. Se llamó a colaborar a los vecinos. Más de trescientas personas de la población limpiaron el lugar. El avión aterrizó sin problemas. Llegaron ciento veinticinco FAL, unas cargas para mortero 60. Luego perdimos esa pista y terminamos por preparar pistas en la carretera. El abastecimiento es un elemento importante. Ahora bien, una de las principales fuentes de abastecimiento fue para nosotros el propio enemigo. Gracias a eso a León se dejó muy pronto de mandar tiros, e incluso aportó parque al resto de los frentes. Llegamos hasta a prestar un cañón.
MH: ¿Al final?
Dora María Téllez: Sí, ya cuando faltaban unos dieciocho días para el fin de la guerra. Para la toma del comando, el 20, teníamos dos dotaciones de tanques, de tanquetas, entrenadas.
MH: ¿O sea que el parque lo consiguieron no sólo a través del avión, sino que se lo capturaron directamente al enemigo?
Dora María Téllez: Por eso te digo que el enemigo fue una de las fuentes más importantes de abastecimiento. En el comando había cerca de veinticinco a treinta cajas de cartuchos de ametralladora 50; otro tanto más de ametralladora 30, había alrededor de trescientos a cuatrocientos fusiles con parque suficiente. Con todo esto nosotros llegamos a tener capacidad de autoabastecimiento y lo que nos mandaban eran otras cosas, medicinas, por ejemplo, alimentación especial para algún enfermo y el correo. Comenzaron también a llegar armas pesadas: morteros 82 a los que se les acabó el parque. No pudimos sacar más porque no había de dónde, no había morteros 82 en el país. Mandaron también un cañoncito nuevo que es el que le prestamos a esa gente, porque ya nosotros habíamos recuperado un cañoncito a esas alturas.
MH: ¿Dan ustedes alguna orientación para que los combatientes controlen el parque o eso es imposible?
Dora María Téllez: Este es un problema muy difícil de resolver. La única manera de lograr una mínima disciplina es dotándolos de una cantidad pequeña, en vez de darle quinientos tiros, les das cien o ciento veinte de manera que tienen que medir muy bien cada tiro: a guardia por tiro. Otro elemento fundamental es quitarle el dispositivo para tirar en ráfagas a todas las armas para que queden tiro a tiro. Porque si le dejas el dispositivo para tirar en ráfagas lo ponen siempre en ráfaga y no hay manera de pararlos.
MH: ¿Es de León la historia aquella en que el pueblo va abriendo de noche trincheras y levantando barricadas para ir apretando el cerco contra el principal reducto de la guardia?
Dora María Téllez: Nosotros tendimos inicialmente un cerco amplio y luego intentamos irlo cerrando. En la noche levantábamos nuevas barricadas, un metro más adelante de la anterior y así íbamos avanzando. Las barricadas son obstáculos muy buenos para combatir. ¿Sabes por qué había que hacer esto? Por los francotiradores. Volvió a pasar lo del 78. A pesar de que nosotros aprendimos de la experiencia, la guardia también aprendió y se quedó en esas posiciones de las que te hablé. Se quedó allí desde septiembre. Uno no se podía acercar al comando porque a cuatro cuadras estaba la catedral y ahí había francotiradores, y también los había en la iglesia de San Sebastián. Fíjate que desde la catedral se podía disparar hasta a diez cuadras. Por eso había que avanzar de noche.
MH: La ciudad de León ¿se paralizó completamente durante el período de la lucha insurreccional?
Dora María Téllez: Paralizada, ¿en qué sentido?
MH: Comercio, etcétera. ¿cómo vivía la gente durante esos días?
Dora María Téllez: Todo se militariza, todo. Es imposible que la gente de bajos recursos acumule alimentos para tantos días. Hay comercios que quieren seguir funcionando, o más bien especulando con la situación de guerra, hay gente que quiere seguir vendiendo, por eso tienes que militarizar todo. Para que la gente no se muera de hambre tú tienes que salir a buscar vacas, cosechas de maíz, silos de arroz, granos, trigo, para almacenar; organizar una comisión de abastecimiento que se encargue…
LEÓN: DONDE DEBE ROMPERSE EL EQUILIBRIO DE FUERZAS
MH: ¿Cuándo te encargan a ti la conducción de la insurrección de León?
Dora María Téllez: En abril, después de que matan a la dirección del FSLN de León en Veracruz. Cuando los muchachos mueren allí, tienen en la bolsa el primer plan insurreccional de León.
MH: ¿Cae ese plan en manos de la guardia?
Dora María Téllez: No, la guardia no llega a registrar a los compañeros. El plan que todavía conservamos está ensangrentado.
Entonces, cuando yo llego a hacerme cargo de la jefatura ya está hecho el primer plan de la insurrección. Pero ese plan tuvo que variarse.
MH: ¿Por qué tuvo que variarse?
Dora María Téllez:  Porque ése es otro problema importante en la insurrección, el problema de la información. El enemigo varía de posición, varía el número de personal que concentran en uno y otro lugar. Hay que estar bien informado de estos cambios y adecuar el plan insurreccional a esos nuevos datos.
MH: En el caso del plan de Managua, ése sí cae en manos del enemigo ¿no es así?
Dora María Téllez: Así fue.
MH: Parece ser frecuente que los planes de este tipo caigan en manos del enemigo. Ahí tienes el caso más reciente de El Salvador…
Dora María Téllez: Mira, el plan de Managua cae íntegro y fue con ese mismo plan que se hizo la insurrección. El que un plan de éstos caiga en manos del enemigo no es demasiado grave. La insurrección no es un gran secreto militar, porque el enemigo sabe que lo tienes que atacar allí donde él está. ¿Cuál es el real secreto de la insurrección? Las masas. Y eso no se puede detectar en un plan insurreccional. La caída de cualquier otro plan puede dañar, pero no la de éste. El secreto del plan insurreccional no es dónde vas a atacar ni cómo lo vas a hacer sino la forma en que van a reaccionar las masas.
MH: ¿Qué papel jugaba León dentro de la ofensiva final?
Dora María Téllez: Mira, León era de los lugares donde nosotros veíamos la posibilidad de que se rompiera el equilibrio de fuerzas con el enemigo. Y así ocurrió. Por eso lo reforzamos con tantos cuadros, con tantas armas, aunque lo decisivo fue la fuerza organizativa de las masas.
MH: ¿Cuántas armas? ¿Las ciento sesenta a las que te referías antes…?
Dora María Téllez: Sí. ¡Y eso es mucho! ¡El doble de lo que tenía la mayor parte de las otras ciudades!
MH: ¿Por qué pensaron que era allí donde se iba a romper el equilibrio de fuerzas? ¿Por la experiencia de septiembre?
Dora María Téllez: Sí, por todo eso y porque no existía ninguna organización más fuerte de masas que la que se había generado en León.
MH: ¿Y esa organización se genera porque hubo buenos cuadros o simplemente porque allí el estado de ánimo de las masas era muy bueno?
Dora María Téllez: Ninguna de las dos cosas por separado. Allí había buenos cuadros y había un buen ánimo de las masas. ¡Había cuadrazos! Me refiero especialmente a los que cayeron en Veracruz. Por eso es que yo te digo que son ellos los verdaderos héroes de la guerra. Nosotros cargamos ahora con los grados que ellos se merecían. ¡Esa gente había montado un aparato que era para agarrar el garrote y darle al enemigo!
MH: Una última pregunta. Cuando ustedes comienzan la insurrección final en León, ¿piensan que la lucha va a ser tan larga?
Dora María Téllez: Yo eché mis cálculos y dije: “Bueno, si en septiembre fueron quince o diecisiete días, esto se lleva un mes”. Otros compañeros pensaban en unos quince días, y otros, los más, pensaban que sólo iba a ser un “piquito”. Yo estaba más cerca de la realidad: transcurrieron treinta y siete días entre el inicio de las acciones en la tarde del 2 de junio y la celebración de la liberación completa de la ciudad, el 9 de julio. Ese día empezó a flamear en lo alto de Acosasco la bandera rojinegra del FSLN.
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Fuente: Pueblo en Armas, Guatemala, El Salvador, Nicaragua. Entrevistas de Marta Harnecker. Serie Popular Era. Pág. 59-77.
Existe una edición digital del libro disponible en: Rebelion.org

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