[DEBATE] Intelectuales: una crítica marxista de los post-marxistas – James Petras

Como Diario Venceremos  queremos compartir un conjunto de análisis, referentes a las discusiones teóricas actuales en el campo de la lucha de clases a nivel nacional e internacional, en este  caso dejamos con Uds. el articulo del intelectual norteamericano James Petras en el cual entra de lleno al debate con los post-marxistas y sus posturas funcionales a la mantención del sistema capitalista.

Introducción

El post-marxismo se ha convertido en una posición intelectual de moda con el triunfo del neo-liberalismo y la retirada de la clase obrera. El espacio dejado por la izquierda reformista ha sido ocupado en parte por los políticos e ideólogos capitalistas, los tecnócratas y las iglesias tradicional y fundamentalista (Pentecostales y el Vaticano). En el pasado, este espacio estaba ocupado por los políticos socialistas, nacionalistas y populistas y los activistas de la iglesia asociados con la “teología de la liberación”. El centro-izquierda tenía mucha influencia dentro de los regímenes políticos (en la cima) o las clases populares menos politizadas (en la base). El espacio vacante de la izquierda radical se relacionaba con los intelectuales políticos y los sectores politizados de los sindicatos y con los movimientos sociales urbanos y rurales. Es entre estas clases que el conflicto entre el marxismo y el “post-marxismo” es más intenso hoy en día.

Alimentadas y, en muchos casos, subsidiadas por las principales instituciones financistas y las agencias gubernamentales que promueven el neo-liberalismo, han surgido un extenso número de organizaciones “sociales” cuya ideología, vínculos y prácticas entran en competencia directa con la teoría y la práctica marxista. Estas organizaciones, que en la mayoría de los casos se autodenominan “no-gubernamentales” o  “centros de investigación independientes”, han sido activas en proponer ideologías y prácticas políticas que sean compatibles y complementen la agenda neo-liberal de sus patronos financistas. Este ensayo procederá a describir y criticar los componentes de su ideología y después describirá sus actividades y no-actividades, comparándolas con los enfoques de los movimientos de base social. A ésto le seguirá una discusión de los orígenes del “post-marxismo”, su evolución y su futuro en relación con el declinar y posible regreso del marxismo. 

Componentes del Post-marxismo

Los intelectuales que proponen el post-marxismo, en muchas ocasiones, son “ex-marxistas” cuyo punto de partida es una “crítica” del marxismo y elaboran  contrapropuestas a cada proposición básica como base para tratar de brindar una teoría alternativa o por lo menos una línea de análisis aceptable. Es posible sintetizar al menos diez argumentos básicos que se encuentran a menudo en el discurso post-marxista.

  1. El socialismo fue un fracaso y todas las “teorías generales” de la sociedad están condenadas a repetir este proceso. Las ideologías son falsas (¡excepto el post-marxismo!) porque reflejan un mundo de pensamiento dominado por un único sistema cultural de género/raza).
  2. El énfasis marxista en la clase social es “reduccionista” porque las clases se están disolviendo; los principales puntos de partida políticos son culturales y están enraizados en diferentes identidades (raza, género, etnicidad, preferencia sexual).
  3. El Estado es el enemigo de la democracia y la libertad y un mensajero de bienestar social que es corrupto e ineficiente. En su lugar, la “sociedad civil” es la protagonista de la democracia y el mejoramiento social.
  4. La planificación central lleva a y es un producto de la burocracia que impide el intercambio de bienes entre los productores. Los mercados y los intercambio del mercado, quizás con regulaciones limitadas, permiten un mayor consumo y una distribución más eficiente.
  5. La lucha de la izquierda tradicional por el poder estatal es corrupta y conlleva a regímenes autoritarios que entonces subordinan la sociedad civil a su control. Las luchas locales sobre asuntos locales por organizaciones locales son las únicas vías de cambio, conjuntamente con la petición/presión sobre las autoridades nacionales e internacionales.
  6. Las revoluciones siempre terminan mal o son imposibles: las transformaciones sociales amenazan con provocar reacciones autoritarias. La alternativa es luchar para/y consolidar transiciones democráticas para salvaguardar los procesos electorales.
  7. La solidaridad de clases es parte de las ideologías pasadas, que reflejan políticas y realidades anteriores. Ya no existen las clases. Lo que hay son lugares fragmentados donde grupos específicos (identidades) y localidades se vinculan en una ayuda mutua y relación recíproca para “sobrevivir” basada en la cooperación con ayuda externa. La solidaridad es un fenómeno de clases-cruzadas, un gesto humanitario.
  8. La lucha de clases y la confrontación no producen resultados tangibles; sino que provocan derrotas y fracasan en la solución de los problemas inmediatos. La cooperación gubernamental e internacional en torno a proyectos específicos provoca un incremento de la producción y el desarrollo.
  9. El antimperialismo es otra expresión del pasado que ha sobrevivido a su época. En la economía globalizada de hoy, no hay posibilidad de confrontación con los centros económicos. El mundo es más interdependiente cada día y en él hay una necesidad de una mayor cooperación internacional en la transferencia de capitales, tecnologías y know-how de los países “ricos” a los países “pobres”.
  10. Los líderes de las organizaciones populares no deben estar orientados exclusivamente hacia la organización de los pobres y el compartir sus condiciones. La movilización interna debe estar basada en el financiamiento externo. Los profesionales deben diseñar programas y asegurar el financiamiento externo para organizar grupos locales. Sin ayuda externa, los grupos locales y las carreras profesionales colapsarían. 

Crítica de la Ideología Post-marxista

Los post-marxistas, entonces, tienen un análisis, una crítica y una estrategia de desarrollo que es, en una palabra, la ideología muy general que ellos supuestamente condenan cuando discuten el marxismo. Además, es una ideología que falla al identificar las crisis del capitalismo (estancamiento prolongado, pánicos financieros periódicos, etc.) y las contradicciones sociales (desigualdades y polarización social) a nivel nacional e internacional que afectan los problemas sociales locales que se están enfocando. Por ejemplo, los orígenes del neo-liberalismo (el medio socio-político y económico en el que los post-marxistas funcionan) es un producto de los conflictos de clase. Sectores específicos del capital aliados con el Estado y el imperio derrotaron a las clases populares e impusieron el modelo. Una perspectiva no-clasista no puede explicar los orígenes del mundo social en el que operan los post-marxistas. Es más, el mismo problema aflora en la discusión de los orígenes de los post-marxistas – su propia biografía refleja el giro abrupto y radical en el poder a niveles nacional e internacional, en las esferas económica y cultural, limitando el espacio y los recursos en los que el marxismo operaba mientras que se incrementaban las oportunidades y los fondos para los post-marxistas. Los orígenes sociológicos del post-marxismo están inmersos en el giro del poder político alejándose de la clase obrera hacia la exportación del capital.

Vayamos ahora de una sociología del conocimiento crítica de la ideología post-marxista y su visión generalmente inconsistente de la teorización general a discutir sus proposiciones específicas. Comencemos con su noción de la “derrota del socialismo” y el “fin de las ideologías”. ¿Qué se quiere decir con la “derrota del socialismo”? ¿El colapso de la URSS, de los regímenes comunistas de Europa del Este?  Primero, ése es sólo un único concepto de socialismo. Segundo, aún así no está claro lo que falló – ¿el sistema político, el sistema socio-económico? Los resultados de las elecciones recientes en Rusia, Polonia, Hungría y muchas de las repúblicas ex-soviéticas sugieren que una mayoría de votantes prefieren un regreso a algunos aspectos de las políticas de bienestar social y prácticas económicas del pasado. Si la opinión popular en los países ex-comunistas es un indicador del “fracaso”, los resultados aún no son definitivos. En segundo lugar, si los post-marxistas quieren decir por “fracaso del socialismo” una declinación del poder de la izquierda debemos insistir en que hay una diferencia entre “fracaso” debido a ineficiencias internas de las prácticas del socialismo  y las derrotas político-militares por agresores externos. Nadie diría que la destrucción de Hitler de las democracias de Europa Occidental fue un “fracaso de la democracia”. Los regímenes capitalistas terroristas y/o la intervención de los Estados Unidos en Chile, Argentina, Bolivia, Uruguay, República Dominicana, Guatemala. Nicaragua, El Salvador, Angola, Mozambique, y Afganistán jugaron un rol principal en el “declinar” de la izquierda revolucionaria. Las derrotas militares no son fracasos del sistema económico y no se reflejan en la efectividad de las experiencias socialistas. Además, cuando analizamos el funcionamiento interno durante el período relativamente estable de gobierno socialista o popular, a través de muchos indicadores sociales, el resultado es mucho más favorable que lo que vino después: participación popular, salud, educación y un crecimiento equitativo bajo Allende resulta muy favorable comparado con lo que vino después bajo Pinochet. Los mismos indicadores bajo los Sandinistas son más favorables que en el régimen de Chamorro en Nicaragua. La reforma agraria del gobierno de Arbenz y las políticas de derechos humanos resultan más favorables cuando se comparan con las políticas gubernamentales instaladas por la CIA de concentración de tierras y 150,000 asesinatos.

Hoy, mientras sea cierto, que los neo-liberales gobiernan y los marxistas están fuera del poder, difícilmente haya un país en el hemisferio occidental donde el marxismo y el socialismo hayan influenciado los movimientos de masa que no se estén llevando a cabo grandes manifestaciones y lanzando retos a las políticas y a los regímenes neo-liberales. En Paraguay, Uruguay y Bolivia, huelgas generales exitosas, en México movimientos importantes de campesinos y guerrillas indígenas, en Brasil los movimientos de los trabajadores sin tierra, todos ellos reflejan una influencia marxista.

El socialismo fuera del bloque comunista era principalmente una fuerza popular y democrática que aseguraba un fuerte apoyo porque representaba los intereses populares decididos libremente. Los post-marxistas confunden el comunismo soviético con los movimientos socialistas democráticos revolucionarios enraizados en América Latina. Ellos confunden las derrotas militares con los fracasos políticos de la izquierda, aceptando la amalgama neo-liberal de los dos conceptos opuestos. Finalmente, hasta en el caso del comunismo del Este, ellos no ven la naturaleza cambiante y dinámica del comunismo. La popularidad creciente de una nueva síntesis socialista de propiedad social, programas de bienestar, reforma agraria, y democracia está basada en los nuevos movimientos socio-políticos.

En este sentido, el enfoque post-marxista del “fin de las ideologías” no sólo es inconsistente con sus propios pronunciamientos ideológicos sino también con el continuado debate ideológico entre los antiguos y actuales marxistas y los actuales debates y confrontaciones entre el neo-liberalismo y su retoño post-marxista. 

La Disolución de las Clases y el Surgimiento de las Identidades

Los post-marxistas atacan la noción marxista de análisis de clases desde varios ángulos. Por un lado, ellos dicen que esto obscurece la igual o más significativa importancia de las identidades culturales (género, etnicidad). Ellos acusan a los analistas de clase de ser “reduccionistas económicos” y fallan al explicar el género y las diferencias étnicas dentro de las clases. Entonces ellos van más allá al argumentar que estas “diferencias” definen la naturaleza de la política contemporánea. La segunda línea de ataque en el análisis de clases es el resultado de una visión en que la clase es meramente un invento intelectual — es esencialmente un fenómeno subjetivo que está determinado por la cultura. Así, no hay “intereses de clase objetivos” que dividan la sociedad ya que los ‘intereses’ son puramente subjetivos y que cada cultura define sus preferencias individuales. La tercera línea de ataque argumenta que han habido vastas transformaciones en la economía y en la sociedad que han borrado  las antiguas diferencias de clase. Algunos post-marxistas argumentan que en la sociedad post-industrial, la fuente de poder está en los nuevos sistemas de información, las nuevas tecnologías y en aquellos que las dirigen y controlan. La sociedad, de acuerdo con este punto de vista, está evolucionando hacia una nueva sociedad en la que los obreros industriales están desapareciendo en dos direcciones: hacia arriba, incorporándose a la “nueva clase media” de alta tecnología y hacia abajo, convirtiéndose en marginales “de clase baja”.

Los marxistas nunca han negado la importancia de las divisiones étnicas, de género y raciales dentro de las clases. Lo que ellos han enfatizado, sin embargo, es el amplio sistema social que genera estas diferencias y la necesidad de unir las fuerzas de clase para eliminar estas desigualdades en todos los aspectos: laboral, comunal, familiar. Lo que la mayoría de los marxistas objetan es la idea de que las desigualdades de género y raza pueden y deben ser analizadas y resueltas fuera del marco de la clase: que la mujer terrateniente con sirvientes y riqueza tiene una “identidad” esencial con las mujeres campesinas que son ‘empleadas’ con salarios de hambre. Los burócratas indios de los gobiernos neo-liberales tienen una “identidad” común con los campesinos indios que son desplazados de sus tierras por las políticas económicas de libre mercado. Por ejemplo, Bolivia tiene un vicepresidente indio que preside los arrestos en masa de los campesinos indios que cultivan la coca. Las políticas de identidad en el sentido de la conciencia de una forma particular de opresión por un grupo inmediato puede ser un punto de partida adecuado. Este enfoque, sin embargo, se convertirá en una prisión de “identidad” (raza o género) aislada de otros grupos sociales explotados a menos que trascienda los puntos inmediatos de opresión y se enfrente  al sistema social en el cual esta inmerso. Ésto requiere un análisis de clases más amplio de la estructura del poder social que dirige y define las condiciones de las desigualdades generales y específicas.

Lo esencial de las políticas de identidad es que aísla los grupos en grupos competidores que son incapaces de trascender el universo político-económico que define y confina a los pobres, los obreros, los campesinos y los empleados. La política de clases es el terreno desde donde enfrentar a las “políticas de identidad” y transformar las instituciones que sostienen las clases y otras desigualdades.

Las clases no surgen por algo subjetivo: ellas son organizadas por la clase capitalista para apropiarse del valor. Así, la noción de que la clase es una noción subjetiva dependiente del tiempo, el lugar y la percepción confunde la clase con la conciencia de clase. Mientras que la primera tiene un status objetivo, la segunda está condicionada por factores culturales y sociales. La conciencia de clase es una composición social que, sin embargo, no la hace menos ‘real’ e importante en la historia. Mientras que las formas sociales y expresiones de la conciencia de clase varían, es un fenómeno recurrente a través de la historia y la mayor parte del mundo, aunque a veces está opacado por otras formas de “conciencia” en diferentes momentos (p.ej., raza, género, nacional) o combinada con ellas (nacionalismo y conciencia de clase).

Es obvio que hay cambios importantes en la estructura de clase, pero no en la dirección en que apuntan los post-marxistas. Los cambios importantes han reforzado las diferencias de clase y la explotación de clases, aunque la naturaleza y las condiciones de las clases explotadoras y explotadas han cambiado. Actualmente hay más trabajadores asalariados que en el pasado. El tema de la explotación no-regulada no es lo que describe un sistema que “trasciende” el capitalismo del pasado. Es el retorno a las formas de explotación de la fuerza de trabajo del siglo XIX. Lo que requiere un nuevo análisis es el capitalismo después que un Estado popular ha sido sustituído por instituciones estatales más clara y directamente vinculadas al capitalismo dominante: el neoliberalismo sin intermediario gobernando el poder de clase del Estado. Sin importar las “múltiples determinantes” del comportamiento del Estado y el régimen en el pasado reciente, actualmente el modelo neo-liberal de acumulación depende más directamente de un control estatal centralizado vinculado horizontalmente a la banca internacional para implementar el pago de las deudas y a los sectores exportadores que ganan divisas. Sus vínculos verticales con el ciudadano como sujeto y vínculo primario es a través de un aparato estatal represivo y unas ONGs paraestatales que difuminan las explosiones sociales.

El desmantelamiento del Estado de bienestar significa que la estructura social está más polarizada: por un lado, los empleados públicos desempleados afectados en salud, educación, seguridad social y por otro lado, profesionales bien remunerados vinculados a las corporaciones multinacionales, las ONGs y otras instituciones financiadas externamente vinculadas al mercado mundial y a los centros de poder político. La lucha hoy no es solamente entre las clases en fábricas sino entre el Estado y las clases desarraigadas, desplazadas de un empleo fijo y forzadas a producir y vender y llevar los costos de su reproducción social, en las calles y mercados. La integración al mercado mundial de los  exportadores de élite y compradores medianos y pequeños (importadores de productos electrónicos,-funcionarios del turismo de hoteles y resorts internacionales) tiene su contraparte en la desintegración de la economía interna: la industria local, las pequeñas granjas con el consecuente desplazamiento de los productores hacia la ciudad y el extranjero.

La importación de bienes de lujo para la alta clase media está basada en las ganancias remitidas por la fuerza de trabajo “exportada” de los pobres. El nexo de la explotación comienza con el empobrecimiento del interior, el desarraigo de los campesinos y su inmigración a las ciudades y al extranjero. Los ingresos enviados por la “fuerza de trabajo exportada” abastece la moneda dura para financiar las importaciones y los proyectos de infraestructura neo-liberal para promover el negocio extranjero y nacional del turismo. La cadena de explotación tiene más circuitos, pero al final todavía está ubicada en la relación capital-fuerza de trabajo. En la era del neo-liberalismo, él lucha por variar la ‘nación’, el mercado nacional, la producción nacional y el intercambio son de nuevo una demanda histórica básica. De la misma forma, el crecimiento de empleo desregularizado (informal) requiere una inversión pública poderosa y un centro regulatorio para generar empleo formal con condiciones de vida adecuadas. En una palabra, el análisis de clases necesita estar adaptado a la regla del capital sin intermediario en un mercado de trabajo desregularizado con vínculos internacionales en el que las políticas reformistas redistributivas del pasado han sido sustituídas por políticas neo-liberales reconcentrando los ingresos del poder en la cima. La homogenización y movilidad hacia abajo de amplios sectores de obreros y campesinos que estaban anteriormente en el mercado de trabajo regulado crea un gran objetivo potencial para la acción revolucionaria unificada. En una palabra, hay una identidad de clase común que forma el terreno para organizar las luchas de los pobres.

Resumiendo, contrariamente a lo que argumentan los post-marxistas, las transformaciones del capitalismo han hecho el análisis de clases más importante que nunca.

El crecimiento de la tecnología ha exacerbado las diferencias de clases, no las ha abolido. Los trabajadores en la industria de micro-chips y aquellas industrias en las que se han incorporado los nuevos chips no han eliminado a la clase obrera. Mas bien, ha reorientado los centros de actividad y el modo de producir dentro del proceso continuo de explotación. La nueva estructura de clases hasta lo que se percibe actualmente combina las nuevas tecnologías con formas de explotación más controladas: la automatización de algunos sectores incrementa el tiempo de trabajo en la línea de producción; las cámaras de circuito cerrado de TV incrementan la vigilancia del trabajador a medida que se reduce el personal administrativo, los ‘círculos de control de calidad’, en los que la presión de los obreros  incrementa la auto-explotación sin incremento del poder o el salario. La “revolución tecnológica” es conformada por último por la estructura de clase de la contrarrevolución neo-liberal, las computadoras permiten al negocio agrícola controlar los costos y el volumen de los pesticidas, pero son los trabajadores de bajos ingresos los que lo riegan y son envenenados por él. Las redes de información están interconectadas para quitarles trabajo a la industria del deporte o de bienes domésticos (la economía informal), para la producción de textiles, zapatos, etc.

La clave para entender este proceso de desarrollo combinado y desigual de la tecnología y la fuerza laboral es el análisis de clase y dentro de éste, el género y la raza. 

El Estado y la Sociedad Civil

Los post-marxistas pintaron un cuadro del Estado visto desde un solo lado. El Estado está descrito como una burocracia enorme e ineficiente que saqueaba el tesoro público y dejaba al pueblo pobre y la economía en bancarrota. En la esfera política, el Estado era la fuente de un gobierno autoritario y de medidas arbitrarias que impedía el ejercicio de la ciudadanía (democracia) y el intercambio de productos (“el mercado”). Por otro lado, argumentaban los post-marxistas, la “sociedad civil” era la fuente de la libertad, los movimientos sociales, la ciudadanía. De una sociedad civil activa se obtenía una economía dinámica y equitativa. Lo que es extraño de esta ideología es su capacidad peculiar de pasar por alto cincuenta años de historia. El sector público fue un instrumento necesario para estimular la industrialización en ausencia de la inversión privada y debido a la crisis económica (la crisis mundial de 1930, guerra en los ‘40s, etc.).

En segundo lugar, el crecimiento de la educación y la salud pública básica fue mayormente una iniciativa pública.

En siglo y medio de empresa libre, desde el siglo XVIII hasta 1930, América Latina ha sufrido las siete plagas de la Biblia, mientras que la mano invisible del mercado presenciaba todo aquello: genocidio, hambre, enfermedad, tiranía, dependencia, desarraigo y explotación.

El sector público creció como respuesta a estos problemas y se desvió de sus funciones públicas hasta el grado que fue privatizado por las élites políticas y de los negocios. La “ineficiencia del Estado” es un resultado de haberlo dirigido hacia la ganancia privada -lo mismo al subsidiar intereses de negocios (a través de bajos costos de energía) o brindando empleo a los seguidores políticos. La ineficiencia del Estado está directamente relacionada con su subordinación a los intereses privados. Los programas comprensiblemente estatales de salud y educación nunca han sido sustituídos adecuadamente por la economía privada, la iglesia o las ONGs. Tanto el sector privado como la iglesia financian clínicas y educación privada para satisfacer a una minoría rica. Las ONGs, cuando más, proveen cuidados y educación a corto plazo para grupos limitados en circunstancias locales dependiendo de los   caprichos e intereses de donantes extranjeros.

Como indica una comparación sistemática, los post-marxistas han leído mal la historia: ellos han permitido que su retórica anti-estatal los ciegue frente a los logros comparativos positivos de lo público sobre lo privado.

El argumento de que “el Estado” es la fuente del autoritarismo es y no es verdad. Los Estados dictatoriales han existido y seguirán existiendo, pero tienen poco o nada que ver con la propiedad pública, especialmente si ésto significa la expropiación de negocios extranjeros. La mayoría de las dictaduras han sido anti-estatales y han estado a favor del libre mercado, hoy y en el pasado, y es bastante probable que también lo sean en el futuro.

Además, el Estado ha sido un apoyo importante de la ciudadanía, promoviendo la incorporación de sectores explotados en la política, reconociendo los derechos legítimos de los trabajadores, negros, mujeres, etc. Los Estados han brindado las bases para la justicia social al redistribuir la tierra, los ingresos y los presupuestos para favorecer a los pobres.

En una palabra, necesitamos superar la retórica Estado/anti-Estado para definir la naturaleza de clase del Estado, su base de representación política y legitimidad. Los ataques generalizados ahistóricos, asociales del Estado son injustificados y solo sirven como un instrumento polémico para impedirle a los ciudadanos del mercado libre forjar una alternativa racional y efectiva anclada en las potencialidades creativas de la acción pública.

La contraposición de “sociedad civil” al Estado también es una falsa dicotomía. Además, la mayor parte de la discusión de la sociedad civil pasa por alto las contradicciones sociales básicas que dividen a la “sociedad civil”. La sociedad civil, o más exactamente, las clases líderes de la sociedad civil, mientras atacan el “estatismo” de los pobres, siempre han tratado como un punto importante el fortalecimiento de sus vínculos con el Tesoro y lo militar para promover y proteger su posición dominante en la “sociedad civil”. De igual manera, cuando se levantan las clases populares en la sociedad civil buscan romper el monopolio del Estado de las clases dominantes. Los pobres siempre han buscado los recursos del Estado para fortalecer su posición socio-económica en relación con los ricos. El asunto es y ha sido siempre la relación de las diferentes clases con el Estado.

Los ideólogos post-marxistas que están marginados del Estado por los neo-liberales han convertido en virtud su impotencia. Mientras imbuyen sin críticas la retórica anti-estatal de arriba, la transmiten hacia abajo. Los post-marxistas tratan de justificar sus vías de organización (ONGs) para moverse hacia arriba argumentando que ellos operan fuera del Estado y en la “sociedad civil” cuando de hecho están subvencionados por gobiernos extranjeros para trabajar con los gobiernos nacionales.

La “sociedad civil” es una abstracción de los profundos cortes sociales generados por la sociedad capitalista, divisiones sociales que se han profundizado bajo el neo-liberalismo. Existe tanto conflicto entre las clases dentro de la sociedad civil como entre la “sociedad civil” y el Estado. Sólo en algunos momentos excepcionalmente raros lo encontramos de otro modo. Bajo los Estados fascistas o totalitarios que torturan, abusan y saquean la totalidad de las clases sociales encontramos instancias de una dicotomía entre el Estado y la sociedad civil.

El hablar o escribir de “sociedad civil” es un intento de convertir una distinción legal en categorías políticas principales para organizar la política. Al hacerlo, las diferencias entre las clases se obscurece y no hay reto al dominio de la clase gobernante.

El contraponer el “ciudadano” al “Estado” es pasar por alto los profundos vínculos de ciertos ciudadanos (las élites exportadoras, la clase media alta) al Estado y la alienación y exclusión de la mayoría de los ciudadanos (obreros, desempleados, campesinos) del ejercicio efectivo de sus derechos sociales más elementales. Los ciudadanos élite, utilizando al Estado, le quitan a la ciudadanía cualquier significado práctico para la mayoría convirtiendo a los ciudadanos en sujetos. La discusión de la sociedad civil, como el Estado, necesita especificar los contornos de las clases sociales y los límites impuestos por la clase privilegiada. La forma de utilizar el término de los post-marxistas como un concepto sin crítica, indiferenciado, sirve más para oscurecer que para destacar la dinámica de los cambios de la sociedad. 

La Planificación, la Burocracia y el Mercado

No hay duda de que la planificación centralizada en los antiguos países comunistas era ‘burocrático’-autoritaria en su concepción y centralizada en su ejecución. Desde esta observación empírica, los post-marxistas argumentan que la “planificación” (centralizada o nó) es por naturaleza contradictoria a las necesidades de una economía moderna compleja con sus múltiples demandas, millones de consumidores y flujos masivos de información. Sólo el mercado puede realizar esta tarea. La democracia y el mercado van aparejados — otro punto de convergencia entre los “post-marxistas” y los neoliberales. El problema con este concepto es que la mayoría de las principales instituciones en una economía capitalista están involucradas en la planificación central.

La General Motors, Wal-Mart, Microsoft, todas ellas programan y planifican centralmente las inversiones directas y los gastos para obtener mayores producciones y mercadeo. Pocos post-marxistas, si es que algunos lo hacen, enfocan su atención críticamente hacia estas empresas. Los post-marxistas no se cuestionan la eficiencia de la planificación centralizada en las corporaciones multinacionales o su compatibilidad con los sistemas electorales competitivos característicos de las democracias capitalistas.

El problema teórico es la confusión de los post-marxistas entre la planificación centralizada y una variante histórico-política particular de ella. Si aceptamos que los sistemas planificados pueden estar incluídos en una variedad de sistemas políticos (autoritarios o democráticos), entonces es lógico que la habilidad contable y el grado de respuesta del sistema de planificación puede variar.

Hoy en la sociedades capitalistas, el presupuesto militar es parte de la planificación y los gastos estatales basados en “órdenes” a los productores (y dueños de capital) que responden en su propia forma ineficiente produciendo y beneficiándose de ello durante más de cincuenta años. Al no haber ‘modelo de planificación’, el punto que necesita recalcarse es que la planificación central estatal no es un fenómeno confinado a los “sistemas comunistas”. Los defectos se han generalizado y también se hallan en las economías capitalistas. El problema en ambas instancias (Pentágono y comunismo) es la falta de una contabilidad democrática: la élite del complejo militar-industrial fija la producción, los costos, la demanda y los abastecimientos.

La ubicación centralizada de los recursos del Estado es imprescindible en muchos países a causa de las desigualdades regionales existentes entre la dotación de recursos, la inmigración, la productividad, la demanda de productos o por abundantes razones históricas. Sólo una decisión centralizada puede redistribuir los recursos para compensar a aquellas  regiones, clases, géneros y grupos raciales menos desarrollados afectados en forma adversa por los factores anteriores. De otra manera, el “mercado” tiende a favorecer aquellos con ventajas históricas que estén favorablemente dotados creando patrones de polos de desarrollo o incluso estimulando la explotación inter-regional/de clases y los conflictos étnicos.

El problema fundamental de la planificación es la estructura política que informa al proceso de planificación. Los cargos de planificación elegidos y sujetos a las comunidades organizadas o grupos sociales (productores, consumidores, jóvenes, mujeres, minorías raciales) ubicarán los recursos entre la producción, el consumo y la reinversión en forma diferente de aquellos que están vinculados a las élites relacionadas con el complejo militar-industrial.

En segundo lugar, la planificación no significa una especificación detallada. El monto de los presupuestos sociales puede ser decidido nacionalmente por representantes electos y ser ubicados por acuerdos de asambleas públicas donde los ciudadanos puedan votar por sus prioridades locales. Esta práctica ha tenido éxito en Porto Alegre, Brasil durante algunos años bajo un gobierno municipal conducido por el Partido de los Trabajadores. La relación entre la planificación general y local no está escrita en forma definitiva, ni tampoco los niveles de especificación de los gastos y las inversiones que deben determinar los “altos niveles”. Las asignaciones generales para promover objetivos específicos que beneficien al país entero (en infraestructura, alta tecnología, educación, etc.) son complementados por decisiones locales para el subsidio de escuelas, hospitales y centros culturales.

La planificación es un instrumento clave en la economía capitalista actual. El eliminar la planificación socialista es desaprovechar una importante herramienta para organizar el cambio social. Para revertir las vastas desigualdades, la concentración de la pobreza, y la ubicación de presupuestos injustos se requiere un plan general con una autoridad democrática con poder para implementarla. Conjuntamente con las empresas públicas y los consejos autodirigidos de productores y consumidores, la planificación centralizada es el tercer pilar para una transformación democrática.

Para terminar, la planificación centralizada no es incompatible con actividades productivas y de servicios de propiedad local (restaurantes, cafés, talleres de reparación, fincas familiares, etc.). Obviamente, las autoridades públicas estarán ocupadas manejando las macroestructuras de la sociedad.

Las decisiones complejas y los flujos de información son más fáciles de manejar actualmente con las computadoras procesadoras de mega-información. La fórmula de: representación democrática más computadoras más planificación central es igual a eficiencia y una producción y distribución social equitativa.

“El Poder Estatal Corrompe”: Los Políticos Locales se Someten

Una de las principales críticas del marxismo entre los post-marxistas es la noción que el poder estatal corrompe y que la lucha por conquistarlo es el pecado original. Utilizan el argumento de que ésto es así porque el Estado está tan distante de los ciudadanos, que las autoridades se vuelven autónomas y arbitrarias, olvidando los objetivos originales y buscando su interés personal. No hay duda de que a través de la historia la gente que toma el poder se convierten en tiranos. Pero también es cierto que la llegada al poder de los individuos que conducen movimientos sociales han tenido un efecto emancipador. La abolición de la esclavitud y el derrocamiento de las monarquías absolutistas son dos ejemplos de ello. De manera que el “poder” en el Estado tiene un doble significado dependiendo del contexto histórico. De la misma forma, los movimientos locales han tenido éxitos al movilizar a las comunidades, mejorando las condiciones básicas, en algunos casos de forma significativa. Pero también es verdad que las decisiones económicas macro-políticas han minado los esfuerzos locales. Hoy en día las políticas de ajuste estructural a nivel nacional e internacional han generado pobreza y desempleo, agotando los recursos locales, forzando a las personas de la localidad a emigrar o a involucrarse en la violencia. La dialéctica entre el Estado y el poder local opera para minar o apoyar las iniciativas o cambios locales, dependiendo de la clase que está en el poder que se manifiesta en ambos niveles. Existen numerosos casos de gobiernos municipales progresistas que han sido minados porque el régimen nacional reaccionario les ha cortado su financiamiento. Por otra parte, los gobiernos municipales progresistas han sido una fuerza muy positiva al ayudar a organizaciones de la comunidad local, como ha sido el caso del alcalde socialista de Montevideo en Uruguay o el alcalde de izquierda en Porto Alegre, Brasil.

Los post-marxistas que contraponen ‘local’, a ‘poder estatal’ no están basando su discusión en la experiencia histórica, al menos nó en América Latina. La antinomia es un resultado del intento de justificar el papel de las ONGs como mediadores entre las organizaciones locales y los donantes extranjeros neo-liberales (Banco Mundial, Europa o los EE.UU.) y los regímenes locales de libre mercado. A fin de “legitimar” su papel, los profesionales de las ONGs post-marxistas, como “agentes de las bases democráticas”, tienen que menospreciar la izquierda a nivel del poder estatal. En el proceso, ellos complementan la actividad de los neo-liberales cortando el vínculo entre las luchas locales y la organización de movimientos políticos nacionales o internacionales. El énfasis en la “actividad local” sirve adecuadamente a los regímenes neo-liberales, ya que le permite a sus partidarios nacionales o extranjeros dominar la política macroeconómica-social y canalizar la mayoría de los recursos del Estado en provecho de los exportadores capitalistas y los intereses financieros.

Los post-marxistas como dirigentes de las ONGs se han vuelto habilidosos en el diseño de proyectos y en transmitir la nueva “identidad” y la jerga “globalizadora” a los movimientos populares. Sus discursos y escritos acerca de la cooperación internacional, la autoayuda, las microempresas, crean lazos ideológicos con los neo-liberales mientras que forjan la dependencia con los donantes externos y su agenda socio-económica neo-liberal. No es una sorpresa que después de una década de actividad de las ONGs los profesionales post-marxistas hayan “despolitizado” y desradicalizado áreas completas de la vida social: la mujer, la comunidad, y las organizaciones juveniles. El caso de Perú y Chile es clásico: donde las ONGs se han establecido firmemente, los movimientos sociales radicales se han replegado.

Las luchas locales sobre temas comunes son el alimento y la substancia que nutre a los movimientos que surgen. La cuestión crucial trata acerca de su dirección y su dinámica: entre elevar los grandes temas del sistema social y vincularlos con fuerzas locales para enfrentarse al Estado y su apoyo imperial o mirar hacia adentro, buscando apoyo extranjero y fragmentándose en una serie de competidores que suplican por el subsidio externo. La ideología de los post-marxistas promueve lo segundo, los marxistas lo primero.

Las Revoluciones Siempre Terminan Mal: El Posibilismo del Post-Marxismo

Hay una variante pesimista al post-marxismo que habla menos de los fallos de la revolución que de la imposibilidad del socialismo. Ellos citan el declinar de la izquierda revolucionaria, el triunfo del capitalismo en el Este, la “crisis del marxismo”, la pérdida de alternativas, la fuerza de los EE.UU., los golpes y la represión de los militares — todos estos argumentos se movilizan para conminar a la izquierda a que apoye el “posibilismo”: la necesidad de trabajar dentro de los nichos del mercado libre impuesto por el Banco Mundial y la agenda de ajuste estructural, y confinar la política a los parámetros electorales impuestos por los militares. Esto se llama “pragmatismo” o incrementalismo. Los post-marxistas juegan un papel ideológico principal promoviendo y defendiendo la llamada transición electoral del gobierno militar en la que los cambios sociales estaban subordinados a la reintroducción de un sistema electoral.

La mayoría de los argumentos de los post-marxistas están basados en observaciones estáticas y selectivas de la realidad contemporánea y están atados a conclusiones predeterminadas. Habiendo decidido que las revoluciones están pasadas de moda, los post-marxistas se concentran en las victorias electorales neo-liberales y no en las protestas masivas post-electorales y las huelgas generales que movilizan grandes cantidades de personas en actividades extra-parlamentarias. Ellos ven la desaparición del comunismo al final de la década de los ochenta y nó su reaparición en la mitad de los años noventa. Ellos describen las restricciones de los militares a los políticos electorales sin mirar  los retos a los militares por parte de la guerrilla zapatista, las rebeliones urbanas en Caracas, las huelgas generales en Bolivia. En una palabra, los posibilistas pasan por alto la dinámica de las luchas que comienzan en el nivel sectorial o local dentro de los parámetros electorales de los militares y después son propulsadas por encima y más allá de los límites por los fallos y la impotencia de los posibilistas electorales para satisfacer las demandas y necesidades elementales de la población. Los posibilistas han fracasado en terminar con la impunidad de los militares, pagar los salarios atrasados de los empleados públicos (las provincias de Argentina), terminar la destrucción de las cosechas de los cultivadores de coca (en Bolivia), etc.

Los posibilistas post-marxistas se convierten en parte del problema en vez de ser parte de la solución. Ya ha pasado una década y media desde que comenzaron las transiciones negociadas y en cada instancia los post-marxistas se han adaptado al neo-liberalismo y han profundizado las políticas del libre mercado. Los posibilistas son incapaces de oponerse con efectividad a los efectos sociales negativos del libre mercado en el pueblo, pero son presionados por los neo-liberales para imponer nuevas y mayores medidas de austeridad para poder continuar en el gobierno. Los post-marxistas se han movido gradualmente siendo unos críticos pragmáticos para los neo-liberales y promoviéndose a sí mismos como unos dirigentes eficientes y honestos del neoliberalismo, capaces de asegurar confianza a los inversionistas y calmar los disturbios sociales.

Mientras tanto, lo pragmático del post-marxismo es alcanzado por el extremismo de los neo-liberales: la década de 1990 ha sido testigo de una radicalización de las políticas neo-liberales, diseñadas para prevenir las crisis entregando inversiones aún más lucrativas y oportunidades especulativas a bancos y transnacionales extranjeros.

Petróleo en Brasil, Argentina, México y Venezuela … y en el resto menores salarios y menores pagos de la seguridad social, mayor exención de impuestos y menos restricciones de la legislación anterior del trabajo. Los neo-liberales están creando una estructura de clases polarizada, mucho más cercana al paradigma marxista de la sociedad que la visión post-marxista. La estructura de clases de la América Latina contemporánea es más rígida, más determinista, más vinculada a la clase política o el Estado, que en el pasado. En estas circunstancias las políticas revolucionarias son mucho más importantes, que la propuesta pragmática de los post-marxistas. 

La Solidaridad de Clases y la “Solidaridad” de los Donantes Extranjeros

Se ha abusado de la palabra “solidaridad” hasta el punto que en muchos contextos ha perdido su significado. El término “solidaridad” para los post-marxistas incluye la ayuda extranjera canalizada a cualquier grupo “empobrecido” designado. La mera “investigación” o educación popular de los pobres por los profesionales se ha designado como “solidaridad”. De muchas maneras las estructuras jerárquicas y las formas de transmisión de la “ayuda” y el “entrenamiento” se parecen a la caridad del siglo diecinueve y los promotores no son muy diferentes de los misioneros cristianos.

El post-marxismo enfatiza la “autoayuda” al atacar el “paternalismo y la dependencia” del Estado. En esta competencia entre las ONGs para capturar a las víctimas de los neo-liberales, los post-marxistas reciben importantes subsidios de sus contrapartes en Europa y en los E.U.A. La ideología de autoayuda enfatiza la substitución de empleados públicos por voluntarios y profesionales capaces contratados sobre una base temporal. La filosofía básica de la visión post-marxista es transformar la “solidaridad” en colaboración y subordinación a la macro-economía del neo-liberalismo enfocando la atención de las clases ricas hacia los recursos del Estado hacia la auto-explotación de los pobres. Los pobres no necesitan que los post-marxistas los hagan virtuosos por lo que el Estado les obliga a hacer.

El concepto marxista de solidaridad, contrariamente, enfatiza la solidaridad de clases y dentro de la clase, solidaridad de los grupos oprimidos (mujeres y gente de color) contra sus explotadores nacionales y extranjeros. El mayor enfoque no está en las donaciones que dividen a las clases y pacifican a pequeños grupos durante limitados períodos de tiempo. El enfoque del concepto marxista de solidaridad está en la acción común de los mismos miembros de la clase que comparten el aprieto económico común para el mejoramiento colectivo.

Éste involucra a los intelectuales que escriben y hablan por los movimientos sociales que luchan, comprometidos a compartir las mismas consecuencias políticas. El concepto de solidaridad está vinculado a intelectuales “orgánicos” que son básicamente parte del movimiento – la gente con recursos  que brindan análisis y educación para la lucha de clases. Por el contrario, los post-marxistas están sumergidos en el mundo de las instituciones, los seminarios académicos, las fundaciones extranjeras, las conferencias internacionales y los informes burocráticos. Ellos escriben en una jerga post-moderna esotérica comprensible sólo por estos “iniciados” en el culto subjetivista de identidades esencialistas. Los marxistas ven la solidaridad como el compartir los riesgos de los movimientos, sin ser los comentadores de afuera que lo cuestionan todo y no defienden nada. Para los post-marxistas el objetivo principal es “obtener” el financiamiento extranjero para el “proyecto”. La cuestión principal para el marxista es el proceso de lucha política y educación para garantizar el mejoramiento social. El movimiento era todo, el objetivo era importante para elevar la conciencia para el cambio social: construir el poder político para transformar la condición general de la gran mayoría. La “solidaridad” para los post-marxistas está divorciada del objetivo general de liberación, es meramente una forma de reunir a las personas para asistir a un seminario de recalificación del trabajo o contruir una letrina. Para los marxistas la solidaridad de una lucha colectiva contiene las semillas de la sociedad colectivista y democrática del futuro. Una  mayor visión o su ausencia es lo que le da a las diferentes concepciones  de solidaridad su diferente significado.

La Lucha de Clases y la Cooperación

Los post-marxistas frecuentemente escriben de “cooperación” de todos, cercanos y lejanos, sin hurgar muy profundamente en el precio y las condiciones para asegurar la cooperación de regímenes neo-liberales y agencias finacistas extranjeras. La lucha de clases se ve como un atavismo a un pasado que ya no existe. Hoy nos dicen que los “pobres” están intentando construir una nueva vida. Ellos se alimentan con la política, las ideologías y los políticos tradicionales. Hasta ahora, todo está bien. El problema es que los post-marxistas no son tan aventurados en describir su papel como mediadores y brokers, apresurándose en obtener fondos en el extranjero y acoplándolos a proyectos aceptables para los donantes y los receptores locales. Los inversionistas de la fundación están involucrados en un nuevo tipo de política similar a los “contratistas de trabajo” (enganchadores) del pasado no tan lejano: movilizando a las mujeres conjuntamente para ser “entrenadas”, estableciendo microfirmas subcontratadas por grandes productores o exportadores. La nueva política de los post-marxistas es en esencia la política de los compradores: ellos no producen productos nacionales sino que más bien ellos vinculan a financistas extranjeros con la fuerza de trabajo local (microempresas de auto ayuda) para facilitar que el régimen neo-liberal continúe. En este sentido los post-marxistas en su papel de dirigentes de ONGs son fundamentalmente actores políticos cuyos proyectos, entrenamiento y talleres no producen ningún impacto económico significativo ni en el PNB o en términos de disminución de la pobreza. Pero sus actividades sí tienen un impacto en desviar a la gente de la lucha de clases en formas inofensivas e inefectivas de colaboración con sus opresores. La perspectiva marxista de lucha de clases y el enfrentamiento es construído sobre las reales divisiones de clase de la sociedad: entre aquellos que extraen ganancias, intereses, rentas e impuestos regresivos y aquellos que luchan para maximizar los salarios, los gastos sociales y las inversiones productivas. Los resultados de la perspectiva post-marxista son evidentes hoy en día dondequiera que la concentración de ingresos y el crecimiento de las desigualdades son mayores que nunca, después de una década de predicar la cooperación, las microempresas y la autoayuda. Hoy los bancos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) funda las agroempresas de exportación que explotan y envenenan a millones de trabajadores agrícolas mientras que provee fondos para financiar pequeños micro-proyectos. El papel de los post-marxistas en los micro-proyectos es neutralizar la oposición política en la base mientras se promueve el neo-liberalismo en la cima. La ideología de “cooperación” vincula al pobre a través de los post-marxistas neo-liberales en la cima. Intelectualmente los post-marxistas son los policías intelectuales que definen una investigación aceptable, distribuyen los fondos para la investigación y filtran los temas y las perspectivas que proyectan un análisis de clase y una perspectiva de lucha. Los marxistas están excluídos de las conferencias y estigmatizados como “ideólogos” mientras que los post-marxistas se presentan a sí mismos como “científicos sociales”. El control de la moda intelectual, las publicaciones, las conferencias, los fondos de la investigación proveen a los post-marxistas con una importante base de poder -pero que por último debe evitar el conflicto con sus patrones financistas extranjeros.

Los intelectuales marxistas críticos tienen su fuerza en el hecho que sus ideas resuenan con el desarrollo de la realidad social. La polarización de las clases y los violentos enfrentamientos están aumentando, como predecían sus teorías. Es en este sentido que los marxistas son tácticamente débiles y están estratégicamente equivocados frente por frente a los post-marxistas.

¿Está Muerto el Anti-Imperialismo?

En los años recientes el antimperialismo ha desaparecido del léxico político de los post-marxistas. Las ex-guerrillas de América Central se convirtieron en políticos electorales y los profesionales que llevan las ONGs hablan de cooperación internacional e interdependencia. Pero los pagos de la deuda continúan transfiriendo grandes sumas de los pobres de América Latina a los bancos europeos, norteamericanos y japoneses. Las propiedades públicas, los bancos, y sobre todo los recursos naturales se están obteniendo a precios muy baratos por las multinacionales europeas y norteamericanas. Hay más billonarios latinoamericanos con sus fondos en los bancos norteamericanos y europeos que nunca. Los EE.UU. tiene más asesores militares, oficiales de la droga y policía federal dirigiendo la “política” de América Latina que nunca antes en la historia. Pero nos dicen algunos antiguos sandinistas y ex-farabandistas que el antimperialismo/imperialismo desapareció con el fin de la guerra fría. El problema, nos dicen, no son las inversiones extranjeras o la ayuda extranjera sino su ausencia y piden una mayor ayuda imperial. La miopía política y económica que acompaña esta perspectiva es el abaratamiento de la fuerza de trabajo, la eliminación de legislaciones sociales y la transformación de América Latina en una gran plantación, un gran campo minero, una gran zona de libre comercio al que les han arrancado sus derechos, su soberanía y su riqueza.

El énfasis marxista en la profundización de la explotación imperial tiene sus raíces en las relaciones sociales de producción y las relaciones estatales entre el capitalismo imperial y el dependiente. El colapso de la URSS ha intensificado la explotación imperial. Los post-marxistas (ex-marxistas) que creen que el mundo unipolar resultará en una mayor “cooperación” han leído mal la intervención de EE.UU. en Panamá, Irak, Somalia y en otros lugares. Más fundamentalmente, la dinámica del imperialismo está impregnada en la dinámica interna del capital nó en la competencia externa con la Unión Soviética. La pérdida del mercado doméstico y el sector externo de América Latina es un regreso a la fase “pre-nacional”. Las economía latinoamericanas empiezan a parecerse a su pasado “colonial”.

La lucha contra el imperialismo hoy en día se relaciona con la reconstrucción de la nación, el mercado doméstico, la economía productiva y una clase obrera vinculada hacia la producción y el consumo social. 

Dos perspectivas de transformación social: la Organización de Clase y las ONGs

Para avanzar, la lucha contra el imperialismo y sus colaboradores neo-compradores nacionales pasa a través de un debate ideológico y cultural con los post-marxistas dentro y en la periferia de los movimientos populares. El neo-liberalismo opera hoy en dos frentes: el económico y el político-cultural; y en dos niveles: el régimen y las clases populares. En la cima las políticas neo-liberales se formulan y se implementan por los personajes conocidos: el Banco Mundial, el FMI trabajando con Washington, Bonn y Tokio asociados con los regímenes neo-liberales y los exportadores nacionales, y los conglomerados de los grandes negocios y los banqueros.

A principios de los años 1980 los sectores más perceptivos de las clases dominantes neo-liberales se dieron cuenta de que sus políticas estaban polarizando la sociedad y provocando un gran descontento a escala social. Los políticos neo-liberales comenzaron a financiar y a promover una estrategia paralela promoviendo “desde abajo” las organizaciones de base con una idelogía “antiestatal” para intervenir entre las clases potencialmente conflictivas, y crear así un “cojín social”. Estas organizaciones eran, financieramente dependientes de fuentes neo-liberales y estaban directamente involucradas en competir con los movimientos socio-políticos por la lealtad de líderes locales y comunidades activistas. En los años 1990 estas organizaciones descritas como “no-gubernamentales” eran miles y estaban recibiendo del mundo entero cerca de 7 billones de dólares.

La confusión relacionada con el carácter político de las ONGs brota desde sus inicios en los años 1970 durante los días de las dictaduras. En aquel período ellas fueron activas en proveer ayuda humanitaria a las víctimas de las dictaduras militares y denunciando las violaciones de los derechos humanos. Las ONGs apoyaron las “sopas familiares” que permitió a las familias víctimas sobrevivir a la primera ola de tratamiento de choque administrados por las dictaduras neo-liberales. Este período creó una imagen favorable de las ONGs incluso en la izquierda, fueron consideradas parte del “terreno progresivo”. Incluso entonces, sin embargo, los límites de las ONGs eran evidentes. Mientras ellas atacaban las violaciones de los derechos humanos de los dictadores locales raramente denunciaron a sus patrones norteamericanos y europeos que los financiaban y asesoraban. Tampoco había un esfuerzo serio para vincular las políticas económicas neo-liberales y las violaciones de los derechos humanos para los que estaban de turno en el sistema imperialista. Obviamente las fuentes externas de financiamiento limitaban la esfera de crítica y la acción de los derechos humanos.

A medida que la oposición al neo-liberalismo crecía en los años 1980, los gobiernos de EE.UU. y Europa y el Banco Mundial incrementaban el financiamiento de las ONGs. Hay una relación directa entre el crecimiento de los movimientos sociales retando al modelo neoliberal y el esfuerzo para subvertirlo creando formas alternativas de acción social a través de las ONGs. El punto básico de convergencia entre las ONGs y el Banco Mundial era su oposición común al “estatismo”. En la superficie las ONGs criticaban el Estado desde una perspectiva de “izquierda” defendiendo la sociedad civil, mientras que la derecha lo hacía en nombre del mercado. En realidad, sin embargo, el Banco Mundial, los regímenes neo-liberales y las fundaciones occidentales coptaron  y animaron a las ONGs para minar el Estado de bienestar nacional brindando servicios sociales para compensar a las víctimas del ajuste. En otras palabras, a medida que los regímenes neo-liberales en la cima desbastaban comunidades inundando el país de importaciones baratas, pagos de la deuda externa y aboliendo la legislación laboral, creando una masa creciente de trabajadores mal pagados y desempleados, las ONGs eran apoyadas económicamente para ejecutar proyectos de “auto-ayuda”, “educación popular”, entrenamientos de trabajo, etc. para absorber temporalmente, pequeños grupos de pobres, para coptar líderes locales y minar las luchas en contra del sistema.

Las ONGs se convirtieron en la “cara de la comunidad” del neo-liberalismo íntimamente relacionadas con los de la cima y complementando su labor destructiva con proyectos locales. En efecto, los neo-liberales organizaron una operación  “pinza” o una estrategia dual. Desafortunadamente muchos en la izquierda se concentraron sólo en el “neo-liberalismo” visto desde arriba y el exterior del FMI y el Banco Mundial y no en el neo-liberalismo desde abajo (ONGs, micro-empresas). Una razón principal para esta visión general era la conversión de muchos ex-marxistas en la práctica de la fórmula ONG. El post-marxismo fue el boleto de tránsito ideológico de las clases políticas al “desarrollo de la comunidad”, del marxismo a las ONGs.

Mientras que los neo-liberales estaban transfiriendo propiedades estatales lucrativas a la riqueza privada, las ONGs no formaban parte de la resistencia de los sindicatos. Por el contrario, ellas fueron activas en los proyectos privados locales, promoviendo el discurso de la empresa privada (auto-ayuda) en las comunidades locales centrándose en las micro-empresas. Las ONGs construyeron puentes ideológicos entre los pequeños capitalistas y los monopolios que se beneficiaban de la privatización -todos en nombre del “anti-estatismo” y la construcción de la sociedad civil. Mientras que los ricos acumulaban vastos imperios financieros de la privatización, los profesionales de las ONGs de clase media obtuvieron pequeñas sumas de fondos para financiar oficinas, transporte y una actividad económica a pequeña escala. El punto político importante es que las ONGs despolitizarona sectores de la población, minando su compromiso con los empleados públicos, y coptando a potenciales líderes para trabajar en pequeños proyectos. Las ONGs se abstuvieron de participar en las luchas de los maestros de escuelas, a medida que los regímenes neo-liberales atacaban la educación pública y a los educadores públicos. Raramente, si alguna vez lo hicieron, las ONGs apoyaron las huelgas y protestas contra los bajos ingresos y los cortes al presupuesto. Como su financiamiento educacional venía de los gobiernos neo-liberales ellos evitaron la solidaridad con los educadores públicos en su lucha. En la práctica, “no-gubernamental” se traduce en actividades de gasto anti-público, liberando la mayoría de los fondos para los neo-liberales para subsidiar a los capitalistas exportadores mientras que pequeñas sumas se escurrían del gobierno a las ONGs.

En realidad las organizaciones no-gubernamentales no son no-gubernamentales. Ellas reciben fondos de gobiernos extranjeros o trabajo como subcontratos privados de gobiernos locales. Frecuentemente, ellos colaboran abiertamente con agencias gubernamentales nacionales o internacionales. Esta “sub-contratación” mina a los profesionales (con contratos fijos) remplazándolos con profesionales de grupos. Las ONGs no pueden ofrecer extensos y comprensibles programas que sí puede ofrecer un Estado de bienestar. En vez de ello, ellos ofrecen unos servicios limitados a pequeños grupos de comunidades. Más importante, sus programas no se pueden contabilizar a personas nacionales sino a donantes internacionales. En ese sentido las ONGs minan la democracia quitando programas sociales de las manos de personas locales y de sus funcionarios elegidos y creando dependencia sobre lo no-elegidos, funcionarios internacionales y sus untados funcionarios locales.

Las ONGs distraen la atención y las luchas del pueblo del presupuesto nacional hacia la auto-explotación para garantizar los servicios sociales locales. Esto permite a los neo-liberales recortar los presupuestos sociales y transferir los fondos del Estado para subsidiar los déficits de bancos privados, préstamos a exportadores, etc. La auto-explotación (auto-ayuda) quiere decir que, además de pagar impuestos al Estado y no obtener nada a cambio, los trabajadores tienen que trabajar horas extra con recursos marginales, gastando las escasas energías para obtener servicios que la burguesía recibe del Estado. Más profundamente, la ideología de las ONGs de “actividad voluntarista privada” mina el sentido de lo público: la idea de que el gobierno tiene la obligación de velar por sus ciudadanos y garantizarles la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que la responsabilidad política del Estado es esencial para el bienestar de los ciudadanos. En contra de esta noción de responsabilidad pública las ONGs incentivan la idea neo-liberal de la responsabilidad privada para los problemas sociales y la importancia de los recursos privados para resolver estos problemas. En efecto, ellos imponen una doble carga sobre los pobres; pagando impuestos para financiar el Estado neo-liberal para servir a los ricos; la autoexplotación privada para satisfacer sus necesidades.

Las ONGs y los Movimientos Político-Sociales

Las ONGs apoyan proyectos no movimientos; ellas “movilizan” personas para producir marginalmente, no a que luche para controlar los medios básicos de producción y riqueza; ellos se concentran en la asistencia técnico-financiera de proyectos no sobre las condiciones estructurales que conforman la vida diaria de la gente. Las ONGs coptan el lenguaje de la izquierda: “poder popular”, “otorgar poder”, “igualdad sexual”, “desarrollo sostenible”, “liderazgo de los de abajo”,etc. El problema es que este lenguaje está unido a un marco de colaboración con donantes y agencias gubernamentales que subordinan la actividad práctica a las políticas de no-enfrentamiento. La naturaleza local de la actividad de las ONGs que significa “dar poder” nunca va más allá de la influencia de pequeñas áreas de la vida social con recursos limitados dentro de las condiciones permitidas por el Estado neo-liberal y la macroeconomía.

Las ONGs y su personal profesional post-marxista compiten directamente con los movimientos socio-políticos por la influencia entre los pobres, las mujeres, los excluídos raciales, etc. Su ideología y práctica desvía la atención de las fuentes y soluciones de la pobreza (mirando hacia abajo y hacia adentro en vez de hacerlo hacia arriba y hacia afuera). El hablar de microempresas en lugar de hacerlo de la explotación de los bancos extranjeros como soluciones está basado en la idea de que el problema es de iniciativa individual más que de la transferencia de ingresos extranjeros. La ayuda de las ONGs afectan a pequeños sectores de la población, estableciendo la competencia entre comunidades rivales socavando así la solidaridad de clase. Lo mismo es cierto entre los profesionales: cada uno establece su ONG para solicitar financiamiento extranjero. Ellos compiten presentando propuestas cercanas a los gustos de los donantes extranjeros a precios inferiores, mientras que dicen que hablan por muchos seguidores. El efecto neto es una proliferación de ONGs que fragmenta las comunidades pobres en grupos sectoriales y subsectoriales que no pueden ver el amplio cuadro social que los aflige y son menos hábiles aún para unirse en la lucha contra el sistema. La experiencia reciente también demuestra que los donantes extranjeros financian proyectos durante las “crisis” – retos políticos y sociales al status quo. Una vez que los movimientos han amainado, ellos cambian el financiamiento a las ONGs – “colaboración” con el régimen, adecuando los proyectos de las ONGs dentro de la agenda neo-liberal. El desarrollo económico compatible con el “mercado libre” más que con la organización social para el cambio social se convierte en el artículo dominante de la agenda financista. La estructura y naturaleza de las ONGs  con su postura “apolítica” y su enfoque de auto-ayuda despolitiza y desmoviliza a los pobres. Ellas refuerzan el proceso electoral apoyado por los partidos neo-liberales y los medios de comunicación. Se evita la educación política acerca de la naturaleza del imperialismo, la base clasista del neo-liberalismo y la lucha de clases entre explotadores y trabajadores temporales. En vez de éso, las ONGs discuten “los excluídos”, los “sin poder”, la “extrema pobreza”, la “discriminación racial o de sexo” sin ir más allá de los síntomas superficiales, para comprometerse con el sistema social que produce estas condiciones. Al incorporar a los pobres en la economía neo-liberal a través de una pura “acción privada voluntaria” las ONGs crean un mundo político donde la aparición de la solidaridad y la acción social ampara una conformidad conservadora con las estructuras de poder nacional e internacional.

No es una coincidencia que, como lo han hecho las ONGs, a medida que ellas se vuelven dominantes en ciertas regiones la acción política de la clase independiente va declinando y el neo-liberalismo no tiene contestatario. El límite inferior es que el crecimiento de las ONGs coincide con un incremento del financiamiento del neoliberalismo y la profundización de la pobreza en todas partes. A pesar de sus clamores de muchos éxitos locales, el poder total del neo-liberalismo se mantiene sin reto y las ONGs buscan nichos en forma creciente en los intersticios del poder. El problema de formular alternativas se ha impedido en otra forma. Muchos de los antiguos líderes de la guerrilla y los movimientos sociales, los sindicatos y las organizaciones femeninas populares han sido coptados por las ONGs. La oferta es tentadora: altos salarios (ocasionalmente en moneda dura), prestigio y reconocimiento por donantes extranjeros, conferencias en el extranjero y redes, personal de oficina y una seguridad relativa contra la represión. En contraste los movimientos socio-políticos ofrecen escaso beneficio material pero mayor respeto e independencia y más importante aún, la libertad para retar al sistema económico y político. Las ONGs y los bancos extranjeros que las financian (Banco Inter Americano, Banco Mundial) publican boletines destacando historias exitosas de microempresas y otros proyectos de autoayuda – sin mencionar las altas tasas de fracasos a medida que el consumo popular disminuye, las importanciones a bajos precios llenan el mercado y aumentan los intereses – como en el caso actual de México.

Hasta los “éxitos” afectan solamente a una pequeña fracción del total de pobres y sólo salen adelante mientras otros no puedan entrar en el mismo mercado. El valor de la propaganda del éxito de la microempresa individual es importante, sin embargo, en incentivar la ilusión de que el neoliberalismo es un fenómeno popular. Las frecuentes y violentas explosiones sociales que tienen lugar en las regiones donde se promueve la microempresa nos sugiere que la ideología no es hegemónica y que las ONGs todavía no han desplazado a los movimientos de clase independientes.

Finalmente, las ONGs incentivan un nuevo tipo de colonialismo cultural y hegemónico y la dependencia. Los proyectos se diseñan o al menos se aprueban dentro de las  “prioridades” de los centros imperiales o en sus instituciones. Ellos son administrados y “vendidos” a las comunidades. Las evaluaciones se hacen por y para las instituciones imperiales. Los cambios en el financiamiento de las prioridades, o una mala evaluación resultan en el dumping de grupos, comunidades, fincas y cooperativas. Esto ayuda a que todo el mundo sea más disciplinado para cumplimentar las demandas de los donantes y sus evaluadores de proyectos. Los nuevos virreyes supervisan y aseguran la conformidad con los objetivos, valores e ideologías del donante como también del uso adecuado de los fondos. Donde hay “éxitos” éstos son altamente dependientes del apoyo extranjero continuado, de otra forma ellos colapsarían.

Mientras que la masa de ONGs se convierte cada vez más en instrumento del neo-liberalismo, hay una pequeña minoría que trata de desarrollar una estrategia alternativa que se apoye en las clases y en la política antimperialista. Ninguna de ellas recibe fondos del Banco Mundial o bancos europeos ni de las agencias gubernamentales norteamericanas. Ellas apoyan los esfuerzos para vincular el poder local a las luchas por el poder estatal. Ellas vinculan proyectos locales a movimientos socio-políticos nacionales que ocupan grandes extensiones de tierra, defendiendo la propiedad pública y la propiedad nacional en contra de las transnacionales. Ellas brindan solidaridad política a los movimientos sociales envueltos en luchas para expropiar la tierra. Ellas apoyan la lucha de las mujeres vinculadas a perspectivas de clase. Ellas reconocen la importancia de la política dominante al definir las luchas locales e inmediatas. Ellas creen que las organizaciones locales deben luchar a nivel nacional y que los líderes nacionales deben ser responsables de activistas locales. En una palabra ellas no son post-marxistas.

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